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martes, julio 07, 2015

El extraño Trittico (Goyescas, Domingo & Schicchi)

 
Programa doble de Goyescas + Gianni Schicchi en el Teatro Real de Madrid que se convirtió en triple: Plácido Domingo, debido a la reciente muerte de su hermana, no se sentía con ánimo de encarnar el personaje principal de la ópera cómica, con lo que canceló, y en su lugar, en especial atención al público de Madrid, ofreció un mini-concierto entre ambas obras.

Y así empezó este extraño Tríptico.


Goyescas, de Granados, es una ópera puñetera. La partitura es de una exquisitez tremenda, que conjuga partes líricas con partes más folklóricas en un engranaje que tiene que saber ser interpretado en su justa proporción e intensidad.

El problema que tiene es que el argumento es una anécdota, el texto es bastante infumable y la progresión dramática es nula, con lo que hay que interpretarla muy bien para que no resulte un tostonazo de no te menees.

Si además la versión es en concierto "semiescenificado"... huy, estamos en la cuerda floja.

Y nos caímos con todo el equipo.

Porque el primer cuadro fue tal desastre que ya no se pudo levantar aquello. Guillermo García Calvo llevó durante toda la obra la orquesta a trompicones. El inicio de la obra fue un desbarajuste absoluto: el coro pegando gritos y sin que se les entendiera una palabra, mientras que la orquesta iba por otro lado. Se perdieron toda la gracia y fuerza que tiene que tener el "Vivan las Manolas" de la segunda escena. Y esto es cuestión de trabajo y ensayos.

Luego aparecieron los solistas.... que iban como si pasaran por allí y les hubieran invitado a cantar. Decepcionante.

La única que me pareció que se implicaba en la ópera fue María Bayo (Rosario, la prota). Sí, es cierto, tiene sus cosas: el agudo en bocina, el grave hablado, la emisión tan suya... pero fue la única que proyectaba, que interpretaba y que se metía dentro de la ópera. ¿Qué me faltó? Canto legato. Iba como dando una nota aquí y otra allá. ¿Culpa de ella o de la dirección musical? Póngansele todas las pegas que se quiera a su estado vocal actual, pero destacó por encima de todos.

Primera parte de este tríptico: Goyescas. Un horror.


Antes del descanso, mini concierto de Plácido Domingo en papeles baritonales.

Lo de este hombre es sorprendente. Mira que sus incursiones en la cuerda de barítono no me acaban de convencer (recuerdo su desastroso Rigoletto televisado, por ejemplo), pero anoche se marcó tres intervenciones excepcionales en las que estuvo francamente bien, sin forzar ni colorear artificialmente en exceso los graves y con ese brillo de timbre tenoril que le queda y que hace que nos regale sonidos que enamoran.
Nemico della patria, de Andrea Chénier (Giordano), Pietá, rispetto, amore, de Macbeth (Verdi) y el dúo de La Traviata (Verdi). Sin que sea pasión de fan, lo digo de corazón: antológicas. Terminó con un bis de Luisa Fernanda de Moreno Torroba (Por el amor de la mujer), ya agotado y sin lucirse.

En el dúo de La Traviata lo acompañó Maite Alberola (que empezó rasgando pero se entonó enseguida e hizo una Violetta sensacional). Y entre sus intervenciones salieron Luis Cansino a hacer una arietta de Falstaff (gracioso) y Bruno Praticò a destrozar una de la Cenerentola. Lo más comentado fue que parecía que competían a ver cuál de los dos estaba más gordo. Porque joder, señores, que parecía patrocinado por Biomanán, no se trata de estar figurín, pero esos kilos son ya problema de salud.

En fin, que la segunda parte de este Tríptico fue estupendo, muy bien señor Domingo, muchas gracias.


Descanso y... Gianni Schicchi de Puccini.

Otra ópera a la que también hay que saberle sacar el jugo y en la que la orquesta (dirigida por Giuliano Carella) empezó también un poco remolona.
Pero aquí no pasa como con Goyescas, tan delicada, tan endeble. Gianni Schicchi tiene tanta entidad que sólo la obra en sí puede con todo: te envuelve la gracia del argumento y la fuerza de una partitura que no deja de sorprender.

Si además los intérpretes están bien, mucho mejor.
Nicola Alaimo hizo el papel protagonista sin excesos cómicos y con voz más que suficiente (y también kilos, qué barbaridad, cómo está de orondo el señor).
Maite Alberola cumplió con creces, destacando en el aria.
Secundarios de los de decir "qué gusto": Elena Zilio, Vicente Ombuena, Eliana Bayòn (deliciosa voz), María José Suárez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Valeriano Lanchas... todos bien e interpretando de manera cómica pero sin pasarse.


¿Algún lunar?
Ay, pues sí.
Albert Casals (que cantó tres frases en Goyescas) promete: tiene -aparte de buena planta- una voz bonita y bien proyectada durante las frases aisladas, pero cuando le tocó abordar el aria "Firenze è come un albero fiorito" no pudo con ella. Se ahogó, lo pasó fatal, no llegó y hasta galleó al final. Y lo lamento, pero si se contrata a alguien para que cante el Rinuccio es para que pueda con ese aria y con el dúo final, en el que menos mal que estaba Maite Alberola. 
Pese a este lunar, un conjunto notable de cantantes.

La producción lleva el sello de Woody Allen. No se esperen genialidades ni originalidades. Tiene un par de detallitos que se salen de lo normal (la actitud de Lauretta, que es una zorruscla, el final, o cómo camuflan al pover Buoso) pero en conjunto es una puesta muy tradicional. Ah, sí, salen unos títulos de crédito iniciales con nombres graciosos en italiano.

Lo que digo, que al final la que triunfa es la ópera, y de Gianni Schicchi se sale (casi) siempre con una sonrisa y aplaudiendo mucho. 

Tercera parte del extraño Tríptico: Gianni Schicchi de Puccini: Muy bien.


Enrique Granados
Goyescas
María Bayo, Andeka Gorrotxategi, César San Martín, Ana Ibarra, Albert Casals
Guillermo García Calvo

Concierto Plácido Domingo

Giaccomo Puccini
Gianni Schicchi
Nicola Alaimo, Maite Alberola, Albert Casals, Elena Zilio, Valeriano Lanchas, Vicente Ombuena, Bruno Praticò, Eliana Bayón, Luis Cansino, María José Suárez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Federico de Michelis, Francisco Crespo, Darío Barón, Gabi Nicolás.

martes, septiembre 02, 2014

Marchando una de Fedora a la plancha


Con el ritmo de vida taaaaan alocado que llevo y el hecho de no vivir solo ya desde hace un lustro, me doy cuenta de que cada vez tengo menos tiempo para escucharme una ópera tranquilamente, enterita, de pe a pa, para saborearla, para deleitarme en ella en soledad.

Porque créeme, lo de llegar a casa tarareando ritmos "latinos" después de clase de zumba ES LO PEOR. Y una de las mayores intoxicaciones musicales que uno puede sufrir.

Hasta que he descubierto el momento perfecto para dedicarlo a la ópera: LA PLANCHA.
Sí, la plancha.

Una mañana de cada finde, mientras mi tx se va a trabajar y me quedo con las tareas domésticas, me coloco la tabla, la plancha, la botella de agua y el vaporizador delante de la tele y me zampo una operita en vídeo.

http://guyhaley.files.wordpress.com/2010/09/forbidden_planet.jpg

Razones para disfrutar:

- La música ayuda y la imagen entretiene la tediosa tarea del planchado.
- Al conocer ya las óperas, no hace falta estar prestando atención exclusiva a la pantalla y se puede ir alternando con la visión de la ropa.
- Te puedes marcar objetivos tales como "cuando termine el primer acto tengo que haber terminado este montón de aquí".
- El estar de pie y en movimiento, propicia el arrancarse a cantar de vez en cuando.

En fin, que ya casi he institucionalizado en casa el momento Opera & IronMan.

Y el otro día estaba repasando yo el archivador con los dvd de ópera a ver cuál tocaba... y reparé en Fedora, de Umberto Giordano.


Huy, Fedora.
Puedo decir tranquilamente que hacía más de 10 años que no la escuchaba.
Pues nada, a ponerla.

¿La versión?
El DVD desde la Metropolitan Opera con Mirella Freni, Plácido Domingo, Ainhoa Arteta y Dwyane Croft dirigidos por Roberto Abbado con la escenografía del Liceo de Barcelona.

Ay, Fedora.

Fue una de las primeras óperas que escuché. Más que nada porque a principios de la década de los 90 en las ya difuntas tiendas Discoplay de Madrid hubo una remesa de óperas tiradas de precio de los sellos Hungaroton y CBS. Imagino que sería cuando Sony los fagocitó, el caso es que, sin conocer yo de nada la ópera más que por el "Amor ti vieta", una de las primeras óperas de mi colección fue Fedora.


Aquella versión estaba dirigida por Giuseppe Patané e interpretada por Éva Marton y José Carreras en 1988. A la Marton podemos ponerle todas las pegas estilísticas que queramos porque tenía un instrumento tan tremendo que se iba de madre con mucha facilidad. Pero en esta grabación aún no se le había descontrolado del todo, consigue dominarlo y, sinceramente, creo que compone un rol principal honesto y creíble. Carreras suena quizás un poco lírico pero muy convincente como Loris, y Verónika Kincses es lo suficientemente soubrette como para la Olga. La toma de sonido es rara, como lejana.


Posteriormente tuve la suerte de asistir a una de las funciones del Liceo allá por el 93, con Carreras ya post-enfermedad pasándolas bastante canutas pero aguantando el tipo y una Freni apabullante, en su yo diría última época de apogeo, cuando empezó a abordar papeles más pesados. La escenografía, la misma del dvd, absolutamente tradicional (y muy criticada en cierto periódico de la época, supongo que sería El País, por lo anticuada).


Después pocos encuentros he tenido ya con la versión íntegra de esta ópera. Compré la grabación de Decca con Magda Olivero y Mario del Monaco pero me resulta difícilmente soportable. Ay, lo siento por toda la fama que tiene esta señora, pero su vibrato me saca de mis casillas. Del Monaco, como le ocurría casi siempre que no había alguien que lo controlara (véase su maravilloso Otello con la Tebaldi) pasa como una apisonadora sobre el papel de Loris.


Tras eso, años de sequía fedoriana hasta escuchar vía Spotify algunos fragmentos de la versión de Angela Gheorghiu y Plácido Domingo de 2011 en la que ella está tan suntuosa (y cursilina) como de costumbre y Domingo mejor que no la hubiera grabado, porque no se entiende que permitiera que se editara ese segundo acto. Penosillo.

Hasta este fin de semana que ha caído el susodicho dvd que, como tantos otros, tenía por casa y jamás jamás había visionado.

Lo primero, gran decepción con la ópera en sí.

Ooooh, vaya, no recordaba Fedora como una ópera tan aburrida. No sé si sería por el "momento ironman" pero el caso es que, pese a la orquestación apabullante y ostentosa, sólo un par de momentos llamaron mi atención en lo estrictamente musical: el aria (y parte del dúo posterior) del segundo acto y el final de la ópera. El resto me resultó convencional, pesado y "anticuado".


Me imagino que también con los años el gusto musical de uno va cambiando. Pero vamos, el primer acto y la mitad del segundo me resultaron de escasísimo interés. Me parece una ópera menor con un par de momentos muy buenos, pero que se mantiene sólo por lo folletinesco del argumento. Es mi opinión, mis impresiones, si ahora alguien quiere ponerme hoja perejil con lo de que es una obra maestra y una ópera maravillosa, bienvenidos sean sus comentarios.
 
Además la ópera está plagadita de momentos "de telenovela" que la Freni, por otra parte, borda, y que a mí me provocan risa. Son esas "repeticiones finales de palabras" por parte de la protagonista para remarcar partes del texto y que no sé si están hechas para que el público se entere mejor del argumento o como elemento dramático, pero vamos, que yo me parto.

Para explicarme con un ejemplo, cuando Loris habla de su mujer, dice "su nombre era Wanda". Y Fedora asiente diciendo "Wanda". Otro: "el conde estaba amenazado" y Fedora repite "amenazado". Más. "Su hermano Valeriano" ¿Y ella qué dice? ¡Bingo! Mientras estaba con la plancha cada vez que venía uno de esos momentos yo me anticipaba a la Freni o lo decíamos al unísono.

Yo creo que sentado en el sofá tranquilamente no la hubiera aguantado entera del tirón, pero mira, haciendo otras actividades estuvo bien.


El DVD es de 1997. A Mirella Freni se la ve ya más cansada que unos poquitos años antes, pero mantiene poderío y un saber estar tan clásico que da gusto verla, está en su salsa en este melodramón. A Plácido Domingo el papel no le ofrece ninguna dificultad y nos regala una interpretación estupenda, recreándose en el legato que el Amor ti vieta le reclama. Ainhoa Arteta está regular como Olga. Muy graciosa, muy pizpireta, con un físico envidiable, pero la voz se queda corta. ¡Qué bien le sentó a esta señora separarse de Dwayne Croft, caramba! Cómo ha mejorado en los últimos años. Y Croft está correcto. La orquesta suena excelente, la producción ya mencionada es de libro de texto, la toma de sonido es buena y si tengo que poner una pega técnica es que los movimientos laterales de vídeo daban saltos, pero eso ya no sé si es cosa de la grabación, del soporte dvd o de mi reproductor.

A ver si le cojo un poco más de ganas a este blog, que lo tengo muy abandonado ¡pero es que a ver quién tiene ganas de sentarse a escribir de ópera después de estar pegando saltos durante una hora en clase de zumba!



Fedora: Acto I:

Fedora: Acto II:


Fedora: Acto III:

Fedora completa:


lunes, mayo 21, 2012

Cyrano de Bergerac en Madrid. Domingo y...¡Arteta!


Hace 5 años ya del Cyrano de Plácido en Valencia (clic) y tocaba esta vez en la temporada de Madrid con la misma pareja protagonista: Plácido Domingo y Sondra Radvanovsky. Todo apuntaba a una recreación de aquella función, pero no ha sido así.

Primero, Plácido Domingo. Los años pasan, y de un par a esta parte ha pegado un lógico bajón. Sigue siendo igual de impresionante y manteniendo la belleza tímbrica pero, ay, yo lo vi como peleándose con las notas y como falto de volumen. Eso sí, entregado, como siempre, al máximo y logrando poner los pelos de punta en un final más que emocionante. Se le pueden poner peros, sí, pero su caracterización e identificación con el personaje de Cyrano es fantástica. Ovación al final y, al contrario que en el caso de otros cantantes veteranos, a Domingo sí se le aplaude por lo que ha hecho más que por lo que ha sido. Muy bien.


Y segundo, Sondra Radvanovsky, que canceló por enfermedad. ¿Y quién la sustituyó? Aaaaah, pues Ainhoa Arteta. Gran sorpresa. La soprano vetada en el Teatro Real durante más de una década por una mano negra (según ella, aunque hasta le puso nombre y apellido una vez, creo) hace de golpe y porrazo su debut en una ópera completa. Y la verdad es que genial. Tiene una voz amplísima, timbrada y la maneja estupendamente. Sí, el agudo se le adelgaza un pcoo y a veces se acerca al grito, pero para el papel de Roxane estuvo excelente. ¿Que le faltó el pepinazo que soltó la Sondra en su aria del tercer acto en Valencia hace 5 años? Pues sí, pero sacó todas sus armas expresivas, haciendo un final de aria bellísimo. 


Tengo que reconocer que no la oía en directo desde hace más de veinte años, cuando sus Gilda y Rosina (La Canción del Olvido)  del Teatro de la Zarzuela, lo cual no es representativo porque anda que no hace años de eso, y lo que había escuchado posteriormente de ella no me había hecho especial gracia, pero parece ser que la voz le ha madurado y para bien. He leído que su Musetta en Barcelona ha estado algo chillona, lo mismo es que ese papel ya no le va y tiene que asumir ahora roles con más peso. Lo que digo, para mí, fantástica como Roxane y además encantadora como actriz, sin un ápice de cursilería. Merecida ovación. Que vuelva (a ver esa Donna Elvira del año que viene, joer, no sé si le va mucho a su voz).


Michael Fabiano apunta maneras y de momento cumplió más que bien con el papel de Christian, con voz, fraseo y volumen. Y muy bien actuado. A esperar a ver qué hace en el futuro. Ángel Ódena correctísimo como "el malo" (tampoco es un papel muy lucido), así como Doris Lamprecht en los papeles secundarios de mezzo.

El coro, una vez más, marcando sello de calidad, sobre todo el masculino (las chicas no tienen tanto protagonismo esta vez). Demostración de que se puede cantar forte sin gritar, matizando lo que se dice. Para mí, estupendo. La orquesta a cargo de Pedro Halffter... bueno, sin especial relevancia para mí. Respetó a los cantantes. Ya sé que la partitura es un poco plomo, pero no le sacó todo el jugo que podía a los momentos más líricos.


La producción es muy tradicional. No creo que nadie se pueda quejar: los figurines son de época, la pastelería es una pastelería, el campo de batalla es un campo de batalla, el balcón un balcón, y no falta la hiedra trepando por la columna. Además, en los primeros actos añadimos elementos rompedores como un carro volador, una especie de caballo de Troya o unos fuegos de artificio, para que se diga que es espectacular. Bien. Una producción amable y vistosa.


Un poco tonto el que antes de empezar la obra hubiera una especie de representación muda de figurantes haciendo bobadas y supuestas gracias. Para mí totalmente prescindible. Además, como no habían apagado las luces el público seguía hablando y a lo suyo.

Y ahora la ópera. Ya me lo pareció hace cinco años y vuelvo a coincidir en mi apreciación: Cyrano de Bergerac de Alfano es bastante ladrillo. Por ser benévolos, porque vamos, la primera hora hasta la escena del balcón me parece un petardo horrible, muy anárquica musicalmente hablando. No le capto yo la esencia, no.


Y luego el argumento, también anárquico hasta decir basta. Que sí, que nos enteramos perfectamente de la historia del triángulo amoroso Cyrano-Roxane-Christian pero los lances y duelos de los soldados en los dos primeros actos son para hacerse de cruces (o para revisarse el libretto a conciencia). ¿Qué ocurre en el teatro? ¿Contra quién luchan? ¿A qué viene lo de la pastelería? Incomprensible del todo.

Cyrano de Alfano es una ópera que se sostiene sólo si hay una gran pareja protagonista, y afortunadamente gracias a Domingo y a Arteta eso lo tuvimos el sábado.



Franco Alfano.
Cyrano de Bergerac
Plácido Domingo, Ainhoa Arteta, Micahel Fabiano, Ángel Ódena, Doris Lamprecht.
Pedro Halffter, Petrika Ionesco
Teatro Real, Madrid, sábado 19 de mayo de 2012






lunes, abril 02, 2012

Thaïs, de Massenet, en Valencia


Ocasión para ir a Valencia: la Thaïs de Massenet, que se representa de pascuas a ramos, y con Domingo en papel baritonal. Pues vamos a ver qué tal, ¿no? Allá que fuimos.

Mi querido TX estaba escandalizado con lo machista del argumento: el monje Athanaël culpa a la cortesana Thaïs de haber sumido a Alejandría en la lujuria y el pecado, y se encomienda a la divina misión de redimir a la chica metiéndola en un convento y así salvarla. El problema es que cuando lo consigue se da cuenta de qué él en realidad también la deseaba y le dice que toda la palabrería que le soltó era una quimera. Pero claro, la pobre chica después de peregrinar en el desierto, meterse a monja y hacer mil y una penitencias, ya ha sido completamente abducida y se muere (como el 90% de las protagonistas operísticas, nada nuevo), eso sí, en olor de santidad. Mi chico decía: Pero bueno, o sea que "yo te digo lo que tienes que hacer, tú obedeces, tú te salvas y vale, ahora yo te digo que todo era mentira, pero la que te mueres eres tú".

Thaïs es una ópera con un primer acto que es bastante rollete hasta la aparición de la protagonista, pero luego en la primera escena del segundo acto la tensión tanto dramática como musical sube y se mantiene hasta un final la mar de efectivo.  Tiene la famosa "Meditación", el fragmento que TODOS los críticos de ópera califican de edulcorado y cursi solamente porque es uno de los más "típicos" en recopilaciones del tipo "música maravillosa para gente maravillosa". Pero ahí está, inspiradísimo, especialmente cuando sirve de fondo a las partes cantadas del tercer acto.



Para que funcione Thaïs en escena hacen falta una soprano deslumbrante y un pedazo de barítono. Y esta vez teníamos a Malin Byström y a Plácido Domingo, que son muy buenos, sí, pero ni la una es excepcional ni el otro un barítono. Y digo lo mismo de los intérpretes que mi sensación general con la ópera: un primer acto bastante anodino, cogemos fuelle en el dúo y a partir de ahí todo muy bien hasta el final.

De Plácido ya sabemos lo que va a dar: va a hacer suyo el personaje y ya le da igual que sea un Verdi que un Händel que un Massenet, o que sea tenor o barítono. Plácido dominguiza sus personajes de tal manera que los convierte en únicos. Al principio de la ópera te descoloca porque no te cuadra la voz, y además en el registro de barítono pierde fuerza. Es en el tercer acto cuando sacó toda su expresividad y saber hacer, concluyendo con un final la mar de emocionante.

Malin Byström es una buena soprano con un timbre oscuro muy sugerente, pero que le cambia según el registro, especialmente arriba. Chica, el sobreagudo del aria es un añadido, si no puedes darlo en condiciones no lo hagas y no pasa nada, que se te quedó en un gritito. A partir de la meditación ya estuvo sensacional, con una delicadeza y una expresividad más que notables.


En la batuta, Patrick Fournillier, dirigiendo con intensidad y extrayendo montones de matices. Atento al detalle y sin dejar que la tensión decayera un instante. Ahora, se pasó un poco bastante de decibelios en los momentos en crescendo. 

El pobre Paolo Fanale (Nicias), con una agradable voz de tenor a la que aún le falta proyección, las pasó canutas para hacerse oír en algunos momentos. Me gustó el Palémon autoritario de Gianlucca Buratto y bien la Albine de María José Suárez. En las Crobyle y Myrtale se suele recurrir a un par de gallinas cluecas que peguen gritos y más gritos adornados con agilidades arabescas. Se agradece aquí que ninguna de las dos se haya pasado en excentricidad y la presencia del timbre de Marina Rodríguez-Cusí.


La puesta en escena me ha gustado mucho. Se pasa de la Alejandría de la época de la película Ágora de Amenábar (siglo IV) al París de finales del XIX, con un teatro en escenario y la típica palataforma circular giratoria que va creando ambientes. Los movimientos de decorados consiguen sugerir perfectamente todos los escenarios de la ópera. Me han gustado mucho el movimiento del tercer acto y el recargadísimo y concentrado boudoir de Thaïs en el segundo, que era como ver un cuadro de Gustave Moreau. Se le puede acusar de poco novedosa, de convencional, de recurrir a obviedades. Sí, en el fondo es una puesta muy tradicional, pero muy dinámica, muy sugerente. Un acierto.

Vídeo de la producción de la ópera de Göteborg

Me gustó la Thaïs, salí contento. No es que fuera supermaravillosa pero fue una buena noche de ópera.

Y ahora una pequeña anécdota de cómo conocí yo esta ópera.
Cuando era jovencito, me encantaba hurgar en los cajones de discos de oferta y en las tiendas de segunda mano. Y en una de ellas encontré esto:



Por faaaaavor, pero qué álbum más superglamouroso. ¿Cómo iba yo a resistirme a comprar eso? 
Tenemos en la portada a Anna Moffo en plan megasugerente, y en la contraportada, en plan Audrey Hepburn en Historia de una monja.
Pero es que dentro había un desplegable de la Thaïs comedienne insinuándose.



La Thaïs de Moffo es cursi como ella sola, y exageradísima. Solamente por su carcajada  reconvertida en llanto merece la pena ser escuchada. Es una pena que no se haya reeditado esta versión en CD. Y ya con los pocos discos que se venden, dudo que RCA lo haga algún día. Pero vamos, yo guardo los vinilos como oro en paño. Acompañan Gabriel Bacquier y José Carreras.


La que sí sacó EMI fue la Thaïs de una Beverly Sills ya talludita al lado de Milnes y Gedda, cuyo mayor aliciente es la dirección de Maazel porque ella está gritona gritona.

Décadas tendrían que pasar hasta que Renée Fleming la volviera a revitalizar, en una grabación en la que ella es lo único que me gusta (lo demás me aburre bastante) y ya, en dvd, la misma Fleming (en una producción feísima), Eva Mei (muy aseadita ella) y Barbara Frittoli (no la he visto aún, pero parece como de la peli Dune).

En fin, que recomiendo  la escucha/visionado de esta ópera, que tiene su puntito de delirio oriental y además un mensaje totalmente antimoralizante.

.

Jules Massenet
Thaïs
Palau Les Arts de Valencia, sábado 31 de marzo de 2012
Malin Byström, Plácido Domingo, Paolo Fanale, Gianluca Buratto, María José Suárez, Micaëla Oeste, Marina Rodríguez-Cusí
Patrick Fournillier, Nicola Raab, Johan Engels

Enlaces:
Les Arts
Ópera de Göteborg
Blog de Atticus
Blog de Maac



viernes, enero 21, 2011

Ifigenia en Táuride


Qué gustazo que después de tanto siglo XX se nos programe una ópera tan clásica.
Ifigenia en Táuride es una maravilla para los oídos. Escuchándola se da uno cuenta de verdad de eso tan leído de que Gluck es el reformador de la Ópera y el puente entre el Barroco y el Clasicismo. Sin tener ningún fragmento.... llamémoslo "tarareable", la música se mete en la cabeza y va fluyendo con una facilidad pasmosa, haciéndote partícipe del drama. No es una ópera que me pondría en casa para escuchar, pero en teatro se disfruta mucho.

Y encima anoche función sobresaliente, porque todos los elementos estaban a muy alto nivel.
Ovación para orquesta y coro, en su punto, sabiendo lo que tocaban/cantaban y haciéndolo a la perfección.


La producción es muy Carsen: espacio vacío y figurantes componiendo ellos los elementos de escenografía. Algo ya visto en los Diálogos de Carmelitas y que también recordaba a la Kabanova. Nada novedoso pero muy efectivo y yo diría que magistral, porque sólo con espadas, tiza, agua y juegos de luz y sombras consigue explicar perfectamente el argumento, con momentos que ponen los pelos de punta.

Porque vamos a ver las dos maneras de ver el argumento de Ifigenia en Táuride:

1) Ifigenia es una sacerdotisa que debe sacrificar a los dioses a todo extranjero que llegue a la isla de Táuride. Allí llega Orestes, su hermano, aunque no se reconocen. Cuando está a punto de hacer el sacrificio, descubren que son hermanos y la intercesión de Diana les permite huir y volver juntos a Micenas.

Ésta es básicamente la idea que nos pusieron en el Teatro de la Zarzuela hace unos quince años, con Diana Montague acojonada cantando encima de una torre de unos cuatro metros de altura en una producción muy estrambótica de beni Montresor para el Colón de Buenos Aires. El final con la diosa Diana en plan Estatua de la Libertad/Norma Duval con profusión de neones y chiribitas fue de traca.



y 2) Agamenón ha ofrecido en sacrificio a su hija Ifigenia para calmar a los dioses. A la vuelta a casa tras la guerra de Troya, es asesinado por su mujer Clitemnestra (de verduras) y su amante. Su otra hija, con un complejo de Electra que te cagas -cómo se llamaba... cómo se llamaba...-, clama venganza y hace que su hermano Orestes vengue a su padre, matando a madre y amante. Electra se vuelve loca y Orestes acaba atormentado y perseguido por las furias por parricida. Acaba como quien no quiere la cosa en Táuride, donde Ifigenia está de suma sacerdotisa porque Artemisa/Diana la salvó en última instancia pero nadie se había enterado. Ifigenia debe sacrificar a todo extranjero que aparezca por allí y claro, le toca cargarse a su hermano.

Esto es lo que nos cuenta Carsen: un dramón de padre y muy señor mío con una familia en la que los que no se han matado entre ellos están o locos o creyendo que los demás están muertos. El final feliz de la ópera no es tan happy ending como parece: los dioses lo arreglan todo y hala, a volver a Grecia tan panchos pero, ¿en qué estado y a qué precio? El momento final de la obra es sobrecogedor.


Pero claro, por mucha puesta en escena no hay ópera que funcione sin unos intérpretes de nivel. Y ayer estuvieron todos de miedo.

Maite Alberola (la Katiuska alienada) estuvo deliciosa de diosa Diana. Y además cantando desde fuera del escenario con un efecto sonoro muy llamativo.

Paul Groves salvó Pílades pese a algún problema de emisión. Totalmente dentro de estilo, se marcó un final de tercer acto impresionante.


Plácido Domingo, el día de su 70º cumpleaños, que se dice pronto, estuvo estupendo. Vale que no es un papel para tenor y que su estilo de canto no va para nada con el clasicismo, pero joder, para quitarse el sombrero. Y esta vez más porque normalmente Domingo adapta los papeles a su propio estilo de canto (véase el Tamerlano de Händel, donde Bajazet se moría de una manera la mar de verdiana) pero esta vez se ha adaptado él al papel. Y además sin chupar cámara ni robar protagonismo.


Porque la prota la prota la prota es Susan Graham.
Qué maravilla de señora.
Y mira que yo sólo la había escuchado en algún barroco y en el disco de canciones francesas y me esperaba a la típica mezzo de bonito timbre y mucho gusto pero poca voz. ¡Para nada!
Voz homogénea, con proyección, con técnica, bella, expresiva... vamos, todo.
y le daba igual cantar atrás del todo, contra la pared o en la boca del teatro, sin ningún problema para oírsela.
Supo transmitir perfectamente el patetismo de su personaje, sus dudas, sus anhelos. Brava.

Hacía tiempo que no veía lanzar flores al escenario. Vale, ya estaban previstas, pero esta vez, con toda la razón.

Que muy bien, que salí con la satisfacción de haber presenciado un peazo espectáculo.


Ah, obsérvese el quintocoñismo de la posición de mi butaca, y eso que es en la parte baja del Paraíso :-)


Gluck.
Iphigénie en Tauride.
Teatro Real de Madrid, jueves 20 de enero de 2011
Susan Graham, Plácido Domingo, Paul Groves, Maite Alberola, Franck Ferrari
Thomas Hengelbrock, Robert Carsen

lunes, junio 02, 2008

La Valquiria

Richard Wagner: Die Walküre
Gran Teatro del Liceo
Barcelona, 31 de mayo de 2008
Alan Held, Evelyn Herlitzius, Waltraud Meier, Plácido Domingo, Jane Henschel, René Pape. Sebastian Weigle.
Versión en concierto (o no, según se mire)


La verdad, es difícil hacer ya un comentario sobre la Valquiria del sábado en el Liceu de Barcelona de tanto que se ha escrito ya.

Que si una función histórica, que si Domingo y Meier megaestupendos, que si Pape tendría que haber cantado el Wotan, que si la orquesta regulín regulán...

¿Por dónde empiezo? Ay qué leche.

Pues eso, que sí, que fue una Valquiria de quitarse el sombrero. Y no tenía intención de ir, pero aquí la amiga CastaDiva canceló su viaje a Barcelona y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que California aprueba el matrimonio gay y que el viernes iba a la Muerte en Venecia, le pillé las entradas.

La entrada acompañante la ofrecí a amigos y conocidos que podrían estar interesados, pero nada, unos que si ya iban al britten como para meterse al día siguiente 5 horas más con Wagner, otros que si mi marido me mata, otros que si voy a localizar a alguien que... Ya me veía yo entrada en mano en la puerta del teatro cual Kamertoniano de poca pringue. Al final anuncié la entrada en el foro de ópera y zas, la vendí ipsoflauto, pero no sin cierta angustia, porque la compradora estuvo ilocalizable telefónica e internéticamente hasta una hora antes del evento. Y luego me llaman histérico.

A lo que voy. Mi entrada, justo al lado de la que tengo de abono, que ya es casualidad.

La versión era de "concierto-pero no". Es decir, orquesta en el foso, sillas en el escenario y cantantes de gala. Y, en definitiva, para nada de concierto, porque todos los cantantes actuaron, se movieron, interactuaron entre ellos. Es como si hubiera habido una escenografía elemental. Cuántas veces habremos visto decorados esquemáticos para obras wagnerianas. Todo un acierto.

Y después de la ovación inicial... empezó la magia.

Porque lo de Plácido Domingo y Waltraud Meier no se puede definir de otra forma. Qué manera cantar, de sentirlo, de transmitir. Y me da igual que suene cursi decirlo, pero ese final de acto fue antológico. El "Wälse, Wälse" de Domingo hizo que se nos pusieran los pelos como escarpias, vamos.

Si además acompaña un René Pape estupendo, miel sobre hojuelas.

El segundo acto anduvo ya más discutible. Alan Held no tiene una voz tan rica y redonda como sus compañeros de reparto. Estuvo bien, pero eché en falta mayor cuerpo. A su lado estaba la Brünnhilde de Evelyn Herlitzius, muy bien interpretada, fantástica de actuación, pero con un puntito ingrato de color vocal. La Fricka de Jane Henschel era como si saliera la señora Asun de Camera Café en vestido de fiesta. Igual igual. Bien, con tendencia a pegar mucho grito. No me convencieron muchos estos dos dúos, pero la escena final de Siegmund y Brünnhilde, donde la Evelyn se creció al lado de Plácido, y la batalla lograron subir de nuevo los grados.

En el tercer acto entraron ellas. Tremendas, dispuestas a demostrar eso de "anything you can sing I can sing it louder". Pero bueno, son las valquirias, para eso están, ¿no? Para cantar hojothooo, heihaaaaa, heihaaaaaa.

Una vez más, ahí llegó la Meier para dejarnos a todos pasmaos del todo cuando pide a Brünnhilde que la salve. Impresionante. Acaba el acto con el interminable (siempre se me hace muy largo) dúo y bajé un poco la guardia. El caso es que no sentí la intensidad de la relación padre-hija amor-odio que ese dúo debe transmitir, aunque afortunadamente los cantantes fueron a más y el final estuvo bastante imponente. Y eso que las maderas del fuego mágico para mí que hicieron cosas muy raras.

Es que es lo que pasa cuando uno está acostumbrado a escuchar versiones de la Valquiria en las que te empapas de sobresaturación orquestal, que luego te hacen una versión tirando más hacia lo lírico y lento y parece un poco coja. La cabalgata a mí me pareció bastante despropósito, pero luego vienen los entendiods y expertos en la materia y dicen que estuvo estupenda, así que me callo. Pues mira, que digan lo que quieran, pero el fueguecito del final también se las traía.

Conocidos que estaban y a los que no vi, conocidos que no sabía que iban y allí encontré, subidas y bajadas de la cubierta fiesta al salón de espejos y me faltó el pasearme por el bar de la 4ª, pero es que, joder, se montan unas aglomeraciones...

Que estupenda la Valqui, que el acto 1º fue espectacular y que menudo finde barcelonino he tenido (en todos los aspectos, je). Gracias por la entrada, casta. Ah, creo que TODOS tenemos esta foto, ¿no?


miércoles, abril 02, 2008

Tamerlano y las jaulas del Real


Tamerlano, de Händel.
Teatro Real de Madrid
1 de abril de 2008.

Soy idiota, y lo sé.
No es la primera vez que me pasa.
Ayer llegué tarde al Tamerlano de Händel en el Real.
Me confié con que empezaba a las 8 de la tarde como todas las óperas y resulta que empezaba a las siete.

Antes, cuando llegabas tarde podías ver la representación en una proyección infame con sonido de altavoz en el salón de actos que hay en la planta séptima del teatro.

Ahora han cambiado y han puesto en la planta 5ª dos jaulitas desde las que puedes ver la representación en una pantalla y la escuchas con sonido directo de la sala. Están justo detrás de las pantallas altas laterales que se ven desde las butacas. La solución es curiosa, te da la sensación de estar en el zoo.


Me perdí gran parte del acto primero, pero llegué a tiempo para la segunda aria de Plácido Domingo. Bien, se oía bien. Pero luego llegó el final de acto y lo que oía no era más que un murmullo. ¿Estaba la mezzo escondida al final del escenario y no me llegaba bien el sonido o era realmente todo tan apagado? Huy, miedo me dio.

Después de pelearme en el intermedio por recuperar mi butaca en Paraíso, que ya había sufrido una "okupación"... pues mitad y mitad, porque si bien el sonido era mucho mejor, tengo que decir que las dos mezzos me aburrieron mucho. Muchísimo. Yo no sé si se estaban reservando o qué, pero aquello me resultó bastante tostón. Y a mí Händel me pone las pilas, que no soy de los que se duermen con el barroco. En el tercer acto mejoraron considerablemente y se rompió el tono monocorde de lo que había escuchado hasta el momento. Mucho mejor las dos sopranos.

Plácido Domingo cantó como hacen los cantantes consagrados: "hizo suyo el papel", que quiere decir que lo cantó como le dio la gana, a su estilo, pero con esa voz que tiene se lo puede permitir. Aquello no era barroco, era Plácido. Increíblemente comunicativo en los recitativos, airoso en las arias de bravura y tremendo, tremendísimo en la verdiana muerte.

Sin él, la función hubiera sido un coñazo.
Podrían haber puesto un contratenor por lo menos, jo.
La orquesta, cumplidora. ¿Por qué no se utiliza una orquesta de instrumentos originales para el barroco? Ah, misterios.

Sobre la escenografía, nada que comentar. Está todo más que visto: decorado totalmente blanco con un elemento que hace contraste de vez en cuando: un elefante azul, un trono dorado, una mesa negra o... UNA FALLA (porque no se sabe lo que era eso que salió en el acto II).

Deserciones, muchas deserciones y muchos cambios de butaca.

martes, marzo 25, 2008

Viene Tamerlano

Anoche estuve escuchando Tamerlano de Händel en CD (Erato, dirigida por Gardiner, con Derek Lee Ragin, Michael Chance, Nancy Argenta y Nigel Robson, con esta misma portada). Lo reconozco, es uno de esos cedés que tengo en su estantería criando polvo que he escuchado sólo de pasada.
Tampoco es que me emocione mucho esta ópera. Pero es que teniendo Alcina, Ariodante o Giulio Cesare a mano, difícil es que tire del disco de Tamerlano.

Sin haberla escuchado en profundidad sigo con mis reservas. Me pareció un händel bastante más oscuro que al que tengo habituado el oído. Pero bueno, imagino que disfrutaré, porque anda que no me pone a mí un aria da capo.

La semana que viene la tengo en el Real (clic) con el morbo de Plácido Domingo cantando barroco. Yo no sé qué harán con las arias de bravura. Me imagino que hará lo que hacen siempre los cantantes consagrados: "hacer suyo" el papel. Es decir, adecuarlo a su voz y a su estado vocal. Y no protestemos, eso lo hacen todos, no sólo Domingo.

El tenor del reparto alternativo es Bruce Ford. Lo recuerdo de un Barbero en Barcelona a mediados de los 90, cuando no dejaba de cosechar críticas excelentes y era el tenor belcantista más mimado. A mí me aburrió sobremanera, no me gustó nada nada nada y no entendí los aplausos y los maravillosos comentarios. También pudo tener un mal día y haber estado estupendo en el estreno, que es cuando va la prensa.

Del resto del reparto me repatea sobremanera que haya cantantes femeninas en vez de contratenores. Y al director, francamente, no lo conozco.

Intentaré ir sin ideas preconcebidas (difícil) y sin leer los exabruptos que se soltarán en los foros ni las crónicas del estreno en la prensa. Eso sí, lo mismo me la vuelvo a escuchar estos días.


lunes, febrero 19, 2007

Cyrano de Bergerac en Valencia


Cyrano de Bergerac, de Franco Alfano. Valencia. Palau de les Arts. 18 de febrero de 2007.

Miedo tenía yo con esta ópera. La había intentado ver en casa en DVD (el de Alagna & co.) y me había quedado dormido. Pero claro, a quién se le ocurre ponerse un dvd en casita recién llegado de trabajar.

El principio de la obra es durito. Primero, porque el argumento es muy sencillo en lo que a la historia principal se refiere, pero un cacao tremendo en lo que le rodea. ¿Son soldados, poetas, qué hacen, por qué se pelean? Y luego, porque la música, siendo tonal, es muy anárquica, no hay un momento melódico. No me centraba yo, no.

Afortunadamente, al final de la primera parte (segundo cuadro del segundo acto) está la escena del balcón, donde Alfano encuentra la inspiración, y ya no la suelta hasta el final de la ópera. Esa escena del balcón, el solo de Roxane en el campo de batalla y la escena final de la carta son de un lirismo exquisito.

La solución escénica -después del desastre de la plataforma- fue sencilla, un poco de teatro de segunda, pero efectiva: Dos estructuras semicilíndricas sirven como base para todos los decorados, y en el fondo había unas proyecciones. Vamos, el típico decorado que si te lo ponen en un Verdi saltan los puristas eternamente indignados a decir que es una mierda pero si es en un Wagner le encuentran hasta el simbolismo. Bien. Cutrecillo, pero bien.

Yo no vi el Fidelio, así que no puedo comparar, como hacía todo el mundo, el nivel de la orquesta. Pero estuvo muy bien, en mi humilde opinión.

Del reparto, Rod Gilfry me dejó un poco frío. Yo suponía que es una voz de calidad a juzgar por su curriculum y grabaciones. Se le perdía la voz en la amplitud de la sala.

Justo todo lo contrario que a Itxaro Mentxaka, la eterna mezzo secundaria de los teatros españoles. Esté donde esté y suene la orquesta lo fuerte que quiera, su inconfundible timbre siempre se distingue.

El segundo tenor, Arturo Chacón-Cruz, no estaba en el mismo nivel que sus compañeros y su papel de Christian quedó algo deslucidillo.

Plácido Domingo, soberbio. Cualquier cosa que se pueda decir de él es poco. Vale que a su edad ya no tiene agudos, pero qué belleza de timbre, qué poderío, qué centro más precioso. Y, sobre todo, qué entrega. Emocionó en la escena final.

Y la gran sorpresa, Sondra Radvanovsky: qué señora, por favor. Timbre algo oscuro, potencia bestial, gran fiato, seguirdad en el agudo y total empaste con Domingo. Se marcó un aria en el tercer acto que nos dejó a todos ojipláticos. Brava.

El público del Palau habla bastante y van todos vestidísimos. Yo creo que era el único que no iba de negro a la entrada del teatro, caray. Overbooking de abrigos de piel.

A la salida, carrera hasta el aparcamiento y... 350 km de vuelta a Madrid solito, de noche, con lluvia en algunos tramos y escuchando a Prim Lalá. Uffffffffffffffff.

Pero mereció la pena.

En el vídeo, la escena de la carta, cantada por Roberto Alagna y Nathalie Manfrino.



Mira

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