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jueves, junio 20, 2013

Wozztezozcks

 
A estas alturas de la película no me voy a poner pedante diciendo que Wozzeck es una maravilla de ópera. No, esto no es una revista de reseñas de música clásica y ópera sino un blog personal, así que lo digo claramente: Wozzeck de Berg me parece un plastazo.

Lo he intentado varias veces y no. Y no es que no pueda con el atonalismo, ojo, que nos llevan martirizando casi un siglo con él y lo tengo asumido, es que no puedo con Wozzeck. Son apreciaciones personales. Vamos, que Lulu me fascinó, pero con ésta lo intento y nada.

Lo mismo es que necesito asistir a una función de esas redondas en las que todos los cantantes estén en su papel, la orquesta te apabulle y el director de escena consiga meterme en el mundo opresivo y de denuncia social que tiene el texto. Sí, recuerdo una producción en el Teatro de la Zarzuela allá en los 90 (eres vieja, mari) que me impresionó mucho, pero lo del otro día en el Teatro Real puessssss... no.


A Simon Keenlyside no lo veo como Wozzeck. Tiene una voz demasiado "noble" para el papel. Y un timbre un poco seco. Le puso voluntad y fue el único cantante al que se le había trabajado escénicamente, pero vocalmente se me quedó un poco corto.

Menos mal que teníamos a Nadja Michael para compensar. Aparte de que su parte musical es la que más me gusta de toda la ópera, su Marie estuvo rotunda, con volumen, timbrada y llegando a unos agudos impactantes. ¿Que grita? ¿Cómo no va a gritar en ese papel? Hombre pofavó.

Muy bien también estuvo el Capitán de Gerhard Siegel, con la autoridad necesaria.

Y el resto se movió entre lo discreto y lo "o esto se canta así o de dónde han sacado a éste".

Si lo aderezamos con una puesta en escena de lo más soso que se haya visto en los últimos tiempos tenemos eso, Bostezos en Wozzeck o, lo que es lo mismo, Wozztezozcks.


Christoph Marthaler lleva la escena a un restaurante/merendero que a mí me recordaba a las áreas de descanso de las autopistas que están vacías pero de golpe llegan siete autobuses y petan de gente. Vale, no es necesario que sea un pueblo con un acuartelamiento (porque Wozzeck es un soldado), lo del cambio de ubicación lo tengo más que asumido. Pero es que vuelve a pasar lo mismo de siempre: cuando llevas un rato de ópera te da lo mismo que sea un restaurante, un hospital o un burdel, la escena está tan poco currada que ha desaparecido y ya sólo ves cantantes. A mí que me pase esto en un belcanto pues me da un poco igual, pero en Wozzeck se necesita implicar al espectador en la obra, y escenas como las del bosque o el lago pierden toda su eficacia con una escenografía así.

Como ya he dicho, el personaje de Wozzeck fue el único trabajado desde una manera actoral: al brutote básico que siempre hemos conocido lo convierten aquí en una especie de hombrecillo nervioso, maniático, obsesionado. Correcto, si hubiera algo más de donde agarrar, pero resultó ser lo único notable entre la nada que lo rodeaba. No es suficiente.

Muy listos con eso de no hacer descanso: se evita la desbandada general. No obstante, hubo un goteo constante de deserciones.

Lo que me sorprendió a mí mismo es que, sin gustarme la obra, pude mantener la concentración y no dormirme en la hora y tres cuartos que duró.

La orquesta imagino que estuvo bien. No sé, la verdad. Desde luego, los pocos momentos líricos a mí me sonaron muy bien.

Lo dicho, llámeseme hortera o inculto musical, pero para mí fue una función olvidable nada más salir del teatro.




Alban Berg
Wozzeck
Teatro Real de Madrid,
Jueves,  13 de junio de 2013
Simon Keenlyside, Nadja Michael, Gerhard Siegel, Franz Hawlata, Roder Padullés, Jon Villars, Katarina Bradic
Sylvain Cambreling, Christoph Marthaler


jueves, octubre 15, 2009

A Lulu hay que ir con los deberes hechos




Lulu, de Alban Berg
Teatro Real de Madrid
14 de OCtubre de 2009
Agneta Eichenholz, Jennifer Larmore, Gred Grochowski, Paul Groves, Franz Grundheber, Will Hartmann, Paul Gay.
Eliahu Inbal. Christof Loy

Que sí, que a Lulu, y más a la que nos ha tocado este año, hay que llegar preparadito.
Primero, saber que vas a escuchar música atonal (es decir, cambia el chip).
Luego, que la ópera no es que sea larga, es que es larguísima (es decir, sobredosis de cafeína para aguantar, que ya sabemos la modorra que nos entra en el teatro los días de diario, y que hay que llegar merendado, que se sale a las doce).
Y finalmente, no está de más empaparse un poco del argumento, del libretto y de la historia que rodea a la ópera (para ello en la página web del teatro está colgado el vídeo de 20 minutos de José Luis Téllez explicándola).

Y luego me meto en el teatro, con un canguis de cojones, porque pienso que me voy a dormir a la primera de cambio, que yo en un primer acto que me dure más de cincuenta minutos ya se sabe que cabeceo, Wozzeck me parece bastante coñazo y con el miedo en el cuerpo que te mete el haber leído las críticas de los periódicos y las furibundas reacciones a la puesta en escena que pululan por los foros (y eso que ni he abierto el de la Cofradía de la Perpetua Indignación).

Pues no. Lulu me envolvió. Sin haberla escuchado previamente (ya lo sé, soy un zote, pero las dos veces que lo había intentado en casa la quité a los tres compases), la música me metió dentro. O casi diría yo que quedé fascinado por la "arquitectura" musical de la ópera. Queda pedante decirlo, lo sé, pero es la estructura, la forma, el ritmo frente a la falta de melodía lo que me encantó. Y luego está un argumento totalmente fascinante y truculento que hace que una vez que entras en la ópera mantengas la atención hasta el final.


Pero para ayudar a joder las cosas está la puesta en escena. Vale. Una puesta tradicional lo hubiera llenado todo de brillibrillis y cartón piedra. Lulu se presta a las transgresiones escénicas. Pero lo que nos han enseñado hoy no es ni siquiera transgresor. En su afán por despojar el drama de toda distracción y aditamento en un mal comprendido minimalismo, el señor Christof Loy vacía la escena: sólo hay un suelo blanco, una pared de cristal y una silla. Y, no contento con ello, en el primer acto el movimiento de cantantes es absurdo e incomprensible. Lulu es algo así como un robot alejado de la femme fatale que debería ser. Y o te sabes muy bien de antemano qué es lo que ocurre y quién entra y quién sale o no te enteras de nada. Bastante putrefacto. Sin embargo, a partir del segundo acto las cosas cambian en el terreno de expresividad de los personajes, y ya no hace falta ningún elemento más en la escena. En el tercer acto bastó y sobró el foco de luz para crear todo el ambiente.

A ver, no sé si me explico. Que vale, que por mí que dejen el escenario vacío si me creo lo que me cuentan o lo veo. Y eso pasó en los dos últimos actos, pero en el primero no. Así puedo entender la desbandada general de público en el primer intermedio. Sin embargo, no la del segundo. Más que nada porque se perdieron lo mejor de la ópera, que es el final.

Y digo yo... se van de Lulú... ¿y no de otros coñazos soberanos con los que a tenido a bien martirizarnos nuestro querido Teatro Real? Porque así a bote pronto recuerdo el insoportable Simon Boccanegra que esta temporada nos repiten. O cualquier Donizetti cómico... Y en cuanto lo comenté a mis amigos saltaron otro porrón de títulos (la Pietra de nosequé de Rossini, el Così de SuperFlotats...)

El nivel musical estuvo muy alto. Hay que ser una auténtica fuera de serie para sacar adelante el personaje de Lulu. La Agneta se salió. Vale, chilló los sobreagudos al principio, pero en cuanto calentó la voz... menuda peazo soprano. Cómo es posible que de un cuerpillo tan chiquitín salga esa voz. Sobrecogedora. Estupenda.

Ay la Larmore. Pero bueno, qué tipín se le ha quedado, ¿no? Estupenda también, muy expresiva, y aprovechando al máximo el bombonazo de papel que tiene. Vale, el volumen no es su fuerte, pero ha sido suficiente. Y me he reconciliado con ella después de aquel soporífero Giulio Cesare de hace una década. Muy bien.


En el sector masculino, excelentes Grochowski, Grundheber y Hartmann. Los dos Paul, Groves y Gay, se pelearon un poquito con el volumen de la orquesta pero fueron de menos a más. Sin objeciones, por mi parte.

No sé cómo se quedaría el patio de butacas. Yo diría que arriba en gallinero paraíso aguantamos como un tercio de los espectadores iniciales cuando la cosa acabó casi a medianoche. Los aplausos fueron rapiditos, que había que coger el metro (a ver quién es el morro que le dice al tx que aguante trabajando hasta las doce para venirme a recoger, habiendo fútbol, ja).

En fin, que sí, que me gustó mucho, de verdad, sin falsa pedantería ni ínfulas de modernademierda. Y yo creo que me gustó más porque iba condicionado a que me iba a aburrir mortalmente.

No vi la famosa producción del Teatro de la Zarzuela de principios de los 90, la de Patricia Wise, que todo el mundo dice que es maravillosa. Pero como se emitió por tv seguro que ronda por algún lado. A ver si me la consigo. La que sí tengo es la famosa de París cuando se estrenó la versión de 3 actos, con Teresa Stratas. Le he echado un vistazo por encima y está la mar de bien. Recomendable.


Unos enlaces:

Argumento de Lulu
Web de Lulu del Teatro Real
Libretto de Lulu
Discografía de Lulu



Mira

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