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jueves, febrero 25, 2016

Temporada 2016 / 2017 Liceo de Barcelona: Ópera María

 
El Gran Teatre del Liceu de Barcelona anuncia su temporada 2016/2017

Y lo primero que se me ocurre al verla es decir: Joé, qué de refritos, ¿no?

Y lo segundo... ÓPERA MARÍA.

Vamos, que salvo una modernez el resto de las obras representadas son todas de gran repertorio, con producciones casi todas ya vistas. Parece una temporada diseñada para llenar teatro con títulos conocidos. Una temporada amable y facilona.

Esta toda enterita en este enlace:



Vayamos por partes:

1. Die Zauberflöte, de Mozart.
¿Cómoooooo? ¿Otra vez La Flauta Mágica, sólo unos meses después de programarla, y con la misma producción? ¿Pero de qué vas?
A su favor: la producción es una delicia y no entra en abono, con lo que los que la verán esta temporada no se la tienen que tragar de nuevo (véanse las famosas Bodas del Real, que nos hemos zampado tres veces, tres). Y por lo que veo son funciones a precios "populares" (habrá que comprobarlo).
En su contra: Reparto que conoce su tía Mauricia a la hora de comer.
En fin, que aunque me parece un exceso la repetición, lo admito porque como espectáculo es toda una experiencia.


2. Macbeth, de Verdi 
Con Martina Serafin, que es una señora que me encanta aunque las puede pasar un poco canutas cantando la Lady. Y Ludovic Tézier. Una producción un poco rollo cine de terror gótico. Tiene buena pinta y Macbeth casi siempre se disfruta.


3. Le Nozze di Figaro, de Mozart
Oh, otro Mozart. Oh, otras Bodas. Traaaanquis, que no son las de Sagi. Aquí reponen su propia producción de Lluis Pasqual que, mira, desconozco. El reparto me deja un poco así así: Kyle Ketelsen de Figaro, Mojca Erdmann de Susanna, Olga Mykytenko de Condesa, Gyula Orendt de Conde y Anna Bonitatibus de Cherubino.


4. Elektra, de Strauss.
La loca del hacha. Ópera "poco representada" en el Liceu según dicen. Pues yo recuerdo muy bien la última, pero ahora veo (glups), que fue hace 8 años ya. Operón que hay que ver y que casi siempre se disfruta mucho, y esta vez con tría femenino de altura (aunque tal como están los del Liceo con los cambios no hay que fiarse mucho): Evely Herlitzius, Waltraud Meier y Adrianne Pieczonka. Bien.


5. Werther, de Massenet.
En la misma producción que ya vimos en Madrid, con Piotr Beczala alternándose con José Bros y la Antonacci con Nora Gubisch. El mayor gancho está en el primer reparto. Sopotocientas funciones de un título imprescindible.


6. Quartett, de Luca Francesconi.
La desconozco por completo. Versión operística de "Las Amistades Peligrosas", estrenada en 2011. Producción de Alex Ollé de La Fura Dels Baus, también con Piotr Beczala. Única curiosidad de la temporada. Sólo 5 funciones.


7. Rigoletto, de Verdi
Una apuesta que no falla. Excelente coproducción con el Teatro Real que ya se vio por aquí en 2009. Alicientes: el Duque de Camarena, el Rigoletto de Carlos Álvarez y las Gildas de Rancatore y Moreno. Leo Nucci canta una función y bisará la Vendetta, como de costumbre.


8. Der Fliegende Holländer, de Wagner
El Holandés Errante es otra de esas óperas de las que siempre se sale con subidón. Producción de la Staatsoper de Berlín y Ópera de Basilea que tiene pinta de muy clásica y vistosa, por las fotos, al menos. Salvo Anja Kampe, Senta en el 2º reparto, no conozco a casi nadie (ah, mi ignorancia en el repertorio alemán).


9. La fille du Régiment, de Donizetti
Bueno, esto sí que es refritismo en estado puro. Producción que ya ha pasado por el Liceo, por el Real y por medio mundo. Vista hasta la saciedad. Con Camarena, Sabina Puértolas y Ewa Podlés. Morbo: la Duquesa de Krakenthorp será Bibiana Fernández.


10. Don Giovanni, de Mozart
Tercer Mozart de la temporada. Producción aparentemente espectacular y Marcus Kwiecień y Carlos Álvarez como atractivos principales.


y 11. Il Trovatore, de Verdi
¿Qué? ¿No te quejabas de tres mozarts? Pues aquí viene el tercer Verdi. Tremendo colofón de temporada, en la birriosa producción de los Airgamboys que ya se vio hace unos añitos (qué penita, qué cutrerío). Kristin Lewis y Tamara Wilson se alternan las Leonoras. Marco Berti y Yonghoon Lee los Manricos, la Cornetti y la Gubanova las Azuzenas y lo siento mucho pero los condes ni me suenan. Como siempre, si cantan bien puede ser una gozada, si no...


Por si no tienes suficiente con 11 óperas, hay 3 más en concierto, donde hay algo más de imaginación:

1. Teuzzone, de Vivaldi, con Jordi Savall & Co.


2. Thaïs, de Massenet.
Con Nino Machaizde, Plácido Domingo y Celso Albelo.


y 3. Die Lustige Witwe, de Léhar
Una sola función de La Viuda Alegre, y en versión concierto. Ya les vale. No sé qué tal andará la Denoke (su Alceste en Madrid fue muy floja). A su lado, Bo Skhovus, que también me da un poco de miedo. Pero puede que en este repertorio consigan sacar algo bonito... o no. Gran misterio.


En fin, una temporada de títulos bastante potentes. Si viviera en Barcelona procuraría ir a todos. Pero ninguno de ellos me justifica un viaje, porque ya los he visto demasiadas veces. Y viendo lo que ha pasado este año con los repartos de los Otellos del Liceo, miedito me da sacar una entrada (carísimas) esperando escuchar a Beczala y que me cante al final Perico el de los Palotes, sinceramente.

En fin, temporada muy conservadora, que espero disfruten los asistentes.

¿Le pondrán las anillas a la fachada del teatro?

Para más info, el siempre actualizado (no como éste) blog In fernem Land.

Ya hablaré del pedazo de libraco que nos llegó a los abonados de Madrid con las previsiones para... ¡los tres próximos años! Empecé a escribir pero me salió tal ladrillo que lo iré dosificando. Qué fatiga, qué dolor. Unas veces se me para y otras veces se dispara como loco el corazónnnnnnn.

lunes, noviembre 16, 2015

Benvenuto, Cellini !

 
Ay qué nervios previos con el Benvenuto Cellini de Berlioz en el Liceo de Barcelona.

Primero, amenaza de huelga de empleados del Liceu. No desconvocada hasta dos días antes del estreno. Luego, el rollo de la 'desconexió'. "¿Y te vas a ir a Barcelona con la que está cayendo?" me preguntaba alterada mi madre como si al pasar por Fraga tuviera que atravesar la temible "línea Calçot" de fortificaciones para evitar la entrada de los tanques en Cataluña.


Y, pasando ya de coñas, lo más grave: la ópera Benvenuto Cellini, de Berlioz, que las veces que he intentado escuchar me ha parecido un tanto ladrillo. Pesadota, pesadota. ¿Iba a aguantarla? Y más aún después de la típica comida con amigos que se alarga hasta las mil. Uffff.

Pus nada, superada la comida en La Clara con siesta reparadora y sobredosis de cafeína, a las 8 y un minuto de la tarde se alzó el telón para el Benvenuto.

Para el propio teatro lo más atractivo de la producción era la puesta en escena a cargo de Terry Gilliam, siendo tannnnn burdos de anunciarla como producción de "Monty Python", cuando hace ya décadas que Gilliam tiene su propio estilo y mundo de imágenes particular. Pero hay que hacer caja, nena. Y más con la barbaridad de subida de precios y cambios de zona que han organizado en el Liceo.


Una vez vista me reafirmo en lo "peculiar" que es esta ópera. Porque es rara, rara, rara.

Empieza que parece que va a ser cómica, y luego torna a lo dramático y termina de forma épica, con un argumento en el que aunque pasan "cosas" no es que haya mucha progresión dramática. Y yo diría que la razón está en la partitura: tiene una estructura muy clasicota con muchas repeticiones que ralentizan toda acción. El universo musical de Berlioz tiende a la grandilocuencia, y aquí se nota. 

Afortunadamente la dirección musical de Josep Pons estuvo a buena altura y sacó mucho jugo, llegando a crearme la sensación de globalidad que esta obra necesita. Intenso cuando tenía que serlo y delicado cuando tenía que acompañar. Muy bien la orquesta del Liceu.


Respecto a los solistas... bien de estilo, cortos de volumen.

John Osborn tenía a sus espaldas el difícil rol de Cellini. Tesitura inclemente, necesidad de saber hacer un canto ligado y fraseado y gran traca heroica final. Lo consiguió, recreándose en el fraseo y pronunciando perfectamente, un estilo francés inmejorable. 
Ahora, el volumen. No es por nada, pero me hacía falta sonotone. O fue intencionado o se guardó todo para el final. Ahí sí que le pongo pegas.

Teresa fue Kathryn Lewek, soprano ligera que cuando la orquesta se pone un poco espesa o el papel requiere más voz se resiente. Se empleó a fondo en el aria de entrada, haciendo cosas exquisitas en las agilidades. Después se fue ya diluyendo entre el resto.

Annalisa Stroppa estuvo excelente como Ascanio, con un timbre penetrante y disfrutando del papel.

Eric Halfvarson está mayorcete, pero dio el tipo como papa. La concepción escénica del rol, excesivamente cómica y destinada a sacar la risa fácil, me pareció excesiva, sobre todo porque su papel es bastante terrible: por un lado perdona en nombre de la siempre misericordiosa iglesia católica, pero por otro lado está deseando mandar a Cellini a la horca.

Correctos Muraro y Holland como "los malos" y bastante bien los secundarios Vas, Lanchas, Esteve y Comas.

El coro tiene unas muchas intervenciones y no todas fáciles. Bastante rotundo, muy audible y en la escena del Carnaval un poco cada uno por su lado. Pero vamos, bastante bien.


Y ahora el tema estrella: la producción de Gilliam.
Sinceramente, muy buena y, lo que es muy importante, al servicio de la ópera.
Lo más facilón sería destacar lo sobrecargado de la puesta, lo excesivo, lo circense. Pues mira lo que te digo, eso será lo más vistoso, pero es lo más anecdótico.
Lo interesante de esta producción es cómo Gilliam mueve los elementos escénicos (básicamente una estructura constructiva y dos escaleras) para conseguir los distintos ambientes.
Y la casa es una casa, el taller es un taller, el teatro es un teatro y el bar un bar. Punto.
Gilliam no se inventa nada ni quiere hacernos ver cosas que no hay.
Y la escena del carnaval es como debe ser: una fiesta.

 
Aparte, visualmente es súper efectiva. Después de la escena del carnaval mantener el interés visual en el tercer acto era difícil, y lo consigue.
Luego tiene alguna boutade como lo del papa o chistecillos un poco accesorios pero vamos, que no se pasa.
Lo que se ha conseguido es una producción visualmente espectacular y respetuosa con el libreto. Muy bien.

Con todo, una muy buena velada de ópera, de las memorables.
Benvenuto seas, Cellini


Hector Berlioz
Benvenuto Cellini
Liceo de Barcelona, sábado 14 de noviembre de 2015.
John Osborn, Kathryn Lewek, Annalisa Stroppa, Eric Halfvarson, Maurizio Muraro, Ashley Holland, Francisco Vas, Valeriano Lanchas, Manel Esteve, Antoni Comas.
Josep Pons, Terry Gilliam





La ópera empezó a las 8:01 por el minuto de silencio por los atentados de París. Qué horror, sin palabras.

Página web del Liceo
Blog In fernem Land
Foro de ópera
 

lunes, marzo 02, 2015

Y la temporada 2015-2016 del Liceo.



El Liceu de Barcelona presentó el viernes pasada su temporada 2015 - 2016.
Voy a echarle un vistazo:

1. Nabucco, de Verdi
Aliciente: Martina Serafin de Abigaile


2. Benvenuto Cellini, de Berlioz.
Muy buena pinta. Producción de Terry Gilliam (con lo cual será por lo menos algo sorprendente). No conozco a casi ningún cantante. Me apetece mucho.



3. Lucia di Lammermoor, de Donizetti

Elena Mosuc & Juan Diego Flórez en primer reparto, María José Moreno e Ismael Jordi en segundo. Interesante si se vive en Barcelona. A mí no me merece la pena el traslado.



4. Otello, de Verdi

Aleksandrs Antonenko. Pufff, ni idea de quién es.
Producción de la Deutsche Oper de Berlín que promete rasgaduras de vestimentas y perlas rodando por los suelos.



5. Otello, de Rossini

En versión concierto, con Gregory Kunde que parece que le cunde mucho (#festivaldelhumor) porque parece que está ahora en todos los fregaos. Sólo dos funciones.

6. Götterdämmerung, de Wagner.

No puede haber temporada del Liceo sin su Wagner de rigor. Dirección de escena de Carsen de la ópera de Colonia de 2009. Según he leído: Sex & Politics.



7. Written on skin, de George Benjamin

Lo mismo que nos van a poner en el Teatro Real de Madrid. Función en versión concierto dirigida por el autor.

8. Simon Boccanegra, de Verdi

Aquí o tienes un Fiesco y un Boccanegra que hagan saltar chispas en el primer acto o es una ópera que me parece un soberano peñazo. Pero el reparto está plagado de estrellas: Frittoli, Nucci, Domingo, Ramón Vargas, Furlanetto, D'Arcangelo, Òdena... en diferentes combinaciones.



9. Serse, de Händel

Versión concierto y reparto, para mí, totalmente "inconnu".

10. I Capuleti e i Montecchi, de Bellini

¡Elina Garança! Patrizia Ciofi, Silvia Tro, Ekaterina Siurina, Siragusa y Celso Albelo en dos repartos. La producción tiene pinta de raruna, pero los fashionistas pueden estar dando palmas: los figurines son de Christian Lacroix.



11. La Bohème, de Puccini

Producción exitosa de la ENO a la "años 30". Parece ser que la del Real/Liceu ya está muy vieja y la han vendido entera por ahí.



y 12. Die Zauberflöte, de Mozart.

La misma producción de Berlín que nos llega a Madrid inspirada en el cine mudo y que todo el mundo dice que es fantástica. los cantantes son de la compañía de la Komische Oper.




¿Qué te parece?


lunes, enero 12, 2015

DiDonato Stuarda


Ay, hace ¡tres! semanas que tenía que haber escrito esto, pero es que no he parado ni he tenido concentración para hacerlo.

Hoy toca hablar de la comidilla de esta temporada, la Maria Stuarda que Joyce DiDonato ha protagonizado en el Liceo de Barcelona.

Cuando salí me quedé muy perplejo. Stuarda es una ópera que, pese a tener otros dos roles importantes, queda totalmente monopolizada por su personaje principal, más que nada porque, al igual que ocurre con otras reinas donizettianas, la segunda parte de la ópera es ella, ella y sólo ella cantando.

Y claro, se requiere una cantante de nivelazo para sacarla adelante.
Y Joyce DiDonato es una diva actual de mucho prestigio y ha dicho: pues hala, yo hago la Stuarda, que soy diva y tengo nivel.



Ay, Joyce. No, mira, no.
Vale que tienes presencia, que tienes estilazo para cantar, que no te falta volumen, que eres capaz de meterte al público con la interpretación... pero chica... la voz no te da para el papel.

Leo, leo y releo que es una edición crítica de una versión de la ópera para mezzo, que se han bajado de tonalidad casi todos los pasajes de la prota  y que Janet Baker ya la cantó hace la torta de años. ¿Y?
Pues mira, a mí me da igual que le bajen el tono y que sea la edición que sea, que sea para soprano o para mezzo, pero por lo menos que me acabe convenciendo, ¿no? Y eso no ocurrió con DiDonato.


La sensibilidad a flor de piel, la intención dramática precisa en cada momento, pero chica, cada vez que subía al agudo, la voz se le adelgazaba, perdía los armónicos, se quedaba fija y la afinación era dudosa dudosa, aparte de algunas caladas de las de verdad.

No me gusta machacar cantantes, y Joyce DiDonato me gustó mucho en Cendrillon el año anterior, pero con Stuarda se equivoca. Es que si dijéramos que adelgaza la voz para hacer un pianissimo o un filado vale (y no nos vamos a poner aquí a comparar con Caballé, pero la memoria me lleva inevitablemente a ella) pero es que no, es que veo que se le quedaba en ese hilo de voz porque no podía más.



Hay muchos papeles en los que una voz con la testitura de la suya puede brillar y deslumbrar, pero con Stuarda lo lamento pero no.


A su lado, Silvia Tro Santafé hizo una reina Elisabetta superfiera. El primer acto lo dominó ella solita. ¿Que tiene vibrato? Vale, pero potencia, intención y estilo belcantista de primera. Me encantó. Además, cosa rara en las mezzos de hoy en día: el color vocal era el mismo en toda la tesitura, nada de parecer estar escuchando a tres cantantes distintas. Una voz muy homogénea. Brava. De verdad.

El tenor era Javier Camarena. Voz bonita, buen estilo y sin dificultades para asumir el rol. Sin embargo, para mi gusto le faltó un puntito, no brilló ni me gustó tanto como en La Fille Du Régiment en Madrid. No obstante, muy buena prestación, un muy notable protagonista masculino.


Correcto Vito Priante como Cecil y muy bien Michele Pertusi como Talbot. Destacable la voz de Anna Tobella como Anna, una comprimaria que se hacía escuchar con mucho agrado.

La orquesta a cargo de Maurizio Benini estuvo muy correcta, pendiente en todo momento de la protagonista, y adecuada a estilo. En el coro no reparé mucho.

La puesta en escena fue una sucesión de bobadas: mezcla anacrónica de decorados y vestuarios para acabar con un patíbulo modelo sala de entrada a cámara blanca de industria cárnica que destrozaba cualquier carga dramática


Cuando terminó, bravos exageradísimos para la prota. Que sí, vale, que se lo curró, pero mira, por mucho esfuerzo, por muy entregada, por muy artista que fuera, a mí no acabó por convencerme.

Dejo el enlace al audio de Cataluña Radio: clic
Y en RNE, que no sé si es del mismo día: clac
Y, como te puedes imaginar, en el foro de la perpetua indignación (empezando por mí mismo) no han dejado títere con cabeza: cloc

Y un fragmentito, para ilustrar:



Cuando terminó la función y saludó el que hacía de verdugo... ¡recibió abucheos!
Función muy "de liceo", con mucho lujerío, brillo y bisuta. 
Y con Artur Mas sacándose fotos con los fans (por eso de la cuestión escocesa).

Por cierto, que a María Estuardo siempre nos la han presentado como una mártir católica víctima de la malísima de su prima, ¿no? Me da a mí que debía ser buena elementa ella.

Gaetano Donizetti
Maria Stuarda
DiDonato, Tro Santafé, Camarena, Pertusi, Priante. Tobella.
Benini
Gran Teatre del Liceu. 
Barcelona, 19 de diciembre de 2014

martes, febrero 25, 2014

...y la temporada 2014 2015 del Liceo de Barcelona

Y este viernes pasado se produjo también la presentación de la Nueva Temporada de Ópera 2014 / 2015 del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

¿Y qué nos traen en el Liceo este año?

Veamos brevemente:

1. Il Barbiere di Siviglia, de Rossini.

Producción de Joan Font (Comediants), o sea, colorinchi colorinchi, y Mario Cassi, Juan Francisco Gatell, Analissa Stroppa, Chausson, John Relyea.... y segundo reparto en el que a la única que conozco es a Ketevan Kemoklidze.

Bueno, ya se sabe lo que pienso de esta ópera. Puede salir muy bien si hay sincronía y complicidad entre los cantantes y orquesta o puede resultar un sopor.  

2.  La Traviata, de Verdi

Misma producción que viajará a Madrid, con Ciofi, Mosuc o Ailyn Pérez. Francamente sólo veo a Elena Mosuc como Violetta. ¿Que no querías ópera-maría? Pues ahí tienes dos tazas nada más empezar la temporada. 

3.  Arabella, de Strauss

Con la Schwanewilms, que es una especialista y será buenísima, pero las pocas veces que la he visto en directo me ha dejado frío frío. Ya en la web nos recuerdan que fue el papel con el que Caballé debutó en el Liceo. Nos lo van a repetir mil veces, ya verás.

4. Maria Stuarda, de Donizetti

Joyce DiDonato, Silvia Tro y Camarena en el primer reparto, Irina Lungu y Antonio Gandía en el segundo (lo siento, no sé quien es Mariamma Pizzolato). Promete. Si  puedo me acerco.

5. Una voce in off, de Montsalvatge y La voix humaine, de Poulenc

Ángeles Blancas y María Bayo en dos óperas cortas del siglo XX que pueden tener interés. Coproducción con Teatros del Canal, así que se verá también en Madrid.

6. Norma, de Bellini

No te me quejes. De 6 llevamos ya 3 ópera-marías. Con la Radvanovsky de estrella (2º reparto Tamara Wilson) ¡y Gregory Kunde! La Adalgisa soprano será Ekaterina Gubanova.

7. Siegfried, de Wagner

Una temporada del Liceu no es temporada si no hay un Wagner. De los cantantes no conozco a ni uno. Bueno, sí, a Ewa Podlés. 

8. Tristan und Isolde, de Wagner

¿No quieres caldo? Toma dos tazas. En versión concierto. Y sin que hasta la fecha se sepa quién va a ser la Isolda.

9. Carmen, de Bizet

Óperamarí.... bueno, me callo, porque es una obra maestra que me encanta. Y no he visto esta producción del burgalés Bieito que todo el mundo dice que es muy buena. Con Béatrice Uria-Monzon de prota.

10. I due Foscari, de Verdi

Tipico Verdi "menor" en versión concierto para lucimiento de Plácido Domingo en papel dominbaritonal. ¡Está Ramón Vargas en el reparto! Hace siglos que no lo escucho.

11. Così fan tutte, de Mozart

Nueva adaptación "a tiempos modernos" de la obra mozartiana. De los repartos sólo conozco a Maite Alberola en el segundo y a Piertro Spagnoli en el primero. Le pasa lo mismo que al Barbero, que si se hace bien puede salir algo divertido o interesante (el final de la versión de Haneke para el Real del año pasado) o si no es un plastazo en toda regla.  Al menos la producción se ve vistosa.

y 12. Don Pasquale, de Donizetti

Con esta ópera sí que no puedo, es manía personal. Está Ailyn Pérez, que puede hacer una buena Norina, y Mariusz Kwiecien que siempre canta con mucha clase. 

Bueno, está claro que se ha apostado por tradicionalismo a tope, sin rarezas, con una buena dosis de ópera-maría, dos poco frecuentes y el resto de repertorio típico aunque no tan trilladas. Así vista en bloque suena atractiva, aunque todo depende de los resultados artísticos, claro, tampoco hay tanto figurón (o yo no los conozco, que también puede ser). 

Si viviera en Barcelona desde luego sería abonado y me las tragaría todas, pero hacer un viaje a propósito para ir a la ópera... no sé, la Stuarda, que no he visto nunca en directo y para de contar. Sí, la Arabella quizás. 

En fin, ¿opiniones?

lunes, diciembre 23, 2013

Cenicienta Cendrillon

  



Noche de cuento de hadas en el Liceo este viernes con la Cenicienta de Massenet.

Cendrillon dista de ser una gran ópera. Es más un divertimento, una amable y agradable opereta, tanto en un argumento que no se sale ni un milímetro del conocido cuento (como podría ser la Cenerentola de Rossini) como en una música que, aún con buenos momentos, no está en general muy inspirada.

Juega a su favor que el primer acto es muy sorprendente, con música de pompa y boato, muy brillante, que envuelve enseguida. Si a ello le unimos una producción sensacional y un reparto "de los de Metropolitan", el camino al éxito de la velada está conseguido, ya cuando se apagan las luces por un par de minutos la Cendrillon del Liceu nos tenía conquistados a todos.

Musicalmente hablando, los tres siguientes actos son más rutinarios. Las arias están bien, pero tampoco son un prodigio, en la parte puramente orquestal hay una presentación de princesas al baile que se hace eterna, y sólo en los dúos príncipe-cenicienta la música toma altura de nuevo. Pero ya lo digo, el nivelón artístico fue tal que ya nos tenía al público ganado, y el final fue la explosión de aplausos que merecía.


Joyce DiDonato. Estupenda. Es el papel que le va como anillo al dedo, no tiene graves incómodos, puede lucirse en los agudos y le permite desplegar una elegancia de canto de primerísimo nivel. Aparte, ¿le ha crecido la voz o es que estaba tan cómoda con el rol que lo dio todo sin dificultad alguna? Deliciosa, no se le puede poner una pega. Me gusta aquí mucho más que en barrocos y rossinis.


Alice Coote, el príncipe, a la que sólo había visto en cine en el último Giulio Cesare del Met. Voz plena, intensa, que sube al agudo como si nada, con volumen. No llega a tener la personalidad vocal de DiDonato pero es muy notable. También el papel del príncipe no es tan lucido.

Y las dos mezzos, compenetradas a la perfección, ofrecieron unos dúos de amor espectaculares. 



Annick Massis. Sorpresa sorpresa. ¿Es la misma que no me pareció ni chicha ni limoná en una Sonnambula de Bellini hace más de una década en el Real? ¡Pero qué señora! ¡Cómo le ha crecido la voz! ¡Qué gustazo de agudos, sobreagudos y filigranas vocales! Y qué estilazo cantando, moviéndose y actuando como una Mae West.... bueno, mejor Jean Harlow. Se lo pasó en grande y nos lo hizo pasar en grande a los demás. Sensacional.


Seguimos con las señoras. Doña Ewa Podles.
Una de las contraltos favoritas de este teatro, y de donde vaya, porque es soltar uno de sus graves y ya te deja encandilado. Está pasadita de años y ya no tiene ese volumen de antaño, pero es imposible no rendirse a sus pies. Los graves de la casa siguen siendo rotundísimos: baja a la caverna más profunda del centro de la tierra. Pero es que los agudos también están allí. Y si la Massis estaba encantada con el papel, la Podles ni te cuento. Graciosísima de madrastra, qué manera de moverse y de expresarse. Genial. Se metió a todo el mundo en el bolsillo.


Toca un hombre (el único del reparto principal), Laurent Naouri, el papel de padre de Cenicienta. Suficiente en sus intervenciones solistas y elegantísimo y sentido en el dúo con DiDonato. Muy bien como contrapunto a tanta voz femenina.


Las hermanastras, Marisa Martins y Cristina Obregón, cumplieron con creces con sus papeles, pequeños pero lucidísimos. Porque para hacer estos roles no sólo hay que estar graciosas, que lo estaban, sino también a buen nivel vocal, y audibles.

Una batería de comprimarios quedaron también encantados por la varita mágica del hada madrina y, de verdad, no se les puede poner pega alguna. Igual que el coro, integradísimo y entregadísimo.

Vamos, que vocalmente,  reparto de campanillas.

¿Y la orquesta?
Pues de lujo, oye. Andrew Davis, artífice de la maravillosa Rusalka del año pasado, levanta el nivel de una partitura a menudo monótona, llevando la orquesta a un sonido rotundo, con brillo, cuidando al cantante. Bravo.

 
Pero todo esto no hubiera sido suficiente sin la participación del director de escena. Laurent Pelly ilustra el cuento de una manera deliciosa, plagando la ópera de detalles que te impiden que se te vaya la atención. Se pueden comentar mil cosas... no sé, hay que verlo. Yo destacaría la primera aparición del hada con los clones de Cenicienta y el ballet del segundo acto.

Ese ballet es una escena larguísima y bastante rollete. Pero ahí teníamos a un reducido cuerpo de baile (excelente) perfectamente integrado con el coro, convirtiendo lo que podría ser un aburrimiento en una de los más animados fragmentos de la obra.

Con ayuda, claro está, de un vestuario excéntrico a más no poder y de una escenografía que consigue la espectacularidad con elementos bastante sencillos. Todo un acierto.


Existe DVD de la producción, y se pueden encontrar fragmentos por Youtube. Recomendabilísima.

Vamos, que para ser la única ópera de esta temporada del Liceu a la que voy a ir me ha merecido mucho la pena, he tenido el placer de saludar a amigos y conocidos (iba yo como loco por los varios pisos del Liceo) y es un auténtico regalo de Navidad. Salí encantado, una noche de cuento de hadas.

Hay funciones hasta reyes y un segundo reparto. De verdad merece la pena.



Jules Massenet.
Cendrillon
Gran Teatro del Liceo.
Barcelona, viernes 20 de diciembre de 2013.

DiDonato, Massis, Coote, Podles, Naouri, Obregón, Martins.
Andrew Davis, Laurent Pelly

Enlaces:
Página web del Liceu
Youtube
Mp3
Vídeo completo en La Monnaie
DVD Covent Garden


miércoles, diciembre 26, 2012

Rusalka: la Sirenita en versión puta (y en checo)

 
Lo único que me interesaba esta temporada del Liceo era la Rusalka de Dvořák. Pero jodó, los días que podía ir pillaban justo en medio de los jaleos navideños. Y, encima, como no fui previsor, para el estreno las entradas que quedaban o eran de las malísimas de visibilidad cero o pasábamos ya a los ciento y pico euros. Y no.

Nada, que estaba yo ya resignado a no ir cuando, en un ataque de derroche y después de pedir permiso a mi tx, me lié la manta a la cabeza y hala, me puse como un loco a hacer clic. ¡Es que era lo único a lo que quería ir este año en Barcelona!


Yo, que me organizo los viajes con meses de antelación, que se me quedan flipando en los hotele cuando hago una reserva con casi un año porque sé que voy a ir a tal ópera, que me vuelvo loco tecleando miles de páginas para ver cómo me sale más económico ir... este año todo lo contrario y encima me ha salido mejor que nunca. Un hotel fantástico de última hora en Gran Vía a menos precio que ninguno de los hostaluchos infames a los que he ido otras veces, vuelo aceptable (ya no hay vuelos baratos) y oh, sorpresa, debe ser que los abonados van devolviendo entradas, porque me saqué también una muy apañada de precio. En fin, que a veces el "pensat i fet" sale mejor que la programación anticipada.

Y eso que no contaba con un infortunio que a punto estuvo de arruinarme el viaje: un maldito ataque de gota el jueves por la noche. Siempre lo digo: a todo el mundo le parece supergracioso: a los que lo sufrimos, no. Y el problema no es el dolor o el ir cojeando con el pie hinchado como un botijo, es que las puñeteras pastillas que hay que tomar le dejan a uno el aparato digestivo que parece una montaña rusa. Pero si hay que tirarse dos días a Aquarius, se hace, y además así luzco tipín.


Así que, el sábado por la tarde, en ayunas, y tras tres cuartos de hora de paseo para recorrer kilómetro y medio, estaba yo plantado en la puerta de mi querido Gran Teatre del Liceu dispuesto a disfrutar de la Rusalka.

Los fanáticos opreáticos se llevan siempre las manos a la cabeza cuando la crónica de una ópera empieza por su parte escénica. Y tienen parte de razón, pero es que en estas funciones el protagonismo absoluto se lo lleva la puesta en escena. 

Es una producción tan vistosa, transgresora y epatante que es imposible no referirse a la puesta en primer lugar.


El señor Stefan Herheim traslada la acción desde las profundidades del mar a un entorno urbano en el que la Sirenita es una puta que quiere dejar el mundo de la noche porque ha visto a un marinero (el príncipe) con el que anhela encontrar el verdadero amor. El Genio de las Aguas, en este caso un cliente de Rusalka que vive acojonado por su mujer, se convierte en el protagonista de la función: todo lo que ocurre es como una especie de reflejo de sus obsesiones / alucinaciones. 

Hasta aquí todo correcto: Ježibaba en vez de una bruja es una sintecho que vive pidiendo a las puertas del metro, y ayuda a Rusalka a dar el paso a dejar el mundo de la noche. Pero a partir del final del primer acto al director parece que le entra el ataque de pedantería y dice: a partir de aquí no os vais a enterar de nada, jodíos. Y la cosa se vuelve incomprensible, empezando con que la princesa extranjera que se lía con el príncipe pasa a ser la mujer del Genio de las aguas. 


El segundo acto se convierte así en una sucesión de escenas incoherentes adornadas, eso sí, con un vestuario de lujo que culmina con el vestido brilli brilli de Rusalka que ya hubiera soñado Tania Doris y que deslumbraba a todo el teatro.

En el tercer acto las cosas se medio aclaran. Por lo que yo entendí, Rusalka se da cuenta de lo inútil de sus aspiraciones por ser una chica decente y el genio termina de una manera radical con la causa de sus obsesiones. No sé, no se puede explicar, hay que verlo. Y además, el vídeo circula por internet.


Sobresaliente trabajo de Heike Scheele, la escenógrafa, con unos decorados perfectamente capaces de pasar del mundo real al onírico o al submarino. Chapeau.

Pues eso, que la puesta en escena se erige como protagonista de la noche pero... ¡espera! otro elemento iba a competir por ese protagonismo, e iba a ser...

¡La Orquesta del Liceu!
¿A que sorprende? Pues no, porque en el último par de años yo creo que ha pegado un cambiazo a mejor. 
En esta ocasión, Andrew Davis la llevó con brío, ímpetu, velocidad, no nos dejó un respiro. De hecho, yo diría que los momentos más intensos los provocaban no ya el argumento o la rocambolesca puesta, sino la fuerza de la orquesta.
Bravo bravísimo y olé.
(Vale, sí, lástima de solo de trompa quebrado justo al principio de la función, pero fue sólo un borroncillo en medio de una interpretación excelente).


Y llegamos a los cantantes. Y no me pasa nada por dejarlos para el final porque mira, vale, estuvieron bien, dieron la talla, pero ninguno llegó a maravillarme.

Yo no sé si mi butaca lateral estaba demasiado encima de la orquesta y me los tapaba o que estaría yo duro de oído pero es que, joder, me costó bastante oírlos bien, sobre todo a la protagonista.

Camilla Nylund tiene una voz bella, con agudos muy bien emitidos. Pero chica, o estaba reservona en el primer acto o qué sé yo, porque es que no me llegaba. Ni siquiera le dio intensidad a la canción de la luna. Luego la tuve más audible en el segundo y sí, hay que reconocer que en el tercer acto estuvo estupenda y echó el resto.

Klaus Florian Vogt tiene una voz peculiar. Es aguda, penetrante, pero como un poco falta de plenitud, como si le faltara sonoridad. No tuvo problema en la tesitura del príncipe .

El Genio del Agua, Vodník, fue Günther Groissböck. Bien, correcto, peeeeeroooo, al igual que los anteriores, falto de la contundencia que el rol necesita. Al estar casi omnipresente en escena es de destacar la prestación interpretativa, sobresaliente.



La princesa extranjera fue Emily Magee y, joder, ya me repito, pero es que lo mismo que Rusalka: buenas intenciones pero tapada por la orquesta la mayoría de las veces. Yo creo que directamente no es el tipo de voz que el papel requiere. Como todos, estupenda en escena.

Y la que se comió con patatas a todos cada vez que salía fue Ildikó Komlósi haciendo de la bruja Ježibaba. Con esta señora, después de su Santuzza y su Amneris, ya sabemos a lo que atenernos: siete colores vocales distintos, comodidad en el agudo y escasez en los graves. Y la bruja tiene un rango bastante inclemente. Pues la Komlósi consiguió, con un desparpajo y un descaro impresionantes, hacernos perfectamente creíble su papel.

Muy buenas las tres sirenitas y más que correctos los secundarios. En el coro, lo siento, no me fijé mucho.

Lo repito: el trabajo de interpretación actoral de todos ha sido intensivo y los resultados son espectaculares. Ahora, ¿cómo se oiría esta Rusalka en una función retransmitida por radio, sin ver a los cantantes? Ah, lo sabremos el día 2 en RNE.



Al final, aplausos para el equipo musical y división de opiniones para el escénico.
En esta ocasión no se trataba del típico desquiciado desgañitándose a gritos desde uno de los pisos altos, no, había un amplio sector que abucheó. Y es lo que me hizo gracia. Estoy acostumbrado en Madrid a un público de estreno pasota y condescendiente que aplaude con desgana y se larga corriendo (probablemente, invitados y neojetset económico-política de turno) con las voces disidentes pegando gritos desde arriba. En Barcelona el público es más conservador, más de las cosas "como deben ser", y había un amplio grupo de indignados que, sin ser tan exaltados, son sonoros. En todo caso, clarísima división de opinión, porque también hubo mucho aplauso.



Resumiendo: una noche de ópera muy satisfactoria. La partitura de Dvořák es una maravilla y fue servida de perlas por la orquesta dirigida por Davis, que los cantantes dieron la talla aunque para mi gusto todos aquejados de cierta falta de proyección y que la producción era fascinante y estaba llena de trampas visuales para eclipsar al resto de los elementos artísticos de la ópera. Y a todo esto yo en ayunas y a base de Aquarius (lo cual venía muy bien para el tema de la sirenita). ¡Oye, que me ahorré la cena! Y, todo sea dicho, le vino de perlas a mis amigos, que estaban hartos de celebraciones y comilonas.

Por si no escribo hasta el año que viene, Felices Fiestas y un Fantástico Año Nuevo a todos los que leen estas mis chaladuras.
Abrazuelos.



Antonin Dvořák
Rusalka
Gran Teatro del Liceo
Barcelona, sábado 22 de diciembre de 2012
Camilla Nylund, Klaus Florian Vogt, Günther Groissböck, Ildikó Komlósi, Emily Magee.
Andrew Davis, Stefan Herheim

Página web del Liceu
Rusalka en el siempre interesante blog de Joaquim 
Anteriormente en este blog: escándalo con Rusalka
Foro de señores enfadados que hablan de todo menos de lo que tienen que hablar



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