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jueves, julio 09, 2026

Il Trovatore. Verdi. Teatro Real. Julio 2026

Gran fin de temporada del Teatro Real de Madrid con una de las óperas más célebres: Il Trovatore, de Giuseppe Verdi.

El  mayor reclamo de estas funciones era la presencia de Anna Netrebko como Leonoda, pero tras chuparse en el último mes Nabuccos, Macbeths y recitales a tutiplén, después del recital del pasado lunes diría "¿Dos semanas en Madrid con casi 40 ºC???" Ni loca. Y encima Madrid masificada con el Orgullo y la competencia del concierto la noche anterior de otra diva, una Katy Perry auténticamente salida de madre. Hala, a descansar. En su haber también hay que decir que en unas representaciones en el Real (ya no recuerdo si fue la Tosca o la Aida) hizo más funciones de las inicialmente previstas por indisposición de otra soprano. O sea, démosle el beneficio de la duda. Aunque como me vuelva a saltar en Instagram haciendo burradas la pongo fina.

Yo no compré la entrada por la Netrebka, simplemente me tocaba en el abono A, pero conozco quien sí lo hizo.


A su sustituta, Eleonora Buratto, se le notaba que era su primera función (con el papelón de sustituir a la superdiva) y empezó con cierta cautela. Tiene un bello timbre y maneja muy bien su voz. Es de esperar que en las otras tres funciones que le quedan se suelte. También en este caso tengo el problema de que en mi cabeza Leonora es Leontyne, y contra eso no se puede luchar.

Briosa, enérgica dirección de Luisotti, lo que no quiere decir que fuera corriendo a toda prisa. No, mantuvo el ritmo, creó atmósferas, acompañó a los cantantes y nos proporcionó buenos subidones. El coro muy bien. Venga, le voy a poner una peguita, creo que no pudieron seguir bien a la orquesta en el primer cuadro (el de Ferrando), que fue rapidísimo.

George Petean es un lujazo de Conde de Luna, una voz amplia, bella, extensa, sonora, bien fraseada y con el toque de villano que requiere el papel. Bravo.

Azucena es una señora con un cacao familiar tremendo, bastante loca y que tiene un pequeño "issue" con el fuego. Clémentine Margaine se aprovechó de todo eso y compuso una gitana histriónica y excesiva. Se lo afearía a otras mezze (¡he dicho mezze!) que suplen con exageraciones sus carencias vocales, pero aquí hay que reconocer que Margaine la voz la tiene, con sus agudos, sus graves y sus cambios de dinámica. ¿Un poco show? Sí, pero de vez en cuando y más para un Trovatore, me gusta. 

Muy bien Marko Mimica de Ferrando, que se marcó un primer cuadro de la ópera estupendo, contundente en el racconto y valiente en las agilidades.

Rocío Faus fue una más que correcta Ines. Tampoco el papelito le da para mucho lucimiento.

Y llegamos al protagonista de la ópera, el Manrico de Yusif Eyvazov. Creo que ya es conocida su forma de cantar. Valiente, entregado, sin sutileza alguna, se lanza a por todas al agudo y es muy efectista. Y, en efecto, hizo una Pira coronada con espectacularidad, pero el Trovador no es sólo la pira. En el Ah sì ben mio salió a la luz su irregularidad de emisión y sus cambios de color. que tiene así como tres. Casi es preferible que no intente apianar porque le queda rarísimo. Pero claro, esta ópera termina con su famosa cabaletta y luego el dúo enfurecido con Leonora, donde Eyvazov se luce. Ovación del respetable. Creo que a falta de un tenor completo para Manrico uno debe plantearse si prefiere a alguien con poco estilo pero que resulte efectista o a otro que cante mejor pero que no llegue a coronar la obra con rotundidad.

La producción. Ay, la producción. Ya lo dije en su día. No es sólo que sea fea de narices y tenebrista (esa iluminación, por favor, con el foco siguiendo desesperado a los solistas), es que el movimiento de personajes es muy malo. Qué es eso de que un cuadro termine con un duelo a espada que se queda congelado (recurso mil veces usado en esta obra) y luego A LA VISTA DE TODOS los cantantes bajen las armas y se vayan. O que Leonora e Ines se miren, junten las manitas y luego vuelvan a separarse (porfavooor). O que se vea a cantantes o actores que tienen que salir en un minuto acercarse desde el fondo y esconderse detrás de algo hasta que les toca salir. O el teatrillo del libro gordo de Petete. Y ya, para más inri, el mamotreto de melamina rollo garita de seguridad o stand de la feria Tecnochacinera. 

Sin embargo he de comentar otra cosa: mi compañera de butaca llegó tarde a la función (ah, las frecuencias del metro de Madrid en verano) y tuvo que verla en pantalla en las jaulas que hay en el 5º piso. Pues en el descanso me dijo que en vídeo es una producción que se ve muy bien y es muy vistosa, que mucho mejor verla en película que enfrente del escenario. Los primeros planos, los detalles, los fueguitos... que muy entretenida, vamos. A ver si va a resultar que es lo que pretendía el regisseur.



Poco más que comentar de "crónica". Ah, sí, a Yusif Eyvazov le gritaron algo después del "Ah sì ben mio" desde la zona superior del teatro, pares. No pude entender qué le dijeron, ¿alguien lo identificó? (o fue el autor del grito, que también es muy posible)

Aquí tienes el grito


Y nada más, finaliza aquí mi temporada operística, ¡buen verano!

Aquí tienes la pira





lunes, septiembre 26, 2016

Otello de Verdi en el Teatro Real


Inauguramos la temporada 2016/2017 con Otello de Verdi. Biennnnnn, porque es un operón que me gusta bastante.

¿Y con qué me he encontrado?
Mmmmm, pues comme ci comme ça, unas cosas sí y otras no.
Digamos que fue todo de menos a más. El primer acto fue un poquito... cómo decirlo... monótono, como hecho de carrerilla, y joer, el Essultate! y el dúo de amor tienen que ponerte la piel de gallina. Afortunadamente las cosas mejoraron a partir del descanso y en concreto el 4º acto sí que fue muy bueno.


Y ahora voy parte por parte empezando por lo que más me gustó: la soprano Lianna Haroutourian. Una voz potente, con graves, timbrada y bella. Le falta vocalizar (porque al principio no se le entendía nada) e implicarse un poquito más interpretativamente. Pero vamos, para mí estupenda. Además fue de menos a más, llegando a un cuarto acto memorable.

El Otello de Alfred Kim estuvo apañao. Pegaba los bocinazos y las notas que tenía que dar, pero en el terreno expresivo, ay, sólo existió a partir del tercer acto, y Otello es un personaje que tiene que ser muy matizado. Rutinario en los dos primeros actos, nejoró mucho en los finales de los dos últimos.

En conjunto como pareja funcionaron en la segunda mitad, que el dúo de amor inicial del primer acto les quedó soso.

Seguimos: Iago. Ángel Ódena. Opta por adecuar al personaje a su vocalidad y lo lleva al terreno más sibilino, apianando todo lo que puede, es el conspirador en la sombra... pero demasiado en la sombra. Me faltaron momentos de rabia. Actoralmente muy bien.

La orquesta: A Palumbo le gusta la obra, y lo demuestra metiendo toda la tralla que puede, ahogando en muchas ocasiones a los cantantes. Todo bastante empastado y sonando bien. El acto final muy bueno. Buena intervención del coro, mejor (al menos para mi oído) las voces agudas que las graves, un poco perdidas al inicio. 

Notables los comprimarios masculinos Esteve (Roderigo), Radó (Ludovico) y Galán (Montano, heraldo).

Hasta ahí lo bueno/apañao.

A la Emilia sólo se la oyó en la última escena, y al Cassio en ninguna.

Y la puesta en escena... fea, aburrida y muy poco original.

¿Cuántas veces habremos visto ya el típico edificio/palacio en semi-ruinas que sirva para todo?
Y todo gris, para que resalte el feísmo. Pero, sobre todo, CUTRE. ¿En qué teatro supuestamente de primera se puede consentir que las paredes se tambaleen cuando alguien las toca o cuando tienen que abrirse para dejar un hueco libre? Ni la compañía de la antigua URSS más chabacana, vamos.

Lo del vestuario como de principios de siglo XX es obviable, ni llama la atención ni aporta nada, aunque lo de sacar a Desdemona vestida como de figurita de belén de Virgen María casi me hace soltar la carcajada.

El director ha querido dejar el peso escénico en la iluminación. Focos laterales van alumbrando a los cantantes de manera que proyecten las sombras en las paredes. Sí, es estético y efectivo... si no fuera porque esa búsqueda del momento estético hace que el movimiento de cantantes sea de lo más estático, y parezca que estén permanentemente pendientes de ubicarse en el sitio preciso en el que les van a plantar el foco.

Porque mucha modernez, pero tela con el movimiento de cantantes y coro. De lo más tradicional del mundo, sobre todo en lo que concierne a Desdemona. ¿Y esa figurante desquiciada bailando (mil veces vista, hola Sagiiii)? Por no hablar del despropósito del final, con todos en escena a tres metros mínimo uno de otro y sin moverse. ¿Que el director quería recalcar el problema del racismo en su puesta (segun dice)? Desolador.

Por suerte la obra de Verdi puede con todo. Y si tras el descanso de los dos primeros actos estaba yo con un "ay no sé", al final salí más que satisfecho gracias a la orquesta y a la pareja protagonista. ¿Que no son Karajan, Tebaldi y Del Monaco? ¡Pues claro!

Aplausos generales para todos, ovación para Haroutounian, la orquesta y Kim.
Oye, mira, buen inicio de temporada.

Aquí tienes un vídeo de la representación completa que se emitió por Palco Digital... con el primer reparto (Gregory Kunde, Ermonela Jaho y George PeteaN). No sé cuánto durará online el vídeo:


Las odiosas comparaciones: he visto otras tres veces Otello en directo. La primera, con Plácido Domingo, Daniela Dessì y Justino Díaz, que te puedes imaginar que fue brutal. La segunda con José Cura en su mejor época y Elena Prokina, estupenda. Y la última con Cura también cuando compensaba con actuación cuando la voz no le respondía, y una maravillosa Krassimira Stoyanova (que era la que iba a cantar en el primer reparto). Éste es mi cuarto Otello, lo siento, se queda a las puertas de medalla.

Vídeos del Teatro Real


Giuseppe Verdi
Otello
Alfred Kim,  Lianna Haroutounian, Ángel Ódena, Xavier Moreno, Vicenç Esteve, Fernando Radó, Isaac Galán, Gemma Coma-Alabert
Renato Palumbo, David Alden
Madrid, Teatro Real
Domingo 25 de septiembre de 2016

viernes, marzo 04, 2016

Don Carlo en Canal


Con los Teatros del Canal podría haber sido un "no hay dos sin tres" pero al final acabó siendo un "a la tercera va la vencida". Después de dos fiascos infumables en el terreno lírico, aquella horrible Ópera de Tres Peniques y la flojísima Viuda Alegre, por fin he asistido a una disfrutable velada operística con Don Carlo de Verdi.

Claro que el Don Carlo es un operón, operón, de los que te dejan clavado a la butaca y te mete poco a poco en el drama. Bueno, a todo el mundo no, que no veas la señora que tenía delante. ¡No paró de moverse durante toda la primera parte! Adelante, hacia atrás, a un lado, al otro, a recostarse en el regazo de su pareja... qué ganas de darle un cogotazo. Menos mal que luego se calmó.

Sala roja de los Teatros del Canal, entradas agotadas y aforo completo. Y yo con la entrada de mi tx (que se negó a venir) pendiente de colocar hasta tres días antes. Ya me veía en la puerta ofreciéndola, como estaba un señor. Y oye, que el precio estaba bastante apañado.

Cómo no, el reclamo publicitario de esta función es Albert Boadella el cual, según dice, despoja la ópera de todo artificio y le quita el rollo "parque temático de la Inquisición y la Leyenda Negra". En efecto, todo le quita, porque el escenario más desnudo no puede estar. Una trampilla que hace las veces de tumba de Carlos I, cama de Felipe II y prisión es el único elemento escénico. De hecho, me ha recordado mucho la puesta de Konwitschny que vi en el Liceo en 2007: todo vacío y geométrico, pero con vestuario de época. De lujo los figurines esta vez.


Boadella ha cuidado bastante la interacción entre cantantes, buscando una mayor profundización del drama. Buen trabajo. Aunque discutible el presentar a Don Carlo como un tarado tullido al que le dan espasmos continuamente. Primero porque no cuadra con lo que ocurre en la ópera, y segundo porque joder, anda que no distrae. Que está el Posa ahí cantando un aria preciosa en la que dice que se muere por él y el infante está dando manotazos al aire mientras. Cómo no, la amistad de Posa y Carlo va más allá de lo fraternal en esta versión. Bastante más.

Muy interesante el párrafo que deja Boadella en el programa: 
“En nuestros días la ópera tiende a convertirse en un club de coleccionistas restringido a supuestos expertos. Se trata de un arte que nació popular y ha pasado a ser rasgo diferencial de una secta filarmónica. Un grupúsculo mitómano que se aferra a la idolatría de las figuras como signo eminente de su exquisitez. Don Carlo es una de las propiedades preferidas de esta petulante élite, pues le atribuyen unos obstáculos técnicos que solo algunos escogidos comisarios son capaces de percibir y determinar si han sido o no superados. Semejante disposición previa frente a la ópera tiene más de competición deportiva que de auténtico deleite ante un arte excelso. Excelso, precisamente, porque Verdi la compuso como patrimonio de todos, sin excepciones eruditas."


En el terreno musical se puede decir que ha sido un reparto homogéneo, no de las noches de recordar pero sí todos muy competentes. Con un total spanish cast, destaca Eduardo Aladrén como Don Carlo, por la valentía con la que aborda el papel. La voz está, un poco más de técnica para controlarla y puede hacer cosas muy buenas en el futuro. Me gustó. Damián del Castillo hizo un Posa elegante y muy en su sitio. También a escuchar en el futuro, le falta asentar el timbre, redondearlo. Sorprendente para bien Simón Orfila como Felipe II, autoritario, con volumen, y matizando (y eso que el inicio del aria ay). Muy correcto Rubén Amoretti como Inquisidor, aunque lo siento mucho, eso de que dé más miedo el rey que el inquisidor no me vale. De las chicas, María Rey-Joly tiene voz, pero se le escapan las sutilezas del personaje. Bien Belén López como paje y Auxiliadora Toledano como voz del cielo. A Nancy Fabiola Herrera ya la conocemos: corta por abajo, brillante arriba y da lo mejor de sí misma cuando se desmelena, y aquí tiene sus buenos momentos, que aprovecha. Éboli es un papel golosina y sabe sacarle jugo.
La orquesta a cargo de Manuel Coves tuvo sus más y sus menos, pero yo diría que estuvo más pendiente de los cantantes que de tener protagonismo propio.



La versión fue la italiana en 4 actos y aquí ya he visto tantas versiones con tanto refrito entre unas y otras que no sé si le han quitado o añadido cosas.

El caso es que de Don Carlo casi siempre se sale con subidón del teatro, y esta vez no fue excepción. Muy digno y disfrutable.

 
Giuseppe Verdi
Don Carlo
Eduardo Aladrén, María Rey-Joly, Simón Orfila, Nancy Fabiola Herrera, Damián del Castillo, Rubén Amoretti, Belén López, Auxiliadora Toledano, Francisco Crespo. 
Manuel Coves, Albert Boadella
Teatros del Canal, Madrid.
Miércoles 2 de marzo de 2016.


lunes, diciembre 28, 2015

Rigoletto 2015 en el Real

 

Vaya, parece que últimamente estoy un poco negativo en las crónicas de espectáculos, pero qué quieres que te diga, si no me llegan, no me llegan.
Y este Rigoletto me ha parecido correcto pero sin entusiasmar.
Partimos de la base que fue el 23 de diciembre después de un día de locos en el trabajo y que llegué muy cansado al teatro y eso influía en mi estado de ánimo, pero no me distraje, le presté bastante atención a la ópera. 
Y sólo me llegó a emocionar al final, y eso es gracias a Verdi.

Vamos por partes.

Juan Jesús Rodríguez hizo un buen jubilado. Bien de voz y dando todas las notas.
Tiene que trabajar más el papel. Rigoletto es rastrero, es un personaje con una negrura interior muy acusada. Rodríguez matizó e interpretó, pero le faltó bajeza, su voz es demasiado noble. Notable, sí, pero no sobresaliente. Creo que si lo sigue cantando le podrá sacar mucho jugo en el futuro.

Olga Peretyatko, correcta Gilda, bien cantada y matizada. Pincha en los trinos del Caro nome y en los sobreagudos, que se quedan huecos. Pero se metió en el papel e hizo cosas muy bonitas. Bien.

Piero Pretti me hizo temblar cuando durante todo el primer acto estuvo inexistente. Vale, sí, el Questa o quella es poco lucida y se canta tan al principio de la ópera que ni tenor ni público reaccionan bien, pero es que no le oía nada nada nada. Sin embargo a partir del segundo acto se creció. Se recreó en el Parmi veder le lagrime marcando estilo y ofreció una donna è mobile y cuarteto realmente buenos.

Muy bien los secundarios masculinos, con especial mención al Sparafucile de Andrea Mastroni. Flojitas las mujeres (ese pajeeeee, creo que sólo me gustó la condesa de Ceprano).
El coro algo atronador de más, pero bien.


La dirección musical, atronadora, comiéndose a los cantantes muchas veces. Y con unos cambios de tiempos un poco raros (como que se ralentizaba a veces). De todas formas sonó muy bien. Y desde luego gloria bendita comparada con la charanga de la Viuda Alegre de tres días antes.

La producción es de las versátiles, que lo mismo te vale para Rigoletto que para Norma o Parsifal. Una plancha metálica inclinada con una puerta es el palacio del duque, y cuando gira da pie a una especie de corral que vale para casa de Rigoletto y molino final. Funcional, sí, pero el problema es que es fea de cojones. Todo es gris, oscuro y mal iluminado, y no ayuda para nada a meterse en la obra. ¡Esa escalera, por favor, qué cutrerío!

Es la de Londres, que está en DVD. Horrenda.
El caso es que puede que pretendan ir de modernos, con la orgía inicial y algunos detallitos escénicos pero al final es una puesta de lo más tradicional. Y los trajes son de época, es el decorado el que es feo.
Con todo esto para mí fue una función que fue de menos a más, afortunadamente, y que estuvo correcta, pero sin llegarme. Y mira que he visto muchos Rigolettos (¿los puristas dicen rigoletti?, jajajaja) en mi vida y casi todos me han dejado con el alma encogida, pero éste no.

Aunque también lo mismo es cosa mía, claro.

Felices Fiestas a todos.


Giuseppe Verdi
Rigoletto
Juan Jesús Rodríguez, Olga Peretyatko, Piero Pretti, Justina Gringyte, Andrea Mastroni.
Fernando Radò, Álex Sanmartí, Gerardo López, Tomeu Bibiloni, Nuria García Arrés, María José Suárez, Mercedes Arcuri.
Nicola Luisotti, David McVicar.
Teatro Real de Madrid.
Miércoles, 23 de diciembre de 2015





miércoles, abril 22, 2015

Irina Lungu, Traviata en Madrid

 
El tiempo en Madrid estaba inestable ayer. Al sol te cocías de calor, pero había unas nubes que iban y venían y a ratos hacía un pelete que si te descuidabas te quedabas helado.

Así empezó La Traviata de ayer en el Teatro Real: con una producción árida, unos cantantes muy rígidos que no acababan de despegar y un público frío no, gélido. 

Pero casi terminando el primer acto ocurrió el milagro de la mano (mejor dicho, de la voz) de la soprano Irina Lungu. En la cabaletta de cierre se relajó y se soltó la melena de una forma espectacular. A partir de ahí la función transcurrió rodando y fue a más, siendo una de las Traviatas (¿debería decir traviate?) más disfrutables que he vivido en directo.


Atención con la Lungu: ¡Qué señora! Fantástica. Sin dudarlo, la mejor Violetta que he visto en teatro, y he visto muchas.

Reconozcámoslo, empezó tensa. Nada más escuchar su voz (amplia, con peso abajo) me pensé: huy, ésta va a hacer unos buenos actos 2 y 3 pero las va a pasar canutas en el primero. Y no iba desencaminado: Correcta en el brindis, nerviosa en el dúo (estaban los dos como con miedo, mirando constantemente al director) y sin acabar de volar en el "ah fors'è lui", con unos agudos en piano de afinación un tanto discutible.

Pero chico, llegó el "Follie" y a Irina le pasó como a Violetta: se le pasaron los nervios y empezó a disfrutar. Y a hacernos disfrutar. Agilidades, potencia, seguridad, agudos, pianos... un auténtico recital. Y, como colofón, terminó el "Sempre libera" con el sobreagudo de rigor perfectamente dado.

Que mira que es difícil pero aunque no esté escrito es casi obligado. Hay cantantes que optan por no darlo, otras se quedan en un maullido, otras pegan el grito y que sea lo que dios quiera. Pues lo hizo bien, mantenido y brillante. El público despertó, ovación. Da rabia reducir la apreciación de todo el primer acto a un agudo. No es así. La Lungu ofreció una escena final global de muy alta categoría.

Y ya te digo, desde ese momento ya fue para arriba. Impresionante su segundo acto, donde estaba más cómoda por tesitura, dándonos lo mejor de sí. Ese "Amami Alfredo" a plena voz, por favor. Y, una cosa muy importante: es una de las cantantes que consigue la expresividad sólo con la voz, no necesita artificios dramáticos ni movimientos efectistas. Grande. 



En el tercer acto siguió su ascenso, brindó una lectura de la carta de poner los pelos de punta, un "Addio del passato" estupendo y terminó por conmovernos a todos. Estupenda es poco, de verdad.

Bueno, sí, ya me vale. Que La Traviata no es sólo Violetta y llevo ya un montón de párrafos hablando sólo de ella. Pero es que fue lo más espectacular de la velada. Y los reparos al primer acto los achaco a la tensión de ser su primera función, al ser la titular del segundo reparto. Estoy seguro de que con el chute de adrenalina de ayer las siguientes representaciones las bordará de principio a fin.


Su Alfredo es Antonio Gandía, al que hemos escuchado en este teatro en papeles menores y me suena de haberlo oído en alguna zarzuela. Buen cantante, correctísimo Alfredo, dio lo mejor de sí en los momentos en los que cantaba en forte, quedando la voz un poco desguarnecida en cuanto el volumen no era muy alto. Rigidísimo en el primer acto, se contagió del entusiasmo de su Violetta a partir del segundo y ya cogió vuelo. Opino lo mismo: era la primera función del elenco "alternativo". Imagino y espero que en las siguientes veladas vaya a más. No dio el agudo no escrito en la cabaletta, a mi parecer muy acertadamente.


Germont padre fue Ángel Ódena, que ha ido mejorando con los años. Cada vez que lo veo me gusta más. Voz autoritaria, sin fisuras, y muy buen fraseo. La interpretación pecaba de estatismo, no sé si por cuestión de la dirección artística o suya, que siempre lo he visto un poco pasmarote. Aún así, muy bueno. Ovación al final.

Cumplidores secundarios. Bastante buenos, es raro que no te cuelen un criado o un invitado a la boda de esos que dices "huy, de dónde lo han sacado". Correcta la Flora de Marifé Nogales (tampoco puede lucirse mucho la pobre, pero le sacó partido) y muy buena Marta Ubieta de Annina.

Hasta aquí el asunto del terreno vocal.


¿Y la dirección orquestal, a cargo de Renato Palumbo?
Pues muy buena, para mi gusto, aunque muy discutible también.

Nada más empezar se sabía que íbamos a evitar el chun-ta-ta chun-ta-ta de banda de pueblo. Bien, el preludio fue matizado e intenso. Después estuvo caprichoso con los tiempos (los tempi, para las ilustradas). Iba por lo general a mucha velocidad pero de repente hacía un paroncito, generalmente para ayudar a los cantantes, y luego seguía a toda tralla. En cuanto al tiempo estuvo pendiente de los cantantes en todo momento, aunque de vez en cuando se le iba la mano y atronaba en exceso. Al finalizar, división de opiniones entre mis amigos: a algunos nos gustó y a otros les pareció demasiado "original". Ah, estos tradicionalistas.

El coro. Ay, el coro. Ellos a tutiplén. Ellas que no se les entendía nada. Cumpliendo con su cometido, pero lo he visto en mejores noches.


 La puesta en escena de David McVicar es clásica y... tétrica, fría como un témpano: el suelo es la lápida de Violetta y cortinajes enmarcan las escenas. Todo, todo es negro, salvo los elementos de atrezzo: la cama, una mesa y unos sillones, que son blancos. Los cantantes están manejados con mucha inteligencia. No hay grandes "originalidades" escénicas, pero sí detallitos que denotan un trabajo de los personajes, sobre todo en el segundo acto, con esa escena del desprecio y la salida de Violetta toda digna en plan "chiedo in bontà di ritirarmi". No me ha gustado el movimiento de masas ni el ballet (el cancán durante el brindis o la bobería de la escena de los toreros, en la que directamente desconecté). Para los ultraortodoxos, ¡oh herejía! la acción se ha adelantado a finales del siglo XIX/principios del XX.


La ópera se da sin cortes, con todas sus repeticiones y con los dos intermedios de rigor. Se quejaba mi compañera de asiento (absoluta defensora de las puestas en escena tradicionales) de que había demasiados descansos y que uno a los 30 minutos era un exceso, que íbamos a salir a las tantas. Pero bueno, La Traviata tiene tres actos, con lo que debe haber dos entreactos, ¿qué quiere? ¿uno a mitad del segundo acto para dividir el tiempo que se está en el teatro en dos partes iguales? Absurdidades varias.
Vamos, que las funciones empiezan a las ocho y terminan, con aplausos y demás, sobre las once. O sea, COMO SIEMPRE.

Me comentaba un amigo que le daba pereza ir a La Traviata otra vez (tampoco se programa tanto en Madrid, no exageremos). A la salida estaba encantado. Como todos.


Giuseppe Verdi
La Traviata
Irina Lungu, Antonio Gandía, Ángel Ódena, Marta Ubieta, Marifé Nogales, Albert Casals, Fernando Radó, Alejandro González, Damián del Castillo, César San Martín.
Renato Palumbo, David McVicar
Teatro Real, Madrid, martes 21 de abril de 2015.

Página web del Teatro Real
Programa de Mano 
Críticas en prensa
Foro Una noche en la Opera

martes, marzo 24, 2015

La Traviata de Dessay

 
Sábado por la mañana en casa, tareas del hogar y... ¡sí! una nueva sesión de Ópera+Plancha.

Dado que el mes que viene tenemos La Traviata en el Teatro Real de Madrid, se me ocurrió repasarme este título, que lo habré escuchado mil veces pero, precisamente por ello, no suelo elegirlo como opción de escucha.


Desde que hemos comprado en casa el dispositivo EzCast es supercómodo ver en la televisión cualquier vídeo desde Youtube seleccionándolo directamente con el teléfono o tablet, así que iba a comprobar qué tal una ópera entera desde Youtube.

¿Y qué Traviata escoger?

Pues mira, me puse a buscar traviatas en el Youtube y vi cuáles eran versiones completas, intentando ver una relativamente reciente, las alternativas eran la de Diana Damrau con Beczala en la Scala de Milán 2014 (que fue muy polémica, y con razón) y la de Natalie Dessay en Aix de 2011.

Pinto, pinto colorito... salió la de Dessay.


Traviata es una ópera de gran soprano, se necesita una voz plenamente lírica pero con cuerpo: el inicio del brindis, las grandes frases del segundo acto y todo el tercero requieren su rotundidad. Pero luego tenemos los gudos y agilidades del Sempre libera y ayyyy, hay que hacerlo todo, si no no vale y el público queda defraudado.

La trayectoria de Natalie Dessay ha tenido cambios importantes. Recuerdo sus inicios de soprano ultraligera (y tómese el ultra en el buen sentido de la palabra, porque era sensacional). Tengo por casa un cd de coloratura jilguero espectacular en el que no me transmitía nada de nada, y su grabación de Lakmé de Delibes, que me gustó muy poco.

Tras su crisis vocal y una operación que sufrió cambió su forma de cantar. Desaparecieron los ultrasobreagudos pero las notas altas las mantuvo y la voz, sin agrandarse (porque el instrumento no daba de sí) se asentó, cogió cuerpo y, sobre todo, profundidad. 

Pero lo más importante fue que Dessay empezó a imprimir vida a sus interpretaciones, y una entrega vocal casi visceral acompañada de una interpretación soberbia. Con sus limitaciones naturales, hizo lo que sólo las grandes saben hacer: llevar los papeles a su terreno, y convencer.

Así, impresionó durante la década de los 2000 con su Lucia, Celopatra, Ophélie o Manon.


Pero con el nuevo cambio de década la voz se resintió y para 2011, fecha en la que se estrenó en el papel de Violetta de La Traviata, la tenía ya bastante deteriorada.

Sin embargo, y como se puede ver en el vídeo, Dessay sigue siendo estrella. ¿Y qué hace? Suplir sus carencias con inteligencia. con interpretación verdadera: El primer acto lo sortea con dificultades, llega apurada pero decentemente al final del Sempre libera. En las partes más pesadas, en vez de agrandar la voz artificialmente lo que hace es una introspección del personaje: la voz es la que es, frágil y delicada, como su Violetta. Y así llega a un dúo con Germont notable y a sortear un tercer acto de manera digna.

¿Que no es vocalmente espectacular? Pues no. ¿Que no es un ejemplo de cómo se ha de cantar Traviata? Pues tampoco. ¿Que se le pueden poner muchos peros? Pues mira, sí. Pero es sincera. Está allí y ofrece todo lo que tiene.


A su lado, Charles Castronovo tiene una voz fresca y agradable. No debería soltar el do de la cabaletta, que le afea la actuación. Ludovic Tézier hace un noble Germont, aunque tremendamente monótono (también influye que nunca he soportado el Di Provenza, qué aria más aburrida, por favor).

Sobre la producción me dirás que últimamente estoy muy negativo, pero es que la cosa tiene perendengues. Y mira que a mí me gustan las transgresiones. 

Aquí te dejo el vídeo, hasta que lo eliminen, para que te hagas una idea.

La próxima sesión de ópera+plancha será Lucia, aviso. Me apetece.




jueves, enero 17, 2013

Il Trovator! Io fremo.


Anoche fui a ver Il Trovatore de Verdi al Nuevo Teatro Alcalá (lo que era el Alcalá Palace de toda la vida), producción privada a cargo de la Compañía Estudio Lírico.

Con este tipo de producciones privadas uno ya sabe más o menos con lo que se va a encontrar: unos decorados low cost y unas prestaciones musicales que pueden oscilar mucho. Recuerdo una Turandot más que satisfactoria en San Sebastián de los Reyes de la que ya hablé por aquí pero también una Carmen totalmente horripilante en un teatro de la Gran Vía en la que todo rechinaba: pelucas de nylon del chino, vestuario espantoso y unas voces que competían con la orquesta a ver quién entraba más veces a destiempo y lo hacía peor. Un horror.


De Estudio Lírico me habían dado buenas referencias, por el bicentenario Verdi van a programar Rigoletto, Traviata y Trovador y me animé a ir a esta última, que siempre es agradable ir a ver algo de ÓperaMaría (de repertorio), que para rarezas ya tenemos la de Disney en el Real para los próximos días. Además, parece que el Trovador se programa menos en los grandes teatros que otras obras verdianas (recordemos la última y espantosísima producción clics de Famobil style en el Liceo). De hecho, creo que he visto en mi vida más Macbeths que trovadores, fíjate.

El caso es que allá que nos fuimos. Primera impresión: el teatro me gusta: sala ovalada con el patio de butacas bastante amplio, entresuelo y dos anfiteatros. Todo muy nuevo e impecable (aprende, teatro Compac Gran Vía, joer). Más del 50% de aforo, yo diría. Bien para un miércoles. Y como arriba del todo estábamos sólo 6 personas, nos bajaron un piso más abajo, y en el primer descanso ya nos bajamos nosotros solitos a un palco de entresuelo, o sea que estupendo.


Segunda impresión: ni un programa o por lo menos un papelito informativo. Nadie sabía quién cantaba. Y vale que hay que ahorrar costes, pero un poquito de información viene bien, aunque sea el mismo folleto para las tres óperas. Sobre todo porque no es nada fácil encontrar en Internet ni fotos ni detalles de la compañía. En uno de los descansos pude ver el reparto en un papelito pegado en la puerta de entrada.

Respecto a los resultados musicales, tengo que decir que me pareció una propuesta modesta, pero muy honesta. Todo gracias a la labor de la directora musical, Elena Herrera, que llevaba la orquesta con muchísimo cuidado, atenta a los matices, pendiente siempre de los cantantes y del coro. La verdad, sonó la mar de bien, muy lejos del chis-pun chis-pun verdiano que se escucha hasta en los mejores teatros. Francamente la prestación orquestal (habría unos 30 músicos máximo, calculo) fue lo mejor de la función, y lo más calurosamente aplaudido al final. Brava la señora.

Entre los solistas hubo un poco de todo. Corrección en algunos y limitaciones en otros. Tampoco voy a entrar en detalles por el tipo de producción que es, y porque cada día el reparto es distinto. Todos estuvieron entregados y cumplieron, en especial las voces femeninas. Rebeca Jacobs empezó un con una Leonora "yo todo lo canto en forte" pero me sorprendió en el último acto aguantando como una jabata, salvando agilidades y matizando el final. Y por encima de todos destacó la voz penetrante, potente y timbrada de Inés Olabarria como Azucena. Bravissima.


Muy bien el coro masculino (algún tenor un poco desmandado) y un poquito más endeble el femenino.

En la parte negativa tenemos la dirección escénica y los decorados.
Vale que Il Trovatore es bastante estática a pesar de que ocurran muchas cosas, y que se presta a una concepción escenográfica clásica pero joder, es que se pasaba. Ya en la segunda escena me esperaba yo el clásico acercamiento de manos entre Inés y Leonora que ocurre en TODOS los trovatores que he presenciado: Las dos juntan sus manos a la altura del pecho, se acercan y luego se separan suspirando. SIEMPRE. Vale, asumido. Pero lo del estatismo total no puedo con ello: todos parados hasta que terminan de cantar y luego se ponen a hacer lo que les toca. O eso de que se vea claramente a los intérpretes estar esperando un rato en las cajas laterales antes de entrar. Por no hablar de los finales de cada escena. Arcaico total.


Los decorados ya sé que son de chichinabo porque no hay presupuesto. Pero joer, un poquito de "buen gusto" no vendría mal. Prefiero los telones pintados a las dos estructuras pintarrajeadas para que parecieran de piedra y que servían para todo. Aunque quizás, no, porque en la única escena con telón pintado al artista se le fue un poco la mano en la frondosa vegetación y pensó que a un castillo aragonés del siglo XV le pegaban muy bien unas columnas griegas. En fin.

Respecto a la fama de incomprensible del argumento de Il Trovatore, esta vez hice un experimento: llevé a mi tx sin que conociera previamente nada de nada, a ver si se enteraba de algo. Pero con él no vale, porque cuando va a la ópera se dedica a mirar cómo cantan y todos los detalles de la escena, y ni siquiera lee los sobretítulos. O sea que tendré que hacerlo con otro. Y es que la historia puede que tenga unos recovecos algo liosos, sobre todo si hay que contársela a alguien, pero lo que ocurre en escena tampoco es que sea tan complicado, ¿no?

Para los tiquismiquis, se hicieron los cortes habituales en la partitura: no se hacen las repeticiones de las cabalettas ni el Tu vedrai che amore in terra.


Resumiendo, que salimos todos bastante contentos, que nos pareció un espectáculo modesto, pero digno, decentemente cantado y con muy buena orquesta, con una relación calidad/precio más que aceptable. Ofrece lo que se espera de ello. Nosotros pagamos la entrada más barata y bajamos a las de precio más caro, pero en páginas tipo Atrápalo, VentePrivé y similares tienen ofertas de butaca de patio a los mismos precios. Recomendable si eres consciente de a qué tipo de espectáculo vas.

Ah, y llevé las entradas en el Passbook de mi iPhone.
¡Moderno que es uno!


Verdi
Il Trovatore
Compañía Estudio Lírico de Madrid
Orquesta Filarmónica Mediterránea. Elena Herrera.
Carlos Silva, Rebeca Jacobs, Inés Olabarria, Fernando Álvarez, Alfonso Boruque, Akemi Alfonso, Napoleón Domínguez, Alejandro Guillén.
 Madrid. Nuevo Teatro Alcalá. Miércoles 16 de enero de 2013.



martes, julio 24, 2012

Aida revisited


 
Estaba yo recordando cuándo vi la Aida del Liceu y veo en el blog que... ostrás, hace ya casi cinco años (clic).

La impresión sobre la producción es la misma que tuve: unos decorados la mar de efectivos y que crean unos espacios y unas perspectivas asombrosas. El movimiento escénico, pues eso: entra el cantante a escena, se para, canta y se va. y el coro juega a un pasito palante un pasito patrás. me imagino que no se pueden mover más o se rompen los telones. Creo que José Antonio Gutiérrez hace lo que puede con la puesta, pero es que no le da para mucho más. A destacar el momento "poltergeist" (Carol Anne, corre hacia la luz) justo al final de la obra.

Por cierto, que me ha contado un enteraet que puede que sea la última vez que se programa esta Aida porque los telones están muy deteriorados ya.


Es una producción clasicorra para una ópera de lo más clásica. Que sí, tendrá la marcha triunfal, pero dura sólo dos minutos. El resto son arias, dúos, dúos y más dúos.

El mayor atractivo para ir era escuchar la Aida de Sondra Radvanosvsky. ¿Cómo podría adaptar su pedazo de torrente de voz a un papel que requiere sutilezas y filados? Pues con profesionalidad y arte. Porque lo mismo te mete un pepinazo que tiembla el misterio que te hace un pianissimo de los de dejarte clavado en la butaca. No siempre exacta, pero estupenda. Se emocionó en el O patria mia tras los aplausos, con razón.

Además, se la ve humilde. Fue breve en los saludos (ahora comentaré comparada con quién), con una actitud de poco divismo.



Al lado tenía una especie de mamotreto pasmado llamado Marcello Giordani. Ya nos lo sabemos: pega unos agudos que te dejan sordo pero el resto del registro está apagado, como velado. Esta vez lo he encontrado mejor que en otras ocasiones, con un poco más de brillo en la voz. Pero eso sí, aburrido como él solo.


Ildiko Komlosi, preparada para ser la Amneris del segundo reparto, saltó al primero por indisposición de Luciana D'Intino. Y parece ser que le dio un subidón de aúpa, porque la señora nos deleitó con todo el repertorio de posturitas egipcias y demás topicazos operísticos: brazos abiertos, manos a la cabeza, paseos por el escenario... vamos, que se subía por las paredes. El problema es que la voz no le acompaña. Y si en el registro agudo se maneja, en el grave definitivamente no. Cumplió, pero se echó de menos una Amneris más rotunda. Fíjate lo que te digo, que con todo lo basta que es, eché de menos a la Fiorillo (a la Zajick ya ni te cuento).

Tan eufórica estaba que en un alarde de divismo entró en escena de nuevo para saludar después de salir en su gran escena del último acto. Y no, eso, bonita, no. En los saludos finales estuvo mucho más rato saludando que la misma Radvanovsky.


Joan Pons me sorprendió como Amonasro. Yo pienso que lo echó todo en esta primera función y la verdad es que estuvo muy bien. A ver si aguanta el resto de funciones. Gran ovación, máxime cuando anunció su retirada después de estas Aidas.


Muy aceptable Vitalij Kowaljow de Ramfis y correcto sin más Palatchi de emperador.
Elena Copons (collons con el apellido), agradable sacerdotisa y Josep Fadó voz más que de sobra para el brevísimo papel del mensajero. Muy bien ambos.

¿La orquesta? Pues ni fu ni fa, la verdad, no me acabó metiendo dentro del drama.
El coro masculino le echó decibelios y decibelios. Un poco de más. Mejor las mujeres.


En fin. Una buena función. 4 horas de duración (vete merendado).
Como siempre, una delicia poder acercarse a Barcelona (jodó con los precios de vuelos y hoteles, cada día está más imposible). Propongo que los domingos sean denominados el día del trolley y la chancleta en la ciudad condal. ¿Dónde se esconden los barceloninosssss?
Y que podamos seguir disfrutando de la Radvanovsky mucho tiempo.

Vídeos de la web del Liceo de esta misma producción:









Giuseppe Verdi
Aida
Sondra Radvanovsky, Ildiko Komlosi, Marcello Giordani, Joan Pons, Vitalij Kowaljow, Stefano Palatchi, Elena Copons, Josep Fadó
Renato Palumbo, José Antonio Gutiérrez
Gran Teatre del Liceu de Barcelona
Sábado, 21 de julio de 2012

martes, junio 23, 2009

Rigoletto antológico

Rigoletto, de Giuseppe Verdi

Leo Nucci, Patrizia Ciofi, Celso Albelo, Marco Spotti, Nino Surguladze
Roberto Abbado, Monique Wagemakers.
Teatro Real de Madrid, lunes 22 de junio de 2009


La cosa estaba clara. La única noche que Leo Nucci cantaba el Rigoletto de entre las 18 representaciones, fuera de abono y con precios al 50% de lo habitual. Iba a ser el despiporre.

El público estaba dispuesto a despepitarse aplaudiendo y la noche iba a ser un éxito.
Y lo fue.
Pero es que superó las expectativas.
Tanto por el clima de euforia en el teatro como por los resultados artísticos.
Y es que mira que es difícil que una ópera de repertorio (las llamadas "óperas-maría") salga redonda. Siempre hay peros que ponerle. Y más si es Verdi, que requiere que haya mucho nivel en todos los elementos.
Pues salió redonda, chúpate esa mandarina.
Y allí estábamos mi tx y yo para disfrutarla.




Mi tx no las tenía todas consigo, de la ópera sólo conocía el "Bella figlia dell'amore" y temía que se fuera a aburrir. Todo lo contrario. Estuvo serio durante toda la función y al final me dijo que la música le había parecido estupenda, que no le hacía falta leer los sobretítulos para saber lo que estaba pasando y que la función le había encantado.



Y es que la fuerza dramática que tiene Rigoletto es tremenda. Si además la orquesta se dedica a cargar las tintas atronándonos en los finales de acto y momentos clave, pues qué quieres que te diga.

Se ha criticado mucho la actuación de la orquesta por el volumen. A mí tampoco me ha parecido tan mal. También es verdad que ayer estaba dirigida por Leo Nucci y no por Roberto Abbado. Y sí, tapó en varias ocasiones al tenor. Pero en el resto se agradece que se salga de la rutina y sobre todo del pachín-pachín de banda de pueblo tan habitual en los verdis más populares.


La estrella ha sido, sin duda, Nucci.
Póngansele todos los peros achacables a la edad y a los vicios de haber interpretado más de 400 veces a Rigoletto. Da igual. Capacidad de comunicación, perfecto entendimiento del personaje, mil matices interpretativos, notas en su sitio y vozarrón: Es increíble que a pesar de que el volumen ha disminuido bastante desde que lo escuché en directo hace unos años también en este papel en Milán, aún sigue siendo lo que más se oía en el teatro.


Cada intervención suya ha sido aplaudida con enfervorizados aplausos. Justo detrás teníamos a un auténtico petardo especialista en ovaciones (de esos que gritan superagudo y diferencian la brava, las brave, los bravissimi, el bravissimo y todas las combinaciones habidas y por haber) que nos destrozaba los tímpanos. Pocas veces se disfruta de un Rigoletto como el de Nucci, y eso se celebra.

Me gustó mucho Patrizia Ciofi haciendo de Gilda tonta-del-bote. Mira que habrá cantado veces esta mujer en Madrid y nunca me ha tocado en reparto. Y no tenía muy buenas referencias suyas. Que sí, que daba las notas pero no transmitía. Pues no. Ayer se alzó como una Gilda estupenda. El timbre no es limpio, tiene ese velo "afónico" que me dan ganas de decirle a la mujer que se aclare la garganta porque me pone nervioso, pero después de calentar la voz tras el dúo inicial, estuvo estupenda, matizadísima, delicada y conmovedora. Vamos, que dio vida a un personaje tan soberanamente memo.



Bisaron (¿o se dice "hicieron un da capo"?) de la vendetta. Te puedes imaginar la algarabía en el teatro, estaba que se caía. Hoy además ya está la prensa diciendo que es histórico, que es la primera vez que se bisa en el Teatro Real (lo de Alagna no cuenta porque fue un recital).


De los sobreagudos tradicionales hizo algunos sí y otros no. No hizo el de la vendetta ni el de la bella figlia, pero sí otros en los dúos. ¿No hizo, quizás, los que tenía con Nucci? No sé, no he visto otras funciones.




Celso Albelo sí que dio todos los agudos. Además se lució especialmente en el último, esa repetición de la donna è mobile fuera de escena, con un apianado ejemplar. Muy buen tenor. Tuvo que luchar contra el volumen de la orquesta y fraseó de manera exquisita. Tiene que perder peso. Ya sé que yo también, pero no me subo a los escenarios. Tenor a tener en cuenta a partir de ahora, sí señor.




Los malos estuvieron correctos. Ya de por sí es ingrato el papel de Maddalena, que tiene cuatro frases y luego pelearse para que se la oiga en el cuarteto, pero la Nino Surguladze consiguió superarlo. Además, MENUDA TÍA BUENA y qué manera de moverse. Super sexy. Sparafucile no llegó a resultar todo lo tenebroso que el papel requiere, pero bueno, más que aceptable.


De comprimarios, Mercè Obiol hizo bien la Giovanna y me gustaron los dos cortesanos, David Rubiera de Marullo y Ángel Rodríguez de Borsa. Normalmente no se les oye. El paje fue Graciela Armendáriz, y los Ceprano Tomeu Bibiloni y Marta Urbieta. A Luiz-Ottavio Faria le faltó la rotundidad que tiene que tener Monterone. Monterone es como el Zio Bonzo de Butterfly, su entrada tiene que ser impactante, tiene que acojonar. Y no, no me convenció.


El coro, otro elemento polémico en esta producción proque era un coro contratado para evitar las amenazas de huelga del coro titular, estuvo bien, matizando lo que la orquesta le dejaba. Tampoco nada de quedarse alucinado pero bien.


La puesta en escena es buenísima. Una especie de "Wagner en el Liceu": una plataforma cuadrada con una luz en el perímetro se va moviendo (hacia arriba, abajo, inclinándose) va formando los distintos ambientes. Una "stairway to heaven" es todo lo que hace falta para la casa de Rigoletto. La posición del coro y los juegos de luces hacen el resto. Francamente, muy preferible a las escenografías conceptuales de chichinabo que se suelen hacer para parecer modernos. Ésta será muy trekkie, pero representa perfectamente todos los escenarios, no hay que hacer adivinanzas para saber lo que está pasando ni dónde. Para contastar, y como suele venir siendo habitual en estas escenografías abstactas, el vestuario era en plan lujo (muy Cornejo, vamos).


Punto negativo en la dirección escénica: eso de coreografiar tanto los movimientos, como que todos levantaran la mano al mismo tiempo cuando la orquesta hacía un chimpón. Para el coro vale, pero para los solistas quedaba un poco ridi. Especialmente con el Duque. Como el Nucci pasa de directores de escena y de ensayos, iba a su bola y lo hizo la mar de bien.



Resumiendo: un Rigoletto excepcional, de esos de quedar en el recuerdo, a un nivel muy alto y más si cabe después de haber leído las tibias crónicas de otras funciones con otros repartos.

EDITO LA ENTRADA PARA METER EL VÍDEO DEL BIS DE LA VENDETTA:


Las fotos y vídeos son de la web del Teatro Real y con los otros repartos.




Ahora mi tx quiere que lo lleve a ver más "ópera-maría", que ya se ha visto la Butterfly, la Tosca, Bohème, Traviata, Rigoletto y la Carmen. Pero que quiere más. Yo le digo que seguro que hay algún teatro de esos que viene una compañía de europa del este a hacer bolos este verano, pero me ha dicho que nanay, que en la Zarzuela o en el Real, que si no, no va. ¡Si se me está volviendo sibarita!







Mira

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