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viernes, julio 29, 2011

Tosca clasicota para cerrar temporada en Madrid.


Qué barbaridad, que no me da ni tiempo a comentar la Tosca del otro día con la que el Real cierra la temporada (fuera de abono).

Me llevé a mi sobri, que preguntaba si le iba a gustar más que Las Bodas de Fígaro, y yo le dije que creía que sí, más que nada porque esas bodas fueron de auténtico sopor.

Le estuve explicando un poco por encima el argumento, el contexto histórico y el musical, por centrarla un poco, y sobre todo para involucrarla un poco más en la ópera.

Y mira, salió una Tosca de lo más clásica en cuanto a resultados porque... ¿qué es lo que se espera de una Tosca? Pues que los protagonistas canten a base de bien y el Scarpia sea malo malísimo.



Fui a primer reparto, me hubiera gustado ir al segundo por la Radvanovsky, pero no soy tan freak como para comprar para los dos. Me sorprendió para bien la Urmana, y es que yo me esperaba su clásica interpretación de "aquí pego el grito pero como actriz soy igual que una columna de piedra". Avisaron de que sufría un proceso gripal. Pues mira, yo creo que precisamente por eso estuvo más delicada y expresiva que lo que es habitual en ella.

El timbre sigue siendo muy interesante, el volumen torrencial y sí, se le abren los agudos, pero ahora cuéntame tú a qué Tosca actual no se le acusa de que grita los agudos. Pero lo más importante es que es UNA TOSCA CON GRAVES. De las poquísimas a la que se les oye el momento de las lágrimas. Y en lo escénico estuvo más que correcta. Muy bien.

Marco Berti no es que sea una columna de piedra, es que es un canto rodao. Llega, pega el bocinazo que se oye a 10 km de distancia y se queda tan pancho. No le pidas más, y mejor que no lo haga, porque las dos veces que intento matizar y apianar se le estranguló la emisión y quedó rarísimo. Su Mario es turrón del duro: dulce pero te dejas los dientes si le intentas dar un bocado. Su interpretación... esto... ¿interpretar? ¿qué?


Al lado de estos dos auténticos chorros de voz, Lado Ataneli se queda corto, cortísimo. ¿Lo bueno? Que por fin es un Scarpia cantado y no "parlado". Cantado con intención y muy bien interpretado. Que uno ya está harto de que le pongan de Scarpias a barítonos famosos en el final de sus carreras. ¿Lo malo? Que quedaba totalmente tapado por sus compañeros y que los momentos "feroces" no le salieron.

Y también quedó totalmente tapado por la orquesta, cuyo director debió pensar que cuanto más pumba pumba más aplaude el público, y halaaaaa, dale que te pego al volumen. Suerte que la Tosca y el Mario podían con todo.

Bien los secundarios y correctito el coro, que no acabó de hacerse con el tiempo lento que la orquesta le dio al previo al Te Deum.


No me acordaba yo de esos decorados tan negros y horrendos made in Frigerio para la Tosca de Nuria Espert en el Real, y eso que es la tercera vez que veo la producción desde 2004. Vale, funcionan (y muy bien) en el primer acto, dan el pego en el segundo pero en el tercero, el de la trampilla, es de un feísmo que asusta. Sobre la tan "escandalosa" idea de hacer que Tosca le tire una copa de vino al Cristo después de matar a Scarpia (oh, cielos, he revelado la trama) pues vale, es una ocurrencia de la Espert que NO ESTÁ EN EL LIBRETTO, ¿pero a estas alturas nos vamos a quejar por eso y vamos a exigir que haga lo del crucifijo y las dos velitas? Que no es para tanto, joder.

El público. Si me quejo yo habitualmente de que me salgan los Gremlins en la zarzuela, al lado tenía a uno auténtico que se dedicó a tararear casi todos los temas conocidos así como murmurando. Tela.

Y detalle curioso: señor que se enfada mucho porque a otro le suena el teléfono móvil... EN EL CUARTO DE BAÑO DURANTE UN ENTREACTO. Y sí, se enfadaron mucho ambos y continuaron la discusión por los pasillos. Serían indignados de esos.


En definitiva, una Tosca más que disfrutable y dentro de los cánones. ¿Que se le pueden buscar fallos? Pues sí, todos los que quieras, pero yo procuro ir a la ópera a disfrutar y no a pasarlo mal ni a comparar con la versión pirata en vivo del año 52 que suena a huevos fritos con una cantante que no grabó nada comercialmente pero que es la mejor del mundo y blablabla, porque entonces son ganas de ir a encabronarse a la ópera, digo yo.

Ah, mi sobri encantada, y esta vez además no me obligó a hacerle la sesión fotográfica en los salones de la segunda planta para colgarla después en el tuenti.


Giacomo Puccini
Tosca
Teatro Real de Madrid, miércoles 27 de julio de 2011.
Violeta Urmana, Marco Berti, Lado Ataneli, Felipe Bou, Valeriano Lanchas, Carlo Bosi, Károly Szemerédy, Francisco Santiago, Ruth González.
Renato Palumbo, Nuria Espert


viernes, octubre 03, 2008

Un buen ballo

Verdi: Un ballo in maschera

Marcelo Álvarez, Violeta Urmana, Elena Zaremba, Marco Vratogna, Alessandra Marianelli.
Jesús López-Cobos

Teatro Real de Madrid. Miércoles 1 de octubre de 2008


Oye, pues más que apañao el primer título de la temporada del Real, qué quieres que te diga.

Y ya estamos con los jaleos de entradas. El día 16, que es cuando me toca de abono, no estoy en Madrid. Así que ya me las agenciaré para vender la entrada y me saqué una sin visibilidad pero enfrente de una de las pantallas para anteayer día 1.

Salí ganando, que en esta producción hay que escuchar, porque ver, lo que se dice ver, mejor no hacerlo. Menuda basurilla. Muy en la línea feísta que se gasta el Teatro Real en los últimos tiempos: Todo negro, todo oscuro, todo horrendo, y los oftalmólogos frotándose las manos. En el primer acto hay una especie de tapiz espantoso espantoso que parece que vayan a empezar a saltar ácaros en cualquier momento. Con decir que la escena mejor resuelta es la del "orrido campo", que transcurre en unas ruinas (cómo no, grises y negras)... En fin.

La gran baza escénica era un espejo inclinado que permitía la visión de un "semisótano trasero" en la escena del baile. Por supuesto, sólo para platea y primeros pisos, como es costumbre. Yo lo veía mal que bien en las pantallas, pero francamente no le hice ni caso..

Pues sí, a escuchar tocaba.


Me gustó mucho Violeta Urmana, creo que tiene el timbre y temperamento perfectos para esta ópera, ni se queda corta ni se pasa en lo dramático. Aparte, nos regaló el oído con unos graves contundentes. Muy bien.

Marcelo Álvarez también estaba en su salsa, con un enfoque ligero y desenfadado al principio y plenamente expresivo en los dos últimos actos. Considerando que los dos últimos Riccardos que había escuchado en directo fueron Fraccaro y Cupido, todo un gustazo para el oído.

Zaremba, mezzo dramática de esas que se oyen hasta en el edificio de al lado, con su vibrato incorporado, bastante bien.

Vratogna, en sustitución de Carlos Álvarez, cumplió con el papel de Renato aunque el fraseo/emisión fue un tanto desconcertante. Por megafonía avisaron de que era su 5ª función en 7 días.

Y la Marianelli como Oscar estuvo muy correcta también, sin resultar nada atacante.

Me gustó mucho la dirección de López Cobos. Le dio el punto justo a las partes más movidas sin caer en el peligroso pachín-pachinismo que algunos le dan a Verdi, y se regodeó en las partes más dramáticas.

En fin, buena noche operística.


Y mejorando los tres últimos Ballos que he visto en directo:

- Teatro de la Zarzuela, con la Tomowa-Sintow, la Obraztsova y no recuerdo el tenor: fue también un gustazo para el oído y un suplicio para la vista, había una especie de meteorito flotando y unos marcos de cuadro enmarcando (valga la redundancia) toda la escena.
- Teatro Real, allá por su inauguración: más mediocre no pudo ser, la producción era de teatro de tercera comarcal y el tenor estaba afónico el pobre.
- Liceu, la famosa producción de Bieito, que a mí, salvo lo de la violación, me parece fantástica, con Fraccaro y Ana María Sánchez (¿qué ha sido de esta mujer, que hace unos años estaba en todas las temporadas?) que cumplieron justitos.



Ah, yo no sé si el turno F es muy pimpín, si se lo toman como inauguración de temporada o qué, pero vamos, la gente estaba hipervestidísima de gala en el vestíbulo y a la salida había mogollón de chóferes esperando en la puerta. Y yo con las nuevas zapas que me acabo de comprar y mi sudadera con capucha como que desentonaba un poco... pero también tenía coche esperándome en la puerta, chincha.


Y, de todas formas, qué te puedes esperar de una ópera de Verdi cuyo primer cuadro termina con un cancán.



Pues a disfrutar se ha dicho, leches.

Ah, grabé con el móvil el dúo del segundo acto, pero se oye muy bajito y no merece la pena que lo suba, ya lo escucharéis mañana por la radio.

jueves, febrero 28, 2008

La Jocunda


Almilcare Ponchielli
La Gioconda
Teatro Real de Madrid
26 de febrero de 2008
Detalles: (clic)

Qué diferencia entre ver una misma producción en el piso 2º y en el piso 5º. Si bien esta Gioconda en el Liceu me pareció sobria pero espectacular, en el Real me ha resultado algo pobre en lo visual.

Y es que queda muy ruin eso de ver a los figurantes agazapados detrás de los elementos escénicos antes de salir a escena, o en las cajas laterales, o esos canales venecianos vacíos vistos desde arriba, distinguiéndose perfectamente la cuerda que tira de las góndolas y las ruedas que las mueven. Cutre.

Aparte, ya podrían haber puesto gomas en los zapatos al coro y los figurantes: qué primer acto más escandaloso, con todo el mundo bailando o subiendo y bajando escaleras. Totalmente desconcertante.

Afortunadamente el nivel musical ha estado bastante alto, y si hay que comparar, en este caso la versión de Madrid ganaría a la de Barcelona.

La señora Violeta Urmana es un gustazo como Gioconda. Llega a los agudos y TIENE los graves, aparte de potencia. ¿Alguna pega? Sí, esos trinos cabrones que Ponchielli puso al final de la ópera cuando se está arreglando el cabello. Nada, no pasa nada. Otro asunto: la dicción, que no es ninguna tontería: a la Urmana SE LE ENTIENDE TODO.

La Fiorillo ya sabemos cómo es: que parece que se va a poner a repartir bofetadas a la primera que ose quitarle a su Enzo. Una Laura muy poco sutil, vamos. Y es precisamente en el dúo con Gioconda donde sacó lo mejor de sí, matizándolo y fraseándolo con cuidado. Bastante bien.

El Enzo de Armiliato estuvo cantado con mucho gusto, pero no me convenció mucho. Parece que estuvo toda la ópera pensando en el Cielo e mar y ya está. Me sonó como con la voz atrás, sin brillar particularmente. Bien.

Lado Ataneli hizo un Barnaba potente. Se echó en falta algo de exceso actoral. Barnaba es malísimo, y aquí sólo era malo. Bastante bien.

Elena Zaremba es una gozada de Cieca. Voz superpastosa, bella y potente. Da gusto que para un personaje tan breve (pero esencial) se busque a una cantante tan buena.

El que más flojeó de la noche fue el Alvise de Orlin Anastassov, que se quedó un poco escasito. Es un bajo búlgaro joven (32 años) y habrá que oírle en otros papeles a ver qué tal. Por lo menos un buen polvo buena planta tiene.

Aunque para lucir palmito ya sabemos lo que le gusta a Pier Luigi Pizzi sacar a jóvenes descamisados enseñando pectoralia.com. El inicio del segundo acto, todo un exceso.



También brilló Ángel Corella todo pintado de dorado, especialmente en el mareante galop final de la danza de las horas. Aplauso atronador. Por cierto que a los que se sentaban en las filas más altas de paraíso les dieron una nota en el programa en la que avisaban de que se perdían parte de este ballet por la disposición de los elementos escénicos, y que si querían podían solicitar la devolución de la entrada si se iban del teatro en el primer intermedio. Curioso.

La orquesta bastante briosa y ruidosa, como se supone que es esta ópera.

Me ha encantado el argumento resumido "para los más jóvenes" que edita el Teatro Real.


Se puede decir que una gran noche de ópera, aunque a mí La Gioconda, que es uno de esos operones operones me parece que tiene momentos fantásticos pero también bastante paja.


En las fotos, Urmana, Zaremba y Anastassov. En los vídeos, escenas de la misma producción de hace un par de años en Barcelona.


miércoles, marzo 07, 2007

Cavalleria Rusticana. Teatro Real. Madrid 2007.

Lo sé, tendría que haber escrito mis impresiones hace un par de semanas, pero entre lo liado que he estado, que la iban a echar en la tele, que quería poner algún fragmento y lo confundido respecto a esta producción del Real, en la que pesaba más mi pasión por Cavalleria que los resultados artísticos en sí, he preferido esperar un poco.

Voy a ponerme un poco telegráfico:

Producción y orquesta: ambas sobrias, contenidas, estáticas tirando a sosas, como queriendo no pasarse en dramatismo, impusieron un tono excesivamente solemne a la ópera.

Violeta Urmana: inmensa, soberbia Santuzza. Quizás no todo lo desmelenada que podría, quizás encorsetada por la producción.

Vincenzo La Scola: reservón. A momentos se ahogaba para luego soltarlo todo en el agudo. Excesivamente esforzado. Correcto Turiddu.

Marco Di Felice: Estupendo Alfio.

Dragana Jugovic: Al principio me pareció una voz rara. Oída en detenimiento, es n despropósito como Lola. Pero está buena, y da el papel (físicamente).

Viorica Cortez: Desgastadísima, pero bueno, el papel es de vieja, como dicen por ahí.

Decorados: Una cantera que se supone que es la plaza del pueblo (un teatro griego, según el director de escena). A la pobre Snatuzza la tienen escondida en un agujero durante casi toda la ópera. Momento ridículo: una procesión de flagelantes. Por lo demás, simplemente sosa.

A disfrutar:
Primera parte

Segunda parte

.

Mira

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