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lunes, noviembre 16, 2015

Benvenuto, Cellini !

 
Ay qué nervios previos con el Benvenuto Cellini de Berlioz en el Liceo de Barcelona.

Primero, amenaza de huelga de empleados del Liceu. No desconvocada hasta dos días antes del estreno. Luego, el rollo de la 'desconexió'. "¿Y te vas a ir a Barcelona con la que está cayendo?" me preguntaba alterada mi madre como si al pasar por Fraga tuviera que atravesar la temible "línea Calçot" de fortificaciones para evitar la entrada de los tanques en Cataluña.


Y, pasando ya de coñas, lo más grave: la ópera Benvenuto Cellini, de Berlioz, que las veces que he intentado escuchar me ha parecido un tanto ladrillo. Pesadota, pesadota. ¿Iba a aguantarla? Y más aún después de la típica comida con amigos que se alarga hasta las mil. Uffff.

Pus nada, superada la comida en La Clara con siesta reparadora y sobredosis de cafeína, a las 8 y un minuto de la tarde se alzó el telón para el Benvenuto.

Para el propio teatro lo más atractivo de la producción era la puesta en escena a cargo de Terry Gilliam, siendo tannnnn burdos de anunciarla como producción de "Monty Python", cuando hace ya décadas que Gilliam tiene su propio estilo y mundo de imágenes particular. Pero hay que hacer caja, nena. Y más con la barbaridad de subida de precios y cambios de zona que han organizado en el Liceo.


Una vez vista me reafirmo en lo "peculiar" que es esta ópera. Porque es rara, rara, rara.

Empieza que parece que va a ser cómica, y luego torna a lo dramático y termina de forma épica, con un argumento en el que aunque pasan "cosas" no es que haya mucha progresión dramática. Y yo diría que la razón está en la partitura: tiene una estructura muy clasicota con muchas repeticiones que ralentizan toda acción. El universo musical de Berlioz tiende a la grandilocuencia, y aquí se nota. 

Afortunadamente la dirección musical de Josep Pons estuvo a buena altura y sacó mucho jugo, llegando a crearme la sensación de globalidad que esta obra necesita. Intenso cuando tenía que serlo y delicado cuando tenía que acompañar. Muy bien la orquesta del Liceu.


Respecto a los solistas... bien de estilo, cortos de volumen.

John Osborn tenía a sus espaldas el difícil rol de Cellini. Tesitura inclemente, necesidad de saber hacer un canto ligado y fraseado y gran traca heroica final. Lo consiguió, recreándose en el fraseo y pronunciando perfectamente, un estilo francés inmejorable. 
Ahora, el volumen. No es por nada, pero me hacía falta sonotone. O fue intencionado o se guardó todo para el final. Ahí sí que le pongo pegas.

Teresa fue Kathryn Lewek, soprano ligera que cuando la orquesta se pone un poco espesa o el papel requiere más voz se resiente. Se empleó a fondo en el aria de entrada, haciendo cosas exquisitas en las agilidades. Después se fue ya diluyendo entre el resto.

Annalisa Stroppa estuvo excelente como Ascanio, con un timbre penetrante y disfrutando del papel.

Eric Halfvarson está mayorcete, pero dio el tipo como papa. La concepción escénica del rol, excesivamente cómica y destinada a sacar la risa fácil, me pareció excesiva, sobre todo porque su papel es bastante terrible: por un lado perdona en nombre de la siempre misericordiosa iglesia católica, pero por otro lado está deseando mandar a Cellini a la horca.

Correctos Muraro y Holland como "los malos" y bastante bien los secundarios Vas, Lanchas, Esteve y Comas.

El coro tiene unas muchas intervenciones y no todas fáciles. Bastante rotundo, muy audible y en la escena del Carnaval un poco cada uno por su lado. Pero vamos, bastante bien.


Y ahora el tema estrella: la producción de Gilliam.
Sinceramente, muy buena y, lo que es muy importante, al servicio de la ópera.
Lo más facilón sería destacar lo sobrecargado de la puesta, lo excesivo, lo circense. Pues mira lo que te digo, eso será lo más vistoso, pero es lo más anecdótico.
Lo interesante de esta producción es cómo Gilliam mueve los elementos escénicos (básicamente una estructura constructiva y dos escaleras) para conseguir los distintos ambientes.
Y la casa es una casa, el taller es un taller, el teatro es un teatro y el bar un bar. Punto.
Gilliam no se inventa nada ni quiere hacernos ver cosas que no hay.
Y la escena del carnaval es como debe ser: una fiesta.

 
Aparte, visualmente es súper efectiva. Después de la escena del carnaval mantener el interés visual en el tercer acto era difícil, y lo consigue.
Luego tiene alguna boutade como lo del papa o chistecillos un poco accesorios pero vamos, que no se pasa.
Lo que se ha conseguido es una producción visualmente espectacular y respetuosa con el libreto. Muy bien.

Con todo, una muy buena velada de ópera, de las memorables.
Benvenuto seas, Cellini


Hector Berlioz
Benvenuto Cellini
Liceo de Barcelona, sábado 14 de noviembre de 2015.
John Osborn, Kathryn Lewek, Annalisa Stroppa, Eric Halfvarson, Maurizio Muraro, Ashley Holland, Francisco Vas, Valeriano Lanchas, Manel Esteve, Antoni Comas.
Josep Pons, Terry Gilliam





La ópera empezó a las 8:01 por el minuto de silencio por los atentados de París. Qué horror, sin palabras.

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Foro de ópera
 

lunes, marzo 02, 2015

Y la temporada 2015-2016 del Liceo.



El Liceu de Barcelona presentó el viernes pasada su temporada 2015 - 2016.
Voy a echarle un vistazo:

1. Nabucco, de Verdi
Aliciente: Martina Serafin de Abigaile


2. Benvenuto Cellini, de Berlioz.
Muy buena pinta. Producción de Terry Gilliam (con lo cual será por lo menos algo sorprendente). No conozco a casi ningún cantante. Me apetece mucho.



3. Lucia di Lammermoor, de Donizetti

Elena Mosuc & Juan Diego Flórez en primer reparto, María José Moreno e Ismael Jordi en segundo. Interesante si se vive en Barcelona. A mí no me merece la pena el traslado.



4. Otello, de Verdi

Aleksandrs Antonenko. Pufff, ni idea de quién es.
Producción de la Deutsche Oper de Berlín que promete rasgaduras de vestimentas y perlas rodando por los suelos.



5. Otello, de Rossini

En versión concierto, con Gregory Kunde que parece que le cunde mucho (#festivaldelhumor) porque parece que está ahora en todos los fregaos. Sólo dos funciones.

6. Götterdämmerung, de Wagner.

No puede haber temporada del Liceo sin su Wagner de rigor. Dirección de escena de Carsen de la ópera de Colonia de 2009. Según he leído: Sex & Politics.



7. Written on skin, de George Benjamin

Lo mismo que nos van a poner en el Teatro Real de Madrid. Función en versión concierto dirigida por el autor.

8. Simon Boccanegra, de Verdi

Aquí o tienes un Fiesco y un Boccanegra que hagan saltar chispas en el primer acto o es una ópera que me parece un soberano peñazo. Pero el reparto está plagado de estrellas: Frittoli, Nucci, Domingo, Ramón Vargas, Furlanetto, D'Arcangelo, Òdena... en diferentes combinaciones.



9. Serse, de Händel

Versión concierto y reparto, para mí, totalmente "inconnu".

10. I Capuleti e i Montecchi, de Bellini

¡Elina Garança! Patrizia Ciofi, Silvia Tro, Ekaterina Siurina, Siragusa y Celso Albelo en dos repartos. La producción tiene pinta de raruna, pero los fashionistas pueden estar dando palmas: los figurines son de Christian Lacroix.



11. La Bohème, de Puccini

Producción exitosa de la ENO a la "años 30". Parece ser que la del Real/Liceu ya está muy vieja y la han vendido entera por ahí.



y 12. Die Zauberflöte, de Mozart.

La misma producción de Berlín que nos llega a Madrid inspirada en el cine mudo y que todo el mundo dice que es fantástica. los cantantes son de la compañía de la Komische Oper.




¿Qué te parece?


lunes, enero 12, 2015

DiDonato Stuarda


Ay, hace ¡tres! semanas que tenía que haber escrito esto, pero es que no he parado ni he tenido concentración para hacerlo.

Hoy toca hablar de la comidilla de esta temporada, la Maria Stuarda que Joyce DiDonato ha protagonizado en el Liceo de Barcelona.

Cuando salí me quedé muy perplejo. Stuarda es una ópera que, pese a tener otros dos roles importantes, queda totalmente monopolizada por su personaje principal, más que nada porque, al igual que ocurre con otras reinas donizettianas, la segunda parte de la ópera es ella, ella y sólo ella cantando.

Y claro, se requiere una cantante de nivelazo para sacarla adelante.
Y Joyce DiDonato es una diva actual de mucho prestigio y ha dicho: pues hala, yo hago la Stuarda, que soy diva y tengo nivel.



Ay, Joyce. No, mira, no.
Vale que tienes presencia, que tienes estilazo para cantar, que no te falta volumen, que eres capaz de meterte al público con la interpretación... pero chica... la voz no te da para el papel.

Leo, leo y releo que es una edición crítica de una versión de la ópera para mezzo, que se han bajado de tonalidad casi todos los pasajes de la prota  y que Janet Baker ya la cantó hace la torta de años. ¿Y?
Pues mira, a mí me da igual que le bajen el tono y que sea la edición que sea, que sea para soprano o para mezzo, pero por lo menos que me acabe convenciendo, ¿no? Y eso no ocurrió con DiDonato.


La sensibilidad a flor de piel, la intención dramática precisa en cada momento, pero chica, cada vez que subía al agudo, la voz se le adelgazaba, perdía los armónicos, se quedaba fija y la afinación era dudosa dudosa, aparte de algunas caladas de las de verdad.

No me gusta machacar cantantes, y Joyce DiDonato me gustó mucho en Cendrillon el año anterior, pero con Stuarda se equivoca. Es que si dijéramos que adelgaza la voz para hacer un pianissimo o un filado vale (y no nos vamos a poner aquí a comparar con Caballé, pero la memoria me lleva inevitablemente a ella) pero es que no, es que veo que se le quedaba en ese hilo de voz porque no podía más.



Hay muchos papeles en los que una voz con la testitura de la suya puede brillar y deslumbrar, pero con Stuarda lo lamento pero no.


A su lado, Silvia Tro Santafé hizo una reina Elisabetta superfiera. El primer acto lo dominó ella solita. ¿Que tiene vibrato? Vale, pero potencia, intención y estilo belcantista de primera. Me encantó. Además, cosa rara en las mezzos de hoy en día: el color vocal era el mismo en toda la tesitura, nada de parecer estar escuchando a tres cantantes distintas. Una voz muy homogénea. Brava. De verdad.

El tenor era Javier Camarena. Voz bonita, buen estilo y sin dificultades para asumir el rol. Sin embargo, para mi gusto le faltó un puntito, no brilló ni me gustó tanto como en La Fille Du Régiment en Madrid. No obstante, muy buena prestación, un muy notable protagonista masculino.


Correcto Vito Priante como Cecil y muy bien Michele Pertusi como Talbot. Destacable la voz de Anna Tobella como Anna, una comprimaria que se hacía escuchar con mucho agrado.

La orquesta a cargo de Maurizio Benini estuvo muy correcta, pendiente en todo momento de la protagonista, y adecuada a estilo. En el coro no reparé mucho.

La puesta en escena fue una sucesión de bobadas: mezcla anacrónica de decorados y vestuarios para acabar con un patíbulo modelo sala de entrada a cámara blanca de industria cárnica que destrozaba cualquier carga dramática


Cuando terminó, bravos exageradísimos para la prota. Que sí, vale, que se lo curró, pero mira, por mucho esfuerzo, por muy entregada, por muy artista que fuera, a mí no acabó por convencerme.

Dejo el enlace al audio de Cataluña Radio: clic
Y en RNE, que no sé si es del mismo día: clac
Y, como te puedes imaginar, en el foro de la perpetua indignación (empezando por mí mismo) no han dejado títere con cabeza: cloc

Y un fragmentito, para ilustrar:



Cuando terminó la función y saludó el que hacía de verdugo... ¡recibió abucheos!
Función muy "de liceo", con mucho lujerío, brillo y bisuta. 
Y con Artur Mas sacándose fotos con los fans (por eso de la cuestión escocesa).

Por cierto, que a María Estuardo siempre nos la han presentado como una mártir católica víctima de la malísima de su prima, ¿no? Me da a mí que debía ser buena elementa ella.

Gaetano Donizetti
Maria Stuarda
DiDonato, Tro Santafé, Camarena, Pertusi, Priante. Tobella.
Benini
Gran Teatre del Liceu. 
Barcelona, 19 de diciembre de 2014

martes, febrero 25, 2014

...y la temporada 2014 2015 del Liceo de Barcelona

Y este viernes pasado se produjo también la presentación de la Nueva Temporada de Ópera 2014 / 2015 del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

¿Y qué nos traen en el Liceo este año?

Veamos brevemente:

1. Il Barbiere di Siviglia, de Rossini.

Producción de Joan Font (Comediants), o sea, colorinchi colorinchi, y Mario Cassi, Juan Francisco Gatell, Analissa Stroppa, Chausson, John Relyea.... y segundo reparto en el que a la única que conozco es a Ketevan Kemoklidze.

Bueno, ya se sabe lo que pienso de esta ópera. Puede salir muy bien si hay sincronía y complicidad entre los cantantes y orquesta o puede resultar un sopor.  

2.  La Traviata, de Verdi

Misma producción que viajará a Madrid, con Ciofi, Mosuc o Ailyn Pérez. Francamente sólo veo a Elena Mosuc como Violetta. ¿Que no querías ópera-maría? Pues ahí tienes dos tazas nada más empezar la temporada. 

3.  Arabella, de Strauss

Con la Schwanewilms, que es una especialista y será buenísima, pero las pocas veces que la he visto en directo me ha dejado frío frío. Ya en la web nos recuerdan que fue el papel con el que Caballé debutó en el Liceo. Nos lo van a repetir mil veces, ya verás.

4. Maria Stuarda, de Donizetti

Joyce DiDonato, Silvia Tro y Camarena en el primer reparto, Irina Lungu y Antonio Gandía en el segundo (lo siento, no sé quien es Mariamma Pizzolato). Promete. Si  puedo me acerco.

5. Una voce in off, de Montsalvatge y La voix humaine, de Poulenc

Ángeles Blancas y María Bayo en dos óperas cortas del siglo XX que pueden tener interés. Coproducción con Teatros del Canal, así que se verá también en Madrid.

6. Norma, de Bellini

No te me quejes. De 6 llevamos ya 3 ópera-marías. Con la Radvanovsky de estrella (2º reparto Tamara Wilson) ¡y Gregory Kunde! La Adalgisa soprano será Ekaterina Gubanova.

7. Siegfried, de Wagner

Una temporada del Liceu no es temporada si no hay un Wagner. De los cantantes no conozco a ni uno. Bueno, sí, a Ewa Podlés. 

8. Tristan und Isolde, de Wagner

¿No quieres caldo? Toma dos tazas. En versión concierto. Y sin que hasta la fecha se sepa quién va a ser la Isolda.

9. Carmen, de Bizet

Óperamarí.... bueno, me callo, porque es una obra maestra que me encanta. Y no he visto esta producción del burgalés Bieito que todo el mundo dice que es muy buena. Con Béatrice Uria-Monzon de prota.

10. I due Foscari, de Verdi

Tipico Verdi "menor" en versión concierto para lucimiento de Plácido Domingo en papel dominbaritonal. ¡Está Ramón Vargas en el reparto! Hace siglos que no lo escucho.

11. Così fan tutte, de Mozart

Nueva adaptación "a tiempos modernos" de la obra mozartiana. De los repartos sólo conozco a Maite Alberola en el segundo y a Piertro Spagnoli en el primero. Le pasa lo mismo que al Barbero, que si se hace bien puede salir algo divertido o interesante (el final de la versión de Haneke para el Real del año pasado) o si no es un plastazo en toda regla.  Al menos la producción se ve vistosa.

y 12. Don Pasquale, de Donizetti

Con esta ópera sí que no puedo, es manía personal. Está Ailyn Pérez, que puede hacer una buena Norina, y Mariusz Kwiecien que siempre canta con mucha clase. 

Bueno, está claro que se ha apostado por tradicionalismo a tope, sin rarezas, con una buena dosis de ópera-maría, dos poco frecuentes y el resto de repertorio típico aunque no tan trilladas. Así vista en bloque suena atractiva, aunque todo depende de los resultados artísticos, claro, tampoco hay tanto figurón (o yo no los conozco, que también puede ser). 

Si viviera en Barcelona desde luego sería abonado y me las tragaría todas, pero hacer un viaje a propósito para ir a la ópera... no sé, la Stuarda, que no he visto nunca en directo y para de contar. Sí, la Arabella quizás. 

En fin, ¿opiniones?

lunes, diciembre 23, 2013

Cenicienta Cendrillon

  



Noche de cuento de hadas en el Liceo este viernes con la Cenicienta de Massenet.

Cendrillon dista de ser una gran ópera. Es más un divertimento, una amable y agradable opereta, tanto en un argumento que no se sale ni un milímetro del conocido cuento (como podría ser la Cenerentola de Rossini) como en una música que, aún con buenos momentos, no está en general muy inspirada.

Juega a su favor que el primer acto es muy sorprendente, con música de pompa y boato, muy brillante, que envuelve enseguida. Si a ello le unimos una producción sensacional y un reparto "de los de Metropolitan", el camino al éxito de la velada está conseguido, ya cuando se apagan las luces por un par de minutos la Cendrillon del Liceu nos tenía conquistados a todos.

Musicalmente hablando, los tres siguientes actos son más rutinarios. Las arias están bien, pero tampoco son un prodigio, en la parte puramente orquestal hay una presentación de princesas al baile que se hace eterna, y sólo en los dúos príncipe-cenicienta la música toma altura de nuevo. Pero ya lo digo, el nivelón artístico fue tal que ya nos tenía al público ganado, y el final fue la explosión de aplausos que merecía.


Joyce DiDonato. Estupenda. Es el papel que le va como anillo al dedo, no tiene graves incómodos, puede lucirse en los agudos y le permite desplegar una elegancia de canto de primerísimo nivel. Aparte, ¿le ha crecido la voz o es que estaba tan cómoda con el rol que lo dio todo sin dificultad alguna? Deliciosa, no se le puede poner una pega. Me gusta aquí mucho más que en barrocos y rossinis.


Alice Coote, el príncipe, a la que sólo había visto en cine en el último Giulio Cesare del Met. Voz plena, intensa, que sube al agudo como si nada, con volumen. No llega a tener la personalidad vocal de DiDonato pero es muy notable. También el papel del príncipe no es tan lucido.

Y las dos mezzos, compenetradas a la perfección, ofrecieron unos dúos de amor espectaculares. 



Annick Massis. Sorpresa sorpresa. ¿Es la misma que no me pareció ni chicha ni limoná en una Sonnambula de Bellini hace más de una década en el Real? ¡Pero qué señora! ¡Cómo le ha crecido la voz! ¡Qué gustazo de agudos, sobreagudos y filigranas vocales! Y qué estilazo cantando, moviéndose y actuando como una Mae West.... bueno, mejor Jean Harlow. Se lo pasó en grande y nos lo hizo pasar en grande a los demás. Sensacional.


Seguimos con las señoras. Doña Ewa Podles.
Una de las contraltos favoritas de este teatro, y de donde vaya, porque es soltar uno de sus graves y ya te deja encandilado. Está pasadita de años y ya no tiene ese volumen de antaño, pero es imposible no rendirse a sus pies. Los graves de la casa siguen siendo rotundísimos: baja a la caverna más profunda del centro de la tierra. Pero es que los agudos también están allí. Y si la Massis estaba encantada con el papel, la Podles ni te cuento. Graciosísima de madrastra, qué manera de moverse y de expresarse. Genial. Se metió a todo el mundo en el bolsillo.


Toca un hombre (el único del reparto principal), Laurent Naouri, el papel de padre de Cenicienta. Suficiente en sus intervenciones solistas y elegantísimo y sentido en el dúo con DiDonato. Muy bien como contrapunto a tanta voz femenina.


Las hermanastras, Marisa Martins y Cristina Obregón, cumplieron con creces con sus papeles, pequeños pero lucidísimos. Porque para hacer estos roles no sólo hay que estar graciosas, que lo estaban, sino también a buen nivel vocal, y audibles.

Una batería de comprimarios quedaron también encantados por la varita mágica del hada madrina y, de verdad, no se les puede poner pega alguna. Igual que el coro, integradísimo y entregadísimo.

Vamos, que vocalmente,  reparto de campanillas.

¿Y la orquesta?
Pues de lujo, oye. Andrew Davis, artífice de la maravillosa Rusalka del año pasado, levanta el nivel de una partitura a menudo monótona, llevando la orquesta a un sonido rotundo, con brillo, cuidando al cantante. Bravo.

 
Pero todo esto no hubiera sido suficiente sin la participación del director de escena. Laurent Pelly ilustra el cuento de una manera deliciosa, plagando la ópera de detalles que te impiden que se te vaya la atención. Se pueden comentar mil cosas... no sé, hay que verlo. Yo destacaría la primera aparición del hada con los clones de Cenicienta y el ballet del segundo acto.

Ese ballet es una escena larguísima y bastante rollete. Pero ahí teníamos a un reducido cuerpo de baile (excelente) perfectamente integrado con el coro, convirtiendo lo que podría ser un aburrimiento en una de los más animados fragmentos de la obra.

Con ayuda, claro está, de un vestuario excéntrico a más no poder y de una escenografía que consigue la espectacularidad con elementos bastante sencillos. Todo un acierto.


Existe DVD de la producción, y se pueden encontrar fragmentos por Youtube. Recomendabilísima.

Vamos, que para ser la única ópera de esta temporada del Liceu a la que voy a ir me ha merecido mucho la pena, he tenido el placer de saludar a amigos y conocidos (iba yo como loco por los varios pisos del Liceo) y es un auténtico regalo de Navidad. Salí encantado, una noche de cuento de hadas.

Hay funciones hasta reyes y un segundo reparto. De verdad merece la pena.



Jules Massenet.
Cendrillon
Gran Teatro del Liceo.
Barcelona, viernes 20 de diciembre de 2013.

DiDonato, Massis, Coote, Podles, Naouri, Obregón, Martins.
Andrew Davis, Laurent Pelly

Enlaces:
Página web del Liceu
Youtube
Mp3
Vídeo completo en La Monnaie
DVD Covent Garden


martes, julio 24, 2012

Aida revisited


 
Estaba yo recordando cuándo vi la Aida del Liceu y veo en el blog que... ostrás, hace ya casi cinco años (clic).

La impresión sobre la producción es la misma que tuve: unos decorados la mar de efectivos y que crean unos espacios y unas perspectivas asombrosas. El movimiento escénico, pues eso: entra el cantante a escena, se para, canta y se va. y el coro juega a un pasito palante un pasito patrás. me imagino que no se pueden mover más o se rompen los telones. Creo que José Antonio Gutiérrez hace lo que puede con la puesta, pero es que no le da para mucho más. A destacar el momento "poltergeist" (Carol Anne, corre hacia la luz) justo al final de la obra.

Por cierto, que me ha contado un enteraet que puede que sea la última vez que se programa esta Aida porque los telones están muy deteriorados ya.


Es una producción clasicorra para una ópera de lo más clásica. Que sí, tendrá la marcha triunfal, pero dura sólo dos minutos. El resto son arias, dúos, dúos y más dúos.

El mayor atractivo para ir era escuchar la Aida de Sondra Radvanosvsky. ¿Cómo podría adaptar su pedazo de torrente de voz a un papel que requiere sutilezas y filados? Pues con profesionalidad y arte. Porque lo mismo te mete un pepinazo que tiembla el misterio que te hace un pianissimo de los de dejarte clavado en la butaca. No siempre exacta, pero estupenda. Se emocionó en el O patria mia tras los aplausos, con razón.

Además, se la ve humilde. Fue breve en los saludos (ahora comentaré comparada con quién), con una actitud de poco divismo.



Al lado tenía una especie de mamotreto pasmado llamado Marcello Giordani. Ya nos lo sabemos: pega unos agudos que te dejan sordo pero el resto del registro está apagado, como velado. Esta vez lo he encontrado mejor que en otras ocasiones, con un poco más de brillo en la voz. Pero eso sí, aburrido como él solo.


Ildiko Komlosi, preparada para ser la Amneris del segundo reparto, saltó al primero por indisposición de Luciana D'Intino. Y parece ser que le dio un subidón de aúpa, porque la señora nos deleitó con todo el repertorio de posturitas egipcias y demás topicazos operísticos: brazos abiertos, manos a la cabeza, paseos por el escenario... vamos, que se subía por las paredes. El problema es que la voz no le acompaña. Y si en el registro agudo se maneja, en el grave definitivamente no. Cumplió, pero se echó de menos una Amneris más rotunda. Fíjate lo que te digo, que con todo lo basta que es, eché de menos a la Fiorillo (a la Zajick ya ni te cuento).

Tan eufórica estaba que en un alarde de divismo entró en escena de nuevo para saludar después de salir en su gran escena del último acto. Y no, eso, bonita, no. En los saludos finales estuvo mucho más rato saludando que la misma Radvanovsky.


Joan Pons me sorprendió como Amonasro. Yo pienso que lo echó todo en esta primera función y la verdad es que estuvo muy bien. A ver si aguanta el resto de funciones. Gran ovación, máxime cuando anunció su retirada después de estas Aidas.


Muy aceptable Vitalij Kowaljow de Ramfis y correcto sin más Palatchi de emperador.
Elena Copons (collons con el apellido), agradable sacerdotisa y Josep Fadó voz más que de sobra para el brevísimo papel del mensajero. Muy bien ambos.

¿La orquesta? Pues ni fu ni fa, la verdad, no me acabó metiendo dentro del drama.
El coro masculino le echó decibelios y decibelios. Un poco de más. Mejor las mujeres.


En fin. Una buena función. 4 horas de duración (vete merendado).
Como siempre, una delicia poder acercarse a Barcelona (jodó con los precios de vuelos y hoteles, cada día está más imposible). Propongo que los domingos sean denominados el día del trolley y la chancleta en la ciudad condal. ¿Dónde se esconden los barceloninosssss?
Y que podamos seguir disfrutando de la Radvanovsky mucho tiempo.

Vídeos de la web del Liceo de esta misma producción:









Giuseppe Verdi
Aida
Sondra Radvanovsky, Ildiko Komlosi, Marcello Giordani, Joan Pons, Vitalij Kowaljow, Stefano Palatchi, Elena Copons, Josep Fadó
Renato Palumbo, José Antonio Gutiérrez
Gran Teatre del Liceu de Barcelona
Sábado, 21 de julio de 2012

jueves, mayo 31, 2012

Chiedo in bontà di ritirarmi (Adriana Lecouvreur en Barcelona)

 

Es raro, pero no tenía yo mucha gana de ir a Barcelona a la Adriana Lecouvreur del Liceo, y eso que Adriana es una de mis óperas favoritas, tan pomposa ella, tan melódica y con uno de los finales más absurdos de la historia de la ópera: Atención, spoiler, Adriana muere tras oler unas flores envenenadas. ¡Tela!

Pero la insistencia de mis amigos y, sobre todo, su apoyo, hicieron que al final tirara de iberiapluses (que ahora se llaman Avios, qué nombre más feo) y allá que me planté. Y como la cosa no está para tirar cohetes, cogí entradas de las ultrabaratas, quinto piso sin visibilidad, a 10,50 €. ¡Pero para los tres días! Y ya ves tú lo que son las cosas, como el teatro no estaba lleno me fui cambiando de localidad, lo vi perfectamente y en dos de las funciones acabé en platea, toma.


Y es que el viernes confluían: final de la Copa del Rey de fútbol con un Barça que tenía que ganar por huevos para salvar la honrilla, y fin de semana largo con festivo el lunes. El teatro estaba al 50 % el viernes, aprox. El sábado casi lleno y el domingo a un 70%, calculo.

¿Agotador ver tres repartos de Adriana? Pues mira, no, porque fueron tres noches muy distintas. Bueno, noches digo, que un día empezó a las ocho, otro a las seis y otro a las cinco, menudo cacao llevaba yo de ciclos circadianos.


Lo que tengo que reseñar en primer lugar antes de que te me aburras y dejes de leer es la fantástica dirección musical de Maurizio Benini, llevando una orquesta que sonó estupendamente bien. Ha sido una dirección cuidada, caprichosa en tiempos tirando a lentos, pero con mucho mimo. Ha evitado caer en la cursilería melódica de nanianonano que te hace mover la cabeza (en plan los Gremlins viendo Blancanieves, yo me entiendo), ha subrayado los momentos fuertes y, lo más importante, ha estado pendiente de los cantantes en cuanto a volumen y parando a la vieja usanza al final de cada aria. En el 4º acto se lució, comenzándolo con una atmósfera única y terminándolo de una manera exquisita con un diminuendo de poner la piel de gallina. Lástima de aplausos que se cargaron la atmósfera antes de terminar las notas, creo que sólo el viernes se pudo escuchar en su plenitud. 


Respecto a la producción pues... un lujo. Lo del teatro dentro del teatro se ha resuelto de la manera más literal posible: hay una macroestructura de un teatrillo barroco dentro del escenario. Para más espectacularidad, da vueltas formando los distintos escenarios. Perfecta.


Y luego está el vestuario. Me puedo imaginar a la Gheorghiu, que fue quien la estrenó en Londres, muriéndose de gusto al ponerse tanta tela tanto brillo tanto broche encima. ¿No dices que eres glamourosa? Pues toma glamour. Los vestidos son de un detalle exquisito. Fantástica la labor de Brigitte Reiffenstuel.


La dirección escénica de cantantes ha sido también imaginativa dentro de lo que el argumento de la ópera permite, aunque con detalles un poco burdos (véase el dúo de Adriana y la Princesa o la inútil y ruidosa aparición de figurantes en el final). Una cosa que me ha encantado es lo afectado y cursi que puede llegar a ser el personaje de Adriana. Cómo sufre ella, por favor. Qué movimientos de cabeza y como de desvanecerse le hacen hacer. 

Y ya nos metemos en harina. Los cantantes. Tres repartos, tres Adrianas.


En el primero, Barbara Frittoli, Roberto Alagna, Joan Pons y Dolora Zajick. Muy de campanillas. La Frittoli me ha gustado muchísimo, a pesar de un comienzo un tanto oscilante. Poderío poderío en el tema vocal, seguridad y un timbre pleno. Vamos, que si hay que terminar la umille ancella con un calderón bien alargado para marcar territorio, se hace. Muy en la línea de una Freni, con la voz más espesa. Muy bien.


Ahora, el que se lleva la palma para mí es el Alagna. ¡Y yo que creía que este homrbe estaba ya para cantar rancheras y boberías similares! Recuerdo que su recital en Madrid de hace unos años me dejó bastante decepcionado. Pero oye, cómo se le ha colocado de nuevo la voz. Qué belleza de timbre, qué brillantez, qué fraseo, qué estilazo. Estupendo del todo, qué gustazo escucharlo. Bien por Robertino. ¿Será que desde que se ha separado de la Angelita se ha centrado más? Ni idea, pero que nos dé muchas funciones más así.




De mala malísima tocaba la Zajick, que ya sabemos cómo se las gasta. Tan pronto te pega un pepinazo arriba como baja a un grave que te remueve los intestinos. Dolora, a los 60 tacos, se sigue comiendo el teatro. Vale, que sí, que su canto es bastante efectista, pero viene que ni pintado para el papel de la Principessa. Disfruta y hace disfrutar.


Nunca me ha gustado demasiado la manera de cantar de Juan Pons. Siempre lo he notado como quejicoso, al punto del lloro, y me pone muy nervioso. Este Michonnet no ha sido así. La forma de interpretar ha sido más contenida y, aunque la voz ya está en decadencia, le ha dado al personaje la dimensión dramática justa para emocionar sin exagerar. Bien.


En el segundo reparto, la Adriana estaba a cargo de Daniela Dessì. Qué barbaridad, hace más de veinte años que no la escuchaba en directo (desde la Desdemona con Plácido en el teatro de la Zarzuela, aguanta). Y es que siempre que me tocaba, o ha cancelado o tenía yo otro reparto. La Dessì tiene clase, escuela de canto y un fraseo estupendo. Ahora bien, la voz ya no está en su mejor momento y comenzó algo agriada, con el agudo quedándose atrás. Mejoró a lo largo de la función y el último acto lo hizo excelente. Por cierto, ¿se ha vuelto adicta al bótox? ¡Porque vaya fotos promocionales a sus 55 primaveras! Interpretativamente, fue la más clásica y cursi de todas, puro exceso verista. Musa, diva, sirena.


Su marido, el Armiliato, fue quien casi se carga la función. Vale que siempre ha tenido una emisión un tanto extraña, pero es que el viernes pasado el problema era de voz. Sufrió y nos hizo sufrir. Tirante, tirante, consiguió salvar el Maurizio por los pelos, gracias a un último acto compenetradísimo con su señora y a la ayuda del maestro, que le bajó el volumen de la orquesta todo lo que pudo. 


Lo mejor del segundo reparto fue la mezzo, Marianne Cornetti. No es tan apabullante como la Zajick, pero sube al agudo perfectamente y luce buenos graves, con una voz superfresca. Nos encantó. A seguir en el futuro. A destacar un par de  abrazos y besos que se dio con la Dessì en los aplausos finales rompiendo la línea de saludos, como encantadas ellas dos de haber coincidido. Eso sí, tiene que vigilar su peso. Porque vale que los vestidos eran auténticos mamotretos, pero se movía con muchísima dificultad.


El Michonnet de segundo y tercer reparto era Bruno de Simone, con una voz sana y una composición del personaje mucho más cercana, cómica incluso a veces, con muchos detalles actorales. También me gustó mucho.


Tercer reparto, Micaela Carosi protagonizando. La mujer es joven, tiene una voz potente y una presencia bastante apabullante. Pero la elegancia y la línea de canto brillan por su ausencia. En la escucha de su Adriana de Turín en Spotify me quedé horrorizado de lo entubada que sonaba. En Barcelona y en directo no era tan notable, afortunadamente, pero no me convenció. Aparte, en el agudo se le iba la afinación. Da el pego, sí, pero para ser un papel que lleva rodado por varios teatros no lo tiene dominado.


Carlo Ventre, su Maurizio, sufre el efecto Giordani: una voz fea y sin interés pero que de golpe llega a la zona aguda, se coloca y consigue un timbre bellísimo y una potencia que te deja en el sitio. No sé si con el tiempo el hombre podrá homogeneizar el registro, ojalá, porque ya digo que en la zona alta daba gusto.


Ay la Fiorillo la Fiorillo, que ya nos la conocemos... es como la versión ordinaria de la Zajick. Sube arriba, baja al averno, cambia de color y entre medias te ha vendido una pescadilla de dos kilos en el mercado de abastos. Me gustó, porque el personaje de la princesa vocalmente de principesco tiene poco, pero vamos, que se pasa un poco. Eso sí, tiene pinta de pasárselo pipa cantando.


En todas las funciones el abad de Chazeuil fue Francisco Vas, con voz suficiente y todo lo amanerado y excéntrico que el personaje requiere. Desde luego pone de los nervios verlo tres días seguidos haciendo lo mismo, pero es el rol del abate, qué quieres. Muy bueno.

Para el príncipe de Bouillon se alternaron Stefano Palatchi (muy apropiado) y Giorgio Giuseppini (bien). Y luego ya los cuatro comediantes también estuvieron a la altura, pero nunca me aclaro quién es quién, aparte de que siempre cantan a la vez o atropellándose entre ellos, qué estrés.


El caso es que tres repartos, tres versiones de Adriana. Dominadas todas por la batura de Benini. La de Frittoli fue la más apabullante. La de Dessì la más clásica y la de Carosi la más de andar por casa. Pero yo disfruté las tres, y mucho.


Lo que es una pena es que probablemente no se edite un dvd / bluray con las funciones del primer reparto, porque ya ha salido para Decca uno de esta producción de la ROH Covent Garden de Londres con Angela Gheorghiu y Jonas Kaufmann. O lo mismo sí. Esperemos. Merecería mucho la pena.


Y desde aquí vuelvo a dar las gracias a mis amigos por animarme a ir, por mimarme, llevarme de un lado a otro y por hacer que el motivo del viaje -la ópera- se convierta en mera excusa para volverlos a ver.


¡Y anda que no saqué fotos de Barcelona! ¡Parecía un turista novel!


Francesco Cilea
Adriana Lecouvreur
Daniela Dessì, Barbara Frittoli, Micaela Carosi, Fabio Armiliato, Roberto Alagna, Carlo Ventre, Marianne Cornetti, Dolora Zajick, Elisabeta Fiorillo, Bruno de Simone, Juan Pons, Stefano Palatchi, Giorgio Giuseppini, Francisco Vas.
Maurizio Benini, David McVicar, Charles Edwards, Brigitte Reiffenstuel.
Barcelona, Gran Teatro del Liceo. Viernes, sábado y domingo 25, 26 y 27 de mayo de 2012.


 

Mira

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