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miércoles, diciembre 20, 2017

La Bohème y el problema de la Ópera-María


Que una Bohème me emocione sólo en el último minuto (y, ¡oh spoiler! después de muerta Mimì) es chungo, muy chungo.

Pero es el problema de la ópera-maría (las llamadas óperas de repertorio, las famosísimas, las que casi todo el mundo conoce y los aficionados nos sabemos al dedillo). Tenemos tantas y tantas referencias de La Bohème que es casi imposible hacer abstracción, borrón y cuenta nueva cuando se asiste a una nueva función.

Pero bueno, yo no soy de los que va a la ópera a comparar, rabiar y sufrir, intento siempre disfrutar. Pero nada, con esta Bohème no ha habido manera.Y me da rabia gastar mi tiempo y mi espacio blogosférico en poner algo mal. Por eso no escribí sobre Butterfly ni Carmen.

Carmen resultó sosa, muy buena producción, buena dirección musical (atropellada, señor director, el preludio es un pasodoble, ¡un pasodoble! no una carrera militar) y unos cantantes que estaban alejados totalmente de estilo pero se les veía conocedores del rol y cumplieron. Ay esa Micaela que, aprovechando el poco volumen de sus compañeros, se convirtió en Brunilde... No salí contento pero tampoco defraudado.

Y la Butterfly contó con una pareja protagonista muy poco adecuada. Pero ahí la señora Jaho se implicó y se metió dentro del papel de tal manera que superó sus truquitos y limitaciones vocales, y arropada por una orquesta que se subía por las paredes, nos arrastró a todos dentro de la ópera de forma incontestable. Pasión, señores, que es Puccini.


Pero con Bohème no ha habido manera.
Partimos de la base de una dirección musical que se queda en aceptable, pero que si nos ponemos tiquismiquis la llamaríamos rutinaria. Y eso que lo que es sonar sonó bien.

Luego tenemos unos protagonistas vocales medianitos. Anita Hartig tiene un bonito timbre, frasea bien... pero la voz no acaba de ser redonda, se queda plana, no está cubierta en absoluto.
Stephen Costello no puede (ni debe) cantar Rodolfo. Punto. Y aquí sí que sería para ponerme a soltar improperios. 
Joyce El-Khouri es una Musetta mona, actúa muy bien y... no se la oye. A su favor, las últimas frases que canta en el 4º acto las hizo estupendamente bien.
El único cantante del cuarteto principal con voz colocada, empaque y presencia fue Etienne Dupuis como Marcello. Muy, muy bien.
Mika Kares cumplió como Colline y Joan Martín-Royo pasó un poco de puntillas por Schaunard. Bien Zapata como Benoit. El coro, muy poco sutil (bien el de niños).

Con esto ni siquiera el poder de la música de Puccini ni la historia de amor y muerte pudieron levantar la función.


La producción es la nueva del Teatro Real en colaboración con Covent Garden y la ópera de Chicago.
Es una producción clásica. La buhardilla es una buhardilla y la taberna una taberna, los habituales rasgavestiduras tienen que esperar al último acto para poner el grito en el cielo porque en vez de bailar se ponen a hacer pintarrajos en las paredes. 
Eso sí, los decorados son muy esquemáticos, la buhardilla parece un stand de Ikea (o la casa de Pippi Langstrumpf) y la taberna es poco más que un bloque negro enmedio de la nada.
El segundo acto desentona con el resto por la profusión de detalles, atrezzo y vestuario, pero también es el acto más vistoso y jovial musicalmente hablando, así que no es criticable. 

Lo que me descolocó fue la visibilidad claramente intencionada de operarios y tramoyistas moviendo los elementos de escenario, así como que se viera en los laterales la maquinaria o al coro esperando para salir a escena. Ignoro qué pretende con esto el director de escena, pero queda cutre.

Lo que sí está muy trabajado es el movimiento de cantantes y el trabajo teatral. Hay actuación y momentos conseguidísimos, como la salida de Musetta en el acto 3 o el juego de la llave. Muy bien.

Con todo esto, sólo me metí en la ópera cuando Musetta dice eso de "Madonna benedetta", que es a... ¿un minuto del final?


No, no me convenció nada.
Quizás el segundo reparto haga algo más.
Este domingo se emite en directo vía Facebook Live y seguro que otras plataformas. Probablemente suene mejor que en teatro.

Cosillas:


Ya no se puede acceder al salón de la 6ª planta a no ser que hayas reservado mesa para tomar algo de picotear en el descanso. Por una parte bien, por otra incómodo porque era un lugar estupendo para estirar las piernas. Ah, las mesas con las sillas de cocina y los manteles blancos lo hacen parecer una casa de comidas.


¿Por qué es tan absolutamente frustrante conectarse a la WiFi del Teatro Real?



Página web del Teatro Real
Programa de mano
Críticas en prensa 
Comentarios



La Bohème
Giacomo Puccini
Anita Hartig, Stephen Costello, Joyce El-Khoury, Etienne Dupuis, Mika Kares, Joan Martín-Royo, José Manuel Zapata, Roberto Accurso.
Paolo Carignani, Richard Jones
Teatro Real, Madrid, martes 19 de diciembre de 2017

martes, septiembre 12, 2017

Rodelinda y Butterfly

Ehhh, que estaba un poco perdido, ¿no?

Sí.

De las óperas del año pasado me he dejado en el tintero dos, Rodelinda y Madama Butterfly. 
¿Por qué?
Pues porque me cuesta mucho escribir sobre funciones que me han decepcionado, no soy ningún crítico, me duele poner a parir a los artistas que, estoy convencido, realizan un trabajo con sus mejores intenciones y luego a mí no me ha gustado. Sí, a no ser que me sienta verdaderamente estafado, no me parece justo echar por tierra todo un proceso de creación en unas cuantas líneas que se leen online.
Pero también soy público, y he pagado por asistir a esas representaciones.

Y mira, Rodelinda me fascinó como concepto, por una puesta en escena genial (y espectacular), pero el reparto que me tocó distaba mucho de ser satisfactorio. La pareja protagonista se esforzaba, pero no me llegaba. Y ahora cómo voy yo, simple espectador, a empezar a ponerlos a caer de un burro. No. 

Gracias a la labor orquestal y, repito, a una ingeniosísima puesta enfocada desde la visión del hijo de Rodelinda y Bertarido, disfruté mucho de un Händel de los tostoncete, la típica sucesión interminable de arias de las que sólo se queda en la memoria el Vivi, tiranno. Ah, sí, hay un dúo precioso. Pero mantuve el interés y, ya digo, me lo pasé en grande, pese al discreto reparto.

El vídeo ha estado colgado en Palco Digital y en alguna otra web de ópera. Merece la pena.


Y la Butterfly es otro cantar.
Por que con una obra de repertorio "ópera-maría" no hay piedad. La hemos visto y escuchado tantísimas veces que exigimos como mínimo un nivel alto-muy alto.

La producción ya la conocemos, tiene más de 15 años y aunque tiene sus hallazgos al final acabas pasando olímpicamente del rollo del rodaje cinematográfico y te centras en el drama de verdad. Para los que no la conocen, muy bien porque está estéticamente muy cuidada, pero los que la hemos visto hasta 4 veces ni nos fijamos en los elementos que distraen de la acción principal.

Aquí quien venció, una vez más, fue Puccini, porque su música acabó arrastrando y superando a todo lo demás: la orquesta se dejó llevar de una manera escandalosa, de matices nada, cada vez que el drama llegaba a una cota climática se desbordaba a lo bestia, provocando la emoción del público. Igual que la Cio Cio San, una soprano que en teoría no podía con el papel (registro medio/grave ausente, volumen limitado) pero que lució una entrega y un registro expresivo tales que nos puso el corazón en un puño. Del tenor mejor no hablar porque casi ni lo oí (no, no me tocó el del primer reparto, tan criticado por sus bocinazos, pero ojalá hubiera sido él el que cantó). Así pues, una Butterfly con elementos también muy discretitos pero que en su globalidad consiguió apasionar.

También está disponible por tiempo limitado el vídeo en diversas plataformas web.



Y ya está, la semana que viene comienza mi temporada en el Real, en otro turno, en otra butaca, con un Mozart de los que no conoce ni el Tato (bueno, las listillas de costumbre ya nos vendrán a decir que es una ópera esencial y obra maestra, etc). ¿Qué nos deparará?

martes, julio 07, 2015

El extraño Trittico (Goyescas, Domingo & Schicchi)

 
Programa doble de Goyescas + Gianni Schicchi en el Teatro Real de Madrid que se convirtió en triple: Plácido Domingo, debido a la reciente muerte de su hermana, no se sentía con ánimo de encarnar el personaje principal de la ópera cómica, con lo que canceló, y en su lugar, en especial atención al público de Madrid, ofreció un mini-concierto entre ambas obras.

Y así empezó este extraño Tríptico.


Goyescas, de Granados, es una ópera puñetera. La partitura es de una exquisitez tremenda, que conjuga partes líricas con partes más folklóricas en un engranaje que tiene que saber ser interpretado en su justa proporción e intensidad.

El problema que tiene es que el argumento es una anécdota, el texto es bastante infumable y la progresión dramática es nula, con lo que hay que interpretarla muy bien para que no resulte un tostonazo de no te menees.

Si además la versión es en concierto "semiescenificado"... huy, estamos en la cuerda floja.

Y nos caímos con todo el equipo.

Porque el primer cuadro fue tal desastre que ya no se pudo levantar aquello. Guillermo García Calvo llevó durante toda la obra la orquesta a trompicones. El inicio de la obra fue un desbarajuste absoluto: el coro pegando gritos y sin que se les entendiera una palabra, mientras que la orquesta iba por otro lado. Se perdieron toda la gracia y fuerza que tiene que tener el "Vivan las Manolas" de la segunda escena. Y esto es cuestión de trabajo y ensayos.

Luego aparecieron los solistas.... que iban como si pasaran por allí y les hubieran invitado a cantar. Decepcionante.

La única que me pareció que se implicaba en la ópera fue María Bayo (Rosario, la prota). Sí, es cierto, tiene sus cosas: el agudo en bocina, el grave hablado, la emisión tan suya... pero fue la única que proyectaba, que interpretaba y que se metía dentro de la ópera. ¿Qué me faltó? Canto legato. Iba como dando una nota aquí y otra allá. ¿Culpa de ella o de la dirección musical? Póngansele todas las pegas que se quiera a su estado vocal actual, pero destacó por encima de todos.

Primera parte de este tríptico: Goyescas. Un horror.


Antes del descanso, mini concierto de Plácido Domingo en papeles baritonales.

Lo de este hombre es sorprendente. Mira que sus incursiones en la cuerda de barítono no me acaban de convencer (recuerdo su desastroso Rigoletto televisado, por ejemplo), pero anoche se marcó tres intervenciones excepcionales en las que estuvo francamente bien, sin forzar ni colorear artificialmente en exceso los graves y con ese brillo de timbre tenoril que le queda y que hace que nos regale sonidos que enamoran.
Nemico della patria, de Andrea Chénier (Giordano), Pietá, rispetto, amore, de Macbeth (Verdi) y el dúo de La Traviata (Verdi). Sin que sea pasión de fan, lo digo de corazón: antológicas. Terminó con un bis de Luisa Fernanda de Moreno Torroba (Por el amor de la mujer), ya agotado y sin lucirse.

En el dúo de La Traviata lo acompañó Maite Alberola (que empezó rasgando pero se entonó enseguida e hizo una Violetta sensacional). Y entre sus intervenciones salieron Luis Cansino a hacer una arietta de Falstaff (gracioso) y Bruno Praticò a destrozar una de la Cenerentola. Lo más comentado fue que parecía que competían a ver cuál de los dos estaba más gordo. Porque joder, señores, que parecía patrocinado por Biomanán, no se trata de estar figurín, pero esos kilos son ya problema de salud.

En fin, que la segunda parte de este Tríptico fue estupendo, muy bien señor Domingo, muchas gracias.


Descanso y... Gianni Schicchi de Puccini.

Otra ópera a la que también hay que saberle sacar el jugo y en la que la orquesta (dirigida por Giuliano Carella) empezó también un poco remolona.
Pero aquí no pasa como con Goyescas, tan delicada, tan endeble. Gianni Schicchi tiene tanta entidad que sólo la obra en sí puede con todo: te envuelve la gracia del argumento y la fuerza de una partitura que no deja de sorprender.

Si además los intérpretes están bien, mucho mejor.
Nicola Alaimo hizo el papel protagonista sin excesos cómicos y con voz más que suficiente (y también kilos, qué barbaridad, cómo está de orondo el señor).
Maite Alberola cumplió con creces, destacando en el aria.
Secundarios de los de decir "qué gusto": Elena Zilio, Vicente Ombuena, Eliana Bayòn (deliciosa voz), María José Suárez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Valeriano Lanchas... todos bien e interpretando de manera cómica pero sin pasarse.


¿Algún lunar?
Ay, pues sí.
Albert Casals (que cantó tres frases en Goyescas) promete: tiene -aparte de buena planta- una voz bonita y bien proyectada durante las frases aisladas, pero cuando le tocó abordar el aria "Firenze è come un albero fiorito" no pudo con ella. Se ahogó, lo pasó fatal, no llegó y hasta galleó al final. Y lo lamento, pero si se contrata a alguien para que cante el Rinuccio es para que pueda con ese aria y con el dúo final, en el que menos mal que estaba Maite Alberola. 
Pese a este lunar, un conjunto notable de cantantes.

La producción lleva el sello de Woody Allen. No se esperen genialidades ni originalidades. Tiene un par de detallitos que se salen de lo normal (la actitud de Lauretta, que es una zorruscla, el final, o cómo camuflan al pover Buoso) pero en conjunto es una puesta muy tradicional. Ah, sí, salen unos títulos de crédito iniciales con nombres graciosos en italiano.

Lo que digo, que al final la que triunfa es la ópera, y de Gianni Schicchi se sale (casi) siempre con una sonrisa y aplaudiendo mucho. 

Tercera parte del extraño Tríptico: Gianni Schicchi de Puccini: Muy bien.


Enrique Granados
Goyescas
María Bayo, Andeka Gorrotxategi, César San Martín, Ana Ibarra, Albert Casals
Guillermo García Calvo

Concierto Plácido Domingo

Giaccomo Puccini
Gianni Schicchi
Nicola Alaimo, Maite Alberola, Albert Casals, Elena Zilio, Valeriano Lanchas, Vicente Ombuena, Bruno Praticò, Eliana Bayón, Luis Cansino, María José Suárez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Federico de Michelis, Francisco Crespo, Darío Barón, Gabi Nicolás.

viernes, noviembre 16, 2012

Esta noche Programa Doble: Il prigioniero y Suor Angelica

 

Con la excusa de que los protagonistas de ambas óperas son víctimas de sendas dictaduras políticas (la web del Real dixit) y de un dogmatismo moral represivo, se nos ha metido en programa doble a Il Prigioniero, de Luigi Dallapiccola junto a Suor Angelica, de Giacomo Puccini.

Bueno, fifty fifty, porque si bien el prisionero lo es por motivos políticos (se le supone un sublevado flamenco frente a Felipe II) de represión moral tiene poco, y lo contrario la pobre monjita (¿qué dictadura política le afecta a la pobre que no sea la de su tiránica tía?).

El caso es que ambos personajes están atrapados, uno en una cárcel y la otra en un convento de clausura. Uno ansía la libertad y la otra sólo noticias, y para ambos ver un rayo de luz significa esperanza. Y, no es cuestión aquí de desvelar finales, pero chico, en la ópera ya sabes cómo son, casi todas acaban fatal, así que la esperanza, como decía la Principessa Turandot, delude sempre.



Una vistosa estructura giratoria troncocónica (una pantalla de lámpara, para entendernos) a base de barrotes y escaleras es el decorado común para ambas óperas. La verdad, da juego, evoca perfectamente la claustrofobia que sienten los personajes y da mucho juego.

Pero lo que realmente creo yo que ha conseguido conjuntar ambas óperas al margen de sus argumentos es la orquesta. Una fantástica, intensa y vibrante interpretación a cargo de la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por Ingo Metzmacher. Muy bien.


Il prigioniero es una obra dodecafónica facilita y asumible para oídos acostumbrados a música más convencional. Tiene mucho ñiñoñiñoñiñoñiiii... chaaaaaaan efectista. Para un clasicorro como yo no me pareció mal, la verdad.

Lo que sí que me pareció simplón y obvio fue el argumento: ¿De verdad algo tan anecdótico ha tenido que estar basado en dos obras  litearias distintas? Siempre lo digo: señores de los teatros, por favor, no dejen escribir los libretos a los mismos compositores, que Wagner sólo hubo uno. Y los demás se las dan de grandilocuentes y pasa lo que pasa.


Deborah Polaski, con la voz ya cascada pero con un saber decir y una presencia aún muy impactantes, cumple el papel de la madre del prisionero, que era Vito Priante, de bella voz baritonal, buena planta y actuación convincente. Dos sacerdotes, Gerardo López y David Rubiera, estuvieron más que bien en sus cortísimos papeles y sólo Donald Kaasch en el doble papel de Carcelero/Inquisidor (¿Felipe II?) estuvo más flojito. Con buenos detalles pero no me convenció.

En Suor Angelica ya nos dejamos llevar por el intenso melodismo pucciniano, nuevamente servido estupendamente por la orquesta.


Aquí la que me dejó un poco frío fue Veronika Dzhioeva en el papel principal. O la chica estaba reservándose optó por una interpretación introspectiva, pero le costó mucho meterse en el rol. Bella voz, sí, pero sin la profundidad dramática que requiere la Angelica.

Sólo empezó a emocionarme después del Senza mamma, y eso ya son los últimos minutos de la ópera. Eso sí, en La grazia e discesa dal cielo y en el final estuvo intensísima. El nivel de ese final de la ópera fue muy, pero que muy alto. Ovaciones.


Polaski aborda el papel de la Zia de una manera más parlada que cantada. Suple su desgaste con una prosodia y una actuación ejemplares. Su tía no es la clásica fría autoritaria ni la fanática religiosa que se nos ha presentado casi siempre: es una mujer resignada a que los designios de Dios sean los que rijan el mundo, y aunque ella sea la responsable de que la pobre Angelica esté allí encerraíca ha sido porque Dios lo ha querido así. Si has visto la película "Camino", me recordó mucho a la madre de la protagonista. Muy Opus todo.

El resto de las monjas, muy bien, yo destacaría a Auxiliadora Toledano y Marina Rodríguez-Cusí.

El coro masculino, algo vociferante en Il Prigioniero y para mí inaudible en Suor Angelica (creo que intervienen al final en los delirios de la prota, ¿no?), porque los colocaron en las jaulas del 5º piso y yo estaba sentado justo debajo de la jaula de enfrente, con lo que oía perfectamente el coro femenino y de voces blancas que me tapaban el otro.

Quien quiera una versión calixtobietizada del argumento de Suor Angelica, se puede pasar por aquí: clic.

Salí bastante contento con la velada. Me sentí muy "señora que va al teatro con abrigo de ramuské y se emociona con Puccini".


Luigi Dallapiccola
Il prigioniero
Giacomo Puccini
Suor Angelica



Teatro Real. Madrid. Jueves 15 de noviembre de 2012.
Ingo Metzmacher, Lluís Pasqual
Vito Priante, Veronika Dzhioeva, Deborah Polaski, Donald Kaasch, Auxiliadora Toledano, Marina Rodríguez-Cusí, Itxaro Mentxaka, María Luisa Corbacho, Gerardo López, David Rubiera, Maira Rodríguez, Rossella Cerioni, Anna Tobella, Sandra Ferrández, Maite Maruri, Legipsy Álvarez, Debora Abramowicz, Carolina Muñoz, Esther González.



lunes, octubre 31, 2011

2 Turandot Low Cost


Cuando uno va a una representación de ópera fuera de los teatros habituales sabe en principio qué puede esperar y qué listón hay que poner. No es lo mismo una producción y unos cantantes de teatro de categoría que lo que te puedes encontrar en un auditorio municipal o en una representación gratuita. Hasta ahí creo que todos más o menos de acuerdo, ¿no?

Porque este año he ido a dos Turandot de bajo coste.

La primera fue en el ciclo que la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca ofreció a principios de verano, con dos funciones al aire libre en el Templo de Debod y una en el Auditorio de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.

Yo fui a la de la Complu. Vamos, ni loco espero yo horas para coger sitio en las sillas y menos bajo el agradable calorcito veraniego madrileño. La de la Complu también era gratuita pero había que solicitar las entradas por teléfono, con lo que sólo había que hacer cola para coger sitio en el auditorio, pero sin apelotonamiento de gente.

Veamos: función gratuita en una universidad. Mode "exigencia" en LOW.

Y es que el nivel fue también bastante LOW, quedando sólo en el límite de lo digno.


No voy a hablar de producción porque cuatro farolillos chinos colgando de un hilo no se pueden considerar decorado. Era una versión en concierto o, como se dice ahora, semiescenificada. Vamos, que había vestuario.

Por un problema eléctrico no funcionaban las luces de los atriles de la orquesta, por lo que hubo que encender toda la luz del escenario. ¿Problema? Los sobretítulos proyectados sobre una madera clara no se veían nada. A mí me daba igual, porque me la sé, pero hubo quien lo pasó mal. Además, mejor que no se vieran, porque eran de una chapucería extrema. En el segundo acto creo que ya optaron por no proyectarlos.

Disculpa que no ponga los nombres de los cantantes pero no conservo el programa. El nivel vocal estuvo aceptable. Las que más destacaron fueron las chicas. Turandot fue rotunda, potente y con clase. Y es que no se puede cantar este papel si no se tiene un mínimo de nivel. Aguantó como una jabata y el timbre hasta me recordó a la Dimitrova. Bien. Bien también la Liù en su agradecido papel. Un par o tres de peldaños más abajo estuvo el Calaf, excesivamente ligero para el rol. Se guardó todo para hacer un Nessun Dorma apañaete y pegó los agudos, pero se le veía que lo pasaba bastante mal. El resto de cnatantes y coro, entre lo discreto y lo más discreto.

Y es que a ver quién es capaz de apreciar a los Ping Pang Pong si, en lo que un amigo llamó puccinicidio, les cortaron casi todas sus intervenciones. El trío del inicio del segundo acto fue suprimido por completo, y creo recordar que alguna otra cosilla también.

Como también se cargaron toda la escena del coro del primer acto. Fiuuu, eliminada.

A pesar de todo esto, se podría decir que la Turandot se salvaba, estaba dentro de lo aceptable/ esperable, pero teníamos otro handicap: la orquesta.

Desajustadilla y sobre todo con un grave defecto: no había percusión. ¡Cómo es posible hacer una Turandot sin percusión! Toda fue sustituida por un piano que sí, hizo el esfuerzo de intentar hacerse notar, pero no pudo ser. Es que ni gong ni timbales ni na de na.

Me imagino que las funciones en el Templo de Debod, entre la sugestión del entorno y que tenían mejor tenor, estarían más decentillas, pero lo que es la de la Complu se quedó en un sufi raspao raspao (un 5.0 que decía mi profe de Botánica, que era que habías suspendido pero te subía una decimilla para no catearte).


Lo que más rabia me dio fue que había arrastrado a varias personas y todo el mundo quedó bastante decepcionado.

Por eso cuando me dijeron que una compañía ucraniana iba a representar meses después la Turandot en un pueblo de las afueras de Madrid, ya no avisé a nadie. Me fui solito con mi Tx para quitarle la espinita de la Turandot de la Complu.

Cogimos entradas para el Teatro Auditorio Adolfo Marsillach de San Sebastián de los Reyes en la fila 4 (que se vea cerquita, que se vea) y... resulta que habían eliminado las dos primeras filas de butacas para colocar a la orquesta y que la fila 3 no se vendió. Así que estábamos... ¡en primera fila!


La Turandot de Sanse ya fue otra cosa. Lo primero, se podía considerar una producción. Cutre y hortera, pero con sus decorados. Luego, con orquesta completa (y a medio metro de nuestras orejas). Y finalmente, con una buena cantidad de personas en escena, que es algo que en Turandot se agradece mucho.

No hubo ningún corte en la partitura, la operita tal y como la conocemos y con el final de Alfano/Toscanini de siempre. Y... A TODA LECHE. Vamos, que se cepillaron la obra en dos horas y cuarto con dos intermedios incluidos. Yo creo que no había escuchado una Turandot tan rápida en la vida. Bueno, sí, quizás el CD de Chailly con Pavarotti y Caballé. Pero es que la cosa fue... volada.


A la orquesta no le pidas sutilezas, especialmente a las cuerdas. Vasyl Valislenko, el director, estaba enfervorizado y la llevaba a tutiplén. Y se lo pasó en grande. Una cosa curiosa que no había visto yo nunca (claro, a ver quién nota eso desde el quinto piso del Teatro Real): el director conversaba con la concertino durante toda la obra y a toda la orquesta la dirigía no sólo con la batuta, sino pegándoles voces. Una cosa... En su exaltación, se le cayó la batuta una vez y al final de la obra le pegó un porrazo al atril que casi se lo tiró encima a los violines. Gozoso y pumba pumba pumba.

Giorgi Meladze, Calaf, se movió en el mismo estilo que la orquesta: siempre en forte. Así las arias le quedaron normalitas, pero lo que es la escena de los enigmas y el final fueron de un efectismo espectacular. Iba vestido como el árbol de navidad de Barbra Streisand: todo eran plateados. En cuanto a actuación, pues como todos los Calafs del mundo: absoluto pasmarote.

Liù (irina Golovchenko) no tenía una voz especialmente bonita de timbre, lo que le deslució un poco. Es un papel muy goloso para una lírica. Estuvo bien, pero sin entusiasmar.



La Turandot de Tatiana Plekhanova ya fue otro cantar. A la cantante se la veía más veterana y rodada. Cierto es que el timbre era poco grato, pero fue la única que matizó y supo expresarse. Y mira que es difícil en este rol. Empezó calando el primer agudo de In questa reggia (ese "e quel grido") y me temía lo peor, pero no. Aguantó el final del aria sin dificultad y a toda pastilla, super-rápida, y luego la escena de los enigmas. No fue perfecta, vale, pero fue la que cantó con más clase y la única que verdaderamente interpretó.

El Timur deplorable, una pena.


Los Ping Pang Pong estuvieron más que correctos, ayudados por una interpretación exagerada y cómica, muy excesiva, y también por la velocidad que ya he comentado. Su trio del segundo acto fue bastante divertido. Le tengo yo cariño a estos personajes. Suelen caer mal porque interrumpen la acción y son como un estorbo, pero para mí son los únicos personajes con los pies en la tierra de esta ópera. Todos los demás viven en sus mundos de príncipes, princesas y amores imposibles, ellos se preocupan de lo que se tienen que preocupar: sus celebraciones, sus banquetes, sus ejecuciones, sus entierros... Además, tienen la música más evolucionada y sorprendente de esta ópera. A lo que voy, que muy bien.

El coro mantenía el tono general de la producción, y además eran los figurantes. Calculé unos 30. A destacar una de las coreutas, vestida de morado ella, superexpresiva e implicadísima: interpretaba cada frase poniendo unas caritas que cada vez que aparecía no podía yo evitar fijarme en ella.

Y es que la dirección escénica, siendo elemental, estaba cuidada: el coro no era algo estático, siempre estaba haciendo algo, igual que los ministros. Dentro de lo clásico, más que entretenida.

Lo más llamativo de esta Turandot es la producción. A ver: el escenario era sencillo: un cielo estrellado con un palacio al fondo y unos telones pintados. Como elementos de atrezzo, tres miniestructuras con ruedas tras las que se encontraban los ministros y unos candelabros en los que no se habían ni molestado en ocultar las regletas de los enchufes. Era tan cutre que enternecía.

Lo más, el palacio de Turandot: es una cabeza de dragón que se abre (se ven los hilitos que tiran) y entonces echan humo y sale la princesa. ¡Súper!

Y si los decorados eran kitsch, del vestuario ya ni te cuento: apoteosis de la lentejuela y la peluca de nylon. Todo era de un brilli brilli escandaloso de ropa de disfraz comprado en los chinos. Pero es que joder, que la ópera transcurre en China. Por el vestido de lentejuelas naranjas del emperador se hubieran tirado de los pelos Tania Doris y Norma Duval. Muy tremendo. Y esas barbas que se les veía la goma elástica con las que se sujetaban, y esos soldados con los bigotes pintados. Super kitsch.


En definitiva, que fue como viajar en Low Cost, que sabes a lo que vas y lo que puedes esperar, y si supera con creces las expectativas como fue el caso de Sanse, pues muy bien.

Esta producción de la agencia Concerlírica está recorriendo toda España. Sé que va a Guadalajara y Valladolid próximamente. En serio, por el precio y yendo libre de prejuicios, merece la pena.

Un último detalle: detrás teníamos a dos matrimonios en la cincuentena que no paraban de decir "qué bonito, qué bonito". Durante el segundo acto se oía como un ruido extraño, como alguien hablando pero muy baito. ¡Era uno de los señores que estaba escuchando el partido de fútbol en la radio con auriculares!

Nos lo pasamos como chinos, nunca mejor dicho.



Vídeos y fotos corresponden a otras funciones de esta misma producción.

Giacomo Puccini
Turandot

Auditorio Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.
Jueves, 30 de junio de 2011

Concerlírica
Tatiana Plekhanova, Giorgi Meladze, Irina Golovchenko
Teatro Adolfo Marsillach, San Sebastián de los Reyes (Madrid)
Sábado, 29 de octubre de 2011

viernes, julio 29, 2011

Tosca clasicota para cerrar temporada en Madrid.


Qué barbaridad, que no me da ni tiempo a comentar la Tosca del otro día con la que el Real cierra la temporada (fuera de abono).

Me llevé a mi sobri, que preguntaba si le iba a gustar más que Las Bodas de Fígaro, y yo le dije que creía que sí, más que nada porque esas bodas fueron de auténtico sopor.

Le estuve explicando un poco por encima el argumento, el contexto histórico y el musical, por centrarla un poco, y sobre todo para involucrarla un poco más en la ópera.

Y mira, salió una Tosca de lo más clásica en cuanto a resultados porque... ¿qué es lo que se espera de una Tosca? Pues que los protagonistas canten a base de bien y el Scarpia sea malo malísimo.



Fui a primer reparto, me hubiera gustado ir al segundo por la Radvanovsky, pero no soy tan freak como para comprar para los dos. Me sorprendió para bien la Urmana, y es que yo me esperaba su clásica interpretación de "aquí pego el grito pero como actriz soy igual que una columna de piedra". Avisaron de que sufría un proceso gripal. Pues mira, yo creo que precisamente por eso estuvo más delicada y expresiva que lo que es habitual en ella.

El timbre sigue siendo muy interesante, el volumen torrencial y sí, se le abren los agudos, pero ahora cuéntame tú a qué Tosca actual no se le acusa de que grita los agudos. Pero lo más importante es que es UNA TOSCA CON GRAVES. De las poquísimas a la que se les oye el momento de las lágrimas. Y en lo escénico estuvo más que correcta. Muy bien.

Marco Berti no es que sea una columna de piedra, es que es un canto rodao. Llega, pega el bocinazo que se oye a 10 km de distancia y se queda tan pancho. No le pidas más, y mejor que no lo haga, porque las dos veces que intento matizar y apianar se le estranguló la emisión y quedó rarísimo. Su Mario es turrón del duro: dulce pero te dejas los dientes si le intentas dar un bocado. Su interpretación... esto... ¿interpretar? ¿qué?


Al lado de estos dos auténticos chorros de voz, Lado Ataneli se queda corto, cortísimo. ¿Lo bueno? Que por fin es un Scarpia cantado y no "parlado". Cantado con intención y muy bien interpretado. Que uno ya está harto de que le pongan de Scarpias a barítonos famosos en el final de sus carreras. ¿Lo malo? Que quedaba totalmente tapado por sus compañeros y que los momentos "feroces" no le salieron.

Y también quedó totalmente tapado por la orquesta, cuyo director debió pensar que cuanto más pumba pumba más aplaude el público, y halaaaaa, dale que te pego al volumen. Suerte que la Tosca y el Mario podían con todo.

Bien los secundarios y correctito el coro, que no acabó de hacerse con el tiempo lento que la orquesta le dio al previo al Te Deum.


No me acordaba yo de esos decorados tan negros y horrendos made in Frigerio para la Tosca de Nuria Espert en el Real, y eso que es la tercera vez que veo la producción desde 2004. Vale, funcionan (y muy bien) en el primer acto, dan el pego en el segundo pero en el tercero, el de la trampilla, es de un feísmo que asusta. Sobre la tan "escandalosa" idea de hacer que Tosca le tire una copa de vino al Cristo después de matar a Scarpia (oh, cielos, he revelado la trama) pues vale, es una ocurrencia de la Espert que NO ESTÁ EN EL LIBRETTO, ¿pero a estas alturas nos vamos a quejar por eso y vamos a exigir que haga lo del crucifijo y las dos velitas? Que no es para tanto, joder.

El público. Si me quejo yo habitualmente de que me salgan los Gremlins en la zarzuela, al lado tenía a uno auténtico que se dedicó a tararear casi todos los temas conocidos así como murmurando. Tela.

Y detalle curioso: señor que se enfada mucho porque a otro le suena el teléfono móvil... EN EL CUARTO DE BAÑO DURANTE UN ENTREACTO. Y sí, se enfadaron mucho ambos y continuaron la discusión por los pasillos. Serían indignados de esos.


En definitiva, una Tosca más que disfrutable y dentro de los cánones. ¿Que se le pueden buscar fallos? Pues sí, todos los que quieras, pero yo procuro ir a la ópera a disfrutar y no a pasarlo mal ni a comparar con la versión pirata en vivo del año 52 que suena a huevos fritos con una cantante que no grabó nada comercialmente pero que es la mejor del mundo y blablabla, porque entonces son ganas de ir a encabronarse a la ópera, digo yo.

Ah, mi sobri encantada, y esta vez además no me obligó a hacerle la sesión fotográfica en los salones de la segunda planta para colgarla después en el tuenti.


Giacomo Puccini
Tosca
Teatro Real de Madrid, miércoles 27 de julio de 2011.
Violeta Urmana, Marco Berti, Lado Ataneli, Felipe Bou, Valeriano Lanchas, Carlo Bosi, Károly Szemerédy, Francisco Santiago, Ruth González.
Renato Palumbo, Nuria Espert


lunes, marzo 14, 2011

Madam Butterfly


¡Ya estás pegando el grito!
¡¡¡Se dice Madama, se dice Madama!!!

Pues no.
Que de lo que voy a escribir es de Madam Butterfly, espectáculo en el Royal Albert Hall de Londres, representación de la Madama de Puccini EN INGLÉS.

Para esta producción el patio del coliseo se convierte en un jardín acuático con una casita en el centro de tal manera que pueda ser vista desde todos lados. El sonido es amplificado y los cantantes se van paseando por todo el perímetro, para que se les vea.


Al principio se hace muy raro y el oído tarda en acostumbrarse. Si a eso le añadimos lo raro que resulta escuchar la ópera en inglés la cosa se hace un poco durita, pero en cuanto ajustan el sonido y te vas haciendo el oído, ya se vuelve un poquito más natural.

Ni que decir tiene que la dirección escénica y los decorados son totalmente convencionales y sin transgresión alguna.


Básicamente lo mismo se podría decir del nivel de cantantes: ella supongo que sería Mihoko Kinoshita, según la web, porque no dan información alguna a no ser que compres el programa (y no, de eso ni hablar). A falta de apreciar proyección y emisión por el tema de los micrófonos, es una voz lírica correcta y capaz de llegar a las notas (nos escatimó el sobreagudo de la entrada, pero es tan peligroso que hay veces que es mejor que no lo den a que la primera impresión de Cio Cio San sea chunga). Eso sí, de profundización dramática en el personaje, cero. La chica cantó y punto. Da un poco igual que cantara en inglés, porque no se le entendía ni palabra (salvo los "yes" y tal, claro).

El tenor fue Philip O'Brien, de estos que tienen el timbre agudo y chilloncete que se te mete en el oído. Pelín impetuoso de más.



La Suzuki, imagino que Nina Yoshida Nelsen, se recreaba en la pronunciación y ofreció unos buenos graves.

A la Kate Pinkerton le dieron una frase más de lo habitual y el Sharpless (Louis Otey, siempre según la web) mantuvo el tipo, sin entusiasmar.



El coro se situó en los arcos encima de las gradas para el coro a boca cerrada y el amanecer, lo que dio una sensación envolvente bastante curiosa.

La orquesta, lenta y muy como de cassette de "Música Maravillosa Para Gente Maravillosa". Con decir que de lo mejor que les salió fue el dúo de las flores... El intermedio entre el segundo y tercer actos, deplorable.

Vamos, que era todo como muy aséptico. Todo sonaba al mismo volumen, con corrección, con una puesta de lo más clásica y unos cantantes aceptables. En definitiva, muy "de musical".

Es algo a lo que no se me habría ocurrido ir, pero entre que era relativamente barato, que no teníamos intención de ir a ninguna otra velada musical y que teníamos ganas de conocer el Royal Albert Hall por dentro, nos animamos y sacamos la entrada.


El público pues te lo puedes imaginar: gente "vestida para la ópera" (siento la pedantez pero había mucho exceso de mal gusto que atacaba a la vista, o es que yo no me he hecho todavía al estilo ramploncillo inglés) y en la zona en la que estábamos mucho colegio. Por supuesto que hablando, comentando, sacando fotos, grabando con el móvil, comiendo y bebiendo en la butaca, poniéndose de pie, saliendo y entrando de la sala... Uno sabe que va a un espectáculo, no a la ópera.

A ver, no estuvo mal, llamémoslo "turismo experiencial".


Giacomo Puccini
Madam Butterfly (Madama Butterfly, cantanda en inglés)
Royal Albert Hall, Londres.
Viernes 11 de marzo de 2011.

jueves, octubre 01, 2009

Se reedita por fin la Suor Angelica de Ricciarelli


RCA edita por fin en CD la Suor Angelica de Puccini con Katia Ricciarelli y Fiorenza Cossotto, dirigidas por Bruno Bartoletti en 1973. Bah, nada sólo 36 años después.

Desde que llevo escuchando ópera y leyendo libros SIEMPRE me habían puesto esta Angelica como una de referencia. Pero era imposible encontrar una grabación, así que me lo tenía que creer. Además, también siempre aparecía (junto a una Luisa Miller) como grabación modélica de la Ricciarelli antes de caer en los excesos que llenaron el resto de su carrera de registros un tanto (o un mucho) grotescos.

Pero nada, que estaba descatalogada en vinilo y no editada en cd, así que me tenía que creer lo que los eruditos estudiosos en el tema me decían. Pero como uno cuando lee un libro de referencias discográficas de ópera ya sabe al momento de qué pie cojea el autor, hasta que no la escuchara no me lo creería.

Mientras, RCA seguía publicando mil ediciones nuevas de las mismas óperas de siempre (¿cuántas veces habrán reeditado el Trovador o la Tosca de Plácido con Leontyne?).

Hace unos años un amigo me pasó una grabación del vinilo trasladado a CD y por fin pude escuchar la tan famosa Suor Angelica. Bueno, me quedé un poco así porque yo esperaba algo supermaravilloso y sí, está muy bien, pero no es para tanto.

Más que nada porque la dirección de Bartoletti me resultó lenta y pesada. Le faltaba el punto de pasión, la locura que lleva a la monja a suicidarse (huy, he contado el final). Eso sí, todos los parabienes se los lleva la bellísima voz de Katia Ricciarelli, espléndida y moviéndose de maravilla por todo el registro. Conmovedora sin necesidad de excesos interpretativos. A su lado, una imponente Cossotto que ya sabemos cómo se ponía cuando se ponía.



Hace mucho tiempo que no escucho ese disco, pero ahora me ha picado el gusanillo y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, lo mismo esta tarde le doy un repaso.


Ahora sólo queda que los de RCA me reediten de una puñetera vez la Thaïs de Anna Moffo, Bacquier y Carreras.

miércoles, julio 22, 2009

Grandes Voces (grandes)



Martina Serafin (soprano)
Marcello Giordani (tenor)

Recital. Programa Puccini. Teatro Real de Madrid.
Ciclo Grandes Voces. Martes 21 de julio de 2009

Orquesta Sinfónica de Madrid. Keri-Lynn Wilson


Ay chico, qué gusto da eso de que un recital del ciclo de Grandes Voces sea realmente de voces grandes como plural de grande y no de gran.

Cancelada Cristina Gallardo-Domâs por enfermedad, fue sustituida por la austríaca Martina Serafin, acompañada por Marcello Giordani en un programa de Puccini con fragmentos de Tosca y Manon Lescaut.

Fue una especia de "Opera Interruptus", porque te quedabas con ganas de que terminaran de cantar el resto de la ópera. Eso de que te dejen al final de la primera parte sin Tosca tirándose del castillo provocaba su puntito de ansiedad.

En la segunda parte, más de lo mismo, arias de Manon Lescaut y un dúo que nos dejó a todos bastante fríos.


Martina Serafin tiene lo que se dice un vozarrón, de esos redondeados y potentes que da gloria escuchar. Timbre no particularmente bello pero homogéneo y sonoro tanto arriba como abajo. Es verdad que tardó un poquito en calentar y los agudos al principio los gritó, pero vamos, como Tosca estuvo de lujo.

De Manon Lescaut la cosa ya cambió un poquito. Demasiado vehemente en los "suaves visillos" y ya más a tono en el "Sola, perdida, abandonada". Además, me sorprendió que con lo rotunda que había estado en Tosca, en la segunda parte la orquesta se la comiera un poco.


A su lado, Marcello Giordani. Tenor de emisión un poco rara: la voz la tiene como atrás pero luego cuando sube al agudo suelta un pepinazo pleno que te deja boquiabierto. También tardó un poquito en calentar, pero Cavaradossi no le ofrece dificultad alguna y en Des Grieux se lució bastante. Ningún problema con la orquesta a tutiplén que tenía detrás.

Como bises, el Nessun dorma (bis ideal para levantar el teatro) y nuevamente el Vissi d'arte, esta vez mucho más dramático e interpretado. Como colofón, el dúo final de Andrea Chénier, "vicino a te", en el que los dos se salieron, culminando con un final de decibelios y traca final. Estupendo estupendo.

Iba a decir que Keri-Lynn Wilson dirigía la orquesta, pero quizás sería más apropiado decir que era ella la dirigida por la orquesta y los cantantes. Iba como muy precipitada, pero al final soltó los dos chimpún (el Nessun dorma y el Andrea Chénier) que es lo que el público pide y aplaude.

Resumiendo. Muy buen recital. Un programa muy agradecido, Giordani luciéndose y Serafin una soprano a tener en cuenta que ojalá nos cante más por España. Para la temporada que viene canta la Mariscala en Barcelona, puede ser muy interesante ya que puede hacer una visión interesante alejada del excesivo lirismo habitual en el personaje. Pero peligro: está abordando ya Turandot y me da un poco de miedo que ese agudo que corrigió a lo largo del recital se le termine quedando gritado.

Como anécdota, esta nota que acompañaba el programa de mano y que fue la culpable del "climax-interruptus" de la segunda parte del concierto:


¿Problema surgido con los materiales de orquesta?
¿Einnnn?

jueves, junio 18, 2009

Y escuché la Butterfy de la Gheorghiu


Y escuché por fin la nueva versión de la Butterfly de la Gheorghiu de la que ya habé hace poco (clic).

Siendo serio y habiendo escuchado a la Sra Gheorghiu en directo (sólo en recital, eso sí), Cio Cio San no es un papel para ella en teatro. Bueno, quizás sí en un teatro "alla Bartoli", pequeño y con la orquesta con sordina.

Sin embargo, su Butterfly en disco funciona. Y muy bien, me atrevo a decir.
La pastosidad y la belleza de la voz son notables, los agudos son potentes (alguno oscilante cuando apiana) y la interpretación convence.

Gheorghiu es de las que yo llamo butterflies "matronas". No da el papel de niña de 15 años superparanada por la opulencia de su timbre, pero dramáticamente es impactante. Que me lluevan piedras y cuchillos, pero en ocasiones me recordaba a otra Butterfly del estilo: la Tebaldi.



Además, Gheorghiu evita las exageraciones dramáticas y la ñoñería (dos de los defectos más habituales entre las butterflies) y sin embargo salpica toda la ópera de detallitos y matices expresivos que hacen ver un trabajo muy estudiado, nada rutinario, del papel.

Sí, los graves están engordados y el micro ayuda mucho, pero la verdad es que me ha gustado mucho.

Otro que tampoco deja momento alguno a la rutina es Antonio Pappano, con una orquesta tensa, rica, pendiente de cada frase. Yo creo que desde la versión de Maazel (la de Scotto para CBS) no había escuchado una Butterfly tan rotunda orquestalmente. Un diez.



Y esos son los dos valores de la grabación, porque el tenor Kaufmann me parece que tiene poderío vocal pero una emisión muy fea, como abierta, y ni la Suzuki ni el Sharpless me han dicho gran cosa.

En definitiva, para mi gusto, versión de estudio recomendable por la protagonista y la orquesta. Que no sea exportable a teatro ya es otro cantar, pero como cd está más que bien. Y la Gheorghiu se quita la espinita de su anterior Puccini, esa Tosca "quierosercallas" que no hay por donde cogerla.


domingo, marzo 15, 2009

Nueva Madama




Acabadita de salir...

Una nueva Madama Butterfly en cedé.

Con Angela Gheorghiu y Jonas Kaufmann dirigidos por Pappano para Emi.


Recordemos Butterflies célebres en cedé:

- Scotto, claro. Deliciosa en la versión de Barbirolli e impactante, tremenda en la de Maazel (para CBS).

- De los Ángeles. Modélica también en la versión con DiStefano, mejor que en la posterior con Björling.

- Callas, a lo suyo, fascinante. Es como su Carmen, son ejemplares únicos, no imitables.

- Toti dal Monte. Porque está Gigli, que si no...

Y hasta aquí las Madamas de Emi.


Otras:

- Caballé. Difícil de encontrar pero no imposible. Ella está divina. Ella. El marido es de un bruto que tira para atrás.

- Tebaldi. Madama matrona. Opulenta y rotunda en sus dos versiones.

- Freni. Intérprete ideal pero sus dos grabaciones son soporíferas por culpa de los directores.

Otras que son lo único bueno de sus grabaciones porque el resto es de pena penita pena: Tomowa-Sintow (con Aragall), Miriam Gauci, Raina Kabaiwanska (recordemos también el vídeo de la Arena de Verona en el que está inmensa -aunque un poco Brunhilde-).

No conozco las versiones de Anna Moffo ni de Leontyne Price.

¿Me dejo alguna de las clásicas?


Y ahora, llegará la de Gheorghiu.
Así, sencilla y casual:


Y cuidado con esa del coro, Angela. Sí, sí, la del estampado ondulante que tanto recuerda a aquel vestido que nos sacaste en el recital de Madrid.

¿Tú has visto la peli Showgirls?

Pues no te digo nada, pero la tienes detrás.

jueves, julio 19, 2007

La versión original de Madama Butterfly

A todos nos han contado que el estreno de Madama Butterfly en Milán en 1904 fue un chasco y que Puccini tuvo que añadir algunos cambios para que la cosa funcionase mejor.

Hay tres versiones de Butterfly: la de Milán, la de Brescia y la de París.

En la discografía reciente de Butterfly hay un album a tener en cuenta, y es el que recoge las tres versiones. Sólo por eso, porque las interpretaciones son más bien flojillas.

Se trata de 4 cedés que según se reproduzcan, componen una versión u otra. Si se tiene un reproductor de cedés múltiple, la cosa es divertida: se programan los tracks y se va saltando de uno a otro. Pero como un cd múltiple o lo tienes en el coche o es algo rarito, la solución alternativa es ir volviéndose loco pasando manualmente de un cedé a otro (clic abajo para ampliar):

La ópera fue publicada por VOX CLASSICS en 1996 con la orquesta de la Ópera Estatal Húngara dirigida por Charles Rosenkrans. Los intérpretes: Maria Spacagna como Cio Cio San, Richard Di Rienzi como Pinkerton, Sharon Graham como Suzuki, Erich Prache como Sharpless, Richard Markley como Goro y Vivica Genaux como Kate.
Ya digo, no es ninguna maravilla, pero es muy curiosa y desde luego uno se lo pasa pipa volviéndose loco con las programaciones de los cedés y viendo las diferencias entre versiones, que las hay.

Así que hasta que no salga una moderna producción en dvd ambientada en platós de televisión con Belén Esteban en Cio Cio San, Jesulín en Pinkerton, Andreíta Cometelpollo en El Niño, María Patiño en Suzuki, Jaime Cantizano en Sharpless y la colaboración especial de La Campanario en Kate, de momento nos conformamos con esto para entretenernos. (Si es que en el fondo, Butterfly es la conocida y eterna historia de La Tonta del Bote, ¿no?)

En estos links quien quiera tiene los 4 cedés con sus instrucciones:




Mira

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