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jueves, febrero 15, 2018

Street Scene, ni ópera, ni musical sino todo lo contrario.


Street Scene de Kurt Weill en el Teatro Real.
Ya has leído el título, está a caballo entre la ópera y el musical de Broadway sin ser ni una cosa ni otra. Su música se aleja totalmente de la etapa alemana de Weill (más cabaretera) y bebe de la tradición norteamericana (el jazz, el blues, Gershwin y otros grandes de principios de siglo pasado), conservando una esencia "operística".
¿Y eso cómo se come?
Pues difícil de explicar, porque hay que verlo, es una obra única.
El primer acto está estructurado en canicones/números cerrados e independientes y es el que más aspecto de teatro musical tiene. Luego el segundo acto, en el que la acción se precipita, tiene una estructura ya más de ópera.


El texto de Street Scene es muy potente. Lo que podría ser un simple drama verista (¿unos Pagliacci alla Newyorkesa?) viene aderezado por temas siguen siendo controvertidos: el machismo, la xenofobia, la inmigración, los desahucios, el acoso sexual, la mezquindad...

Recomiendo leer los artículos que vienen en el programa de mano, donde explican muy bien qué es y qué no es Street Scene.

Me ha gustado, pero no me ha entusiasmado, y pienso que gran parte del motivo lo tiene la amplificación. Esa misma que le faltaba a "El Cantor De México". Aunque el técnico de sonido ha hecho un trabajo impecable, los micros hacían que todo sonara excesivamente fuerte y... homogéneo. Evidentemente eran necesarios para los cantantes del número con baile, ¿pero para voces como la de Patricia Racette?

La Racette y Paulo Szot están excelentes como pareja protagonista y destacaron sobre un reparto extensísimo y muy apropiado. Buena elección de cantantes. Más que notable la prestación del coro (tanto de adultos como de niños). La orquesta, adecuada, también sonando a toda tralla.


La producción consta de una estructura doble llena de escaleras y barandillas que forma un edificio de vecindad (la versión americana de nuestras corralas). No se me quejen los puristas, todo está en su sitio y es perfectamente fiel a la acción y a la época en la que ocurre. Para mi gusto se ha desaprovechado mucho tanto decorado, por lo menos en el primer acto, en el que la acción transcurre casi toda a pie de calle. En el segundo el conjunto de escaleras da más juego y se involucra más en la trama.

Mención positiva para el cuidado vestuario y negativa para el número de baile (que no pega ni con cola y además no tengo ni idea de quiénes son en el argumento de la obra). De repente la música se despiporra, sacamos unas luces brillantes, movemos el decorado... ¿y salen la pareja de cantantes y SÓLO DOS parejas más de bailarines? Por favor, ¡un poco de espectacularidad! Quedó pobretón.
Al margen, otro problema de la amplificación: en escenas con mucha gente sobre el escenario a veces me resultaba difícil localizar a quien estaba cantando porque todos sonaban igual, estuvieran cerca, lejos, de frente o de espaldas. 

Repito: obra interesante, con su aquél, bien resuelta. No me pareció excelente pero merece la pena ser conocida. También es cosa mía, no de la ópera en sí. Se me hizo un poco pesada. Y eso que tiene canciones muy buenas. Destaco por lo transgresor y magistral combinación de música y texto, el dúo de criadas que pasean bebés casi al final.

Al término hubo aplausos para todos, consistentes pero tampoco muy enfervorizados. Le daré un nuevo repaso ya que pronto habrá vídeo disponible de esta producción, mañana por la tarde se emite en directo en Mezzo Live HD. En el Teatro Real hay 5 funciones en febrero y luego habrá otras tantas en mayo (cosas).



Kurt Weill
Street Scene
Libreto de Elmer Rice
Patricia Racette, Paulo Szot, Mary Bevan, Joel Prieto, Lucy Schaufer, Harriet Williams, Jeni Bern,  Eric Greene, Richard Burkhard, Tyler Clarke, Marta Fontanals-Simmons, Michael J. Scott, Sarah-Marie Maxwel, Dominic Lamb, Laurel Dougall, Scott Wilde, Gerardo Bullón, Geoffrey Dolton, Matteo Artuñedo, Verónica Polo, Kwenya Carreira.
Tim Murray, John Fulljames.
Madrid. Teatro Real. Miércoles 14 de febrero de 2018


Vídeos de otras producciones:


miércoles, diciembre 16, 2009

La ópera de tres peniques, un bodriete


A Marina Bollaín ya le tengo pillado el punto: Ella vive en sus mundos de Yupi y se piensa que toda obra musical es actualizable escénicamente de una manera pop y naïf haciendo cuatro monadas.

Le funcionó con su "Adiós Julián" porque era más cabaret que zarzuela, y a medias con "La Verbena de la Paloma" (no hay más que escuchar sus palabras en el documental que acompaña el dvd para ver lo perdida que está esta mujer), pero con La Ópera de Tres Peniques, de Brecht/Weill, traducida al español, la cosa le ha salido de lo más chunga.


Fundamentalmente porque la obra es una mezcla de teatro-cabaret que necesita un toque canallesco y sórdido que en el mundo happy de Marina no existe. Todo tiene un aire muy de musical de la Gran Vía o de zarzuela del Centro Cultural de la Villa.

Las referencias a situaciones actuales como el caso de los policías de Coslada, la alusión a Julián Muñoz, los "toques" a Gallardón y Esperanza Aguirre... sí, hacen gracia, pero son efímeras y puntuales, que habría que ir retocando con los años. No son lo suficientemente irónicas ni duras. Le falta garra.


Garra que también le falta a un grupo de actores cantantes en los que hay muchas desigualdades. La prosodia en las partes habladas no es que esté particularmente currada y da una sensación de zarzuela cutre que tira patrás.

Luego tenemos que la obra en sí es durita. Hay canciones que se hacen muy coñazo. Si la Bollaín quitó casi una hora de texto, según leo (menos mal, una hora más ahí dentro hubiera sido un suplicio), también podría haber eliminado alguna canción, porque francamente, la primera hora se hace muy dura de tragar.



Vocalmente, Enrique R. del Portal y Marco Moncloa se imponen y cumplen perfectamente como Mackie (Mac el Sheriff) y como una Jenny travesti (una pena que el personaje no esté más mimado escénicamente, sólo brilla en la canción de Salomón). El resto de actores/cantantes van de lo decente a lo insuficiente. Hay números que están pasables, pero otros daban pena. Al final de un horripilante trío de mendigos (Juan, Celia & Paula) hubo quien se levantó y se fue. La canción de Jenny la de los Piratas era de no creérsela de lo cutre. Y suma y sigue.



El público, de lo peor. Al lado nuestro había una pareja que apestaba a alcohol y que no pararon de comer y beber durante toda la obra. Detrás, una señora se empeñaba en tararear canciones que no conocía. Al final, bravos y aplausos.

En fin. Un bodriete de padre y muy señor suyo.

Lo mejor, haber conocido la sala Verde de los Teatros del Canal, una curiosa sala cúbica adaptable a los distintos espectáculos, con unas galerías a lo corral de comedias muy curiosas. Lo siguiente que ponen es Angelina o el honor de un brigadier, de Jardiel. Lo mismo me animo.


La Ópera de Tres Peniques (en español)
Kurt Weill, Bertolt Brecht
Enrique R. del Portal, Mar Maestu, Enrique Sequero, Eva Diago, Marco Moncloa
Marina Bollaín
Teatros del Canal, sala verde, Madrid, domingo 13 de diciembre de 2009

lunes, diciembre 17, 2007

Dawn Upshaw

Yo creo que Dawn Upshaw es una de las poquísimas sopranos que pueden cantar repertorio "popular" sin resultar afectadas o demasiado operísticas (creo que yo salvaría a Sumi Jo y a Kiri nada más). De hecho, hay lenguas malvadas que dicen que su sitio habría estado más bien en Broadway que en los teatros de ópera. No sé, la verdad es que la he escuchado muy poco en roles operísticos.

Me interesan mucho los recitales que ha sacado en cd. Se ha especializado en música del siglo XX y le ha prestado especial atención a los compositores norteamericanos. No voy a decir que me parezcan discos maravillosos e imprescindibles, pero cada uno he encontrado por lo menos una joyita que no conocía.

De todos sus discos hay dos que me fascinan. El primero se llama I wish it so y está dedicado a canciones de Bernstein, Blitzstein, Sondheim y Weill. Es un repertorio en el que está perfecta. Su voz ligerita se adecúa perfectamente tanto a las partes más impostadas como a las que son de musical puro y duro. Hace el Glitter And Be Gay de Candide más expresivo que yo haya escuchado, le mete una gracia tremenda a la saga de Jenny y hace auténticas preciosidades con las canciones de Sondheim, especialmente con What more do I need o Take me to the world.

I wish it so es un disco que todo el amante del musical clásico no se debería perder y que recomiendo también a quien opine que los cantantes de ópera no deberían meterse en estos berenjenales. Encandila, directamente.

El segundo disco es el dedicado a Rodgers y Hart. Aquí la Upshaw no está tan inspirada y hay canciones en las que se queda corta de expresividad. La baza entonces la juegan las irresistibles melodías de Hart, ante las que es imposible no rendirse.

No obstante, consigue unos resultados excelentes en Sing for your supper (divertidísima), It never entered my mind y I didn't know what time it was (con el permiso de doña Ella Fitzgerald, la número uno indiscutible en este repertorio para mí).

En fin, dos discos de los pocos que no tengo criando polvo en las estanterías y que dan cuenta del gusto de esta mujer cantando.

Y, como muestra, este vídeo (tres canciones):

Mira

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