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viernes, noviembre 16, 2012

Esta noche Programa Doble: Il prigioniero y Suor Angelica

 

Con la excusa de que los protagonistas de ambas óperas son víctimas de sendas dictaduras políticas (la web del Real dixit) y de un dogmatismo moral represivo, se nos ha metido en programa doble a Il Prigioniero, de Luigi Dallapiccola junto a Suor Angelica, de Giacomo Puccini.

Bueno, fifty fifty, porque si bien el prisionero lo es por motivos políticos (se le supone un sublevado flamenco frente a Felipe II) de represión moral tiene poco, y lo contrario la pobre monjita (¿qué dictadura política le afecta a la pobre que no sea la de su tiránica tía?).

El caso es que ambos personajes están atrapados, uno en una cárcel y la otra en un convento de clausura. Uno ansía la libertad y la otra sólo noticias, y para ambos ver un rayo de luz significa esperanza. Y, no es cuestión aquí de desvelar finales, pero chico, en la ópera ya sabes cómo son, casi todas acaban fatal, así que la esperanza, como decía la Principessa Turandot, delude sempre.



Una vistosa estructura giratoria troncocónica (una pantalla de lámpara, para entendernos) a base de barrotes y escaleras es el decorado común para ambas óperas. La verdad, da juego, evoca perfectamente la claustrofobia que sienten los personajes y da mucho juego.

Pero lo que realmente creo yo que ha conseguido conjuntar ambas óperas al margen de sus argumentos es la orquesta. Una fantástica, intensa y vibrante interpretación a cargo de la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por Ingo Metzmacher. Muy bien.


Il prigioniero es una obra dodecafónica facilita y asumible para oídos acostumbrados a música más convencional. Tiene mucho ñiñoñiñoñiñoñiiii... chaaaaaaan efectista. Para un clasicorro como yo no me pareció mal, la verdad.

Lo que sí que me pareció simplón y obvio fue el argumento: ¿De verdad algo tan anecdótico ha tenido que estar basado en dos obras  litearias distintas? Siempre lo digo: señores de los teatros, por favor, no dejen escribir los libretos a los mismos compositores, que Wagner sólo hubo uno. Y los demás se las dan de grandilocuentes y pasa lo que pasa.


Deborah Polaski, con la voz ya cascada pero con un saber decir y una presencia aún muy impactantes, cumple el papel de la madre del prisionero, que era Vito Priante, de bella voz baritonal, buena planta y actuación convincente. Dos sacerdotes, Gerardo López y David Rubiera, estuvieron más que bien en sus cortísimos papeles y sólo Donald Kaasch en el doble papel de Carcelero/Inquisidor (¿Felipe II?) estuvo más flojito. Con buenos detalles pero no me convenció.

En Suor Angelica ya nos dejamos llevar por el intenso melodismo pucciniano, nuevamente servido estupendamente por la orquesta.


Aquí la que me dejó un poco frío fue Veronika Dzhioeva en el papel principal. O la chica estaba reservándose optó por una interpretación introspectiva, pero le costó mucho meterse en el rol. Bella voz, sí, pero sin la profundidad dramática que requiere la Angelica.

Sólo empezó a emocionarme después del Senza mamma, y eso ya son los últimos minutos de la ópera. Eso sí, en La grazia e discesa dal cielo y en el final estuvo intensísima. El nivel de ese final de la ópera fue muy, pero que muy alto. Ovaciones.


Polaski aborda el papel de la Zia de una manera más parlada que cantada. Suple su desgaste con una prosodia y una actuación ejemplares. Su tía no es la clásica fría autoritaria ni la fanática religiosa que se nos ha presentado casi siempre: es una mujer resignada a que los designios de Dios sean los que rijan el mundo, y aunque ella sea la responsable de que la pobre Angelica esté allí encerraíca ha sido porque Dios lo ha querido así. Si has visto la película "Camino", me recordó mucho a la madre de la protagonista. Muy Opus todo.

El resto de las monjas, muy bien, yo destacaría a Auxiliadora Toledano y Marina Rodríguez-Cusí.

El coro masculino, algo vociferante en Il Prigioniero y para mí inaudible en Suor Angelica (creo que intervienen al final en los delirios de la prota, ¿no?), porque los colocaron en las jaulas del 5º piso y yo estaba sentado justo debajo de la jaula de enfrente, con lo que oía perfectamente el coro femenino y de voces blancas que me tapaban el otro.

Quien quiera una versión calixtobietizada del argumento de Suor Angelica, se puede pasar por aquí: clic.

Salí bastante contento con la velada. Me sentí muy "señora que va al teatro con abrigo de ramuské y se emociona con Puccini".


Luigi Dallapiccola
Il prigioniero
Giacomo Puccini
Suor Angelica



Teatro Real. Madrid. Jueves 15 de noviembre de 2012.
Ingo Metzmacher, Lluís Pasqual
Vito Priante, Veronika Dzhioeva, Deborah Polaski, Donald Kaasch, Auxiliadora Toledano, Marina Rodríguez-Cusí, Itxaro Mentxaka, María Luisa Corbacho, Gerardo López, David Rubiera, Maira Rodríguez, Rossella Cerioni, Anna Tobella, Sandra Ferrández, Maite Maruri, Legipsy Álvarez, Debora Abramowicz, Carolina Muñoz, Esther González.



lunes, febrero 11, 2008

La loca del hacha

Elektra, de Richard Strauss
Teatro del Liceo, Barcelona, 9 de febrero de 2008
Detalles (clic)






Bien, me gustó.

Y eso que el principio me dejó temblando: ¿Qué era eso? Primero un batiburrillo de sirvientas y después el monólogo de Elektra en plan íntimo, introspectivo, tanto por parte de la orquesta como de la soprano. ¿Me iba a tocar una Elektra light? Pero si las notas del "Agamemnon" son esenciales en esta ópera y pasaron casi sin pena ni gloria. Horror.

Vamos a ver, Elektra es la tía loca del hacha que está obsesionada por la venganza, no una mujer que coge un libro y se encierra en un rinconcito del teatro durante toda la ópera a tumbarse en un diván y leer.

Afortunadamente, la cosa cambió, y a mejor. En cuanto pasó el monólogo tanto la orquesta como Deborah Polaski se crecieron y ya dieron todo de sí. Ole por la señora Polaski, que matizó el personaje hasta poner la carne de gallina, desde el grito más rotundo hasta el piano más íntimo. Su encuentro con Orestes fue uno de esos momentos en los que uno dice que ha merecido la pena el viaje a Barcelona.

Y eso que la dirección escénica fue una patata. Totalmente anticlimática y entorpecedora. Y no sólo por la Elektra escondida. Amosavé: ¿Cómo es posible que Elektra y su madre estén de campo y playa tomando unos aperitivitos cuando en el texto se están diciendo las barbaridades que se dicen? O el final, con un cuadro muy impactante y muy plástico pero totalmente fuera de sitio y bastante incomprensible. De esos en los que hay que leerse todos los folletos para que nos enteremos de qué es lo que nos quiere decir el regista.

Yo soy amigo de las transgresiones escénicas en la ópera. Disfruto malévolamente con ellas (especialmente cuando los ortodoxos se tiran de los pelos y demás), pero necesito ver una coherencia dramática. Y aquí la verdad es que no había mucha. Cuando la Polaski va y se coloca el casquete modelo Mary Santpere ya me dije: "¡¡¡ a que la danza final va a ser un charlestón!!!"

Lo mejor en estos casos es desconectar y tratar de disfrutar de la música.

Ah, aviso: las butacas de la mitad derecha del teatro se perderán gran parte de la interpretación de la Polaski.


Los decorados y vestuario son una especie de mezcla entre cárcel y palacio decadente. Nada que llame la atención o no se haya visto ya en esta ópera. Salvo el diván de las narices, todo bastante bien.

La orquesta, pues como la Polaski. Tímida y con muy poca garra en la primera parte pero luego desbocada e intensa. Y sonó estupendamente.

Más voces: Anne-Marie Baclund fue una consistente Crisótemis. Era la sustituta de la sustituta y al principio se tuvo que pelear con el volumen de la orquesta, pero en cuanto se centró estuvo bastante maja ella.

Muy buenos Orestes y Egisto, de esos que los redichos dicen "un lujo para estos papeles". A las sirvientas es que ni las oí.

Y salió la Clitemnestra, que es un papel para mezzo pero se lo dan a las sopranos mayorcitas. Éva Marton hizo una reina muy reinona, menos histriónica que otras, como manteniendo las distancias y su estatus. Las dificultades vocales le vinieron por la parte grave del papel, pero fueron totalmente suplidas por su dominio expresivo y un fraseo y dicción que ya querrían muchas. Cuando salió a saludar le cayeron claveles, octavillas y ramos de flores. Y no te creas que dejó ninguno en el suelo, no no no no, que los recogió todos toditos, no fuera a ser que la Polaski ésa se agenciara alguno, vamos.

Noche de gran estreno en el Liceu pero sin poder lucir las galas porque en Elektra no hay entreacto. Aaaaaah, se siente, que lucirlas en la cola del guardarropa no es nada nada glamouroso.

Yo acabé poniéndome la tiara de los Romanoff pero acabé perdiéndola a lo largo de la noche, y es que hay discotecas en Barcelona en las que en cuantro entras se te cae todo de golpe.

Mira

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