lunes, abril 18, 2011

Cavalleria y Pagliacci: verismo, pero menos



Clásico programa doble en Barcelona, las óperas del Verismo, señores, la Cavalleria rusticana de Mascagni y los Pagliacci de Leoncavallo, pasen y vean.

Pues veamos.

Siempre lo he dicho: Cavalleria es una ópera que tiene que tener un equilibrio muy delicado para que salga bien: Ha de tener la suficiente pasión y tensión dramática para que nos creamos una historia rural de celos y venganza pero sin caer en la exageración. Pero es que si se queda corta puede resultar de una sosería infumable.

Y aquí nos hemos topado con dos "elementos" que han impedido que se logre ese equilibrio: el señor Callegari y la señora Cavani. Entre los dos han conseguido romper la unidad de Cavalleria y reducirla a una serie de números independientes entre sí.

Especialmente la orquesta, que si ahora toco deprisa, que si ahora despacio, que si ahora atronadora y sobre todo haciendo paradas "para el aplauso" tras cada fragmento. Era una sucesión de escenas cada una de su padre y de su madre. El intermezzo no es una pieza de disco de "música maravillosa para gente maravillosa a cargo de la orquesta de Ray Conniff", no. Tiene que reflejar la acumulación de tensión que va a estallar en unos momentos. Pues chico, aquí parecía que iba a salir en cualquier momento un cuerpo de baile como en las producciones made in José Luis Moreno.


Y si no teníamos poco con eso, la dirección de escena ha sido de lo más rancio que se puede echar uno a la cara y ha contribuido en mucho a esa sensación de números aislados con unos parones alucinantes. La conocía del vídeo del año 96 con Cura y la Meier pero no la recordaba tan aburrida. Convencional en los personajes principales pero impresentable en coro y figurantes. Todos entran de golpe, se colocan en semicírculo mirando al frente, se paran, cantan, terminan, se quedan unos segundos inmovilizados para que el público aplauda y se van (todos a la vez, por supuesto). Y luego los detalles repetidos: ¿cuántas veces salía una cabecita de entre cortinas para espiar lo que pasaba para desaparecer deprisa en cuanto uno de los protagonistas miraba? ¿Tres, cuatro, cinco? En fin. Decorado aceptable con cielo de fondo un poco cutre. Pese a estar ambientada en el siglo XX se puede considerar una producción de lo más clasicorra. Y definitivamente deplorable en cuanto a movimiento escénico.


Pues sí, los dos directores lastraron una Cavalleria que los cantantes intentaron salvar en lo posible. A Marcello Giordani ya lo he escuchado otras veces y sé de qué va: voz atrás, aburrida y mate, pero con agudos espectaculares. Pues no, esta vez ha estado muy homogéneo en todo el registro: claro, con intención y realmente brillante no sólo en los agudos. Muy, pero que muy bien como Turiddu. Ildiko Komlosi (ojo con las sopranos qué nombrecitos se gastan ahora) es una soprano de timbre agradable y voz potente. Cumplió como Santuzza pero le faltó garra. Santuzza es la catalizadora de toda la tragedia y aquí parecía más una víctima. Bien. Marco di Felice fraseó e interpretó bien pero con voz escasa de cuerpo abajo. Correcta, con gracia y con un timbre interesante la Lola de Ginger Costa-Jackson. Y Josephine Barstow tendría que haber dejado de cantar Mamma Lucias hace diez años. El coro, a grito pelao.

En una frase, que si no llega a ser por Marcello Giordani hubiera sido una función muy del montón. Yo la disfruté porque es una ópera que me encanta, pero mi querido TX, que estaba a mi lado, se aburrió y además le pareció "una bobada".

Media hora de descanso. Nunca más intentar cenar en ese intervalo. La culpa es mía, claro. Porque la ópera era la excusa, pero en realidad íbamos a hacer una visita a nuestros amigos de Barcelona. Y teníamos que quedar a las once de la noche ya cenados. Pensé que en los 30 minutos nos daría tiempo a tomar algo rápido, ¿y qué es el prototipo de lo rápido? Pues el horrendo McDonald's de enfrente del Liceo. Nunca más. Salimos corriendo, pedimos, engullimos cual ocas en granja de foiegras y volvimos corriendo al cuarto piso del Liceo. ¿Resultado? Olor insoportable a saborizante y una sensación de bolo alimenticio atascado en el esófago durante toda la noche. Horroroso. La próxima vez que nos esperen.

Payasos, de Leoncavallo.
Yo no sé que habrán pensado algunos con el título de la ópera, pero el sábado la zona de cuarto piso donde nos sentábamos estaba llena de niños. ¿De verdad sabían a dónde los llevaban? Dieron algo de guerra, pero más las mamás y papás intentando hacer que se callaran o dejaran de jugar con móviles y nintendos.

Con Payasos las cosas cambiaron a bien, menos mal.


Parece que la orquesta estaba más involucrada y como es una ópera que no tiene números tan independientes sí que se consiguió esa unidad que faltó en Cavalleria. Aún así, Callegari siguió emocionándose en demasía cuando había que tocar forte. Cavani también más contenida aunque con el mismo estatismo y los mismos recursos repetidos (anda que no hizo que mamás sacaran a niños del espectáculo cuando Canio se pone violento). El decorado, un intento de neorrealismo italiano años cincuenta, feo, cochambroso y de un vacío escénico tremendo. También terminó la ópera con una foto finish de todos paralizados. De función de fin de curso, vamos.


Los cantantes aquí estuvieron más modestos. Giordani acusó el esfuerzo de la Cavalleria y estaba menos cómodo en el papel. Aún así, nos obsequió un agudo interminable en su presentación y le dio sentimiento al Vesti la giubba. En el segundo acto la orquesta lo sobrepasó. Mejor de Turiddu que de Canio, pero aún así, muy buena noche de Giordani.

Ángeles Blancas ya sabemos cómo es: visceral y entregada, a veces en exceso. Solvente, no muy cómoda con el papel en la primera parte pero salvando los papeles, y mejor hacia el final. Bien.

Del Tonio, Vittorio Vitelli, mejor no hablar, con un prólogo inaudible. Correcto David Alegret como Beppe (el papel no da para más lucimiento que la serenata y también hay que hacer alguna auténtica barbaridad para cagarla).

Entre todos los elementos se puede decir que salió una función correcta y disfrutable (pese al Tonio y al emplasto de hamburguesa de pollo en el estómago, agh) y, desde luego, mucho más equilibrada que la Cavalleria.

Aún así, para un teatro de primer nivel como es el Liceu, la velada se quedó en un "bien" (y si no llega a ser por Giordani, no quiero ni imaginármela).

Ah, a la salida del Liceu se nos tiraron encima dos putas en la Rambla. Yo creía que eso ya no pasaba.


Pietro Mascagni
Cavalleria rusticana
Ildiko Komlosi, Marcello Giordani, Marco di Felice, Josephine Barstow, Ginger Costa-Jackson.
Ruggero Leoncavallo
Pagliacci
Marcello Giordani, Ángeles Blancas, Vittorio Vitelli, David Alegret
Liliana Cavani, Daniele Callegari
Gran Teatre del Liceu
Barcelona, sábado 16 de abril de 2011

martes, marzo 22, 2011

Werther en el Real: Cuarto y mitad de chirlas


Nunca entendí eso de que mi madre pidiera cuarto y mitad de chirlas en la pescadería cuando iba a hacer paella. ¿Qué medida es esa? ¿375 gramos?

Pues esa medida se me vino a la cabeza viendo el Werther de anoche en el Teatro Real de Madrid, porque prácticamente lo que se pudo disfrutar fueron los dos últimos actos, y como el último es cortito... pues eso, cuarto y mitad de ópera.


Pareció como si tanto orquesta como solistas se estuvieran reservando para la segunda parte de la ópera, porque la primera (los dos primeros actos) fue para dormirse, de un monocorde y un aburrido que daban ganas de marcharse en el descanso.

Vale que la ópera de Massenet va in crescendo y que el primer acto se hace pesadito con la presentación de personajes, los niños y el par Johann-Schmidt, pero en cuanto entra Werther en escena debería subir el voltaje de la función. Y esto aquí no ocurrió hasta el tercer acto.

Los dos últimos actos fueron de gran intensidad, con los intérpretes entregados , fluyó ese dramón romántico que es Werther y nos pudimos meter en la envolvente música de Massenet.


Giusepe Filianoti tiene una voz demasiado ligera para el papel, y Werther no es moco de pavo, es un rol inclemente. Filianoti hizo cosas bellísimas, fraseó de maravilla y consiguió ser elocuente sin pasarse en lo dramático, pero tuvo que luchar contra una orquesta que lo tapaba. Afortunadamente sacó todo de sí en el dúo con Charlotte y en el Pourquoi me réveiller (rapidísimo), llegando a componer una actuación más que digna.

A Sonia Ganassi le pasó tres cuartas de lo mismo. En los dos primeros actos no existió Charlotte, y las notas bajas le sonaban huecas. En la segunda parte ya sacó sus mejores bazas: unos agudos en forte que te dejan turulato, junto a sutilezas expresivas de alto nivel. Lástima que la ausencia de graves contundentes se cargara el efecto del aria de las lágrimas (preciosamente iniciada).


Charlotte está a merced de la voluntad de su familia y las convenciones sociales, uno de los personajes operísticos que más nervioso me ponen, porque se suele interpretar como una pava decimonónica que sufre y sufre pero no hace nada. O si la mezzo se desmanda, como una loca romántica totalmente fuera de sitio. La Ganassi, junto al director de escena, logra la perfecta conjunción: por una parte ella es toda una señora, con mucha pose y contención, pero cuando le hierve la sangre se desmelena como debe ser. Brava.

Albert fue un cumplidor Ángel Ódena, muy metido en su papel. Tanto que creo que se pasó de hieratismo.

La Sophie fue Auxiliadora Toledano (a esta chica habría que recomendarle que se pusiera un nombre artístico, comentaba divertida mi compañera de butaca, mientras su marido proponía en cambio que se cambiara el apellido a Toledana para que hubiera concordancia de género, cosas del público). Es de agradecer que no sea la habitual soubrette de voz de pajarillo con agudo estridente. Auxiliadora ofreció buenos agudos con un timbre interesante aunque de ahí para abajo tiene que ganar cuerpo en la voz.

A la orquesta le falta adecuarse un poco a las voces.


La puesta en escena tiene cosas que sí y cosas que no. Willy Decker tiene detalles de gran efecto dramático, como la mesa, la presencia de Albert en momentos clave o toda la escena de Charlotte y Sophie, frente a elementos particularmente flojos: el cuadro, los Schmidt-Johann siempre presentes, el infantilismo de Sophie o esos paseos de Werther por el escenario después de haberse pegado un tiro (Oh, cielos, he desvelado el final, perdonad por reventar el argumento).

Todo envuelto en un decorado de inspiración expresionista en el que la supuesta simplicidad y armonía de un decorado en dos niveles quedan rotas por elementos oblícuos y una diagonal que atraviesa el escenario desde el fondo hasta salirse por el foso de la orquesta con un gran contraste de color. Un poco Gabinete del Doctor Caligari más que la casa del Burgomaestre.

Cosas ya vistas: lo de los dos planos y las casitas del pueblo sonaban mucho a la Die Tote Stadt que pasó por aquí hace un año.


Por suerte decidimos quedarnos a la segunda mitad, la de las chirlas. Aplausos más que de cortesía y bravos para casi todos. Me imagino que siendo el estreno de este segundo reparto se irán puliendo aspectos y las cosas irán mejorando a lo largo de las funciones. Werther no estaba en Madrid desde el año 99, cuando Ramón Vargas consiguió esquivar la sombra de Kraus, y bien que merece la pena una revisión de este clásico.


Ah, en el primer reparto están José Bros y Sophie Koch.



Jules Massenet
Werther
Teatro Real de Madrid, lunes 21 de marzo de 2011
Giuseppe Filianoti, Sonia Ganassi, Angel Ódena, Auxiliadora Toledano, Jean-Philippe Lafont, Francisco Vas, Miguel Sola.
Emmanuel Villaume, Willy Decker.


Web del Teatro Real
Foro Unanocheenlaopera
El Werther de referencia
Otro gran Werther



martes, marzo 15, 2011

La temporada 2011 - 2012 del Teatro Real

De piedra me he quedado.
La verdad, uno esperaba cosas raras, pero ¿esto?


1. Elektra, de Strauss, con Christine Goerke/Deborah Polaski y Jane Henschel/Rosalind Plowright. Casi que me interesaba más el segundo reparto pero bueno, me toca el primero. Nada que objetar a una de las óperas más fascinantes que hay si no es porque será la tercera vez que se programa en los 15 años del Teatro Real. Dirige Bychkov.


2. Pelléas et Mélisande, de Debussy. Jamás la he escuchado en teatro. Un aliciente. Dirige Cambreling.


3. Lady Macbeth de Mtsensk, de Shostakovich. Gran ópera. También ya programada en el Real, aunque con ésta estoy más de acuerdo en que se repita.


4. Iolanta, de Tchaikovski + Perséphone, de Stravinski. Programa doble con dirección escénica de Sellars, muy apetecible. Oh, vaya, no me entra en abono. Hay que joderse. Intentaré pillar entrada suelta.


5. La clemenza di Tito, de Mozart. Ya podrían haber programado otro Mozart. La Clemenza me aburre soberanamente, el reparto no es nada espectacular y ya será la tercera vez que se represente en el Real.


6. C(h)oeurs. Un proyecto de ballet con música de Verdi y Wagner. Así, con dos cojones.


7. I due Figaro, de Mercadante, con Muti de director invitado. Obra bufa requetedesconocida. Yo tenía un amigo que decía que si había óperas que estaban olvidadas era por algo. Pinta de coñazo total.


8. The life and death of Irina Abramović. Espectáculo narrado por Willem Dafoe sobre una señora serbia que no tengo ni idea de quién era hasta hoy pero que por lo visto es muy famosa, con música de Antony (el de los Johnsons). Muy operístico, sísisisisí.


9. Cyrano de Bergerac, de Alfano, al servicio de Plácido Domingo y la Radvanovsky. Hombre, la primera mitad de la ópera es un rollete pero la segunda me gusta mucho, y la Sondra es la Sondra. Oh, vaya, tampoco entra en mi abono.


10. Poppea e Nerone, de Monteverdi orquestado por Boesmans. Dirige Cambreling y canta Nadja Michael. Nada que objetar salvo que la hemos tenido en este mismo teatro hace unos meses (sin orquestar por Boesmans, ya ves tú).


11. Ainadamar, de Osvaldo Golijov. Argentina, sobre García Lorca y la Xirgu. Dirección escénica de Sellars. Puede ser cualquier cosa.

En concierto La Finta Giardiniera de Mozart (con la Pendatchanska), Don Quichotte de Massenet (con la Antonacci y Furlanetto) y Rienzi de Wagner con la Kampe (que es la que me toca en el abono).


¿Qué? ¿Cómo te quedas?
¿Y te quejabas que la de este año era rara?

Vaticino bajas de abonados, y no por lo típico de que el abonado es rancio y conservador, sino porque tiene tela.

Oye, que lo mismo luego es una maravilla y salimos tarareando Ainadamar Lama Ay Dalai Dalai, bailando los c(h)orazones y performanceando como Piqué e Irbraimović. Pero qué quieres que te diga: así, sobre el papel, tiene una pinta tirando a chunga.

Los dibujitos, preciosos preciosos, vamos.
Dan ganas de volverse carca.

Toda la programación de la nueva temporada de ópera del Teatro Real de Madrid la puedes consultar aquí:
http://www.teatro-real.com/_catalogo/2011/
http://www.teatro-real.com/_catalogo/revista_150311/revista.pdf
Y aquí puedes ver cómo se tiran de los pelos:
Una noche en la ópera.

lunes, marzo 14, 2011

Madam Butterfly


¡Ya estás pegando el grito!
¡¡¡Se dice Madama, se dice Madama!!!

Pues no.
Que de lo que voy a escribir es de Madam Butterfly, espectáculo en el Royal Albert Hall de Londres, representación de la Madama de Puccini EN INGLÉS.

Para esta producción el patio del coliseo se convierte en un jardín acuático con una casita en el centro de tal manera que pueda ser vista desde todos lados. El sonido es amplificado y los cantantes se van paseando por todo el perímetro, para que se les vea.


Al principio se hace muy raro y el oído tarda en acostumbrarse. Si a eso le añadimos lo raro que resulta escuchar la ópera en inglés la cosa se hace un poco durita, pero en cuanto ajustan el sonido y te vas haciendo el oído, ya se vuelve un poquito más natural.

Ni que decir tiene que la dirección escénica y los decorados son totalmente convencionales y sin transgresión alguna.


Básicamente lo mismo se podría decir del nivel de cantantes: ella supongo que sería Mihoko Kinoshita, según la web, porque no dan información alguna a no ser que compres el programa (y no, de eso ni hablar). A falta de apreciar proyección y emisión por el tema de los micrófonos, es una voz lírica correcta y capaz de llegar a las notas (nos escatimó el sobreagudo de la entrada, pero es tan peligroso que hay veces que es mejor que no lo den a que la primera impresión de Cio Cio San sea chunga). Eso sí, de profundización dramática en el personaje, cero. La chica cantó y punto. Da un poco igual que cantara en inglés, porque no se le entendía ni palabra (salvo los "yes" y tal, claro).

El tenor fue Philip O'Brien, de estos que tienen el timbre agudo y chilloncete que se te mete en el oído. Pelín impetuoso de más.



La Suzuki, imagino que Nina Yoshida Nelsen, se recreaba en la pronunciación y ofreció unos buenos graves.

A la Kate Pinkerton le dieron una frase más de lo habitual y el Sharpless (Louis Otey, siempre según la web) mantuvo el tipo, sin entusiasmar.



El coro se situó en los arcos encima de las gradas para el coro a boca cerrada y el amanecer, lo que dio una sensación envolvente bastante curiosa.

La orquesta, lenta y muy como de cassette de "Música Maravillosa Para Gente Maravillosa". Con decir que de lo mejor que les salió fue el dúo de las flores... El intermedio entre el segundo y tercer actos, deplorable.

Vamos, que era todo como muy aséptico. Todo sonaba al mismo volumen, con corrección, con una puesta de lo más clásica y unos cantantes aceptables. En definitiva, muy "de musical".

Es algo a lo que no se me habría ocurrido ir, pero entre que era relativamente barato, que no teníamos intención de ir a ninguna otra velada musical y que teníamos ganas de conocer el Royal Albert Hall por dentro, nos animamos y sacamos la entrada.


El público pues te lo puedes imaginar: gente "vestida para la ópera" (siento la pedantez pero había mucho exceso de mal gusto que atacaba a la vista, o es que yo no me he hecho todavía al estilo ramploncillo inglés) y en la zona en la que estábamos mucho colegio. Por supuesto que hablando, comentando, sacando fotos, grabando con el móvil, comiendo y bebiendo en la butaca, poniéndose de pie, saliendo y entrando de la sala... Uno sabe que va a un espectáculo, no a la ópera.

A ver, no estuvo mal, llamémoslo "turismo experiencial".


Giacomo Puccini
Madam Butterfly (Madama Butterfly, cantanda en inglés)
Royal Albert Hall, Londres.
Viernes 11 de marzo de 2011.

lunes, marzo 07, 2011

Anne Boleyn Convention Bureau


Que tenía ya mono yo de Gran Teatre del Liceu, caramba, casi un año sin aparecerme por Barcelona, y qué mejor que la Anna Bolena de Donizetti, que es una ópera que nunca había visto en vivo.

Saqué entrada del segundo reparto por varias razones: fechas, precio y ya no sé si decir reparto, porque desde que compré las entradas en julio del año pasado hasta ahora creo que ha habido dos cambios de protagonista. Y la verdad, de lo único que me arrepiento de haber ido a este segundo reparto es de no haber escuchado a Elina Garança en vivo. Porque la verdad estuvo muy bien.


Maria Pia Piscitelli sabía lo que se traía entre manos y cuáles son puntos fuertes. Es una voz muy lírica, perfectamente ajustada al estilo belcantista, con fraseo delicado y atacando los agudos con seguridad. Se movió como pez en el agua como Bolena y además pegó tres o cuatro sobreagudos no gritados ni calados de los de dejarte asombrado. Concesión a la galería, sí, pero anda que no se disfrutan. Estupenda. Pero para acabar de enfervorizar un teatro tan grande como el Liceo le falta el toque "trompetero" en la proyección de la voz, más garra. Fue aplaudida, sí, pero menos de lo que se merecía. También hay que reconocer que entre el público asistente había muchos que habían ido "a ver a la Devia" o "a comparar con la Grube" y ya sabemos todos cómo somos los aficionados opereros, peores que los de los toros.

Gregory Kunde sí que tiene esos agudos trompeteros que hacer retumbar el teatro y te levantan de la silla. Olé con el señor, que ya tiene una edad, con su entrega y con los pepinazos que soltó durante toda la ópera. Cargó las tintas en la vehemencia del personaje, no es el colmo de la sutileza ni de la adecuación estilística, vamos, pero se agradece. Muy bien también.

Sonia Ganassi también se encuentra totalmente a gusto en el belcanto, lo disfruta y nos hace disfrutar, aparte de no necesitar exageraciones para ser expresiva. Estupenda arriba y abajo. Un gustazo.

Simón Orfila canta con un gusto excelente y se recrea en la pronunciación y el fraseo. Quedan, como siempre, esos cambios de color en el timbre que no sabes si es bajo, barítono o qué. Compuso un muy equilibrado Enrico.

Marina Rodríguez-Cusí se encuentra más cómoda cantando Smenton que en otras recientes ocasiones en el Real. Bien. Plazaola también apropiado como Hervey. La única voz que no me gustó fue la del Rochefort.

La orquesta acompañó, sin particular notoriedad, y el coro bien.

Se puede decir que la noche fue un éxito, sin llegar a enloquecer. Y el público salió escopetado. Vale que la Bolena es larguita y que en el segundo acto no hay nada de acción, pero tampoco es eso.


Otra cosa: Los Currutacas del Liceo. Siempre lo digo: en otros teatros se tose y se hace ruido, pero en el Liceo se habla mucho. Al lado tenía a dos señoras que no pararon de comentar los datos históricos. Al principio del segundo acto les pedí por favor que se moderaran, y siguieron hablando tan tranquilas, pero en voz más baja. Callaron un poco en los finales de acto, cuando se durmió una de ellas (y es que hora y media seguida de belcanto es mucho para algunos). Pero peor eran otros, un poco más allá, que dieron todo un recital de comentarios, toses, apertura de bolso, búsqueda de caramelito y todo el proceso siguiente hasta el "¿que ya estás mejor?" Delosnerves.


Ah, que no he puesto nada de la puesta en escena.
¿Cómo que no?
¿Y el título de esta entrada?

Coge unos paneles de madera, escaleras, unas cortinillas Bandalux, dos pantallas de vídeo, un proyector y ya tienes eso: un centro de convenciones: con sus paneles movibles para hacer más grandes o pequeños los salones, sus cabinas de control para que los seguratas miren las pantallas y el proyector para los Power Point. Y todo de baratillo, ¿eh?

Y, como es belcanto, hacemos que los cantantes se queden estáticos mientras cantan, que luego se quejan de que les hacen actuar.

Ah, sacaron perros (ideal para que mis adoradas currutacas hicieran los comentarios pertinentes de "qué macos" y tal) y un mini ballet. ¿WTF?

La cosa escénica fue de tal soplapollez que directamente la obvié. Fue como si hubiera sido una versión en concierto, sólo que de vez en cuando subían escaleras o se cambiaban de vestido (con un par de momentos "Letonia en Eurovisión" de quitar un vestido en escena para que debajo se vea otro). Lo único interesante, y desaprovechado, fue la presencia de los cuervos de la torre de Londres.



Los días 13 y 16 de marzo esta producción va a Lérida (aka Lleida) con casi el mismo elenco (Nancy Fabiola Herrera en vez de la Ganassi y no sé quién es el Percy). Oportunidad para quienes no hayan podido verla (aunque funciones ha habido de sobra, y el sábado se veían claros en el teatro).

El vídeo es del primer reparto, con la Gruberova y la Garança.



Gaetano Donizetti
Anna Bolena
Maria Pia Piscitelli, Gregory Kunde, Sonia Ganassi, Simón Orfila, Marina Rodríguez-Cusí, Joan Plazaola, Marc Pujol.
Andriy Yurkevych, Rafael Durán
Gran Teatro del Liceo, Barcelona, sábado 5 de marzo de 2011.


miércoles, febrero 23, 2011

La Página En Blanco: ññiuuu ñiii pompompom.


Gran estreno mundial. La Página En Blanco de Pilar Jurado en el Teatro Real de Madrid. Pánico. ¿Por qué? Porque ya sabemos cómo se las gasta la ópera contemporánea: recitativos/parlados, mucho grito, mucho ñññiuuuu ñiiiii y percusión por un tubo. Nada nuevo. Pero nada nuevo desde hace cuarenta años, no te vayas a creer. Qué razón tenía Julia Migenes cuando decía que la única música clásica contemporánea que aguantaba escuchar era la de las bandas sonoras del cine. Ay cuándo volverá la tonalidad, con lo bonita que era.

Pero, en fin, no seamos carcas, que luego nos saltan los defensores de aquella bochornosa Luna de José María Cano. ¿Y qué tal es La Página En Blanco de Pilar Jurado? Pues eso mismo: ñññiuuu ñiiii pompompompon con unos tlin tlin añadidos de piano, pero bastante más soportable y asequible a mi retrógrado oído que lo que me esperaba.

Musicalmente creo que tiene puntos de interés. Consigue crear y, lo que es más importante para mí, ilustrar bien las atmósferas que relata.

¿Y qué es lo que relata? ¿Cuál es el argumento de La Página En Blanco? Pues atención porque ¡es un thriller! así que si vas a ir algún día de los que faltan no sigas leyendo.


La ópera comienza con Ricardo, el compositor, que está creativamente bloqueado, tiene que componer una ópera y está bloqueado frente a la página en blanco que tiene delante. Recibe además la visita de la bruja de su exmujer que le amenaza con quedarse con todos sus bienes y los derechos de su obra.

Ricardo tiene ataques compulsivos durante los cuales consigue escribir. Pero está extrañado porque cada vez que escribe algo recibe un email en el que le llega exactamente lo mismo que él acaba de componer. Le cuenta el misterio a su amigo Xavi, una eminencia en cibernética, que se muestra emocionado con el tema y con las nuevas tecnologías. De hecho, parece que maneja a Ricardo con un mando a distancia. Xavi le convence de que use un nuevo robot cantante que acaban de inventar, que cantaría la ópera con absoluta perfección tal como Ricardo la conciba, aparte de la proyección y publicidad que generaría.

Ricardo está presionado por el director del teatro para terminar la ópera. Además, le ha sido impuesta una soprano, Aisha Djarou. Cuando soprano y compositor son presentados se establece química entre ellos. Aisha ejerce de musa inspiradora para la ópera de Ricardo.


Más tarde, en un oscuro y roñoso sótano, todos están pendientes de la evolución de la ópera de Ricardo, escondido por Xavi. Aisha manifiesta su preocupación al director del teatro porque la relación con Ricardo ha llegado al amor y se le está yendo de las manos. La exmujer de Ricardo llega con la prensa y amenaza a todos con que no habrá ópera sin su autorización.

En el segundo acto, Ricardo está maravillado con la participación del cantante robot y, gracias al amor de Aisha, ha logrado terminar la ópera.

En el sótano-laboratorio se descubre la realidad: Ricardo tuvo un accidente y estaba en coma irreversible. Xavi le introdujo un chip en el cerebro mediante el cual han conseguido "sacarle" la ópera al compositor. Lo que hemos visto hasta el momento ha sido sólo el mundo virtual presente en la mente de Ricardo. Todos están encantados con el resultado y el éxito, excepto la doctora Aisha (que no era soprano), que es la única que se lamenta de haber jugado con la vida y los sentimientos. Para evitar que siga existiendo como un despojo humano, Aisha desconecta a Ricardo de la máquina.

Finalmente todos aparecen maniatados en el laboratorio cantando la ópera de Ricardo, que va sobre el Apocalipsis. ¿O es un castigo por haber jugado a ser dioses? Ah, sólo Pilar Jurado lo sabe.


Maripili es lista, y ella es la compositora, libretista y protagonista. Incluso el apellido de la soprano es un anagrama del suyo. Sólo le ha faltado ser también la figurinista y la escenógrafa. y vamos, porque no podía dirigir la orquesta vía videoconferencia porque cantaba, que si no...

El problema es el mismo que cuando aquel insoportable Viaje de Simorgh: ¿por qué se empeñan los compositores en hacer ellos los libretos? O más bien, ¿por qué les dejan hacerlo? La historia de La Página En Blanco tiene una buena idea como punto de partida, pero se pierde. La estructura y la progresión dramática son malas de cojones. Y, como ya he dicho, Jurado se las ha apañado bien para acompañar música con argumento, así que cuando el argumento se convierte en algo infumable, la música también se resiente. Hay escenas absolutamente prescindibles, que no aportan nada y que aburren.



El principio de la ópera está bien y es atrayente, hasta la llegada del amigo, el empresario y la musa. A partir de ahí el primer acto se desploma y se convierte en un suplicio aburridísimo con un ligerísimo repunte al final.

¿Conclusión? Huída en desbandada del público en el entreacto. Lógico y normal.

El segundo acto sólo tiene salvables la introducción musical y el final. El resto es un despropósito monótono mal estructurado y anticlimático. Una pena, porque las ideas básicas están allí, pero no están nada bien plasmadas.


El texto es pueril y básico. Vamos, que lo podríamos haber escrito tú o yo. Y eso no me parece malo, porque acerca los diálogos a la vida real, pero claro, el nivel "literario" baja mucho mucho.

Creo que con haber controlado y atado más corto a Pilar Jurado, los resultados podrían haber sido hasta muy satisfactorios porque la materia prima era buena, pero la cosa le ha venido grande a ella sola, se le ha ido de las manos.

No me enrollo más. Puesta en escena muy descriptiva y además vistosa: muy buena. Cantantes también de nivel y coro llamativo (y algo estruendoso, pero supongo que son exigencias de la partitura). La orquesta me imagino que muy bien, porque a ver quién es el guapo que dice que han hecho mal un chirriuiiiichíííiii tlin pon pon.



Pilar Jurado.
La Página en Blanco.
Teatro Real de Madrid, martes 22 de febrero de 2011.
Otto Katzameier, Pilar Jurado, Nikolai Schukoff, Natascha Petrinsky, Hernán Iturralde, Andrew Watts, José Luis Sola.
Titus Engel, David Hermann




viernes, enero 21, 2011

Ifigenia en Táuride


Qué gustazo que después de tanto siglo XX se nos programe una ópera tan clásica.
Ifigenia en Táuride es una maravilla para los oídos. Escuchándola se da uno cuenta de verdad de eso tan leído de que Gluck es el reformador de la Ópera y el puente entre el Barroco y el Clasicismo. Sin tener ningún fragmento.... llamémoslo "tarareable", la música se mete en la cabeza y va fluyendo con una facilidad pasmosa, haciéndote partícipe del drama. No es una ópera que me pondría en casa para escuchar, pero en teatro se disfruta mucho.

Y encima anoche función sobresaliente, porque todos los elementos estaban a muy alto nivel.
Ovación para orquesta y coro, en su punto, sabiendo lo que tocaban/cantaban y haciéndolo a la perfección.


La producción es muy Carsen: espacio vacío y figurantes componiendo ellos los elementos de escenografía. Algo ya visto en los Diálogos de Carmelitas y que también recordaba a la Kabanova. Nada novedoso pero muy efectivo y yo diría que magistral, porque sólo con espadas, tiza, agua y juegos de luz y sombras consigue explicar perfectamente el argumento, con momentos que ponen los pelos de punta.

Porque vamos a ver las dos maneras de ver el argumento de Ifigenia en Táuride:

1) Ifigenia es una sacerdotisa que debe sacrificar a los dioses a todo extranjero que llegue a la isla de Táuride. Allí llega Orestes, su hermano, aunque no se reconocen. Cuando está a punto de hacer el sacrificio, descubren que son hermanos y la intercesión de Diana les permite huir y volver juntos a Micenas.

Ésta es básicamente la idea que nos pusieron en el Teatro de la Zarzuela hace unos quince años, con Diana Montague acojonada cantando encima de una torre de unos cuatro metros de altura en una producción muy estrambótica de beni Montresor para el Colón de Buenos Aires. El final con la diosa Diana en plan Estatua de la Libertad/Norma Duval con profusión de neones y chiribitas fue de traca.



y 2) Agamenón ha ofrecido en sacrificio a su hija Ifigenia para calmar a los dioses. A la vuelta a casa tras la guerra de Troya, es asesinado por su mujer Clitemnestra (de verduras) y su amante. Su otra hija, con un complejo de Electra que te cagas -cómo se llamaba... cómo se llamaba...-, clama venganza y hace que su hermano Orestes vengue a su padre, matando a madre y amante. Electra se vuelve loca y Orestes acaba atormentado y perseguido por las furias por parricida. Acaba como quien no quiere la cosa en Táuride, donde Ifigenia está de suma sacerdotisa porque Artemisa/Diana la salvó en última instancia pero nadie se había enterado. Ifigenia debe sacrificar a todo extranjero que aparezca por allí y claro, le toca cargarse a su hermano.

Esto es lo que nos cuenta Carsen: un dramón de padre y muy señor mío con una familia en la que los que no se han matado entre ellos están o locos o creyendo que los demás están muertos. El final feliz de la ópera no es tan happy ending como parece: los dioses lo arreglan todo y hala, a volver a Grecia tan panchos pero, ¿en qué estado y a qué precio? El momento final de la obra es sobrecogedor.


Pero claro, por mucha puesta en escena no hay ópera que funcione sin unos intérpretes de nivel. Y ayer estuvieron todos de miedo.

Maite Alberola (la Katiuska alienada) estuvo deliciosa de diosa Diana. Y además cantando desde fuera del escenario con un efecto sonoro muy llamativo.

Paul Groves salvó Pílades pese a algún problema de emisión. Totalmente dentro de estilo, se marcó un final de tercer acto impresionante.


Plácido Domingo, el día de su 70º cumpleaños, que se dice pronto, estuvo estupendo. Vale que no es un papel para tenor y que su estilo de canto no va para nada con el clasicismo, pero joder, para quitarse el sombrero. Y esta vez más porque normalmente Domingo adapta los papeles a su propio estilo de canto (véase el Tamerlano de Händel, donde Bajazet se moría de una manera la mar de verdiana) pero esta vez se ha adaptado él al papel. Y además sin chupar cámara ni robar protagonismo.


Porque la prota la prota la prota es Susan Graham.
Qué maravilla de señora.
Y mira que yo sólo la había escuchado en algún barroco y en el disco de canciones francesas y me esperaba a la típica mezzo de bonito timbre y mucho gusto pero poca voz. ¡Para nada!
Voz homogénea, con proyección, con técnica, bella, expresiva... vamos, todo.
y le daba igual cantar atrás del todo, contra la pared o en la boca del teatro, sin ningún problema para oírsela.
Supo transmitir perfectamente el patetismo de su personaje, sus dudas, sus anhelos. Brava.

Hacía tiempo que no veía lanzar flores al escenario. Vale, ya estaban previstas, pero esta vez, con toda la razón.

Que muy bien, que salí con la satisfacción de haber presenciado un peazo espectáculo.


Ah, obsérvese el quintocoñismo de la posición de mi butaca, y eso que es en la parte baja del Paraíso :-)


Gluck.
Iphigénie en Tauride.
Teatro Real de Madrid, jueves 20 de enero de 2011
Susan Graham, Plácido Domingo, Paul Groves, Maite Alberola, Franck Ferrari
Thomas Hengelbrock, Robert Carsen

Mira

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