viernes, julio 29, 2011

Tosca clasicota para cerrar temporada en Madrid.


Qué barbaridad, que no me da ni tiempo a comentar la Tosca del otro día con la que el Real cierra la temporada (fuera de abono).

Me llevé a mi sobri, que preguntaba si le iba a gustar más que Las Bodas de Fígaro, y yo le dije que creía que sí, más que nada porque esas bodas fueron de auténtico sopor.

Le estuve explicando un poco por encima el argumento, el contexto histórico y el musical, por centrarla un poco, y sobre todo para involucrarla un poco más en la ópera.

Y mira, salió una Tosca de lo más clásica en cuanto a resultados porque... ¿qué es lo que se espera de una Tosca? Pues que los protagonistas canten a base de bien y el Scarpia sea malo malísimo.



Fui a primer reparto, me hubiera gustado ir al segundo por la Radvanovsky, pero no soy tan freak como para comprar para los dos. Me sorprendió para bien la Urmana, y es que yo me esperaba su clásica interpretación de "aquí pego el grito pero como actriz soy igual que una columna de piedra". Avisaron de que sufría un proceso gripal. Pues mira, yo creo que precisamente por eso estuvo más delicada y expresiva que lo que es habitual en ella.

El timbre sigue siendo muy interesante, el volumen torrencial y sí, se le abren los agudos, pero ahora cuéntame tú a qué Tosca actual no se le acusa de que grita los agudos. Pero lo más importante es que es UNA TOSCA CON GRAVES. De las poquísimas a la que se les oye el momento de las lágrimas. Y en lo escénico estuvo más que correcta. Muy bien.

Marco Berti no es que sea una columna de piedra, es que es un canto rodao. Llega, pega el bocinazo que se oye a 10 km de distancia y se queda tan pancho. No le pidas más, y mejor que no lo haga, porque las dos veces que intento matizar y apianar se le estranguló la emisión y quedó rarísimo. Su Mario es turrón del duro: dulce pero te dejas los dientes si le intentas dar un bocado. Su interpretación... esto... ¿interpretar? ¿qué?


Al lado de estos dos auténticos chorros de voz, Lado Ataneli se queda corto, cortísimo. ¿Lo bueno? Que por fin es un Scarpia cantado y no "parlado". Cantado con intención y muy bien interpretado. Que uno ya está harto de que le pongan de Scarpias a barítonos famosos en el final de sus carreras. ¿Lo malo? Que quedaba totalmente tapado por sus compañeros y que los momentos "feroces" no le salieron.

Y también quedó totalmente tapado por la orquesta, cuyo director debió pensar que cuanto más pumba pumba más aplaude el público, y halaaaaa, dale que te pego al volumen. Suerte que la Tosca y el Mario podían con todo.

Bien los secundarios y correctito el coro, que no acabó de hacerse con el tiempo lento que la orquesta le dio al previo al Te Deum.


No me acordaba yo de esos decorados tan negros y horrendos made in Frigerio para la Tosca de Nuria Espert en el Real, y eso que es la tercera vez que veo la producción desde 2004. Vale, funcionan (y muy bien) en el primer acto, dan el pego en el segundo pero en el tercero, el de la trampilla, es de un feísmo que asusta. Sobre la tan "escandalosa" idea de hacer que Tosca le tire una copa de vino al Cristo después de matar a Scarpia (oh, cielos, he revelado la trama) pues vale, es una ocurrencia de la Espert que NO ESTÁ EN EL LIBRETTO, ¿pero a estas alturas nos vamos a quejar por eso y vamos a exigir que haga lo del crucifijo y las dos velitas? Que no es para tanto, joder.

El público. Si me quejo yo habitualmente de que me salgan los Gremlins en la zarzuela, al lado tenía a uno auténtico que se dedicó a tararear casi todos los temas conocidos así como murmurando. Tela.

Y detalle curioso: señor que se enfada mucho porque a otro le suena el teléfono móvil... EN EL CUARTO DE BAÑO DURANTE UN ENTREACTO. Y sí, se enfadaron mucho ambos y continuaron la discusión por los pasillos. Serían indignados de esos.


En definitiva, una Tosca más que disfrutable y dentro de los cánones. ¿Que se le pueden buscar fallos? Pues sí, todos los que quieras, pero yo procuro ir a la ópera a disfrutar y no a pasarlo mal ni a comparar con la versión pirata en vivo del año 52 que suena a huevos fritos con una cantante que no grabó nada comercialmente pero que es la mejor del mundo y blablabla, porque entonces son ganas de ir a encabronarse a la ópera, digo yo.

Ah, mi sobri encantada, y esta vez además no me obligó a hacerle la sesión fotográfica en los salones de la segunda planta para colgarla después en el tuenti.


Giacomo Puccini
Tosca
Teatro Real de Madrid, miércoles 27 de julio de 2011.
Violeta Urmana, Marco Berti, Lado Ataneli, Felipe Bou, Valeriano Lanchas, Carlo Bosi, Károly Szemerédy, Francisco Santiago, Ruth González.
Renato Palumbo, Nuria Espert


lunes, julio 18, 2011

Las de Caín, un delicioso divertimento retro.



¿Pero qué pasa en El Español que nos están poniendo toda la producción de Sorozábal? Ah, yo por mí encantado, ¿eh? Que en los últimos años me he visto Adiós a la Bohemia, Katiuska, La Eterna Canción, Black El Payaso... y ahora Las De Caín.

Las de Caín es de 1958, con música de Sorozábal padre e hijo, y ya no es TAN zarzuela sino que, como dice el programa con mucho acierto, es una comedia musical.


Cuidado.
El texto no es que esté anticuado, es que tanto argumento como chistes suenan totalmente a lo que son, sainete de los Álvarez Quintero de principios del siglo... pasado (es decir, humor trasnochadísimo con gracia cero). Y, sin embargo, el resultado es muy gracioso y divertido.
¿Y cómo se logra eso?
Pues poniendo mucho esmero, con una dirección escénica sobresaliente y unos actores/cantantes de primera línea.

Porque en estas Las De Caín está todo cuidadísimo, y eso se ve ya directamente en los "títulos de crédito":



Ángel Fernández Montesinos ha conseguido crear un delicioso divertimento retro, cuidando decorados (fantásticos y con un dinamismo nada chirriante), detalles, coreografía y, sobre todo, definiendo y trabajando cada personaje. Con ayuda de los actores, claro, que parece que se han preparado sus papeles como si cada uno de ellos fuera el protagonista principal. Hay personajes, como Marucha (Teresa Castal) o Brígida (Trinidad Iglesias) que, no siendo nada relevantes, están tan bien interpretados y tan llenos de detalles que se comen las escenas en las que salen.


No se puede decir de uno que desmerezca, y además han conseguido una combinación perfecta entre cantantes que actúan y actores que cantan, sin caer en el habitual suplicio que es escuchar los recitados de las zarzuelas.


Marisol Ayuso la verdad, cantar, pues canta poco, pero pone presencia, intención y sirve para que el público diga "aaaaah" cuando sale por primera vez, que para algo es "la mamá de Aída". Acompañándola, solvente como siempre, Luis Álvarez.

La pareja protagonista, Hevila Cardeña y Javier Galán. Muy bien vocalmente y solventando también las partes habladas lejos del envaramiento de los cantantes líricos.



De las chicas, ya digo, todas más que bien pero un punto, puntazo, para Teresa Castal, fantástica.

De los pretendientes, entonado Francisco Sánchez, y graciosísimos Israel Ruiz como Pepín y Ángel Ruiz (Quesquispás, Glorious, Betty Brown) como Marín.


Estupenda, repito, Trinidad Iglesias y correctos los criados, el sainetista y el guarda.

María Garralón está muy graciosa, pero su personaje se queda en poco.

Y luego está Paco Valladares. Qué hombre. Mira que era el típico tío que me reventaba porque sólo lo conocía de afectadísimos papeles de galán de teatro para televisión en los años de Maricastaña. Pues toma Valladares. Se come todo lo que se le ponga por delante y eclipsa a todos los que tiene alrededor. Da perfectamente el papel (que en manos de otro podría haber sido un aburrimiento). Cada gesto es una creación. ¿Sobreactuado? Pues sí, pero , ¿y qué? Mejor así. Es el figurón de la función, arrancó risas (de las de verdad) y fue el más aplaudido. Oye, y además sabe entonar al cantar. Muy bien.


La parte musical, aún siendo importante, no es lo que prima en esta obra. A ver, tiene sus partes inspiradas pero no es que sea un Sorozábal de primera línea. Recuerda mucho a otras zarzuelas del autor (bueno, de uno de los autores). Tenemos la habanera, el pasodoble marca de la casa, un chotis (estupendo), el vals, la clásica romanza de barítono (no muy allá), una romanza de soprano que suena mucho a cine musical americano, un dúo un poco hortera...



Y yo con lo que me quedaría, aparte de con el chotis, es con los números concertantes, en los que los Sorozábal consiguen que haya diez personajes cantando a la vez en una estructura de aparente ligereza. La única referencia discográfica que conozco es la grabación del propio autor para Hispavox con Teresa Tourné, Ana Higueras y Renato Cesari.


La orquesta fue llevada con ligereza y desenvoltura por Montserrat Font Marco, alejada de chimpunes y efectismos, y permitiendo que las voces se oyeran y, lo que es más importante, se entendieran.

Estuvimos en palco de tercer piso por 13 euros en un teatro que no es muy grande, hay entradas más baratas y encima días con descuento. Y, como dijo mi tx, mucho mejor esto que ver las franquicias asépticas y con micrófono de los musicales de la Gran Vía.



No es que se salga emocionado y cantando a voz en grito como cuando sales del Trovatore, no, pero el caso es que una velada muy agradable (aunque la obra al final se haga un poco larga, dos horas y diez sin descansos y con un argumento que no da mucho de sí) y queda como un delicioso divertimento retro.


Las de Caín
Pablo Sorozábal (padre e hijo)
Teatro Español, Madrid.
Jueves, 14 de julio de 2011.
Marisol Ayuso, Luis Álvarez, Francisco Valladares, María Garralón, Hevila Cardeña, Javier Galán, Raquel Esteve, Francisco J. Sánchez, Noemi Mazoy, Israel Ruiz, Teresa Castal, Ángel Ruiz, Ruth Terán, Trinidad Iglesias, Manuel Aguilar, Alejandro Navamuel, Alexandro Valeiras, Óscar Hernández
Ángel Fernández Montesinos, Montserrat Font Marco

Detalles de las proyecciones en el prólogo y entreactos:


jueves, julio 14, 2011

San Francisco de Asís en el Madrid Arena: Desmesura


Bueno, pues ya fui a la campanada de la primera temporada Mortier en el Real: El San Francisco de Asís de Messiaen, en el Madrid Arena, y sólo se me ocurre una palabra: desmesura.

Desmesura en la duración de la obra.
Desmesura en la duración de la representación, con un intermedio de UNA hora.
Desmesura en el recinto donde se ha representado, con la famosa cúpula gigantesca.


No sé, lo de ir hasta la Casa de Campo, entrar a las seis de la tarde y salir a las doce de la noche me parece un exceso. Por mucho que hayan querido hacer de estas representaciones una especie de Festival de Verano tipo Bayreuth o Glyndebourne, donde se puede cenar en medio de la ópera. No sé, nunca he ido a esos sitios, ¿se puede? Además, lo de la cena es que te corta todo el rollo de la continuidad de la ópera, vamos digo yo.



Lo bueno, el tiempo tan fantástico que hizo ayer, veraniego pero con viento, no hacía mucho calor. Y la gran mayoría (de los que no se fueron) corrió a la máquina de cocacolas del pabellón de enfrente y se había traído su bocata de casa, convirtiendo los exteriores del Madrid Arena en un improvisado picnic cultureta.

Sorprendente el Madrid Arena. Yo que iba ya decidido a quitarme la camiseta cuando me acordé de que no iba al Infinita, que este año lo hicieron en la Caja Mágica, sino a la ópera. Sorprendente por la buena acústica que tuvo. Y mira que los pabellones deportivos son criminales para la música. Pues no. No sé si fue la cúpula que hacía de barrera trasera, las pantallitas que colgaban de estructuras en el techo o qué, el caso es que oírse, se oía de maravilla.


También hay que reconocer que la orquesta, dirigida por Sylvain Cambreling y traida desde Baden-Baden, estuvo TREMENDA. Y los solistas muy a la altura. Alejandro Marco-Buhrmester cumplió perfectamente con el papel del santo y Camila Tilling estuvo brillantísima como el ángel. Los coros (dos, por disposición de dios) también fabulosos, aunque me perdí el coro final, que casi todo el mundo que ha aguantado ha dicho que era lo mejor de la función.


La escenografía consistía en unas pasarelas por las que los personajes pululaban, una jaula y un gigantesco secador de pelo... digo... una cúpula.


La cúpula es bastante alucinante: 22 toneladas de peso (aunque no la pesé), 13 metros de diámetro, 14 metros de fondo, y cientos de fluorescentes que la hacían cambiar de color. Pero ya está. ¡¡¡Yo creía que se movía!!! Pues no. Es muy sorprendente pero la sorpresa se pasa al cuarto de hora. Tiene un rollo así industrial de estación de tren siglo XIX y sí, los efectos de color eran muy plásticos. Me pareció bien la escenografía. No es una ópera que necesite más, y hacer unos decorados realistas puede quedar entre cursi y cutre. Es una puesta en escena muy estática, eso sí.


Pero es que coñe con la ópera, anda que no es estática. Lo del libreto es de juzgado de guardia, como cada vez que los propios compositores son los que los escriben. ¿Es que Messiaen no ha oído hablar de la palabra contención? Vale, son escenas de la vida de San Francisco y todos esperamos ver lo del hermano Sol y hermana Luna pero... ¿hace falta que el tipo se tire UNA HORA de reloj hablando de pajaritos?

Si lo unimos a una música que es interesante, suena bien, no es difícil... pero PARECE TODA IGUAL, la cosa se pone muy cuesta arriba.

Como dijo un amigo que aguantó como un jabato hasta el final: es una ópera para sacarse una entrada barata y luego ir a cualquiera de los tres actos, preferiblemente a los últimos debido a las deserciones y así poder cambiarse a una butaca más cara.

Y es que el segundo acto, el de los pajaritos, de dos horas de duración, se hace eterno.
Coño, que se veía entre el público a gente leyendo, jugando con los móviles... ¡¡¡si hasta yo estuve chateando con uno del coro!!!



A las diez se me planteó la opción de llegar a casa a las 22:30 o esperar una hora de descanso, otra hora de música y llegar a casa a las 00:30 aprox.

Fui un burgués acomodaticio y culturalmente retrógrado e inmovilista: no aguanté y me fui a casa en el segundo entreacto, al igual que cientos de personas más.

Me dio rabia perderme el famoso coro final pero mira, quizás si el segundo intermedio hubiera tenido una duración aceptable sí. Pero como no, no estaba yo anoche para tantas gaitas y me largué.


Olivier Messiaen
Saint François d'Assise
Madrid Arena (Teatro Real de Madrid), miércoles 13 de julio de 2011
Alejandro Marco-Buhrmester, Camila Tilling, Michael König, Wiard Witholt, Tom Randle, Gerhard Siegel, Victor von Halem, Vladimir Kapshuk
Sylvain Cambreling, Ilya & Emilia Kabakov, Giuseppe Frigeni



Enlace:
Un análisis en Un chorro de luz

jueves, junio 16, 2011

Sopor de bodas


Menuda castaña de Bodas de Fígaro en el Teatro Real.
Qué sopor, qué aburrimiento, qué ganas de salir del teatro.
Y qué rabia da que la misma producción que hace dos años me gustó mucho (clic), anoche se convirtiera en una pesadez que se me hizo eterna.



Víctor Pablo Pérez es un plomo. Lo siento pero es verdad. Me lo habían advertido y no lo creí. Y toma. Vamos, que siendo López Cobos como es de contenido para Mozart, era la alegría de la huerta comparada con este señor. No es la lentitud, que lo fue, y mucho, sino la monotonía.

Una cosa es entender el clasicismo y otra que absolutamente todos los números de la ópera sonaran igual, IDÉNTICOS, sin un matiz. Qué desesperación.

Si a esto le añadimos un reparto de voces chiquitinas tirando a sositas y un problema técnico que obligó a interrumpir la representación durante un cuarto de hora, tenemos el resultado: entrar en el teatro antes de las siete y salir casi a las once con ganas de no volver más.


Poco pudo hacer esta vez Sagi con su dirección de escena animada y detallista. Y con ese manejo fantástico de la luz. Respecto a hace un par de años yo creo que el molestísimo ruido del chorrito de la fuente del cuarto acto estaba un poco más atenuado. Aún así, la puesta, lo mejor de la función.

Sobre el reparto hay que decir una cosa en primer lugar y es que

NATHAN GUNN NO SE QUITA LA CAMISA EN NINGÚN MOMENTO.


Señores, esto es un escándalo. ¡Para una vez que lo traen!
¡Tirón de orejas a Sagi y a Curro!
Gunn compitió con su mujer, la señora Annette Dasch, a ver quién era más soso y con menos voz, y ganó. Un conde anodino y nada implicado. Francamente, no es un cantante a tener en cuenta para nada, e interpretativamente igual que un trozo de corcho blanco. La condesa, igual de inane en lo actoral, por lo menos se implicó en sus dos arias e hizo algunas cosas muy bonitas para pasar el trámite.


Aleksandra Kurzak estuvo un peldaño más arriba que sus amos como Susanna. Inexistente durante los dos primeros actos, estuvo más correcta (y audible) en la segunda parte. Pero vamos, ninguna maravilla.


Los más interesantes de los protagonistas fueron Alessandra Marianelli de Cherubino y Pietro Spagnoli de Figaro, que se movieron en un buen nivel.

Los secundarios se comieron con patatas a los principales. Hasta la Barbarina y el Antonio, fíjate. Giménez y Chausson sacaron eso que se llama proyección de voz y con toda su edad les dieron mil vueltas a los demás. Y mira que a mí Chausson me suele poner nervioso porque exagera muchísimo, pero ayer era una gozada cuando salía. Jeannette Fischer no estuvo tan bien como hace un par de años (parece ser que ha sufrido alguna afección) pero aún así fue una más que buena Marcellina.


En fin, que unas Bodas de Fígaro para rellenar hueco en el calendario, básicamente.

Llevé a la mayor de mis múltiples sobrinas a la ópera. Y le gustó mucho.
Aunque lo que más le gustó fue sacarse fotos en los salones del Teatro Real.
Es lo que tiene tener 17 años.



Mozart. Le Nozze di Figaro.
Nathan Gunn, Annette Dasch, Aleksandra Kurzak, Pietro Spagnoli, Alessandra Marianelli, Jeannette Fischer, Carlos Chausson, Raúl Giménez, Enrique Viana, María Virgina Savastano, Miguel Sola.
Víctor Pablo Pérez, Emilio Sagi.
Madrid, Teatro Real, miércoles 15 de junio de 2011.

jueves, mayo 26, 2011

Parodia de Cecila Bartoli

Kimchilia Bartoli, hombre mezzosoprano dramática de coloratura, cantando "Agitata da due venti" de la Griselda de Antonio Vivaldi... "a la manera de Cecilia Bartoli".

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BRUTAL.

Gracias, Otto.

Ah, la original:

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jueves, mayo 05, 2011

El Rey Roger en el Teatro Real de Madrid


Overbooking lírico el pasado finde. Si el sábado era la Luisa, el viernes me tocaba el Król Roger de Karol Szymanowski en el Teatro Real.
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Ya comenté esta ópera cuando la vi en Barcelona hace un par de años (clic), así que me voy a hacer un AnaRosa copiar y pegar de lo que escribí entonces sobre esta ópera modificando algunas cosillas:

Król Roger es una ópera rara. No es que sea de esas imposibles de digerir, pero hay que estar pendiente, receptivo e intentar meterse dentro de la ópera para disfrutarla. Con todo lo pedante que es la palabra no hay otra que mejor defina la música del rey Roger: cromatismo.

Mil colores son los que hay en una partitura que juega con el orientalismo, que oscila entre lo tonal y lo atonal, que trae reminiscencias de Ravel, de Debussy, de Richard Strauss, y que tiene una instrumentación riquísima. Rara como ella sola, pero bella, bellísima música. Hay una grabación de Simon Rattle para EMI de hace 12 años que es una maravilla.

El trabajo de la orquesta tiene que ser conseguir envolver al público en la ópera, para que una vez dentro pueda olvidarse de las absurdas ínfulas del libretto.

Porque vamos, uno sale con la sensación de "no sé qué narices me quieren transmitir, pero me da lo mismo". Es el enfrentamiento entre la razón y la tentación, el cristianismo y el paganismo, la templanza y el hedonismo... todo machacadito con mucha tensión sexual.

Si todo esto lo aderezamos con una puesta en escena de Warlikowski decididamente dispuesta a epatar y hacerlo todo incomprensible ya tenemos el pollo formado. La verdad es que es muy de agradecer el que la puesta sea llamativa, porque lo hace todo más entretenido.


Nada más empezar se proyectan unas imágenes de Teorema de Pasolini y de Flesh, la peli de Paul Morrissey para la Factory de Warhol, con Joe Dallessandro desnudo. Gran escándalo (la peli es de 1968, ya ha habido tiempo para escandalizarse de ella, ya). Luego aparecen el rey Roger (pronúnciese róguer, no róyer), Marius Kwiecien, luciendo pectoralia.com y Roxana, que se desvisten y se visten y ya empieza el coloque. Pero bueno, casi mejor que lo veas tú mismo:
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(Son imágenes de la misma producción en París. En Madrid el pastor en vez de parecer un recogechatarra es un cruce entre Alice Cooper y Mario Vaquerizo, los otros dos protagonistas son los mismos)

¿Escandaloso? ¿Polémico? ¿Alusiones a la homosexualidad? ¿Fiesta fiesta, pluma pluma gay? Pues mira, qué quieres que te diga. Tampoco veo yo mucho escándalo pero sí una serie de boutades, que culminan con la aparición de los Mickey Mouse del final. ¿Qué conclusiones se pueden sacar? Básicamente yo diría que es una comida de tarro mental del director de escena y que por la estructura cíclica (termina igual que empieza) todo tiende a ser un delirio del rey Roger producido por las drogas.


Muy buen nivel artístico a todos los niveles: Excelente Olga Pasychnik como la reina, solvente Stefan Margita como Edrisi y mucho mejor Will Hartmann como pastor que en las funciones de Barcelona. Kwiecien está que se sale en el rol principal, un gustazo. Más que bien el coro. Y la orquesta, dirigida por Paul Daniel, consiguió exprimir todo el jugo a la partitura.

Abucheos nada más terminar la obra dirigidos a la puesta y gran éxito a nivel de aplausos para cantantes, coro y orquesta, aunque breves, y es que estarte hora y media sentadito en las comodísimas butacas del Real aguantando ocurrencias cansa y en cuanto cae el telón salta el resorte del culo.



Enlaces:
Análisis y argumento de la ópera
Dossier de Krol Roger
Web del Teatro
Blog De mis pasos en la tierra
Foro Una noche en la Ópera


Karol Szymanowski
Król Roger (El Rey Roger)
Kwiecien, Pasichnyk, Hartmann, Margita, Smilek, Rappé.
Paul Daniel, Krzysztof Warlikowski
Teatro Real de Madrid, viernes 29 de abril de 2011

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martes, mayo 03, 2011

Cuánto tiempo sin verte, Luisa Fernanda


Bueeeeno, cinco años desde que la pusieron en el Teatro Real, ¿no?

Vamos a ver, señores, zarzueleros o no, Luisa Fernanda es una obra cumbre del género lírico, con una música inspiradísima que hay que conocer, que se queda en la memoria, que emociona, que mezcla lo popular sin ser una chabacanda y que encima tiene un libreto más que aceptable.

Y es que la primera triunfadora de la noche es la propia "comedia lírica", que es una maravilla. El sábado nos pusimos chalequeros y pantaloneros y nos plantamos en el Teatro de la Zarzuela a disfrutar, a pesar de las tibias críticas leídas o de los comentarios catastrofistas de los de siempre.


Pues nos gustó, y mucho.
Lo que más ha dado que hablar es la producción. Para abaratar costes, se trata de paneles de led en los que se proyectan las imágenes que forman los decorados. Son como los telones pintados de toda la vida, sólo que con los paneles puede haber movimiento. Bueno, hay que reconocer que cuando se trata de los decorados de la calle son feos tirando a muy feos, por esquemáticos y esbozados, pero en los cuadros de la romería y el final me resultaron bastante apañados y los movimientos lograron efectos muy bonitos.
Ahora, es un decorado para ver desde la parte de atrás del teatro, porque en patio de butacas se ven demasiado los leds. Nosotros estábamos en segundo piso, que creo que es donde mejor se veía.


El elenco también ha sido muy discutido. Porque para poner una Luisa hacen falta cuatro intérpretes de categoría. Yo compré las entradas sin saber cuál de los tres repartos me iba a tocar, y me ha tocado el principal.

Vamos a ver, Luisa Fernanda es un papel la mar de ingrato. Vocalmente no es tan lucido como el de sus compañeros y dramáticamente es un papel bastante angustioso: la chica se tira toda la zarzuela sufriendo a más no poder y en momentos resulta antipática. Lo habitual es que la soprano que la interpreta se dedique a poner carita de pena durante toda la obra. Aquí han optado porque al Luisa esté todo el rato de los nervios, moviéndose de un lado a otro como al borde de un ataque de ansiedad, muy sobreactuada. Y, francamente, cansa un poco, sobre todo si la soprano es chilena y su dicción queda extraña. A Cristina Gallardo-Domâs el papel le viene grave y desde luego su voz no es la de antes o aún no está recuperada después del parón por enfermedad que tuvo hace un año. Sólo se mostró cómoda en el dúo final con Javier, y eso sí, lo hizo precioso.


El Javier fue José Manuel Zapata. Potente y entregado, pelín titubeante al principio pero solventando la parte sin problema, y eso que es un rol que se las trae. Tampoco es que el hombre sea el prototipo de galán que uno espera pero vamos, yo no he visto el desastre vocal que muchos han proclamado por ahí.

Para acompañarlo, la perversa duquesa era María Rey-Joly. Pánico al escuchar su primera frase: una voz demasiado pesada. Carolina tiene que ser una soprano ligera pero con cuerpo para no parecer un canario. O una lírica con el agudo fácil. Muchas de las grabaciones de esta zarzuela cojean por culpa de la duquesa. Afortunadamente fue sólo esa primera frase. Oscilación y vibrato en el agudo, sí, pero manteniendo el tipo perfectamente. Y la única del cuarteto principal que interpretaba durante los cantables.

El protagonista absoluto fue el Vidal de Juan Jesús Rodríguez. Francamente es una gozada escuchar una voz de barítono tan plena, bien colocada y sin problemas arriba o abajo. Tosco y siempre en forte, sí, pero francamente disfrutable. Su final fue de los de poner los pelos de punta.


Muy apropiada la Mariana de Amelia Font y el Aníbal de Julián Ortega, con los excesos cómicos de costumbre en el papel. Muy bien el Nogales y discretita, por ser amable, la Rosita. La orquesta, con mucho brío y tiempos bastante rápidos, bien. Sin procuparse de decibelios porque los cuatro protagonistas si es algo que no tienen es problema para superar la orquesta. Muy bien el coro, matizado y sin necesidad de cantar a grito pelado, la verdad es que se lucieron.

En definitiva, una puesta, con todas las modernidades técnicas que se quieran, muy clásica, con más que buen nivel general. Y una zarzuela recomendable a todos los que tengan prejuicios contra el género.

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¡Huy! ¡Se me olvidaban! ¡¡¡Los Gremlins!!!
Pues claro, en una obra tan conocida eran de esperar.
Porque... ¿quién es capaz de mantenerse callado cuando te suenan el soldadito, el apacible rincón de Madrid, el caballero del alto plumero, la montaraza de mis montes, el yo soy un caballero español - yo no soy extranjeeera, el cuánto tiempo sin verte, el por el amor de una mujer, el Luisa Fernanda cariño mío o la morena clara? ¡Es que todos los números son clásicos del género!
La primera en arrancarse fue una señora en el lateral derecho con la habanera del soldadito, inmediatamente chistada por sus vecinos.
Después fue un señor a mi izquierda el que murmuró el apacible rincón, pero se contuvo. Sorprendentemente, el público estuvo muy comedido (caramelitos aparte) durante el resto de la obra, pero ya al final los Gremlins no pudieron más y estallaron con el "Ay mi morena, morena clara".
Mi tx y yo, una vez más, éramos los más jóvenes del 2º piso, salvo un par de parejitas (y ninguno de los dos cumplimos ya los cuarenta, lo que me hace pensar si no hace falta una política de acercamiento del género a públicos más jóvenes, aunque sea con métodos salvajes tipo Mortier) y estoy convencido de que aquí a unos añitos pasaré a formar parte del grueso de la pandilla de Gremlins de sienes plateadas que corean las romanzas de zarzuela.

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Federico Moreno Torroba
Luisa Fernanda
Cristina Gallardo-Domâs, María Rey-Joly, Juan Jesús Rodríguez, José Manuel Zapata; Javier Alonso, Amelia Font, Xavier Ribera-Vall, Julián Ortega, Lucía Escribano.
Óliver Díaz, Luis Olmos.
Teatro de la Zarzuela.
Madrid, sábado 30 de abril de 2011.

Mira

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