viernes, septiembre 28, 2007

Zitronella di Ravello (2)

Zitronella di Ravello, ópera belcantista en tres actos.

ARGUMENTO:
(Para conocer la historia de esta ópera y su autor, no olvide pinchar en este enlace)

La acción transcurre en la costa amalfitana, en 1343.

Primer acto: Plaza del mercado de Amalfi, con el puerto al fondo.


Obertura. A la plaza llegan las vendedoras de limones de Ravello, cada una con su canasto, cansadas después de bajar desde lo alto de la montaña. Los hombres del lugar las piropean y preguntan por la joven Zitronella, la más popular del pueblo. Aparece Zitronella con su cestita de limones, dejándose agasajar por las adulaciones de los hombres y siendo criticada por las mujeres por su casquivanería.

Tocan las campanas de la catedral y las gentes se dispersan. Zitronella se acerca con su canastita de limones a la licorería del viejo Amaro, en busca de su hijo, Peppino.

Peppino Amaro, inocente e ingenuo, cree que Zitronella viene a venderle frutos para elaborar el limoncello que vende su padre, pero Zitronella ha puesto sus ojos en el joven con otras intenciones. Cuando Zitronella está a punto de abrazar a Peppino aparece el viejo Amaro, que no quiere ver a su hijo con esa campesina. Peppino se esconde en la licorería y Zitronella corre riendo hacia la catedral.

En su huida, Zitronella se cruza con Aldo di Sorrento, prestamista que viene a cobrar al viejo Amaro y que mira con deseo a la joven. Los dos viejos discuten y Aldo amenaza a Amaro con quitarle todo lo que tiene si no salda su deuda. Amaro se ríe y le contesta que todo el negocio está a nombre de su hijo Peppino y él no tiene nada, así que nada le podrá quitar.


Cuando los viejos desaparecen, sale Peppino que divaga sobre los sentimientos desconocidos que Zitronella le provoca. La joven, escondida, escucha el final del canto de Peppino y, conmovida, corre hacia él a declararle amor verdadero.

Mientras se abrazan, un griterío tremendo llega del puerto: Hay una barcaza a la deriva a la que le cuesta llegar a puerto. Peppino corre al fondo a ayudar a los hombres y se lanza al mar con una soga. Zitronella queda expectante. Al poco tiempo un grito de júbilo revela que Peppino ha logrado gobernar la barca. Las gentes vuelven a la plaza. Aparece Peppino llevando en brazos a una mujer extrañamente vestida. Peppino la deja en el suelo e intenta acercarse a Zitronella, pero la mujer se aferra a su cuello y cuenta su historia. Es Clementina de Alicante, una rica heredera y está perdida desde hace días en la mar. Zitronella se disgusta al ver a la mujer tan agarrada a Peppino, que no puede deshacerse de ella. Aldo di Sorrento se acerca y mira con intensidad. El viejo Amaro sospecha del interés de Aldo por la desconocida extranjera. Cuando Clementina reconoce a Aldo di Sorrento, se desmaya en brazos de Peppino, y una naranja que llevaba en la mano cae rodando hasta los pies de Zitronella.



Acto Segundo: Licorería del viejo Amaro, en Amalfi.

El viejo Amaro está vendiendo sus botellas de limoncello cuando entra Zitronella preguntando por Peppino, a quien hace tiempo que no ve por la plaza. El viejo Amaro le dice que deje en paz a su hijo y que se olvide de él, porque ahora está enamorado de la bella española. Zitronella monta en cólera y se va acelerada mientras las envidiosas del pueblo comentan. Sale Peppino y recrimina a su padre el que haya echado a Zitronella. Ella es su verdadero amor y es falso que quiera a Clementina. El viejo Amaro pone en duda la decencia y la virtud de Zitronella dados sus antecedentes. Peppino, desorientado y confuso, se encierra en sus habitaciones. Su padre lo sigue.

Entra Clementina en la licorería buscando a Peppino, entonando cánticos de amor. Al ver que no hay nadie, cesa los cánticos y cambia totalmente de actitud. Con una seña, hace entrar al prestamista Aldo di Sorrento. Clementina le dice que tiene que ayudarla a conseguir a Peppino. Si consigue casarse con él, ella disfrutará de la fortuna de Peppino y promete a Aldo que cobrará su deuda. A cambio, el sorrentino no revelará la verdadera identidad de Clementina, su pasado como mendiga en Sorrento ni cómo robó a una extranjera su traje de bellea del foc y se hizo pasar por ella. Clementina apaga una a una todas las velas de la licorería dejando sólo una encendida.


Es tarde y las gentes de Amalfi salen de misa y se van recogiendo. Zitronella entra en la licorería buscando de nuevo a Peppino, ansiosa. En ese momento, una mano desconocida apaga la última vela. Gran escándalo, jaleo y ruido. Entra Clementina portando luz y va encendiendo poco a poco todas las velas de la licorería.

En la licorería se encuentran el viejo Amaro, Peppino, Clementina y Zitronella, medio desnuda y abrazada al prestamista de Sorrento. Al ruido del griterío varios paisanos han acudido a ver qué ocurre. Acusan a Zitronella de impúdica. Peppino se desespera. El viejo Amaro lo consuela. Zitronella explica desconsolada que alguien se ha intentado aprovechar de ella. Clementina se tapa los ojos de vergüenza mientras hace una seña a Aldo di Sorrento. El viejo Amaro expulsa a Zitronella de la casa y le prohíbe que vuelva a aparecer u ose volver a ver a su hijo. Los paisanos asienten y piden que se expulse a la indecente mujer de Amalfi y que se vuelva a su pueblo, Ravello, y no vuelva a salir de allí nunca. Clementina se acerca a Peppino y pone la cabeza del joven en su pecho. Coge una naranja y con malicia la arroja rodando hacia Zitronella.

Acto Tercero: Acantilados de Ravello.


Zitronella vaga por los caminos asilvestrada y con el juicio perdido. Enloquecida, habla a la naranja como si se tratase de su amado Peppino, y a cada paso que da se aproxima más y más al precipicio.

Los campesinos de Ravello lamentan la mala suerte de Zitronella, víctima del despotismo y la incomprensión de los orgullosos habitantes de Amalfi. Se acerca una tormenta y las mujeres consiguen convencer a Zitronella para que se resguarde en una cabaña cercana con ellas. Zitronella, sin razón ni voluntad, accede.

Bajo la lluvia, Peppino ha subido hasta los acantilados de Ravello en desesperada busca de Zitronella, pues se ha enterado del engaño de Clementina y Aldo. Tras un rato de infructuosa búsqueda, descubre una silueta de mujer. Se acerca a ella, pero al darse la vuela resulta ser Clementina, que ha venido a evitar que los dos jóvenes vuelvan a reunirse.

Peppino y Clementina tienen una fuerte discusión y el joven amenaza con tirar a la falsa española por el acantilado. Aparece Zitronella al oír los gritos. Peppino se arrodilla ante ella, le pide perdón y le declara su amor. Zitronella queda conmovida. La tormenta arrecia. Clementina les grita a ambos que eso es imposible, ya que espera un hijo de Peppino. Zitronella, fuera de sí, le arroja con furia la naranja que la supuesta alicantina le había lanzado días antes. Clementina recibe el naranjazo, pierde el equilibrio y cae por el acantilado.

Peppino y Zitronella se abrazan y deciden bajar a Amalfi a contarles todo a las autoridades. Esperan que la justicia de los hombres se equipare a la justicia de Dios, y puedan ser perdonados.

En ese momento, un fuerte maremoto provoca una ola gigante que se traga toda la costa. Todo se derrumba, desapareciendo los dos amantes en un grito de horror.


Fin

Quiero dar mil gracias a Churru de Churruán Estrit por haber podido recuperar y actualizar los viejos grabados que contaban la historia de la desdichada Zitronella, así como recomiendo fervorosamente la visita a su blog.

Zitronella di Ravello (1)

Resulta curioso que en el disco que Cecilia Bartoli acaba de publicar dedicado a María Malibrán no haya incluido ningún fragmento de la ópera que ésta estaba estudiando semanas antes de su trágico y temprano fallecimiento en Londres en 1836.

Zitronella di Ravello fue compuesta especialmente para lucimiento de la Malibrán por el joven Rodolfo Caspiani, con libretto de Lucio Terroni inspirado en una leyenda popular medieval que atribuía a una historia de celos y traiciones el terrible maremoto que destruyó la ciudad de Amalfi, al sur de Nápoles.

Tras la muerte de la Malibrán, Caspiani intentaría estrenar su obra en Londres pero Giuseppina Castatrizzo, la soprano elegida para sustituir a la diva, sufrió un accidente durante los ensayos que le hizo abandonar la producción. La Zitronella nació pues con fama de gafe y ni aún hoy en día ha conseguido quitarse ese sambenito.

Finalmente Caspiani logró estrenar la ópera en Bérgamo a principios de abril de 1848. De claro corte belcantista, con heroína romántica y escena de la locura incluida, Zitronella fue despreciada por la crítica, que la encontraba arcaica, larga y excesivamente académica, máxime cuando un año antes el joven Verdi ya había estrenado su Macbeth abriendo nuevos caminos en la dramaturgia operística. El público, por su parte, irrumpió en carcajadas durante la escena de la locura al considerarla excesivamente ingenua y ridícula.

La fatalidad quiso que días después de su estreno, mientras Caspiani introducía modificaciones en la partitura, falleciera Gaetano Donizetti. La ciudad de Bérgamo declaró luto oficial durante una semana, el teatro de ópera cerró y la Zitronella se cayó de cartel y no ha vuelto a ser representada íntegra.

Ya en el siglo XX, en su labor de recuperación del repertorio belcantista, Maria Callas investigó la partitura de Caspiani. Un pequeño incendio doméstico hizo que la supersticiosa diva, asustada, abandonara la parte.

Posteriormente, Beverly Sills incluyó con poco éxito el aria de entrada de Zitronella en sus recitales y existe una grabación de Mady Mesplé en su traducción al francés. De la parte de mezzo, una ya madura Marilyn Horne tiene también grabada un aria en un disco editado por Nuova Era. Aparte de estos fragmentos, no está documentado que Zitronella di Ravello haya sido representada o llevada a los estudios de grabación.

Actualmente se ha planteado al posibilidad de unas representaciones con Ana María Sánchez y Elina Garanca al frente del reparto, pero de momento sólo son elucubraciones.

Argumento de la Zitronella -> clic.

lunes, septiembre 24, 2007

Ella que ez contrabandiztaaaa

Sí, tocaba hablar del disco de Cecilia Bartoli, MARIA, dedicado a la figura de Maria Malibran. Los de Decca se han dado cuenta de que si quieren vender cedés y que la gente no se losbaje de internet hay que arroparlos en un envoltorio de luxe. Ya lo hicieron el año pasado con Renée Fleming y la Bartoli ha debido decir: Yo no soy menos que ésa. El resultado es un libro de 200 páginas de tapas duras que parece uno de esos que venden en el VIPS: ideales para regalar, con muchas fotos y muy poco texto (además, el texto esté repetido en cuatro idiomas).


Además, acompaña un dvd con un documental de 20 minutos y una sesión de fotos que ya querrían en Supermodelo 2007.

Es decir: empaquetado de lujo. ¿y el contenido?

Pues sí, el contenido es más interesante que el continente: El disco comienza muy fuerte con unas arias preciosas de Pacini y Persiani (de este último no conocía yo ni el nombre) y luego una maravilla de Mendelssohn que es para dar de comer aparte. la propia Bartoli lo dice en el documental: cómo es posible que este aria haya sido olvidada durante 180 años.

Y empieza el despendole: la Bartoli se nos pone loquísima cantando "Yo que soy contrabandista", con su guitarra, palmeros y castagnettes, ole. Y además termina con unos alaridos swahilis espantosos. La misma línea sigue con un aria tirolesa insoportable y larguísima y con un Rataplán que por suerte es cortito. Afortunadamente luego vuelve a la normalidad, incluyendo otra pieza de Manuel García bastante impactante.




La polémica está servida con los bellinis: final de La Sonnambula, escena de I Puritani y el Casta Diva. No sé si los ha querido hacer en plan intimista, introspectivo o si simplemente no puede, pero vamos, que son de un sosainas y un blandengue que asustan. Absolutamente insulsos.

No hace falta decir que Cecilia mantiene la voz intacta, dentro de su registro, con las agilidades precisas (como siempre, y eso que aquí no hay festival de ametralladora de semifusas) y un bonito color tímbrico.

Es un cedé muy recomendable: bastante variado y más entretenido que su anterior disco de Opera Proibita, aunque a mí la gravedad y el patetismo de aquellas arias de Caldara me llegaron mucho.

Y, lo de siempre cada vez que esta mujer saca un disco: ¿hacia dónde tirará ahora?


jueves, septiembre 20, 2007

Empieza el trajín (en Barcelona)


Le tengo bastantes ganas a este Andrea Chénier del Liceo de Barcelona.

Es una ópera que me resulta un poco plasta. Tiene momentos preciosos pero nunca le acabo de coger el ritmo y la unidad.

Y con José Cura y la Voigt. El morbo está servido.

Qué ganassssssss.


domingo, septiembre 16, 2007

¿Zarzuela-cabaret?


Marina Bollaín, la hermana gemela de Icíar, ha presentado en el teatro Albéniz de Madrid el espectáculo de zarzuela "Adiós, Julián". Con una escenografía mínima, cuatro cantantes, tres bailarinas, coro de mujeres y diez músicos, ha juntado fragmentos de varias zarzuelas para hilvanar un argumento sencillo de amor y celos. Es decir, un pastiche en toda su definición.

Por la estética, escenografía, tipo de cantantes y resultados artísticos, a mí me parecía estar más en un cabaret que en un teatro. No me extraña que tuviera éxito en Berlín cuando se estrenó en 2001, porque está más cerca del musical que de la zarzuela (con sus micros incluidos).

El decorado era más simple que el mecanismo de un botijo: una pasarela al fondo del escenario con dos rampas a los lados para acceder, una jaula y ocho taburetes Fritiof de Ikea. Los figurines, a caballo entre una Ágadha Duiz de la Pdada moderada y el Almodóvar de Laberinto de Pasiones. Y varios toquecitos de humor en una dirección escénica dinámica. Ole por la labor de "remezcla" de fragmentos elaborando un argumento propio sin necesidad de recurrir a partes habladas.

Como espectáculo, aunque pobretón para un teatro tan grande, funcionaba. Ahora, ¿y los resultados musicales?

Pues también hay que bajar el listón hacia el café cantante o el cabaret, porque si no la cosa pasar de cómica a dramática.

Las más aplaudidas fueron las tres bailarinas, aunque para mí hacían siempre lo mismo. También hay que reconocer que la adaptación de las piezas a una orquesta de 10 instrumentistas deslucía mucho fragmentos como La Boda de Luis Alonso.

El coro femenino, muy gracioso y bien.

Los solistas, ay: Muy buena Isabel Egea como mezzo, correcto Pipe Vao Bel como tenor cómico (más actor que cantante), con apurillos Javier Checa de "baritenor" (eso sí, muy buena planta, vamos, pa hacerle un favor) y con un timbre algo irritante Carmen Campos de soprano. Hay que reconocerlo, se oyó algún gallo, más de una imprecisión y había partes que les sobrepasaban a todos.

¿Qué se escuchó? Pues mucha "zarzuela-maría": Barberillo, Niño Judío, La del Manojo, Verbena, Gran Vía, Bateo, Tempranica, Luis Alonso... y colofón con el pasodoble del Gato Montés, con el coro paseándose por el patio de butacas repartiendo la merienda y sacando al público a bailar. (Haciendo clic en la imagen se ve el programa).

Yo creo que este show no debe ser visto como un intento de modernizar la zarzuela, ni un acercamiento a nuevos públicos. Es un espectáculo aislado, una "zarzuela de bolsillo" como decía su anuncio. Un divertimento sin pretensiones, porque mejor no buscárselas. No vi la Verbena de la Bollaín del año pasado, pero si siguió ese estilo de dirección escénica, seguro que había disfrutado.

Lo mejor: el comentario de dos señoras cuando salían, diciendo: "dónde se ha visto que el coro se tire por los suelos y fume con los pies, es una vergüenza".

O el de mi tx cuando el chotis del Eliseo se convierte en un twist: "Pero qué me has traido a ver".

A mí me gustó. ¿Seré muy conformista?

Aria de Teresa de Benvenuto Cellini

Pues nada, que estaba yo muy contento con haber conseguido el vídeo de este verano del Festival de Salzburgo de la ópera Benvenuto Cellini, de Berlioz. Me pongo a verla y...

Ooooh, cielos, escenografía mamarracha.
Claaaaro, como es una ópera de repertorio que se representa todos los años en todos los teatros del mundo... En fin.

Vale, intentaré pasar por alto las proyecciones, el helicóptero, los robots... (y mira que me gustan a mí las escenografías alternativas, pero joer, que es la primera vez que la "veo").

Me espero diez minutitos. Biennnn, la gran aria de Teresa.

P...p...p...ero... ¿esto qué es?
¿Dónde han metido "Entre l'amour y le devoir"?
¿Dónde está esa segunda parte a ritmo ternario tan bonita que me gusta a mí tararear en el coche para pasmo de los que se paran a mi lado en los semáforos?

He leído que Benvenuto Cellini tuvo varios cambios y versiones pero... joer, ¿por qué me cambian lo que más conozco?

Aquí el vídeo del aria alternativa:





¿Será la original? ¿Será otra que Berlioz puso después?
Yo no tengo ni idea.
Aún no he acabado de ver el vídeo, pero.. ¡¡¡JOPETAS!!!

Lo mismo Ximo, que estuvo en la función, algo nos puede aclarar.

sábado, septiembre 08, 2007

Mama is a queen and papa is a king, so I am a princess and I know it

Cecilia, te sigues esperando, y es que lo siento mucho pero tu nuevo disco necesita de más escuchas para que no empiece a escribir barbaridades (intentaré obviar esa españolada infame, la insoportable aria tirolesa y el odioso rataplán la próxima vez).

Esta entrada viene a raíz de una del bollolírico blog de Bea, que si no lo conocéis los cuatro gatos que entráis aquí ya estáis yendo a verlo haciendo clic aquí mismo porque es de los más entretenidos del mundo lírico, aunque le da bastante por poner lieder de esos pesadísimos.

En su blog, Bea nos ponía un vídeo de Jeniffer Larmore (¿es el mismo del dvd del Liceu?) cantando "Art is calling for me" de la opereta "The Enchantress" de Victor Herbert.

Yo esta canción (¿aria?) la conocía del disco del 50 cumpleaños de daiKiri Te Kanawa. El disco, y más el vídeo, que lo hay, es bastante tremendo. Kiri, auténtica precursora de la ópera-glamour que ahora nos venden Angelita G y la Netrebka, se pega un descarado homenaje a sí misma en un recital en el Royal Albert Hall de Londres.

Todo en ese recital es hortera, desde la portada del disco (toma pendientes, glitter glitter, baby), a los decorados y sobre todo esos modelitos fucsia morados que nos saca la diva.

Sin embargo, me parece un disco con cosas muy interesantes. Justo antes de empezar su retirada gradual de la escena, Kiri había conseguido por fin dotarle a su voz de tintes interpretativos, algo cuya falta siempre se le había achacado: la chica era muy sosa.

Kiri! es uno de esos discos insustanciales y facilones que, sin embargo, son muy agradables de escuchar, por la variedad y por la sorpresa.

En él, Kiri juega sus mejores bazas: Strauss y Mozart. Deja buen sabor de boca con la Louise y el lied de Marietta. Luego toca un poco todos los palos: Puccini (no, lo siento, salvo su fantástica Rondine, su Puccini no me convence nada), el musical americano e inglés, unas canciones maoríes y otras ligerezas. Y, como curiosidades, el "Art is calling for me" y el aria de Salaambô de Herrmann de la banda sonora de Ciudadano Kane, en una vibrante interpretación que supera a la grabación que hizo para RCA.

A la espera de que encuentre ese aria de Salaambô en vídeo, aquí el de la opereta, con un final muy efectista.



He buscado otros vídeos de esta canción y me han salido bastantes (¿tan popular es?) pero me resulta bastante cruel poner a chiquitas pasándolo mal. Sin embargo, hay una obligada.

Con todos ustedes, Heather Harris, Miss Houston Outsanding Teen 2005 demostrando sus habilidades canoras en un concurso de belleza.



Supongo que ganó, ¿no?
Houston, tenemos un problema.

Por cierto: ¿Quién fue el lumbreras de la RAI que puso a la pobre MIRELLA FRENI de comentarista en el entierro de Pavarotti? Si la mujer no paraba de echarse a llorar recordando anécdotas. Qué crueldad.

jueves, septiembre 06, 2007

Pavarotti

Hoy tocaba hablar del nuevo producto de la Bartoli, MARIA, pero creo que es imperdonable no dedicar unas líneas a Pavarotti.

Luciano Pavarotti ha muerto esta madrugada de un cáncer de páncreas a los 71 años. No voy a empezar a soltar eso de que es uno de los últimos grandes tenores y que ya nos quedan pocos, etc etc. No. Mi reflexión de esta mañana es: se han empezado a ir los cantantes de ópera del boom discográfico de los 80/90, esos que son despreciados por vendidos a las casas de discos, que son anatemizados por hacer macroconciertos, por organizar circos tipo Los Tres Tenores o por cantar con estrellas del pop. No era un cantante de la generación de los de después de la guerra. Pavarotti es de los de hace dos días, como quien dice.

Vi a Pavarotti en directo en dos recitales en Madrid: estuvo glorioso (con todas las letras) a principios de los 90 en el Auditorio Nacional (y a pesar del maleducadísimo público de invitados de sociedad que se ponían a aplaudir y gritar en cuanto subía un poco) y muy mal hace muy pocos años en el Teatro Real, ya sin fuerzas ni brillo en la voz.

Me imagino que todos los que lo pusieron a parir en las últimas dos décadas hoy se desharán en elogios sobre él. Yo no, para eso están las grabaciones que ha dejado.

Mis pavafavoritos:

- Care selve de la Atalanta de Händel, descargable aquí.





- Su Nemorino en L'Elisir d'amore.
- Su primer duque de Mantua del Rigoletto con la Sutherland
- El Calaf de la Turandot con Caballé en San Francisco
- La Turandot de Mehta
- El primer concierto de Los Tres Tenores

- Y, por supuesto y por encima de todas, su Rodolfo de La Bohème.



Vaya verano: Sills, Crespin, Pavarotti.

Cecilia, guapa, te esperas un poquito.

lunes, septiembre 03, 2007

Aleko

Hace poco leí que Aleko, de Rachmaninoff, se ha representado en uno de esos festivales veraniegos, creo que por el norte.

Y me entró la curiosidad de escucharla. Es un disco que compré hace años cuando estaba en plena vorágine consumista operística y recuerdo haberlo oído una sola vez y habelo dejado criando polvo en la estantería porque no me emocionó en particular.

La historia de Aleko es muy parecida a la de los Payasos de Leoncavallo, en versión campamento gitano: Hombre que se lamenta de que su mujer no lo quiere, mujer que se va a escapar con joven y marido que mata a ambos.

Todo está muy condensado: la ópera dura una hora y hay mucha parte instrumental. Es una obra de juventud del compositor: está como muy compartimentada y no consigue crear el efecto dramático que debería tener. Escuchándola me vienen a la cabeza fragmentos del Onegin de Tchaikovski.

No es una maravilla, pero se deja escuchar con bastante agrado y tiene dos momentos bastante interesantes: la danza de los hombres y la cavatina de Aleko, que os dejo en este vídeo. Hay mejores interpretaciones, pero esta estética peli soviética, con cielo amenazador de color imposible, viento, olas del mar... ese romanticismo de libro de texto me ha encantado.



Sí, ya vuelvo a retomar el tema óperas tras el paréntesis veraniego, que no me olvido de este blog, no.

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