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lunes, septiembre 14, 2026

Luisa Fernanda en el Teatro de la Latina




Después de la penosa experiencia de ver La Rosa Del Azafrán hace unos años interpretada por la compañía L'Opera Amore (de Marco Moncloa) en el Teatro Amaya, no tenía intención yo de repetir, pero fui al Teatro de la Latina a ver la Luisa Fernanda con esta misma compañía.

Una amiga mía venía de Alemania y quería ver zarzuela, así que compramos entradas.

He de decir que el resultado fue bastante mejor del esperado. Evidentemente se trata de una producción privada, con medios muy limitados y donde se nota mucho la escasez de presupuesto: los decorados son tres puertas, un árbol, una mesa, un banco y tres sillas. El vestuario parece sacado de la sección de disfraces del chino de al lado. El cuerpo de baile es UNA bailarina. Y la dirección escénica no es que sea tradicional, es que es inexistente.

Sin embargo disfrutamos la velada. Primero porque la Luisa es un zarzuelón de primer orden y segundo porque en el terreno musical la cosa fue digna (no aplicable a la del teatro Amaya). Una orquesta reducida pero suficiente (de intérpretes jovencísimos por lo que pude atisbar) sacó adelante la partitura a pesar del descontrol de los metales. Correcto. El coro, 12 personas que hacían también los papeles comprimarios, correctos también.

Solistas: Luisa Fernanda fue Paola Leguizamon, una mezzo colombiana de potente voz. Lástima que el rol sea tan amargado y antipático. Estuvo muy bien. La duquesa Carolina fue Raquel Albarrán, elegante y cumplidora, luchando contra un espantoso vestido rosa chicle. Vidal Hernando fue Pablo Rossi, voz madura muy apropiada para el papel, sacando los matices. Y Javier el tenor fue Julio Morales, quien por lo que veo ha estado en varios musicales. Sacó los agudos de este complicado rol, todos en forte, pero los sacó con seguridad. He visto a tenores de renombre en teatros más principales pasarlas canutas cantando el Javier, así que ole por él. Me pareció muy interesante la voz de Rosita, la soprano riojana Vanesa Ruiz. Amelia Font demostró que lo suyo son tablas y lo demás tonterías. Y me hizo ilusión ver a Ricardo Muñiz, antaño tenor protagonista de zarzuelas, como Don Florito.

En el último entreacto el director musical se volvió al público y nos comentó que la fundadora de la compañía y directora de orquesta tenía por costumbre en ese punto hacer cantar al respetable la mazurka de las sombrillas y que lo tenían ya como tradición. Y allá que nos pusieron unos sobretítulos de karaoke y todos a cantar como buenamente podíamos el "A San Antonio por ser un santo casamentero". Evidentemente, la audiencia se puso como loca. Una experiencia.

Al finalizar la función el director de la compañía, Marco Moncloa, soltó su ya característico discursito a favor de la zarzuela (digo ya característico porque en La Rosa del Azafrán también lo hizo, así que imagino que siempre lo hace) con menciones despectivas a los musicales y un aire muy poco humilde de ganas de arengar a las masas. Desconecté por completo, me puse a mirar el móvil y no le hice ni caso.

Y esa fue la experiencia. Por supuesto no es equiparable a la de un teatro de gestión pública y hay que tener en cuenta las características. Y nosotros disfrutamos dentro de lo que cabe.

martes, febrero 04, 2020

Cecilia Valdés, una zarzuela cubana.



El Teatro de la Zarzuela ha programado por primera vez en su historia una zarzuela cubana: Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig, con una producción a todo lujo.

Es interesante conocer una obra que tiene una partitura llena de ritmos cubanos, muy agradable, melódica y que se puede acusar de facilona. Una curiosidad.

El libreto está basado en una de las novelas más famosas de la literatura cubana, con un nudo central que es un folletín infumable y un trasfondo muy atractivo acerca de la situación social de esclavos, mulatos, criollos y señoritingos de la Cuba del siglo XIX.  

A mí me ha parecido una obra como ya digo interesante pero no redonda. Hay muchas cosas que se quedan en el tintero, personajes que no sabes para qué aparecen porque después no hacen ni aportan nada (Don Melitón, Mercedes, Adela, Dolores Santa Cruz...). Me da la impresión de que los libretistas quisieron plasmar lo máximo posible de la novela original pero que si no la conoces te quedas con una sensación de obra incompleta. Veo un problema de adaptación.

La puesta en escena es complicada por esto. Se parte de una buena base, pero el libreto se las trae. Para mi gusto tendrían que haberla pulido un poco más, sacar más provecho a algunos personajes y situaciones y, sobre todo, retocar un poco ese final doble que si ya de por sí es anticlimático, se lo terminan de cargar con un cartel de texto excesivamente largo. Darle un repasito, vamos.

Para hacer atractiva esta zarzuela, la producción es "un lujo un broche". Se ha trasladado la acción un siglo adelante, pero no es problema. El decorado es fastuoso, con un omnipresente cañaveral y distintas estructuras que suben y bajan y forman todos escenarios. Los figurines, un exceso, no sé cuántos cambios de vestuario habrá (el coro se lo ha tenido que pasar pipa). Un cuerpo de baile espectacular. Iluminación, atrezzo. De diez.

De diez... pero un tanto hortera. Parece como si hubiesen querido plasmar todos los topicazos cubanos y ahí están: los negros esclavos con su baile africanoide, una primera escena que parece el cabaret Tropicana (¿a santo de qué tanta lentejuela?), maracas y camisas con mangas de volantes, la bandera cubana ondeando, santeros... no sé, muy vistoso todo pero también excesivamente típico. Como si en otro país te montan unas Bodas de Figaro y la llenan de toreros y flamencas, por poner un ejemplo.


La orquesta cumplió divinamente en los sonidos genuinamente cubanos, una maravilla, pero pecó de poca intensidad en los dramáticos. El reparto, segundo elenco que fue el que me tocó, cumplidor y suficiente sin alardes, con una protagonista que fue de menos a más. Gran ovación para la veterana Linda Mirabal, cuya primera intervención, el "Po Po Po", fue estupenda. Ovación merecida para el cuerpo de baile. ¡Y qué cuerpo! Bien el coro, como de costumbre. Y mención para los actores no cantantes, en especial a Isabel Cámara haciendo de Doña Rosa.

Es una obra curiosa, muy interesante, salpicada de números musicales muy vistosos y brillantemente solucionados. Con una puesta en escena a todo tren. ¿Que peca de libreto infumable y con detalles mejorables? Pues sí, pero globalmente es un espectáculo muy satisfactorio.

Y sinceramente con los precios que tiene el Teatro de la Zarzuela merece la pena ser conocida. El domingo mismo unos amigos consiguieron entradas con un nosecuantos por ciento de descuento unos minutos antes de empezar la función.

Yo salí bastante contento. Mi churri no, se aburrió mucho. 




Postcrónica:


- Página web de esta producción del teatro de la Zarzuela: http://teatrodelazarzuela.mcu.es/es/temporada/lirica-2019-2020/cecilia-valdes-2019-2020 

- En Spotify puedes escuchar una grabación muy potable: https://open.spotify.com/album/3F9yB2c82cIP01Tdr7gff9 

- En Youtube hay un vídeo de baja calidad grabado en el Gran Teatro de La Habana en un montaje totalmente convencional: https://www.youtube.com/watch?v=BUx3m8FdoLQ 

- El viernes 7 de febrero el Teatro de la Zarzuela retransmitirá en streaming vía Facebook y Youtube esta producción con el primer reparto: https://www.youtube.com/user/TZARZUELA/videos


Operación SPOILER y pregunta sin respuesta:

Desde la primera escena del primer acto (tras el prólogo) sabemos que Leonardito y Cecilia son hermanos. ¿Cómo es que nadie se lo dice? ¿Ni siquiera su íntima amiga Nemesia Pimienta?

Momento culminante: Esa APOTEOSIS MAREDEUETA GIRATORIA digna de espectáculo de revista de Norma Duval. Por favooooooooor.

Primera zarzuela para mí en esta temporada (no primer espectáculo en este teatro, que fui al Cascanueces). Los tres sombreros de copa no me atraían nada y El Caserío me parece un rollazo y después de haberla visto en youtube me alegro mucho de no haber ido, menudo muermo. Y creo que la siguiente será Policías y Ladrones. ¿Qué será? Misterio. 



lunes, febrero 19, 2018

La Tempestad, zarzuelópera.


La Tempestad, de Chapí, es una zarzuela/ópera digna de ser escuchada y que se ha repuesto en el Teatro de la Zarzuela después de 90 años en dos funciones en versión concierto. Y, la verdad, merecería haber sido tratada con un poquito más de mimo.

Y lo digo porque la obra es muy interesante. La música tienes en las romanzas su estilo más puramente zarzuelero, pero luego los concertantes y finales de cada cuadro recuerdan mucho a Donizetti, hay partes que son talmente Elisir o Lucia, con toques de Verdi joven o Gounod. Es muy curiosa.

El libreto es convencional y previsible, y aquí con acierto se ha recurrido a sustituir las partes habladas por la intervención de un narrador (Juan Echanove). Al ser en versión concierto, si las hubieran suprimido totalmente habría quedado incomprensible, y si las hubieran dejado nos habríamos aburrido y se habría hecho eterno.

Pero la opción del narrador, muy acertada y muy bien interpretada, tuvo un fallo gordo, y es que en el último cuadro de la obra eliminaron todo el acompañamiento musical, que probablemente sea mínimo (de hecho no está en ninguna de las dos grabaciones que hay en disco) pero es que Echanove terminó de hablar y se apagaron las luces. Ni una mísera coda para concluir. Nos quedamos todos un poco estupefactos, dos segundos sin reaccionar y luego ah, ya, que esto se ha acabado, y aplaudimos. No sé, un chimpón final, qué menos. Pero como desconozco la obra representada (hace 90 años que no se hacía en Madrid), tampoco puedo decir nada.

Otro tema en el que se habría tenido que tener más cuidado es en la orquesta. Lentísima para mi gusto, con silencios exagerados y, según un especialista que tenía al lado, bastante desajustada, se notaba que habían estado escasos de ensayos.


En el terreno vocal, Mariola Cantarero salvó decentemente su parte a base de apianar y hacer filados. Cuando sube la voz se le descontrola, y lo sabe. La supo manejar. Ketevan Kemoklidze estuvo contundente de volumen, técnica y cuerpo, destacando sobre todos los demás en los concertantes, muy bien. José Bros sustituía al previsto Celso Albelo. Muy bien en la zona central y oscilante en el agudo (que, por cierto, nos escamoteó uno en la romanza), cantando como siempre con ese buen gusto y fraseo característico. Correcto y contundente Alejandro López en el breve cometido del Juez y muy bien también Carlos Cosias en el rol de tenor cómico, habitualmente reservado a tenorinos insufribles. Su escena del segundo acto estuvo excelente. Y finalmente Carlos Álvarez, lujazo total, timbre precioso, dicción espectacular, interpretación sentida a pesar de ser versión concierto... nivelazo, vamos. El coro tuvo una muy buena prestación, claro, inteligible, muy bien, particularmente ellas.

En conjunto buena velada, con alguna reserva menor. Yo no sé si esta "zarzuelópera" funcionaría bien representada (salvo Simón y el tenor cómico, el resto son personajes algo acartonados). La dirección escénica se tendría que esforzar mucho. Y ahí no veo yo dónde pueden hacer otra maruxada, jejeje. Pero, sobre todo, merece la pena conocer, escuchar y recuperar esta obra.


Ruperto Chapí
La Tempestad
Mariola Cantarero, Ketevan Kemoklizde, José Bros, Carlos Álvarez, Carlos Cosías, Alejandro López, Juan Echanove.
Guillermo García Calvo.
Teatro de la Zarzuela. Madrid, viernes 16 de febrero de 2018

Grabaciones:
Imposibles de encontrar a no ser en tiendas de segunda mano porque las tiendas de discos casi han desaparecido.

1954 - Ataúlfo Argenta con Manuel Ausensi, Pilar Lorengar, Toñy Rosado, Carlos Munguía, Gregorio Gil y Arturo Díaz Martos.


1969 - Enrique Estela con Alfredo Kraus, Dolores Pérez, Lina Huarte, Francisco Kraus, Santiago Ramalle y Ramón Alonso. 


En vídeo he encontrado una grabación de la Agrupación Lírica de Villena (Alicante), de donde era Chapí. 


 Al día siguiente ya llegaría Marta Sánchez con sus "cositas" y su himno nacional.

lunes, enero 29, 2018

Maruxa... Maruxapapote



Maruxa, de Amadeo Vives, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.
No es una zarzuela al uso ya que se eliminaron las partes habladas, el propio compositor la consideró una "égloga" musical, una composición de asunto amoroso en un ambiente pastoril gallego.

La música se inspira en temas populares de Galicia y, vamos a soltar la coletilla, sí, "tiene momentos de gran inspiración" (agh, odio decir eso, pero es verdad, leche), especialmente en las partes instrumentales, aunque yo valoraría también la habilidad de Vives para crear ambiente en las escenas de diálogos: la escena de la carta, el concertante del final del primer acto o el dúo entre Rosa y Rufo son geniales (y claros precursores de los que aparecen luego en la obra maestra de Vives, Doña Francisquita).


Sí, la música es "de altura" pero el argumento es muy simplón: Los alegres pastorcillos Maruxa y Pablo se aman, pero sus amoríos son amenazados por los señoritos dueños de las tierras, Rosa y Antonio, quienes se han encaprichado de ellos. Afortunadamente el capataz de la finca, Rufo, está ahí para poner orden y las cosas acontezcan "como debe ser".

Este argumento, que de por sí es sencillo pero válido, se ve lastrado por un libreto con frases de una cursilería que provocan vergüenza ajena. Prados, campesinos cantando a su tierra, dúos de amor empalagosos, ovejitas cariñosas que se pierden correteando por el prado... un espanto.

Ahí viene la dificultad de poner en escena esta zarzuela: se puede caer en una bochornosa tarjeta postal de imágenes tópicas de la tierra. Pero Maruxa es mucho más que Teretetere Teretetere y Tirorí Tirorí gallegos. 

Y aquí el director de escena Paco Azorín le ha dado media vuelta a la obra. Digo media, porque la historia principal sigue ahí, intacta, pero ha añadido un componente de denuncia social / medioambiental: Los poderosos intentan aprovecharse de los humildes y los coloca como propietarios de una naviera que provocó en 1976 un vertido de petróleo que causó un terrible desastre ecológico (y que yo, lo siento, era un crío en esa fecha, desconocía). Azorín identifica a Maruxa con la propia Galicia, auténtica, pura Naturaleza, pero amenazada siempre por la mano del hombre. Ha sido la tragedia del Urquiola, pero también habría podido ser el Prestige o los incendios forestales. Galicia está representada por una bailarina que sufre los efectos de las acciones de los demás y el inicio de cada acto está acompañado por unas líneas de Rosalía de Castro (prescindibles, pero adornan).



Esto ha provocado controversia. ¿Es esta la Maruxa de Vives? Evidentemente los que esperaban gaiteros, pandereteiras, prados, cruceiros y muñeiras se han llevado las manos a la cabeza al ver a la gente del pueblo con monos blancos enfangados hasta los hombros recogiendo chapapote. Pero la crítica social, el conflicto de clases, ya estaba en el libreto de 1914, tampoco es que se haya desvirtuado la historia.


Además hay un trabajo de actores estupendo. El único personaje que está bien definido en la zarzuela es la pérfida señorita Rosa (también precursora de la futura Beltrana) y un poco el capataz Rufo. El señorito es casi mero comparsa y la pareja protagonista de pastorcillos son lo más pasmado que se puede poner sobre un escenario. Qué pavos, por favor. Azorín trabaja los personajes, le da vida a Maruxa, que deja de ser una tonta cursi, hace que Pablo se rebele y llegue a llevar la iniciativa en su escena (fantástica, de verdad) con la señorita Rosa y saca de su envaramiento al capataz Rufo. Excelente. El decorado es austero pero efectivo: una gran mesa de reuniones representa el mundo de los pudientes, que se eleva sobre el pueblo llano. El interludio de la tormenta, convertido en el drama de Galicia, impresiona. Ahora, si quieres ver ovejitas correteando lógico que te enfade todo esto.

Puede gustar o no, pero al menos tiene coherencia dramática, trabajo teatral y logra mantener el interés. Al terminal la escena del coro y al final de la obra algunos espectadores abuchearon y gritaron enfadados. Los aplausos fueron clara mayoría.


Entrando en la valoración musical (que ya está bien, pero es que el protagonismo, una vez más, se lo ha llevado la escena) fui a función del segundo elenco. Muy apropiada y segura la Maruxa de Susana Cordón, con mucha garra, no le ofrece el papel ninguna dificultad, y sorprendente el Pablo de Borja Quiza, con algunas pequeñas imprecisiones pero una potente voz de barítono que si la trabaja bien puede ofrecernos mucho en el futuro. Ole por él. Svetla Krasteva lució agudos superlimpios, fiato e intención auqnue se queda un puntito baja de volumen. Jorge Rodríguez-Norton cumplió como el señorito Antonio, voz joven ligera que evolucionará. Simón Orfila se lo pasó pipa cantando el Rufo, un papel que le viene que ni pintado a su voz de bajobarítono (¿o barítonobajo), divertido y autoritario. Como suelen decir los cursis, un lujazo para el papel. Estupendos, muy bien, en serio, Julia Arellano y Carles Pachón en los breves papeles secundarios. La bailarina María Cabeza de Vaca hizo un trabajo muy intenso como Galicia.
El coro estuvo oculto en el primer acto y casi ni se le oyó, así que hubo que esperar al segundo para que se luciera en su gran escena. Muy bien.
La orquesta, a cargo de José Miguel Pérez-Sierra, muy adecuada en las partes instrumentales aunque me sonó un poco pachín-pachín en los concertantes. De menos a más, hizo un segundo acto muy contundente.

Maruxa está en cartel dos semanas más, hasta el día 11. Merece la pena ir.


Por cierto, una reflexión: estoy a punto de cumplir 51 años y mi novio 49, es decir, somos ya dos señores. En la función de ayer domingo, salvo casos contados con los dedos de una mano, nos sentíamos no ya jóvenes, sino críos. La inmensa mayoría del público asistente era mayor, muy mayor. Pero infinitamente más que lo que veo en el Real cuando voy a la ópera. Cada vez que hacen una entrevista a un director de teatro de zarzuela siempre dicen que hay que acercar la zarzuela a nuevas generaciones, siempre. Pues mira, no lo consiguen. ¿Hay publicidad al margen de los medios habituales? ¿Hay promoción? ¿Hay retransmisiones televisadas o grabaciones? La zarzuela está muy desprestigiada por culpa de una generación ideológica que la consideraba algo rancio y herencia franquista (ya ves tú, Maruxa es de 1914). Ayer, cuando salimos y comentamos entre amigos lo bien que lo habíamos pasado, nos miraban como bichos raros. Dentro de unos años ese público mayoritario ya no podrá ir al teatro y seremos nosotros los que ocuparemos su lugar pero...¿y el resto?

Momentos: Abrigos de pieles a tutiplén en la entrada del teatro y señoras muy señoras asfixiadas de calor que los habían llevado porque "ayer hacía mucho frío". Otra detrás nuestro, al terminar el primer acto: "Pues yo no me he enterado de nada". Maruxa no es una obra de las requetefamosas, aunque sí es conocida gracias a la película de Juan de Orduña que se grabó para televisión, pero no tiene casi "momentos Gremlins" (esos en los que todo el público corea las canciones mientras mueve la cabeza)... salvo uno, el "Gon-golondrón" y... Yesssssss, el señor de detrás y el de mi lado se pusieron a tararear. No sé, sin esas cosas la zarzuela no sería lo que es, ¿no?

Te dejo con el vídeo de la peli de 1969 con "la Mary Francis" (aka Paca Gabaldón) de malísima señorita y María José Alfonso de pastorcilla (estupendas voces de Josefina Cubeiro y Dolores Pérez, acompañadas por Sagi-Vela).


Cualquiera de las tres grabaciones completas en disco son muy recomendables: ésta de la película, la de Argenta con Toñy Rosado, Pilar Lorengar y Manuel Ausensi o la de García Asensio con Ana Riera, Montserrat Caballé y Vicente Sardinero.

Amadeo Vives
Maruxa
Susana Cordón, Svetla Krasteva, Borja Quiza, Simón Orfila, Jorge Rodríguez-Norton, Julia Arellano, Carles Pachón, María Cabeza de Vaca.
José Miguel Pérez-Sierra, Paco Azorín
Madrid, Teatro de la Zarzuela. Domingo, 28 de enero de 2018. 18 h.




domingo, mayo 07, 2017

Venga usté a pasar la tarde (Enseñanza libre & La Gatita blanca)



Buen subtítulo le han puesto a este programa doble de zarzuelas de tinte sicalíptico: Venga usté a pasarte la tarde, porque eso es realmente a lo que se va al Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Porque usted oirá muchas cosas, verá muchas más, no entenderá nada de nada pero al final saldrá con la agradable sensación de "haber pasado la tarde".

Empecemos por la estructura: cójanse dos obras menores cuasi desconocidas y mézclense en una. De Enseñanza libre se ha eliminado toda la parte argumental (una aberración para los puristas, ya sabemos, pero probablemente un descanso para el resto de los mortales) y se han mantenido los cantables, hilvanados ligeríiiisimamente por una anécdota: un matrimonio quiere montar una zarzuela y para ello cuenta con su hija, una amiga, la tía y el acomodador del teatro. ¿De qué teatro? Ah, quién sabe. La segunda parte es la puesta en escena de dicha zarzuela, La Gatita Blanca, ya manteniendo el argumento (se supone, yo no lo conozco).

Afortunadamente, Enseñanza libre tiene una partitura de Gerónimo Giménez que es una delicia y que agrada mucho a los aficionados al género. Sin conocer una sola pieza, todas suenan y, sobre todo, todas merecen permanecer en la memoria zarzuelera. No he encontrado ninguna grabación pero sí un popurrí de la obra en Spotify:


Bueno, miento, la canción del Morrongo la cantaba Ángela Molina en Las Cosas Del Querer 2.


La Gatita Blanca, con música de Giménez con Amadeo Vives (curiosidades) tiene una partitura menos inspirada, pero mantiene la esencia y tiene algún número lucidito. De ésta sí tengo una grabación de esas de Montilla / Zafiro de los años 50 que, francamente, había olvidado. Pero mira qué primor de portada de cd:


Hay que decir que la Orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por Manuel Coves, ha mantenido un muy alto nivel, sacándole el jugo, la ligereza, el tono y el ambiente perfecto a estas dos obritas. 


El elenco vocal está a la altura, destacando Cristina Faus en la parte solista femenina. Para la Gatita se ha escogido a la cantante Roko (sé que salió de televisión, pero ya no me preguntes si fue de La Voz, Operación Triunfo, Factor X o qué se yo). Es muy mona (da el papel), graciosa y canta bien. El problema es el maldito micrófono. Si bien en las partes cantadas daba el pego, en las habladas era un desastre, éramos incapaces de entender lo que decía. Era la noche de estreno, espero que corrijan el ajuste del sonido en sucesivas funciones.


El coro cumple su papel con soltura y además se les veía en su salsa interpretando, porque sobre todo el femenino tenía mucho que actuar.


Porque, señores, en esta función quien se lleva la mayor atención es la pedazo de producción que ha puesto en escena el Teatro de la Zarzuela. Enrique Viana (a quien ya conocíamos de papeles de tenor cómico/característico y espectáculos/humoradas varias en solitario) ha cogido el teatro y lo ha puesto del revés: la orquesta está al final del patio de butacas y las butacas están en el escenario, quedando el centro del patio (ayudado con una plataforma giratoria) como una pista para la representación. 


La primera parte es directamente espectacular. Luces, vestuario, movimientos, ballet (estupendo). Da igual que el motivo argumental sea tan flojo y poco entendible. Es como la casa de Paula Echevarría: en el teatro pasan cosas y son todas divertidas y vistosísimas. No sé si quedarme con el ballet español, el trío femenino o ese número Busby Berkeley style que es una maravilla. Ole, de verdad.


La segunda parte, la Gatita, ya flojea. Primero porque al libreto habría que darle una buena pasada (si se la han dado ya, que la repitan), luego porque o te lees la sinopsis o no te enteras de nada, y el fragmento sainete queda antiguo. Siguen pasando cosas pero ya no sorprenden tanto. Sí, lo del chocolate está muy bien, y el momento lámpara... pero no. Aparte, al coro lo visten con unos aparatosísimos trajes negros y al ballet y figurantes con unos modelitos espantosos que contrastan con la vistosidad y fantasía de la primera parte. Al final sí, está bien peeeeero se acaba haciendo un poco larga.


Hay muchas cosas y detalles que comentar, pero creo que he puesto lo básico y espero que, si lees esto, te animes a ir al teatro, que está hasta finales de mayo.

Porque chico, por 11 € que nos costó estar en primer piso lateral, con los cantantes casi debajo de nuestras narices, muy bien, es una forma de descubrir (o redescubrir) obras raras y se pasa estupendamente la tarde.


¡Que rule por otros teatros!
Merece una grabación en vídeo o, por lo menos, que la emitan por la radio.


Enseñanza Libre y la Gatita Blanca
Despropósito lírico en un acto

Gerónimo Giménez / Amadeo Vives
Versión libérrima de Enrique Viana

Cristina Faus, Roko, Angel Ruiz, Gurutze Beitia, María José Suárez, José Luiz Martínez, Axier Sánchez, Iñaki Maruri, Mitxel Santamarina, Carolina Masetti, Paloma Curros, Isabel González, Ana Santamarina, Carmen Gaviria, Ana Cid, Julia Arellano, Graciela Moncloa, Rosa Zaragoza, Daniel Morillo. 






lunes, febrero 09, 2015

Lady, be good! + Luna de miel en El Cairo

 
Atractivo programa doble en el Teatro de la Zarzuela de Madrid: un musical de Gershwin y una revista de Alonso. Algo que, o lo ves en un teatro "público" o va a ser muy difícil de ver otra vez en tu vida.

Así que allá fuimos.

 
El teatro, engalanado con siluetas doradas, plumas y... ¡espumillón!, que parecía hecho con retales de restos de la fiesta de nochevieja, pero le daba su aire "festivo". Por cierto, lleno hasta la bola.
 
Producción de Sagi. Lo primero que se ve es un telón pintado. Mira que le gusta la gasa a este hombre, es IGUAL que el de sus Bodas de Fígaro.


Pero da igual, porque el telón es anecdótico, nada de pelucas y escotes. Enseguida nos trasladamos a los roaring twenties con Lady, be good!


Puf, qué decir de esta función. Una gozada. La música estuvo magistralmente servida por la orquesta dirigida por Kevin Farrell. Con toda su ligereza y a la vez toda su intensidad, qué maravilla de pianos, de clarinetes, es que de verdad que consiguieron un ambiente único. Una gozada.


Y si le sumamos una efectivísima producción a cargo de Sagi, con muy pocos elementos escénicos (un sofá, un piano, la pared de fondo y el mostrador de un hotel son todo el decorado), un vestuario FABULOSO (así, con mayúsculas) y una coreografía fantástica, tenemos una representación casi redonda.


Y digo casi redonda porque en el terreno voces la cosa se quedó muy triste. Exceptuando la pareja protagonista (Jeni Bern y Nicholas Garret), el resto casi todo el tiempo tapado por la orquesta. ¿Cuál era el problema? Pues que esta obra es para voces "de musical", sin la impostación operística. Y funciona sin micrófono en un teatro pequeño o con una orquesta reducida. Pero si estás en un teatro de tamaño mediano/grande y con una orquesta al completo... ponles micrófonos, hombre. Del elenco principal hubo dos chicas a las que casi ni se oyó. El coro, muy bien, adecuado a estilo.

Salvando ese escollo, función muy, muy recomendable. Se acaba por ir dando golpecitos con los pies al ritmo de la música. Fascinating rhythm!


¿Y la obra en sí? Pues yo me imagino que podarían despiadadamente los diálogos para que los dos actos cupieran en hora y media, pero francamente era lo de menos. También se cortaron números y se añadieron algunas canciones de otras obras de Gershwin (que yo conociera, "Nice work if you can get it" y "The man I love").

Globalmente, un éxito.


Descanso para hacer pis (menudas colas en el baño) y... tachannnn... segunda parte: la comedia musical, opereta, revista o como lo quieras llamar "Luna de miel en El Cairo", de Francisco Alonso.

Cambio totalmente de chip y de estilo. Luna es otra cosa. Musicalmente, de mucha menor envergadura y, en cuanto al texto, una comedia de enredos de humor bastante trasnochado. Aquí se ha criticado a Emilio Sagi que la haya masacrado argumentalmente: lo que nos cuenta no es la obra, sino las audiciones y ensayos para poner en marcha esta opereta. Para mí un acierto, porque francamente la ha aligerado, pero no ha acabado de rematarla.


El primer acto funciona muy bien, porque ocurre entre bambalinas y se van alternando números musicales y partes habladas simpáticas sin ser "graciosillas". En el segundo, un ensayo general con decorados y vestuario, el interés decae. Las partes habladas se han reducido al mínimo, con lo cual la línea argumental no se entiende (ni se pretende, creo), pero entonces todo queda reducido a unos números musicales pobremente hilvanados entre ellos. Y, reconozcámoslo, el maestro Alonso no es Gershwin. Al final la revista se hace pesada. Tendría que haber terminado con un número espectacular en plan apoteosis pero no, la función finaliza con una repetición de la marcha "Tomar la vida en serio" sólo instrumental y de manera muy discreta. ¡¡¡FALTA LA ESCALERA!!!

La sensación final es agradable, simpática, pero se ha hecho larga.


También aquí ha habido cambios de números. Creo que la canción mexicana y el jazz band son tomados prestados de otras obras, pero francamente, desconozco la obra original. Sólo sé que en los ochenta se pasó por televisión española con Manolo Otero, Teresa Rabal, Juan Carlos Naya y María Mendiola (la de Baccara), en una producción en la que parece que acababan de descubrir el croma:


La orquesta ha vuelto a estar disfrutando, muy adecuada al estilo, y esta vez sin tapar a los cantantes, pero es que para esta segunda obra ya teníamos cantantes "líricos".


Ruth Iniesta, deliciosa protagonista, voz proyectada y bella, acompañada de David Menéndez. Los dos saben coger la impostación entre voz de ópera y de musical, sin chirriar. Los dúos, lo mejor.

Mariola Cantarero (hay que ver cómo ha adelgazado esta mujer), de soprano ligera, metiendo sobreagudos y trinos por aquí y por allá. En principio una voz muy distinta que lo que el papel requiere, pero con una gracia y un saber hacer de primera clase. A su lado, Enrique Viana, con una tesitura de tenor cómico que no le ofrece dificultad, haciendo un papel cargado de chistes bastante burdos (los típicos para que las señoras se rían a carcajadas mientras se dan golpes de abanico en las tetas, vamos), pero sin llegar al exceso interpretativo. Simpático.

María José Suárez hace el papel de antigua vedette reconvertida en sastra de la compañía (absurdo, porque luego sale cantando como si siguiera en activo). Muy bien, y también sabiendo alternar los registros. Bien también Manuel Esteve.

El resto, así como el coro, muy correctos.


Nuevamente explosión de figurines (premio para Jesús Ruiz, el responsable de vestuario, qué arte), nueva exhibición de coreografía (Nuria Castejón, un diez) y producción un pelín más aparatosa pero tampoco excesivamente pomposa.


Cuando terminó, la sensación de haber pasado una buena velada era generalizada entre el público. Dos obras con similitudes pero con muchas diferencias y raramente programadas en nuestro país, así que, aunque las tres horas y media globales se hicieron hacia el final un poco pesadas, bienvenidas sean y enhorabuena a quien las programó.

Está hasta este domingo, por si quieres ir.
George Gershwin
Lady, be good!
Nicholas Garret, Jeni Bern,  Gurutze Beitia, Troy Cook, Sebastià Peris, Letitia Singleton, Carl Danielsen, Paris Martin, Talía del Val, Manel Estève, Sergio Herrero.
Francisco Alonso
Luna de miel en El Cairo
Ruth Iniesta, Mariola Cantarero, María José Suárez, David Menéndez, Enrique Viana, Manel Estève, Eduardo Carranza, Isabel González, Paloma Curros, Carmen Gaviria, Remedios Domingo.
Kevin Farrell, Emilio Sagi, Nuria Castejón, Jesús Ruiz.
Madrid.
Teatro de la Zarzuela.
Domingo, 8 de febrero de 2015


lunes, mayo 19, 2014

Teatro de la Zarzuela. Temporada 2014 / 2015

 
Esta mañana he recibido un email con el avance de programación del teatro de la Zarzuela de Madrid para la temporada 2014 - 2015.

Veamos lo quenos viene:

- Maruxa, de Amadeo Vives.
Me gusta mucho su música, y tiene momentos fantásticos (esa escena de la carta, ese dúo de Rosa con Rufo). Escuchada entera  se me hace pesada por la cantidad de momentos "pastorales", pero hace mucho que no se pasea por los escenarios de Madrid, y le tengo muchas ganas. ¿El problema? Versión de concierto. Uf. No sé, no sé.

- Carmen, zarzuela basada en la ópera cómica de Georges Bizet
Huy, cómo suena eso. ¿Una Carmen traducida al español, acaso? Con María José Montiel al frente. Me entra curiosidad.

- Los Diamantes de la Corona, de Francisco Asenjo Barbieri
A decir verdad, tengo el disco de Pilar Lorengar por ahí pero no la tengo en mi repertorio de escuchas. Barbieri siempre me resulta interesante. Indagaré.

- Lady, be good, de Gershwin + Luna de miel en El Cairo, de Alonso
Programa doble de revista, music hall, opereta o como lo quieras llamar. Muy apetecible. No me lo pierdo.

- La Gran Duquesa de Gerolstein, zarzuela basada en la opereta de Offenbach.
Huy, otra como la Carmen. Qué cosas.

Y tres zarzuelas más en versión concierto: Clementina de Boccherini, La Dogaresa de Millán y La Marchenera de Moreno Torroba. Restricción de presupuesto manda.

En la parte de recitales, el XXI ciclo de lied (¿de verdad llevan sólo 21? Si es algo como de toda la vida), con un puñado de figurones: Antonacci, Keenlyside, Bostridge, Jaroussky, Damrau, Genaux, Goerne, Montiel, Lemieux, Gerhaher. Toma ya. Lo malo es que yo no puedo con los lieder (que por otra parte anda que no se repiten). Unos pocos sí, pero un recital entero me acabo durmiendo, y mis amigos se escandalizan cuando lo suelto, pero es la verdad, qué narices.

Bueno, no se ve género chico por ningún lado, hay títulos poco frecuentes (muy poco frecuentes), mucha versión concierto y un par de zarzuelas basadas en óperas. La verdad es que es imaginativa y desde luego se sale de lo convencional, aunque algún título de repertorio no hubiera estado mal. 

La Maruxa, ay la Maruxa, en concierto, grrrrrr.
Quien no la conozca, que no se pierda esta grabación de García Asensio con Ana Riera, Montserrat Caballé, Vicente Sardinero y Pedro Lavirgen, es maravillosa. O que se vea la versión reducida en playback que se hizo para televisión con la Mary Francis (aka Paca Gabaldón) de mala malísima comiéndose con patatas a la pavisosa de María José Alfonso, con las voces de Josefina Cubeiro y Dolores Pérez.

Bueno, y mira qué vídeo tan chulo se han marcado los del teatro para anunciar la nueva temporada:





jueves, enero 02, 2014

La Del Manojo De Rosas

 
Yo no sé ya las veces que he ido a ver esta producción de La Del Manojo De Rosas, de Sorozábal, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. ¿Cuántas veces se ha repuesto desde principios de los 90? ¿Cuatro, cinco? Da igual. Este manojo de rosas parece que se ha puesto en un florero con agua y una aspirina, porque se mantiene lozano y flamante como hace veintitantos años.

La verdad es que este año no tenía yo intención de ir, pero resulta que por navidades venía una amiga desde Alemania con su novio (alemán él) y pensé que podría ser un buen evento para pasar una tarde: sacar entradas para un domingo, que la función es a las seis, y luego salir a cenar. Vamos, zarzuela + tapas. ¡Más turístico imposible!


Para encauzar al alemán, que algo de español pilla pero poco, le pasé la sinopsis en inglés que hay en la web zarzuela.net. Pero jodó, el resumen es TAN descriptivo que hasta yo sabiéndomela al dedillo me armaba un lío. Así que se lo expuse en cuatro frases: hay dos parejas de enamorados: la cómica y la dramática. En el primer acto se enamoran y se desengañan. Y en el segundo acto se arreglan. Punto.

Luego le intenté explicar algo del trasfondo social de la obra, de en qué época se estrenó y de cómo las pasó Sorozábal después, pero vamos que básicamente era lo que necesitaba para enterarse. Y además luego no tuvo problema porque los sobretítulos del teatro de la Zarzuela son bilingües.

Si está fantástico que ya te sobretitulen los cantables en español (porque hay a cada uno/a a quien no se le entiende un pimiento), mucho mejor que también lo hagan en inglés. Además, las partes habladas -no sobretituladas- tenían un mini-resumen en inglés para que la gente no se pierda. Perfecto y ole por el teatro de la Zarzuela, no sé desde cuándo hacen eso pero de verdad, genial.


Domingo de diciembre. Lleno TOTAL en el Teatro, hasta estaban ocupadas las localidades sin visibilidad.

Y empieza la obra.

Para quien no la conozca, La Del Manojo De Rosas es un sainete estrenado en 1934 que homenajea el género chico de ambiente madrileño, especialmente La Revoltosa (de donde toma el nombre). Los personajes son los estereotipos de la zarzuela: la chula castiza por la que todo el mundo bebe los vientos, el galán, la pizpireta y coqueta amiga de la protagonista, el galán cómico y el don Hilarión convertido en este caso en un camarero ilustrado.

La música es de esas que te levanta el ánimo por lo inspirada y lo animosa que es. Es imposible no dejarse llevar por ella. Aparte, está la genialidad de Sorozábal de mezclar estilos: encontramos chotis, pasodoble, habanera, farruca, foxtrot, encajados perfectamente tanto en la trama con entremezclados entre ellos en los números concertantes. Es una delicia.



Y si ya nos juntamos con la ya emblemática producción de Sagi apaga y vámonos. No creo que se le pueda poner pega alguna. ¿Qué hacen que no está ya editada en DVD y puesta a la venta, con la de años que tiene y el éxito que cosecha siempre? Las fotos lo dicen todo del decorado y del vestuario. Fiel, elegante, perfecto. Un lujo no, un lujazo.



Pero además espléndidamente dirigida: hay casticismo sin llegar a la chabacanería y la horterada del oleoleole que solemos ver en las producciones de zarzuela cutres que se montan en verano en esta ciudad (siempre con los mismos títulos y sí, ya lo sé, con dos duros y financiación privada). Por no mencionar el cuidadísimo movimiento y coreografía de coro y figurantes.

Creo que esta ha sido la vez que mejor dirigidos he visto a los cantantes. Porque en la zarzuela SIEMPRE pasa lo mismo: cuando los solistas tienen que hablar se quedan envarados y declaman de una manera artificiosa y antigua que se carga toda la credibilidad de la acción. Y de esto no se han librado los protagonistas de esta zarzuela y esta producción en otras ocasiones. Pues con este reparto todo va como la seda, con una naturalidad sorprendente. 


Reparto encabezado por Carmen Romeu como Ascensión. El problema de haber visto tantas veces esta producción es que uno tiene metido a Milagros Martín en la cabeza en el papel. De hecho creo que salvo la primera vez que la vi con Guadalupe Sánchez sólo he visto a la Martín de Ascensión, inigualable en sus mejores tiempos. Carmen Romeu tiene una voz bonita, que se le aligera un poco cuando sube. Le falta esa rotundidad y ese dominio del rol. Cuando Milagros Martín pegaba el agudo en la romanza se te encogía el corazón como a la florista, aún en la última reposición que ya no tenía la voz tan lozana. La Romeu hace una buena Ascensión en lo vocal y excelente en lo actoral. En ese sentido, fantástica. Vamos, que muy bien.


El Joaquín fue José Julián Frontal, que también está soberbio como actor, mezclando perfectamente los lados elegante y chulo de su rol. La voz, con el volumen adecuado y la elegancia y cuidado en el fraseo a la que nos tiene acostumbrados, pero un pelín desgastada en el agudo. Aún así, notable Joaquín.



Carlos Crooke cumplió como Capó, con la limitación de volumen típica de los tenores cómicos. Bien.


Ruth Iniesta me sorprendió para bien con su Clarita. Chillona e irritante en las partes habladas, como debe ser, y sobresaliendo en las cantadas con volumen y gracia. Creo que la mejor Clarita que he escuchado. Porque mira que es un personaje musicalmente ingrato, de esos que ponen de los nervios.

Ricardo Bernal fue un correcto Ricardo el aviador. Una pizca de volumen le faltaba. 



Y más que aceptables los secundarios, es una alegría encontrarse a Ricardo Muñiz, tenor que hace un par de décadas hacía protagonistas, en el papel de padre de Ascensión.

Pero toda persona que conozca esta zarzuela sabe que quien se lleva el gato al agua es un personaje que no canta: Espasa, el camarero del bar. 

Luis Varela recogió el testigo de Raúl Sénder hace ya mucho. Ambos eran/son geniales Espasas. Sénder era más jeta, más descarado, más marilistillo. Varela es un auténtico embaucador, un prestidigitador de palabras, con un saber decir que te emboba. Y por muy anticuadillos que estén ya algunos de sus chistes, es imposible no reirse.


Varela domina la escena sin necesidad de robarle protagonismo a los demás intérpretes, lo cual es también un gran mérito.

En la dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez, que ha optado por una visión suave y elegante de la partitura, limando chimpúnchimpunes y evitando excesiva algarabía en los momentos más animados, como puede ser el pasodoble. Muy bien, es una opción, aunque sé de alguno que habría preferido más chundachunda y que le quiten las butacas de patio para ponerse a bailar.

Con el teatro a reventar, en fin de semana y en navidades, el público se comportó como era esperable: concierto de toses, teléfonos móviles sonando durante toda la obra, caramelitos y bolsas de plástico a cada momento y gente hablando. 


Los Gremlins (personas de edad entre avanzada y MUY avanzada que mueven la cabeza al compás de la música, tararean y cantan a la vez que los cantantes sin preocuparles el volumen) lo tienen difícil con esta zarzuela: sólo se saben el "Hace tiempo que vengo al taller", y empieza tan de golpe que no les da tiempo a cantarlo. Y les da rabia. Por eso cuando tras el descanso empieza el segundo acto con la misma melodía del pasodoble, se desatan. Esta vez se oyó un enfervorecido "Cariiiiiiñooooooooo". 

En definitiva: una tarde de zarzuela la mar de animada, dos horas que se pasan volando, un señor alemán a quien le gustó mucho y una recomendación: esta producción de La Del Manojo De Rosas del Teatro de la Zarzuela es para TODOS los públicos: da igual edad, aficionado o no a la música o a la lírica, es una función superdisfrutable en la que todo se mueve a muy alto nivel.


Hay funciones hasta el día 12 de enero. Y hay otro reparto (preparado por Teresa Berganza) algunas tardes. y en La Zarzuela da igual estar en gallinero, porque tampoco es un teatro tan gigante. Mientras la entrada sea medianamente centrada, se disfruta perfectamente.

Y si te quieres preparar la obra tienes las grabaciones de Teresa Berganza / Antonio Blancas, Isabel Penagos /Manuel Ausensi y Pilar Lorengar / Renato Cesari (mi favorita).

Que vayas.


Pablo Sorozábal.
La del manojo de rosas.
Romeu, Frontal, Iniesta, Crooke, Bernal, Varela.
Gómez Martínez, Sagi.
Teatro de la Zarzuela, Madrid.
Domingo 29 de diciembre de 2013.



jueves, mayo 10, 2012

La Chulapona: casticismo de postal

 

Salgo de La Chulapona con una sensación de déjà vu, y no es para menos, porque esta producción, que tiene sus añitos, es la tercera vez que la veo.

El libreto de La Chulapona es un compendio de casticismo de libro. Lo tenemos todo: la mujer echá palante, el chulo orgulloso, el chuleta de barrio, el pícaro, el vejete entrañable, la vieja terremoto, y su correspondiente historia de celos, amoríos y desamoríos.


La partitura no se queda atrás: chotis, mazurka, pasacalles, habanera, peteneras... Pero ese casticismo es excesivamente refinado, como muy impostado: para mi gusto el libro no tiene la enjundia suficiente como para definir bien a los personajes y la música se queda en simplemente agradable. La Chulapona es, y ya lo era en su estreno en 1934, un recuerdo nostálgico del Madrid castizo de finales del XIX.



Y la producción de Gerardo Malla es exactamente eso: una sucesión de escenas de casticismo de tarjeta postal: todo está en su sitio, como debe ser y como se espera: los decorados, los figurantes, los gestos de la chulapona o las gracias de los comprimarios. El pasacalle del segundo acto es el ejemplo perfecto: no nos falta de na: un organillero, un limpiabotas, el torero, los curas, las beatas, los soldados, el barquillero, las chulapas. Y todos suben y bajan las escaleras al compás como cuando veíamos a los payasos de la tele. ¿Que queda rancio? Pues sí, pero es "como tiene que ser". Creo que mejor no se puede hacer. 


Y lo que sigue maravillando aún habiéndola visto varias veces es la escena del Café de Naranjeros, con su simple pero efectista cambio de decorado: impactante, modélica.


Y decía también lo de déjà vu porque ayer el reparto femenino era el mismo que lo estrenó en 1988, que vi en 1997 y que está en el dvd. Milagros Martín y Carmen González llevan 24 años siendo Manuela y Rosario.


Los personajes están dominados hasta el último gesto, aunque las voces ya no son evidentemente lo que eran. Tras un primer acto poco brillante que hacía augurar una tarde tediosa, la cosa mejoró a partir de la escena habanera del segundo acto, donde pusieron toda su intención.



Me hubiera gustado ver el otro reparto con Cristina Faus y Susana Cordón, más que nada por ver a otras Manuela y Rosario que no fueran las de siempre, pero ya se sabe cómo es el Teatro de la Zarzuela, que compras las entradas antes de saber quién te toca.

Menciono la intervención de Marcelo Puente, tenor de voz clara, potente y matizada. (Sí, ay, un atisbo de gallo al intentar apianar, pero totalmente disculpable). Perfecto protagonista masculino que levantó la función. Muy bien.


El resto de intérpretes, correctos dentro de su papel de actores/cantantes (algunos hubieran necesitado micrófono), con distinción especial para Charo Reina, con un rol que es un bombón dentro de lo estereotipado que es y que hizo suyo con gracia y sin estridencias.

Elegante la orquesta a cargo de Miquel Ortega, sin excesivo pachín pachín, que no hubiera venido mal en algunos momentos, ojo.

El numerito flamenco (como locos los turistas sacando fotos) estuvo a cargo de Eva Durán. Bien, aunque la amplificación se cargó parte de la magia.


El teatro estaba abarrotado. Miércoles, mitad de precio, seis de la tarde. 21 euros la entrada más cara. En los pisos de arriba, un instituto entero. Y en platea... ¡LOS GREMLINNNNSSS! (recuerda, esas personas de edad entre avanzada y MUY avanzada que mueven la cabeza al compás de la música, tararean y hasta cantan a la vez que los cantantes sin preocuparles el volumen). La Chulapona es difícil para ellos: no tiene fragmentos archiconocidos. Aún así, el señor de al lado no podía evitar murmurar toda la zarzuela entera como si fuera un instrumento más. Las señoras de detrás se dedicaban a narrarnos todo lo que aparecía en escena: el afilador, el barbero, lo gordo que estaba el Chalina... Muy entrañable todo. Sonaron móviles a tutiplén y desde arriba saltaron varios flashes de cámara.

Recomiendo esta Chulapona a todo el que no la haya visto anteriormente. Es un espectáculo amable, entretenido y muy vistoso. Antigüillo, eso sí. No es para tirar cohetes, es lo que hay.






Federico Moreno Torroba
La Chulapona
Milagros Martín, Carmen González, Marcelo Puente, Eva Durán, Luis Álvarez, Charo Reina, Jesús Castejón, Gerardo Malla, Carlos Crooke.
Miquel Ortega, Gerardo Malla.
Teatro de la Zarzuela, Madrid, miércoles 9 de mayo de 2011


Y para terminar aquí Plácido Domingo cantando la romanza del tenor:

Mira

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