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miércoles, diciembre 17, 2014

Roméo et Juliette à Madrid


Roméo et Juliette, de Gounod, sube al escenario del Teatro Real en versión de concierto y yo arrastrando un constipado, dopado a base de Frenadoles y sin haber conseguido pegar ojo en la siesta previa a la ópera. Huuuuuy, pánicooooo, con los sopores que me entran a mí los días de diariooooo.

Porque vamos a ver, no es que sea una ópera que no me guste, me parece agradable, tiene unos cuantos dúos muy disfrutables y tres arias que me encantan, pero en global, lo que se dice en global, me parece que no le llega al Faust ni al filis de los zapatos. Vamos que no está entre mis favoritas, por mucho que en el programa de mano (enlace al final de este texto) pongan la partitura algo así como el culmen de la ópera romántica francesa, con connotaciones poco menos que filosóficas.


Pero cógete tú a un señor director como Michel Plasson y hazte la muerta, roberta. ¡Qué barbaridad! Eso es saberle sacar todo el jugo y más a la partitura. Las partes dramáticas, con toda su carga, las ligeras, con toda la ligereza, las líricas... ay, las líricas... maravilloso.
¡Pedazo de batuta! Ole, ole y ole. Acompañó a los cantantes, los envolvió, los llevó de un lado a otro... y a nosotros también. Estupendo. De verdad, no se puede decir otra cosa.

Y luego apáñatelas con una pareja protagonista de postín: nada menos que Roberto Alagna y Sonya Yoncheva.

Seamos francos: Alagna no está ya para Roméos, la subida al agudo le cuesta mucho y en unas cuantas ocasiones nos puso los cataplines en la garganta. Ahora le van más los Don José, Cavaradossi, los papeles de lírico spinto, vamos, el gran repertorio. Pero no hay que olvidar que en los pepelsde lírico-ligero de ópera francesa fue un auténtico especialista en sus años mozos, y el estilo, el legato, el fraseo... están ahí, por no hablar de un timbre pleno y atractivo y una voz que corre perfectamente por el inclemente y gigantesco espacio del Real. Roberto Alagna me convenció como Roméo. Muy bien.

Ah, fiel a su costumbre, salió descamisado con el cuello abierto. Por lo menos esta vez no se nos puso las botas de tacón cubano y la camisa de venir de jugar a los dados en Las Vegas.


La Yoncheva es una soprano muy interesante. La voz tiene cuerpo, esmalte, volumen, proyección y agilidad. No es perfecta, el agudo le queda un poco desguarnecido, pero vamos, visto lo que hay por ahí, es una tía muy buena. Empezó un poco aturullada, con un vals de entrada rapidísimo y por el que pasó un poco en plan apisonadora, pero a partir del primer dúo se fue metiendo en el papel, creciéndose, creciéndose, hasta llegar a unos actos cuarto y quinto estupendos. Su "Amor ranime mon courage" me puso la carne de gallina.

Además, interpretó muy bien. 
Porque esa es otra.
¿Versión de concierto o versión semiescenificada?
Pues más bien lo segundo. Que nada más entrar en la sala me fijé que no estaban las sillas y los atriles de los cantantes. ¡Menos mal! Salieron todos sin partitura, interpretando e interactuando entre sí. O sea, que lo único que faltó fue un decorado. Pero te imaginas que detrás hay un telón con unos arquitos, un balcón y un jardincillo y hala, apañaos.

Además, doña Yoncheva nos sacó un modelito de fiesta en los primeros actos (nena, cambia de asesor, que eres mona pero te hacía demasiado rotunda) y una especie de camisón en los últimos, así que también daba el pego de vestuario.

Por cierto, ¡vaya un sobón el Alagna! Menudos magreos que le pegaba a la buena señora.


En fin, que pareja protagonista y orquesta, muy buenos. Da gusto cuando los principales responsables saben lo que se traen entre manos. Con eso tenemos ya el 90% de la función apañada y satisfactoria. ¿Y el resto?

Pues correctos en su mayoría. A destacar Marianne Crebassa, una mezzo con una voz muy interesante, y la presencia de Diana Montague (¿la cogieron por el apellido?). Bueno el Tybault de Mikel Atxalandabaso y el Duque de Fernando Radó. Como lunar, Laurent Alvaro fue un insuficiente Capulet.

El coro, ayyy el coro. No sé si el estar detrás de la orquesta le perjudicó, pero durante la primera parte para mí fue como un murmullo ininteligible. Mejoró en los últimos actos.


Vamos, que sí, que una velada de las de disfrutar a gusto. Y llevao tres óperas esta temporada en el Real y las tres me han gustado. Va a ser que me quieren hacer que me arrepienta de añorar la etapa Mortier.

Ah, a Muerte en Venecia no he ido porque no me entraba en abono y ya vi esa producción en Barcelona tiempo ha (clic). Coño, ahora que lo veo, hace 6 años ya.

Conozco las versiones de Roméo et Juliette de Alagna/Vaduva y de Malfitano/Kraus. Me quedan ganas ahora de buscar la de Lombard con Franco Corelli y Mirella Freni, a ver si la italianizan (como ya hiciera la Freni con su calentorrísima Manon con Pavarotti).

Cuasi lleno el Teatro Real, aunque había huequecillos y no fue difícil bajar a patio en la segunda parte.

Hala, hasta la próxima (que es dentro de nada)


Otra cosa: en el Teatro Real tienen en estas fechas su mercadillo navideño, o sección "Pase y revuelva", en la que se exponen piezas de atrezzo de óperas.

Entre ellas, toda la colección de pájaros de "La página en blanco", de Pilar Jurado. ¿Qué pasa? ¿Es que ya no se va a reponer esa producción????




Charles Gounod
Roméo et Juliette
Roberto Alagna, Sonya Yoncheva, Roberto Tagliavini, Diana Montague, Joan Martín-Royo, Damián del Castillo, Marianne Crebassa, Laurent Alvaro, Mikeldi Atxalandabaso, Fernando Radó, Toni Marsol, Antonio Lozano.
Michel Plasson
Teatro Real, Madrid, martes 16 de diciembre de 2014 

Fotos cortesía de Pastoso, Teatro Real y yo mismo


Una versión que he encontrado en Youtube:



Spotify:

Rutracker:

Y para terminar: Sumi Jo puesta hasta arriba de gominolas y vestida para presentar el Festival de la OTI nos deleita con la página más conocida de esta ópera: el vals Je veux vivre dans ce rêve:


jueves, mayo 31, 2012

Chiedo in bontà di ritirarmi (Adriana Lecouvreur en Barcelona)

 

Es raro, pero no tenía yo mucha gana de ir a Barcelona a la Adriana Lecouvreur del Liceo, y eso que Adriana es una de mis óperas favoritas, tan pomposa ella, tan melódica y con uno de los finales más absurdos de la historia de la ópera: Atención, spoiler, Adriana muere tras oler unas flores envenenadas. ¡Tela!

Pero la insistencia de mis amigos y, sobre todo, su apoyo, hicieron que al final tirara de iberiapluses (que ahora se llaman Avios, qué nombre más feo) y allá que me planté. Y como la cosa no está para tirar cohetes, cogí entradas de las ultrabaratas, quinto piso sin visibilidad, a 10,50 €. ¡Pero para los tres días! Y ya ves tú lo que son las cosas, como el teatro no estaba lleno me fui cambiando de localidad, lo vi perfectamente y en dos de las funciones acabé en platea, toma.


Y es que el viernes confluían: final de la Copa del Rey de fútbol con un Barça que tenía que ganar por huevos para salvar la honrilla, y fin de semana largo con festivo el lunes. El teatro estaba al 50 % el viernes, aprox. El sábado casi lleno y el domingo a un 70%, calculo.

¿Agotador ver tres repartos de Adriana? Pues mira, no, porque fueron tres noches muy distintas. Bueno, noches digo, que un día empezó a las ocho, otro a las seis y otro a las cinco, menudo cacao llevaba yo de ciclos circadianos.


Lo que tengo que reseñar en primer lugar antes de que te me aburras y dejes de leer es la fantástica dirección musical de Maurizio Benini, llevando una orquesta que sonó estupendamente bien. Ha sido una dirección cuidada, caprichosa en tiempos tirando a lentos, pero con mucho mimo. Ha evitado caer en la cursilería melódica de nanianonano que te hace mover la cabeza (en plan los Gremlins viendo Blancanieves, yo me entiendo), ha subrayado los momentos fuertes y, lo más importante, ha estado pendiente de los cantantes en cuanto a volumen y parando a la vieja usanza al final de cada aria. En el 4º acto se lució, comenzándolo con una atmósfera única y terminándolo de una manera exquisita con un diminuendo de poner la piel de gallina. Lástima de aplausos que se cargaron la atmósfera antes de terminar las notas, creo que sólo el viernes se pudo escuchar en su plenitud. 


Respecto a la producción pues... un lujo. Lo del teatro dentro del teatro se ha resuelto de la manera más literal posible: hay una macroestructura de un teatrillo barroco dentro del escenario. Para más espectacularidad, da vueltas formando los distintos escenarios. Perfecta.


Y luego está el vestuario. Me puedo imaginar a la Gheorghiu, que fue quien la estrenó en Londres, muriéndose de gusto al ponerse tanta tela tanto brillo tanto broche encima. ¿No dices que eres glamourosa? Pues toma glamour. Los vestidos son de un detalle exquisito. Fantástica la labor de Brigitte Reiffenstuel.


La dirección escénica de cantantes ha sido también imaginativa dentro de lo que el argumento de la ópera permite, aunque con detalles un poco burdos (véase el dúo de Adriana y la Princesa o la inútil y ruidosa aparición de figurantes en el final). Una cosa que me ha encantado es lo afectado y cursi que puede llegar a ser el personaje de Adriana. Cómo sufre ella, por favor. Qué movimientos de cabeza y como de desvanecerse le hacen hacer. 

Y ya nos metemos en harina. Los cantantes. Tres repartos, tres Adrianas.


En el primero, Barbara Frittoli, Roberto Alagna, Joan Pons y Dolora Zajick. Muy de campanillas. La Frittoli me ha gustado muchísimo, a pesar de un comienzo un tanto oscilante. Poderío poderío en el tema vocal, seguridad y un timbre pleno. Vamos, que si hay que terminar la umille ancella con un calderón bien alargado para marcar territorio, se hace. Muy en la línea de una Freni, con la voz más espesa. Muy bien.


Ahora, el que se lleva la palma para mí es el Alagna. ¡Y yo que creía que este homrbe estaba ya para cantar rancheras y boberías similares! Recuerdo que su recital en Madrid de hace unos años me dejó bastante decepcionado. Pero oye, cómo se le ha colocado de nuevo la voz. Qué belleza de timbre, qué brillantez, qué fraseo, qué estilazo. Estupendo del todo, qué gustazo escucharlo. Bien por Robertino. ¿Será que desde que se ha separado de la Angelita se ha centrado más? Ni idea, pero que nos dé muchas funciones más así.




De mala malísima tocaba la Zajick, que ya sabemos cómo se las gasta. Tan pronto te pega un pepinazo arriba como baja a un grave que te remueve los intestinos. Dolora, a los 60 tacos, se sigue comiendo el teatro. Vale, que sí, que su canto es bastante efectista, pero viene que ni pintado para el papel de la Principessa. Disfruta y hace disfrutar.


Nunca me ha gustado demasiado la manera de cantar de Juan Pons. Siempre lo he notado como quejicoso, al punto del lloro, y me pone muy nervioso. Este Michonnet no ha sido así. La forma de interpretar ha sido más contenida y, aunque la voz ya está en decadencia, le ha dado al personaje la dimensión dramática justa para emocionar sin exagerar. Bien.


En el segundo reparto, la Adriana estaba a cargo de Daniela Dessì. Qué barbaridad, hace más de veinte años que no la escuchaba en directo (desde la Desdemona con Plácido en el teatro de la Zarzuela, aguanta). Y es que siempre que me tocaba, o ha cancelado o tenía yo otro reparto. La Dessì tiene clase, escuela de canto y un fraseo estupendo. Ahora bien, la voz ya no está en su mejor momento y comenzó algo agriada, con el agudo quedándose atrás. Mejoró a lo largo de la función y el último acto lo hizo excelente. Por cierto, ¿se ha vuelto adicta al bótox? ¡Porque vaya fotos promocionales a sus 55 primaveras! Interpretativamente, fue la más clásica y cursi de todas, puro exceso verista. Musa, diva, sirena.


Su marido, el Armiliato, fue quien casi se carga la función. Vale que siempre ha tenido una emisión un tanto extraña, pero es que el viernes pasado el problema era de voz. Sufrió y nos hizo sufrir. Tirante, tirante, consiguió salvar el Maurizio por los pelos, gracias a un último acto compenetradísimo con su señora y a la ayuda del maestro, que le bajó el volumen de la orquesta todo lo que pudo. 


Lo mejor del segundo reparto fue la mezzo, Marianne Cornetti. No es tan apabullante como la Zajick, pero sube al agudo perfectamente y luce buenos graves, con una voz superfresca. Nos encantó. A seguir en el futuro. A destacar un par de  abrazos y besos que se dio con la Dessì en los aplausos finales rompiendo la línea de saludos, como encantadas ellas dos de haber coincidido. Eso sí, tiene que vigilar su peso. Porque vale que los vestidos eran auténticos mamotretos, pero se movía con muchísima dificultad.


El Michonnet de segundo y tercer reparto era Bruno de Simone, con una voz sana y una composición del personaje mucho más cercana, cómica incluso a veces, con muchos detalles actorales. También me gustó mucho.


Tercer reparto, Micaela Carosi protagonizando. La mujer es joven, tiene una voz potente y una presencia bastante apabullante. Pero la elegancia y la línea de canto brillan por su ausencia. En la escucha de su Adriana de Turín en Spotify me quedé horrorizado de lo entubada que sonaba. En Barcelona y en directo no era tan notable, afortunadamente, pero no me convenció. Aparte, en el agudo se le iba la afinación. Da el pego, sí, pero para ser un papel que lleva rodado por varios teatros no lo tiene dominado.


Carlo Ventre, su Maurizio, sufre el efecto Giordani: una voz fea y sin interés pero que de golpe llega a la zona aguda, se coloca y consigue un timbre bellísimo y una potencia que te deja en el sitio. No sé si con el tiempo el hombre podrá homogeneizar el registro, ojalá, porque ya digo que en la zona alta daba gusto.


Ay la Fiorillo la Fiorillo, que ya nos la conocemos... es como la versión ordinaria de la Zajick. Sube arriba, baja al averno, cambia de color y entre medias te ha vendido una pescadilla de dos kilos en el mercado de abastos. Me gustó, porque el personaje de la princesa vocalmente de principesco tiene poco, pero vamos, que se pasa un poco. Eso sí, tiene pinta de pasárselo pipa cantando.


En todas las funciones el abad de Chazeuil fue Francisco Vas, con voz suficiente y todo lo amanerado y excéntrico que el personaje requiere. Desde luego pone de los nervios verlo tres días seguidos haciendo lo mismo, pero es el rol del abate, qué quieres. Muy bueno.

Para el príncipe de Bouillon se alternaron Stefano Palatchi (muy apropiado) y Giorgio Giuseppini (bien). Y luego ya los cuatro comediantes también estuvieron a la altura, pero nunca me aclaro quién es quién, aparte de que siempre cantan a la vez o atropellándose entre ellos, qué estrés.


El caso es que tres repartos, tres versiones de Adriana. Dominadas todas por la batura de Benini. La de Frittoli fue la más apabullante. La de Dessì la más clásica y la de Carosi la más de andar por casa. Pero yo disfruté las tres, y mucho.


Lo que es una pena es que probablemente no se edite un dvd / bluray con las funciones del primer reparto, porque ya ha salido para Decca uno de esta producción de la ROH Covent Garden de Londres con Angela Gheorghiu y Jonas Kaufmann. O lo mismo sí. Esperemos. Merecería mucho la pena.


Y desde aquí vuelvo a dar las gracias a mis amigos por animarme a ir, por mimarme, llevarme de un lado a otro y por hacer que el motivo del viaje -la ópera- se convierta en mera excusa para volverlos a ver.


¡Y anda que no saqué fotos de Barcelona! ¡Parecía un turista novel!


Francesco Cilea
Adriana Lecouvreur
Daniela Dessì, Barbara Frittoli, Micaela Carosi, Fabio Armiliato, Roberto Alagna, Carlo Ventre, Marianne Cornetti, Dolora Zajick, Elisabeta Fiorillo, Bruno de Simone, Juan Pons, Stefano Palatchi, Giorgio Giuseppini, Francisco Vas.
Maurizio Benini, David McVicar, Charles Edwards, Brigitte Reiffenstuel.
Barcelona, Gran Teatro del Liceo. Viernes, sábado y domingo 25, 26 y 27 de mayo de 2012.


 

sábado, junio 28, 2008

Un bolo


Roberto Alagna.
Recital Verdi.
Teatro Real de Madrid.
27 de junio de 2008.

Yo no sé si es que Alagna ha venido a hacer un bolo a Madrid, que no se ha esforzado, que no estaba en buena noche o que directamente ha perdido las facultades, porque el recital de anoche me ha dejado petrifi total, que diría Corredero.

Y me da rabia, porque de su Aida de Barcelona salí bastante contento.

Primera parte aburrida: ¿dónde está el tenor? ¿dónde los agudos? ¿dónde el legato? ¿A qué viene hacer el final coitus interruptus del Celeste Aida en un recital, bisarlo y volverlo a hacer igual pero más rápido? Perplejidad general y esperanza de que la segunda parte sea mejor. Aplausos de cortesía.

A todo esto, el director de orquesta masacra la obertura de la Forza y se dedica a ir a destiempo con coro y solista en cuanto tiene ocasión.

Segunda parte: el espíritu de Nana Moskouri flota en el ambiente y más de uno en el público corea los esclavos de Nabucco. La Traviata: bien la cosa mejora. Seguimos sin agudos pero por lo menos se muestra italianidad y buen gusto. Chasco: no canta la cabaletta, pese a estar anunciada en programa.

Y llega el Rigoletto y se arma. Amos a ver, Roberto, chacho, ¿es el Questa o quella apropiada para un recital? Como que no, ¿verdad? Todo lo más, para bises. Y si además en la segunda estrofa te marcas una especie de ladridos raros, lógico que la gente se enfade. No tardó el perpetuamente indignado de turno en mandarte al conservatorio ni la señora ofendida en soltar el temido "Viva Alfredo". Revoltijo en los pisos 4 a 6. Diversión asegurada.


Tras otra demostración de bravura (¿o era casi bestialismo?) por parte del director de orquesta, lo que más me gustó de la noche: Luisa Miller. Y lo que más rabia me dio también porque...

¿por qué coños hace muchísimo mejor las introducciones a las arias que las arias en sí? Qué ser, por favor.

Final con Otello. La voz se le pone culozumbona: la ensancha de abajo, vamos. Hace cosas monas pero el "un bacio" sólo lo salva la maravillosa música de Verdi, y es que hay que ser muy chapus para cagarla.

Aplausos de "vamos a ver lo que hace en los bises".

Y va y el coro empieza otra vez con Otello y el Esultate. Aquí hay que cantar y esforzarse, pero es un minutín. ¿Pero esto qué es? Segundo bis: canción siciliana (que por la cantidad de úes parecía que había traspapelado una partitura de su mujer entre las suyas). Tercer bis: Malagueña salerosa. Ya sí que me deja ojiplático perdido, porque es un bis para uno de esos recitales en los que el público ha aplaudido a rabiar y se ha producido esa química entre cantante y teatro que ya se le admite todo como colofón final, pero... ¿después de la poca pasión provocada sacarse eso? Vale, hacer los falsetes y controlarlos tiene que ser supermegadifícil y le salieron muy bien, pero de verdad que me dejó en el sitio.

El Otello:





Descarga (clic)

La malagueña:





Descarga (clac)

La calidad del audio es de teléfono movil, aviso.

En fin, quien me lea sabe que no soy de los que va a sufrir al teatro y a poner a parir todo lo que oye, y qué coño, no tengo que justificarme ante nadie, pero es que lo de ayer fue, prácticamente, un bolo (sin ofender a los naturales de la provincia de Toledo, ojo, que mi abuelo era de allí).

Malagueeeeeeeeeeeeeeeeeña salerosa.

lunes, diciembre 31, 2007

lunes, diciembre 03, 2007

Como en los años 40

Aida, de Giuseppe Verdi.
Gran Teatro del Liceo.
Barcelona. 1 de diciembre de 2007.


¿Y que no había visto yo la famosa producción del Liceu con los decorados restaurados o recreados de Mestres Cabanes con toda la publicidad que le han hechoooo? Amos, amos.


Doblete operero en Barcelona, que hay que aprovechar los viajes.

Y mira tú que nunca he tenido como ópera de cabecera a Aida, y no entiendo por qué, porque anda que no es bonita ni nada. No me voy a enrollar aquí sobre la partitura porque enseguida me saltan "los que saben" a replicarme, pero vamos, que quedé encandilado una vez más con la magia verdiana.

Y eso que la orquesta anduvo de mero acompañamiento, pasando sin pena ni gloria para mi gusto, ralentizando en exceso (¿a petición de algún divo, quizás?) y "sin chicha".


Los cantantes estuvieron a muy buen nivel. La estrella era Alagna, sin duda. Por fin lo oigo en directo. Y vale, no es la voz ideal para Radamés, pero lo escuchas y dices: vaya pedazo de tenor. Se le oye a la perfección, canta con un gusto exquisito y el tiene un brillo en la voz que pocos hay así. Francamente bien.

Hui He (ésta sí es china, y no la de pega) tiene una voz potente y lírica y le va mucho el papel. Las pasó un poco canutillas en algunos pasajes y algún filado nos podría haber hecho, digo yo. Bien, sin entusiasmar. Puede dar más de sí, seguro.


La Fiorillo es capaz de pegar unos zambombazos graves que tiembla hasta el misterio y luego subir al agudo sin problemas. Como lo diría educadamente... ¿poco refinada? En cualquier momento parecía que iba a salir una mesa y se iba a poner a despachar pescado. Efectiva y efectista, estuvo estupenda hasta la escena del juicio, incomprensiblemente lenta, falta de tensión y con la mezzo ya cansada.

Joan Pons tenía el agradecido papel de amonasro, que resolvió muy bien sin fatigarse (tenía en la memoria aquel Macbeth en el que el hombre lo pasó tan... así). Bien.


Del resto, Colombara cumplió como Ramfis, el rey algo más inexistente y muy buen mensajero de Fadó. Una vez más brilló la preciosa voz de Begoña Alberdi, eterna destinada a papeles testimoniales en el Liceo, como la sacerdotisa.


Ya sé que muchos (holaaaaa) están hartos de esta producción y de que la cuelen en el abono. para mí, vista por primera vez y con visión de conjunto, es buenísima. Me imaginaba yo cómo sería una Aida en los años 40: esos telones pintados con unos juegos de perspectiva prodigiosos, el vestuario más convencional del mundo, todos los topicazos egipcios y una dirección escénica inexistente: el cantante llega, se planta en el escenario, canta y se va.


Y así fue. Por no ser, no era ni kitsch. Pero todo ese cúmulo de elementos arcaicos, estáticos y ramplones, juntos crean un conjunto unitario que tiene su encanto. Una vez en la vida hay que verla, creo yo.

Y vamos, que salí encantado.


Sólo una cosa: ¿es necesario que se hagan los tres entreactos y que el primero dure media hora? Vale que había que ir a la delirante exposición Swarovski para no perder ripio de cómo se puede ser más hortera que nadie, pero salir pasada medianoche cuando esta temporada han adelantado la hora de inicio de las funciones tiene delito.


domingo, mayo 27, 2007

Pánico en Madrid

Vale, Angelita no dio la espantá, pero... ¿creíamos que nos íbamos a ir de rositas?

Pues no, su maridín, Roberto Alagna, cancela Trovatore porque tiene que ser sometido a una operación quirúrgica.

¿Quién lo sustituirá? Pues aún no se sabe.

Io tremo.




Actualizanding:

Según la web del Teatro Real, Casanova pasa a las funciones de Alagna y las suyas las cantará el coreano Francesco Hong (¿?). Puede seguir habiendo sorpresas

martes, diciembre 12, 2006

Alagna se cabrea y abandona la Scala



Roberto Alagna se cabrea por los abucheos recibidos por el grupo de revientafunciones de la Scala (los viudos de Callas y sus sucesores) y abandona la Aida en medio de la representación.

Nuevo ataque de divitis del tenor, que el año que viene canta el Manrico en Madrid, y nueva gilipollez de un reducido grupúsculo de gente que disfruta jodiendo al personal.



Edito porque la cosa trae cola:
La historia: La noche de la premiere, Alagna hace un correcto Radamès, que no es muy bien acogido por el público.
El divo se mosquea porque se haya aplaudido más al bailarín que a él y hace ciertas declaraciones contra los fanáticos escalígeros.
En la siguiente función, abucheos tras el Celeste Aida, Alagna que se cabrea y abandona tan panchamente.
Gran escándalo. La Scala y Decca (que iba agrabar las funciones para editar un dvd) amenazan con denunciar al tenor.
Al día siguiente, Alagna concede entrevistas haciéndose la víctima.
Zeffirelli, el director de escena, arremete contra él.
Hoy Alagna se presneta en el teatro para seguir con ensayos y representaciones y se le niega la entrada.
Alagna amenaza con denunciar al teatro por hostigamiento en el lugar de trabajo.
Telaaaaaaa.

Toda la información, con su dosis de humor, en Opera Chic, y mi visión en mi blog oficial.

Mira

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