lunes, diciembre 03, 2007

Como en los años 40

Aida, de Giuseppe Verdi.
Gran Teatro del Liceo.
Barcelona. 1 de diciembre de 2007.


¿Y que no había visto yo la famosa producción del Liceu con los decorados restaurados o recreados de Mestres Cabanes con toda la publicidad que le han hechoooo? Amos, amos.


Doblete operero en Barcelona, que hay que aprovechar los viajes.

Y mira tú que nunca he tenido como ópera de cabecera a Aida, y no entiendo por qué, porque anda que no es bonita ni nada. No me voy a enrollar aquí sobre la partitura porque enseguida me saltan "los que saben" a replicarme, pero vamos, que quedé encandilado una vez más con la magia verdiana.

Y eso que la orquesta anduvo de mero acompañamiento, pasando sin pena ni gloria para mi gusto, ralentizando en exceso (¿a petición de algún divo, quizás?) y "sin chicha".


Los cantantes estuvieron a muy buen nivel. La estrella era Alagna, sin duda. Por fin lo oigo en directo. Y vale, no es la voz ideal para Radamés, pero lo escuchas y dices: vaya pedazo de tenor. Se le oye a la perfección, canta con un gusto exquisito y el tiene un brillo en la voz que pocos hay así. Francamente bien.

Hui He (ésta sí es china, y no la de pega) tiene una voz potente y lírica y le va mucho el papel. Las pasó un poco canutillas en algunos pasajes y algún filado nos podría haber hecho, digo yo. Bien, sin entusiasmar. Puede dar más de sí, seguro.


La Fiorillo es capaz de pegar unos zambombazos graves que tiembla hasta el misterio y luego subir al agudo sin problemas. Como lo diría educadamente... ¿poco refinada? En cualquier momento parecía que iba a salir una mesa y se iba a poner a despachar pescado. Efectiva y efectista, estuvo estupenda hasta la escena del juicio, incomprensiblemente lenta, falta de tensión y con la mezzo ya cansada.

Joan Pons tenía el agradecido papel de amonasro, que resolvió muy bien sin fatigarse (tenía en la memoria aquel Macbeth en el que el hombre lo pasó tan... así). Bien.


Del resto, Colombara cumplió como Ramfis, el rey algo más inexistente y muy buen mensajero de Fadó. Una vez más brilló la preciosa voz de Begoña Alberdi, eterna destinada a papeles testimoniales en el Liceo, como la sacerdotisa.


Ya sé que muchos (holaaaaa) están hartos de esta producción y de que la cuelen en el abono. para mí, vista por primera vez y con visión de conjunto, es buenísima. Me imaginaba yo cómo sería una Aida en los años 40: esos telones pintados con unos juegos de perspectiva prodigiosos, el vestuario más convencional del mundo, todos los topicazos egipcios y una dirección escénica inexistente: el cantante llega, se planta en el escenario, canta y se va.


Y así fue. Por no ser, no era ni kitsch. Pero todo ese cúmulo de elementos arcaicos, estáticos y ramplones, juntos crean un conjunto unitario que tiene su encanto. Una vez en la vida hay que verla, creo yo.

Y vamos, que salí encantado.


Sólo una cosa: ¿es necesario que se hagan los tres entreactos y que el primero dure media hora? Vale que había que ir a la delirante exposición Swarovski para no perder ripio de cómo se puede ser más hortera que nadie, pero salir pasada medianoche cuando esta temporada han adelantado la hora de inicio de las funciones tiene delito.


Mira

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