martes, mayo 08, 2018

Blog en pausa

Por motivos personales este blog está pausado hasta nuevo aviso.
Gracias a todos los que lo habéis leído y habéis comentado algo.
Besos.

lunes, febrero 19, 2018

La Tempestad, zarzuelópera.


La Tempestad, de Chapí, es una zarzuela/ópera digna de ser escuchada y que se ha repuesto en el Teatro de la Zarzuela después de 90 años en dos funciones en versión concierto. Y, la verdad, merecería haber sido tratada con un poquito más de mimo.

Y lo digo porque la obra es muy interesante. La música tienes en las romanzas su estilo más puramente zarzuelero, pero luego los concertantes y finales de cada cuadro recuerdan mucho a Donizetti, hay partes que son talmente Elisir o Lucia, con toques de Verdi joven o Gounod. Es muy curiosa.

El libreto es convencional y previsible, y aquí con acierto se ha recurrido a sustituir las partes habladas por la intervención de un narrador (Juan Echanove). Al ser en versión concierto, si las hubieran suprimido totalmente habría quedado incomprensible, y si las hubieran dejado nos habríamos aburrido y se habría hecho eterno.

Pero la opción del narrador, muy acertada y muy bien interpretada, tuvo un fallo gordo, y es que en el último cuadro de la obra eliminaron todo el acompañamiento musical, que probablemente sea mínimo (de hecho no está en ninguna de las dos grabaciones que hay en disco) pero es que Echanove terminó de hablar y se apagaron las luces. Ni una mísera coda para concluir. Nos quedamos todos un poco estupefactos, dos segundos sin reaccionar y luego ah, ya, que esto se ha acabado, y aplaudimos. No sé, un chimpón final, qué menos. Pero como desconozco la obra representada (hace 90 años que no se hacía en Madrid), tampoco puedo decir nada.

Otro tema en el que se habría tenido que tener más cuidado es en la orquesta. Lentísima para mi gusto, con silencios exagerados y, según un especialista que tenía al lado, bastante desajustada, se notaba que habían estado escasos de ensayos.


En el terreno vocal, Mariola Cantarero salvó decentemente su parte a base de apianar y hacer filados. Cuando sube la voz se le descontrola, y lo sabe. La supo manejar. Ketevan Kemoklidze estuvo contundente de volumen, técnica y cuerpo, destacando sobre todos los demás en los concertantes, muy bien. José Bros sustituía al previsto Celso Albelo. Muy bien en la zona central y oscilante en el agudo (que, por cierto, nos escamoteó uno en la romanza), cantando como siempre con ese buen gusto y fraseo característico. Correcto y contundente Alejandro López en el breve cometido del Juez y muy bien también Carlos Cosias en el rol de tenor cómico, habitualmente reservado a tenorinos insufribles. Su escena del segundo acto estuvo excelente. Y finalmente Carlos Álvarez, lujazo total, timbre precioso, dicción espectacular, interpretación sentida a pesar de ser versión concierto... nivelazo, vamos. El coro tuvo una muy buena prestación, claro, inteligible, muy bien, particularmente ellas.

En conjunto buena velada, con alguna reserva menor. Yo no sé si esta "zarzuelópera" funcionaría bien representada (salvo Simón y el tenor cómico, el resto son personajes algo acartonados). La dirección escénica se tendría que esforzar mucho. Y ahí no veo yo dónde pueden hacer otra maruxada, jejeje. Pero, sobre todo, merece la pena conocer, escuchar y recuperar esta obra.


Ruperto Chapí
La Tempestad
Mariola Cantarero, Ketevan Kemoklizde, José Bros, Carlos Álvarez, Carlos Cosías, Alejandro López, Juan Echanove.
Guillermo García Calvo.
Teatro de la Zarzuela. Madrid, viernes 16 de febrero de 2018

Grabaciones:
Imposibles de encontrar a no ser en tiendas de segunda mano porque las tiendas de discos casi han desaparecido.

1954 - Ataúlfo Argenta con Manuel Ausensi, Pilar Lorengar, Toñy Rosado, Carlos Munguía, Gregorio Gil y Arturo Díaz Martos.


1969 - Enrique Estela con Alfredo Kraus, Dolores Pérez, Lina Huarte, Francisco Kraus, Santiago Ramalle y Ramón Alonso. 


En vídeo he encontrado una grabación de la Agrupación Lírica de Villena (Alicante), de donde era Chapí. 


 Al día siguiente ya llegaría Marta Sánchez con sus "cositas" y su himno nacional.

jueves, febrero 15, 2018

Street Scene, ni ópera, ni musical sino todo lo contrario.


Street Scene de Kurt Weill en el Teatro Real.
Ya has leído el título, está a caballo entre la ópera y el musical de Broadway sin ser ni una cosa ni otra. Su música se aleja totalmente de la etapa alemana de Weill (más cabaretera) y bebe de la tradición norteamericana (el jazz, el blues, Gershwin y otros grandes de principios de siglo pasado), conservando una esencia "operística".
¿Y eso cómo se come?
Pues difícil de explicar, porque hay que verlo, es una obra única.
El primer acto está estructurado en canicones/números cerrados e independientes y es el que más aspecto de teatro musical tiene. Luego el segundo acto, en el que la acción se precipita, tiene una estructura ya más de ópera.


El texto de Street Scene es muy potente. Lo que podría ser un simple drama verista (¿unos Pagliacci alla Newyorkesa?) viene aderezado por temas siguen siendo controvertidos: el machismo, la xenofobia, la inmigración, los desahucios, el acoso sexual, la mezquindad...

Recomiendo leer los artículos que vienen en el programa de mano, donde explican muy bien qué es y qué no es Street Scene.

Me ha gustado, pero no me ha entusiasmado, y pienso que gran parte del motivo lo tiene la amplificación. Esa misma que le faltaba a "El Cantor De México". Aunque el técnico de sonido ha hecho un trabajo impecable, los micros hacían que todo sonara excesivamente fuerte y... homogéneo. Evidentemente eran necesarios para los cantantes del número con baile, ¿pero para voces como la de Patricia Racette?

La Racette y Paulo Szot están excelentes como pareja protagonista y destacaron sobre un reparto extensísimo y muy apropiado. Buena elección de cantantes. Más que notable la prestación del coro (tanto de adultos como de niños). La orquesta, adecuada, también sonando a toda tralla.


La producción consta de una estructura doble llena de escaleras y barandillas que forma un edificio de vecindad (la versión americana de nuestras corralas). No se me quejen los puristas, todo está en su sitio y es perfectamente fiel a la acción y a la época en la que ocurre. Para mi gusto se ha desaprovechado mucho tanto decorado, por lo menos en el primer acto, en el que la acción transcurre casi toda a pie de calle. En el segundo el conjunto de escaleras da más juego y se involucra más en la trama.

Mención positiva para el cuidado vestuario y negativa para el número de baile (que no pega ni con cola y además no tengo ni idea de quiénes son en el argumento de la obra). De repente la música se despiporra, sacamos unas luces brillantes, movemos el decorado... ¿y salen la pareja de cantantes y SÓLO DOS parejas más de bailarines? Por favor, ¡un poco de espectacularidad! Quedó pobretón.
Al margen, otro problema de la amplificación: en escenas con mucha gente sobre el escenario a veces me resultaba difícil localizar a quien estaba cantando porque todos sonaban igual, estuvieran cerca, lejos, de frente o de espaldas. 

Repito: obra interesante, con su aquél, bien resuelta. No me pareció excelente pero merece la pena ser conocida. También es cosa mía, no de la ópera en sí. Se me hizo un poco pesada. Y eso que tiene canciones muy buenas. Destaco por lo transgresor y magistral combinación de música y texto, el dúo de criadas que pasean bebés casi al final.

Al término hubo aplausos para todos, consistentes pero tampoco muy enfervorizados. Le daré un nuevo repaso ya que pronto habrá vídeo disponible de esta producción, mañana por la tarde se emite en directo en Mezzo Live HD. En el Teatro Real hay 5 funciones en febrero y luego habrá otras tantas en mayo (cosas).



Kurt Weill
Street Scene
Libreto de Elmer Rice
Patricia Racette, Paulo Szot, Mary Bevan, Joel Prieto, Lucy Schaufer, Harriet Williams, Jeni Bern,  Eric Greene, Richard Burkhard, Tyler Clarke, Marta Fontanals-Simmons, Michael J. Scott, Sarah-Marie Maxwel, Dominic Lamb, Laurel Dougall, Scott Wilde, Gerardo Bullón, Geoffrey Dolton, Matteo Artuñedo, Verónica Polo, Kwenya Carreira.
Tim Murray, John Fulljames.
Madrid. Teatro Real. Miércoles 14 de febrero de 2018


Vídeos de otras producciones:


martes, enero 30, 2018

Dead Man Walking


¡Por fin una ópera del siglo XXI que no es un chiiiiiu chiiiiiu pum pum pum pum!
Y es que con la música contemporánea tenemos un problema: si sigue una línea medianamente tonal es clasificada de facilona y arcaica por los entendidos, y si es un conjunto de notas aisladas desagradables con percusión (mucha percusión, siempre) somos los ignorantes espectadores pequeñoburgueses los que no la soportamos.

Dead Man Walking, de Jake Heggie, bebe de la música popular norteamericana y se mueve entro lo clásico y lo "contemporáneo". Eso sí, no esperes una melodía. No la hay. O yo, inculto asistente, no la puedo pillar. Sin embargo sí que disfruté de una música descriptiva, contundente y acorde al libreto. Es una ópera bien construida, amable al oído y con mucha tensión dramática.

Si algún pero le tengo que poner es que es una música que tiende al estruendo, todo suena fuerte y los cantantes están gritando casi todo el tiempo. 


El argumento va de una monja que ofrece apoyo espiritual a un condenado a muerte. Plantea los temas de la utilidad de la pena de muerte, la sed de venganza, el dilema de ayudar a alguien que ha cometido un acto atroz, el perdón y la redención.

Tanto musical como dramáticamente funciona mejor el primer acto, el que introduce la historia, con escenas demoledoras de gran eficacia, que el desenlace del segundo, que se mueve en la reiteración... hasta que llega el implacable final, efectista y efectivo.


El plantel de cantantes es estupendo. Joyce DiDonato está cómoda en una tesitura que no le hace bajar mucho y brilla arriba (ay ese vibrato caprinillo), y resulta totalmente creíble en interpretación.

Michael Mayes se mueve también a buen nivel vocal pero me quedo más con la interpretación, con el acento, la pronunciación, la composición del personaje.

Maria Zifchak fue una madre absolutamente conmovedora en su escena, y vocalmente excelente. Junto a la DiDonato, los mayores aplausos de la velada.

Y Measha Brueggergosman le puso tooooodo el acento sureño a su hermana Rose. Muy bien.

Perfectamente adecuados los secundarios, con mención especial para Damián del Castillo y Toni Marsol. Realmente un reparto compacto y competente a todos los niveles, incluyendo coro infantil y de adultos. La orquesta, contundente.


La producción, muy al estilo "musical", con plataformas y elementos móviles que van formando las distintas escenas y un gran trabajo de iluminación.

Fui con mucha prevención al teatro y salí encantado. Es un espectáculo de muy buen nivel. Vamos, que después del aburrimiento de la última Bohème y del pichís pichás de la Carmen, reconciliación con la temporada del Real.



Jake Heggie
Dead Man Walking
Joyce Di Donato, Michael Mayes, Maria Zifchak, Measha Brueggergosman, Damián del Castillo, Roger Padullés, Toni Marsol, María Hinojosa, Vicenç Esteve, Marta de Castro, Enric Maríntez-Castigani, Celia Acedo, Marifé Nogales, Tomeu Bibiloni, Pablo García-López, Álvaro Martín
Mark Wigglesworth, Leonardo Foglia
Madrid, Teatro Real, lunes 29 de enero de 2018.

lunes, enero 29, 2018

Maruxa... Maruxapapote



Maruxa, de Amadeo Vives, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.
No es una zarzuela al uso ya que se eliminaron las partes habladas, el propio compositor la consideró una "égloga" musical, una composición de asunto amoroso en un ambiente pastoril gallego.

La música se inspira en temas populares de Galicia y, vamos a soltar la coletilla, sí, "tiene momentos de gran inspiración" (agh, odio decir eso, pero es verdad, leche), especialmente en las partes instrumentales, aunque yo valoraría también la habilidad de Vives para crear ambiente en las escenas de diálogos: la escena de la carta, el concertante del final del primer acto o el dúo entre Rosa y Rufo son geniales (y claros precursores de los que aparecen luego en la obra maestra de Vives, Doña Francisquita).


Sí, la música es "de altura" pero el argumento es muy simplón: Los alegres pastorcillos Maruxa y Pablo se aman, pero sus amoríos son amenazados por los señoritos dueños de las tierras, Rosa y Antonio, quienes se han encaprichado de ellos. Afortunadamente el capataz de la finca, Rufo, está ahí para poner orden y las cosas acontezcan "como debe ser".

Este argumento, que de por sí es sencillo pero válido, se ve lastrado por un libreto con frases de una cursilería que provocan vergüenza ajena. Prados, campesinos cantando a su tierra, dúos de amor empalagosos, ovejitas cariñosas que se pierden correteando por el prado... un espanto.

Ahí viene la dificultad de poner en escena esta zarzuela: se puede caer en una bochornosa tarjeta postal de imágenes tópicas de la tierra. Pero Maruxa es mucho más que Teretetere Teretetere y Tirorí Tirorí gallegos. 

Y aquí el director de escena Paco Azorín le ha dado media vuelta a la obra. Digo media, porque la historia principal sigue ahí, intacta, pero ha añadido un componente de denuncia social / medioambiental: Los poderosos intentan aprovecharse de los humildes y los coloca como propietarios de una naviera que provocó en 1976 un vertido de petróleo que causó un terrible desastre ecológico (y que yo, lo siento, era un crío en esa fecha, desconocía). Azorín identifica a Maruxa con la propia Galicia, auténtica, pura Naturaleza, pero amenazada siempre por la mano del hombre. Ha sido la tragedia del Urquiola, pero también habría podido ser el Prestige o los incendios forestales. Galicia está representada por una bailarina que sufre los efectos de las acciones de los demás y el inicio de cada acto está acompañado por unas líneas de Rosalía de Castro (prescindibles, pero adornan).



Esto ha provocado controversia. ¿Es esta la Maruxa de Vives? Evidentemente los que esperaban gaiteros, pandereteiras, prados, cruceiros y muñeiras se han llevado las manos a la cabeza al ver a la gente del pueblo con monos blancos enfangados hasta los hombros recogiendo chapapote. Pero la crítica social, el conflicto de clases, ya estaba en el libreto de 1914, tampoco es que se haya desvirtuado la historia.


Además hay un trabajo de actores estupendo. El único personaje que está bien definido en la zarzuela es la pérfida señorita Rosa (también precursora de la futura Beltrana) y un poco el capataz Rufo. El señorito es casi mero comparsa y la pareja protagonista de pastorcillos son lo más pasmado que se puede poner sobre un escenario. Qué pavos, por favor. Azorín trabaja los personajes, le da vida a Maruxa, que deja de ser una tonta cursi, hace que Pablo se rebele y llegue a llevar la iniciativa en su escena (fantástica, de verdad) con la señorita Rosa y saca de su envaramiento al capataz Rufo. Excelente. El decorado es austero pero efectivo: una gran mesa de reuniones representa el mundo de los pudientes, que se eleva sobre el pueblo llano. El interludio de la tormenta, convertido en el drama de Galicia, impresiona. Ahora, si quieres ver ovejitas correteando lógico que te enfade todo esto.

Puede gustar o no, pero al menos tiene coherencia dramática, trabajo teatral y logra mantener el interés. Al terminal la escena del coro y al final de la obra algunos espectadores abuchearon y gritaron enfadados. Los aplausos fueron clara mayoría.


Entrando en la valoración musical (que ya está bien, pero es que el protagonismo, una vez más, se lo ha llevado la escena) fui a función del segundo elenco. Muy apropiada y segura la Maruxa de Susana Cordón, con mucha garra, no le ofrece el papel ninguna dificultad, y sorprendente el Pablo de Borja Quiza, con algunas pequeñas imprecisiones pero una potente voz de barítono que si la trabaja bien puede ofrecernos mucho en el futuro. Ole por él. Svetla Krasteva lució agudos superlimpios, fiato e intención auqnue se queda un puntito baja de volumen. Jorge Rodríguez-Norton cumplió como el señorito Antonio, voz joven ligera que evolucionará. Simón Orfila se lo pasó pipa cantando el Rufo, un papel que le viene que ni pintado a su voz de bajobarítono (¿o barítonobajo), divertido y autoritario. Como suelen decir los cursis, un lujazo para el papel. Estupendos, muy bien, en serio, Julia Arellano y Carles Pachón en los breves papeles secundarios. La bailarina María Cabeza de Vaca hizo un trabajo muy intenso como Galicia.
El coro estuvo oculto en el primer acto y casi ni se le oyó, así que hubo que esperar al segundo para que se luciera en su gran escena. Muy bien.
La orquesta, a cargo de José Miguel Pérez-Sierra, muy adecuada en las partes instrumentales aunque me sonó un poco pachín-pachín en los concertantes. De menos a más, hizo un segundo acto muy contundente.

Maruxa está en cartel dos semanas más, hasta el día 11. Merece la pena ir.


Por cierto, una reflexión: estoy a punto de cumplir 51 años y mi novio 49, es decir, somos ya dos señores. En la función de ayer domingo, salvo casos contados con los dedos de una mano, nos sentíamos no ya jóvenes, sino críos. La inmensa mayoría del público asistente era mayor, muy mayor. Pero infinitamente más que lo que veo en el Real cuando voy a la ópera. Cada vez que hacen una entrevista a un director de teatro de zarzuela siempre dicen que hay que acercar la zarzuela a nuevas generaciones, siempre. Pues mira, no lo consiguen. ¿Hay publicidad al margen de los medios habituales? ¿Hay promoción? ¿Hay retransmisiones televisadas o grabaciones? La zarzuela está muy desprestigiada por culpa de una generación ideológica que la consideraba algo rancio y herencia franquista (ya ves tú, Maruxa es de 1914). Ayer, cuando salimos y comentamos entre amigos lo bien que lo habíamos pasado, nos miraban como bichos raros. Dentro de unos años ese público mayoritario ya no podrá ir al teatro y seremos nosotros los que ocuparemos su lugar pero...¿y el resto?

Momentos: Abrigos de pieles a tutiplén en la entrada del teatro y señoras muy señoras asfixiadas de calor que los habían llevado porque "ayer hacía mucho frío". Otra detrás nuestro, al terminar el primer acto: "Pues yo no me he enterado de nada". Maruxa no es una obra de las requetefamosas, aunque sí es conocida gracias a la película de Juan de Orduña que se grabó para televisión, pero no tiene casi "momentos Gremlins" (esos en los que todo el público corea las canciones mientras mueve la cabeza)... salvo uno, el "Gon-golondrón" y... Yesssssss, el señor de detrás y el de mi lado se pusieron a tararear. No sé, sin esas cosas la zarzuela no sería lo que es, ¿no?

Te dejo con el vídeo de la peli de 1969 con "la Mary Francis" (aka Paca Gabaldón) de malísima señorita y María José Alfonso de pastorcilla (estupendas voces de Josefina Cubeiro y Dolores Pérez, acompañadas por Sagi-Vela).


Cualquiera de las tres grabaciones completas en disco son muy recomendables: ésta de la película, la de Argenta con Toñy Rosado, Pilar Lorengar y Manuel Ausensi o la de García Asensio con Ana Riera, Montserrat Caballé y Vicente Sardinero.

Amadeo Vives
Maruxa
Susana Cordón, Svetla Krasteva, Borja Quiza, Simón Orfila, Jorge Rodríguez-Norton, Julia Arellano, Carles Pachón, María Cabeza de Vaca.
José Miguel Pérez-Sierra, Paco Azorín
Madrid, Teatro de la Zarzuela. Domingo, 28 de enero de 2018. 18 h.




miércoles, diciembre 20, 2017

La Bohème y el problema de la Ópera-María


Que una Bohème me emocione sólo en el último minuto (y, ¡oh spoiler! después de muerta Mimì) es chungo, muy chungo.

Pero es el problema de la ópera-maría (las llamadas óperas de repertorio, las famosísimas, las que casi todo el mundo conoce y los aficionados nos sabemos al dedillo). Tenemos tantas y tantas referencias de La Bohème que es casi imposible hacer abstracción, borrón y cuenta nueva cuando se asiste a una nueva función.

Pero bueno, yo no soy de los que va a la ópera a comparar, rabiar y sufrir, intento siempre disfrutar. Pero nada, con esta Bohème no ha habido manera.Y me da rabia gastar mi tiempo y mi espacio blogosférico en poner algo mal. Por eso no escribí sobre Butterfly ni Carmen.

Carmen resultó sosa, muy buena producción, buena dirección musical (atropellada, señor director, el preludio es un pasodoble, ¡un pasodoble! no una carrera militar) y unos cantantes que estaban alejados totalmente de estilo pero se les veía conocedores del rol y cumplieron. Ay esa Micaela que, aprovechando el poco volumen de sus compañeros, se convirtió en Brunilde... No salí contento pero tampoco defraudado.

Y la Butterfly contó con una pareja protagonista muy poco adecuada. Pero ahí la señora Jaho se implicó y se metió dentro del papel de tal manera que superó sus truquitos y limitaciones vocales, y arropada por una orquesta que se subía por las paredes, nos arrastró a todos dentro de la ópera de forma incontestable. Pasión, señores, que es Puccini.


Pero con Bohème no ha habido manera.
Partimos de la base de una dirección musical que se queda en aceptable, pero que si nos ponemos tiquismiquis la llamaríamos rutinaria. Y eso que lo que es sonar sonó bien.

Luego tenemos unos protagonistas vocales medianitos. Anita Hartig tiene un bonito timbre, frasea bien... pero la voz no acaba de ser redonda, se queda plana, no está cubierta en absoluto.
Stephen Costello no puede (ni debe) cantar Rodolfo. Punto. Y aquí sí que sería para ponerme a soltar improperios. 
Joyce El-Khouri es una Musetta mona, actúa muy bien y... no se la oye. A su favor, las últimas frases que canta en el 4º acto las hizo estupendamente bien.
El único cantante del cuarteto principal con voz colocada, empaque y presencia fue Etienne Dupuis como Marcello. Muy, muy bien.
Mika Kares cumplió como Colline y Joan Martín-Royo pasó un poco de puntillas por Schaunard. Bien Zapata como Benoit. El coro, muy poco sutil (bien el de niños).

Con esto ni siquiera el poder de la música de Puccini ni la historia de amor y muerte pudieron levantar la función.


La producción es la nueva del Teatro Real en colaboración con Covent Garden y la ópera de Chicago.
Es una producción clásica. La buhardilla es una buhardilla y la taberna una taberna, los habituales rasgavestiduras tienen que esperar al último acto para poner el grito en el cielo porque en vez de bailar se ponen a hacer pintarrajos en las paredes. 
Eso sí, los decorados son muy esquemáticos, la buhardilla parece un stand de Ikea (o la casa de Pippi Langstrumpf) y la taberna es poco más que un bloque negro enmedio de la nada.
El segundo acto desentona con el resto por la profusión de detalles, atrezzo y vestuario, pero también es el acto más vistoso y jovial musicalmente hablando, así que no es criticable. 

Lo que me descolocó fue la visibilidad claramente intencionada de operarios y tramoyistas moviendo los elementos de escenario, así como que se viera en los laterales la maquinaria o al coro esperando para salir a escena. Ignoro qué pretende con esto el director de escena, pero queda cutre.

Lo que sí está muy trabajado es el movimiento de cantantes y el trabajo teatral. Hay actuación y momentos conseguidísimos, como la salida de Musetta en el acto 3 o el juego de la llave. Muy bien.

Con todo esto, sólo me metí en la ópera cuando Musetta dice eso de "Madonna benedetta", que es a... ¿un minuto del final?


No, no me convenció nada.
Quizás el segundo reparto haga algo más.
Este domingo se emite en directo vía Facebook Live y seguro que otras plataformas. Probablemente suene mejor que en teatro.

Cosillas:


Ya no se puede acceder al salón de la 6ª planta a no ser que hayas reservado mesa para tomar algo de picotear en el descanso. Por una parte bien, por otra incómodo porque era un lugar estupendo para estirar las piernas. Ah, las mesas con las sillas de cocina y los manteles blancos lo hacen parecer una casa de comidas.


¿Por qué es tan absolutamente frustrante conectarse a la WiFi del Teatro Real?



Página web del Teatro Real
Programa de mano
Críticas en prensa 
Comentarios



La Bohème
Giacomo Puccini
Anita Hartig, Stephen Costello, Joyce El-Khoury, Etienne Dupuis, Mika Kares, Joan Martín-Royo, José Manuel Zapata, Roberto Accurso.
Paolo Carignani, Richard Jones
Teatro Real, Madrid, martes 19 de diciembre de 2017

lunes, octubre 09, 2017

El Cantor De México. Mariachi y olé.


El Cantor de México inaugura la temporada del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Nosotros allá que nos plantamos el sábado, segundo día de función y estreno del segundo reparto.

Pongámonos en antecedentes: se trata de una opereta francesa de 1951, compuesta por Francis Lopez a mayor gloria de Luis Mariano. En su momento, tuvo sopotocientasmil representaciones y se llevó en 1956 al cine en una coproducción española (lo que ya no he logrado averiguar es si hubo versión española del film o si en España se estrenó con las canciones en francés, si hay algún enterado en la sala que me lo diga, gracias).


La obra, de argumento previsible e infumable, era un pretexto para el lucimiento de Luis Mariano, y está salpicada con melodías agradables, amables, más a estilo de revista o comedia musical que de opereta. Sin estrella rutilante de protagonista, la única manera de hacerla asequible a un público actual es contratar un buen director de escena, lo que hizo el Teatro Chatelet de París en 2006 con esta producción que ahora llega a Madrid. La traducción al español es de Enrique Viana y está bastante lograda, no chirría.


Y todos conocemos a Emilio Sagi. Sí, tiene sus "cositas", pero no se le puede negar el instinto teatral que lleva dentro. Consigue dinamizar una obra que sobre el papel sería una sucesión interminable de canciones con inteligentes movimientos escénicos y elementos de decorado vistosos pero no aparatosos. Hasta que llega el "momento Fallas" de apoteosis de cada una de los dos actos, que es un puro delirio kitsch que provocó aplausos en el público cuando apareció. Una horterada en toda regla pero, si provoca esa reacción, bienvenida sea.
El texto está modificado, al menos eso creo, que no conozco el original, porque la segunda mitad es bastante absurda (sí, se hace pesada) y hay algún añadido prescindible (los toques gay) pero la labor de Sagi es encomiable.



A falta de divo protagonista, la estrella y mayor reclamo es la actriz Rossy de Palma, en el papel de "diva intratable". Nada más verla aparecer me temí lo peor: Rossy de Palma haciendo "su" papel y eclipsando a todos. Pero no, afortunadamente no se hace cargante. Rossy tiene sus dos momentos de lucimiento y los aprovecha al máximo (y hay que saber hacerlo bien, porque cantar, lo que se dice cantar, no canta nada). Deslumbra cuando sale pero no acapara el protagonismo. 


Y llegamos a los verdaderos protagonistas:
Emmanuel Faraldo es Vicente. Tenor que canta con gusto, con una facilidad tremenda para el agudo y maestría para cambiar de voz de pecho a falsete. ¿El problema? El volumen, escaso.
Sylvia Parejo es Cri-Cri. Una bonita voz con swing, más de musical que lírica. También le faltó caudal.
Toni Marsol es Bilou, un torrente de voz, sin problema alguno para abordar el papel, muy efectivo en su canción del día de los muertos.
Luis Álvarez, competente empresario Cartoni, tampoco falla.
Destacar como actriz a Ana Goya en el papel de la secretaria Cecile, impertinentemente graciosa.
Maribel Salas y Nagore Navarro lidian con los papeles de las mexicanitas (que tienen toda la pinta de haber sido escritos para esta producción).



La orquesta a cargo de Óliver Díaz suena empastada, melodiosa y en estilo, muy bailable. Quizás un poco lenta a veces, El coro se lo pasa en grande, y se nota.

En resumen un espectáculo muy disfrutable, teniendo en cuenta que lo que se va a ver no es estrictamente teatro lírico al uso. Una bocanada camp que deja con muy buen sabor de boca. Y al final acabamos coreando todos coreando la canción principal. 


Hay más verdad en este Cantor de México que en cualquier prefabricado musical de franquicia con micrófonos de Gran Vía. Si puedes, ve a verlo (y es bastante más barato).


Página del teatro de la Zarzuela

Francis Lopez
El Cantor de México (Le Chanteur De Mexico)
Emmanuel Faraldo, Sylvia Parejo, Toni Marsol, Rossy de Palma, Luis Álvarez, César Sánchez, Maribel Salas, Nagore Navarro, Eduardo Carranza.
Óliver Díaz, Emilio Sagi.
Madrid, Teatro de la Zarzuela, sábado 7 de octubre de 2017.


Ensayos

Vídeo de la producción del Chatelet 2006:


Película de Luis Mariano (calidad infame)



Otra que he encontrado en Youtube



Hala, ya, ¿no?


Mira

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