sábado, enero 23, 2016

La flauta muda


Por fin vuelve La Flauta Mágica a Madrid después de la cancelación de hace dos o tres temporadas. Y, señores, qué velada más disfrutable la de anoche. 

En esta Flauta el protagonismo absoluto lo tiene la producción, trabajadísima, llena de imaginación y fantasía. En un homenaje al cine mudo, el el escenario tiene como único elemento una pantalla blanca en la que los cantantes aparecen estáticos en peanas, y todos los decorados son proyecciones. Los diálogos aparecen en carteles negros, con acompañamiento de piano. Como en el cine mudo, vamos.


En esta ocasión la producción lo domina todo, porque los cantantes y la orquesta se tienen que adaptar al "timing" de las proyecciones, o si no podría resultar un desastre. Esto encorseta mucho la labor musical, y hay veces que se tiene la impresión de que están todos excesivamente pendientes de lo que tienen que hacer en cada momento.

Por otro lado, aunque los cantantes estén quietos en sus peanas, es sorprendente el movimiento que tiene la escena, un fantástico trabajo de planteamiento y desarrollo técnico. Aquí otro punto negativo: tanto movimiento acaba distrayendo en ocasiones sobre la ópera en sí. Pero vamos, que yo la disfruté como un enano.


Ésta es una Flauta sorprendente y novedosa, pero tembién muy respetuosa con la obra original. Nos cuenta lo mismo de siempre, pero de otra manera. No hay alteraciones de argumento. ¿Que se centra más en la anécdota que en el fondo y no incide en el mensaje de fraternidad que subyace en el texto? Pues mira, no por poner al coro vestido con túnicas y a Sarastro en plan Gandalf se consigue eso. Y cuántas producciones mierderas de la Flauta nos habremos tragado.

Ahora, los puristas y los perpetuamente indignados seguro que están echando espumarajos de Fairy Cicuta por la boca hablando de la traición a Mozart. Que les den. Yo voy a la ópera a disfrutar, no a criticar, y anoche me lo pasé en grande. La producción nos llega desde la Komische Oper de Berlín, y me comentan que allí hay tortas por las entradas cada vez que se programa.

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Y una vez hablado de la espectacular producción (ya lo séeeee, es de lo último que se debe hablar, primero la músicaaaa, pero aquí era necesario) toca el terreno musical.

Comencemos por la orquesta. Ay, la orquesta. Yo no sé si estaba demasiado condicionada por las proyecciones, pero parecía que habían puesto el metrónomo y hala, a tirar p'alante. Un poquito más de energía, señor Bolton, que en la obertura me pegaste un susto de decir "oh, cielos, esto qué va a ser". Luego con tanto encima del escenario quedó más disimuladita, pero ojo, toque de atención por mi parte.

Coro: Fatal cuando cantaba desde los palcos de proscenio (imagino que por culpa precisamente de eso) y muy bien en las dos intervenciones del segundo acto.


El reparto de solistas, muy equilibrado.

Pamina: Sorprendente Sylvia Schwartz, una cantante que me suele dejar bastante "tibio". Ayer estuvo muy metida en papel vocalmente hablando y logró llevarse a su terreno el personaje, adaptándolo a su vocalidad. Su "Ach, ich fühls" fue precioso. 

Tamino: Susto inicial de Joel Prieto, pero tras la destemplada aria de salida se entonó y compuso un príncipe muy "mozartiano", cantado con gusto y recursos. Muy bien.

Papageno: Bien Joan Martín-Royo, un poco falto de intención, quizás también condicionado por la producción. Papageno tiene que ser carismático.

Sarastro: Correcto Christof Fischesser, capaz de bajar a las notas del averno y que se le oiga.

Monostatos: Muy bien Mikeldi Atxalandabaso, a quien además se le veía disfrutar de lo lindo haciendo de Nosferatu.

Templadas y suficientemente divertidas las tres damas de la reina y, lo siento, pero decepcionantes los tres niños.


Y llegamos al personaje que, con dos intervenciones (y media) tiene que robar todo el protagonismo de la función: la Reina de la Noche. Ay Ana Durlovski. Vale, sí, tiene el Fa. Pero sólo con tenerlo no puede cantar la reina. Que el papel no son solo los stacatti del segundo acto, leche. Ni autoridad, ni homogeneidad, ni fraseo ni trinos. Eso sí, sobreagudos limpios (y aplauso del personal).

En el vídeo siguiente, la Reina del segundo reparto, Kathryn Lewek (la Teresa del Benvenuto Cellini de Barcelona) lo hace bastante mejor:

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No tenemos suerte con las Reinas en este teatro. En la primera Flauta María José Moreno cantó primorosamente pero no llegó a las notas (y si no las tienes no cantas la reina). Y en aquella cosa que nos hizo la Fura cantó una tal Erica Miklósa que hizo unas cosas rarísimas (también iba subida a una grúa furera que pobrecita ella). 

Pero bueno, puede decirse que, en conjunto, el elenco estuvo correcto y compensado. 

En resumen: una función muy satisfactoria, MUY VISUAL, a la que ir a disfrutar de un espectáculo global. 





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Programa de mano 
Página web del Teatro Real
Cofradía de la Perpetua Indignación


Wolfgang Amadeus Mozart
Die Zauberflöte
Joel Prieto, Sylvia Schwartz, Ana Durlovski, Joan Martín-Royo, Christof Fischesser, Ruth Rosique, Mikeldi Atxalandabaso, Elena Copons, Gemma Coma-Alabert, Nadine Weissmann, Catalina Peláez/Lucía Seriñán, Celia Martos/Chandra Henderson, Patricia Ginés/María Guzmán, Airam Hernández, David Sánchez.
Ivor Bolton, Suzanne Andrade, Barrie Kosky
Teatro Real, Madrid.
Viernes 22 de enero de 2016 

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lunes, diciembre 28, 2015

Rigoletto 2015 en el Real

 

Vaya, parece que últimamente estoy un poco negativo en las crónicas de espectáculos, pero qué quieres que te diga, si no me llegan, no me llegan.
Y este Rigoletto me ha parecido correcto pero sin entusiasmar.
Partimos de la base que fue el 23 de diciembre después de un día de locos en el trabajo y que llegué muy cansado al teatro y eso influía en mi estado de ánimo, pero no me distraje, le presté bastante atención a la ópera. 
Y sólo me llegó a emocionar al final, y eso es gracias a Verdi.

Vamos por partes.

Juan Jesús Rodríguez hizo un buen jubilado. Bien de voz y dando todas las notas.
Tiene que trabajar más el papel. Rigoletto es rastrero, es un personaje con una negrura interior muy acusada. Rodríguez matizó e interpretó, pero le faltó bajeza, su voz es demasiado noble. Notable, sí, pero no sobresaliente. Creo que si lo sigue cantando le podrá sacar mucho jugo en el futuro.

Olga Peretyatko, correcta Gilda, bien cantada y matizada. Pincha en los trinos del Caro nome y en los sobreagudos, que se quedan huecos. Pero se metió en el papel e hizo cosas muy bonitas. Bien.

Piero Pretti me hizo temblar cuando durante todo el primer acto estuvo inexistente. Vale, sí, el Questa o quella es poco lucida y se canta tan al principio de la ópera que ni tenor ni público reaccionan bien, pero es que no le oía nada nada nada. Sin embargo a partir del segundo acto se creció. Se recreó en el Parmi veder le lagrime marcando estilo y ofreció una donna è mobile y cuarteto realmente buenos.

Muy bien los secundarios masculinos, con especial mención al Sparafucile de Andrea Mastroni. Flojitas las mujeres (ese pajeeeee, creo que sólo me gustó la condesa de Ceprano).
El coro algo atronador de más, pero bien.


La dirección musical, atronadora, comiéndose a los cantantes muchas veces. Y con unos cambios de tiempos un poco raros (como que se ralentizaba a veces). De todas formas sonó muy bien. Y desde luego gloria bendita comparada con la charanga de la Viuda Alegre de tres días antes.

La producción es de las versátiles, que lo mismo te vale para Rigoletto que para Norma o Parsifal. Una plancha metálica inclinada con una puerta es el palacio del duque, y cuando gira da pie a una especie de corral que vale para casa de Rigoletto y molino final. Funcional, sí, pero el problema es que es fea de cojones. Todo es gris, oscuro y mal iluminado, y no ayuda para nada a meterse en la obra. ¡Esa escalera, por favor, qué cutrerío!

Es la de Londres, que está en DVD. Horrenda.
El caso es que puede que pretendan ir de modernos, con la orgía inicial y algunos detallitos escénicos pero al final es una puesta de lo más tradicional. Y los trajes son de época, es el decorado el que es feo.
Con todo esto para mí fue una función que fue de menos a más, afortunadamente, y que estuvo correcta, pero sin llegarme. Y mira que he visto muchos Rigolettos (¿los puristas dicen rigoletti?, jajajaja) en mi vida y casi todos me han dejado con el alma encogida, pero éste no.

Aunque también lo mismo es cosa mía, claro.

Felices Fiestas a todos.


Giuseppe Verdi
Rigoletto
Juan Jesús Rodríguez, Olga Peretyatko, Piero Pretti, Justina Gringyte, Andrea Mastroni.
Fernando Radò, Álex Sanmartí, Gerardo López, Tomeu Bibiloni, Nuria García Arrés, María José Suárez, Mercedes Arcuri.
Nicola Luisotti, David McVicar.
Teatro Real de Madrid.
Miércoles, 23 de diciembre de 2015





domingo, diciembre 20, 2015

La viuda sosa


La Viuda Alegre de Lehár es una opereta de argumento antiguo y trasnochado, con un desarrollo simplón que difícilmente puede divertir o emocionar hoy en día. Pero también está salpicada con unas melodías tremendamente inspiradas que la convierten en la reina del género y que salvan el polvoriento libretto.

Ponerla en escena no es cosa fácil, y aquí lo que nos han endilgado es un musical en vez de una opereta. Y mira, si quieres "actualizar" el tipo de espectáculo, condensarlo para que quepa en hora y media sin descanso y dinamizar un poco el acartonamiento de la opereta, hazlo con todas las consecuencias, tírate al río, métele lujo, acción, risas (aunque sea humor burdo), exagérala. 

Pero esta Viuda se queda descafeinada. No sé qué poda se le habrá hecho en el texto pero no hay casi diálogos, con lo que la acción son básicamente los números musicales. Con esto se elimina toda la gracia y, sin miramientos, hay que decirlo y lo lamento porque es una obra que me encanta, pero esta Viuda aburre.


Después de un inicio prometedor en el que un decorado sencillo pero lujoso, unos figurines espectaculares y una aparición apabullante de la prota dejan con la boca abierta, esa apertura de boca se va conviertiendo poco a poco en bostezo.

A ver, no se siente ninguna empatía por los personajes. Hanna es una diva etérea muy rollo "Marisa Paredes en Tacones Lejanos" (y además, el pelucón platino y la delgadez de Natalia Millán te la recuerda). La química con Danilo es nula. El barón no es gracioso. La pareja cómica (Valencienne y Camille) no hacen gracia. No sé, creo que el regisseur se ha preocupado más en vestir la obra que en desarrollar los personajes. 


Bueno, digo vestir. Sí, el primer acto es visualmente atractivo. Pero llega la fiesta en casa de Hanna y... ¿perdón? ¿Todos los elementos que hay en escena son dos bancos (dos) y un panel final tipo lámpara Tiffany que hace de decorado de fondo? Pues si no desarrollas la acción y no le sacas jugo al pequeño enredo de la obra, que sucede aquí, por lo menos métele medios. Pues no, con los vestidos del primer acto parece que se acabó el presupuesto. Ni un mísero aplauso para el Septeto de "Las Mujeres", que tiene que arrancar risas, de lo sosito que fue.

En el último acto, en Maxim's, la cosa remonta el vuelo por las coreografías de los cancanes y acaba en un fin de fiesta que va in crescendo, pero también se ve baratillo.

Admiro mucho a Sagi y le reconozco grandísimos aciertos en el teatro lírico, pero en esta Viuda Alegre parece que lo único de lo que se ha preocupado es de que Natalia Millán esté más guapa que Lana Turner en la película del 52. Y el presupuesto se le ha ido en arrasar en Pontejos comprando strass y lentejuelas.


Hace 20 años, en verano de 1995, asistí a una función de la Viuda Alegre en el Teatro Albéniz, protagonizada por Carmen González. La producción era de la compañía de Amengual, es decir ramploncilla, de baratuji, con un nivel artístico mediano siendo benévolo... pero hecha con ilusión. Recuerdo sonreír con el enredo infantil, reírme con los secundarios, y emocionarme con el "Lippen schweigen". Esta vez no ha pasado.


Como he dicho, se ha convertido la opereta en un musical. Es decir, con micrófonos y teóricamente voces no operísticas. Digo teóricamente, porque yo creo que salvo la protagonista, todos proceden del mundo de la lírica.

Natalia Millán no, es conocida por sus intervenciones televisivas y por protagonizar Cabaret hace una década aprox. Y mira, yo creo que en esta Viuda está más adecuada vocalmente que haciendo de Sally Bowles (que recuerdo con pavor). La Millán se esfuerza, canta bonito y, transportando una octava por aquí esta frase y suavizando esta otra, logra salvar vocalmente el papel. Por supuesto impensable para una producción tradicional a pelo, sin micros, pero para musical, sí. He de decir que bravo por ella.


El resto del reparto lo componen voces solventes como las de los barítonos Antonio Torres y David Rubiera y la soprano Sivia Luchetti haciendo de Valencienne. Punto flojo el Camille, algo justito.

El coro/ballet, bastante apropiado. La orquesta, charanga total.

Muy bien la coreografía de Nuria Castejón.

Me da rabia, repito, poner a caldo esta viuda, pero es que es una sosada.
Eso sí, lo que se queda en la cabeza cuando sales del teatro es la maravillosa colección de melodías de Lehár. En esta obra, todas son de nivelón.


Y un punto negro más para terminar.
Ay, lo siento, lo siento.
Y esta vez no tiene que ver con la obra ni sus intérpretes, sino con la Sala Roja de los Teatros del Canal.
La calefacción sale por unas toberas situadas a muy pocos de metros por encima de las cabezas del público de Anfiteatro HACIENDO UN RUIDO ESPANTOSO. Insoportable. Le pregunté a la acomodadora si eso era normal y me dijo que era un problema de todos los días, que todo el mundo se quejaba, que ella ya lo había reportado pero que no hacían ni caso. Y me recomendaba pedir una hoja de reclamaciones. En serio, un ruido inaguantable. Los pocos diálogos hablados casi ni se entendían, y en la parte musical era muy molesto. 
Y lo peor de todo es que dentro de unos meses voy a ver allí un Don Carlo de Verdi.
Qué horror.
Puse un par de twits a ver si el CM de los Teatros del Canal me decía algo. De momento, sin respuesta. Pero no me voy a quedar así. Vamos que no. Menudo soy yo.

Lo dicho, una Viuda floja, una música deliciosa. Mejor quedarse con esto último.


Franz Lehár
La Viuda Alegre
(versión en plan "musical")
Natalia Millán, Antonio Torres, Silvia Luchetti, Guido Balzaretti, David Rubiera, Iñaki Maruri.
Jordi López, Emilio Sagi.
Teatros del Canal, Madrid.
Sábado, 19 de diciembre de 2015

Para curiosos, dejo esta entrada del blog de hace 5 años en la que hablaba de otra Viuda Alegre cantada en español: clic


lunes, noviembre 16, 2015

Benvenuto, Cellini !

 
Ay qué nervios previos con el Benvenuto Cellini de Berlioz en el Liceo de Barcelona.

Primero, amenaza de huelga de empleados del Liceu. No desconvocada hasta dos días antes del estreno. Luego, el rollo de la 'desconexió'. "¿Y te vas a ir a Barcelona con la que está cayendo?" me preguntaba alterada mi madre como si al pasar por Fraga tuviera que atravesar la temible "línea Calçot" de fortificaciones para evitar la entrada de los tanques en Cataluña.


Y, pasando ya de coñas, lo más grave: la ópera Benvenuto Cellini, de Berlioz, que las veces que he intentado escuchar me ha parecido un tanto ladrillo. Pesadota, pesadota. ¿Iba a aguantarla? Y más aún después de la típica comida con amigos que se alarga hasta las mil. Uffff.

Pus nada, superada la comida en La Clara con siesta reparadora y sobredosis de cafeína, a las 8 y un minuto de la tarde se alzó el telón para el Benvenuto.

Para el propio teatro lo más atractivo de la producción era la puesta en escena a cargo de Terry Gilliam, siendo tannnnn burdos de anunciarla como producción de "Monty Python", cuando hace ya décadas que Gilliam tiene su propio estilo y mundo de imágenes particular. Pero hay que hacer caja, nena. Y más con la barbaridad de subida de precios y cambios de zona que han organizado en el Liceo.


Una vez vista me reafirmo en lo "peculiar" que es esta ópera. Porque es rara, rara, rara.

Empieza que parece que va a ser cómica, y luego torna a lo dramático y termina de forma épica, con un argumento en el que aunque pasan "cosas" no es que haya mucha progresión dramática. Y yo diría que la razón está en la partitura: tiene una estructura muy clasicota con muchas repeticiones que ralentizan toda acción. El universo musical de Berlioz tiende a la grandilocuencia, y aquí se nota. 

Afortunadamente la dirección musical de Josep Pons estuvo a buena altura y sacó mucho jugo, llegando a crearme la sensación de globalidad que esta obra necesita. Intenso cuando tenía que serlo y delicado cuando tenía que acompañar. Muy bien la orquesta del Liceu.


Respecto a los solistas... bien de estilo, cortos de volumen.

John Osborn tenía a sus espaldas el difícil rol de Cellini. Tesitura inclemente, necesidad de saber hacer un canto ligado y fraseado y gran traca heroica final. Lo consiguió, recreándose en el fraseo y pronunciando perfectamente, un estilo francés inmejorable. 
Ahora, el volumen. No es por nada, pero me hacía falta sonotone. O fue intencionado o se guardó todo para el final. Ahí sí que le pongo pegas.

Teresa fue Kathryn Lewek, soprano ligera que cuando la orquesta se pone un poco espesa o el papel requiere más voz se resiente. Se empleó a fondo en el aria de entrada, haciendo cosas exquisitas en las agilidades. Después se fue ya diluyendo entre el resto.

Annalisa Stroppa estuvo excelente como Ascanio, con un timbre penetrante y disfrutando del papel.

Eric Halfvarson está mayorcete, pero dio el tipo como papa. La concepción escénica del rol, excesivamente cómica y destinada a sacar la risa fácil, me pareció excesiva, sobre todo porque su papel es bastante terrible: por un lado perdona en nombre de la siempre misericordiosa iglesia católica, pero por otro lado está deseando mandar a Cellini a la horca.

Correctos Muraro y Holland como "los malos" y bastante bien los secundarios Vas, Lanchas, Esteve y Comas.

El coro tiene unas muchas intervenciones y no todas fáciles. Bastante rotundo, muy audible y en la escena del Carnaval un poco cada uno por su lado. Pero vamos, bastante bien.


Y ahora el tema estrella: la producción de Gilliam.
Sinceramente, muy buena y, lo que es muy importante, al servicio de la ópera.
Lo más facilón sería destacar lo sobrecargado de la puesta, lo excesivo, lo circense. Pues mira lo que te digo, eso será lo más vistoso, pero es lo más anecdótico.
Lo interesante de esta producción es cómo Gilliam mueve los elementos escénicos (básicamente una estructura constructiva y dos escaleras) para conseguir los distintos ambientes.
Y la casa es una casa, el taller es un taller, el teatro es un teatro y el bar un bar. Punto.
Gilliam no se inventa nada ni quiere hacernos ver cosas que no hay.
Y la escena del carnaval es como debe ser: una fiesta.

 
Aparte, visualmente es súper efectiva. Después de la escena del carnaval mantener el interés visual en el tercer acto era difícil, y lo consigue.
Luego tiene alguna boutade como lo del papa o chistecillos un poco accesorios pero vamos, que no se pasa.
Lo que se ha conseguido es una producción visualmente espectacular y respetuosa con el libreto. Muy bien.

Con todo, una muy buena velada de ópera, de las memorables.
Benvenuto seas, Cellini


Hector Berlioz
Benvenuto Cellini
Liceo de Barcelona, sábado 14 de noviembre de 2015.
John Osborn, Kathryn Lewek, Annalisa Stroppa, Eric Halfvarson, Maurizio Muraro, Ashley Holland, Francisco Vas, Valeriano Lanchas, Manel Esteve, Antoni Comas.
Josep Pons, Terry Gilliam





La ópera empezó a las 8:01 por el minuto de silencio por los atentados de París. Qué horror, sin palabras.

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miércoles, noviembre 04, 2015

Alcina, ay Alcina

 
Alcina, de Händel, en el Real. ¡Ay!

Ópera puñetera donde las haya, porque es larga larga y, aunque ocurren cosas, pasan todas fuera de escena. Para que salga redonda se necesitan intérpretes de nivel o una concepción escénica interesante (mejor las dos cosas a la vez, claro), porque si no se puede hacer muuuy cuesta arriba.


¿Y qué ha pasado con esta Alcina?
Que, señores, no puede ser que nos empecemos a animar con el último número del primer acto, cuando ya llevamos más de una hora metidos en las comodísimas butacas de Paraíso del Teatro Real y hayamos estado sujetándonos la cabeza para no echar la primera roncadita.

¿Tuvo la culpa quizás la dirección musical de Christopher Moulds? Sí, la orquesta sonó muy bien, pero ese primer acto fue plano, plano, sin contrastes.


Sofia Soloviy (Alcina) no existió hasta el segundo acto. A ver, Alcina tiene que pasar del amor a la desolación pasando por la furia y la ensoñación. Esto hay que matizarlo mucho. Y la soprano lo hace, pero fue de menos a más, sólo en el momento en que empieza a encolerizarse aparece el personaje. Muy bien, una cantante muy completa, bien de timbre, de proyección y de agilidades. Me gustó bastante.


Yo pensaba que María José Moreno, desaparecidísima de los carteles madrileños durante muchos años y de la que sólo tenía referencias "en provincias" estaría en etapa de declive. Pues no. Qué va. Qué timbre tan bonito, qué voz tan fresca, limpia, ágil, amplia. Una auténtica delicia volverla a escuchar. Aparte, interpretativamente sobresaliente. La mejor.

El resto del reparto lo calificaría de "modesto", sin más. Al Ruggiero de Josè Maria Lo Monaco le faltaba brillo, la Bradamante de Noldus se quedaba sin volumen y los secundarios cumplieron el expediente.


¿Y qué ocurrió con la puesta en escena?
Pues parte de una idea feliz: La isla de Alcina es un teatro al que Ruggiero acude a escapar de su aburrida realidad. Y Bradamante lo rescata para llevarlo de nuevo a su vida aburguesada y familiar. 
Pero ¿cómo se desarrolla?
De una manera totalmente caótica: nada tiene que ver con nada, todo está lleno de supuestas alegorías que, o nos las explican, o no las entendemos, metiendo bailecitos que no vienen a cuento.
El director de escena parece que no sabe qué hacer con una ópera tan larga.
Después de verla, creo atisbar la concepción escénica global, que me parece bien, pero su ejecución es muy chapucera.

Y mira que al argumento, aunque no pase nada en escena, se le puede sacar jugo. Coño que hay una bruja, una hermana casquivana, un caballero hechizado, una novia coraje, un niño buscando a su padre convertido en bestia. Pues no, la magia brilla por su ausencia. 
Pues chico, si vas a hacer algo sin sentido, por lo menos que sea espectacular y nos entretienes un poco. Pero es que además los decorados eran cutres a más no poder.
Me gustaron: el final del segundo acto (el ocaso de Alcina) y la escena final del tercer acto (cuando vuelven a la ciudad en la que los sueños se hacen realidad, con el momento cómico de "romper la urna" [spoiler]Ruggiero desvirga a Bradamante[/spoiler]).


En fin, que no se queje nadie de que el público es poco entendido y se marcha en los descansos. La función fue para arriba a partir del segundo acto, pero el nivel no era precisamente de campanillas.

¿Valoración global? Aprobado, nada del otro jueves pero yo disfruté mucho la música.


Otra cosa: la ópera termina a las doce menos veinte que, con los aplausos mínimos, se te pone en salir del teatro a menos diez. Autobuses normales ya no hay, y el metro pasa cada quince minutos. Menos mal que me saqué los horarios de pasos de metros por la estación de Ópera y conseguí organizarme para pillar el de las 23:57. Pero vamos, que estaba llegando a casa a las mil y monas. 
No, para una ópera de más de tres horas se debería adelantar el horario, ¡cojostio!


Otra cosilla: ¿te acuerdas que comenté lo de la wifi del Real? Pues tirarme media hora en el Devereux para registrarme vía Facebook no me sirvió de nada: ayer tuve que hacerlo vía email. ¡Viva!

A ver si tengo ganas y un día comento la Alcina de Aix de este verano, que también tuvo su tela.



Georg Friedrich Händel
Alcina
Sofia Soloviy, Josè Maria Lo Monaco, María José Moreno, Angélique Noldus, Johannes Weisser, Anthony Gregory, Francesca Lombardi Mazzulli
Christopher Moulds, David Alden
Teatro Real, Madrid. Martes 3 de noviembre de 2015 


martes, octubre 20, 2015

Cyberpunk Dominatrix Spider Queen

 
O, lo que es lo mismo, Roberto Devereux de Donizetti en el Teatro Real de Madrid.

Vale, empecemos por lo básico. Es una ópera que a mí, personalmente, ni fu ni fa, ni en lo dramático ni en lo musical, pero si se tiene un cuarteto protagonista de nivel, puede llegar a hacerme vibrar, como ocurrió hace un par de años con doña Gruberova, Bros y Ganassi (véase).

Esta vez el mayor aliciente / atractivo / morbo era ver la interpretación de Mariella Devia a sus... ¿67? años interpretancdo el papel de Isabel I de Inglaterra.

A su lado, Gregory Kunde (que tampoco le andará a la zaga en edad) como Roberto y Silvia Tro como Sara. Marco Caria sustituyó al previsto Kwiezcien en el papel de Duque de Nottingham.


Estilísticamente hablando, Mariella Devia es la representante absoluta del belcanto más canónico: todo está en su sitio, como debe ser, sin artificios, sin efectismos. En ese sentido, es perfecta. Pero ay, los años ya pesan, y el color de voz agriado y unos graves cuasi hablados le pasan factura. Aún así, interpretación casi magistral de una pedazo de señora. Emocionar a mí no me emociona, pero hay que reconocerle la primerísima clase.

Kunde, que a primera vista parece que está totalmente fuera de estilo por tipo de voz. Mira, qué quieres que te diga. A pesar de la emisión un tanto bestia, matizó mucho y se metió en el papel. Y se le oye, y pega pepinazos que no serán muy ortodoxos, pero se agradece mucho.

Estupenda en todos los sentidos Silvia Tro. Metida en estilo, en papel, con una voz amplia, con volumen, un gustazo oírla.

Marco Caria cumplió de una manera discreta.


La orquesta, a cargo de Bruno Campanella, estuvo en un nivel notable, ayudando a los intérpretes, aunque el director parece que se emociona en los momentos culminantes y se va un poco de madre. Aún así, conseguía controlarse. Bien. El coro muy correcto también.

¿Y la puesta en escena?
Pues va de delirio simbolista. Parece ser que nos quieren presentar a Isabel I como una araña depredadora, y su trono es precisamente eso, una araña mecánica que en el momento culminante de la ópera, el final del segundo acto, echa a andar con la Devia encima agarrándose como puede a un par de palos para no matarse mientras canta -tela-. Momento muy efectista que hace que no oigamos casi a la soprano pero le da un toque alien / matrix muy gracioso a la escena. 
Comentar los modelitos que se gasta también la señora reina, a caballo entre dominatrix de puticlub de lujo y mala de película Disney. 

Crónica sosa y a destiempo, lo siento, estaba muy desganado bloguerísticamente hablando cuando la vi.


Notable inicio de temporada.
Deplorable en todo caso el espectáculo de la noche del estreno.
Una cosa es que vayan los reyes y las autoridades, correcto. ¿Pero el besamanos ridículo de la supuesta jet set? Muy mal por el Teatro Real haber permitido esa imagen tan deplorable de cursi elitismo que hace retroceder la imagen del espectáculo de ópera a acto social arcaico y clasista. Una mierda pinchada en un palo. Mal ha hecho el actual Ayuntamiento de Madrid en renunciar al palco. Habría estado bien ver cómo se juntaban sandalias y bermudas con vestidos de noche y perlas.


¡Ah! ¡Por fin hay wi-fi (léase guayfai, no seamos catetos) en el Teatro Real!
Conectarse es UN PARTO, pero una vez conseguido, puedes abrir tranquilamente el Grindr en el saloncito de la planta 6ª para ver la cantidad de "tíos-con-sobrino" que han acudido esa noche.



Gaetano Donizetti.
Roberto Devereux.
Mariella Devia, Gregory Kunde, Silvia Tro Santafé, Marco Cari, Juan Antonio Sanabria, Andrea Mastroni
Bruno Campanella, Alessandro Talevi
Teatro Real, Madrid, lunes 28 de septiembre de 2015


Programa de mano
Página web del Teatro Real

lunes, julio 13, 2015

Porgy And Bess

 
Estupendo cierre de temporada con el Porgy and Bess de Gershwin traído por la compañía de la ópera de Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Una producción modesta pero funcional y efectiva, servida por un elenco apropiado y, lo que es fundamental, dentro de estilo: siendo auténtica ópera, se zambulle en el mundo de la música negra, los espirituales, el jazz, la música popular... todo perfectamente conjuntado.

Supongo que ahora tendría que hablar de las alabadísimas representaciones de 1997 en este mismo teatro, con Willard White y Cynthia Haymon pero, francamente, es que casi ni me acuerdo. Pero lo que tengo claro es que en esta ocasión la obra me ha gustado mucho más, la recordaba más rollo.


Y es que en estas representaciones lo que ha funcionado es la sensación de conjunto: la orquesta, muy bien; el coro, estupendo; la dirección escénica, la coreografía, los solistas... todos han logrado crear un uno y meternos a todos en él. 

Los cantantes:
Xolela Sixaba: excelente Porgy, con una potencia y una facilidad de emisión increíbles. El mejor, sin duda.
Nonhalanhla Yende: adecuadísima Bess. No del todo perfecta vocalmente, pero es que el personaje casi lo pide. No es Mimì, ¡es Bess!
Ambos dos, fenomenales en el terreno actoral. 
Siphamandla Yakupa, vozarrón para Clara

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Arline Jaftha tenía, por así decirlo, la vocalidad menos "negroide" del reparto, era la más lírica, y parecía que se iba a quedar corta como Serena, pero se marcó un My man's gone now que nos dejó petrificados en la butaca.
Apropiadísima Miranda Tini (con ese descaro y autoridad que el papel requiere) como Maria.
Correcto, sin destacar, Mandisinde Mbuyazwe como Crown, le faltó categoría de villano.
Bien Aubrey Lodewyk como Jake.
Y curioso el caso de Lukhanyo Moyake como Sportin' Life. Muy bien en la primera parte, con gracia, destacando, haciendo cosas bonitas, pero totalmente apagado en el It ain't necessarily so, donde no se le oyó nada.

Destacar una vez más los números de conjunto, el coro y la dirección escénica.
Para los tiquismiquis, la acción pasa de Carolina del Sur a la Sudáfrica del Apartheid. 

No sé, salí del teatro tan esperanzado como Porgy cuando va a buscar a su Bess al final.
Emocionante.


George Gershwin
Porgy And Bess
Sixaba, Yende, Mbuyazwe, Jaftha, Yakupa, Tini, Lodewyk
Compañía de la Cape Town Opera
Tim Murray, Christine Crouse
Teatro Real de Madrid, viernes 10 de julio de 2015


Página web del Teatro Real

Mira

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