martes, septiembre 02, 2014

Marchando una de Fedora a la plancha


Con el ritmo de vida taaaaan alocado que llevo y el hecho de no vivir solo ya desde hace un lustro, me doy cuenta de que cada vez tengo menos tiempo para escucharme una ópera tranquilamente, enterita, de pe a pa, para saborearla, para deleitarme en ella en soledad.

Porque créeme, lo de llegar a casa tarareando ritmos "latinos" después de clase de zumba ES LO PEOR. Y una de las mayores intoxicaciones musicales que uno puede sufrir.

Hasta que he descubierto el momento perfecto para dedicarlo a la ópera: LA PLANCHA.
Sí, la plancha.

Una mañana de cada finde, mientras mi tx se va a trabajar y me quedo con las tareas domésticas, me coloco la tabla, la plancha, la botella de agua y el vaporizador delante de la tele y me zampo una operita en vídeo.

http://guyhaley.files.wordpress.com/2010/09/forbidden_planet.jpg

Razones para disfrutar:

- La música ayuda y la imagen entretiene la tediosa tarea del planchado.
- Al conocer ya las óperas, no hace falta estar prestando atención exclusiva a la pantalla y se puede ir alternando con la visión de la ropa.
- Te puedes marcar objetivos tales como "cuando termine el primer acto tengo que haber terminado este montón de aquí".
- El estar de pie y en movimiento, propicia el arrancarse a cantar de vez en cuando.

En fin, que ya casi he institucionalizado en casa el momento Opera & IronMan.

Y el otro día estaba repasando yo el archivador con los dvd de ópera a ver cuál tocaba... y reparé en Fedora, de Umberto Giordano.


Huy, Fedora.
Puedo decir tranquilamente que hacía más de 10 años que no la escuchaba.
Pues nada, a ponerla.

¿La versión?
El DVD desde la Metropolitan Opera con Mirella Freni, Plácido Domingo, Ainhoa Arteta y Dwyane Croft dirigidos por Roberto Abbado con la escenografía del Liceo de Barcelona.

Ay, Fedora.

Fue una de las primeras óperas que escuché. Más que nada porque a principios de la década de los 90 en las ya difuntas tiendas Discoplay de Madrid hubo una remesa de óperas tiradas de precio de los sellos Hungaroton y CBS. Imagino que sería cuando Sony los fagocitó, el caso es que, sin conocer yo de nada la ópera más que por el "Amor ti vieta", una de las primeras óperas de mi colección fue Fedora.


Aquella versión estaba dirigida por Giuseppe Patané e interpretada por Éva Marton y José Carreras en 1988. A la Marton podemos ponerle todas las pegas estilísticas que queramos porque tenía un instrumento tan tremendo que se iba de madre con mucha facilidad. Pero en esta grabación aún no se le había descontrolado del todo, consigue dominarlo y, sinceramente, creo que compone un rol principal honesto y creíble. Carreras suena quizás un poco lírico pero muy convincente como Loris, y Verónika Kincses es lo suficientemente soubrette como para la Olga. La toma de sonido es rara, como lejana.


Posteriormente tuve la suerte de asistir a una de las funciones del Liceo allá por el 93, con Carreras ya post-enfermedad pasándolas bastante canutas pero aguantando el tipo y una Freni apabullante, en su yo diría última época de apogeo, cuando empezó a abordar papeles más pesados. La escenografía, la misma del dvd, absolutamente tradicional (y muy criticada en cierto periódico de la época, supongo que sería El País, por lo anticuada).


Después pocos encuentros he tenido ya con la versión íntegra de esta ópera. Compré la grabación de Decca con Magda Olivero y Mario del Monaco pero me resulta difícilmente soportable. Ay, lo siento por toda la fama que tiene esta señora, pero su vibrato me saca de mis casillas. Del Monaco, como le ocurría casi siempre que no había alguien que lo controlara (véase su maravilloso Otello con la Tebaldi) pasa como una apisonadora sobre el papel de Loris.


Tras eso, años de sequía fedoriana hasta escuchar vía Spotify algunos fragmentos de la versión de Angela Gheorghiu y Plácido Domingo de 2011 en la que ella está tan suntuosa (y cursilina) como de costumbre y Domingo mejor que no la hubiera grabado, porque no se entiende que permitiera que se editara ese segundo acto. Penosillo.

Hasta este fin de semana que ha caído el susodicho dvd que, como tantos otros, tenía por casa y jamás jamás había visionado.

Lo primero, gran decepción con la ópera en sí.

Ooooh, vaya, no recordaba Fedora como una ópera tan aburrida. No sé si sería por el "momento ironman" pero el caso es que, pese a la orquestación apabullante y ostentosa, sólo un par de momentos llamaron mi atención en lo estrictamente musical: el aria (y parte del dúo posterior) del segundo acto y el final de la ópera. El resto me resultó convencional, pesado y "anticuado".


Me imagino que también con los años el gusto musical de uno va cambiando. Pero vamos, el primer acto y la mitad del segundo me resultaron de escasísimo interés. Me parece una ópera menor con un par de momentos muy buenos, pero que se mantiene sólo por lo folletinesco del argumento. Es mi opinión, mis impresiones, si ahora alguien quiere ponerme hoja perejil con lo de que es una obra maestra y una ópera maravillosa, bienvenidos sean sus comentarios.
 
Además la ópera está plagadita de momentos "de telenovela" que la Freni, por otra parte, borda, y que a mí me provocan risa. Son esas "repeticiones finales de palabras" por parte de la protagonista para remarcar partes del texto y que no sé si están hechas para que el público se entere mejor del argumento o como elemento dramático, pero vamos, que yo me parto.

Para explicarme con un ejemplo, cuando Loris habla de su mujer, dice "su nombre era Wanda". Y Fedora asiente diciendo "Wanda". Otro: "el conde estaba amenazado" y Fedora repite "amenazado". Más. "Su hermano Valeriano" ¿Y ella qué dice? ¡Bingo! Mientras estaba con la plancha cada vez que venía uno de esos momentos yo me anticipaba a la Freni o lo decíamos al unísono.

Yo creo que sentado en el sofá tranquilamente no la hubiera aguantado entera del tirón, pero mira, haciendo otras actividades estuvo bien.


El DVD es de 1997. A Mirella Freni se la ve ya más cansada que unos poquitos años antes, pero mantiene poderío y un saber estar tan clásico que da gusto verla, está en su salsa en este melodramón. A Plácido Domingo el papel no le ofrece ninguna dificultad y nos regala una interpretación estupenda, recreándose en el legato que el Amor ti vieta le reclama. Ainhoa Arteta está regular como Olga. Muy graciosa, muy pizpireta, con un físico envidiable, pero la voz se queda corta. ¡Qué bien le sentó a esta señora separarse de Dwayne Croft, caramba! Cómo ha mejorado en los últimos años. Y Croft está correcto. La orquesta suena excelente, la producción ya mencionada es de libro de texto, la toma de sonido es buena y si tengo que poner una pega técnica es que los movimientos laterales de vídeo daban saltos, pero eso ya no sé si es cosa de la grabación, del soporte dvd o de mi reproductor.

A ver si le cojo un poco más de ganas a este blog, que lo tengo muy abandonado ¡pero es que a ver quién tiene ganas de sentarse a escribir de ópera después de estar pegando saltos durante una hora en clase de zumba!



Fedora: Acto I:

Fedora: Acto II:


Fedora: Acto III:

Fedora completa:


miércoles, junio 04, 2014

Les Contes d'Hoffmann en Madrid

 

Ay Los Cuentos De Hoffmann, de Offenbach. La ópera ideal para montar un bochinche.

Empezando por el argumento, que tiene su aquél porque si nos ceñimos a lo que nos cuentan, vemos tres historietas acerca de los amores del poeta pero... ah no podemos dejar de lado el aspecto fantástico de la narración, ni las connotaciones románticas. Y encima tenemos a la idolatrada por el poeta, la cantante Stella, que es la conjunción de otras tres mujeres en una sola. Vamos, que Les Contes d'Hoffmann es una ópera supergolosa para que los directores de escena se monten un chocho mental de apaga y vámonos y cada uno le saque una metaexplicación al argumento.

Y después lo de las versiones. Con eso de que Offenbach murió antes del estreno, tenemos versiones para dar y tomar. La verdad a mí lo de las orquestaciones se me sale un poco de mis modestas entendederas, pero lo de poner, quitar, cortar y cambiar sí que lo controlo más y en esta ópera está a la orden del día. Así que en cada grabación o producción está basada en la edición crítica.... que a los señores directores musical y escénico les da la gana. Y, por lo general, de recortar nada, aquí vamos a meter todo todo todo lo que encontremos. Y, sin embargo, meto aquí, meto allá pero no coloco la fabulosa aria de Giulietta "L'amour lui dit, la belle" (que Nagano recuperó para su versión en CD).


Así tenemos Contes que (música solamente) nos ocupan de entre dos horas y media a tres y media. Y eso se nota, porque hay números que parece que están puestos un poco a pegote y no pasaría nada de nada si se eliminaran. Pero nada, eh, que nadie se lleve las manos a la cabeza.

Porque MI problema (y pongo "mi" en mayúsculas) viene con el prólogo, que se me hace eterno, y musicalmente me resulta lo menos inspirado de la ópera. Y eso me lastra para el resto de la representación.  
 
Pero la culpa es mía, mía y sólo mía.
Porque unos días antes de ir al Real tenía tal montaña de plancha que me dije: vamos a ponernos un dvd de ópera para amenizar la mañana, y se me ocurrió poner el vídeo de Les Contes del Covent Garden de 1981 con Plácido Domingo, Luciana Serra, Agnes Baltsa e Ileana Cotrubas. ¿Y qué ocurre? Pues que es una versión a la que han metido la tijera de una manera inmisericorde pero la mar de efectiva: prólogo y epílogo duran lo que tienen que durar, lo justo, y encima las prestaciones de orquesta y cantantes son soberbias.


Y entonces claro, llego yo al Real, con una orquesta que no acaba de arrancar, unos intérpretes correctos, una dirección escénica de las de descolgarse por la ventana y un prólogo que se extiende casi una hora y... SOPOR.

Porque no hay derecho a que haya que esperar hora y diez minutos al aria de Olympia para que una función levante el vuelo, joder. Tijeras, mi reino por unas tijeras. Menos mal que iba con mi sobredosis de cafeína en vena, que las dos personas que me flanqueaban dieron sus buenas cabezadas a final del prólogo. Yo dejé que mi acompañante descansara, en todo caso lo iba a despertar para cuando empezara el acto de la muñeca, pero lo hizo solo.

En el terreno musical empiezo por la orquesta, dirigida por Till Drömann (Cambreling libraba). Sí, bien, aceptable pero... monótona, mortecina. Y no, señores, no. Les Contes requiere contrastes, un punto de locura. Que no sonó nada mal, en efecto, pero mira, no me gustó.

Otro elemento que también estuvo gris fue el coro. Las pocas posibilidades de animar el tedioso prólogo fueron eliminadas por un coro al que se obligó a cantar fuera de escena, o en un rincón al fondo, o desperdigado. No se le entendió palabra y sonó siempre como bajo de decibelios.

Y luego los intérpretes.


Veamos, Eric Cutler cumplió con su cometido. Pudo con el papel y aguantó toda la ópera. La suya es una voz lírica apropiada para el rol. ¿Qué ocurre? Pues que le faltan un punto de carisma, de intensidad, de fuerza. En algún momento quedó tapado por la orquesta, pero en general, buena prestación, muy loable. Y además fue de menos a más.


Anne Sofie von Otter está mayor, no hace falta decirlo. Conserva la musicalidad, la elegancia en el fraseo, una prosodia deliciosa, un timbre bello... pero los graves se le han quedado ya en Suecia y el volumen es escasito. Su musa estuvo cantada con gusto pero parecía que estaba en un recital de chanson y no en una ópera. 


Vito Priante hacía de todos los malvados. Y éste fue de más a menos. Al principio el timbre me gustó, pero luego el hombre fue agotándose y quedándose insuficiente. Señores, no puede ser que en el trío de Antonia, su madre y Miracle a quien más se oiga sea a la madre. Pretendió echar el resto en "Scintille diamant" pero ni la voz ni el público le respondieron. Discreto.


Measha Brueggergosman hizo de Antonia (o un híbrido entre Animal de los Teleñecos -muppets-  Tina Turner y el del 11811) y de Giulietta. Lo de esta mujer me deja perplejo, porque es una soprano con un timbre oscurísimo que parece mezzo, y en las subidas al agudo la voz cambia de color hacia un chillido muy abierto. Mantuvo el tipo en la Antonia pero como Giulietta fue casi inexistente.



Ana Durlovski fue una Olympia perfecta: agilidades, agudos y además timbre rotundo, nada de pajarillo. Si no le llegan a obligar a que se comportara en escena como una retrasada, habría sido una delicia. 



Christof Homberger cumplió como los sirvientes. Bien. Correcto Lafont como padre de Antonia y Luther, y bien los secundarios. Mención, ya lo he dicho, para Lani Poulson en el papel de la madre.


Y ahora viene donde hacer sangre: en la dirección escénica.
Afilen sus uñas.
El señor Marthaler ha decidido que nadie sepa qué es lo que quiere contarnos.
A mí el que la acción se desarrolle en el Círculo de Bellas Artes o en el aparcamiento subterráneo de El Corte Inglés cualquiera que siga este blog sabe que me trae sin cuidado, pero yo necesito que se me transmita algo. Y aquí no se ha hecho.


Me imagino que los pobres ignorantes nos tenemos que conformar con que Hoffmann sea un sufriente pelele u Olympia una mongoloide e intentar saber por qué. O que en el acto de Antonia tengamos que hacernos de cruces al ver que nadie interacciona con nadie. Mierda, justo el acto que tiene la mejor música.
¿Hablamos también del absurdo discuristo de Pessoa que se marca Stella?

video


¿Surrealismo? 
Una mierda.

Sin embargo cuando se termina la función la sensación es más que positiva, por la prestación del tenor, de Olympia y, sobre todo, por el triunfo de la música de Offenbach, que supera y tapa todos los elementos que no han estado a la altura.

¿Recomendable?
Paradójicamente, y hasta después de ver los vídeos del Covent Garden (Domingo) o la Scala (Shicoff).


Jacques Offenbach
Les Contes d'Hoffmann
Eric Cutler, Anne Sofie von Otter, Vito Priante, Ana Durlovski, Measha Brueggergosman,  Christoph Homberger, Lani Poulson, Jean-Philippe Lafont, Gerardo López, Graham Valentine, Tomeu Bibiloni, Isaac Galán.
Till Drömann, Chistoph Marhaler
Teatro Real, Madrid, martes 3 de junio de 2014.

lunes, mayo 19, 2014

Teatro de la Zarzuela. Temporada 2014 / 2015

 
Esta mañana he recibido un email con el avance de programación del teatro de la Zarzuela de Madrid para la temporada 2014 - 2015.

Veamos lo quenos viene:

- Maruxa, de Amadeo Vives.
Me gusta mucho su música, y tiene momentos fantásticos (esa escena de la carta, ese dúo de Rosa con Rufo). Escuchada entera  se me hace pesada por la cantidad de momentos "pastorales", pero hace mucho que no se pasea por los escenarios de Madrid, y le tengo muchas ganas. ¿El problema? Versión de concierto. Uf. No sé, no sé.

- Carmen, zarzuela basada en la ópera cómica de Georges Bizet
Huy, cómo suena eso. ¿Una Carmen traducida al español, acaso? Con María José Montiel al frente. Me entra curiosidad.

- Los Diamantes de la Corona, de Francisco Asenjo Barbieri
A decir verdad, tengo el disco de Pilar Lorengar por ahí pero no la tengo en mi repertorio de escuchas. Barbieri siempre me resulta interesante. Indagaré.

- Lady, be good, de Gershwin + Luna de miel en El Cairo, de Alonso
Programa doble de revista, music hall, opereta o como lo quieras llamar. Muy apetecible. No me lo pierdo.

- La Gran Duquesa de Gerolstein, zarzuela basada en la opereta de Offenbach.
Huy, otra como la Carmen. Qué cosas.

Y tres zarzuelas más en versión concierto: Clementina de Boccherini, La Dogaresa de Millán y La Marchenera de Moreno Torroba. Restricción de presupuesto manda.

En la parte de recitales, el XXI ciclo de lied (¿de verdad llevan sólo 21? Si es algo como de toda la vida), con un puñado de figurones: Antonacci, Keenlyside, Bostridge, Jaroussky, Damrau, Genaux, Goerne, Montiel, Lemieux, Gerhaher. Toma ya. Lo malo es que yo no puedo con los lieder (que por otra parte anda que no se repiten). Unos pocos sí, pero un recital entero me acabo durmiendo, y mis amigos se escandalizan cuando lo suelto, pero es la verdad, qué narices.

Bueno, no se ve género chico por ningún lado, hay títulos poco frecuentes (muy poco frecuentes), mucha versión concierto y un par de zarzuelas basadas en óperas. La verdad es que es imaginativa y desde luego se sale de lo convencional, aunque algún título de repertorio no hubiera estado mal. 

La Maruxa, ay la Maruxa, en concierto, grrrrrr.
Quien no la conozca, que no se pierda esta grabación de García Asensio con Ana Riera, Montserrat Caballé, Vicente Sardinero y Pedro Lavirgen, es maravillosa. O que se vea la versión reducida en playback que se hizo para televisión con la Mary Francis (aka Paca Gabaldón) de mala malísima comiéndose con patatas a la pavisosa de María José Alfonso, con las voces de Josefina Cubeiro y Dolores Pérez.

Bueno, y mira qué vídeo tan chulo se han marcado los del teatro para anunciar la nueva temporada:





miércoles, abril 23, 2014

Lohengrin en el Real: peazo Wagner

 

Hasta la noche de ayer no había disfrutado yo plenamente del Lohengrin wagneriano. Sí, me divertí mucho con la puesta en escena de Konwitschny para el Liceo en el año 2000 (joer, hace 14 años ya, aquella del colegio con Éva Marton haciendo diabluras), pero lo que es musicalmente hablando, siempre me había resultado, pese a momentos bellísimos, una ópera larga y árida.

Pues anoche la disfruté como un enano, mira tú. Y es que la conjunción de intérpretes, coro y orquesta estuvo tan acertada que acabó siendo una velada operística realmente emocionante.

video


El principal artífice: Hartmut Haenchen al frente de la orquesta del Teatro Real, haciéndola sonar a las mil maravillas, recreándose en los momentos más líricos y rotunda pero sin estridencias en los más potentes. Una gozada.

El coro, tan importante en esta ópera, estuvo también a una grandísima altura, sobre todo el masculino, demostrando que no hace falta gritar para cantar en forte.

Y finalmente el reparto también cumplió. Era teóricamente el segundo reparto, con la Elsa del primero. Y yo creo que salimos beneficiados en casi todos los roles.


Michael König fue un más que digno Lohengrin. Parece que su voz está evolucionando desde otros papeles menos inclementes que le había oído. Es cierto que la voz en ocasiones queda tapada por la orquesta y que le queda aún por mejorar, pero la línea de canto es cuidada y fue un muy creíble Lohengrin.

Catherine Naglestad se encargó del papel de Elsa. Se agradece mucho que no sea una ñoña edulcorada y sufriente, su voz tiene carne y enjundia que sobrepasan la bobaliconería de su personaje. Muy bien. Un poco chillona en el agudo en forte pero... ¿qué wagneriana no lo es?


Thomas Jesatko sorprendió con una notable voz baritonal para el papel de Telramund, sin problemas para hacerse oír y sin necesidad de pegar ladridos. Y además se fue creciendo a medida que avanzaba la función. Muy bien también.

Los que estuvieron algo más escasitos fueron Anders Larsson como el heraldo y Goran Jurić como el rey Heinrich (que menos mal que terminó decentemente, porque al principio me dio bastante miedo no oírle ni palabra).


En papeles secundarios con un par de frases, cuatro pajes de coro de niños y cuatro caballeros.

Y toca hablar de la gran triunfadora de la noche, claro, la Ortrud de Dolora Zajick. Con esta señora no se puede ser objetivo porque siempre es tan impresionante que es imposible no rendirse ante ella, pero es que ayer como Ortrud me dejó maravillado. Y no por los clásicos pepinazos por arriba a los que nos tiene acostumbrados, que soltó bastantes, sino por esa manera de cantar, esa técnica, si hasta hubo momentos en los que parecía que estaba haciendo belcanto sin traicionar el lenguaje wagneriano. ¡Y eso que nos dijeron que sufría una indisposición! Sencillamente estupenda.


Juntas todo... y te salen cuatro horas y media de representación, vale. Pero vamos, que en buena compañía, saludando a amigos y tomando una copita de cava en uno de los entreactos... se nos pasó volando volando. Y todos salimos encantados, oigan. Y desde ya incluyo Lohengrin entre mis favos wagnerianas.

A todo esto... huy, la puesta en escena, que se me olvidaba.
Bueno, pues ya estás viendo las fotos, ¿no?

 
El decorado es una cueva excavada dentro del teatro con varias entradas y ventanas, suelos y paredes muy rugosos y donde los distintos ambientes los proporciona la iluminación. Todo bastante neutro. Es decir: el típico decorado que lo mismo te sirve para una Norma, una Flauta Mágica o CUALQUIER ÓPERA DE WAGNER. Porque señores, nos ponemos muy de los nervios si vemos a Alceste en plan Lady Di, pero con Wagner parece que vale todo. Junto con un vestuario francamente horripilante consistente en una especie de pijamas manchados (pobre Ortrud, lo que le hicieron ponerse), aquello me parecía El Planeta De Los Simios.

Y ahora toca decir una de esas frases típicas: una escenografía que NO MOLESTA. Coño, encima sólo faltaba eso, que molestara. Pero hay que decirlo, porque hay muchas escenografías que sí, que molestan.


En fin, fea y obviable. El único elemento que llamaba un poco la atención era el cisne, patrocinado por neveras Kelvinator, porque era una especie de paralelepípedo de hielo en el que se supone que está encerrado el niño Gottfried congelaíto vivo. En el último acto (ATENCIÓN: SPOILER) Lohengrin pierde su poder, el témpano se descongela y entonces el héroe dice: ¡Ahí tenéis al Duque de Brabante, nombradlo vuestro caudillo! (y donde tenía que salir el niño nos sale una escultura así muy de patio de museo de arte contemporáneo). Misterios sin resolver. Cuarto milenio.

La dirección escénica  estuvo tan discreta como inane. Vamos, que si no es por el empeño del regisseur de poner a la gente a dar vueltas (a la pobre Elsa la traía frita, que yo me pensaba que de una de esas se caía), casi se puede decir que no hubo dirección.

Pero, una vez más demostración de que si el nivel musical es bueno (y el escénico no es ultrajante) al final te da igual que estén subidos a una roca que en el hall de un aeropuerto.



Que sí, que nos gustó mucho, que disfrutamos y que todos nos alegramos de que nos tocara ese reparto.

Ea.

Y a todo esto, día de semifinal de la Champions, con el metro línea 5 a reventar tanto a la ida como a la vuelta, que es la línea que va al Calderón.

Hasta la próxima, que serán los Cuentos de Hoffmann, la última ópera de la era Mortier en el Real.


Página web del Teatro Real
Programa de mano
Libreto en español de Lohengrin
Argumento de Lohengrin y comentarios


Richard Wagner
Lohengrin
Michael König, Catherine Naglestad, Dolora Zajick, Thomas Jesatko, Goran Jurić, Anders Larsson, Gerardo López, Antonio Lozano, Rodrigo Álvarez, Isaac Galan, Inés Balbás, Hugo Fernández, Patricia Ginés, María Guzmán, Calia Martos, Laura Palop, Catalina Peláez, Patricia Redondo.
Hartmut Haenchen, Lukas Hemleb
Teatro Real de Madrid.
Martes, 22 de abril de 2014.



miércoles, marzo 12, 2014

Falleció Mortier

 
El domingo pasado falleció Gerard Mortier, el anterior director artístico del Teatro Real de Madrid, a quien echaron unos meses atrás de una manera algo rastrera.

Se sea partidario o no de su gestión, hay que reconocer que el teatro sufrió una auténtica convulsión con su nombramiento, con sus programaciones y con su manera de hacer las cosas.

¿Puntos a favor?
Su concepción renovadora de la ópera como un espectáculo vivo y no anquilosado en el "cualquier tiempo pasado fue mejor". Su valentía al adoptar posturas artísticas arriesgadas. Su capacidad de resultar un revulsivo.

¿En su contra?
Sus maneras chulescas de hacer lo que le daba la gana y sin escuchar a nadie. Su desprecio a los cantantes españoles. El chorreo escandaloso de dinero y el déficit que ha dejado. Dar la preponderancia a la escena en vez de a las voces.

Pero como yo no tengo mucho criterio ni conocimiento como para ir analizando su gestión, lo que voy a hacer va a ser recordar sus hitos desde el punto de vista del espectador de quinto piso que soy, o sea, de las óperas que he ido a ver.

Así que... veamos:

Resultados satisfactorios:
- El Caballero de la Rosa, a pesar de la sosa protagonista.
- Otra vuelta de tuerca, que estuvo la mar de bien.
- Tosca, que fue clasicota clasicota.
- Werther, que tuvo un segundo reparto algo irregular pero que en conjunto fue muy celebrada.
- Ifigenia en Táuride, maravillosa.
- Elektra, que fue muy digna.
- Lady Macbeth de Mtsensk. Sin llegar a ser redonda, muy notable, y con una portagonista espectacular.
- La Clemenza di Tito. Una indisposición me impidió disfrutar al completo de una ópera que a priori no me gusta, pero que estuvo muy bien servida.
- Cyrano de Bergerac. Domingo y Arteta en su salsa.
- Ainadamar. Agradable, sin ser una maravilla.
- The Perfect American. Reconciliación con Glass.
- L'elisir d'amore. ¡Por fin un donizetti cómico que no me aburre!
- Brokeback Mountain. Un muy buen estreno mundial.
- Alceste. Producción de lujo en la que el segundo reparto debería haber sido el primero.

¿Cuántas me han salido? 15

Veamos las que "Sí pero no".
- San Francisco de Asís. La desmesura, aunque me parece bien programada.
- Eugenio Onegin. Una pena, porque apuntaba a un éxito y fue todo de 2ª B.
- Iolanta / Persephone. Interesante propuesta, aunque me aburrió.
- Vida y muerte de Marina Abramovic. Una performance en toda regla que estuvo bastante bien, pero que en una temporada de ópera... como que casi que no.
- Così fan tutte. El de Haneke. Un primer acto soporífero y un segundo genial. Irregular.
- Il Postino. Agradable sin ser nada del otro jueves. Se notó la ausencia de Domingo.
- El Rey Roger, las comeduras de tarro de un director de escena casi se cargan una ópera con una música deliciosa.
 - I due Figaro. Menos mal que vino Muti, porque aquello pintaba somnífero.

Mmmm, de las aceptables...8

Y ahora los bluffs:
- Wozzeck. Aburrimiento total.
- Las Bodas de Fígaro. Un reparto menos que mediocre nos duerme.
- Pelléas y Melisande. Para salir corriendo. Una castaña.
- El barbero de Sevilla. Perezón perezón. La ópera bufa en la que nadie se divertía.
- Boris Godunov. No pude con ella, probablemente por culpa mía.
- La conquista de México. De ésta no escribí nada, pero es que me dejó TAN descolocado...

Que no me gustaran nada... 6

Y las que no he visto, 8.

Mahagonny, Choeurs, Don Pasquale, Tristan e Isolda, The Indian Queen, Poppea e Nerone, Moses und Aron y Macbeth.

Creo que mi balance provisional de la etapa Mortier en el teatro es más bien positivo.

lunes, marzo 03, 2014

Alceste de Gluck, en Madrid

 
Con Alceste de Gluck en el teatro Real se ha armado una de las típicas marimorenas que tanto animan los teatros de ópera. Y ahora me toca contar cómo lo he visto yo, que fui a la segunda función.

Domingo, 6 de la tarde, primeros de mes, lluvia ligera en Madrid... y se me ocurre ir en coche con el tiempo algo justito... CAOS. Después de dar vueltas y vueltas alrededor del teatro tengo que alejarme y a quince minutos de empezar la función y cuando ya estaba resignado a arruinarme metiendo el coche en un aparcamiento, consigo aparcarlo en la calle Valverde, casi esquina con Colón, y en un sitio imposible rodeado de bolardos.

Y qué interés tiene esto para un blog de ópera, te preguntarás y con razón.
Pues muy sencillo: en 12 minutos exactos fui corriendo desde el coche al Teatro Real (con llovizna y esquivando peatones) y entré en la sala justo cuando estaban cerrando las puertas, así que te puedes imaginar en qué estado llegué. Que aunque en Google Maps ponga que se llega en 14 minutos andando... ni de coña.


Pues ya la tenía montada: cansado, llegando con el tiempo justo, sin poder tomarme mi dosis de cafeína necesaria para aguantar hora y tres cuartos de primera parte de la ópera, música de Gluck, seis de la tarde... ya me veía yo echándome una soberana siesta en la butaca.

Pues no, chico, nada de eso. Aguanté con un jabato. No sé si la carrera me liberó endorfinas, si mis clases de zumba han habituado mi cuerpo al ejercicio aeróbico continuado o qué, pero el caso es que ni asomo de sopor en toda la función.

¿Y por qué? Por Gluck. Señoras y señores, cada vez que asisto a una ópera de Gluck me quedo fascinado por... cómo decirlo... ¿su enjundia? ¿es esa sensación de estar ante algo grande, que trasciende mucho más allá de una obra cantada con música? ¿Síndrome de Stendhal? Es que me ocurrió con Ifigenia en Táuride y me ha ocurrido con Alceste. Me encuentro apabullado ante algo GRANDE. Alceste es todo un operón, sí señor.

Luego está el tema de cómo lo pusieron en escena. Pero eso, aunque importantísimo ayer, lo comentaré más tarde.


Ivor Bolton, recién nombrado nuevo director musical del teatro, llevó la orquesta de una manera muy fluida, huyendo de la pesadez y el tenebrismo. Puede que su lectura pueda parecer ligera y alejada del dramón que nos están contando. Pero ojo que es una ópera que puede resultar muy pesada si se hace demasiado solemne. Para mi gusto, bien.

El problema principal de esta ópera ha sido la pareja protagonista.

Sinceramente, me da mucha pena haber escuchado a Angela Denoke en este papel. La clase está ahí, el timbre también, la presencia es tremenda, pero no llega. Cuando sube al agudo la voz se le adelgaza al extremo y lo cala. Vale que no todo en la vida son los agudos, pero es que los desafinó todos. Aparte, estaba falta de fuerza, de intensidad. Sólo al principio del tercer acto pude percibir una adecuación al personaje. Y me da rabia después de haberla disfrutado varias veces en directo, joder.

De Paul Groves no me esperaba gran cosa y sin embargo me parece que su voz se adecúa perfectamente al papel de Admète, por timbre y estilo. ¿Qué le ocurre? Lo mismo que a su reina: que cuando sube al agudo la voz se le estrangula. No llega a calar pero se le queda a uno una sensación de angustia de esas de "no va a llegar, no va a llegar" y parece que todo lo salva por los pelos. 


Así pues, una pareja protagonista que no está a la altura. Y sobre todo es triste decirlo, pero la cosa da mucho más el cante cuando los secundarios se lucen más que los protagonistas.

La voz de Willard White impresiona nada más sonar en los primeros compases. Al minuto ya vemos que está ya muy desgastada, pero quien tuvo, retuvo, y salva su parte.
El resto de secundarios muy bien, con especial brillo en las voces femeninas del corifeo.

Muy aplaudida fue también la intervención del coro, parte fundamental de esta ópera. 


Y llegamos al espinoso asunto de la puesta en escena, a cargo del enfant terrible Warlikowski.

Quien sea tan osado de leerme desde hace tiempo sabrá que hace lustros que dejé de indignarme con las puestas transgresoras y que normalmente me gustan siempre que vea una coherencia en la acción dramática. Además, también disfruto malévolamente viendo cómo los más tradicionalistas se hacen de cruces y se dedican a soltar exabruptos. Además: ¿hay todavía quien se escandaliza de un cambio temporal en una escenografía de ópera? Por favor. 


Esta Alceste es todo menos tradicional. Quien quiera ver templos, columnas jónicas y puestas de sol sobre el Egeo que se pase por los salones de la segunda planta del Teatro Real y se vea el rancio y cursilísimo cuadro de la reina Sofía (que hace falta valor para colgar eso de una pared).

Warlikowski tampoco es que haya hecho nada particularmente salvaje con la historia: una mujer se sacrifica por su marido y al final ambos se salvan. Lo que hace es darle matices: la pareja atraviesa dificultades, luego ella se encuentra con que su marido está a punto de morir, y es su amor hacia él y hacia sus hijos lo que la lleva al sacrificio. Finalmente la intercesión ¿divina? hace que se salve pero... ¿a qué precio?

Es en la escena inicial y en la final donde están los elementos que caracterizan esta puesta. Al principio Alceste concede una entrevista donde explica sus problemas matrimoniales. Y el final dista mucho de ser un happy ending: Alceste ha salvado a su marido... ¿para continuar con una existencia angustiosa y gris? Aquí habría que hablar con el director de escena, porque eso es lo que yo entiendo.


El resto es anecdótico y, dentro de lo que cabe, lógico. ¿Que Admète va a morir? Pues lo ponemos en un hospital. ¿Que Alceste ruega a los dioses? Pues a una iglesia. Natural. ¿Que al final van al Hades? Pues qué mejor que un tanatorio. Francamente no veo ahí transgresión alguna o ganas de escandalizar.

También han dado que hablar unas proyecciones, como las de la entrevista del principio o imágenes durante el transcurso de la ópera. A mí no me parecen mal, apoyan el argumento. Lo que me pregunto... ¿con el segundo reparto cambiarán las proyecciones en las que salen los cantantes? ¿eh?


El problema con estos enfants terribles de la escena es que tienen que poner su toque provocador porque si no perderían su reputación. Y en esta Alceste tenemos las boutades de turno: Una bailaora de flamenco en medio de la fiesta que es un pegote, un Hércules maestro de esgrima que no queda claro qué pinta ahí, un Apolo "Santo Fluorescente Intercesor" y, lo que más ha indignado al respetable, un baile de zombis espasmódicos pseudonecrofílicos en la morgue. Elementos que no aportan nada y que parecen colocados para molestar al tradicional y pequeñoburgués espectador medio que tanto odiaba Mortier.

Pero vamos, que tampoco es para tanto. Con dejar de prestar atención es más que suficiente. Y créeme, después de dos minutos de ver a los bailarines temblar dejan de tener interés y uno se vuelve a fijar en la trama principal. Mucho más absurdo fue el Rey Roger de hace tres años, dónde va a parar.


Al final de la función, algunos gritos y protestas. No sé si uno dijo "ladrones" o "cabrones". Aplausos para la orquesta, coro, comprimarios, White, Groves y algún abucheo para Denoke. 

Yo salí bastante contento, la verdad. Sólo me da rabia lo de la protagonista. Pero no voy a gastarme los cuartos en ir al segundo reparto con Tom Randle (el de Brokeback Mountain) y Sofia Soloviy, ya sería excesivo. En fin, creo que es un espectáculo bastante brillante, con una escena que sirve a la ópera matizándola, sin reinterpretarla. Porque el subidón de una carrera contrarreloj no da para tres horas, te lo digo yo.



Christoph Willibald Gluck
Alceste
(versión de París)

Angela Denoke, Paul Groves, Willard White, Magnus Staveland, Thomas Oliemans, Isaac Galán, Fernando Radó, Maria Miró, Oxana Arabadzhieva, César de Frutos, Rodrigo Álvarez.
Ivor Bolton, Krzysztof Warlikowski
Teatro Real, Madrid, domingo 2 de marzo de 2014.



martes, febrero 25, 2014

...y la temporada 2014 2015 del Liceo de Barcelona

Y este viernes pasado se produjo también la presentación de la Nueva Temporada de Ópera 2014 / 2015 del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

¿Y qué nos traen en el Liceo este año?

Veamos brevemente:

1. Il Barbiere di Siviglia, de Rossini.

Producción de Joan Font (Comediants), o sea, colorinchi colorinchi, y Mario Cassi, Juan Francisco Gatell, Analissa Stroppa, Chausson, John Relyea.... y segundo reparto en el que a la única que conozco es a Ketevan Kemoklidze.

Bueno, ya se sabe lo que pienso de esta ópera. Puede salir muy bien si hay sincronía y complicidad entre los cantantes y orquesta o puede resultar un sopor.  

2.  La Traviata, de Verdi

Misma producción que viajará a Madrid, con Ciofi, Mosuc o Ailyn Pérez. Francamente sólo veo a Elena Mosuc como Violetta. ¿Que no querías ópera-maría? Pues ahí tienes dos tazas nada más empezar la temporada. 

3.  Arabella, de Strauss

Con la Schwanewilms, que es una especialista y será buenísima, pero las pocas veces que la he visto en directo me ha dejado frío frío. Ya en la web nos recuerdan que fue el papel con el que Caballé debutó en el Liceo. Nos lo van a repetir mil veces, ya verás.

4. Maria Stuarda, de Donizetti

Joyce DiDonato, Silvia Tro y Camarena en el primer reparto, Irina Lungu y Antonio Gandía en el segundo (lo siento, no sé quien es Mariamma Pizzolato). Promete. Si  puedo me acerco.

5. Una voce in off, de Montsalvatge y La voix humaine, de Poulenc

Ángeles Blancas y María Bayo en dos óperas cortas del siglo XX que pueden tener interés. Coproducción con Teatros del Canal, así que se verá también en Madrid.

6. Norma, de Bellini

No te me quejes. De 6 llevamos ya 3 ópera-marías. Con la Radvanovsky de estrella (2º reparto Tamara Wilson) ¡y Gregory Kunde! La Adalgisa soprano será Ekaterina Gubanova.

7. Siegfried, de Wagner

Una temporada del Liceu no es temporada si no hay un Wagner. De los cantantes no conozco a ni uno. Bueno, sí, a Ewa Podlés. 

8. Tristan und Isolde, de Wagner

¿No quieres caldo? Toma dos tazas. En versión concierto. Y sin que hasta la fecha se sepa quién va a ser la Isolda.

9. Carmen, de Bizet

Óperamarí.... bueno, me callo, porque es una obra maestra que me encanta. Y no he visto esta producción del burgalés Bieito que todo el mundo dice que es muy buena. Con Béatrice Uria-Monzon de prota.

10. I due Foscari, de Verdi

Tipico Verdi "menor" en versión concierto para lucimiento de Plácido Domingo en papel dominbaritonal. ¡Está Ramón Vargas en el reparto! Hace siglos que no lo escucho.

11. Così fan tutte, de Mozart

Nueva adaptación "a tiempos modernos" de la obra mozartiana. De los repartos sólo conozco a Maite Alberola en el segundo y a Piertro Spagnoli en el primero. Le pasa lo mismo que al Barbero, que si se hace bien puede salir algo divertido o interesante (el final de la versión de Haneke para el Real del año pasado) o si no es un plastazo en toda regla.  Al menos la producción se ve vistosa.

y 12. Don Pasquale, de Donizetti

Con esta ópera sí que no puedo, es manía personal. Está Ailyn Pérez, que puede hacer una buena Norina, y Mariusz Kwiecien que siempre canta con mucha clase. 

Bueno, está claro que se ha apostado por tradicionalismo a tope, sin rarezas, con una buena dosis de ópera-maría, dos poco frecuentes y el resto de repertorio típico aunque no tan trilladas. Así vista en bloque suena atractiva, aunque todo depende de los resultados artísticos, claro, tampoco hay tanto figurón (o yo no los conozco, que también puede ser). 

Si viviera en Barcelona desde luego sería abonado y me las tragaría todas, pero hacer un viaje a propósito para ir a la ópera... no sé, la Stuarda, que no he visto nunca en directo y para de contar. Sí, la Arabella quizás. 

En fin, ¿opiniones?
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