lunes, abril 29, 2013

Giulio Cesare en el cine

 

  
Mi primera experiencia de ópera en el cine ha sido el Giulio Cesare in Egitto de Händel este sábado pasado. Y oye, muy positiva la cosa. Primero, porque es una gran ópera, está entre mis favoritas y el resultado artístico fue muy satisfactorio. Además, era casi como estar en el teatro, porque era en directo desde el Met de Nueva York.

Lo de acercarse a un CCR a ver una ópera en el cine tiene su gracia, máxime cuando las demás salas están ocupadas por familias de niños vociferantes, que la sesión empezaba a las seis de la tarde.


Que esa es otra, Julio César dura sus buenas casi cuatro horitas, plus intermedios. O sea que la tarde se nos puso en entrar a las seis y salir... ¡a las once menos cuarto! Muy tremendo.

Menos mal que habíamos sido previsores y nos habíamos llevado la merienda. Unos sandwiches envasados y una lata de bebida que metimos en el cine de extranjis y nos tomamos a escondidas en unos silloncitos escondidos en el segundo entreacto. Y estábamos allí nosotros tan discretos cuando vemos que otros asistentes habían hecho lo propio y que otras dos señoras llegaron con la ensalada en un túper y se sacaron allí los cubiertos sin el más mínimo recato. Nada, tranquis, para la próxima ya acostumbrados. Pero es que claro, ¡no íbamos a comprar palomitas! Son muy poco apropiadas para una ópera, vamos digo yo.

Que esa es otra, menudo público más silencioso. Vamos, la gente educadísima. Nada que ver con los murmullos constantes del teatro, los bolsos, los caramelos y las toses. Una gozada.


La experiencia cinematográfica es como ponerte el DVD en casa pero en pantalla gigante. Vamos, que se le ven todas las patas de gallo a la pobre Cleopatra y los empastes (sí, los empastes de los dientes) a la mezzo que hacía de Sesto. La calidad del vídeo es muy alta, salvo algún ocasional problema de barrido de movimiento que como que se entrecortaba y un momento de desenfoque. El audio también es muy bueno, pero se notaban diferencias notables cuando los cantantes estaban cerca o no de los micrófonos. 

Lo que sí que eché en falta fue un poco más de volumen. Quizás es que yo estoy acostumbrado a ver las óperas en casa a toda tralla o que cuando me meto en el cine me gusta estar atronado. Pero es que también en la sala de al lado teníamos la fantástica película COMBUSTIÓN, que creo que va de carreras de coches, y los burrrrrummm burrrrrrrummm se notaban mucho.

Otra cosa a tener en cuenta es el precio: 18 euros. Jodó. Caro para meterte en un cine, por muy en directo que sea la representación. Ya maquinaremos, ya.


Una cosa graciosa es que en los entreactos la cámara se pasa detrás del escenario y se ve a los tramoyistas trabajando mientras doña Renée Penicilina Fleming nos cuenta la ópera y entrevista a los cantantes en un inglés modélico y con una pronunciación perfecta. Qué fina y elegante es esta señora siempre.

En fin, que como experiencia fue muy gratificante, y si te encuentras con amigos y otros conocidos en el cine pues fantástico, como ir al Real pero sin tener que subir cinco pisos de escaleras.

Bueno, y como ir al Real no, que es la Metropolitan Opera de Nueva York. Allí hay dinero y hay nivel. Menudo nivel. Qué pedazo de reparto. Que vamos, ya estábamos comparando con el birrión de Don Giovanni que nos plantaron aquí este mes. En Madrid había que esforzarse por encontrar quién era buen cantante, en NYC al revés, eran todos tan buenos que de hacerlo habría que buscar quién desmerecía.


David Daniels era Julio César. Empezó un poco flojo, ahogándose en las agilidades. Me dio miedo, parece que ha perdido en los últimos tiempos. Y no es tan mayor, que sólo tiene 47 años. Afortunadamente al poco se centró y ofreció todo un depliegue de estilazo y belleza tímbrica, especialmente en las arias más sentidas. Interpretativamente muy correcto, y visualmente ha pasado de cub a bear. 


Celopatra fue Natalie Dessay. ¡Qué señora! Qué artistaza. Ya quedan lejanos los tiempos de los sobreagudos exosféricos. No los tiene, ni falta que le hacen, porque tiene un dominio de la técnica y la expresión que se pone por delante de su estado vocal actual, que no es el óptimo. Hace lo que las grandes: hacer suyo el personaje, no que el personaje la lleve a ella. La interpretación es sobresaliente: canta, baila (mucho), emociona y en las partes cómicas directamente se sale. Qué buena es. Porque vale que haya un trabajo de dirección de cantantes muy buena y que el director le marque todo lo que tiene que hacer, ¡pero es que hay que saber hacerlo! Se come la escena, se la come. Una gozada. Se le entrecortó la voz un par de veces, ¿y qué? Prefiero dos fallos dentro de una interpretación fantástica a una mediocridad correcta y aburrida. Olé la Dessay.


Y luego los secundarios. Es que no parábamos de decirlo: ¡Qué buenos son! Y es de jusiticia empezar por el Tolomeo de Christophe Dumaux. Qué tío. Voz de contratenor con fuerza y agilidad. Bárbaro. Sensacional. Además, en el tercer acto nos pegó una pirueta en el aire que nos dejó patitiesos. Y de interpretación fabuloso también. Un diez.


Luego Sesto. Alice Coote. De dejar la boca abierta. Y mira que el papel de Sesto lo odio a muerte, que se pasa toda la ópera clamando venganza. Y encima, como es tan extenso, si te toca una mala cantante se sufre mucho. Pues ole con la señora Coote, de abajo a arriba con una brillantez sorprendente. Muy bien. Ah, el estilismo era un poco en plan rollo "en cuanto termine la ópera salgo pitando que tengo que abrir la librería Berkana".


A su lado, la Cornelia de Patricia Bardon (o Deborah Kerr robándole el frasco de laca a Isabel Tocino) dio también una lección de canto. Potente, matizada, elegante. En definitiva, en su papel. Qué pedazo de dúo se marcaron las dos al final del primer acto. Muy buena.

Nireno fue Rachid Ben Abdeslam, muuuuy eunucomariquita él en una interpretación de trazos gruesos pero muy graciosa. La voz era más grave que la de los otros contratenores. Bien, sin maravillar en su única aria. La baza estaba en la parte actoral. John Moore, Curio, la verdad es que cantar, canta poco. Pero el hombre también actuó bien, caramba.


Y Achilla fue Guido Loconsolo. Y aquí nos preguntamos: ¿a éste lo han contratado por la voz o por el pedazo de tiarrón que es? Porque vamos, es un chulazo en toda regla. Y más con ese aire macho-man de voy con la chaqueta desabrochada para que se me intuya el pecholobo y luego cuando me la quito saco el tatuaje tribal que parece que acabo de salir de la Kluster. Tremendo. Suspiros generalizados cada vez que aparecía. Pero bueno, resulta que el señor también sabe cantar y tiene una voz baritonal algo tosca pero muy disciplinada, porque se adaptó perfectamente al estilo barroco. Muy bien.

La orquesta estuvo dirigida por Harry Bicket con soltura y ligereza. O sea, lo ideal para esta ópera. Todos los cantantes hicieron sus da capo con variaciones, como debe ser (y como el público espera) y acompañó perfectamente. Como no se esperaba menos, estuvo impecable el violinista que salió en el aria diálogo de César con el violín.


La producción de este Julio César es una delicia. Que mira que es una ópera larga que se puede hacer pesadísima. David McVicar hace una ópera dinámica, ágil, plagada de detallitos que evitan la monotonía. Y sobre todo mimando cada personaje, perfectamente definido. La pareja Nireno - Cleopatra es de una comicidad bárbara. Y luego está el tema de las coreografías, no sólo graciosas sino también con su intención dramática, como en el caso del aria de la caza. Buenísima la lucha de Tolomeo-Achilla del primer acto y espectacular el Da tempeste. Si yo soy la soprano y me mandan hacer ESO mando al regisseur a tomar viento, vamos. (Aquí abajo el vídeo de Danielle de Niese haciendo el mismo numerito con mucha menos gracia.)



La escenografía es sencilla: cuatro arcos arquitrabados, tres telones y un mar barroco al fondo con barquitos (nuevamente sensacional el cambio de barcos de vela a acorazados de guerra en el último acto). No hace falta más. Lo demás lo pone la imaginación de McVicar y el buen hacer de los cantantes y figurantes.


Se convierte desde ya en mi Giulio Cesare de referencia escenográfico, sobrepasando al que era mi favorito hasta ahora, el de Sydney con Yvonne Kenny y Graham Pushee (muy, pero que muy recomendable).

En fin, ¿tú sabes lo que es salir del cine después de cinco horas tarareando temas händelianos y con una sonrisa de oreja a oreja? Pues eso es lo que hicimos nosotros. Una auténtica gozada.


Georg Friedrich Händel
Giulio Cesare in Egitto
David Daniels, Natalie Dessay, Patricia Bardon, Alice Coote, Christophe Dumaux, Guido Loconsolo, Rachid Ben Adbeslam, John Moore
Harry Bicket, David McVicar
Metropolitan Opera House, Nueva York, sábado 27 de abril de 2013.

lunes, abril 22, 2013

Don Tchiovanni

 
Ay, mira que me lo habían dicho: que me iba a aburrir, que los cantantes eran un birria, que la orquesta un plomo y que la puesta en escena una memez. Y yo que no que no que no, que seguro que me divierto, que a mí esas cosas de darle la vuelta a las óperas me suelen gustar mucho siempre que se mantenga una coherencia dramática.

Pues chico, me aburrí.

Don Giovanni de Mozart. Esta vez convertido en el drama de una familia acomodada con cuñado díscolo. Y bueno, el primer acto tiene un pase, no ocurre nada extravagante que no suceda ya en el libreto original. Don Juan se acuesta con Doña Ana, mata al comendador y luego pretende a Zerlina bajo la mirada de Masetto y Doña Elvira. Leporello es el testigo de todo y Don Octavio el candoroso amor de Doña Ana. ¿Que metemos relaciones de parentesco entre ellos? Vale. ¿Que doña Ana no es engañada sino que sabe muy bien lo que hace? Nada del otro jueves. ¿Que convertimos a doña Elvira en una adicta a los psicofármacos? Pues sí, pero es que de siempre es un personaje un tanto chiflado. Hasta ahí todo correcto.

Pero en el segundo acto las cosas no es que se desmanden, es que al señor regisseurin se le acaba la inspiración y lo más que hace es revolcar a los personajes sobre la alfombra y llegar al recurso fácil de convertir a don Giovanni en un borracho desquiciado al que le dan ataques. Y hala, con eso ya tenemos solucionada la ópera. A Doña Elvira la vestimos de exploradora Amundsen en el Polo Norte y para arreglar lo del comendador hacemos que sea la familia la que contrate a un actor que haga de doble y así volver loco a Don Giovanni. Y de esto nos enteramos porque hemos leído algo previamente, que si estás en el teatro y lo ves te quedas con un enorme WTF. Aburrido.

Mención especial para los telones que caían abruptamente tras cada escena y en los que aparecían carteles tipo cine mudo con indicaciones de tiempo: "tres días después"... etc. Geniales, porque con el ruido te despertaban del sopor generalizado.


En fin, una mamarrachez. Recomiendo ver el fantástico Don Giovanni del Liceo dirigido por el burgalés Calixto Bieito y que tanta polémica levantó en su día. Eso sí que es dar una vuelta a la ópera con tensión y gracia. Esta producción de Tcherniakov también está en vídeo, de su estreno en el Festival de Aix del año pasado. Busquen, comparen y...


Pero bueno, lo de la producción se puede pasar por alto. Porque la verdad yo he visto Giovannis clásicos que eran un absoluto tostón. Pero es que el nivel artístico fue mediocrín mediocrín.


Se han cargado mucho las tintas contra el director musical, Alejo Pérez. Que si lento y pesado. Vamos a ver, yo cuando voy a un mozart quiero escuchar a Mozart, y no a un Verdi o a un Wagner como pretenden algunos. Y en ese sentido no me pareció mal. Igual que me gustaba López-Cobos cuando hacía mozart. (Ah, anatema, se me echarán encima ahora todas las maricrispadas operísticas, lo que he soltado). Pero también es cierto que Don Giovanni requiere un pulso y una intensidad dramática que el señor Pérez no le supo dar y sí, en ese sentido, la orquesta anduvo algo perezosa. Pero vamos, no de desastre.

El problema fue el mismo Don Giovanni. ¿Cómo se puede contratar a Russell Braun para este papel? En el primer acto no se le oyó apenas. En el segundo sólo la serenata (ah, es verdad, que aquí no hay orquesta) y acabó por no oírsele nada al final de la ópera. Pero nada nada. Una ópera con el rol principal ausente. Guay.


Donna Anna. ¿Y ésta es la tan celebrada Christine Schäfer? Inexistente y tremolante en el primer acto, la señora se lo guardó todo para hacer un muy buen "Non mi dir" al final de la ópera. ¡Eso no vale!

Leporello. Kyle Ketelsen. Ni fu ni fa. Bien en los recitativos, cortito en las arias. También es verdad que le hacían pegar saltos, dar vueltas, etc.

El comendador. Anatoli Kotscherga. Bien en su breve intervención en el primer acto, pero en el segundo le metieron una amplificación extrañísima.


Masetto y Zerlina: David Bizic y Mojca Erdmann. Intrascendentes. Ella tiene una voz bonita, pero pequeñísima.

Don Ottavio. Paul Groves. Decente en el "Dalla sua pace", las pasó canutas con "Il mio tesoro". Debido a los abucheos en otras funciones, el director no dejó ni un nanosegundo para aplausos al terminar ésta. Aún así, uno de abajo soltó un "bravo".

Donna Elvira. Ainhoa Arteta. La única que mantuvo el nivel en todo momento. Demostración de que una voz amplia no está reñida con el repertorio mozartiano. La mejor. Además, estupenda como actriz. Tirón de orejas al enfant terrible Tcherniakov que le hizo cantar el "Mi tradi" revolcándose, mirando hacia abajo, dando vueltas y, en definitiva, cargándose el aria.


Los saludos fueron comunitarios, director de orquesta incluido, y duraron cero coma. Yo creo que ellos mismos eran conscientes de que redondas, lo que se dicen redondas, no han salido las funciones. Vamos, superparanada.

Que sí, que me puedes poner las bobadas de Tcherniakov, pero si hay un reparto que levante la representación pues qué más da. O si hay uno del elenco que flojea siempre habrá otros que lo compensen. Pero es que esta vez no. Es que sólo se salvaban las doñas, y la Ana con mucho morro.

En definitiva, flojito flojito.


Wolfgang Amadé Mozart.
Don Giovanni
Teatro Real de Madrid, domingo, 21 de abril de 2013
Russell Braun, Christine Schäfer, Ainhoa Arteta, Kyle Ketelsen, Paul Groves, Mojca Erdmann, David Bizic, Anatoli Kotscherga.
Alejo Pérez, Dmitri Tcherniakov



miércoles, marzo 27, 2013

Les florêzeurs de perles


Si yo fuera un crítico o un perpetuamente indignado podría hacer sangre de la función del lunes en el Teatro Real de Madrid, pero es que confluyeron tantas incidencias que al final preferí tomármela con sentido del humor e intentar pasarlo bien.

Empecemos por el principio: Les pêcheurs de perles (Los Pescadores de Perlas), de Georges Bizet, en versión concierto y con el reclamo de Juan Diego Flórez (tenor de tenores, según la publicidad) en el papel protagonista. Bueno, la cosa no pintaba mal, ¿no?

Al igual que no soy un fanático mitómano con las grandes estrellonas (véase la Grube) tampoco soy de los que ponen una X cuando un divo me defrauda una vez. Siempre hay una mala noche, o partituras no adecuadas para una voz (o viceberzas, claro). El problema surge cuando van dos veces seguidas que no me convence: a Flórez lo he visto genial en concierto y en aquel Barbero de Sevilla en el que estuvo espectacular, pero tanto en los Puritanos como en estos Pescadores los resultados no han sido nada brillantes.

Lo de los Puritanos se puede achacar a una mala noche, pero lo de los Pescadores es un tema algo más peliagudo. Directamente, Juan Diego Flórez en la actualidad no tiene la vocalidad necesaria para abordar el papel de Nadir. Durante el primer acto no existió. Estuvo reservón, me decían. Pues no, lo siento. No se puede estar reservón en una ópera que tiene sus dos grandes momentos en el primer acto, precisamente. Y menos una primera figura de la lírica.

En el dúo con el barítono, la parte más inspirada de la ópera, casi ni se le oyó, y el Je crois entendre encore lo abordó a media voz, lentísima, y con problemas de afinación. Al final del aria se produjo un silencio sepulcral de un segundo antes de los aplausos de cortesía, demostración de que el público se había quedado totalmente desconcertado.



Cuando finalizó el primer acto en Paraíso se mascaba la tragedia: la orquesta había ido pachín pachín bastante desmandada, arrastrando a un coro al que no se le entendía ni media palabra. El tenor, flojito y la soprano con un timbre la mar de poco agradable. Para colmo de males, arriba había un señor con un aparato respirador que estuvo haciendo un ruido totalmente desconcentrante durante todo el acto. El tío que estaba a su lado se enfadó y no se le ocurrió otra cosa que quedarse de pie en primera fila, molestando la visión a los de atrás. Y encima el muy gilipollas en el descanso decía que tenía razón y presumía de haberles jodido la función a los demás. Hay gente malrollera, desde luego. Vamos, que la cosa estaba más que tensa.

Pero la sangre no corrió, porque la segunda parte estuvo bastante mejor. La orquesta se controló, y el tenor abordó de manera correcta la serenata y en el dúo con la soprano estuvo muy bien, y todos finalizaron la ópera más que dignamente. ¿Entonces? ¿Qué había pasado antes? Ah, misterios tenoriles de ayer, hoy y siempre. Además, todos los elementos ruidosos molestos se cambiaron de sitio y no hubo guerra en Paraíso.


Esa es otra, estaba todo vendido, pero en mi fila (de butacas a 11 euros), sólo estábamos tres, en pupitres de tribuna otros tantos y abajo similar. Y enfrente tres cuartas partes de lo mismo. Y oye, que es una ópera en concierto, que se ve perfectamente aunque estés lateral. ¿Semana Santa? No sé. A mí en la segunda parte se me vino una señora a bravear al lado diciéndome que ella era "muy forofa".

Una vez abordado el tema Flórez, que oye, chica, es el reclamo, es de lo que hay que hablar, paso a los siguientes.

Patrizia Ciofi es una soprano muy lista, que sabe adecuar su instrumento a las circunstancias y consigue solucionar sabiamente los papeles a los que se enfrenta, que no son moco de pavo. El problema es el timbre, esa veladura o gangosidad sutherlaniana que me pone muy de los nervios. Dan ganas de darle un vasito de leche caliente con miel a ver si se le aclara, o que por lo menos suelte el gargajo. Y soy testigo de que a veces lo hace, pues en el famoso Rigoletto del bis con Nucci de hace unos años hubo una especie de contagio generalizado entre todos los cantantes, que se espolearon los unos a los otros para dejarnos una noche fantástica, incluida ella. Léïla es un papel que requiere coloratura pero también intensidad dramática. La Ciofi se lució en los tremolitos y cargó las tintas interpretativas en las partes más duras. Ya te digo, muy lista. De hecho, fue la única que "interpretó" en esta versión de concierto. Además, estaba como muy metida en papel, con un pañuelo chal que le hizo de velo en el primer acto y un vestido de inspiración oriental (una especie de pantalones tapados por media falda). Muy del paki de la esquina. Aunque esa es otra, Patrizia: salir a cantar una ópera en pantalones, por muy en versión concierto que sea, es tan inapropiado como presentar Eurovisión de corto (Ulrika, Ulrika).

Mariusz Kwiecień fue el triunfador vocal de la noche. Zurga no le presenta dificultades y exhibió belleza de timbre, potencia y estilo. Muy, pero que muy bien. ¿Que hay que ponerle peros porque si no esto no es un blog? Pues vale, un poquito pétreo y llegó cansado al final. Pero vamos, estupendo, da gusto oírlo.

Roberto Tagliavini hizo bien sus cuatro frasecitas (el papel no tiene mucho más) y paseó palmito por el escenario (que voy que vengo como doña Anita entrando y saliendo).


Les pêcheurs de perles es una ópera un poquito irregular. Empieza con un rollo exotismo oriental que la verdad asusta un poco (ya sabemos cómo eran de aficionados los franceses en el siglo XIX a desarrollar historias en países remotos, véase Carmen del mismo compositor), pero luego la partitura se mete en melodías más "convencionales", por así decirlo. Entonces llega el dúo "Au fond du temple saint", que es una maravilla, y ya te deja embobado para el resto de la obra. Además, Bizet se dio cuenta, y repite el tema del dúo en varios momentos de la ópera cada vez que se quiere poner íntimo (me imagino a los wagnerianos atacados con tal sacrilegio del concepto de leitmotiv). El aria del tenor es otro highlight imprescindible, la de la soprano no le quedó tan inspirada. Y el dúo soprano-tenor, si se hace bien, también es muy lucido. Al final yo me lo pasé bastante bien en la ópera. Sin ser una maravilla, es digna de ser conocida.




Ahora, que me la pongan escenificada, por favor (y a ser posible con el Nathan Gunn de hace unos años enseñando pectoralia.com), con mucho colorinchi, bailes de Bollywood, velos, medallitas doradas, olor a canela y budas con moño de los que te venden en las tiendas de decoración cutres. Porque el argumento se las trae. Además, me recordó mucho lo del Devereux de hace unos días: te condeno a muerte porque quieres a otro per hay una joya de por medio que puede salvarte. Y no cuento aquí el final para no desvelar misterios, jajaja.

Porque jodó con la versión en concierto: es que la interacción entre los cantantes fue nula. Ni una mirada, ni un acercamiento, ni tocarse. Ya digo, sólo la Ciofi parecía estar implicada. El resto, como si estuvieran grabando un disco, cada uno en su atril y punto. Diferencia abismal de nuevo con el Devereux de hace unas semanas, en el que daba igual que no hubiera decorado.


En fin, espero que para las dos funciones que quedan Flórez coja aliento y confianza y pueda mejorar su prestación como Nadir, porque la experiencia merece la pena.



Georges Bizet
Les pêcheurs de perles.
Teatro Real de Madrid, lunes 25 de marzo de 2013.
Juan Diego Flórez, Patrizia Ciofi, Mariusz Kwiecień, Roberto Tagliavini
Daniel Oren.

miércoles, marzo 20, 2013

Roberto Grubereux

 
Joer, dos semanas ya y sin haber comentado nada del Roberto Devereux de Donizetti en el Teatro Real con la Gruberova de protagonista absoluta.
 
Y mira, estuvo mucho mejor de lo que me esperaba, que yo no soy nada mitómano y lo de escuchar bravear desaforadamente a alguien por la carrera que ha tenido en vez de por lo que hace en ese momento siempre me ha puesto un poco delosnerves.

Porque hay que ver la Grube cómo se defiende a sus 66 años, que se dice pronto.
La señora estuvo bárbara.
Vale, sí, la voz está lógicamente avejentada, pero si en algo es maestra doña Edita es en técnica, y eso no se le puede discutir, y sabe salvar toda la parte con brillantez.
¿Que no tengo graves? Pues hago una cosa que no es ni cantada ni hablada, sino casi "vomitada" pero que queda muy expresiva. Y luego está el uso y abuso del messa di voce, el atacar en pianissimo para luego coger la nota y ya, cuando la tiene cogida, la abre hasta el forte y luego vuelve a apianar. Esto es de un efectismo total pero bueno, es su forma de cantar desde hace muchos años. Y, desde luego, a mí me ha gustado más en este Devereux que en la Lucia que cantó en este mismo teatro hace una docena de años, donde la vi mucho más amanerada.

Pero, sobre todo, la Grube estuvo valiente y arriesgada, echando el resto. Nada de remilgos a la hora de abordar los agudos. ¿Que no salen perfectos ya? ¿Y qué? Es ese punto lo que le da la genialidad que la coloca entre las grandes.

A su lado, José Bros, estupendo de volumen, de timbre y metido completamente en el estilo belcantista. Una gozada poder oírlo. ¿Que estuvo algo apretado arriba? Vale, mejor eso que un tenorino caprino durante toda la ópera.


La mezzo es Sonia Ganassi, ya también muy conocida en el terreno del belcanto, donde mejor se maneja. Timbre velado pero muy brillante arriba. Y mucha expresividad. Muy bien.

Ay Vladimir Stoyanov de Duque de Notttingham. Llega, nos hace una cavatina espectacular con su bella voz baritonal que nos deja petrificados... pero luego en cuanto tiene que subir se le ahoga la voz y le desluce todo lo que ha hecho antes. Regulín.

Muy buenos los cuatro secundarios y en su sitio el coro.

La orquesta me dio un susto. Andriy Yurkevych se puso como loco en la obertura. Vamos, que sólo faltaron las bailarinas para que pareciera un cancán. Y le cogió gusto a subir el volumen, porque en cuanto podía metía una tralla que no es normal. De acuerdo, así anima, pero se pasó.

La dirección escénica... ah, espera, que fue una versión en concierto. Da igual, es una ópera en la que no ocurre prácticamente nada. Los cantantes interactuaron entre ellos e interpretaron sus roles. Total, si se hace escenificada lo único que iba a cambiar es que nos hubieran puesto unas ruinas, un arquito simulando un castillo o, si ya nos ponemos "modernas", un cubo, una escalera y un juego de luces rojas.

Vamos, que una noche de éxito con diva de las clásicas a la que se aplaudió a base de bien y con razón.


Gaetano Donizetti
Roberto Devereux
Edita Gruberova (Elisabetta), José Bros (Roberto Devereux), Sonia Ganassi (Sara), Vladimir Stoyanov (Nottingham), Mikeldi Atxalandabaso (Cecil), Simón Orfila (Raleigh), José San Antonio (paje), Ivo Stánchev (sirviente)
Andriy Yurkevych
Teatro Real de Madrid, jueves 7 de marzo de 2013

lunes, marzo 04, 2013

Così fa Haneke



Vale, sí, el título de la entrada es facilón, pero es que menudo revuelo se ha montado con lo del Così fan tutte de Mozart dirigido escénicamente por Haneke, su óscar y sus películas.

video

Quien me conozca lo sabe: le tengo una tirria tremenda al Così fan tutte de Mozart. Son estas manías particulares. Pero vamos, junto con los Donizetti cómicos, se lleva la palma. Y no niego que musicalmente sea una obra maestra, llena de dúos y números de conjunto fantásticos, pero eso de que en el primer acto no ocurra NADA y que todo se limite a una sucesión de música agradable me saca de mis casillas y, lo que es temible en mí, me duerme.


Y no iba a ser excepción el Così del Real. El primer acto, señores, duró una hora y tres cuartos. La supuesta genialidad de Haneke como director de escena no la vi por ningún lado. Seguía sin ocurrir NADA. Los intérpretes estuvieron correctos pero sin llamar la atención. Y la dirección de Sylvain Cambreling empezó tirando a plomo (por ser amable). A todo le unimos el que fuera un día de diario y una hora antes de lo habitual... vamos, que me faltó poco para echar la cabezada.

Afortunadamente todo cambió para mejor en el segundo acto. Los cantantes se afianzaron, la orquesta se entonó y por fin la escena nos mostró el cruel y perverso juego de corrupción, traiciones y humillaciones que se traen los personajes.


Haneke usa el papel del actor / espectador: se aleja de que cuando hay un aria o un dúo sólo estén en escena los que cantan. No, aquí siempre hay otro (u otros) personajes como espectadores silenciosos que le dan otro sentido al texto. Y con todo lo tonta que es la trama original de esta ópera con su moralina machista/misógina dieciochesca, aquí el final es demoledor y de una carga dramática tremenda.

Me imagino que se grabará y publicará en vídeo, porque la posición de los cantantes estaba muy cuidada y parecía pensada para ello.

Para esta producción se han buscado cantantes jóvenes que dieran el papel interpretativamente hablando. Esto, que a priori es un riesgo tremendo, ha salido bien, pues se puede decir que la única que pinchó en el terreno vocal fue la Despina.


El resto estuvieron mucho más que correctos, destacando por encima de todos Anett Frisch como Fiordiligi, que sin tener un timbre particularmente bello, se movió a sus anchas en sus arias, manejando con pericia la coloratura, subiendo y, sobre todo, bajando. No era Lucia Popp, no era la Caballé, evidentemente, pero estuvo muy, muy digna. Al lado, la Dorabella de Paola Gardina la complementó con una voz más bonita y timbrada, pero de menor enjundia.


Los chicos fueron la estupenda voz baritonal de Andreas Wolf en Guglielmo y el argentino Juan Francisco Gatell, que empezó muy inseguro con una vocecilla de tenorino algo caprina, aunque cantando con gusto. En el "aura amorosa" cogió confianza y a partir de allí fue a más hasta el final. 

Cuatro cantantes que, sobre todo, supieron mantener el tono de conjunto que necesita esta ópera, a tener en cuenta en el futuro y, sobre todo, nada del bluff que se temía. Kerstin Avemo como Despina y William Shimell como Don Alfonso, convertidos en esta producción en matrimonio que no se aguanta y que se dedica a pervertir a las parejitas, vocalmente lucieron muchísimo menos.


Vamos, que muy bien. Y, por lo que me han contado, mejoró bastante respecto a la noche del estreno, con lo que es de esperar que el buen tono se mantenga en las siguientes funciones.


Così sigue estando en mi lista de óperas para escuchar un aria, un dúo o un trío aisladamente, pero eso son cosas mías, que ya se sabe que soy un frívolo insustancial. Esta producción del Real merece la pena y, sin ser el colmo de la genialidad que nos venden, la considero la mar de interesante.



Ah, el Real vuelve a dar gratuitamente un programa de 32 páginas con 5 de ellas dedicadas a patrocinadores y a información del Teatro, biografías, ficha artística, artículo, un poema, un texto de Julio Cortázar y... sin el resumen del argumento. Fail.


Wolfgang Amadé Mozart
Così fan tutte
Anett Fritsch, Paola Gardina, Juan Francisco Gatell, Andreas Wolf, William Shimell, Kerstin Avemo.
Sylvain Cambreling, Michael Haneke
Teatro Real, Madrid, martes 26 de febrero de 2013


lunes, febrero 25, 2013

Composición de los abonos Temporada 2013 - 2014 del Teatro Real de Madrid

Al igual que hice el año pasado en una de las entradas más visitadas de este blog, y continuando con mi buen deber de ciudadano virtual, voy a detallar la composición y precio de los abonos de la temporada 2013 2014 del Teatro Real de Madrid. Sí, 25 de febrero y ya me ha llegado la carta (saber que tienes una ópera dentro de 17 meses es un poquito estresante de más, incluso para mí).

¿Los precios? Pues con la burrada de la subida del IVA se han puesto un pelín por las nubes. Porque pueden decir que hay entradas desde 10 euros pero, joooodó con pagar 64 por estar en la quinta planta del teatro, que ya les vale.

Las imágenes quedan un poco recortadas en el blog, pero si haces clic en ellas se abrirán y las podrás ver de lujo.

Empezamos con las fechas y lo que entra en cada abono:
 

 Luego los abonos de ballet (que a mí lo de danza siempre me suena a muñeiras, sardanas y chotíses), los abonos populares, el abono joven, noches del Real y conciertos de cámara:

Lo que nos interesa a todos. Como decía Floria Tosca, ¡il prezzo!
Los precios son...

 de susto, como era de esperar.

Y los precios de las localidades sueltas:


No he podido aún leer la carta que acompañaba el folleto. Hay una nueva modalidad, el abono PREMIUM, pero con sólo ver el precio es que ni me voy a molestar en leerlo.

Para que te hagas una idea de las zonas del teatro, aquí va el plano de la sala, con las fechas de salida a la venta de las entradas:


Y, finalmente, el plano de calidades con la indicación aproximada de la visibilidad, que ya sabemos que todo es muy relativo.
 


Los detalles artísticos, repartos, etc, ya los comenté en el avance de la temporada.

Y esto es lo que hay, señores.  

Y mañana el Così, con lo que odio yo esa ópera, ufffffff.

viernes, febrero 08, 2013

Temporada 2013 / 2014 del Teatro Real

Tempranera, que estamos a principios de febrero, pero un día después de que el Teatro de Trier presentara la suya, el Teatro Real de Madrid da a conocer un avance la que será su nueva temporada de ópera 2013-2014. Veamos qué nos trae.

1. El barbero de Sevilla, de Rossini

En la producción de Sagi ya conocida, con reparto de figurones conocidos en su casa a la hora de comer y un porrón de funciones para llevar a los amigos.

2. La conquista de Méjico, de Rihm

Mira, Méjicos, ¡como María José Cantudo! La verdad es que no tengo ni idea de qué va esto.

3. El elixir de amor, de Donizetti


Nueva producción (y van ya tres) del Teatro Real de una ópera que, salvo la furtiva lágrima, me aburre sobremanera. ¡Tres repartos para L'elisir d'amore! Interesantes Machaide, Tilling, Albelo, Jordi, Schrott...

4. La reina indiana, de Purcell


"Semiópera" de Purcell (o sea, ópera semidesnatada) que también desconozco, pero que imagino tendrá una musiquita muy agradable. A descubrir.

5. Tristán e Isolda, de Wagner


¿Urmana de Iseo? Uyuyuyuyuy. No sé qué tal será, porque no me entra en abono, así que...

6. Brokeback Mountain, de Wuorinen


Sí, poner "La Montaña Brokeback" queda putapénico (y ya traducir brokeback pueda dar lugar a jocosos comentarios). Estreno mundial basado en el relato corto de los vaqueros mariquitas de Annie Proulx, con libreto de ella misma. Ya verás tú como el teatro se convierte en un gran bar de ambiente. Editando, ante el revuelo que parece formar la palabra en un par de comentarios: señoras, señores, aquí el primer mariquita es el que escribe, es simplemente un toque de humor.

7. Alcestes, de Gluck


Vaaaale, Alceste. Una de las óperas más raras pero atrayentes para mí de todo el repertorio. Con la Antonacci. Muchas ganas.

8. Lorencín, de Wagner

 Lohengrin, vamos. Con dos repartos. ¿Me reconciliaré de una vez con la Schwanewilms? ¿Aplastará la Zajick a todos dejándolos KO? Porque me toca su reparto. Qué tensión.

9. Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach


Es difícil conseguir una versión redonda de esta ópera porque todos tienen que estar a muy alto nivel para que funcione (e incluyo aquí la puesta en escena). Tenemos a la von Otter de Nicklausse pero... ¡El mozartiano Cutler de Hoffmann! ¿Podrá con él? Y las chicas... esto.... bueno, veremos.

10. Orfeo y Eurídice, de Gluck

Ópera ballet de Pina Bausch que... ay, no me entra en abono. Sólo tres funciones, ¿por? Mielda.

11. Dido y Eneas, de Purcell


Dos Wagner, dos Gluck, dos Purcell. Variadito, sí. En versión concierto, tampoco me entra en abono, una sola función. Y de Dido la Kermes, que es la que iba a cantar la cancelada Flauta Mágica este año y que es una tipa que va así como muy de "mira qué loca estoy".

12. Las vísperas sicilianas, de Verdi


Un solo Verdi esta temporada, y en versión de concierto. Se dice, se comenta, se rumorea, que Plácido Domingo puede ser el NN que aparece en el reparto, en otro de sus roles de barítono dominguero.

Y ya está, luego hay ballet (que no me interesa lo más mínimo) y conciertos de Domingo, la Schäfer, Zapata & amigos, Thomas Hampson, Susan Graham (depende del programa es el que más me atrae), Westbroek, un programa Haydn/Rossini y Antony & The Johnsons.

Bueno, no me parece mala la programación. Desde luego es variada en estilos, con la ausencia de gran repertorio italiano que tanto odia Mortier (vamos, de la segunda mitad del XIX, nada). Y además este año me tocan todos los primeros repartos salvo el de Lorencín, en el que, mira, es más interesante el segundo. Y de las escenificadas sólo se me cae del abono la Tristán & Isolda, que ya veré si me da la ventolera y me pillo alguna entrada marginal.

Aquí la composición de los abonos:




Ahora a ver qué precios nos ponen este año, porque cojostio con las subiditas de las narices.

Enlaces:
Opiniones indignadas S.A.
Blog Widget by LinkWithin