martes, enero 24, 2012

Iolanta y Perséphone


Doble programa en Madrid: Iolanta de Tchaikovski vs. Perséphone de Stravisnki.

Bien.


Iolanta empieza como un cuento de Grimm y acaba como una misa de Rouco.

Iolanta es una princesa que no sabe que es ciega pero gracias al amor verdadero recupera la vista. Qué Disney es todo, ¿no? Pues no, porque el libretto se empieza a meter en berenjenales místico-religiosos que la verdad asustan un poco.

Cortapegando de un artículo leído: Iolanta es una metáfora de la necesidad de la verdad para alcanzar de la luz interior el arma del amor para vencer a la oscuridad. Pero la verdad y el amor poco podrían sin la voluntad de Dios, que es la misma Luz de origen, así que la obra se convierte en un canto a la existencia de Dios y una reverencia ante su infinita gloria.

A mitad del dúo de amor el texto de la ópera empieza con que la luz es lo primero que nos dio el Creador, y ya me estaba yo imaginando delirios cristianos de Tchaikovski hacia el final de su vida. Que a muchos homosexuales torturados les da por la vena religiosa. Y luego va y aparece un coro a capella de angelitos hablando de la Santísima Trinidad que me dejó totalmente descolocado, porque rompe toda la progresión argumental de la ópera y además queda como un pegote total.


Me quedé a cuadros. Y es que resulta que en esta Iolanta de Madrid se ha añadido en mitad del tercer acto un salmo que compuso Tchaikovski, acentuando toda la parte mística de la obra pero también desvirtuando toda la carga dramática. Y dramatismo no es algo que a Iolanta le sobre, precisamente.

Pues señores, si añaden, háganlo bien, no con esos silencios cortarrollo de antes y después del coro. Y ya puestos, por favor un Zeffirelli que me saque un triángulo amarillo con su ojo, sus rayos, sus nubecitas y sus querubines con alitas para ilustrar un poco. En fin.

Salvando el pegote, que sólo sirve para comprobar lo bien que funciona el coro, Iolanta tiene una música preciosa con muchas reminiscencias a Onegin pero sin su pegadizo melodismo. El dúo de amor es tremendo.



Correctos los cantantes aunque todos con el tipo de voz eslava esa que parece que sale de muy atrás. Buena prestación de Veronika Dzhioeva como la prota, un puntito falta de brillo. Cumplidor Popov como Vaudémont y una alegría comprobar que Willard White sigue en activo con papeles que todavía le van.

La orquesta, irregular. Había momentos en los que parecía que se iba a arrancar por fin, pero luego caía en letargos. Sonó muy bien, pero no me ha gustado mucho la dirección, un poco morosa de más. Por no hablar de que el director musical, Currentzis, ha sido el artífice de meter el pegote del salmo.


La puesta en escena les ha debido de salir barata, salvo traer a Sellars y comprarle tres collares en Accesorize, claro. Porque vamos, la escenografía parece comprada esta misma semana en el Leroy & Merlin: tres marcos de puerta, cuatro piedras de jardín, dos focos y cuatro telones con manchas así como de aerógrafo. Ya me dirás.

Por ahorrar hasta han eliminado los paneles laterales. Es una puesta para ver desde patio de butacas y centrado. Que desde arriba lateral ves la manguera del extintor, los cuadros de luces, los monitores, las salidas de emergencia...

Eso sí, no es molesta, consigue escenas plásticas y bonitos efectos de sombras y luces. Pero no deja de ser un poco vacía, casi como una versión en concierto.

La única pega que le veo es un arrebato sexual en el primer encuentro de la pareja protagonista. No es que no venga a cuento, que puede que sí (es un poco el rollo sexual subyacente en los cuentos de hadas tradicionales) pero es que no pega nada con el devenir posterior de la ópera y el misticismo de la representación.


En definitiva, una ópera muy agradecida de ver, que no está en el repertorio habitual y que merece la pena ser conocida.

Ah, lo de una hora y media, mentira: casi 20 minutos más (¿el coro de la misa?).

En el entreacto, algunas deserciones, los laterales de arriba casi se vaciaron.


Y después llegó Perséphone, de Stravinski.

¡Ay!

Vale, no es una ópera, es una "performance" con coro, tenor, actriz y bailarines camboyanos. Sí, bailarines camboyanos. Por lo visto Sellars explicó el porqué en la charla presentación de la ópera, pero como yo no he asistido y nadie me lo quiere contar, pues no sé por qué hay bailarines camboyanos.


Bien el elemento coreográfico, muy expresivo y acorde a lo que se cuenta.

Mal el que hayan separado el personaje principal en dos: por un lado la actriz y por otro la bailarina.

El coro, una vez más, estupendo.

Paul Groves, aún aligerando mucho los agudos, suficiente como tenor.

La música de Stravisnki... pues pichís pichás, con sus momentos interesantes y otros bastante muermo. En los ratos de aburrimiento, me dediqué a contar las personas que se iban de la sala: en Paraíso, unas 25 (y sin ningún recato a la hora de taconear por los pasillos de tarima de madera del teatro).

La puesta en escena, la misma que con Iolanta, de baratillo.


La actriz Dominique Blanc y su amplificación, insoportables. La voz sonaba con excesivo volumen sobre la orquesta. ¿Es que no podían regular un poco los altavoces? Era totalmente artificioso. Y será que no estoy acostumbrado a la prosodia francesa, pero joder, qué cursi, ampulosa y retro me pareció. Aquí hubiera hecho falta una showwoman total que recitara, interpretara y bailara, como estaba concebida originalmente la pieza.

Cortita, 45 minutos o así.

Una curiosidad sin mayor trascendencia la Perséphone ésta. Un poco "de relleno".

En definitiva, una buena velada, con una buena ópera y una propina que tampoco está mal conocer.


Tchaikovski: Iolanta
Veronika Dzhioeva, Dmytro Popov, Dmitry Ulianov, Alexej Markov, Willard White.
Stravinski: Perséphone
Paul Groves, Dominique Blanc

Teodor Currentzis, Peter Sellars
Madrid, Teatro Real, lunes 23 de enero de 2012

jueves, enero 12, 2012

Lady Macbeth de Mtsensk en Madrid


Bueno, lo siento, hace casi un mes que fui a la Lady Macbeth de Chosta en el Real y ni lo he comentado en el blog. Los jaleos navideños.
En fin, lo primero, muy feliz año a todo el que lea esto, que no voy a quedar de antipático, oiga.

Y lo segundo, la Lady Macbeth.



Empecemos con una frase de esas pedantes que tanto encantan a los operófilos:

Shostakovich es, junto a Ravel, el gran orquestador del siglo XX.

Y, dicho esto, pasamos a que su Lady Macbeth es un puro exceso orquestal. Ahí está todo: desde retazos de verismo a expresionismo, en un lenguaje "neotonal" que no da tregua un instante.

Y ahí subyace el problema de su interpretación: la orquesta no para relajada un segundo y es muy fácil epatar al público sacando los trombones a proscenio y metiéndonos unos pepinazos que nos dejen sordos. Pero la Lady Macbeth es algo más que eso, la orquesta tiene que ser fuerte pero también asumir matices. No son sólo decibelios. Pero claro, cómo resistirse a soltar toda la caballería.

En este sentido, la visión de Harmut Haenchen me pareció que se rindió al efectismo en exceso. Sí, desde luego consiguió levantarnos de la butaca, y logró esa sensación de distinguir qué significa cada momento, especialmente en los interludios, pero qué quieres que te diga, al final me aturdió... un poco. Sí, una labor notable, pero un poco enfollonada para mi gusto.



Tampoco ayudó mucho la bobá de dividir la obra en dos partes muy desiguales en duración, cuando separando los actos de dos en dos hubiera estado todo mucho más equilibrado, tanto en atención del espectador como en equilibrio dramático.

La puesta es aburrida: una jaula de cristal llena de zapatos refleja de manera muy obvia el hastío de Katerina, encerrada en su celda mientras afuera todo es barro y suciedad, que acabará manchándolo todo, claro.
La idea, aunque facilona, funciona, pero se hace tediosa cuando llevas dos horas viendo lo mismo. Mucho mejor en la segunda parte, que con un par de simples movimientos escénicos logra meternos más en la historia.


Sobre el carácter pseudopornográfico y escandaloso que tanto se comentaba (ya se sabe, carne de sensacionalismo periodístico), pues lo de siempre. Por una parte, Katerina y Sergei follan porque, más que el libreto, LA MÚSICA lo dice. Y el viejo Boris ya se sabe que es un baboso. No sé, los que se escandalizaron creo que ya iban predispuestos a ello. Vale, sale la Aksinya en tetas cuando los obreros la acosan y Katerina se pasa 3/4 de la ópera siendo sobada en combinación.


Y Eva-Maria Westbroek la verdad es que es la típica "señora estupenda" al modo que se decía en las rijosas pelis españolas de los 60/70. Entradita en carnes pero no gorda y con la sensualidad a flor de piel.

Su interpretación de Katerina fue espectacular. Lo primero, la voz, potente, resonante, con unos graves de temblar el misterio y capaz de subir sin problema. ¿Que llegaba al grito a veces? Pues sí, pero el papel lo pide. Ojalá la pueda volver a escuchar en un papel más clásico. Y como actriz, fantástica. Ella puede hacernos creíble a esa Katerina que, de principio a fin, es sólo un instrumento de los hombres por mucho que se crea que lleva las riendas.

Lo dicho, fabulosa. Se merendó la representación ella sola.


A su lado, muy decentes todos también. Michael König haciendo de Sergei cumplió con el papel tanto vocal como escénicamente y las dos secundarias lucieron interesantes voces de mezzo. Vladimir Vaneev, sin embargo, fue inexistente como Boris en la primera parte. Ni se le oyó ni impuso autoridad. Mucho mejor cuando interpretó al prisionero.

El coro, excelente. Así da gusto.

Pues sí, me gustó esta Lady aunque la primera parte me cansó un poco.
Brava Westbroek.


Dmitri Shostakovich
Lady Macbeth de Mtsensk
Westbroek, König, Vaneev, Ludha, Wilson, Poulson, Wilde
Haenchen, Kusej
Teatro Real, Madrid
Jueves, 15 de diciembre de 2011




Website del teatro Real sobre Lady Macbeth de Mtsensk
Comentarios del Foro Una noche en la Ópera

miércoles, diciembre 14, 2011

Avance de la temporada del Teatro Real de Madrid para 2012 - 2013

Sorprendente pero cierto. Acostumbrados como estábamos a no saber nada hasta bien avanzado el año, hoy mismo el Teatro Real ha publicado un avance de lo que será su próxima temporada:

- Moses und Aron de Schönberg. En versión concierto. Nola conozco, así que por mí bien, en principio.
- Borís Godunov de Musorgski. Vaya, échenme los perros encima, será todo lo obra maestra que quieran, pero no la soporto a no ser que venga con aditivos que me llamen la atención.
- Il prigioniero, de Dallapicola (¿eins?) y Suor Angelica, de Puccini (para compensar el Trittico que no se llegó a hacer).
- Macbeth de Verdi. Bien. Operón y a ver qué Lady nos toca.
- The Perfect American, de Glass. Huy Glass, huy Glass, que unas cosas sí y otras son un muermo...
- Parsifal, de Wagner, en concierto. Todo depende de director de orquesta y reparto, claro.
- Così fan tutte, de Mozart. Genial, la ópera de Mozart a la que le tengo más manía. En fin.
- Roberto Devereux de Donizetti, en versión concierto. Aquí se traen a la Grube, creo.
- Les Pêcheurs de perles de Bizet, ¿en versión concierto? Agh. Probablemente con Juan Diego Flórez.
- Don Giovanni, de Mozart (vaya, dos Mozart escenificados en la misma temporada, viva la variación). Bueno, por lo menos, operón operón.
- La rappresaglia, de Mercadante. Ni idea.
- Wozzeck, de Berg. ¿Otra vez?
- Die Zauberflötte, de Mozart. ¿Dije dos? Pues no, son tres Mozart. Sólo 3 funciones ¿? ¿estará fuera de abono?
- Il Postino, de Catán. Esto es lo que andan cantando el Placi y la Domâs por ahí, ¿no?

En fin, no está tan diseñada para epatar como la presente pero los criterios de programación no dejan de parecerme caprichosos. Veremos la composición de los abonos... dentro de unos meses.

Y ya se pueden poner los antimortier a vociferar y rasgarse las vestiduras, tienen meses para ello.

jueves, noviembre 10, 2011

Pelléas et Mélisande en Madrid: una castaña


Ay, qué petardo y qué poco mariculto queda decir esto, pero CÓMO ME ABURRÍ en el Pelléas de Madrid.

A ver, uno sabe a lo que va, Pelléas et Mélisande no es El Barbero de Sevilla. Hay que procurar meterse dentro de la ópera, entrar en lo subyacente, en lo que se intuye más que en lo que se muestra, y dejarse envolver por la música de Debussy.

Mi problema con esta ópera es la parte vocal. Mientras la orquestal me parece fantástica, especialmente en los interludios entre escenas, la vocal se me hace muuuuy cuesta arriba.

Y en esta producción la puesta en escena y la lentitud de la orquesta no ayudan nada.

Robert Wilson pasa totalmente de mostrar emoción alguna en escena. Su idea de es puramente estética: imagina un escenario y coloca allí a los cantantes. Luego les hace moverse con las manos extendidas como en plan circo de autómatas. Todo muy estático, muy plástico, pero tremendamente frío.


Es una opción, vale, de acuerdo, pero el mayor problema que yo le veo es que todas las escenas son iguales: el escenario vacío, la misma luz, el mismo fondo azul, las mismas columnas negras, los mismos elementos repetidos, los mismos movimientos... ¿qué ocurre? Pues que cuando llevo una hora de ópera y las comodísimas butacas del 5º piso del Teatro Real empiezan a pasar factura a mis lumbares, empiezan los bostezos.


Eh, que nadie me diga, que iba bien despejado, con siestecita y overdose de cafeína. No bostezaba de cansancio o sueño, no. Bostezaba de aburrimiento.

Sylvain Cambreling sacó jugo a la orquesta pero iba excesivamente lento. Sí, matizada y tal, pero contagiada del estatismo de la escena. Es decir, soporífero. Y eso que los metales sonaron como nunca y el arpa conseguía ese efecto envolvente tan del autor.


De los cantantes, sólo Laurent Naouri me emocionó y se implicó en el papel. Los dos amantes tuvieron que luchar contra la parálisis de la puesta y el absurdo misticismo intrínseco de sus personajes y claro, así es difícil lucirse. Yann Beuron cumplió como Pelléas, la voz le corría bastante bien por el teatro y el timbre es grato. Camilla Tilling tiene un timbre precioso, pero sólo brilló en la escena de la torre, que es cuando tiene algo realmente cantable. En el resto, como si no estuviera.


Da rabia asistir a un espectáculo tan frío. El libreto está plagado de momentos que, aunque no lo parezca, están cargados de tensión. La morosidad de la orquesta y la insoportable dirección escénica se los cargaron, directamente.

Me fui a casa en el entreacto, después de la absolutamente anticlimática escena del niño. Entre llegar a casa antes de las once o hacerlo pasada la medianoche después de ver una hora y pico más de lo mismo, opté por lo primero.


Claude Debussy
Pelléas et Mélisande
Camilla Tilling, Yan Beuron, Laurent Naouri, Franz-Josef Selig, Leopold Lampelsdorfer, Hilary Summers.
Sylvain Cambreling, Robert Wilson.
Teatro Real de Madrid, miércoles 9 de noviembre de 2011


lunes, octubre 31, 2011

2 Turandot Low Cost


Cuando uno va a una representación de ópera fuera de los teatros habituales sabe en principio qué puede esperar y qué listón hay que poner. No es lo mismo una producción y unos cantantes de teatro de categoría que lo que te puedes encontrar en un auditorio municipal o en una representación gratuita. Hasta ahí creo que todos más o menos de acuerdo, ¿no?

Porque este año he ido a dos Turandot de bajo coste.

La primera fue en el ciclo que la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca ofreció a principios de verano, con dos funciones al aire libre en el Templo de Debod y una en el Auditorio de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.

Yo fui a la de la Complu. Vamos, ni loco espero yo horas para coger sitio en las sillas y menos bajo el agradable calorcito veraniego madrileño. La de la Complu también era gratuita pero había que solicitar las entradas por teléfono, con lo que sólo había que hacer cola para coger sitio en el auditorio, pero sin apelotonamiento de gente.

Veamos: función gratuita en una universidad. Mode "exigencia" en LOW.

Y es que el nivel fue también bastante LOW, quedando sólo en el límite de lo digno.


No voy a hablar de producción porque cuatro farolillos chinos colgando de un hilo no se pueden considerar decorado. Era una versión en concierto o, como se dice ahora, semiescenificada. Vamos, que había vestuario.

Por un problema eléctrico no funcionaban las luces de los atriles de la orquesta, por lo que hubo que encender toda la luz del escenario. ¿Problema? Los sobretítulos proyectados sobre una madera clara no se veían nada. A mí me daba igual, porque me la sé, pero hubo quien lo pasó mal. Además, mejor que no se vieran, porque eran de una chapucería extrema. En el segundo acto creo que ya optaron por no proyectarlos.

Disculpa que no ponga los nombres de los cantantes pero no conservo el programa. El nivel vocal estuvo aceptable. Las que más destacaron fueron las chicas. Turandot fue rotunda, potente y con clase. Y es que no se puede cantar este papel si no se tiene un mínimo de nivel. Aguantó como una jabata y el timbre hasta me recordó a la Dimitrova. Bien. Bien también la Liù en su agradecido papel. Un par o tres de peldaños más abajo estuvo el Calaf, excesivamente ligero para el rol. Se guardó todo para hacer un Nessun Dorma apañaete y pegó los agudos, pero se le veía que lo pasaba bastante mal. El resto de cnatantes y coro, entre lo discreto y lo más discreto.

Y es que a ver quién es capaz de apreciar a los Ping Pang Pong si, en lo que un amigo llamó puccinicidio, les cortaron casi todas sus intervenciones. El trío del inicio del segundo acto fue suprimido por completo, y creo recordar que alguna otra cosilla también.

Como también se cargaron toda la escena del coro del primer acto. Fiuuu, eliminada.

A pesar de todo esto, se podría decir que la Turandot se salvaba, estaba dentro de lo aceptable/ esperable, pero teníamos otro handicap: la orquesta.

Desajustadilla y sobre todo con un grave defecto: no había percusión. ¡Cómo es posible hacer una Turandot sin percusión! Toda fue sustituida por un piano que sí, hizo el esfuerzo de intentar hacerse notar, pero no pudo ser. Es que ni gong ni timbales ni na de na.

Me imagino que las funciones en el Templo de Debod, entre la sugestión del entorno y que tenían mejor tenor, estarían más decentillas, pero lo que es la de la Complu se quedó en un sufi raspao raspao (un 5.0 que decía mi profe de Botánica, que era que habías suspendido pero te subía una decimilla para no catearte).


Lo que más rabia me dio fue que había arrastrado a varias personas y todo el mundo quedó bastante decepcionado.

Por eso cuando me dijeron que una compañía ucraniana iba a representar meses después la Turandot en un pueblo de las afueras de Madrid, ya no avisé a nadie. Me fui solito con mi Tx para quitarle la espinita de la Turandot de la Complu.

Cogimos entradas para el Teatro Auditorio Adolfo Marsillach de San Sebastián de los Reyes en la fila 4 (que se vea cerquita, que se vea) y... resulta que habían eliminado las dos primeras filas de butacas para colocar a la orquesta y que la fila 3 no se vendió. Así que estábamos... ¡en primera fila!


La Turandot de Sanse ya fue otra cosa. Lo primero, se podía considerar una producción. Cutre y hortera, pero con sus decorados. Luego, con orquesta completa (y a medio metro de nuestras orejas). Y finalmente, con una buena cantidad de personas en escena, que es algo que en Turandot se agradece mucho.

No hubo ningún corte en la partitura, la operita tal y como la conocemos y con el final de Alfano/Toscanini de siempre. Y... A TODA LECHE. Vamos, que se cepillaron la obra en dos horas y cuarto con dos intermedios incluidos. Yo creo que no había escuchado una Turandot tan rápida en la vida. Bueno, sí, quizás el CD de Chailly con Pavarotti y Caballé. Pero es que la cosa fue... volada.


A la orquesta no le pidas sutilezas, especialmente a las cuerdas. Vasyl Valislenko, el director, estaba enfervorizado y la llevaba a tutiplén. Y se lo pasó en grande. Una cosa curiosa que no había visto yo nunca (claro, a ver quién nota eso desde el quinto piso del Teatro Real): el director conversaba con la concertino durante toda la obra y a toda la orquesta la dirigía no sólo con la batuta, sino pegándoles voces. Una cosa... En su exaltación, se le cayó la batuta una vez y al final de la obra le pegó un porrazo al atril que casi se lo tiró encima a los violines. Gozoso y pumba pumba pumba.

Giorgi Meladze, Calaf, se movió en el mismo estilo que la orquesta: siempre en forte. Así las arias le quedaron normalitas, pero lo que es la escena de los enigmas y el final fueron de un efectismo espectacular. Iba vestido como el árbol de navidad de Barbra Streisand: todo eran plateados. En cuanto a actuación, pues como todos los Calafs del mundo: absoluto pasmarote.

Liù (irina Golovchenko) no tenía una voz especialmente bonita de timbre, lo que le deslució un poco. Es un papel muy goloso para una lírica. Estuvo bien, pero sin entusiasmar.



La Turandot de Tatiana Plekhanova ya fue otro cantar. A la cantante se la veía más veterana y rodada. Cierto es que el timbre era poco grato, pero fue la única que matizó y supo expresarse. Y mira que es difícil en este rol. Empezó calando el primer agudo de In questa reggia (ese "e quel grido") y me temía lo peor, pero no. Aguantó el final del aria sin dificultad y a toda pastilla, super-rápida, y luego la escena de los enigmas. No fue perfecta, vale, pero fue la que cantó con más clase y la única que verdaderamente interpretó.

El Timur deplorable, una pena.


Los Ping Pang Pong estuvieron más que correctos, ayudados por una interpretación exagerada y cómica, muy excesiva, y también por la velocidad que ya he comentado. Su trio del segundo acto fue bastante divertido. Le tengo yo cariño a estos personajes. Suelen caer mal porque interrumpen la acción y son como un estorbo, pero para mí son los únicos personajes con los pies en la tierra de esta ópera. Todos los demás viven en sus mundos de príncipes, princesas y amores imposibles, ellos se preocupan de lo que se tienen que preocupar: sus celebraciones, sus banquetes, sus ejecuciones, sus entierros... Además, tienen la música más evolucionada y sorprendente de esta ópera. A lo que voy, que muy bien.

El coro mantenía el tono general de la producción, y además eran los figurantes. Calculé unos 30. A destacar una de las coreutas, vestida de morado ella, superexpresiva e implicadísima: interpretaba cada frase poniendo unas caritas que cada vez que aparecía no podía yo evitar fijarme en ella.

Y es que la dirección escénica, siendo elemental, estaba cuidada: el coro no era algo estático, siempre estaba haciendo algo, igual que los ministros. Dentro de lo clásico, más que entretenida.

Lo más llamativo de esta Turandot es la producción. A ver: el escenario era sencillo: un cielo estrellado con un palacio al fondo y unos telones pintados. Como elementos de atrezzo, tres miniestructuras con ruedas tras las que se encontraban los ministros y unos candelabros en los que no se habían ni molestado en ocultar las regletas de los enchufes. Era tan cutre que enternecía.

Lo más, el palacio de Turandot: es una cabeza de dragón que se abre (se ven los hilitos que tiran) y entonces echan humo y sale la princesa. ¡Súper!

Y si los decorados eran kitsch, del vestuario ya ni te cuento: apoteosis de la lentejuela y la peluca de nylon. Todo era de un brilli brilli escandaloso de ropa de disfraz comprado en los chinos. Pero es que joder, que la ópera transcurre en China. Por el vestido de lentejuelas naranjas del emperador se hubieran tirado de los pelos Tania Doris y Norma Duval. Muy tremendo. Y esas barbas que se les veía la goma elástica con las que se sujetaban, y esos soldados con los bigotes pintados. Super kitsch.


En definitiva, que fue como viajar en Low Cost, que sabes a lo que vas y lo que puedes esperar, y si supera con creces las expectativas como fue el caso de Sanse, pues muy bien.

Esta producción de la agencia Concerlírica está recorriendo toda España. Sé que va a Guadalajara y Valladolid próximamente. En serio, por el precio y yendo libre de prejuicios, merece la pena.

Un último detalle: detrás teníamos a dos matrimonios en la cincuentena que no paraban de decir "qué bonito, qué bonito". Durante el segundo acto se oía como un ruido extraño, como alguien hablando pero muy baito. ¡Era uno de los señores que estaba escuchando el partido de fútbol en la radio con auriculares!

Nos lo pasamos como chinos, nunca mejor dicho.



Vídeos y fotos corresponden a otras funciones de esta misma producción.

Giacomo Puccini
Turandot

Auditorio Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.
Jueves, 30 de junio de 2011

Concerlírica
Tatiana Plekhanova, Giorgi Meladze, Irina Golovchenko
Teatro Adolfo Marsillach, San Sebastián de los Reyes (Madrid)
Sábado, 29 de octubre de 2011

lunes, octubre 03, 2011

Elektra en el Teatro Real de Madrid


Empieeeeeza la temporada de la polémica en Madrid, señores.

Y ha empezado la mar de bien, con una Elektra notable, oiga.


Y es que traerse a Semyon Bychkov para dirigir la orquesta es, como dicen las cursis, un lujo un broche. No es sólo la rotundidad con la que aborda las partes con más fuerza de la partitura, es la brillantez: donde habitualmente se oye ruido y papapúm papapumba, aquí se oían todos los matices, se era capaz de distinguir los instrumentos. Y acompañaba perfectamente a los cantantes en los momentos más delicados. Bychkov ha exprimido a la orquesta a base de bien. Una gozada.


Pero por muy bien que esté la orquesta, si no hay cantantes de nivel, Elektra se queda coja. Christine Goerke me descolocó bastante al principio: demasiado lírica y, como es habitual en el rol, reservándose para después. Y eso me jode, porque el primer monólogo queda deslucido. Se fue creciendo a medida que avanzó la función y a partir de la llegada de los extranjeros con las noticias se soltó la melena y me pareció estupenda.

Tenemos las Elektras pepinazo continuo, tipo Nilsson, las desgarradas porque yo lo valgo (y puedo), tipo Marton, las sufridoras dramáticas, tipo Polaski. Goerke no va por ninguno de esos tres caminos, va por el suyo, más introspectivo y explotando al final.

La danza final fue abordada como una especie de movimientos espasmódicos, patadas y zancadas. Vale, no es una danza pero coño, es que Elektra es LA LOCA DEL HACHA. Más que efectiva, histérica y enloquecida, que es lo que es.


Jane Henschel está cascaílla, sí, pero al menos CANTA el papel de Clitemnestra, no lo declama ni lo grita. Y escénicamente estuvo la mar de bien.


Manuela Uhl tiene una bella voz, más grande de lo habitual en el papel de Crisótemis. Bien, pero no me acabó de llenar del todo.


Los demás, dentro de la corrección.

La puesta en escena es la típica de una Elektra: todo vale. Es decir, hormigón y trapajos. Una impresionante estructura de varios pisos domina el escenario a modo de palacio/cárcel. Como siempre, desde los pisos altos sólo se ve la mitad. A destacar el uso de la luz incluso dentro del edificio gracias a los tragaluces.


El movimiento de cantantes, de pena. A la pobre Crisótemis la tuvieron dando vueltas sobre sí misma durante toda la ópera, y los encuentros/desencuentros entre Elektra y su madre y hermano, totalmente desaprovechados.

Por lo demás es una puesta muy tradicional, sin transgresiones ni rarezas.

Para mí, buen comienzo de la temporada.
Un título que funciona y unos intérpretes de nivel.
Aplausos finales más que justificados.
Hay otro reparto con Deborah Polaski (y el ardor) y Rosalind Plowright (!)
En la prensa critican que se inaugure con una producción de alquiler de hace casi diez años. No nos libramos del paletismo, parece ser.


Richard Strauss
Elektra
Christine Goerke, Jane Henschel, Manuela Uhl, Chris Merritt, Samuel Youn.
Semyon Bychkov, Klaus Michael Grüber.
Teatro Real de Madrid, lunes 3 de octubre de 2011

Fotos del Teatro Real y de Parsi.

viernes, julio 29, 2011

Tosca clasicota para cerrar temporada en Madrid.


Qué barbaridad, que no me da ni tiempo a comentar la Tosca del otro día con la que el Real cierra la temporada (fuera de abono).

Me llevé a mi sobri, que preguntaba si le iba a gustar más que Las Bodas de Fígaro, y yo le dije que creía que sí, más que nada porque esas bodas fueron de auténtico sopor.

Le estuve explicando un poco por encima el argumento, el contexto histórico y el musical, por centrarla un poco, y sobre todo para involucrarla un poco más en la ópera.

Y mira, salió una Tosca de lo más clásica en cuanto a resultados porque... ¿qué es lo que se espera de una Tosca? Pues que los protagonistas canten a base de bien y el Scarpia sea malo malísimo.



Fui a primer reparto, me hubiera gustado ir al segundo por la Radvanovsky, pero no soy tan freak como para comprar para los dos. Me sorprendió para bien la Urmana, y es que yo me esperaba su clásica interpretación de "aquí pego el grito pero como actriz soy igual que una columna de piedra". Avisaron de que sufría un proceso gripal. Pues mira, yo creo que precisamente por eso estuvo más delicada y expresiva que lo que es habitual en ella.

El timbre sigue siendo muy interesante, el volumen torrencial y sí, se le abren los agudos, pero ahora cuéntame tú a qué Tosca actual no se le acusa de que grita los agudos. Pero lo más importante es que es UNA TOSCA CON GRAVES. De las poquísimas a la que se les oye el momento de las lágrimas. Y en lo escénico estuvo más que correcta. Muy bien.

Marco Berti no es que sea una columna de piedra, es que es un canto rodao. Llega, pega el bocinazo que se oye a 10 km de distancia y se queda tan pancho. No le pidas más, y mejor que no lo haga, porque las dos veces que intento matizar y apianar se le estranguló la emisión y quedó rarísimo. Su Mario es turrón del duro: dulce pero te dejas los dientes si le intentas dar un bocado. Su interpretación... esto... ¿interpretar? ¿qué?


Al lado de estos dos auténticos chorros de voz, Lado Ataneli se queda corto, cortísimo. ¿Lo bueno? Que por fin es un Scarpia cantado y no "parlado". Cantado con intención y muy bien interpretado. Que uno ya está harto de que le pongan de Scarpias a barítonos famosos en el final de sus carreras. ¿Lo malo? Que quedaba totalmente tapado por sus compañeros y que los momentos "feroces" no le salieron.

Y también quedó totalmente tapado por la orquesta, cuyo director debió pensar que cuanto más pumba pumba más aplaude el público, y halaaaaa, dale que te pego al volumen. Suerte que la Tosca y el Mario podían con todo.

Bien los secundarios y correctito el coro, que no acabó de hacerse con el tiempo lento que la orquesta le dio al previo al Te Deum.


No me acordaba yo de esos decorados tan negros y horrendos made in Frigerio para la Tosca de Nuria Espert en el Real, y eso que es la tercera vez que veo la producción desde 2004. Vale, funcionan (y muy bien) en el primer acto, dan el pego en el segundo pero en el tercero, el de la trampilla, es de un feísmo que asusta. Sobre la tan "escandalosa" idea de hacer que Tosca le tire una copa de vino al Cristo después de matar a Scarpia (oh, cielos, he revelado la trama) pues vale, es una ocurrencia de la Espert que NO ESTÁ EN EL LIBRETTO, ¿pero a estas alturas nos vamos a quejar por eso y vamos a exigir que haga lo del crucifijo y las dos velitas? Que no es para tanto, joder.

El público. Si me quejo yo habitualmente de que me salgan los Gremlins en la zarzuela, al lado tenía a uno auténtico que se dedicó a tararear casi todos los temas conocidos así como murmurando. Tela.

Y detalle curioso: señor que se enfada mucho porque a otro le suena el teléfono móvil... EN EL CUARTO DE BAÑO DURANTE UN ENTREACTO. Y sí, se enfadaron mucho ambos y continuaron la discusión por los pasillos. Serían indignados de esos.


En definitiva, una Tosca más que disfrutable y dentro de los cánones. ¿Que se le pueden buscar fallos? Pues sí, todos los que quieras, pero yo procuro ir a la ópera a disfrutar y no a pasarlo mal ni a comparar con la versión pirata en vivo del año 52 que suena a huevos fritos con una cantante que no grabó nada comercialmente pero que es la mejor del mundo y blablabla, porque entonces son ganas de ir a encabronarse a la ópera, digo yo.

Ah, mi sobri encantada, y esta vez además no me obligó a hacerle la sesión fotográfica en los salones de la segunda planta para colgarla después en el tuenti.


Giacomo Puccini
Tosca
Teatro Real de Madrid, miércoles 27 de julio de 2011.
Violeta Urmana, Marco Berti, Lado Ataneli, Felipe Bou, Valeriano Lanchas, Carlo Bosi, Károly Szemerédy, Francisco Santiago, Ruth González.
Renato Palumbo, Nuria Espert


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