miércoles, marzo 12, 2014

Falleció Mortier

 
El domingo pasado falleció Gerard Mortier, el anterior director artístico del Teatro Real de Madrid, a quien echaron unos meses atrás de una manera algo rastrera.

Se sea partidario o no de su gestión, hay que reconocer que el teatro sufrió una auténtica convulsión con su nombramiento, con sus programaciones y con su manera de hacer las cosas.

¿Puntos a favor?
Su concepción renovadora de la ópera como un espectáculo vivo y no anquilosado en el "cualquier tiempo pasado fue mejor". Su valentía al adoptar posturas artísticas arriesgadas. Su capacidad de resultar un revulsivo.

¿En su contra?
Sus maneras chulescas de hacer lo que le daba la gana y sin escuchar a nadie. Su desprecio a los cantantes españoles. El chorreo escandaloso de dinero y el déficit que ha dejado. Dar la preponderancia a la escena en vez de a las voces.

Pero como yo no tengo mucho criterio ni conocimiento como para ir analizando su gestión, lo que voy a hacer va a ser recordar sus hitos desde el punto de vista del espectador de quinto piso que soy, o sea, de las óperas que he ido a ver.

Así que... veamos:

Resultados satisfactorios:
- El Caballero de la Rosa, a pesar de la sosa protagonista.
- Otra vuelta de tuerca, que estuvo la mar de bien.
- Tosca, que fue clasicota clasicota.
- Werther, que tuvo un segundo reparto algo irregular pero que en conjunto fue muy celebrada.
- Ifigenia en Táuride, maravillosa.
- Elektra, que fue muy digna.
- Lady Macbeth de Mtsensk. Sin llegar a ser redonda, muy notable, y con una portagonista espectacular.
- La Clemenza di Tito. Una indisposición me impidió disfrutar al completo de una ópera que a priori no me gusta, pero que estuvo muy bien servida.
- Cyrano de Bergerac. Domingo y Arteta en su salsa.
- Ainadamar. Agradable, sin ser una maravilla.
- The Perfect American. Reconciliación con Glass.
- L'elisir d'amore. ¡Por fin un donizetti cómico que no me aburre!
- Brokeback Mountain. Un muy buen estreno mundial.
- Alceste. Producción de lujo en la que el segundo reparto debería haber sido el primero.

¿Cuántas me han salido? 15

Veamos las que "Sí pero no".
- San Francisco de Asís. La desmesura, aunque me parece bien programada.
- Eugenio Onegin. Una pena, porque apuntaba a un éxito y fue todo de 2ª B.
- Iolanta / Persephone. Interesante propuesta, aunque me aburrió.
- Vida y muerte de Marina Abramovic. Una performance en toda regla que estuvo bastante bien, pero que en una temporada de ópera... como que casi que no.
- Così fan tutte. El de Haneke. Un primer acto soporífero y un segundo genial. Irregular.
- Il Postino. Agradable sin ser nada del otro jueves. Se notó la ausencia de Domingo.
- El Rey Roger, las comeduras de tarro de un director de escena casi se cargan una ópera con una música deliciosa.
 - I due Figaro. Menos mal que vino Muti, porque aquello pintaba somnífero.

Mmmm, de las aceptables...8

Y ahora los bluffs:
- Wozzeck. Aburrimiento total.
- Las Bodas de Fígaro. Un reparto menos que mediocre nos duerme.
- Pelléas y Melisande. Para salir corriendo. Una castaña.
- El barbero de Sevilla. Perezón perezón. La ópera bufa en la que nadie se divertía.
- Boris Godunov. No pude con ella, probablemente por culpa mía.
- La conquista de México. De ésta no escribí nada, pero es que me dejó TAN descolocado...

Que no me gustaran nada... 6

Y las que no he visto, 8.

Mahagonny, Choeurs, Don Pasquale, Tristan e Isolda, The Indian Queen, Poppea e Nerone, Moses und Aron y Macbeth.

Creo que mi balance provisional de la etapa Mortier en el teatro es más bien positivo.

lunes, marzo 03, 2014

Alceste de Gluck, en Madrid

 
Con Alceste de Gluck en el teatro Real se ha armado una de las típicas marimorenas que tanto animan los teatros de ópera. Y ahora me toca contar cómo lo he visto yo, que fui a la segunda función.

Domingo, 6 de la tarde, primeros de mes, lluvia ligera en Madrid... y se me ocurre ir en coche con el tiempo algo justito... CAOS. Después de dar vueltas y vueltas alrededor del teatro tengo que alejarme y a quince minutos de empezar la función y cuando ya estaba resignado a arruinarme metiendo el coche en un aparcamiento, consigo aparcarlo en la calle Valverde, casi esquina con Colón, y en un sitio imposible rodeado de bolardos.

Y qué interés tiene esto para un blog de ópera, te preguntarás y con razón.
Pues muy sencillo: en 12 minutos exactos fui corriendo desde el coche al Teatro Real (con llovizna y esquivando peatones) y entré en la sala justo cuando estaban cerrando las puertas, así que te puedes imaginar en qué estado llegué. Que aunque en Google Maps ponga que se llega en 14 minutos andando... ni de coña.


Pues ya la tenía montada: cansado, llegando con el tiempo justo, sin poder tomarme mi dosis de cafeína necesaria para aguantar hora y tres cuartos de primera parte de la ópera, música de Gluck, seis de la tarde... ya me veía yo echándome una soberana siesta en la butaca.

Pues no, chico, nada de eso. Aguanté con un jabato. No sé si la carrera me liberó endorfinas, si mis clases de zumba han habituado mi cuerpo al ejercicio aeróbico continuado o qué, pero el caso es que ni asomo de sopor en toda la función.

¿Y por qué? Por Gluck. Señoras y señores, cada vez que asisto a una ópera de Gluck me quedo fascinado por... cómo decirlo... ¿su enjundia? ¿es esa sensación de estar ante algo grande, que trasciende mucho más allá de una obra cantada con música? ¿Síndrome de Stendhal? Es que me ocurrió con Ifigenia en Táuride y me ha ocurrido con Alceste. Me encuentro apabullado ante algo GRANDE. Alceste es todo un operón, sí señor.

Luego está el tema de cómo lo pusieron en escena. Pero eso, aunque importantísimo ayer, lo comentaré más tarde.


Ivor Bolton, recién nombrado nuevo director musical del teatro, llevó la orquesta de una manera muy fluida, huyendo de la pesadez y el tenebrismo. Puede que su lectura pueda parecer ligera y alejada del dramón que nos están contando. Pero ojo que es una ópera que puede resultar muy pesada si se hace demasiado solemne. Para mi gusto, bien.

El problema principal de esta ópera ha sido la pareja protagonista.

Sinceramente, me da mucha pena haber escuchado a Angela Denoke en este papel. La clase está ahí, el timbre también, la presencia es tremenda, pero no llega. Cuando sube al agudo la voz se le adelgaza al extremo y lo cala. Vale que no todo en la vida son los agudos, pero es que los desafinó todos. Aparte, estaba falta de fuerza, de intensidad. Sólo al principio del tercer acto pude percibir una adecuación al personaje. Y me da rabia después de haberla disfrutado varias veces en directo, joder.

De Paul Groves no me esperaba gran cosa y sin embargo me parece que su voz se adecúa perfectamente al papel de Admète, por timbre y estilo. ¿Qué le ocurre? Lo mismo que a su reina: que cuando sube al agudo la voz se le estrangula. No llega a calar pero se le queda a uno una sensación de angustia de esas de "no va a llegar, no va a llegar" y parece que todo lo salva por los pelos. 


Así pues, una pareja protagonista que no está a la altura. Y sobre todo es triste decirlo, pero la cosa da mucho más el cante cuando los secundarios se lucen más que los protagonistas.

La voz de Willard White impresiona nada más sonar en los primeros compases. Al minuto ya vemos que está ya muy desgastada, pero quien tuvo, retuvo, y salva su parte.
El resto de secundarios muy bien, con especial brillo en las voces femeninas del corifeo.

Muy aplaudida fue también la intervención del coro, parte fundamental de esta ópera. 


Y llegamos al espinoso asunto de la puesta en escena, a cargo del enfant terrible Warlikowski.

Quien sea tan osado de leerme desde hace tiempo sabrá que hace lustros que dejé de indignarme con las puestas transgresoras y que normalmente me gustan siempre que vea una coherencia en la acción dramática. Además, también disfruto malévolamente viendo cómo los más tradicionalistas se hacen de cruces y se dedican a soltar exabruptos. Además: ¿hay todavía quien se escandaliza de un cambio temporal en una escenografía de ópera? Por favor. 


Esta Alceste es todo menos tradicional. Quien quiera ver templos, columnas jónicas y puestas de sol sobre el Egeo que se pase por los salones de la segunda planta del Teatro Real y se vea el rancio y cursilísimo cuadro de la reina Sofía (que hace falta valor para colgar eso de una pared).

Warlikowski tampoco es que haya hecho nada particularmente salvaje con la historia: una mujer se sacrifica por su marido y al final ambos se salvan. Lo que hace es darle matices: la pareja atraviesa dificultades, luego ella se encuentra con que su marido está a punto de morir, y es su amor hacia él y hacia sus hijos lo que la lleva al sacrificio. Finalmente la intercesión ¿divina? hace que se salve pero... ¿a qué precio?

Es en la escena inicial y en la final donde están los elementos que caracterizan esta puesta. Al principio Alceste concede una entrevista donde explica sus problemas matrimoniales. Y el final dista mucho de ser un happy ending: Alceste ha salvado a su marido... ¿para continuar con una existencia angustiosa y gris? Aquí habría que hablar con el director de escena, porque eso es lo que yo entiendo.


El resto es anecdótico y, dentro de lo que cabe, lógico. ¿Que Admète va a morir? Pues lo ponemos en un hospital. ¿Que Alceste ruega a los dioses? Pues a una iglesia. Natural. ¿Que al final van al Hades? Pues qué mejor que un tanatorio. Francamente no veo ahí transgresión alguna o ganas de escandalizar.

También han dado que hablar unas proyecciones, como las de la entrevista del principio o imágenes durante el transcurso de la ópera. A mí no me parecen mal, apoyan el argumento. Lo que me pregunto... ¿con el segundo reparto cambiarán las proyecciones en las que salen los cantantes? ¿eh?


El problema con estos enfants terribles de la escena es que tienen que poner su toque provocador porque si no perderían su reputación. Y en esta Alceste tenemos las boutades de turno: Una bailaora de flamenco en medio de la fiesta que es un pegote, un Hércules maestro de esgrima que no queda claro qué pinta ahí, un Apolo "Santo Fluorescente Intercesor" y, lo que más ha indignado al respetable, un baile de zombis espasmódicos pseudonecrofílicos en la morgue. Elementos que no aportan nada y que parecen colocados para molestar al tradicional y pequeñoburgués espectador medio que tanto odiaba Mortier.

Pero vamos, que tampoco es para tanto. Con dejar de prestar atención es más que suficiente. Y créeme, después de dos minutos de ver a los bailarines temblar dejan de tener interés y uno se vuelve a fijar en la trama principal. Mucho más absurdo fue el Rey Roger de hace tres años, dónde va a parar.


Al final de la función, algunos gritos y protestas. No sé si uno dijo "ladrones" o "cabrones". Aplausos para la orquesta, coro, comprimarios, White, Groves y algún abucheo para Denoke. 

Yo salí bastante contento, la verdad. Sólo me da rabia lo de la protagonista. Pero no voy a gastarme los cuartos en ir al segundo reparto con Tom Randle (el de Brokeback Mountain) y Sofia Soloviy, ya sería excesivo. En fin, creo que es un espectáculo bastante brillante, con una escena que sirve a la ópera matizándola, sin reinterpretarla. Porque el subidón de una carrera contrarreloj no da para tres horas, te lo digo yo.



Christoph Willibald Gluck
Alceste
(versión de París)

Angela Denoke, Paul Groves, Willard White, Magnus Staveland, Thomas Oliemans, Isaac Galán, Fernando Radó, Maria Miró, Oxana Arabadzhieva, César de Frutos, Rodrigo Álvarez.
Ivor Bolton, Krzysztof Warlikowski
Teatro Real, Madrid, domingo 2 de marzo de 2014.



martes, febrero 25, 2014

...y la temporada 2014 2015 del Liceo de Barcelona

Y este viernes pasado se produjo también la presentación de la Nueva Temporada de Ópera 2014 / 2015 del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

¿Y qué nos traen en el Liceo este año?

Veamos brevemente:

1. Il Barbiere di Siviglia, de Rossini.

Producción de Joan Font (Comediants), o sea, colorinchi colorinchi, y Mario Cassi, Juan Francisco Gatell, Analissa Stroppa, Chausson, John Relyea.... y segundo reparto en el que a la única que conozco es a Ketevan Kemoklidze.

Bueno, ya se sabe lo que pienso de esta ópera. Puede salir muy bien si hay sincronía y complicidad entre los cantantes y orquesta o puede resultar un sopor.  

2.  La Traviata, de Verdi

Misma producción que viajará a Madrid, con Ciofi, Mosuc o Ailyn Pérez. Francamente sólo veo a Elena Mosuc como Violetta. ¿Que no querías ópera-maría? Pues ahí tienes dos tazas nada más empezar la temporada. 

3.  Arabella, de Strauss

Con la Schwanewilms, que es una especialista y será buenísima, pero las pocas veces que la he visto en directo me ha dejado frío frío. Ya en la web nos recuerdan que fue el papel con el que Caballé debutó en el Liceo. Nos lo van a repetir mil veces, ya verás.

4. Maria Stuarda, de Donizetti

Joyce DiDonato, Silvia Tro y Camarena en el primer reparto, Irina Lungu y Antonio Gandía en el segundo (lo siento, no sé quien es Mariamma Pizzolato). Promete. Si  puedo me acerco.

5. Una voce in off, de Montsalvatge y La voix humaine, de Poulenc

Ángeles Blancas y María Bayo en dos óperas cortas del siglo XX que pueden tener interés. Coproducción con Teatros del Canal, así que se verá también en Madrid.

6. Norma, de Bellini

No te me quejes. De 6 llevamos ya 3 ópera-marías. Con la Radvanovsky de estrella (2º reparto Tamara Wilson) ¡y Gregory Kunde! La Adalgisa soprano será Ekaterina Gubanova.

7. Siegfried, de Wagner

Una temporada del Liceu no es temporada si no hay un Wagner. De los cantantes no conozco a ni uno. Bueno, sí, a Ewa Podlés. 

8. Tristan und Isolde, de Wagner

¿No quieres caldo? Toma dos tazas. En versión concierto. Y sin que hasta la fecha se sepa quién va a ser la Isolda.

9. Carmen, de Bizet

Óperamarí.... bueno, me callo, porque es una obra maestra que me encanta. Y no he visto esta producción del burgalés Bieito que todo el mundo dice que es muy buena. Con Béatrice Uria-Monzon de prota.

10. I due Foscari, de Verdi

Tipico Verdi "menor" en versión concierto para lucimiento de Plácido Domingo en papel dominbaritonal. ¡Está Ramón Vargas en el reparto! Hace siglos que no lo escucho.

11. Così fan tutte, de Mozart

Nueva adaptación "a tiempos modernos" de la obra mozartiana. De los repartos sólo conozco a Maite Alberola en el segundo y a Piertro Spagnoli en el primero. Le pasa lo mismo que al Barbero, que si se hace bien puede salir algo divertido o interesante (el final de la versión de Haneke para el Real del año pasado) o si no es un plastazo en toda regla.  Al menos la producción se ve vistosa.

y 12. Don Pasquale, de Donizetti

Con esta ópera sí que no puedo, es manía personal. Está Ailyn Pérez, que puede hacer una buena Norina, y Mariusz Kwiecien que siempre canta con mucha clase. 

Bueno, está claro que se ha apostado por tradicionalismo a tope, sin rarezas, con una buena dosis de ópera-maría, dos poco frecuentes y el resto de repertorio típico aunque no tan trilladas. Así vista en bloque suena atractiva, aunque todo depende de los resultados artísticos, claro, tampoco hay tanto figurón (o yo no los conozco, que también puede ser). 

Si viviera en Barcelona desde luego sería abonado y me las tragaría todas, pero hacer un viaje a propósito para ir a la ópera... no sé, la Stuarda, que no he visto nunca en directo y para de contar. Sí, la Arabella quizás. 

En fin, ¿opiniones?

lunes, febrero 17, 2014

Temporada de ópera 2014 2015 del Teatro Real de Madrid

 
Un año más se nos presenta en febrero la nueva temporada de ópera del Teatro Real de Madrid. Este año, la 2014/2015.

Bueno, ya la habían anticipado hace unos días algunos enteraíllos, con repartos y todo, así que muy de sorpresa no nos pilla. Se supone que está confeccionada con restos de Mortier y pinceladas de Matabosch. ¿Y qué nos encontramos? ¿Lo peor de cada casa quizás? Veamos título a título.


1. Le Nozze di Figaro de Mozart.
O sea, NO.
Tercera vez en 5 años que se programa la misma producción de Las Bodas De Fígaro.
Señores, MENUDA PESADEZ. Ya las vimos en 2009, en 2011 y ahora nos tocan en 2014. ¡Y para colmo en abono! Y si contamos que anteriormente se programó otras dos veces (aquella del 98 con Álvarez y Rey que parecía un decorado de Ikea y la del 2002/3 con Barbara Bonney y María José Moreno) lo de esta ópera ya es pasarse. Nononononó, eso se mete al final de temporada, en verano, como fuera de abono y a precios reducidos para atraer nuevos públicos y turistas, como hacen con la Turandot del Liceo de Barcelona, coño.
Sinceramente, me ha cabreado. No es que me parezca una burla a "ese ser llamado abonado", sino que es incomprensible racionalmente hablando. El reparto no me llama nada de nada.


2. La fille du régiment, de Donizetti.
Perezón.
Bien, un poco de belcanto. Mal, la producción está más vista que el tebeo, se ha paseado ya por muchos teatros y hay DVD y youtubes para aburrir. A mí particularmente La Hija Del Regimiento es un título que no me gusta, pero es que el Donizetti cómico y yo nos llevamos a matar. Pero vamos, ésta es una apreciación muy particular. Y ahora lo sorprendente: Marie es Natalie Dessay. ¿Eeeehhhh? ¿pero no había anunciado su retirada hace unos meses? Si ya la vimos pasarlas un poco putas en el Julio César del Met que pusieron en el cine. Morbo asegurado. Hay dos filles más:  Desirée Rancatore y Aleksandra Kurzak. De Tonio tenemos a Camarena y Siragusa. Y de marquesas a la Murray y la Podles. Toda la prensa está como loca anunciando el debut de Carmen Maura como la duquesa. Interesantísimo oiga.


3. Death in Venice, de Britten
Muy bien.
Recuperación de una coproducción con el Liceo que Mortier no quiso programar y de la que ya hablé aquí en este blog. A mí no me entra en el abono, pero afortunadamente ya la he visto. Muerte en Venecia es muy, muy recomendable. Ahora que me vengan los de la Cofradía de la Perpetua Indignación a decir que es una imposición del Poderoso Lobby Gay, jajajaja.


4. Roméo et Juliette, de Gounod
Bien.
Alagna y Yoncheva dirigidos por Plasson en el Romeo y Julieta de Gounod... en versión concierto. Oh, cielos, y encima sólo pilla en los abonos de estreno, el F y el de "Voces Del Real". Habrá tortas por las entradas. Imagino que intentaré conseguir alguna, si quedan baratillas.

 
5. Hänsel und Gretel, de Humperdinck.
¡Por fin!
Por fin veo programada esta obra en Madrid, que es un pedazo de operón aunque esté disfrazada de obra para niños. Alice Coote de Hänsel (biennnn) y Sylvia Schwartz  de Gretel. Bo Skhovus (uffff) de Peter y José Manuel Zapata como la bruja. Muchas ganas. Me echa para atrás: producción de Joan Font, de Els Comediants, con figurines de Agatha Ruiz de la Prada. Pero bueno, aguantaremos la agresión cromática.


6. El Público, de Sotelo
Puessss.
Estreno mundial, basado en una obra de Lorca. A saber.


7. La Traviata, de Verdi
¡Huyyyy!
¿No teníamos una muy apañada producción de La Traviata en el Real? Ah, que tiene ya casi diez años, nada nada, hay que producir otra. Concesión al gran público y mira, una traviata, que nunca viene mal. Espera... ¿Violetta...? ¿Patrizia Ciofi? ¿Quéeeee? Uf, menos mal, para este título tengo segundo reparto con... Irina Lungu. ¿Y ésta quién es? Ah, pues una rusa que está cantando ya en el met y la ROH. ¿Y el Alfredo? En el primer reparto Francesco Demuro (¿?) y en el segundo Antonio Gandía. Giorgio Germont serán Juan Jesús Rodríguez y Ángel Ódena. La sorpresa viene con el tercer reparto, sólo cuatro funciones con Ermonela Jaho, Teodoro Ilincái y... Leo Nucci. Vamos, para que los tifossi puedan gritar a base de bien. Tranquis, la última es fuera de abono.


8. Fidelio, de Beethoven
Estooo...
Con producción de La Fura del Baus. O sea, máquinas, figurantes colgados de cuerdas y cantantes subidos a cosas. Michael König de Fidelio y Adrianne Pieczonka de Leonore (¿ya está cantando este papel? cómo pasan los años). Puede ser interesante. A mí es una ópera en la que no me meto hasta el aria de soprano del final del primer acto, pero procuraré concentrarme más. A ver qué tal la orquesta.


9. Goyescas, de Granados + Gianni Schicchi, de Puccini
Bien.
Vale, Goyescas es una ópera que me gusta mucho. María Bayo me asusta un poco como Rosario, al tenor no lo conozco (es el que está cantando ahora Curro Vargas en la Zarzuela) ni al Paquiro. No mencionan qué mezzo hará la Pepa. Vaaale, no es una ópera al uso, es corta, el argumento es una birria y es "rara". Pero qué coño, a mí me mola. Plácido Domingo en el foso.
Programa doble con Gianni Schicchi. Revuelo mediático porque es la producción de la ópera de Los Ángeles que dirige Woody Allen. Con Domingo de barítono haciendo el papel principal, Maite Alberola (muy bien) de Lauretta y Albert Casals (a quien no conozco de Rinuccio). Elena Zilio, la Zita. Si se hace y, sobre todo, si se dirige bien, es una delicia de ópera.


10. La Ciudad De Las Mentiras, de Elena Mendoza.
Nuevo estreno mundial basado en relatos de Onetti. En siete días se despachan 5 funciones con reparto tan ignoto como Calaf. Nuevo misterio ya en pleno mes de julio.

 
En fin, considerando que si soy un poco complaciente conmigo mismo me interesan un mínimo de la mitad de óperas que me entran en el abono, lo renovaré. Lo que tengo claro es que ya no voy a renovar mi segunda butaca, la de mi ex, que he seguido manteniendo (y eso que me dejó en el año 2000, que se dice pronto) y que hasta el año pasado estuve vendiendo a un amigo y que este año me está costando dios y ayuda colocar.

Por tanto, si a alguien le interesa un abono para el Teatro Real de Madrid, turno B, en quinto piso, fila número cinco, butaca 26, centrada, visibilidad 99% (es buena) al módico precio de 467,40 €, que me lo haga saber ahora o que calle para siempre.

Pinchando en el nombre de cada título podrás ir a la página oficial del Teatro Real donde están todos los detalles de las óperas, los repartos y los demás datos artísticos. Y si quieres verlas todas en bloque, pincha aquí:


Bueno, yo creo que ya vale por hoy, ¿no?
¿Opiniones?

lunes, febrero 10, 2014

Brokeback Mountain, la ópera


Agradable sorpresala de la versión operística de Brokeback Mountain.

Esto no es Sochi ni Uganda, sino Madrid en 2014, y a pesar de que ciertos sectores sociales sigan viviendo en las cavernas (y hablamos de sectores que pueblan los patios de butacas), no veo que haya ninguna razón para sentirse escandalizado o epatado por que haya una ópera con una historia de amor gay. Por mucho que los periódicos lancen noticias con la palabra "explícito" en en titular y que los telediarios sólo saquen a gente del público diciendo que no les ha gustado nada. No, Brokeback Mountain no tiene nada de escandaloso ni de epatante. Es una ópera acerca de una historia de amor en un ambiente hostil, y punto.


Annie Proulx, la autora del relato en el que se basa es quien ha escrito el libreto. Su labor choca al principio, las frases son cortas, cortantes, aisladas, parece que no van a hacer creíbles los sentimientos que tienen que aflorar después. Es lo mismo, y perdona querido lector si mezclo cosas, que la puesta en escena: es árida, vacía. Pero es que tanto el texto como la puesta son tan áridos como la historia que cuentan: esto no es una buhardilla en la que un golferas sopla la velita de la ingenua vecina para que se junten las manitas y se enamoren allí mismo. No, se trata de una montaña aislada que vuelve locos a los que allí tienen que estar varios meses pastoreando, tipos duros que ni tienen cultura ni están allí por estar dando un paseo por el campo.


Siguiendo con la escena, al principio llama la atención por lo cutre: eso de que haya dos tiendas a ambos lados del escenario es tristísimo, por mucha proyección que haya detrás no se consigue evocar algo fundamental que es el paisaje de la montaña. Cuando sale ya el decorado de las casas la cosa mejora, y el final es tan vacío, negro y desolador como la historia que cuenta.

Al analizar tanto el texto como la puesta, uno no puede evitar hacer la comparación con la versión cinematográfica dirigida por Ang Lee en 2006. La película estaba mucho más edulcorada, pasada por el pasapuré de Hollywood. A pesar de lo duro de algunas partes de la trama, todo era una bonita historia de amor en un paisaje precioso. Aquí no: estamos hablando de una historia homosexual de dos vaqueros entre los años 60 y 80 en Wyoming y cómo cada uno lucha por mantenerla viva y mantenerse vivos ellos mismos. Por tanto me ha gustado cómo la autora ha escrito el libreto. ¿Que no consigue elevar el lirismo de la historia? Aquí no se trata de decir Ah lève-toi soleil, sino de tengo que ir a currar al rancho porque no tengo un duro para pasarle la pensión de manutención de mis hijas a mi ex.


Con todo, los personajes están perfectamente caracterizados cada uno en su personalidad: no hace falta más.

En la comparativa, a favor de la película hay dos detalles: el "qué le ocurre a Jack", que en la ópera no queda nada claro (ni como tampoco el cómo se entera Ennis) y el descubrimiento de la camisa, que en pantalla deja totalmente desarmado. A favor de la ópera, el final finalísimo: muy impresionante.




Y llegamos a la música: el meollo del asunto.
Lo reconozco: yo iba ya dopado con mi sobredosis de cafeína en vena porque si ya me cuesta mantener el ojo abierto (y la atención) en cualquier ópera de repertorio si el primer acto dura más de cincuenta minutos, con una ópera "contemporánea" la cosa puede ser muuuuuy dura.
Y encima te avisan de que son dos horas sin descanso.
¡Claro, para que el público no se vaya en el intermedio!
Vamos, que iba yo predispuesto a encontrarme una sucesión de ruiditos ñiñuñiñuñiii...pompompom acompañados por un recitativo continuo de las voces.


Y no, oye, no. 
Reconozco (y asumo) mi total incapacidad para distinguir las distintas escuelas o tendencias musicales a partir del atonalismo, así que no me voy a poner aquí en plan interesante. Por lo que amigos más eruditos me han comentado, Brokeback Mountain adopta un dodecafonismo bastante clásico. Y, en efecto, en ocasiones recuerda al Wozzeck de Berg.

Es una música densa, seria, oscura, que acompaña perfectamente a la acción. De hecho parece música incidental compuesta para acompañar una obra de teatro, porque es sólo en los interludios entre escenas donde cobra protagonismo.

En mi ignorancia supersuprema, yo la calificaría de "atonalismo asequible", y desde aquí agradezco a Charles Wuorinen, el autor, que no haya abusado de la percusión irritante con la que tantos autores nos martirizan. Es que de verdad me saca de mis casillas.


En la parte vocal, estupenda la pareja protagonista: Tom Randle tiene una buena voz de tenor que maneja con facilidad. Tiene fuerza, puede subir y además como actor está excelente, un Jack Twist fantástico.  Daniel Okulitch empieza con menos protagonismo (también su papel es más áspero, habla muy poco) pero lo va cobrando a medida que avanza la  ópera y joder cómo termina. Tiene una voz impresionante de bajo-barítono. Su frase final a cappella es de quedarse clavado en la butaca. Muy bien.


Muy bien también Heather Buck como Alma y correcta Hannah Esther Minutillo en Lureen, tampoco le dejan mucho lucimiento. Cumplidores secundarios, con la salvedad del que hace de Aguirre, que no me convenció mucho (luego leo que es el mismo que hace de suegro de Jack).



Resumiendo: una historia de amor, o mejor decir una historia de la lucha por un amor, muy bien planteada y resuelta en la que todos los componentes funcionan: libretto, música, intérpretes, puesta. ¿Que no es la quintaesencia de la vanguardia musical ni literaria? Pues no, pero no creo tampoco que lo pretenda.

Al final, aplauso caluroso para todos los componentes. No especialmente largo pero sí  claramente algo más que "aplausos de cortesía".

Un acierto de la programación Mortier para el Teatro Real y posible y lamentablemente su canto del cisne. La temporada que viene ya nos llegarán los últimos coletazos pero a partir de entonces prepárense ustedes para traviatas y cármenes.


Si las entradas no estuvieran tan escandalosamente caras, aconsejaría asistir sin dudarlo, que ya queda sólo la función de hoy día 11. Y de todas formas he visto que hay promociones de Movistar (20% de descuento), entradas de última hora para jóvenes y abonados que venden sus localidades en taquilla antes de las funciones.

Editando: durante tres meses, el vídeo está disponible en Medici Tv:

Ah, ¿que si había más mariconeo que el de costumbre en el teatro? Mmmm, pues sí, era notorio pero no escandaloso. Pero es que no íbamos a perdernos la ópera de los "vaqueros mariquitas", ¿noooo? ¿Adivinas qué otro cobloguero y habitual comentarista -a quien engañé para que me comprara la entrada de mi ex- me acompañó al teatro?




Charles Wuorinen / Annie Proulx
Brokeback Mountain
Daniel Okulitch, Tom Randle, Heather Buck, Hannah Esther Minutillo, Ethan Herschenfeld, Celia Alcedo, Ryan MacPherson, Jane Henschel, Hilary Summers, Letitia Singleton, Gaizka Gurruchaga, Vasco Fracanzani.
Titus Engel, Ivo van Hove
Teatro Real de Madrid

lunes, enero 20, 2014

Ainhoa Lecouvreur


Llevar como regalo caramelos de violeta a quien me ha alojado cuando he ido a ver Adriana Lecouvreur es muy poco oportuno.


 
¡Mi primera visita al palacio Euskalduna de Bilbao!

Ya iba siendo siglo, digo yo. Qué barbaridad, que auditorio más gigante. ¡Y qué miedo da! No por vértigo, que uno ya está acostumbrado a alargar la mano con el plumero y quitarle el polvo a las lámparas de los techos de los teatros, sino porque salvo el bloque central, las filas laterales están inclinadas, y no un poquito precisamente.

 
Como cosa buena tiene que todas las localidades tienen plena visibilidad del escenario, aunque las de arriba del todo están lejísimos. La acústica, ayudada por el revestimiento total de madera, me pareció buena, pero también tuve la suerte de estar en una butaca cercana, así que no sé cómo se oirá arribota del todo.

Como cosa mala.... chico, qué precios, qué barbaridad. 



En fin, y como bautismo de este auditorio... Adriana Lecouvreur, de Cilea.

Adriana es una ópera en la que todo ronda alrededor de una diva, y en este caso se trataba del debut en el papel de Ainhoa Arteta, que cumplió con creces su cometido.

Cada vez que hablo de Arteta digo lo mismo. Ya sé que a todas las sopranos con los años la voz les evoluciona, pero es que me sorprende cómo esta mujer ha ganado en cuerpo de voz, pasando de ser una ligera a una lírica plena dispuesta a abordar papeles de mayor enjunduia. Le queda trayectoria, y la Adriana la tiene que pulir, pero ole por ella.


Ainhoa estuvo estupenda en su aria de entrada (lo mejor de la noche), con control y dominio, regalándonos unos matices exquisitos, de un muy alto nivel que mantuvo durante los dos primeros actos.

En el tercero ya flaqueó un poco, su declamación no impresionó, y en el cuarto acto resolvió el aria luchando con unos graves que aún no domina (pero que dominará con el tiempo). Afortunadamente volvió a elevar el vuelo en un fantástico final.
Muy bien Ainhoa Arteta y ojalá tenga oportunidad de seguir escuchándola.

Como ya digo, en esta opera todo gira en torno a Adriana, pero también se necesita un tenor MUY bueno si no se quiere tener una función deslucida (y a las pasadas Adrianas de Barcelona me remito, donde uno de los tenores estuvo a punto de cargarse la representación).


Bruno Ribeiro cumplió con el Maurizio. La materia prima la tiene, pero le queda domarla. Empezó titubeante (él no tiene la culpa de que nada más salir a escena le toque cantar la dolcissima effigie) e irregular en la emisión. Fue mejorando a lo largo de la función y acabó más que dignamente. Le falta pulir, pero estuvo a la altura.

 
Muy bien el Michonnet de Luca Salsi, voz muy bonita y de elegante fraseo.

Otro debut para mí: Luciana d'Intino, que nunca la había escuchado en directo porque siempre o me había cancelado o me había tocado otro reparto. Se lució en los pasajes más agudos con una voz poderosa, con cuerpo y bien emitida. Pero en el grave tiene otro timbre totalmente diferente, se le queda la voz algo hueca y los hace casi como un parlado.


Muy bien la actuación de Francisco Vas como el abad, discreto Palatchi como Príncipe y correctos el cuarteto de actores.

La orquesta también estuvo al servicio de la diva, muy caprichosa en los tiempos y especialmente lenta en las arias. El sonido fue muy bueno, pero el director no le sacó todo el partido que se le puede sacar a la partitura. Digamos que cubrió expediente. Y a su favor juega que esta ópera está llena de melodías que atrapan. El coro tiene una intervención muy breve.


La coreografía del tercer acto estuvo a cargo de Igor Yebra, que tuvo oportunidad de lucirse en el tercer acto. Muy bien.

El punto negativo de la función viene por parte de la puesta en escena.

Los decorados son clásicos, sencillos y de baratillo. Es una producción de Segunda B de lo más tradicional. Ópera de cortinaje, candelabro y pelucón. Nada que objetar, el presupuesto es el que es y si el nivel musical es bueno quién se preocupa de la puesta.


Pero es que tenía detalles de esos de hacerte decir: Oh dioses, qué catetada. Unos elementos móviles en el primer acto hacían de camerinos, de escenario, de tramoya... para peligro de algún cantante, que los ruedines los carga el diablo. Pase. Pero lo de la cama que se pasea cual carrito de Mercadona (perdón, allí, de Eroski) o el círculo de espejos discotequero (que además sólo permitía el efecto visual a lo más centrado del patio de butacas) clamaba al cielo. Pero ya el colmo llega en el 4º acto con un par de detalles directamente sonrojantes: una proyección sobre el telón cerrado en el preludio y un golpe de efecto de caída de cortina al final. Vale, creo que nos quieren hacer notar que Adriana es una simple actriz envuelta en unas intrigas cortesanas y que donde debería estar es en el teatro, pero si es así... ¡es tan obvio! En fin.

Esta producción del San Carlo de Nápoles ha circulado por varias ciudades y de hecho se puede conseguir en dvd desde Turín con Álvarez y Carosi, así que quien tenga curiosidad que se dedique a buscar youtubes.


Se podría obviar que la producción es de baratuji... si no fuera porque la dirección escénica es no ya clásica o tradicional, sino antigua a más no poder. Vale que el argumento es de lo más folletinesco, que Adriana tiene la forma de morir más estúpida de toda la historia de la ópera y que cuando se estrenó ya estaba trasnochadísima, pero señores, un mínimo de contención. La interacción entre los cantantes, salvo un par de morreos que se pegan los protas, es nula. Yo salgo, me paro, canto aquí, termino y me voy. Y tú lo mismo pero en el otro extremo del escenario. Muy tremendo.


Noche de estreno, con llenazo total del auditorio, y ambientillo de gente bien pero sin excesiva ostentación. Esto no es como en Valencia, donde en cuanto la temperatura deja de estar en los 25 ºC las señoras sacan los zorros. Sus buenos visones, eso sí, que no ramuskés, y muy poco atentado contra la capa de ozono, se ve que por estas latitudes la laca no se lleva mucho.

El público fue cortés en los aplausos, algo más entusiasta con Ainhoa Arteta e Igor Yebra, pero sin llegar a vítores. De hecho, me pareció un público algo parco en el aplauso final.

Yo me lo pasé en grande porque es una ópera que me encanta, Ainhoa Arteta hizo una Adriana sensacional, estuve excepcionalmente acompañado todo el fin de semana y para mí la obra fue una parte más de la fiesta global.

Y oyes, aupa, no estuvo mal la Adriana Lekumberri ésta, hosti tú.


Francesco Cilea
Adriana Lecouvreur
Ainhoa Arteta, Bruno Ribeiro, Luciana d'Intino, Luca Salsi, Stefano Palatchi, Francisco Vas, Marta Urbieta, Nuria Lorenzo, Miguel Ángel Arias, Manuel de Diego.
Fabrizio Carminati, Lorenzo Mariani, Igor Yebra
ABAO, Palacio Euskalduna
Sábado 18 de enero de 2014

Enlaces:

Hoja informativa
Programa de mano
Foro de una noche en la ópera

Y como colofón, la Adriana en vídeo de referencia. Disfruten, señores:

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