lunes, julio 13, 2015

Porgy And Bess

 
Estupendo cierre de temporada con el Porgy and Bess de Gershwin traído por la compañía de la ópera de Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Una producción modesta pero funcional y efectiva, servida por un elenco apropiado y, lo que es fundamental, dentro de estilo: siendo auténtica ópera, se zambulle en el mundo de la música negra, los espirituales, el jazz, la música popular... todo perfectamente conjuntado.

Supongo que ahora tendría que hablar de las alabadísimas representaciones de 1997 en este mismo teatro, con Willard White y Cynthia Haymon pero, francamente, es que casi ni me acuerdo. Pero lo que tengo claro es que en esta ocasión la obra me ha gustado mucho más, la recordaba más rollo.


Y es que en estas representaciones lo que ha funcionado es la sensación de conjunto: la orquesta, muy bien; el coro, estupendo; la dirección escénica, la coreografía, los solistas... todos han logrado crear un uno y meternos a todos en él. 

Los cantantes:
Xolela Sixaba: excelente Porgy, con una potencia y una facilidad de emisión increíbles. El mejor, sin duda.
Nonhalanhla Yende: adecuadísima Bess. No del todo perfecta vocalmente, pero es que el personaje casi lo pide. No es Mimì, ¡es Bess!
Ambos dos, fenomenales en el terreno actoral. 
Siphamandla Yakupa, vozarrón para Clara

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Arline Jaftha tenía, por así decirlo, la vocalidad menos "negroide" del reparto, era la más lírica, y parecía que se iba a quedar corta como Serena, pero se marcó un My man's gone now que nos dejó petrificados en la butaca.
Apropiadísima Miranda Tini (con ese descaro y autoridad que el papel requiere) como Maria.
Correcto, sin destacar, Mandisinde Mbuyazwe como Crown, le faltó categoría de villano.
Bien Aubrey Lodewyk como Jake.
Y curioso el caso de Lukhanyo Moyake como Sportin' Life. Muy bien en la primera parte, con gracia, destacando, haciendo cosas bonitas, pero totalmente apagado en el It ain't necessarily so, donde no se le oyó nada.

Destacar una vez más los números de conjunto, el coro y la dirección escénica.
Para los tiquismiquis, la acción pasa de Carolina del Sur a la Sudáfrica del Apartheid. 

No sé, salí del teatro tan esperanzado como Porgy cuando va a buscar a su Bess al final.
Emocionante.


George Gershwin
Porgy And Bess
Sixaba, Yende, Mbuyazwe, Jaftha, Yakupa, Tini, Lodewyk
Compañía de la Cape Town Opera
Tim Murray, Christine Crouse
Teatro Real de Madrid, viernes 10 de julio de 2015


Página web del Teatro Real

martes, julio 07, 2015

El extraño Trittico (Goyescas, Domingo & Schicchi)

 
Programa doble de Goyescas + Gianni Schicchi en el Teatro Real de Madrid que se convirtió en triple: Plácido Domingo, debido a la reciente muerte de su hermana, no se sentía con ánimo de encarnar el personaje principal de la ópera cómica, con lo que canceló, y en su lugar, en especial atención al público de Madrid, ofreció un mini-concierto entre ambas obras.

Y así empezó este extraño Tríptico.


Goyescas, de Granados, es una ópera puñetera. La partitura es de una exquisitez tremenda, que conjuga partes líricas con partes más folklóricas en un engranaje que tiene que saber ser interpretado en su justa proporción e intensidad.

El problema que tiene es que el argumento es una anécdota, el texto es bastante infumable y la progresión dramática es nula, con lo que hay que interpretarla muy bien para que no resulte un tostonazo de no te menees.

Si además la versión es en concierto "semiescenificado"... huy, estamos en la cuerda floja.

Y nos caímos con todo el equipo.

Porque el primer cuadro fue tal desastre que ya no se pudo levantar aquello. Guillermo García Calvo llevó durante toda la obra la orquesta a trompicones. El inicio de la obra fue un desbarajuste absoluto: el coro pegando gritos y sin que se les entendiera una palabra, mientras que la orquesta iba por otro lado. Se perdieron toda la gracia y fuerza que tiene que tener el "Vivan las Manolas" de la segunda escena. Y esto es cuestión de trabajo y ensayos.

Luego aparecieron los solistas.... que iban como si pasaran por allí y les hubieran invitado a cantar. Decepcionante.

La única que me pareció que se implicaba en la ópera fue María Bayo (Rosario, la prota). Sí, es cierto, tiene sus cosas: el agudo en bocina, el grave hablado, la emisión tan suya... pero fue la única que proyectaba, que interpretaba y que se metía dentro de la ópera. ¿Qué me faltó? Canto legato. Iba como dando una nota aquí y otra allá. ¿Culpa de ella o de la dirección musical? Póngansele todas las pegas que se quiera a su estado vocal actual, pero destacó por encima de todos.

Primera parte de este tríptico: Goyescas. Un horror.


Antes del descanso, mini concierto de Plácido Domingo en papeles baritonales.

Lo de este hombre es sorprendente. Mira que sus incursiones en la cuerda de barítono no me acaban de convencer (recuerdo su desastroso Rigoletto televisado, por ejemplo), pero anoche se marcó tres intervenciones excepcionales en las que estuvo francamente bien, sin forzar ni colorear artificialmente en exceso los graves y con ese brillo de timbre tenoril que le queda y que hace que nos regale sonidos que enamoran.
Nemico della patria, de Andrea Chénier (Giordano), Pietá, rispetto, amore, de Macbeth (Verdi) y el dúo de La Traviata (Verdi). Sin que sea pasión de fan, lo digo de corazón: antológicas. Terminó con un bis de Luisa Fernanda de Moreno Torroba (Por el amor de la mujer), ya agotado y sin lucirse.

En el dúo de La Traviata lo acompañó Maite Alberola (que empezó rasgando pero se entonó enseguida e hizo una Violetta sensacional). Y entre sus intervenciones salieron Luis Cansino a hacer una arietta de Falstaff (gracioso) y Bruno Praticò a destrozar una de la Cenerentola. Lo más comentado fue que parecía que competían a ver cuál de los dos estaba más gordo. Porque joder, señores, que parecía patrocinado por Biomanán, no se trata de estar figurín, pero esos kilos son ya problema de salud.

En fin, que la segunda parte de este Tríptico fue estupendo, muy bien señor Domingo, muchas gracias.


Descanso y... Gianni Schicchi de Puccini.

Otra ópera a la que también hay que saberle sacar el jugo y en la que la orquesta (dirigida por Giuliano Carella) empezó también un poco remolona.
Pero aquí no pasa como con Goyescas, tan delicada, tan endeble. Gianni Schicchi tiene tanta entidad que sólo la obra en sí puede con todo: te envuelve la gracia del argumento y la fuerza de una partitura que no deja de sorprender.

Si además los intérpretes están bien, mucho mejor.
Nicola Alaimo hizo el papel protagonista sin excesos cómicos y con voz más que suficiente (y también kilos, qué barbaridad, cómo está de orondo el señor).
Maite Alberola cumplió con creces, destacando en el aria.
Secundarios de los de decir "qué gusto": Elena Zilio, Vicente Ombuena, Eliana Bayòn (deliciosa voz), María José Suárez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Valeriano Lanchas... todos bien e interpretando de manera cómica pero sin pasarse.

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¿Algún lunar?
Ay, pues sí.
Albert Casals (que cantó tres frases en Goyescas) promete: tiene -aparte de buena planta- una voz bonita y bien proyectada durante las frases aisladas, pero cuando le tocó abordar el aria "Firenze è come un albero fiorito" no pudo con ella. Se ahogó, lo pasó fatal, no llegó y hasta galleó al final. Y lo lamento, pero si se contrata a alguien para que cante el Rinuccio es para que pueda con ese aria y con el dúo final, en el que menos mal que estaba Maite Alberola. 
Pese a este lunar, un conjunto notable de cantantes.

La producción lleva el sello de Woody Allen. No se esperen genialidades ni originalidades. Tiene un par de detallitos que se salen de lo normal (la actitud de Lauretta, que es una zorruscla, el final, o cómo camuflan al pover Buoso) pero en conjunto es una puesta muy tradicional. Ah, sí, salen unos títulos de crédito iniciales con nombres graciosos en italiano.

Lo que digo, que al final la que triunfa es la ópera, y de Gianni Schicchi se sale (casi) siempre con una sonrisa y aplaudiendo mucho. 

Tercera parte del extraño Tríptico: Gianni Schicchi de Puccini: Muy bien.


Enrique Granados
Goyescas
María Bayo, Andeka Gorrotxategi, César San Martín, Ana Ibarra, Albert Casals
Guillermo García Calvo

Concierto Plácido Domingo

Giaccomo Puccini
Gianni Schicchi
Nicola Alaimo, Maite Alberola, Albert Casals, Elena Zilio, Valeriano Lanchas, Vicente Ombuena, Bruno Praticò, Eliana Bayón, Luis Cansino, María José Suárez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Federico de Michelis, Francisco Crespo, Darío Barón, Gabi Nicolás.

lunes, junio 15, 2015

Fidelio... regulín regulán

 
Fidelio, de Beethoven, en el Real.
Bueno, no es una ópera que me maraville, precisamente, pero si los elementos artísticos son buenos, puede salir muy bien, como aquella función con Barenboim y Deborah Voigt pre-adelgazamiento que hizo saltar chispas.
Pero ayer por la tarde yo diría que todo fue correcto (algunas cosas menos que otras), etuvo bien,  pero fue una función sosa, sin sangre.


La orquesta a cargo de Harmut Haenchen cumplió, pero estuvo algo comodona, más mozartiana que beethoveniana... hasta el intermedio del segundo acto, donde cogió brío y se salió.

Hay que decir que el intermedio del segundo acto consistió en la inclusión de dos movimientos de la 5ª sinfonía de Beethoven (en una tradición que yo desconocía de que el autor indicó los fragmentos que se podrían intercalar, según me contaron ayer mismo), y si eso no anima... mal vamos. Pero ya digo yo que se podrían haber animado al principio de la ópera, ¿no? Sí, orquesta bien, in crescendo.


La Leonore, Adrianne Pieczonka. Muy buena, hacía tiempo que no la escuchaba (creo que desde el Don Carlos del Liceo hace ya ¡8 años! La voz sigue teniendo un timbre muy bonito, extensión y ha ganado en amplitud. Tuvo momentos muy muy buenos. ¿Qué le faltó? Ese par de pepinazos en los agudos que nos tienen que dejar secos en la butaca. La mejor.

Muy buena también la Marzelline de Anett Fritsch, muy ajustada a papel, creciéndose a medida que avanzaba la ópera y muy buena en los números de conjunto. Me gustó.


Franz-Josef Selig fue el triunfador masculino con un Rocco impecable, autoritario, rotundo.

Correctos los prisioneros y el Don Ferrando de Goran Juric. Un poco más flojo el Don Pizarro de Alan Held y discretito el Jaquino de Ed Lyon.


Y llegamos a Florestan, Michael König. Ay. Correcto, mantuvo el tipo pero me resultó angustioso, muy al límite, con esa sensación de que no va a llegar, de que va a pifiarla en cualquier momento, y desde luego sin brillar. Esforzado, pero chungo.

El coro, muy bien. Conmovedor en la escena de los prisioneros y con energía en la escena final.


La producción era la de Les Arts de Valencia, que me habían dicho que era espectacular y con unas proyecciones en 3D estupendas.

Bueno, vamos a ver. La producción es básicamente el escenario vacío (con tres elementos de tortura en el primer acto para que nos creamos que estamos en una cárcel) con una gasa delante que recibe las proyecciones. Dichas proyecciones consisten en coger un par de modelos de Autodesk 3DsMax y hacerlos girar. Punto. De espectacular nada, y te lo digo yo que con mi churri hacíamos eso mismo con el pc de casa hace diez años. Punto a favor en la escena de la mazmorra, que ahí sí que se lo curraron bien, con las proyecciones 3D sumergiéndonos en las profundidades y un decorado muy apropiado. Esa escena muy bien, el resto, ni fu ni fa.


Movimiento escénico de "entro, me paro, canto y me voy", con especial momento sangrante en la escena final, con el coro plantado como si estuviéramos en un concierto. Que no es cuestión de ponerles a bailar cancán, vale, pero chicoooo, dejarlos de plantón...

Lo mezclamos todo y... síiii, hay cosas que bien, hay cosas que muy bien, pero en global... ay, se me quedó sosita la tarde. Pichís pichás, regulín regulán.


Ludwig van Beethoven
Fidelio
Teatro Real, Madrid
Domingo, 14 de junio de 2015
Adrianne Pieczonka, Michael König, Franz-Josef Selig, Anett Fritsch, Alan Held, Goran Juric, Ed Lyon, Enrique Lacárcel, Carlos García-Ruiz
Hartmut Haenchen, Pier' Alli



miércoles, abril 22, 2015

Irina Lungu, Traviata en Madrid

 
El tiempo en Madrid estaba inestable ayer. Al sol te cocías de calor, pero había unas nubes que iban y venían y a ratos hacía un pelete que si te descuidabas te quedabas helado.

Así empezó La Traviata de ayer en el Teatro Real: con una producción árida, unos cantantes muy rígidos que no acababan de despegar y un público frío no, gélido. 

Pero casi terminando el primer acto ocurrió el milagro de la mano (mejor dicho, de la voz) de la soprano Irina Lungu. En la cabaletta de cierre se relajó y se soltó la melena de una forma espectacular. A partir de ahí la función transcurrió rodando y fue a más, siendo una de las Traviatas (¿debería decir traviate?) más disfrutables que he vivido en directo.


Atención con la Lungu: ¡Qué señora! Fantástica. Sin dudarlo, la mejor Violetta que he visto en teatro, y he visto muchas.

Reconozcámoslo, empezó tensa. Nada más escuchar su voz (amplia, con peso abajo) me pensé: huy, ésta va a hacer unos buenos actos 2 y 3 pero las va a pasar canutas en el primero. Y no iba desencaminado: Correcta en el brindis, nerviosa en el dúo (estaban los dos como con miedo, mirando constantemente al director) y sin acabar de volar en el "ah fors'è lui", con unos agudos en piano de afinación un tanto discutible.

Pero chico, llegó el "Follie" y a Irina le pasó como a Violetta: se le pasaron los nervios y empezó a disfrutar. Y a hacernos disfrutar. Agilidades, potencia, seguridad, agudos, pianos... un auténtico recital. Y, como colofón, terminó el "Sempre libera" con el sobreagudo de rigor perfectamente dado.

Que mira que es difícil pero aunque no esté escrito es casi obligado. Hay cantantes que optan por no darlo, otras se quedan en un maullido, otras pegan el grito y que sea lo que dios quiera. Pues lo hizo bien, mantenido y brillante. El público despertó, ovación. Da rabia reducir la apreciación de todo el primer acto a un agudo. No es así. La Lungu ofreció una escena final global de muy alta categoría.

Y ya te digo, desde ese momento ya fue para arriba. Impresionante su segundo acto, donde estaba más cómoda por tesitura, dándonos lo mejor de sí. Ese "Amami Alfredo" a plena voz, por favor. Y, una cosa muy importante: es una de las cantantes que consigue la expresividad sólo con la voz, no necesita artificios dramáticos ni movimientos efectistas. Grande. 

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En el tercer acto siguió su ascenso, brindó una lectura de la carta de poner los pelos de punta, un "Addio del passato" estupendo y terminó por conmovernos a todos. Estupenda es poco, de verdad.

Bueno, sí, ya me vale. Que La Traviata no es sólo Violetta y llevo ya un montón de párrafos hablando sólo de ella. Pero es que fue lo más espectacular de la velada. Y los reparos al primer acto los achaco a la tensión de ser su primera función, al ser la titular del segundo reparto. Estoy seguro de que con el chute de adrenalina de ayer las siguientes representaciones las bordará de principio a fin.


Su Alfredo es Antonio Gandía, al que hemos escuchado en este teatro en papeles menores y me suena de haberlo oído en alguna zarzuela. Buen cantante, correctísimo Alfredo, dio lo mejor de sí en los momentos en los que cantaba en forte, quedando la voz un poco desguarnecida en cuanto el volumen no era muy alto. Rigidísimo en el primer acto, se contagió del entusiasmo de su Violetta a partir del segundo y ya cogió vuelo. Opino lo mismo: era la primera función del elenco "alternativo". Imagino y espero que en las siguientes veladas vaya a más. No dio el agudo no escrito en la cabaletta, a mi parecer muy acertadamente.


Germont padre fue Ángel Ódena, que ha ido mejorando con los años. Cada vez que lo veo me gusta más. Voz autoritaria, sin fisuras, y muy buen fraseo. La interpretación pecaba de estatismo, no sé si por cuestión de la dirección artística o suya, que siempre lo he visto un poco pasmarote. Aún así, muy bueno. Ovación al final.

Cumplidores secundarios. Bastante buenos, es raro que no te cuelen un criado o un invitado a la boda de esos que dices "huy, de dónde lo han sacado". Correcta la Flora de Marifé Nogales (tampoco puede lucirse mucho la pobre, pero le sacó partido) y muy buena Marta Ubieta de Annina.

Hasta aquí el asunto del terreno vocal.


¿Y la dirección orquestal, a cargo de Renato Palumbo?
Pues muy buena, para mi gusto, aunque muy discutible también.

Nada más empezar se sabía que íbamos a evitar el chun-ta-ta chun-ta-ta de banda de pueblo. Bien, el preludio fue matizado e intenso. Después estuvo caprichoso con los tiempos (los tempi, para las ilustradas). Iba por lo general a mucha velocidad pero de repente hacía un paroncito, generalmente para ayudar a los cantantes, y luego seguía a toda tralla. En cuanto al tiempo estuvo pendiente de los cantantes en todo momento, aunque de vez en cuando se le iba la mano y atronaba en exceso. Al finalizar, división de opiniones entre mis amigos: a algunos nos gustó y a otros les pareció demasiado "original". Ah, estos tradicionalistas.

El coro. Ay, el coro. Ellos a tutiplén. Ellas que no se les entendía nada. Cumpliendo con su cometido, pero lo he visto en mejores noches.


 La puesta en escena de David McVicar es clásica y... tétrica, fría como un témpano: el suelo es la lápida de Violetta y cortinajes enmarcan las escenas. Todo, todo es negro, salvo los elementos de atrezzo: la cama, una mesa y unos sillones, que son blancos. Los cantantes están manejados con mucha inteligencia. No hay grandes "originalidades" escénicas, pero sí detallitos que denotan un trabajo de los personajes, sobre todo en el segundo acto, con esa escena del desprecio y la salida de Violetta toda digna en plan "chiedo in bontà di ritirarmi". No me ha gustado el movimiento de masas ni el ballet (el cancán durante el brindis o la bobería de la escena de los toreros, en la que directamente desconecté). Para los ultraortodoxos, ¡oh herejía! la acción se ha adelantado a finales del siglo XIX/principios del XX.


La ópera se da sin cortes, con todas sus repeticiones y con los dos intermedios de rigor. Se quejaba mi compañera de asiento (absoluta defensora de las puestas en escena tradicionales) de que había demasiados descansos y que uno a los 30 minutos era un exceso, que íbamos a salir a las tantas. Pero bueno, La Traviata tiene tres actos, con lo que debe haber dos entreactos, ¿qué quiere? ¿uno a mitad del segundo acto para dividir el tiempo que se está en el teatro en dos partes iguales? Absurdidades varias.
Vamos, que las funciones empiezan a las ocho y terminan, con aplausos y demás, sobre las once. O sea, COMO SIEMPRE.

Me comentaba un amigo que le daba pereza ir a La Traviata otra vez (tampoco se programa tanto en Madrid, no exageremos). A la salida estaba encantado. Como todos.


Giuseppe Verdi
La Traviata
Irina Lungu, Antonio Gandía, Ángel Ódena, Marta Ubieta, Marifé Nogales, Albert Casals, Fernando Radó, Alejandro González, Damián del Castillo, César San Martín.
Renato Palumbo, David McVicar
Teatro Real, Madrid, martes 21 de abril de 2015.

Página web del Teatro Real
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Foro Una noche en la Opera

martes, marzo 24, 2015

La Traviata de Dessay

 
Sábado por la mañana en casa, tareas del hogar y... ¡sí! una nueva sesión de Ópera+Plancha.

Dado que el mes que viene tenemos La Traviata en el Teatro Real de Madrid, se me ocurrió repasarme este título, que lo habré escuchado mil veces pero, precisamente por ello, no suelo elegirlo como opción de escucha.


Desde que hemos comprado en casa el dispositivo EzCast es supercómodo ver en la televisión cualquier vídeo desde Youtube seleccionándolo directamente con el teléfono o tablet, así que iba a comprobar qué tal una ópera entera desde Youtube.

¿Y qué Traviata escoger?

Pues mira, me puse a buscar traviatas en el Youtube y vi cuáles eran versiones completas, intentando ver una relativamente reciente, las alternativas eran la de Diana Damrau con Beczala en la Scala de Milán 2014 (que fue muy polémica, y con razón) y la de Natalie Dessay en Aix de 2011.

Pinto, pinto colorito... salió la de Dessay.


Traviata es una ópera de gran soprano, se necesita una voz plenamente lírica pero con cuerpo: el inicio del brindis, las grandes frases del segundo acto y todo el tercero requieren su rotundidad. Pero luego tenemos los gudos y agilidades del Sempre libera y ayyyy, hay que hacerlo todo, si no no vale y el público queda defraudado.

La trayectoria de Natalie Dessay ha tenido cambios importantes. Recuerdo sus inicios de soprano ultraligera (y tómese el ultra en el buen sentido de la palabra, porque era sensacional). Tengo por casa un cd de coloratura jilguero espectacular en el que no me transmitía nada de nada, y su grabación de Lakmé de Delibes, que me gustó muy poco.

Tras su crisis vocal y una operación que sufrió cambió su forma de cantar. Desaparecieron los ultrasobreagudos pero las notas altas las mantuvo y la voz, sin agrandarse (porque el instrumento no daba de sí) se asentó, cogió cuerpo y, sobre todo, profundidad. 

Pero lo más importante fue que Dessay empezó a imprimir vida a sus interpretaciones, y una entrega vocal casi visceral acompañada de una interpretación soberbia. Con sus limitaciones naturales, hizo lo que sólo las grandes saben hacer: llevar los papeles a su terreno, y convencer.

Así, impresionó durante la década de los 2000 con su Lucia, Celopatra, Ophélie o Manon.


Pero con el nuevo cambio de década la voz se resintió y para 2011, fecha en la que se estrenó en el papel de Violetta de La Traviata, la tenía ya bastante deteriorada.

Sin embargo, y como se puede ver en el vídeo, Dessay sigue siendo estrella. ¿Y qué hace? Suplir sus carencias con inteligencia. con interpretación verdadera: El primer acto lo sortea con dificultades, llega apurada pero decentemente al final del Sempre libera. En las partes más pesadas, en vez de agrandar la voz artificialmente lo que hace es una introspección del personaje: la voz es la que es, frágil y delicada, como su Violetta. Y así llega a un dúo con Germont notable y a sortear un tercer acto de manera digna.

¿Que no es vocalmente espectacular? Pues no. ¿Que no es un ejemplo de cómo se ha de cantar Traviata? Pues tampoco. ¿Que se le pueden poner muchos peros? Pues mira, sí. Pero es sincera. Está allí y ofrece todo lo que tiene.


A su lado, Charles Castronovo tiene una voz fresca y agradable. No debería soltar el do de la cabaletta, que le afea la actuación. Ludovic Tézier hace un noble Germont, aunque tremendamente monótono (también influye que nunca he soportado el Di Provenza, qué aria más aburrida, por favor).

Sobre la producción me dirás que últimamente estoy muy negativo, pero es que la cosa tiene perendengues. Y mira que a mí me gustan las transgresiones. 

Aquí te dejo el vídeo, hasta que lo eliminen, para que te hagas una idea.

La próxima sesión de ópera+plancha será Lucia, aviso. Me apetece.




lunes, marzo 16, 2015

Descubriendo a Antonenko

 
En mi pasada entrada acerca de la próxima temporada del Liceo de Barcelona, una amigable comentarista bonaerense se sorprendía de mi desconocimiento del tenor Aleksandrs Antonenko, e incluso lo ponía en duda.

En efecto, una vez más reconozco aquí mi ignorancia. Soy un simple aficionado y hace tiempo ya que no estoy al día en cuanto a los cantantes que encabezan los carteles durante los últimos años, ni de las novedades discográficas (que ya han pasado a ser casi sólo videográficas). Y sí, investigando, veo que el señor Antonenko es un habitual de los más celebrados teatros del mundo en sus últimas temporadas.

Dispuesto a cubrir ese vacío, en mi última sesión de "Ópera+Plancha" tuve a bien verme enterita la Tosca de Puccini de 2013 desde la Royal Opera House en Covent Garden de Londres, que se retransmitió en directo a pantallas al aire libre por todo el país (Gran Bretaña) y no sé si vía internet.


Y allí estaba él, Aleksadrs Antonenko, haciendo el Cavaradossi.

Vamos a ver, en efecto es un tenor a tener en cuenta: la voz es poderosa, fuerte, el agudo está, tiene brillo, y verdaderamente puede con el papel. Ahora, no le pidas sutilezas. Sé que es muy fácil decir esto de las vozarronas tipo eslavo pero es cierto: lo suyo es torrente y fuerza bruta.
No obstante, muy buen Cavaradossi.

Además, creciéndose al lado de Martina Serafin, una Tosca de muchos quilates.
Scott Hendricks de Scarpia ya sí que estuvo algo más flojito.
Correcta la dirección de Daniel Oren y una producción clasicota fea fea fea de narices.



No he encontrado vídeo embebible (en cierta página rusa de dudosa legalidad está el vídeo completo), pero aquí tenemos a Antonenko en el mismo papel, en la Arena di Verona:


Después de la Tosca me vi unos fragmentos de una Carmen desde el Met en los que confirmo la experiencia pucciniana: gran voz pero rigidez en el canto. Otra producción fea feísima, por cierto.


Así que tenor dramático spinto por el momento, capaz de abordar los papeles de gran repertorio sin problemas, e intérprete ideal para el Otello verdiano, donde puede brillar mucho más.

Visto el Antonenko, pues. 
Me tengo que poner a revisar vídeos actuales de ópera para no quedarme estancado en lo de siempre pero ay, es que me da una pereza...


jueves, marzo 05, 2015

El Público. Ópera con manual de instrucciones.


El Público, ópera de Mauricio Sotelo basada en la obra de teatro de Federico García Lorca, estreno mundial absolutísimo en el Teatro Real de Madrid.


Uno va completamente virgen, sin haber leído crítica alguna ni las cinco páginas de comentarios iracundos (ya sean a favor o en contra, todos son hiper-rabiosos, qué les echarán en el colacao) del foro de internet de rigor.

Me leo, eso sí, el programa de mano y busco por ahí referencias acerca de la obra de Lorca (de Federico, que dicen las marisabidillas). Bien, estamos ante teatro surrealista, plagado de simbología y metáforas por todos lados. De muy difícil digestión si no se estudia a fondo. Pero con lo leído creo que voy, por lo menos "un poquito" preparado: he entendido un par de ideas clave y espero poder disfrutar del espectáculo.


Pero ¡ay!, entre el libretista y el director de escena parece que me lo quieren poner difícil. Está visto que han dicho: Hola, soy una ópera rara, no te vas a enterar de nada y además yo voy a hacer todo lo posible para que lo poco que captes también te confunda.

Sinceramente, hace falta un libro de instrucciones o un master en imaginería lorquiana para conseguir sacarle el jugo a esta ópera. Porque las dos ideas que tenía claras antes de entrar en el teatro sí que las veo reflejadas, pero el resto... hay que echarle valor.

A mí me recuerda a los libros de Ediciones Cátedra, que tenían más notas al margen que texto en sí. Con El Público haría falta una edición así, con notas que te explicaran una a una cada frase.


La música, la música, que es ópera, hay que hablar de la música.

Ante mi absoluto desconocimiento de por dónde van los tiros en la música contemporánea (tomando como música contemporánea lo que se hace en 2015) sólo puedo hablar de sensaciones, de lo que me ha provocado a mí. Por lo menos no estamos en el clásico chiu-chiu-chiu-chiu pom-pom-pom-porrom (cuerdas disonantes seguidas de golpes de percusión, para que no se me acuse de inconcreto) constante de tantas obras modernas. Aquí hay profundidad, planos sonoros evocadores, música descriptiva. Creo que el autor ha conseguido meterse dentro de la obra. Ya ves tú que la inevitable ausencia de melodía no me resultó molesta. Es destacable el uso del flamenco (que queda muy bien y viste mucho para venderlo fuera) y su mezcla con la música "contemporánea". Alabar debo la intervención de la orquesta a cargo de Pablo Heras-Casado, creo que ha sabido defender la partitura e incluso ahondar en ella.


En el debe, el tratamiento de la parte vocal. Uno ya se espera, como ya he dicho, que no exista melodía alguna y que los cantantes vayan saltando por los intervalos de manera casi cómica. ¿Es necesario? Porque vamos, todas las líneas vocales de las óperas nuevas son iguales. De hecho, cuando en el descanso me encontré a un conocido en la cola del baño lo saludé cantando con cuatro notas que fueron muy celebradas por mi acompañante, diciéndome que bien podrían haber pertenecido a la ópera. Los dos grandes dúos de la ópera me resultaron bastante peñazo, por decirlo suavemente.


Sin embargo, las partes vocales de los cantaores y de Julieta estaban tratadas con mucho más mimo. También las intervenciones corales tuvieron algo más de chicha. El autor dice que se ha basado en relaciones numérico-simbólicas y proporciones armónicas para hacer la partitura. Pues hombre, un poco menos de matemática en las líneas de canto y, para mi gusto, habría mejorado mucho.


Los cantantes han defendido muy bien sus papeles. José Antonio López, a quien sólo conocía de zarzuela, sale muy airoso del papel principal, y destaco también a Thomas Tatzl, Antonio Lozano e Isabella Gaudí (impresionante en su larguísima aria). El resto también a un nivel notable. No se pueden olvidar los dos cantaores, totalmente entregados.
La ópera se hace larga, la hora y cuarenta de la primera parte pesa. Pero está claro que el descanso no puede ponerse en otro lado. Escapada de público, pero tampoco muy escandalosa. Pongamos que todos los de la zona alta del teatro pasaron a ocupar butacas en el centro. Y luego en la segunda el dúo final entre el prestidigitador y el director se vuelve eterno y aburrido.



La puesta en escena es aparentemente rigurosa con el texto. Un poco en plan "mira qué raros somos", pero vamos: si en la obra se dice que hay un cristo, sale un cristo. Los caballos son caballos, el mago un mago, el pastor es un pastor y si uno sale con un traje de cascabeles, se ven (modelito Priscilla reina del desierto). Que ya no te enteres de la misa la media de lo que hacen es otro cantar.

Muy buena la coreografía de los caballos. Muy convencional cuando no se trataba de estos personajes.


Luego están los decorados, en general el escenario absolutamente vacío con unos biombos pintados, unas luces formando el laberinto del comecocos o dos espejos, que ayudan a que si queríamos enterarnos de algo lo llevemos bastante crudo. Sólo una proyección en plan cine mudo da un aire de comprensibilidad al montaje.

En fin, creo que llevo escritos ya un montón de párrafos y ni yo mismo tengo claro qué he transmitido. Quizás sea como la propia ópera "El Público".

No puedo terminar sin hacer una comparación con la Ainadamar de Golijov que tuvimos hace un par de años y medio en este teatro. Creo que con esta última frase voy a ser muy descriptivo: Si Ainadamar era la ópera al aire libre, El Público es la ópera bajo la arena.


Página web del Teatro Real
Foro iracundo
Programa de mano


Mauricio Sotelo
El Público
Libreto de Andrés Ibáñez sobre la obra de Federico García Lorca
José Antonio López, Thomas Tatzl, Arcángel, Jesús Méndez, Isabella Gaudí, Josep Miquel Ramón, Antonio Lozano, Gun-Brit Barkmin, Erin Caves, José San Antonio, Rubén Olmo, Cañizares, Agustín Diassera
Pablo Heras-Casado, Robert Castro
Tetaro Real, Madrid.
Miércoles 4 de marzo de 2015

Nota: ¿Por qué han quitado más de la mitad de los sillones y mesitas del salón de la sexta planta del Teatro? ¡Qué estrés!


Mira

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