lunes, febrero 27, 2017

La Ciudad De Las Mentiras (Buh Buh Land)


Estreno mundial.
La Ciudad De Las Mentiras, de Elena Mendoza, en el Teatro Real.
Ay.

Pues bien, cuando uno va a un estreno de ópera se puede esperar cualquier cosa, así que hay que ir con la mentalidad abierta y dispuesto a dejarse sorprender.

Lo lamento, mi conocimiento de la música contemporánea del siglo XXI es NULO. Puedo observar con curiosidad, pero no me pidan que entienda o que analice. No soy capaz. Todo lo más que puedo hacer es plasmar mi experiencia de espectador pequeñoburgués.

Y, como experiencia, fue un rollo.

Ignoro cuáles son los derroteros de la composición actual, pero lo que yo oí el viernes pasado era algo no me llegó lo más mínimo. Invito a todos los que lean esto a que escuchen esta ópera y me digan cuán inculto, retrógrado e inmovilista soy.

Lo único que me resultó inetresante de la partitura fue el tema de la percusión. Sí había moméntos rítmicos muy conseguidos, especialmente cuando se utilizaban objetos comunes como instrumentos: fichas de dominó, bandejas, cubiertos, una coctelera... Rítmicos. Porque lo que es armónicos o melódicos cero, no vi nada.

Vocalmente... sí, había cantantes... que hablaban. Mucho. Y de vez en cuando alguno intentaba algo parecido a cantar... pero enseguida se acordaba de que eso no podía ser y finalizaba la frase hablando.

Por otra parte me jodió la supuesta intención de ser rompedor o supermoderno al coger unos textos que sobre el papel daban mucho juego y desestructurarlos de tal manera que se hagan incomprensibles. ¿Cuál es el motivo? ¿La provocación? Bueno, el arte es eso, ¿no?

El decorado era bastante atractivo estéticamente, con varias estancias interconectadas por escaleras. Nota cutre: en un momento, una de las cantantes va soltando su velo de novia desde lo alto de una almena (cual Rapunzel con la trenza, pero en canoso). ¡Se veía la cabeza del tramoyista que lo estaba haciendo!

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Llegué al teatro tranquilo, descansado, despierto y perceptivo.
Y así empecé a ver y escuchar.
El problema surgió a partir de los... 40 minutos de obra.
Comenzó un goteo incesante de público que se levantaba y se iba.
Repito: incesante.
Cuando llegó un momento en el que había perdido totalmente la concentración en la ópera, me daba igual como siguiera y mi atención se iba en ver quién se levantaba, hice lo propio. 
No tengo alma de masoquista y, francamente, me importaba un pimiento lo que estaba viendo. Me parece mucho más irrespetuoso aguantar porque sí que irme. 
Creo que me perdí unos 20 minutos de función.
Intenté salir lo más sigilosamente y sin molestar posible, aunque el ruido de la puerta me delató.

Oye, ¡Y qué cosa da salir de la ópera y que el Primark de Gran Vía siga abierto!


La Ciudad De Las Mentiras
Elena Mendoza
(basada en relatos de Juan Carlos Onetti)
Katia Guedes, Anne Landa, Anna Spina, Laia Falcón, Graham Valentine, David Luque, Michael Pflumm, Tobias Dutschke, Guillermo Anzorena, Íñigo Giner Miranda, Miguel Pérez Iñesta, Martin Posegga,  Mattias Jann, Erik Borgir, Wokciech Garbowski, Ana Bercianos.
Titus Engel, Mathias Rebstock.
Madrid, Teatro Real. Viernes 24 de febrero de 2017.

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miércoles, febrero 08, 2017

Billy Budd en el Teatro Real


Con Britten siempre me pasa lo mismo: Sus óperas se me hacen muy cuesta arriba al principio, pero luego llegan a un punto de inflexión en el que de golpe todo se precipita y quedo totalmente atrapado por música, argumento y conjunto.

Y con Billy Budd no ha sido una excepción. El inicio de la ópera se me hace pesadísimo, con ese ñiñuñiñu y esos medio recitativos / medio ariosos que sirven para presentar a los personajes y la acción. Hasta que todo explota, cobra cuerpo y ya no puede uno desviar la atención.



Porque la música de Britten es tremendamente descriptiva y acompaña perfectamente al libretto, que de por sí tiene muchísima fuerza. Fuerza, sí, pero... ay, hay un par de cosillas que se me quedan con flecos en esta ópera.

La primera es el propio personaje principal, Billy. Lo siento, pero no me logra transmitir esa fascinación que debería. No entiendo por qué todo el mundo lo adora, no me llega su ingenuidad, que veo un poco forzada. veo al capitán Vere mucho más elaborado psicológicamente hablando. De hecho, la ópera es su conflicto, no el de Billy.

Y el otro fleco es la actitud del maestro de armas, Claggart, respecto a Billy, que es la chispa que enciende el drama. Claggart está obnubilado con Billy, siente una atracción malsana hacia él, fantasea con el muchacho... y de golpe y porrazo pasa a odiarlo y a jurar destruirlo. Así, sin más, en un momento super escueto. Se me quedó todo como un poco precipitado.

Pero bueno, a partir de ese momento, que es el conflicto principal de la obra, todo va sobre ruedas y los acontecimientos se precipitan hasta un final demoledor.


Y hay que decir que el Teatro Real ha puesto en escena una producción de muy alto nivel.
La orquesta a cargo de Ivor Bolton, adecuadísima y pendiente de todo. No le puedo poner peros porque tampoco estoy muy ducho en Britten, pero vamos, que fue capaz de lograr una escena de la batalla naval totalmente rotunda y luego un aria de despedida de Billy que ponía los pelos de punta. Muy bien.

El coro, masculino y con refuerzos, estupendo. Apropiado en cada momento, desde el murmullo a lo más fuerte (sin necesidad de gritar). Muy pero que muy bien.

Y luego el reparto, más que competente. No es que sea de campanillas, pero cumplió con creces. A Jacques Imbrailo le falta un pelí de brillo en el timbre pero consiguió embobarnos y hacer creíble su Billy con mucha capacidad de matiz. En el segundo acto estuvo sobrecogedor. Lo mismo que le pasa a Toby Spence. A la voz le falta sólo un puntito para decir "joé qué maravilla", pero igual que Imrailo, su capitán Vere interpretativamente estuvo de 10. Y para comérselos con patatas a ellos y a todos los que tuviera delante, el demoledor Claggart de Brindley Sherratt, con una voz potente, timbrada, plena, ideal para el personaje.

A su lado, un muy buen grupo de secundarios, sirviendo perfectamente sus personajes.


Y llega el momento de mencionar a la otra gran protagonista de la velada, la directora de escena Deborah Warner, que nos demuestra que tiene un auténtico sentido dramático y que con ayuda de iluminación y muy pocos elementos (3 plataformas en el suelo del escenario y unas cuerdas) se puede conseguir reflejar a la perfección el barco Indomable. Tiene unas cuantas escenas absolutamente memorables, como la de las hamacas donde se hacinan los marineros mientras los oficiales están por encima, la recreación del camarote del capitán y las brutales batalla naval y amago de motín (bestiales, en serio). Se va a grabar un vídeo de estas representaciones. Desde luego merecerá la pena. 

Ah, para los amantes de ver carne, el barítono Ducan Rock ¡se vuelve a quitar la camiseta venga o no a cuento! enseñando su potente pectoralia punto com.


Quien pueda conseguir una entrada, de verdad que vaya, que al principio le puede costar, pero luego saldrá encantado. Al menos todos los amigos con los que coincidí (y que no se fueron en el entreacto, que también hubo, ehhhh) opinaron lo mismo.

Me he quedado con ganas de ver la película La Fragata Infernal, basada en el mismo relato, y que todos dicen que es buenísima. A ver si la consigo (y consigo el tiempo para verla).
Bien por el Teatro Real. Muy bien.


Benjamin Britten
Billy Budd
Jacques Imbrailo, Tobey Spence, Brindley Sherratt, Thomas Oliemans, David Soar, Torben Jürgens, Christopher Gillett,  Duncan Rock, Clive Bayley, Sam Furness, Francisco Vas, Manel Esteve, Gerardo Bullón, Tomeu Bibiloni, Borja Quiza, Jordi Casanova, Isaac Galán.
Ivor Bolton, Deborah Warner.
Teatro Real, Madrid.
Viernes, 3 de febrero de 2017


lunes, noviembre 21, 2016

Clemenza entera


Si hace cuatro años me quedé en media Clemenza di Tito por una súbita indisposición (porque yo si me encuentro mal me voy del teatro, no hago sufrir a los espectadores aledaños los efectos de mis dolencias como tantos Violettos/as tísicos que andan por ahí), en esta reposición he podido asistir a la Clemenza mozartiana completa, con sus dos actos.

Siendo sincero, y sin dejar de reconocer que La clemenza di Tito es una ópera que de siempre me ha parecido un tostoncete (elegante, pero muermo), esta vez me he conseguido meter más dentro de la obra y ha llegado a sorprenderme mucho. No hay un aria o fragmento musical que se me quede en la cabeza después de escuchada, pero el conjunto en sí me ha envuelto y me ha resultado muy interesante.

¿Y qué ha contribuido a ello? Pues una interpretación muy adecuada, un trabajo de dirección escénica estupendo y... ópera en domingo a las seis de la tarde, o sea, descansado, relajado y dispuesto a disfrutar, claro.

Cristophe Rousset lleva a la Orquesta del Teatro Real a un terreno quizás excesivamente brioso para Mozart, pero manteniéndose en estilo. En el segundo acto la cosa ya se reposó (quizás en exceso, pero la partitura no es que sea el colmo de la animación. La verdad es que sonó muy bien. 

Asistí al estreno del segundo reparto. Muy competente. 
Bernard Richter es un Tito lírico con volumen y agilidad. Comenzó con ciertas desigualdades de emisión pero se asentó pronto. Y en el segundo acto resolvió estupendamente su gran aria. Muy bien.
Maite Beaumont: esforzadísimo Sesto, dándolo todo, muy bien.
Yolanda Auyanet: sorprendente Vitellia. Y digo sorprendente porque a esta chica no la escuchaba yo desde hace casi dos décadas, cuando cantó jovencísima una Traviata en la Zarzuela, doña Francisquita y la Sophie de Werther en una gala. Y aquella voz ligera ha ensanchado naturalmente, sin artificios, sin entubar, sin vibrato molesto. Y ayer compuso una Vitellia de ole, señores, qué bien.
Anna Palimina, (mata al figurinista, mátalo) adecuada Servilia, bien.
Guido Loconsolo tiene una presencia imponente y cumplió, muy bien por abajo, como Publio.
Y finalmente otra sorpresa, Sophie Harmsen, un Annio con una de esas voces penetrantes que se comía a todo el que cantara a su lado. Excelente.
Mención especial para el coro, muy bien, y al efecto de cambiarlo de lugar al final del primer acto, muy teatral.

Gran parte del interés de esta representación es la dirección escénica. Aquí se han cuidado los recitativos al máximo, dándoles toda la expresividad que necesitan. Una maravilla de trabajo. Los cantantes no están estáticos, pero tampoco se mueven sin ton ni son, todo tiene su intención, su finalidad. El escenario, una estancia única con tres puertas que se abren para crear perspectivas, es suficiente mientras lo que ocurra en ella tenga sentido. Sí, el segundo acto se resintió de un cierto estatismo y menos imaginación escénica, un toquecillo de atención.

He leído en críticas quejas sobre el exceso de luz en el escenario tan blanco, bastante cegador. A mí no me molestó, pero un par de amigos lo pasaron fatal.

En resumidas cuentas, muy buena función en la que se puso toda la carne en el asador en el primer acto y en el segundo se moderó, pero siguió a muy alto nivel gracias a los solistas. 

Al final, ovación para todos, especialmente para Maite Beaumont (Sesto) y Bernard Richter (Tito). Grandes aplausos para la dirección musical y orquesta y para la dirección escénica (que al ser estreno de segundo reparto también salieron).



Yo ya me he echado un nuevo enemigo de compi del público: el señor de atrás (el que en la Norma soltó lo de "prefiero la Callas" y estuvo tosiendo toooooda la función). No para de pontificar y, por si alguno de los de alrededor nos hemos perdido alguna de sus sentencias, las repite varias veces. Ayer era contra la dirección escénica. Luego tenemos cerca a la señora simpática que se toma unos vinitos antes de ir a la ópera, dejando un ambientillo festivotabernario muy propio. Y de la simpática pasamos a la que nunca saluda y que ayer se negó a pasarse una butaca más al centro para que los del extremo pudieran ver "un poquito" mejor. Ya ves tú, la que cuando tenía el abono una fila más baja y más escorada no esperaba a que se apagara la luz para saltar por encima de las rodillas de todos si veía un sitio más céntrico libre. Supongo que todos tenemos más o menos controlados a los compañeros de zona de abono. Yo sé que me muevo mucho (las rodillas no me caben, jopé), los de delante se hacen arrumacos obligándonos a todos a mover la cabeza a un lado o a otro cuando les da el arrebato romántico, están los que hablan (afortunadamente poco), los marisabidillos que forman grupos de expertos que taponan la puerta... Y ayer... algo pasó. Algo grave, algo gordo, algo intenso. A alguien le sentó realmente mal la comida, porque en un momento dado oí unos murmullos y gestos de disgusto a unos metros a mi derecha. Y a los dos segundos me llegó. Un olor de esos de cuando las tripas te dicen que no deberías comer ciertas cosas. Fuerte, intenso, redondo en boca y con retrogrusto cloacal. Menos mal que duró poco. Anécdotas de espectador.

A las nueve de la noche, tras tres horas en el teatro, fin de la representación y todos a la lluvia de Madrid. Mira, llevo tres óperas esta temporada, en las tres me ha tocado segundo reparto y oye, me está gustando bastante por el momento. Que siga así.


Wolfgang Amadeus Mozart
La Clemenza Di Tito
Bernard Richter, Maite Beaumont, Yolanda Auyanet, Anna Palimina, Sophie Harmsen, Guido Loconsolo.
Christophe Rousset, Ursel y Karl-Ernst Herrmann
Teatro Real, Madrid.
Domingo, 20 de noviembre de 2016.


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lunes, octubre 24, 2016

Mira, o Norma

Norma de Bellini en el Teatro Real de Madrid.


Primera función del segundo reparto, o sea, el re-estreno.
Allá que vamos todos con ganas de disfrutar el viernes por la noche, con el teatro hasta arriba de gente expectante, porque el título es emblemático.
Como yo cambié mi función del Otello es también mi rentrée, o sea que saludos, abrazos y besos por doquier.

Empieza la ópera y... oh, esa obertura, pero qué bríos, ¿no? ¡¡¡Que esto es belcanto puro y duro, oiga!!! Sale el coro y lo mismo, mucho griterío. Llega Pollione y... ¡eh! ¡He dicho Pollione, no Turiddu! Tuvo que aparecer Norma para calmar los ánimos, poner las cosas en su sitio y asentar la representación.

Porque el primer acto fue muy tenso, muy nervioso, muy poco belcantista. Menos mal que salió Angela Meade a poner orden. ¿Reservona, según decían los más críticos? Contenida, diría yo. Y nos ofreció un trío final de acto de agárrate a la barra que te caes. Muy buena.

Porque el segundo acto ya fue otro cantar. Exactamente eso, cantar. La orquesta se suavizó y se metió en situación. A Roberto Aronica se le pasaron los nervios y encajó en el estilo. Y la señora Meade se soltó las rastas de la melena y nos ofreció una Norma rotundísima. Potente, valiente arriba y, lo mejor, con cuerpo abajo. Es verdad que el timbre no es de los más bonitos y que le faltó expresividad, pero estuvo soberbia. También esos ciento y pico kilos de soprano subiendo y bajando escaleras no es para esperar muchas florituras expresivas.

¿Resultado? Pues una ópera irregular al principio, que fue a más y acabó estupenda.


¿El problema? Que es un papel tan exigente que todas las referencias discográficas son de sopranos no-va-más, y claro cualquier representación en directo palidece ante una Sutherland, Sills, Caballé o Callas. Pero señores, al teatro hay que ir a ver, no a comparar. No me hagan como el señor de atrás quien, aparte de pasarse la función entera tosiendo y carraspeando, cuando terminó el Casta Diva soltó un "Prefiero la Callas" en el clásico volumen de voz suficiente como para que todos los que estemos a su alrededor nos diéramos cuenta de lo imbécilmente entedido que era.

Vamos, que si se pulen un poco con el rodaje de las funciones, este segundo reparto de la Norma del Real puede dar muchas satisfacciones. Meade como Norma, buenísima. Aronica un Pollione muy descontrolado al principio que se fue asentando. Veronica Simeoni fue una buena Adalgisa, pero la voz se le iba atrás cuando subía, un poco irregular. Orfila correcto Oroveso, eché en falta más poderío. Buena Maria Miró como Clotilde y estupendo Antonio Lozano en el breve papel de Flavio, qué voz más bonita y sonora. En conjunto, muy buenos solistas. ¿Que se les pueden sacar fallos? Pues sí, pero sacan adelante la obra con solvencia.

Roberto Abbado tiene que decidirse si quiere hacer un Puccini, un Verdi o un Bellini. Se va aclarando en el segundo acto, dejando un poco el chimpón a un lado. Y el coro lo mismo.


Ahora toca el palo a la regie.
Ay, señor, señor. Empieza bien: unas columnas hacen de bosque, ayudadas por proyecciones de árboles sobre el telón gasa. Trajes de época (aprox.) y luego una estructura gigantesca central que es un árbol (o el coxis fosilizado de un brontosaurio) y que sirve tanto de altar como de casa de Norma o pira funeraria, porque se hace omnipresente. Vale, lo aceptamos. Pero se queda un poco soso en el centro del escenario tan grande del Real. Y el colmo viene con unas proyecciones ultracursis de títulos de crédito de telenovela barata con imágenes de los cantantes: Pollione besándose con Adalgisa, Pollione luchando, Norma sufirendo, los niños durmiendo, una especie de escudo... una horterada en toda regla. Y con todo, los movimientos de los cantantes siguen la escuela clásica y rancia del "salgo, me paro, canto, me voy". Afortunadamente con esta ópera (y con tantísimas) es fácil obviar la puesta en escena.

Ya se sabe que yo soy de fácil contentar pero, sinceramente, creo que merece la pena acercarse a esta Norma y, por lo que me han dicho (y van dos) mejor el segundo reparto que el primero con Agresta y Kunde. 



Vincenzo Bellini
Norma
Angela Meade, Roberto Aronica, Veronica Simeoni, Simón Orfila, Maria Miró, Antonio Lozano.
Roberto Abbado, Davide Livermore.
Teatro Real. Madrid, viernes 21 de octubre de 2016.




lunes, septiembre 26, 2016

Otello de Verdi en el Teatro Real


Inauguramos la temporada 2016/2017 con Otello de Verdi. Biennnnnn, porque es un operón que me gusta bastante.

¿Y con qué me he encontrado?
Mmmmm, pues comme ci comme ça, unas cosas sí y otras no.
Digamos que fue todo de menos a más. El primer acto fue un poquito... cómo decirlo... monótono, como hecho de carrerilla, y joer, el Essultate! y el dúo de amor tienen que ponerte la piel de gallina. Afortunadamente las cosas mejoraron a partir del descanso y en concreto el 4º acto sí que fue muy bueno.


Y ahora voy parte por parte empezando por lo que más me gustó: la soprano Lianna Haroutourian. Una voz potente, con graves, timbrada y bella. Le falta vocalizar (porque al principio no se le entendía nada) e implicarse un poquito más interpretativamente. Pero vamos, para mí estupenda. Además fue de menos a más, llegando a un cuarto acto memorable.

El Otello de Alfred Kim estuvo apañao. Pegaba los bocinazos y las notas que tenía que dar, pero en el terreno expresivo, ay, sólo existió a partir del tercer acto, y Otello es un personaje que tiene que ser muy matizado. Rutinario en los dos primeros actos, nejoró mucho en los finales de los dos últimos.

En conjunto como pareja funcionaron en la segunda mitad, que el dúo de amor inicial del primer acto les quedó soso.

Seguimos: Iago. Ángel Ódena. Opta por adecuar al personaje a su vocalidad y lo lleva al terreno más sibilino, apianando todo lo que puede, es el conspirador en la sombra... pero demasiado en la sombra. Me faltaron momentos de rabia. Actoralmente muy bien.

La orquesta: A Palumbo le gusta la obra, y lo demuestra metiendo toda la tralla que puede, ahogando en muchas ocasiones a los cantantes. Todo bastante empastado y sonando bien. El acto final muy bueno. Buena intervención del coro, mejor (al menos para mi oído) las voces agudas que las graves, un poco perdidas al inicio. 

Notables los comprimarios masculinos Esteve (Roderigo), Radó (Ludovico) y Galán (Montano, heraldo).

Hasta ahí lo bueno/apañao.

A la Emilia sólo se la oyó en la última escena, y al Cassio en ninguna.

Y la puesta en escena... fea, aburrida y muy poco original.

¿Cuántas veces habremos visto ya el típico edificio/palacio en semi-ruinas que sirva para todo?
Y todo gris, para que resalte el feísmo. Pero, sobre todo, CUTRE. ¿En qué teatro supuestamente de primera se puede consentir que las paredes se tambaleen cuando alguien las toca o cuando tienen que abrirse para dejar un hueco libre? Ni la compañía de la antigua URSS más chabacana, vamos.

Lo del vestuario como de principios de siglo XX es obviable, ni llama la atención ni aporta nada, aunque lo de sacar a Desdemona vestida como de figurita de belén de Virgen María casi me hace soltar la carcajada.

El director ha querido dejar el peso escénico en la iluminación. Focos laterales van alumbrando a los cantantes de manera que proyecten las sombras en las paredes. Sí, es estético y efectivo... si no fuera porque esa búsqueda del momento estético hace que el movimiento de cantantes sea de lo más estático, y parezca que estén permanentemente pendientes de ubicarse en el sitio preciso en el que les van a plantar el foco.

Porque mucha modernez, pero tela con el movimiento de cantantes y coro. De lo más tradicional del mundo, sobre todo en lo que concierne a Desdemona. ¿Y esa figurante desquiciada bailando (mil veces vista, hola Sagiiii)? Por no hablar del despropósito del final, con todos en escena a tres metros mínimo uno de otro y sin moverse. ¿Que el director quería recalcar el problema del racismo en su puesta (segun dice)? Desolador.

Por suerte la obra de Verdi puede con todo. Y si tras el descanso de los dos primeros actos estaba yo con un "ay no sé", al final salí más que satisfecho gracias a la orquesta y a la pareja protagonista. ¿Que no son Karajan, Tebaldi y Del Monaco? ¡Pues claro!

Aplausos generales para todos, ovación para Haroutounian, la orquesta y Kim.
Oye, mira, buen inicio de temporada.

Aquí tienes un vídeo de la representación completa que se emitió por Palco Digital... con el primer reparto (Gregory Kunde, Ermonela Jaho y George PeteaN). No sé cuánto durará online el vídeo:


Las odiosas comparaciones: he visto otras tres veces Otello en directo. La primera, con Plácido Domingo, Daniela Dessì y Justino Díaz, que te puedes imaginar que fue brutal. La segunda con José Cura en su mejor época y Elena Prokina, estupenda. Y la última con Cura también cuando compensaba con actuación cuando la voz no le respondía, y una maravillosa Krassimira Stoyanova (que era la que iba a cantar en el primer reparto). Éste es mi cuarto Otello, lo siento, se queda a las puertas de medalla.

Vídeos del Teatro Real


Giuseppe Verdi
Otello
Alfred Kim,  Lianna Haroutounian, Ángel Ódena, Xavier Moreno, Vicenç Esteve, Fernando Radó, Isaac Galán, Gemma Coma-Alabert
Renato Palumbo, David Alden
Madrid, Teatro Real
Domingo 25 de septiembre de 2016

lunes, julio 18, 2016

Disculpas

Por motivos personales, mezclados con familiares y laborales, es decir, un batiburrillo, no le he prestado atención a este blog últimamente.
Un blog no es una ONG ni un servicio público, pero sí se debe en parte a sus lectores y no es plan abandonarlos.

Tengo la crónica de Parsifal de hace tres meses ahí aparcada.
Luego también vi Moses und Aron y El emperador de Atlantis.
Y ayer asistí a unos esplendorosos Puritanos.

A ver si saco tiempo estos días y puedo comentar mis experiencias.
Gracias y disculpas.

jueves, abril 28, 2016

Concierto solidario

Concierto solidario a favor de envera, con la participación extraordinaria de Plácido Domingo

El concierto tendrá lugar el próximo 1 de mayo a las 20:00 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid
El teatro de la Zarzuela, la Orquesta de la Comunidad de Madrid bajo la dirección del Maestro Oliver Díaz, siete destacados intérpretes, Plácido Domingo e Iberia, se han unido para ofrecer un concierto solidario a favor de Envera.
 
Ruth Iniesta, Belén López, María Ruiz, Auxiliadora Toledano, Enrique Ferrer, Israel Lozano y Antonio Vázquez, con la participación extraordinaria de Plácido Domingo,  interpretarán arias, romanzas y dúos de ópera y zarzuela. En concreto, piezas de La Bohème, Turandot, Don Carlo, Doña Francisquita, Los Claveles y Luisa Fernanda. Todos ellos actúan de forma desinteresada, para recaudar fondos a favor de Envera.
 
El concierto tendrá lugar el próximo 1 de mayo a las 20:00 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Las entradas ya están a la venta en taquilla del teatro, todos los días de 12.00 a 18.00 horas, y en la página web Concierto Envera a precios entre 30 y 100 euros.
 
Para Plácido Domingo: “Es una gran ilusión volver a unir la música y la solidaridad y contribuir a una causa que mejora la vida de tantas personas. Cada uno de los protagonistas a los que está dedicado este concierto es un ejemplo vivo de que todos somos capaces de ser los mejores en algo. Me siento feliz de apoyar el proyecto de Envera que durante casi 40 años ha trabajado sin descanso por la inclusión de las personas con discapacidad, rompiendo barreras y prejuicios, y demostrando que la igualdad de oportunidades es el único camino para cambiar el mundo.”
 
Se ha dispuesto una fila cero para quienes no puedan asistir al concierto. En este enlace puede colaborar quien lo desee:
 
Este concierto solidario se enmarca dentro de las actividades conmemorativas del 70 Aniversario de los vuelos de Iberia a América Latina.

Mira

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