domingo, septiembre 16, 2007

Aria de Teresa de Benvenuto Cellini

Pues nada, que estaba yo muy contento con haber conseguido el vídeo de este verano del Festival de Salzburgo de la ópera Benvenuto Cellini, de Berlioz. Me pongo a verla y...

Ooooh, cielos, escenografía mamarracha.
Claaaaro, como es una ópera de repertorio que se representa todos los años en todos los teatros del mundo... En fin.

Vale, intentaré pasar por alto las proyecciones, el helicóptero, los robots... (y mira que me gustan a mí las escenografías alternativas, pero joer, que es la primera vez que la "veo").

Me espero diez minutitos. Biennnn, la gran aria de Teresa.

P...p...p...ero... ¿esto qué es?
¿Dónde han metido "Entre l'amour y le devoir"?
¿Dónde está esa segunda parte a ritmo ternario tan bonita que me gusta a mí tararear en el coche para pasmo de los que se paran a mi lado en los semáforos?

He leído que Benvenuto Cellini tuvo varios cambios y versiones pero... joer, ¿por qué me cambian lo que más conozco?

Aquí el vídeo del aria alternativa:





¿Será la original? ¿Será otra que Berlioz puso después?
Yo no tengo ni idea.
Aún no he acabado de ver el vídeo, pero.. ¡¡¡JOPETAS!!!

Lo mismo Ximo, que estuvo en la función, algo nos puede aclarar.

1 comentario:

  1. OOOOOOOOOOH Mocho:
    Brava la Kovalevska, a pesar que ni en el youtube puedes saber si canta en letón (es de Riga) o en bengalí, pero en francés no parece. La versión que sufrimos en Salzburg es la del estreno, no la que te sirve para canturrear en el coche.
    Debido al fracaso (no me extraña, aún hoy es una ópera sorprendente) del estreno de 1838, Berlioz hizo otra versión, la de Weimar, estrenada en 1852, que es la que tu conoces, con una aria para el tenor en el primer acto, no escuchada en Salzburg (mejor ya que Fritz no daba para más y el final del aria de Teresa, que tanto nos gusta.
    Es una lástima ya que la Kovalevska hubiera brillado aún más.
    Lo que realmente me sigue sacando de las casillas es el montaje del impresentable Philipp Stölz, que viniendo de los Meistersinger bayreuthianos ya era la guinda a la mala leche estival.

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