jueves, mayo 05, 2011

El Rey Roger en el Teatro Real de Madrid


Overbooking lírico el pasado finde. Si el sábado era la Luisa, el viernes me tocaba el Król Roger de Karol Szymanowski en el Teatro Real.
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Ya comenté esta ópera cuando la vi en Barcelona hace un par de años (clic), así que me voy a hacer un AnaRosa copiar y pegar de lo que escribí entonces sobre esta ópera modificando algunas cosillas:

Król Roger es una ópera rara. No es que sea de esas imposibles de digerir, pero hay que estar pendiente, receptivo e intentar meterse dentro de la ópera para disfrutarla. Con todo lo pedante que es la palabra no hay otra que mejor defina la música del rey Roger: cromatismo.

Mil colores son los que hay en una partitura que juega con el orientalismo, que oscila entre lo tonal y lo atonal, que trae reminiscencias de Ravel, de Debussy, de Richard Strauss, y que tiene una instrumentación riquísima. Rara como ella sola, pero bella, bellísima música. Hay una grabación de Simon Rattle para EMI de hace 12 años que es una maravilla.

El trabajo de la orquesta tiene que ser conseguir envolver al público en la ópera, para que una vez dentro pueda olvidarse de las absurdas ínfulas del libretto.

Porque vamos, uno sale con la sensación de "no sé qué narices me quieren transmitir, pero me da lo mismo". Es el enfrentamiento entre la razón y la tentación, el cristianismo y el paganismo, la templanza y el hedonismo... todo machacadito con mucha tensión sexual.

Si todo esto lo aderezamos con una puesta en escena de Warlikowski decididamente dispuesta a epatar y hacerlo todo incomprensible ya tenemos el pollo formado. La verdad es que es muy de agradecer el que la puesta sea llamativa, porque lo hace todo más entretenido.


Nada más empezar se proyectan unas imágenes de Teorema de Pasolini y de Flesh, la peli de Paul Morrissey para la Factory de Warhol, con Joe Dallessandro desnudo. Gran escándalo (la peli es de 1968, ya ha habido tiempo para escandalizarse de ella, ya). Luego aparecen el rey Roger (pronúnciese róguer, no róyer), Marius Kwiecien, luciendo pectoralia.com y Roxana, que se desvisten y se visten y ya empieza el coloque. Pero bueno, casi mejor que lo veas tú mismo:
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(Son imágenes de la misma producción en París. En Madrid el pastor en vez de parecer un recogechatarra es un cruce entre Alice Cooper y Mario Vaquerizo, los otros dos protagonistas son los mismos)

¿Escandaloso? ¿Polémico? ¿Alusiones a la homosexualidad? ¿Fiesta fiesta, pluma pluma gay? Pues mira, qué quieres que te diga. Tampoco veo yo mucho escándalo pero sí una serie de boutades, que culminan con la aparición de los Mickey Mouse del final. ¿Qué conclusiones se pueden sacar? Básicamente yo diría que es una comida de tarro mental del director de escena y que por la estructura cíclica (termina igual que empieza) todo tiende a ser un delirio del rey Roger producido por las drogas.


Muy buen nivel artístico a todos los niveles: Excelente Olga Pasychnik como la reina, solvente Stefan Margita como Edrisi y mucho mejor Will Hartmann como pastor que en las funciones de Barcelona. Kwiecien está que se sale en el rol principal, un gustazo. Más que bien el coro. Y la orquesta, dirigida por Paul Daniel, consiguió exprimir todo el jugo a la partitura.

Abucheos nada más terminar la obra dirigidos a la puesta y gran éxito a nivel de aplausos para cantantes, coro y orquesta, aunque breves, y es que estarte hora y media sentadito en las comodísimas butacas del Real aguantando ocurrencias cansa y en cuanto cae el telón salta el resorte del culo.



Enlaces:
Análisis y argumento de la ópera
Dossier de Krol Roger
Web del Teatro
Blog De mis pasos en la tierra
Foro Una noche en la Ópera


Karol Szymanowski
Król Roger (El Rey Roger)
Kwiecien, Pasichnyk, Hartmann, Margita, Smilek, Rappé.
Paul Daniel, Krzysztof Warlikowski
Teatro Real de Madrid, viernes 29 de abril de 2011

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martes, mayo 03, 2011

Cuánto tiempo sin verte, Luisa Fernanda


Bueeeeno, cinco años desde que la pusieron en el Teatro Real, ¿no?

Vamos a ver, señores, zarzueleros o no, Luisa Fernanda es una obra cumbre del género lírico, con una música inspiradísima que hay que conocer, que se queda en la memoria, que emociona, que mezcla lo popular sin ser una chabacanda y que encima tiene un libreto más que aceptable.

Y es que la primera triunfadora de la noche es la propia "comedia lírica", que es una maravilla. El sábado nos pusimos chalequeros y pantaloneros y nos plantamos en el Teatro de la Zarzuela a disfrutar, a pesar de las tibias críticas leídas o de los comentarios catastrofistas de los de siempre.


Pues nos gustó, y mucho.
Lo que más ha dado que hablar es la producción. Para abaratar costes, se trata de paneles de led en los que se proyectan las imágenes que forman los decorados. Son como los telones pintados de toda la vida, sólo que con los paneles puede haber movimiento. Bueno, hay que reconocer que cuando se trata de los decorados de la calle son feos tirando a muy feos, por esquemáticos y esbozados, pero en los cuadros de la romería y el final me resultaron bastante apañados y los movimientos lograron efectos muy bonitos.
Ahora, es un decorado para ver desde la parte de atrás del teatro, porque en patio de butacas se ven demasiado los leds. Nosotros estábamos en segundo piso, que creo que es donde mejor se veía.


El elenco también ha sido muy discutido. Porque para poner una Luisa hacen falta cuatro intérpretes de categoría. Yo compré las entradas sin saber cuál de los tres repartos me iba a tocar, y me ha tocado el principal.

Vamos a ver, Luisa Fernanda es un papel la mar de ingrato. Vocalmente no es tan lucido como el de sus compañeros y dramáticamente es un papel bastante angustioso: la chica se tira toda la zarzuela sufriendo a más no poder y en momentos resulta antipática. Lo habitual es que la soprano que la interpreta se dedique a poner carita de pena durante toda la obra. Aquí han optado porque al Luisa esté todo el rato de los nervios, moviéndose de un lado a otro como al borde de un ataque de ansiedad, muy sobreactuada. Y, francamente, cansa un poco, sobre todo si la soprano es chilena y su dicción queda extraña. A Cristina Gallardo-Domâs el papel le viene grave y desde luego su voz no es la de antes o aún no está recuperada después del parón por enfermedad que tuvo hace un año. Sólo se mostró cómoda en el dúo final con Javier, y eso sí, lo hizo precioso.


El Javier fue José Manuel Zapata. Potente y entregado, pelín titubeante al principio pero solventando la parte sin problema, y eso que es un rol que se las trae. Tampoco es que el hombre sea el prototipo de galán que uno espera pero vamos, yo no he visto el desastre vocal que muchos han proclamado por ahí.

Para acompañarlo, la perversa duquesa era María Rey-Joly. Pánico al escuchar su primera frase: una voz demasiado pesada. Carolina tiene que ser una soprano ligera pero con cuerpo para no parecer un canario. O una lírica con el agudo fácil. Muchas de las grabaciones de esta zarzuela cojean por culpa de la duquesa. Afortunadamente fue sólo esa primera frase. Oscilación y vibrato en el agudo, sí, pero manteniendo el tipo perfectamente. Y la única del cuarteto principal que interpretaba durante los cantables.

El protagonista absoluto fue el Vidal de Juan Jesús Rodríguez. Francamente es una gozada escuchar una voz de barítono tan plena, bien colocada y sin problemas arriba o abajo. Tosco y siempre en forte, sí, pero francamente disfrutable. Su final fue de los de poner los pelos de punta.


Muy apropiada la Mariana de Amelia Font y el Aníbal de Julián Ortega, con los excesos cómicos de costumbre en el papel. Muy bien el Nogales y discretita, por ser amable, la Rosita. La orquesta, con mucho brío y tiempos bastante rápidos, bien. Sin procuparse de decibelios porque los cuatro protagonistas si es algo que no tienen es problema para superar la orquesta. Muy bien el coro, matizado y sin necesidad de cantar a grito pelado, la verdad es que se lucieron.

En definitiva, una puesta, con todas las modernidades técnicas que se quieran, muy clásica, con más que buen nivel general. Y una zarzuela recomendable a todos los que tengan prejuicios contra el género.

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¡Huy! ¡Se me olvidaban! ¡¡¡Los Gremlins!!!
Pues claro, en una obra tan conocida eran de esperar.
Porque... ¿quién es capaz de mantenerse callado cuando te suenan el soldadito, el apacible rincón de Madrid, el caballero del alto plumero, la montaraza de mis montes, el yo soy un caballero español - yo no soy extranjeeera, el cuánto tiempo sin verte, el por el amor de una mujer, el Luisa Fernanda cariño mío o la morena clara? ¡Es que todos los números son clásicos del género!
La primera en arrancarse fue una señora en el lateral derecho con la habanera del soldadito, inmediatamente chistada por sus vecinos.
Después fue un señor a mi izquierda el que murmuró el apacible rincón, pero se contuvo. Sorprendentemente, el público estuvo muy comedido (caramelitos aparte) durante el resto de la obra, pero ya al final los Gremlins no pudieron más y estallaron con el "Ay mi morena, morena clara".
Mi tx y yo, una vez más, éramos los más jóvenes del 2º piso, salvo un par de parejitas (y ninguno de los dos cumplimos ya los cuarenta, lo que me hace pensar si no hace falta una política de acercamiento del género a públicos más jóvenes, aunque sea con métodos salvajes tipo Mortier) y estoy convencido de que aquí a unos añitos pasaré a formar parte del grueso de la pandilla de Gremlins de sienes plateadas que corean las romanzas de zarzuela.

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Federico Moreno Torroba
Luisa Fernanda
Cristina Gallardo-Domâs, María Rey-Joly, Juan Jesús Rodríguez, José Manuel Zapata; Javier Alonso, Amelia Font, Xavier Ribera-Vall, Julián Ortega, Lucía Escribano.
Óliver Díaz, Luis Olmos.
Teatro de la Zarzuela.
Madrid, sábado 30 de abril de 2011.

lunes, abril 18, 2011

Cavalleria y Pagliacci: verismo, pero menos



Clásico programa doble en Barcelona, las óperas del Verismo, señores, la Cavalleria rusticana de Mascagni y los Pagliacci de Leoncavallo, pasen y vean.

Pues veamos.

Siempre lo he dicho: Cavalleria es una ópera que tiene que tener un equilibrio muy delicado para que salga bien: Ha de tener la suficiente pasión y tensión dramática para que nos creamos una historia rural de celos y venganza pero sin caer en la exageración. Pero es que si se queda corta puede resultar de una sosería infumable.

Y aquí nos hemos topado con dos "elementos" que han impedido que se logre ese equilibrio: el señor Callegari y la señora Cavani. Entre los dos han conseguido romper la unidad de Cavalleria y reducirla a una serie de números independientes entre sí.

Especialmente la orquesta, que si ahora toco deprisa, que si ahora despacio, que si ahora atronadora y sobre todo haciendo paradas "para el aplauso" tras cada fragmento. Era una sucesión de escenas cada una de su padre y de su madre. El intermezzo no es una pieza de disco de "música maravillosa para gente maravillosa a cargo de la orquesta de Ray Conniff", no. Tiene que reflejar la acumulación de tensión que va a estallar en unos momentos. Pues chico, aquí parecía que iba a salir en cualquier momento un cuerpo de baile como en las producciones made in José Luis Moreno.


Y si no teníamos poco con eso, la dirección de escena ha sido de lo más rancio que se puede echar uno a la cara y ha contribuido en mucho a esa sensación de números aislados con unos parones alucinantes. La conocía del vídeo del año 96 con Cura y la Meier pero no la recordaba tan aburrida. Convencional en los personajes principales pero impresentable en coro y figurantes. Todos entran de golpe, se colocan en semicírculo mirando al frente, se paran, cantan, terminan, se quedan unos segundos inmovilizados para que el público aplauda y se van (todos a la vez, por supuesto). Y luego los detalles repetidos: ¿cuántas veces salía una cabecita de entre cortinas para espiar lo que pasaba para desaparecer deprisa en cuanto uno de los protagonistas miraba? ¿Tres, cuatro, cinco? En fin. Decorado aceptable con cielo de fondo un poco cutre. Pese a estar ambientada en el siglo XX se puede considerar una producción de lo más clasicorra. Y definitivamente deplorable en cuanto a movimiento escénico.


Pues sí, los dos directores lastraron una Cavalleria que los cantantes intentaron salvar en lo posible. A Marcello Giordani ya lo he escuchado otras veces y sé de qué va: voz atrás, aburrida y mate, pero con agudos espectaculares. Pues no, esta vez ha estado muy homogéneo en todo el registro: claro, con intención y realmente brillante no sólo en los agudos. Muy, pero que muy bien como Turiddu. Ildiko Komlosi (ojo con las sopranos qué nombrecitos se gastan ahora) es una soprano de timbre agradable y voz potente. Cumplió como Santuzza pero le faltó garra. Santuzza es la catalizadora de toda la tragedia y aquí parecía más una víctima. Bien. Marco di Felice fraseó e interpretó bien pero con voz escasa de cuerpo abajo. Correcta, con gracia y con un timbre interesante la Lola de Ginger Costa-Jackson. Y Josephine Barstow tendría que haber dejado de cantar Mamma Lucias hace diez años. El coro, a grito pelao.

En una frase, que si no llega a ser por Marcello Giordani hubiera sido una función muy del montón. Yo la disfruté porque es una ópera que me encanta, pero mi querido TX, que estaba a mi lado, se aburrió y además le pareció "una bobada".

Media hora de descanso. Nunca más intentar cenar en ese intervalo. La culpa es mía, claro. Porque la ópera era la excusa, pero en realidad íbamos a hacer una visita a nuestros amigos de Barcelona. Y teníamos que quedar a las once de la noche ya cenados. Pensé que en los 30 minutos nos daría tiempo a tomar algo rápido, ¿y qué es el prototipo de lo rápido? Pues el horrendo McDonald's de enfrente del Liceo. Nunca más. Salimos corriendo, pedimos, engullimos cual ocas en granja de foiegras y volvimos corriendo al cuarto piso del Liceo. ¿Resultado? Olor insoportable a saborizante y una sensación de bolo alimenticio atascado en el esófago durante toda la noche. Horroroso. La próxima vez que nos esperen.

Payasos, de Leoncavallo.
Yo no sé que habrán pensado algunos con el título de la ópera, pero el sábado la zona de cuarto piso donde nos sentábamos estaba llena de niños. ¿De verdad sabían a dónde los llevaban? Dieron algo de guerra, pero más las mamás y papás intentando hacer que se callaran o dejaran de jugar con móviles y nintendos.

Con Payasos las cosas cambiaron a bien, menos mal.


Parece que la orquesta estaba más involucrada y como es una ópera que no tiene números tan independientes sí que se consiguió esa unidad que faltó en Cavalleria. Aún así, Callegari siguió emocionándose en demasía cuando había que tocar forte. Cavani también más contenida aunque con el mismo estatismo y los mismos recursos repetidos (anda que no hizo que mamás sacaran a niños del espectáculo cuando Canio se pone violento). El decorado, un intento de neorrealismo italiano años cincuenta, feo, cochambroso y de un vacío escénico tremendo. También terminó la ópera con una foto finish de todos paralizados. De función de fin de curso, vamos.


Los cantantes aquí estuvieron más modestos. Giordani acusó el esfuerzo de la Cavalleria y estaba menos cómodo en el papel. Aún así, nos obsequió un agudo interminable en su presentación y le dio sentimiento al Vesti la giubba. En el segundo acto la orquesta lo sobrepasó. Mejor de Turiddu que de Canio, pero aún así, muy buena noche de Giordani.

Ángeles Blancas ya sabemos cómo es: visceral y entregada, a veces en exceso. Solvente, no muy cómoda con el papel en la primera parte pero salvando los papeles, y mejor hacia el final. Bien.

Del Tonio, Vittorio Vitelli, mejor no hablar, con un prólogo inaudible. Correcto David Alegret como Beppe (el papel no da para más lucimiento que la serenata y también hay que hacer alguna auténtica barbaridad para cagarla).

Entre todos los elementos se puede decir que salió una función correcta y disfrutable (pese al Tonio y al emplasto de hamburguesa de pollo en el estómago, agh) y, desde luego, mucho más equilibrada que la Cavalleria.

Aún así, para un teatro de primer nivel como es el Liceu, la velada se quedó en un "bien" (y si no llega a ser por Giordani, no quiero ni imaginármela).

Ah, a la salida del Liceu se nos tiraron encima dos putas en la Rambla. Yo creía que eso ya no pasaba.


Pietro Mascagni
Cavalleria rusticana
Ildiko Komlosi, Marcello Giordani, Marco di Felice, Josephine Barstow, Ginger Costa-Jackson.
Ruggero Leoncavallo
Pagliacci
Marcello Giordani, Ángeles Blancas, Vittorio Vitelli, David Alegret
Liliana Cavani, Daniele Callegari
Gran Teatre del Liceu
Barcelona, sábado 16 de abril de 2011

martes, marzo 22, 2011

Werther en el Real: Cuarto y mitad de chirlas


Nunca entendí eso de que mi madre pidiera cuarto y mitad de chirlas en la pescadería cuando iba a hacer paella. ¿Qué medida es esa? ¿375 gramos?

Pues esa medida se me vino a la cabeza viendo el Werther de anoche en el Teatro Real de Madrid, porque prácticamente lo que se pudo disfrutar fueron los dos últimos actos, y como el último es cortito... pues eso, cuarto y mitad de ópera.


Pareció como si tanto orquesta como solistas se estuvieran reservando para la segunda parte de la ópera, porque la primera (los dos primeros actos) fue para dormirse, de un monocorde y un aburrido que daban ganas de marcharse en el descanso.

Vale que la ópera de Massenet va in crescendo y que el primer acto se hace pesadito con la presentación de personajes, los niños y el par Johann-Schmidt, pero en cuanto entra Werther en escena debería subir el voltaje de la función. Y esto aquí no ocurrió hasta el tercer acto.

Los dos últimos actos fueron de gran intensidad, con los intérpretes entregados , fluyó ese dramón romántico que es Werther y nos pudimos meter en la envolvente música de Massenet.


Giusepe Filianoti tiene una voz demasiado ligera para el papel, y Werther no es moco de pavo, es un rol inclemente. Filianoti hizo cosas bellísimas, fraseó de maravilla y consiguió ser elocuente sin pasarse en lo dramático, pero tuvo que luchar contra una orquesta que lo tapaba. Afortunadamente sacó todo de sí en el dúo con Charlotte y en el Pourquoi me réveiller (rapidísimo), llegando a componer una actuación más que digna.

A Sonia Ganassi le pasó tres cuartas de lo mismo. En los dos primeros actos no existió Charlotte, y las notas bajas le sonaban huecas. En la segunda parte ya sacó sus mejores bazas: unos agudos en forte que te dejan turulato, junto a sutilezas expresivas de alto nivel. Lástima que la ausencia de graves contundentes se cargara el efecto del aria de las lágrimas (preciosamente iniciada).


Charlotte está a merced de la voluntad de su familia y las convenciones sociales, uno de los personajes operísticos que más nervioso me ponen, porque se suele interpretar como una pava decimonónica que sufre y sufre pero no hace nada. O si la mezzo se desmanda, como una loca romántica totalmente fuera de sitio. La Ganassi, junto al director de escena, logra la perfecta conjunción: por una parte ella es toda una señora, con mucha pose y contención, pero cuando le hierve la sangre se desmelena como debe ser. Brava.

Albert fue un cumplidor Ángel Ódena, muy metido en su papel. Tanto que creo que se pasó de hieratismo.

La Sophie fue Auxiliadora Toledano (a esta chica habría que recomendarle que se pusiera un nombre artístico, comentaba divertida mi compañera de butaca, mientras su marido proponía en cambio que se cambiara el apellido a Toledana para que hubiera concordancia de género, cosas del público). Es de agradecer que no sea la habitual soubrette de voz de pajarillo con agudo estridente. Auxiliadora ofreció buenos agudos con un timbre interesante aunque de ahí para abajo tiene que ganar cuerpo en la voz.

A la orquesta le falta adecuarse un poco a las voces.


La puesta en escena tiene cosas que sí y cosas que no. Willy Decker tiene detalles de gran efecto dramático, como la mesa, la presencia de Albert en momentos clave o toda la escena de Charlotte y Sophie, frente a elementos particularmente flojos: el cuadro, los Schmidt-Johann siempre presentes, el infantilismo de Sophie o esos paseos de Werther por el escenario después de haberse pegado un tiro (Oh, cielos, he desvelado el final, perdonad por reventar el argumento).

Todo envuelto en un decorado de inspiración expresionista en el que la supuesta simplicidad y armonía de un decorado en dos niveles quedan rotas por elementos oblícuos y una diagonal que atraviesa el escenario desde el fondo hasta salirse por el foso de la orquesta con un gran contraste de color. Un poco Gabinete del Doctor Caligari más que la casa del Burgomaestre.

Cosas ya vistas: lo de los dos planos y las casitas del pueblo sonaban mucho a la Die Tote Stadt que pasó por aquí hace un año.


Por suerte decidimos quedarnos a la segunda mitad, la de las chirlas. Aplausos más que de cortesía y bravos para casi todos. Me imagino que siendo el estreno de este segundo reparto se irán puliendo aspectos y las cosas irán mejorando a lo largo de las funciones. Werther no estaba en Madrid desde el año 99, cuando Ramón Vargas consiguió esquivar la sombra de Kraus, y bien que merece la pena una revisión de este clásico.


Ah, en el primer reparto están José Bros y Sophie Koch.



Jules Massenet
Werther
Teatro Real de Madrid, lunes 21 de marzo de 2011
Giuseppe Filianoti, Sonia Ganassi, Angel Ódena, Auxiliadora Toledano, Jean-Philippe Lafont, Francisco Vas, Miguel Sola.
Emmanuel Villaume, Willy Decker.


Web del Teatro Real
Foro Unanocheenlaopera
El Werther de referencia
Otro gran Werther



martes, marzo 15, 2011

La temporada 2011 - 2012 del Teatro Real

De piedra me he quedado.
La verdad, uno esperaba cosas raras, pero ¿esto?


1. Elektra, de Strauss, con Christine Goerke/Deborah Polaski y Jane Henschel/Rosalind Plowright. Casi que me interesaba más el segundo reparto pero bueno, me toca el primero. Nada que objetar a una de las óperas más fascinantes que hay si no es porque será la tercera vez que se programa en los 15 años del Teatro Real. Dirige Bychkov.


2. Pelléas et Mélisande, de Debussy. Jamás la he escuchado en teatro. Un aliciente. Dirige Cambreling.


3. Lady Macbeth de Mtsensk, de Shostakovich. Gran ópera. También ya programada en el Real, aunque con ésta estoy más de acuerdo en que se repita.


4. Iolanta, de Tchaikovski + Perséphone, de Stravinski. Programa doble con dirección escénica de Sellars, muy apetecible. Oh, vaya, no me entra en abono. Hay que joderse. Intentaré pillar entrada suelta.


5. La clemenza di Tito, de Mozart. Ya podrían haber programado otro Mozart. La Clemenza me aburre soberanamente, el reparto no es nada espectacular y ya será la tercera vez que se represente en el Real.


6. C(h)oeurs. Un proyecto de ballet con música de Verdi y Wagner. Así, con dos cojones.


7. I due Figaro, de Mercadante, con Muti de director invitado. Obra bufa requetedesconocida. Yo tenía un amigo que decía que si había óperas que estaban olvidadas era por algo. Pinta de coñazo total.


8. The life and death of Irina Abramović. Espectáculo narrado por Willem Dafoe sobre una señora serbia que no tengo ni idea de quién era hasta hoy pero que por lo visto es muy famosa, con música de Antony (el de los Johnsons). Muy operístico, sísisisisí.


9. Cyrano de Bergerac, de Alfano, al servicio de Plácido Domingo y la Radvanovsky. Hombre, la primera mitad de la ópera es un rollete pero la segunda me gusta mucho, y la Sondra es la Sondra. Oh, vaya, tampoco entra en mi abono.


10. Poppea e Nerone, de Monteverdi orquestado por Boesmans. Dirige Cambreling y canta Nadja Michael. Nada que objetar salvo que la hemos tenido en este mismo teatro hace unos meses (sin orquestar por Boesmans, ya ves tú).


11. Ainadamar, de Osvaldo Golijov. Argentina, sobre García Lorca y la Xirgu. Dirección escénica de Sellars. Puede ser cualquier cosa.

En concierto La Finta Giardiniera de Mozart (con la Pendatchanska), Don Quichotte de Massenet (con la Antonacci y Furlanetto) y Rienzi de Wagner con la Kampe (que es la que me toca en el abono).


¿Qué? ¿Cómo te quedas?
¿Y te quejabas que la de este año era rara?

Vaticino bajas de abonados, y no por lo típico de que el abonado es rancio y conservador, sino porque tiene tela.

Oye, que lo mismo luego es una maravilla y salimos tarareando Ainadamar Lama Ay Dalai Dalai, bailando los c(h)orazones y performanceando como Piqué e Irbraimović. Pero qué quieres que te diga: así, sobre el papel, tiene una pinta tirando a chunga.

Los dibujitos, preciosos preciosos, vamos.
Dan ganas de volverse carca.

Toda la programación de la nueva temporada de ópera del Teatro Real de Madrid la puedes consultar aquí:
http://www.teatro-real.com/_catalogo/2011/
http://www.teatro-real.com/_catalogo/revista_150311/revista.pdf
Y aquí puedes ver cómo se tiran de los pelos:
Una noche en la ópera.

lunes, marzo 14, 2011

Madam Butterfly


¡Ya estás pegando el grito!
¡¡¡Se dice Madama, se dice Madama!!!

Pues no.
Que de lo que voy a escribir es de Madam Butterfly, espectáculo en el Royal Albert Hall de Londres, representación de la Madama de Puccini EN INGLÉS.

Para esta producción el patio del coliseo se convierte en un jardín acuático con una casita en el centro de tal manera que pueda ser vista desde todos lados. El sonido es amplificado y los cantantes se van paseando por todo el perímetro, para que se les vea.


Al principio se hace muy raro y el oído tarda en acostumbrarse. Si a eso le añadimos lo raro que resulta escuchar la ópera en inglés la cosa se hace un poco durita, pero en cuanto ajustan el sonido y te vas haciendo el oído, ya se vuelve un poquito más natural.

Ni que decir tiene que la dirección escénica y los decorados son totalmente convencionales y sin transgresión alguna.


Básicamente lo mismo se podría decir del nivel de cantantes: ella supongo que sería Mihoko Kinoshita, según la web, porque no dan información alguna a no ser que compres el programa (y no, de eso ni hablar). A falta de apreciar proyección y emisión por el tema de los micrófonos, es una voz lírica correcta y capaz de llegar a las notas (nos escatimó el sobreagudo de la entrada, pero es tan peligroso que hay veces que es mejor que no lo den a que la primera impresión de Cio Cio San sea chunga). Eso sí, de profundización dramática en el personaje, cero. La chica cantó y punto. Da un poco igual que cantara en inglés, porque no se le entendía ni palabra (salvo los "yes" y tal, claro).

El tenor fue Philip O'Brien, de estos que tienen el timbre agudo y chilloncete que se te mete en el oído. Pelín impetuoso de más.



La Suzuki, imagino que Nina Yoshida Nelsen, se recreaba en la pronunciación y ofreció unos buenos graves.

A la Kate Pinkerton le dieron una frase más de lo habitual y el Sharpless (Louis Otey, siempre según la web) mantuvo el tipo, sin entusiasmar.



El coro se situó en los arcos encima de las gradas para el coro a boca cerrada y el amanecer, lo que dio una sensación envolvente bastante curiosa.

La orquesta, lenta y muy como de cassette de "Música Maravillosa Para Gente Maravillosa". Con decir que de lo mejor que les salió fue el dúo de las flores... El intermedio entre el segundo y tercer actos, deplorable.

Vamos, que era todo como muy aséptico. Todo sonaba al mismo volumen, con corrección, con una puesta de lo más clásica y unos cantantes aceptables. En definitiva, muy "de musical".

Es algo a lo que no se me habría ocurrido ir, pero entre que era relativamente barato, que no teníamos intención de ir a ninguna otra velada musical y que teníamos ganas de conocer el Royal Albert Hall por dentro, nos animamos y sacamos la entrada.


El público pues te lo puedes imaginar: gente "vestida para la ópera" (siento la pedantez pero había mucho exceso de mal gusto que atacaba a la vista, o es que yo no me he hecho todavía al estilo ramploncillo inglés) y en la zona en la que estábamos mucho colegio. Por supuesto que hablando, comentando, sacando fotos, grabando con el móvil, comiendo y bebiendo en la butaca, poniéndose de pie, saliendo y entrando de la sala... Uno sabe que va a un espectáculo, no a la ópera.

A ver, no estuvo mal, llamémoslo "turismo experiencial".


Giacomo Puccini
Madam Butterfly (Madama Butterfly, cantanda en inglés)
Royal Albert Hall, Londres.
Viernes 11 de marzo de 2011.

lunes, marzo 07, 2011

Anne Boleyn Convention Bureau


Que tenía ya mono yo de Gran Teatre del Liceu, caramba, casi un año sin aparecerme por Barcelona, y qué mejor que la Anna Bolena de Donizetti, que es una ópera que nunca había visto en vivo.

Saqué entrada del segundo reparto por varias razones: fechas, precio y ya no sé si decir reparto, porque desde que compré las entradas en julio del año pasado hasta ahora creo que ha habido dos cambios de protagonista. Y la verdad, de lo único que me arrepiento de haber ido a este segundo reparto es de no haber escuchado a Elina Garança en vivo. Porque la verdad estuvo muy bien.


Maria Pia Piscitelli sabía lo que se traía entre manos y cuáles son puntos fuertes. Es una voz muy lírica, perfectamente ajustada al estilo belcantista, con fraseo delicado y atacando los agudos con seguridad. Se movió como pez en el agua como Bolena y además pegó tres o cuatro sobreagudos no gritados ni calados de los de dejarte asombrado. Concesión a la galería, sí, pero anda que no se disfrutan. Estupenda. Pero para acabar de enfervorizar un teatro tan grande como el Liceo le falta el toque "trompetero" en la proyección de la voz, más garra. Fue aplaudida, sí, pero menos de lo que se merecía. También hay que reconocer que entre el público asistente había muchos que habían ido "a ver a la Devia" o "a comparar con la Grube" y ya sabemos todos cómo somos los aficionados opereros, peores que los de los toros.

Gregory Kunde sí que tiene esos agudos trompeteros que hacer retumbar el teatro y te levantan de la silla. Olé con el señor, que ya tiene una edad, con su entrega y con los pepinazos que soltó durante toda la ópera. Cargó las tintas en la vehemencia del personaje, no es el colmo de la sutileza ni de la adecuación estilística, vamos, pero se agradece. Muy bien también.

Sonia Ganassi también se encuentra totalmente a gusto en el belcanto, lo disfruta y nos hace disfrutar, aparte de no necesitar exageraciones para ser expresiva. Estupenda arriba y abajo. Un gustazo.

Simón Orfila canta con un gusto excelente y se recrea en la pronunciación y el fraseo. Quedan, como siempre, esos cambios de color en el timbre que no sabes si es bajo, barítono o qué. Compuso un muy equilibrado Enrico.

Marina Rodríguez-Cusí se encuentra más cómoda cantando Smenton que en otras recientes ocasiones en el Real. Bien. Plazaola también apropiado como Hervey. La única voz que no me gustó fue la del Rochefort.

La orquesta acompañó, sin particular notoriedad, y el coro bien.

Se puede decir que la noche fue un éxito, sin llegar a enloquecer. Y el público salió escopetado. Vale que la Bolena es larguita y que en el segundo acto no hay nada de acción, pero tampoco es eso.


Otra cosa: Los Currutacas del Liceo. Siempre lo digo: en otros teatros se tose y se hace ruido, pero en el Liceo se habla mucho. Al lado tenía a dos señoras que no pararon de comentar los datos históricos. Al principio del segundo acto les pedí por favor que se moderaran, y siguieron hablando tan tranquilas, pero en voz más baja. Callaron un poco en los finales de acto, cuando se durmió una de ellas (y es que hora y media seguida de belcanto es mucho para algunos). Pero peor eran otros, un poco más allá, que dieron todo un recital de comentarios, toses, apertura de bolso, búsqueda de caramelito y todo el proceso siguiente hasta el "¿que ya estás mejor?" Delosnerves.


Ah, que no he puesto nada de la puesta en escena.
¿Cómo que no?
¿Y el título de esta entrada?

Coge unos paneles de madera, escaleras, unas cortinillas Bandalux, dos pantallas de vídeo, un proyector y ya tienes eso: un centro de convenciones: con sus paneles movibles para hacer más grandes o pequeños los salones, sus cabinas de control para que los seguratas miren las pantallas y el proyector para los Power Point. Y todo de baratillo, ¿eh?

Y, como es belcanto, hacemos que los cantantes se queden estáticos mientras cantan, que luego se quejan de que les hacen actuar.

Ah, sacaron perros (ideal para que mis adoradas currutacas hicieran los comentarios pertinentes de "qué macos" y tal) y un mini ballet. ¿WTF?

La cosa escénica fue de tal soplapollez que directamente la obvié. Fue como si hubiera sido una versión en concierto, sólo que de vez en cuando subían escaleras o se cambiaban de vestido (con un par de momentos "Letonia en Eurovisión" de quitar un vestido en escena para que debajo se vea otro). Lo único interesante, y desaprovechado, fue la presencia de los cuervos de la torre de Londres.



Los días 13 y 16 de marzo esta producción va a Lérida (aka Lleida) con casi el mismo elenco (Nancy Fabiola Herrera en vez de la Ganassi y no sé quién es el Percy). Oportunidad para quienes no hayan podido verla (aunque funciones ha habido de sobra, y el sábado se veían claros en el teatro).

El vídeo es del primer reparto, con la Gruberova y la Garança.



Gaetano Donizetti
Anna Bolena
Maria Pia Piscitelli, Gregory Kunde, Sonia Ganassi, Simón Orfila, Marina Rodríguez-Cusí, Joan Plazaola, Marc Pujol.
Andriy Yurkevych, Rafael Durán
Gran Teatro del Liceo, Barcelona, sábado 5 de marzo de 2011.


Mira

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