martes, marzo 22, 2011

Werther en el Real: Cuarto y mitad de chirlas


Nunca entendí eso de que mi madre pidiera cuarto y mitad de chirlas en la pescadería cuando iba a hacer paella. ¿Qué medida es esa? ¿375 gramos?

Pues esa medida se me vino a la cabeza viendo el Werther de anoche en el Teatro Real de Madrid, porque prácticamente lo que se pudo disfrutar fueron los dos últimos actos, y como el último es cortito... pues eso, cuarto y mitad de ópera.


Pareció como si tanto orquesta como solistas se estuvieran reservando para la segunda parte de la ópera, porque la primera (los dos primeros actos) fue para dormirse, de un monocorde y un aburrido que daban ganas de marcharse en el descanso.

Vale que la ópera de Massenet va in crescendo y que el primer acto se hace pesadito con la presentación de personajes, los niños y el par Johann-Schmidt, pero en cuanto entra Werther en escena debería subir el voltaje de la función. Y esto aquí no ocurrió hasta el tercer acto.

Los dos últimos actos fueron de gran intensidad, con los intérpretes entregados , fluyó ese dramón romántico que es Werther y nos pudimos meter en la envolvente música de Massenet.


Giusepe Filianoti tiene una voz demasiado ligera para el papel, y Werther no es moco de pavo, es un rol inclemente. Filianoti hizo cosas bellísimas, fraseó de maravilla y consiguió ser elocuente sin pasarse en lo dramático, pero tuvo que luchar contra una orquesta que lo tapaba. Afortunadamente sacó todo de sí en el dúo con Charlotte y en el Pourquoi me réveiller (rapidísimo), llegando a componer una actuación más que digna.

A Sonia Ganassi le pasó tres cuartas de lo mismo. En los dos primeros actos no existió Charlotte, y las notas bajas le sonaban huecas. En la segunda parte ya sacó sus mejores bazas: unos agudos en forte que te dejan turulato, junto a sutilezas expresivas de alto nivel. Lástima que la ausencia de graves contundentes se cargara el efecto del aria de las lágrimas (preciosamente iniciada).


Charlotte está a merced de la voluntad de su familia y las convenciones sociales, uno de los personajes operísticos que más nervioso me ponen, porque se suele interpretar como una pava decimonónica que sufre y sufre pero no hace nada. O si la mezzo se desmanda, como una loca romántica totalmente fuera de sitio. La Ganassi, junto al director de escena, logra la perfecta conjunción: por una parte ella es toda una señora, con mucha pose y contención, pero cuando le hierve la sangre se desmelena como debe ser. Brava.

Albert fue un cumplidor Ángel Ódena, muy metido en su papel. Tanto que creo que se pasó de hieratismo.

La Sophie fue Auxiliadora Toledano (a esta chica habría que recomendarle que se pusiera un nombre artístico, comentaba divertida mi compañera de butaca, mientras su marido proponía en cambio que se cambiara el apellido a Toledana para que hubiera concordancia de género, cosas del público). Es de agradecer que no sea la habitual soubrette de voz de pajarillo con agudo estridente. Auxiliadora ofreció buenos agudos con un timbre interesante aunque de ahí para abajo tiene que ganar cuerpo en la voz.

A la orquesta le falta adecuarse un poco a las voces.


La puesta en escena tiene cosas que sí y cosas que no. Willy Decker tiene detalles de gran efecto dramático, como la mesa, la presencia de Albert en momentos clave o toda la escena de Charlotte y Sophie, frente a elementos particularmente flojos: el cuadro, los Schmidt-Johann siempre presentes, el infantilismo de Sophie o esos paseos de Werther por el escenario después de haberse pegado un tiro (Oh, cielos, he desvelado el final, perdonad por reventar el argumento).

Todo envuelto en un decorado de inspiración expresionista en el que la supuesta simplicidad y armonía de un decorado en dos niveles quedan rotas por elementos oblícuos y una diagonal que atraviesa el escenario desde el fondo hasta salirse por el foso de la orquesta con un gran contraste de color. Un poco Gabinete del Doctor Caligari más que la casa del Burgomaestre.

Cosas ya vistas: lo de los dos planos y las casitas del pueblo sonaban mucho a la Die Tote Stadt que pasó por aquí hace un año.


Por suerte decidimos quedarnos a la segunda mitad, la de las chirlas. Aplausos más que de cortesía y bravos para casi todos. Me imagino que siendo el estreno de este segundo reparto se irán puliendo aspectos y las cosas irán mejorando a lo largo de las funciones. Werther no estaba en Madrid desde el año 99, cuando Ramón Vargas consiguió esquivar la sombra de Kraus, y bien que merece la pena una revisión de este clásico.


Ah, en el primer reparto están José Bros y Sophie Koch.



Jules Massenet
Werther
Teatro Real de Madrid, lunes 21 de marzo de 2011
Giuseppe Filianoti, Sonia Ganassi, Angel Ódena, Auxiliadora Toledano, Jean-Philippe Lafont, Francisco Vas, Miguel Sola.
Emmanuel Villaume, Willy Decker.


Web del Teatro Real
Foro Unanocheenlaopera
El Werther de referencia
Otro gran Werther



3 comentarios:

  1. Estuve en el general del jueves y pensé lo mismo de Sonia Ganassi, pero imaginé que estaba marcando. A mi la puesta en escena me cansó bastante con la puertecita abriendose y cerrándose, como recurso una vez, dos... pero tantas se me hizo pesadito.
    Werther tarda un mes en morirse...
    besitos

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  2. Eso que revelas que se "reservan" para el momento difícil a costas de la expresividad puede ser realmente irritante. Peor aún si no se sale de ese nivel "correctito", tocar y cantar lo que está es crito y nada más que a mí me pone de los nervios; véase mi teatro (salvando las distancias con el Real).

    También pienso que es difícil no pasarse con Massenet, encontrarle el punto justo de pasiòn sin volverse verdiano.

    Y hay mucha tendencia en poner voces demasiado livianas para algunos roles, costumbre que se escucha hasta en Wagner.

    ¿Cómo estuvo lo idiomático? Veo en los repartos poco nombre francés. No es, por supuesto, una absoluta garantía de buena pronunciación haber nacido en Francia pero puede ayudar.

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  3. Eleu, el nivel fue más allá de lo correctito en los dos últimos actos, yo diría que notable y en el punto justo que comentas de no volverse verdiano.

    En lo idiomático bien, salvo esa tendencia tan dominguiana de convertir las "e" en "i".

    Ay, Pan, gracias al abrir y cerrar de la puerta no nos aburrimos mortalmente :-)

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