jueves, enero 17, 2013

Il Trovator! Io fremo.


Anoche fui a ver Il Trovatore de Verdi al Nuevo Teatro Alcalá (lo que era el Alcalá Palace de toda la vida), producción privada a cargo de la Compañía Estudio Lírico.

Con este tipo de producciones privadas uno ya sabe más o menos con lo que se va a encontrar: unos decorados low cost y unas prestaciones musicales que pueden oscilar mucho. Recuerdo una Turandot más que satisfactoria en San Sebastián de los Reyes de la que ya hablé por aquí pero también una Carmen totalmente horripilante en un teatro de la Gran Vía en la que todo rechinaba: pelucas de nylon del chino, vestuario espantoso y unas voces que competían con la orquesta a ver quién entraba más veces a destiempo y lo hacía peor. Un horror.


De Estudio Lírico me habían dado buenas referencias, por el bicentenario Verdi van a programar Rigoletto, Traviata y Trovador y me animé a ir a esta última, que siempre es agradable ir a ver algo de ÓperaMaría (de repertorio), que para rarezas ya tenemos la de Disney en el Real para los próximos días. Además, parece que el Trovador se programa menos en los grandes teatros que otras obras verdianas (recordemos la última y espantosísima producción clics de Famobil style en el Liceo). De hecho, creo que he visto en mi vida más Macbeths que trovadores, fíjate.

El caso es que allá que nos fuimos. Primera impresión: el teatro me gusta: sala ovalada con el patio de butacas bastante amplio, entresuelo y dos anfiteatros. Todo muy nuevo e impecable (aprende, teatro Compac Gran Vía, joer). Más del 50% de aforo, yo diría. Bien para un miércoles. Y como arriba del todo estábamos sólo 6 personas, nos bajaron un piso más abajo, y en el primer descanso ya nos bajamos nosotros solitos a un palco de entresuelo, o sea que estupendo.


Segunda impresión: ni un programa o por lo menos un papelito informativo. Nadie sabía quién cantaba. Y vale que hay que ahorrar costes, pero un poquito de información viene bien, aunque sea el mismo folleto para las tres óperas. Sobre todo porque no es nada fácil encontrar en Internet ni fotos ni detalles de la compañía. En uno de los descansos pude ver el reparto en un papelito pegado en la puerta de entrada.

Respecto a los resultados musicales, tengo que decir que me pareció una propuesta modesta, pero muy honesta. Todo gracias a la labor de la directora musical, Elena Herrera, que llevaba la orquesta con muchísimo cuidado, atenta a los matices, pendiente siempre de los cantantes y del coro. La verdad, sonó la mar de bien, muy lejos del chis-pun chis-pun verdiano que se escucha hasta en los mejores teatros. Francamente la prestación orquestal (habría unos 30 músicos máximo, calculo) fue lo mejor de la función, y lo más calurosamente aplaudido al final. Brava la señora.

Entre los solistas hubo un poco de todo. Corrección en algunos y limitaciones en otros. Tampoco voy a entrar en detalles por el tipo de producción que es, y porque cada día el reparto es distinto. Todos estuvieron entregados y cumplieron, en especial las voces femeninas. Rebeca Jacobs empezó un con una Leonora "yo todo lo canto en forte" pero me sorprendió en el último acto aguantando como una jabata, salvando agilidades y matizando el final. Y por encima de todos destacó la voz penetrante, potente y timbrada de Inés Olabarria como Azucena. Bravissima.


Muy bien el coro masculino (algún tenor un poco desmandado) y un poquito más endeble el femenino.

En la parte negativa tenemos la dirección escénica y los decorados.
Vale que Il Trovatore es bastante estática a pesar de que ocurran muchas cosas, y que se presta a una concepción escenográfica clásica pero joder, es que se pasaba. Ya en la segunda escena me esperaba yo el clásico acercamiento de manos entre Inés y Leonora que ocurre en TODOS los trovatores que he presenciado: Las dos juntan sus manos a la altura del pecho, se acercan y luego se separan suspirando. SIEMPRE. Vale, asumido. Pero lo del estatismo total no puedo con ello: todos parados hasta que terminan de cantar y luego se ponen a hacer lo que les toca. O eso de que se vea claramente a los intérpretes estar esperando un rato en las cajas laterales antes de entrar. Por no hablar de los finales de cada escena. Arcaico total.


Los decorados ya sé que son de chichinabo porque no hay presupuesto. Pero joer, un poquito de "buen gusto" no vendría mal. Prefiero los telones pintados a las dos estructuras pintarrajeadas para que parecieran de piedra y que servían para todo. Aunque quizás, no, porque en la única escena con telón pintado al artista se le fue un poco la mano en la frondosa vegetación y pensó que a un castillo aragonés del siglo XV le pegaban muy bien unas columnas griegas. En fin.

Respecto a la fama de incomprensible del argumento de Il Trovatore, esta vez hice un experimento: llevé a mi tx sin que conociera previamente nada de nada, a ver si se enteraba de algo. Pero con él no vale, porque cuando va a la ópera se dedica a mirar cómo cantan y todos los detalles de la escena, y ni siquiera lee los sobretítulos. O sea que tendré que hacerlo con otro. Y es que la historia puede que tenga unos recovecos algo liosos, sobre todo si hay que contársela a alguien, pero lo que ocurre en escena tampoco es que sea tan complicado, ¿no?

Para los tiquismiquis, se hicieron los cortes habituales en la partitura: no se hacen las repeticiones de las cabalettas ni el Tu vedrai che amore in terra.


Resumiendo, que salimos todos bastante contentos, que nos pareció un espectáculo modesto, pero digno, decentemente cantado y con muy buena orquesta, con una relación calidad/precio más que aceptable. Ofrece lo que se espera de ello. Nosotros pagamos la entrada más barata y bajamos a las de precio más caro, pero en páginas tipo Atrápalo, VentePrivé y similares tienen ofertas de butaca de patio a los mismos precios. Recomendable si eres consciente de a qué tipo de espectáculo vas.

Ah, y llevé las entradas en el Passbook de mi iPhone.
¡Moderno que es uno!


Verdi
Il Trovatore
Compañía Estudio Lírico de Madrid
Orquesta Filarmónica Mediterránea. Elena Herrera.
Carlos Silva, Rebeca Jacobs, Inés Olabarria, Fernando Álvarez, Alfonso Boruque, Akemi Alfonso, Napoleón Domínguez, Alejandro Guillén.
 Madrid. Nuevo Teatro Alcalá. Miércoles 16 de enero de 2013.



miércoles, diciembre 26, 2012

Rusalka: la Sirenita en versión puta (y en checo)

 
Lo único que me interesaba esta temporada del Liceo era la Rusalka de Dvořák. Pero jodó, los días que podía ir pillaban justo en medio de los jaleos navideños. Y, encima, como no fui previsor, para el estreno las entradas que quedaban o eran de las malísimas de visibilidad cero o pasábamos ya a los ciento y pico euros. Y no.

Nada, que estaba yo ya resignado a no ir cuando, en un ataque de derroche y después de pedir permiso a mi tx, me lié la manta a la cabeza y hala, me puse como un loco a hacer clic. ¡Es que era lo único a lo que quería ir este año en Barcelona!


Yo, que me organizo los viajes con meses de antelación, que se me quedan flipando en los hotele cuando hago una reserva con casi un año porque sé que voy a ir a tal ópera, que me vuelvo loco tecleando miles de páginas para ver cómo me sale más económico ir... este año todo lo contrario y encima me ha salido mejor que nunca. Un hotel fantástico de última hora en Gran Vía a menos precio que ninguno de los hostaluchos infames a los que he ido otras veces, vuelo aceptable (ya no hay vuelos baratos) y oh, sorpresa, debe ser que los abonados van devolviendo entradas, porque me saqué también una muy apañada de precio. En fin, que a veces el "pensat i fet" sale mejor que la programación anticipada.

Y eso que no contaba con un infortunio que a punto estuvo de arruinarme el viaje: un maldito ataque de gota el jueves por la noche. Siempre lo digo: a todo el mundo le parece supergracioso: a los que lo sufrimos, no. Y el problema no es el dolor o el ir cojeando con el pie hinchado como un botijo, es que las puñeteras pastillas que hay que tomar le dejan a uno el aparato digestivo que parece una montaña rusa. Pero si hay que tirarse dos días a Aquarius, se hace, y además así luzco tipín.


Así que, el sábado por la tarde, en ayunas, y tras tres cuartos de hora de paseo para recorrer kilómetro y medio, estaba yo plantado en la puerta de mi querido Gran Teatre del Liceu dispuesto a disfrutar de la Rusalka.

Los fanáticos opreáticos se llevan siempre las manos a la cabeza cuando la crónica de una ópera empieza por su parte escénica. Y tienen parte de razón, pero es que en estas funciones el protagonismo absoluto se lo lleva la puesta en escena. 

Es una producción tan vistosa, transgresora y epatante que es imposible no referirse a la puesta en primer lugar.


El señor Stefan Herheim traslada la acción desde las profundidades del mar a un entorno urbano en el que la Sirenita es una puta que quiere dejar el mundo de la noche porque ha visto a un marinero (el príncipe) con el que anhela encontrar el verdadero amor. El Genio de las Aguas, en este caso un cliente de Rusalka que vive acojonado por su mujer, se convierte en el protagonista de la función: todo lo que ocurre es como una especie de reflejo de sus obsesiones / alucinaciones. 

Hasta aquí todo correcto: Ježibaba en vez de una bruja es una sintecho que vive pidiendo a las puertas del metro, y ayuda a Rusalka a dar el paso a dejar el mundo de la noche. Pero a partir del final del primer acto al director parece que le entra el ataque de pedantería y dice: a partir de aquí no os vais a enterar de nada, jodíos. Y la cosa se vuelve incomprensible, empezando con que la princesa extranjera que se lía con el príncipe pasa a ser la mujer del Genio de las aguas. 


El segundo acto se convierte así en una sucesión de escenas incoherentes adornadas, eso sí, con un vestuario de lujo que culmina con el vestido brilli brilli de Rusalka que ya hubiera soñado Tania Doris y que deslumbraba a todo el teatro.

En el tercer acto las cosas se medio aclaran. Por lo que yo entendí, Rusalka se da cuenta de lo inútil de sus aspiraciones por ser una chica decente y el genio termina de una manera radical con la causa de sus obsesiones. No sé, no se puede explicar, hay que verlo. Y además, el vídeo circula por internet.


Sobresaliente trabajo de Heike Scheele, la escenógrafa, con unos decorados perfectamente capaces de pasar del mundo real al onírico o al submarino. Chapeau.

Pues eso, que la puesta en escena se erige como protagonista de la noche pero... ¡espera! otro elemento iba a competir por ese protagonismo, e iba a ser...

¡La Orquesta del Liceu!
¿A que sorprende? Pues no, porque en el último par de años yo creo que ha pegado un cambiazo a mejor. 
En esta ocasión, Andrew Davis la llevó con brío, ímpetu, velocidad, no nos dejó un respiro. De hecho, yo diría que los momentos más intensos los provocaban no ya el argumento o la rocambolesca puesta, sino la fuerza de la orquesta.
Bravo bravísimo y olé.
(Vale, sí, lástima de solo de trompa quebrado justo al principio de la función, pero fue sólo un borroncillo en medio de una interpretación excelente).


Y llegamos a los cantantes. Y no me pasa nada por dejarlos para el final porque mira, vale, estuvieron bien, dieron la talla, pero ninguno llegó a maravillarme.

Yo no sé si mi butaca lateral estaba demasiado encima de la orquesta y me los tapaba o que estaría yo duro de oído pero es que, joder, me costó bastante oírlos bien, sobre todo a la protagonista.

Camilla Nylund tiene una voz bella, con agudos muy bien emitidos. Pero chica, o estaba reservona en el primer acto o qué sé yo, porque es que no me llegaba. Ni siquiera le dio intensidad a la canción de la luna. Luego la tuve más audible en el segundo y sí, hay que reconocer que en el tercer acto estuvo estupenda y echó el resto.

Klaus Florian Vogt tiene una voz peculiar. Es aguda, penetrante, pero como un poco falta de plenitud, como si le faltara sonoridad. No tuvo problema en la tesitura del príncipe .

El Genio del Agua, Vodník, fue Günther Groissböck. Bien, correcto, peeeeeroooo, al igual que los anteriores, falto de la contundencia que el rol necesita. Al estar casi omnipresente en escena es de destacar la prestación interpretativa, sobresaliente.



La princesa extranjera fue Emily Magee y, joder, ya me repito, pero es que lo mismo que Rusalka: buenas intenciones pero tapada por la orquesta la mayoría de las veces. Yo creo que directamente no es el tipo de voz que el papel requiere. Como todos, estupenda en escena.

Y la que se comió con patatas a todos cada vez que salía fue Ildikó Komlósi haciendo de la bruja Ježibaba. Con esta señora, después de su Santuzza y su Amneris, ya sabemos a lo que atenernos: siete colores vocales distintos, comodidad en el agudo y escasez en los graves. Y la bruja tiene un rango bastante inclemente. Pues la Komlósi consiguió, con un desparpajo y un descaro impresionantes, hacernos perfectamente creíble su papel.

Muy buenas las tres sirenitas y más que correctos los secundarios. En el coro, lo siento, no me fijé mucho.

Lo repito: el trabajo de interpretación actoral de todos ha sido intensivo y los resultados son espectaculares. Ahora, ¿cómo se oiría esta Rusalka en una función retransmitida por radio, sin ver a los cantantes? Ah, lo sabremos el día 2 en RNE.



Al final, aplausos para el equipo musical y división de opiniones para el escénico.
En esta ocasión no se trataba del típico desquiciado desgañitándose a gritos desde uno de los pisos altos, no, había un amplio sector que abucheó. Y es lo que me hizo gracia. Estoy acostumbrado en Madrid a un público de estreno pasota y condescendiente que aplaude con desgana y se larga corriendo (probablemente, invitados y neojetset económico-política de turno) con las voces disidentes pegando gritos desde arriba. En Barcelona el público es más conservador, más de las cosas "como deben ser", y había un amplio grupo de indignados que, sin ser tan exaltados, son sonoros. En todo caso, clarísima división de opinión, porque también hubo mucho aplauso.



Resumiendo: una noche de ópera muy satisfactoria. La partitura de Dvořák es una maravilla y fue servida de perlas por la orquesta dirigida por Davis, que los cantantes dieron la talla aunque para mi gusto todos aquejados de cierta falta de proyección y que la producción era fascinante y estaba llena de trampas visuales para eclipsar al resto de los elementos artísticos de la ópera. Y a todo esto yo en ayunas y a base de Aquarius (lo cual venía muy bien para el tema de la sirenita). ¡Oye, que me ahorré la cena! Y, todo sea dicho, le vino de perlas a mis amigos, que estaban hartos de celebraciones y comilonas.

Por si no escribo hasta el año que viene, Felices Fiestas y un Fantástico Año Nuevo a todos los que leen estas mis chaladuras.
Abrazuelos.



Antonin Dvořák
Rusalka
Gran Teatro del Liceo
Barcelona, sábado 22 de diciembre de 2012
Camilla Nylund, Klaus Florian Vogt, Günther Groissböck, Ildikó Komlósi, Emily Magee.
Andrew Davis, Stefan Herheim

Página web del Liceu
Rusalka en el siempre interesante blog de Joaquim 
Anteriormente en este blog: escándalo con Rusalka
Foro de señores enfadados que hablan de todo menos de lo que tienen que hablar



miércoles, diciembre 12, 2012

Hoy un musical: Boy Meets Boy

Vaya, tengo mi vena operística bastante desatendida, y además por culpa del puente de la semana pasada o pude ir a ver el Macbeth del Real, del que me han dicho de todo.

Para compensar, una pequeña crónica de un musical que fui a ver hace una semana: Boy Meets Boy, de Bill Solly, cortapegando lo que puse en mi blog personal.

Conseguir entradas fue algo bastante rocambolesco, de hecho me enteré por casualidad de que lo estaban representando justo cuando yo iba a estar en Londres, y al final conseguí la última butaca a la venta para la función de tarde del día 6 en el Teatro de la Calle Jermyn (Jermyn Street Theatre).
 
La entrada es una puertecita entre una tienda y un restaurante. Yo ya imaginaba una sala pequeña, pero es que ¡se podía vender casi como el teatro de la Nancy! Bajas unas escaleras y te encuentas con esto:


La chica del chiscón de la taquilla está también en el cubículo del bar, donde vende los programas, luego hay dos minifilas laterales y, a lo largo del escenario, otras tres filas de asientos. Total, 70 butacas y, como habían quitado 6 para los músicos, 64. Como bien pone en el croquis, el escenario es de 8 x 4 metros. Los baños están detrás del escenario. El teatro de PinyPon.

Ay madreeeee, que uno ya se conoce este tipo de teatros "alternativos" en Madrid, sielosanto qué es lo que nos irán a poner.

Me siento en mi butaca B10 (agua) y miro el público. Mmmm, variopinto, destacando un par de grupos de gays pasando los 60. Y varias parejas de "tío-con-sobrino" de cierto nivelito. Muy como en los recitales del Real, vamos.

Me pido una CocaCola Light para evitar el sopor (que me conozco) y por 1,50 pounds me ponen esto:
Qué mariconada. La Diet Coke de Gaultier.
¡Y empieza el espectáculo!

Señoras, señores, de quedarse con la boca abierta.
Un equipo actoral formado por 13 personas: 3 protagonistas, 2 secundarios y 8 cantantes/bailarines en el coro.
Una producción no ya sencilla, sino casi inexistente: un espacio frontal vacío donde los del coro van poniendo y quitando los elementos de atrezzo y un rinconcito elevado que hace de habitación de hotel, restaurante, escenario de cabaret...
Una "orquesta" formada por dos pianos y un cello...
Y un resultado sorprendente.
El nivel artístico me pareció impresionantemente bueno. 
Nada, pero que nada amateur. Era todo muy profesional. Los actores estuvieron estupendos , y vocalmente había nivelazo. Y a pelo, nada de micrófonos.
Me enteré después de que algunos de los protagonistas han actuado o van a hacerlo en musicales del West End, y me contaron que los actores hay veces que entre gran producción y gran producción se meten en musicales alternativos cobrando poco o nada porque les dan prestigo y nombre. Y el ambiente teatral en Londres es tan competitivo que todos tienen que estar al máximo nivel.

Stephen Ashfield pasa con total naturalidad por los distintos estados que le ofrece su papel de Casey, el periodista juerguista y ligón, con una irresistible vis cómica. Además, fantástico de voz.

Menos rotundo vocalmente pero sensible, absolutamente encantador y humorístico cuando tocaba, estaba el otro boy, Craig Fletcher en el papel de Guy. Muy bien. Por ponerle un pero yo habría puesto más diferencia física entre las dos partes de su doble papel pero bueno, bien.


Ben Kavanagh es un auténtico robaescenas. Es cierto que su papel es el más goloso: un tipo absolutamente detestable. Pero cada vez que sale es imposible no quedarse fascinado por él. Genial.

Johnjo Flynn ofrece tablas y seriedad como el amigo de Casey, un papel secundario poco lucido, la verdad. Y Anna Nicholas hace de madre y de tía de Guy. Es la clásica veterana de teatro que puede, y sabe, cantar. Y su número principal es un auténtico bombón.

Al margen de los principales, un auténtico 10 para el "ensamble". Por graciosos, por cantar bien, por empastar a la perfección las voces,  por unas coreografías notables y por conseguir crear el ambiente perfecto.
Esa es otra, la coreografía. Otro 10 para Lee Proud. 
Bravi para los músicos, dirigidos por Stefan Bednarczyk, por lograr que nos olvidáramos de que sólo había 3 instrumentistas.
Y finalmente un BRAVO para el director, Gene David Kirk.
 
Boy Meets Boy es un musical de pequeño formato. Se creó en 1975 en el Off-Broadway de la Nueva York pre-sida para una compañía de las dimensiones de ésta y, por las fotos que he visto, siempre se ha representado más o menos así. Está un punto por encima del cabaret de drag graciosilla haciendo chistes pero no tiene mucho sentido en un teatro grande.
Y por fin me he enterado bien del argumento. Ponerlo aquí es larguísimo, porque aunque la línea argumental es sencilla, pasan demasiadas cosas. Así que lo voy a resumir en tres frases y tres personajes: Chico conoce a chico, chico pierde a chico pero chico consigue a chico al final. Casey, Guy, Clarence.

Casey, periodista desprestigiado, se lanza a buscar a Guy Rose, el aristócrata que ha dejado plantado al millonario Clarence en la puerta de la iglesia. Casey encuentra a Guy, un tipo bastante normalito, y no puede creer que sea el dandy que él se imagina que debería ser. Guy le sigue el juego y lo acompaña haciéndose pasar por un "amigo de Guy", mientras Clarence persigue a ambos. Guy se enamora de Casey, pero Casey está obsesionado con su "Guy ideal". Tras una serie de malentendidos originados por Clarence todos quedan con el corazón destrozado. Guy huye a Francia, dispuesto a trabajar en el show de striptease de su tía, una  vedette. Clarence intenta recuperar a Guy, Guy intenta conseguir a Casey, Casey no entiende por qué "su" Guy le huye... hasta que Clarence, harto de que todo el mundo lo odie, aclara los malentendidos y al final los dos chicos son felices y comen perdices.

¿Lioso? Pues sí.
Lo más notable es que, siendo una pieza de temática homosexual, no es ninguna mariconada. No hay reivindicación, no hay loquerío, no hay amaneramiento. La gracia del asunto es que todo transcurre en un supuesto momento utópico en el que a nadie sorprende ni escandaliza que un hombre ame a otro hombre o que haya una boda entre dos hombres en una iglesia. La acción transcurre en Londres en los años 30 durante la crisis ocurrida por la abdicación de Eduardo VIII para casarse con la señora Simpson.
Es un musical gay pero no es gay en absoluto. He ahí lo verdaderamente transgresor. Se podría cambiar a Guy por una chica y seguiría funcionando exactamente igual.


Por otra parte, hay que mencionar la partitura, de corte clásico, muy al estilo Cole Porter o Irving Berlin.

No hay más que escuchar este inspiradísimo y elegante dúo, Let's:
 
 O el auténtico hit de la obra, Does anybody love you? , una emocionante declaración de amor:

Boy meets boy es un muy buen musical. Ya te lo dije (clic).
 
Y lo recomiendo fervorosamente a todo amante de los musicales de verdad (no de los de refritos de canciones de un grupo). El CD de la producción original de 1975 está a la venta en iTunes, Amazon y, si alguien lo quiere en descarga directa con fotos, programa y letras, no tiene más que pedírmelo a través de mi página de Facebook).
En esta producción hay dos canciones que no me aparecen en el CD, In Love Never y Paris. ¿Serán añadidos?
A la salida, llovía, pero los chicos estaba esperándome en Compton's para iniciar una loca velada londinense. 



Bill Solly
Boy Meets Boy
Jermyn Street Theatre. Londres. Jueves, 6 de diciembre de 2012.

viernes, noviembre 16, 2012

Esta noche Programa Doble: Il prigioniero y Suor Angelica

 

Con la excusa de que los protagonistas de ambas óperas son víctimas de sendas dictaduras políticas (la web del Real dixit) y de un dogmatismo moral represivo, se nos ha metido en programa doble a Il Prigioniero, de Luigi Dallapiccola junto a Suor Angelica, de Giacomo Puccini.

Bueno, fifty fifty, porque si bien el prisionero lo es por motivos políticos (se le supone un sublevado flamenco frente a Felipe II) de represión moral tiene poco, y lo contrario la pobre monjita (¿qué dictadura política le afecta a la pobre que no sea la de su tiránica tía?).

El caso es que ambos personajes están atrapados, uno en una cárcel y la otra en un convento de clausura. Uno ansía la libertad y la otra sólo noticias, y para ambos ver un rayo de luz significa esperanza. Y, no es cuestión aquí de desvelar finales, pero chico, en la ópera ya sabes cómo son, casi todas acaban fatal, así que la esperanza, como decía la Principessa Turandot, delude sempre.



Una vistosa estructura giratoria troncocónica (una pantalla de lámpara, para entendernos) a base de barrotes y escaleras es el decorado común para ambas óperas. La verdad, da juego, evoca perfectamente la claustrofobia que sienten los personajes y da mucho juego.

Pero lo que realmente creo yo que ha conseguido conjuntar ambas óperas al margen de sus argumentos es la orquesta. Una fantástica, intensa y vibrante interpretación a cargo de la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por Ingo Metzmacher. Muy bien.


Il prigioniero es una obra dodecafónica facilita y asumible para oídos acostumbrados a música más convencional. Tiene mucho ñiñoñiñoñiñoñiiii... chaaaaaaan efectista. Para un clasicorro como yo no me pareció mal, la verdad.

Lo que sí que me pareció simplón y obvio fue el argumento: ¿De verdad algo tan anecdótico ha tenido que estar basado en dos obras  litearias distintas? Siempre lo digo: señores de los teatros, por favor, no dejen escribir los libretos a los mismos compositores, que Wagner sólo hubo uno. Y los demás se las dan de grandilocuentes y pasa lo que pasa.


Deborah Polaski, con la voz ya cascada pero con un saber decir y una presencia aún muy impactantes, cumple el papel de la madre del prisionero, que era Vito Priante, de bella voz baritonal, buena planta y actuación convincente. Dos sacerdotes, Gerardo López y David Rubiera, estuvieron más que bien en sus cortísimos papeles y sólo Donald Kaasch en el doble papel de Carcelero/Inquisidor (¿Felipe II?) estuvo más flojito. Con buenos detalles pero no me convenció.

En Suor Angelica ya nos dejamos llevar por el intenso melodismo pucciniano, nuevamente servido estupendamente por la orquesta.


Aquí la que me dejó un poco frío fue Veronika Dzhioeva en el papel principal. O la chica estaba reservándose optó por una interpretación introspectiva, pero le costó mucho meterse en el rol. Bella voz, sí, pero sin la profundidad dramática que requiere la Angelica.

Sólo empezó a emocionarme después del Senza mamma, y eso ya son los últimos minutos de la ópera. Eso sí, en La grazia e discesa dal cielo y en el final estuvo intensísima. El nivel de ese final de la ópera fue muy, pero que muy alto. Ovaciones.


Polaski aborda el papel de la Zia de una manera más parlada que cantada. Suple su desgaste con una prosodia y una actuación ejemplares. Su tía no es la clásica fría autoritaria ni la fanática religiosa que se nos ha presentado casi siempre: es una mujer resignada a que los designios de Dios sean los que rijan el mundo, y aunque ella sea la responsable de que la pobre Angelica esté allí encerraíca ha sido porque Dios lo ha querido así. Si has visto la película "Camino", me recordó mucho a la madre de la protagonista. Muy Opus todo.

El resto de las monjas, muy bien, yo destacaría a Auxiliadora Toledano y Marina Rodríguez-Cusí.

El coro masculino, algo vociferante en Il Prigioniero y para mí inaudible en Suor Angelica (creo que intervienen al final en los delirios de la prota, ¿no?), porque los colocaron en las jaulas del 5º piso y yo estaba sentado justo debajo de la jaula de enfrente, con lo que oía perfectamente el coro femenino y de voces blancas que me tapaban el otro.

Quien quiera una versión calixtobietizada del argumento de Suor Angelica, se puede pasar por aquí: clic.

Salí bastante contento con la velada. Me sentí muy "señora que va al teatro con abrigo de ramuské y se emociona con Puccini".


Luigi Dallapiccola
Il prigioniero
Giacomo Puccini
Suor Angelica



Teatro Real. Madrid. Jueves 15 de noviembre de 2012.
Ingo Metzmacher, Lluís Pasqual
Vito Priante, Veronika Dzhioeva, Deborah Polaski, Donald Kaasch, Auxiliadora Toledano, Marina Rodríguez-Cusí, Itxaro Mentxaka, María Luisa Corbacho, Gerardo López, David Rubiera, Maira Rodríguez, Rossella Cerioni, Anna Tobella, Sandra Ferrández, Maite Maruri, Legipsy Álvarez, Debora Abramowicz, Carolina Muñoz, Esther González.



martes, octubre 09, 2012

Boris Godu... no


Cuando uno se tira media hora haciendo todo lo posible por no dormirse, cambiando de postura, mordiéndose la lengua, intentando concentrarse... es hora de asumirlo: mejor vete a casa, ¿para qué seguir si lo estás pasando mal?

Segundo intento con Boris Godunov, que será todo lo obra maestra que sea, pero que no puedo con ella. Hace años me quedé dormido y hoy he aguantado sólo la mitad.

Y me da rabia, porque iba yo preparado, con el argumento sabido, y la producción, por mucho que la hayan puesto a parir, no me pareció tan mala: la clásica traslación temporal en vestuario y un espectacular y feote edificio con una plataforma que subía y bajaba. Nada para rasgarse las vestiduras. Y las voces estaban bastante bien.

Y me sigue dando rabia porque quería escuchar el acto polaco y me dijeron que la segunda parte no era tan plomo como la primera, pero cuando no se puede, no se puede.

Y que nadie me diga nada, porque en el andén del metro (y no salí pitando) había varias personas también con el programa del Real.

Lo mismo es que era lunes.

Será por eso.

Modest Mussorgski
1/2 Boris Godunov
Teatro Real, Madrid, lunes 6 de octubre de 2012




lunes, octubre 08, 2012

Fallido Falla




Ay qué poco me ha gustado este programa doble de El Amor Brujo y La Vida Breve, de Falla, agrupados bajo el título ¡Ay, amor!, en el teatro de la Zarzuela.

Menos mal que estaba María Rodríguez haciendo de Salud para salvar la función, que si no menudo pestiño. 


Es la producción ideal para agradar a los intelectualoides: la escena vacía, eliminación de todo folklorismo y añadidos de poemas recitados y piezas flamencas, que eso de la fusión queda muy culto, y como que da caché. Muy koncept.

Las narices. El tablao circular inclinado con unas piedras (muy geométrico, muy de regie wagneriana) sirve para El Amor Brujo, porque es un ballet. Pero de lo de quitar folklorismos nada, que salen la gitana, el torero, el guitarrista, los nazarenos, el entierro, los niños jugando... Eso sí, pasando por detrás. Vamos, que parece que no, pero así de refilón nos han colado todos los tópicos escénicos de una spanische Oper.


El Amor Brujo pasó sin pena ni gloria. Era para haber cerrado los ojos y haberse fijado solamente en el meritorio trabajo de la orquesta casi de cámara a cargo de Juanjo Mena y en el cante de Esperanza Fernández. Porque lo que había encima del escenario para mí tenía un interés muy escaso. Aparte, era imposible seguir el argumento de la pieza, era solamente una bailaora dando vueltas. Pero bueno, es una obra cortita.


Y ya La Vida Breve fue un despropósito total. Me parece bien que quieran despojar de topicazos andaluces la escena, que esta vez lo han hecho, pero es que la han dejado desierta. Mejor eso que el portal de Belén que se montó en el Teatro Real hace unos años. Pero joder, con un poco de dirección escénica.

Los cantantes se paseaban por el escenario como sin saber qué hacer, la interacción entre ellos era nula, había momentos en los que se quedaban parados, los dúos eran de una desafección total... Aburrimiento.


La Vida Breve es complicada. El argumento es muy simplón, la carga dramática es mínima y además hay mucha parte sólo instrumental. Hay que crear una atmósfera. Y la orquesta lo intentó, pero ver el escenario vacío con una iluminación naranja bastante espantosa la verdad es bastante desolador.

Eso sí, para que nadie se aburra en el interludio, sacamos de nuevo a la cantaora esta vez para recitar un poema rompiendo todo lo que ha conseguido la orquesta.

¿Y tanto falso minimalismo para qué? Pues para que en la segunda parte de la Vida Breve nos pongan unos farolillos, al coro dando palmas y el ballet flamenco modelo Maria Rosa de toda la vida. Una vez más no queremos poner tópicos, no, pero hala, los soltamos todos de golpe. ¿En qué quedamos?

Afortunadamente, la Danza nº 1 levanta el sopor de la función, con una coreografía clásica y desde ahí se llega hasta el clímax final... roto de nuevo por la inclusión de una canción flamenca después del último chimpún de la orquesta.

En fin.


El nivel vocal estuvo notable: Enrique Baquerizo hizo un buen tío Sarvaó sin cargar las tintas en lo grotesco. Me encantó que siempre llevara un martillo a cuestas. Milagros Martín, mejor por arriba que por abajo, tuvo que luchar contra unos movimientos absurdos y al final logró emocionar como la Abuela. Muy bien también Josep-Miquel Ramón como Manuel y Gustavo Peña como la voz en la fragua. El resto tienen dos frasecitas como mucho. Y sí, yo también me he fijado en que la vendedora primera era Milagros Poblador, que ah cantado Gildas, Lucias y Reinas de la noche por todo el mundo.


El coro anduvo algo camuflado en la primera parte (¿dónde estaban?)  y, sin llegar a maravillarme, mantuvieron el tipo sin pegar los bocinazos habituales que se dan en esta ópera (una vez más me remito a la ya lejana producción del Real, qué gritos, por favor).

La pareja protagonista estuvo a gran altura. José Ferrero brilló en el precioso dúo de amor y es tenor a quien tengo ganas de escuchar en algún rol más extenso.


A María Rodríguez la llevo viendo/escuchando ya muchos años, sobre todo en zarzuela. Cosas buenas (unas Revoltosa o Katiuska de primera) y otras no tanto (un Viaggio a Reims francamente flojo). No estaba yo muy convencido de cómo iba a abordar la Salud.
Pues bien, para mí estuvo estupenda vocalmente, y además fue la única que se implicó escénicamente con su personaje (o la única que estaba dirigida, que todo es posible). Muy, muy bien. 

Aplausos corteses para todo el elenco, intensos para Rodríguez y alguna ovación para la cantaora.

Me aburrí, mi chico se aburrió, los turistas que tenía al lado se aburrieron y de los del otro lado una pareja se fue a mitad de espectáculo. El tercer piso del Teatro de la Zarzuela, un sábado por la noche, a menos de la mitad de aforo. Ilustrativo.

Pero no puedo evitar poner la foto del pedazo de sortijón/pastelito que llevaba la japonesa que se sentó a mi lado. ¡Digno del blog maleni!


A pesar de lo negativo de mi crónica, recomiendo fervorosamente a quienes no las conozcan que se escuchen El Amor Brujo y La Vida Breve, son dos joyitas.

Y aquí la grabación de la radio de una de las funciones, con el otro reparto (Lola Casariego y Andrés Veramendi): http://operalia-verdi.blogspot.com.es/2012/09/de-falla-la-vida-breve-madrid-2012.html



Manuel de Falla
¡Ay, Amor!
El Amor Brujo y La Vida Breve
María Rodríguez, José Ferrero, Milagros Martín, Enrique Baquerizo, Gustavo Peña, José Ángel Carmona, Josep-Miquel Ramón, Esperanza Fernández, Natalia Ferrándiz.
Herbert Wernicke, Juanjo Mena.
Teatro de la Zarzuela, Madrid, sábado 6 de octubre de 2012

Mira

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