miércoles, diciembre 12, 2012

Hoy un musical: Boy Meets Boy

Vaya, tengo mi vena operística bastante desatendida, y además por culpa del puente de la semana pasada o pude ir a ver el Macbeth del Real, del que me han dicho de todo.

Para compensar, una pequeña crónica de un musical que fui a ver hace una semana: Boy Meets Boy, de Bill Solly, cortapegando lo que puse en mi blog personal.

Conseguir entradas fue algo bastante rocambolesco, de hecho me enteré por casualidad de que lo estaban representando justo cuando yo iba a estar en Londres, y al final conseguí la última butaca a la venta para la función de tarde del día 6 en el Teatro de la Calle Jermyn (Jermyn Street Theatre).
 
La entrada es una puertecita entre una tienda y un restaurante. Yo ya imaginaba una sala pequeña, pero es que ¡se podía vender casi como el teatro de la Nancy! Bajas unas escaleras y te encuentas con esto:


La chica del chiscón de la taquilla está también en el cubículo del bar, donde vende los programas, luego hay dos minifilas laterales y, a lo largo del escenario, otras tres filas de asientos. Total, 70 butacas y, como habían quitado 6 para los músicos, 64. Como bien pone en el croquis, el escenario es de 8 x 4 metros. Los baños están detrás del escenario. El teatro de PinyPon.

Ay madreeeee, que uno ya se conoce este tipo de teatros "alternativos" en Madrid, sielosanto qué es lo que nos irán a poner.

Me siento en mi butaca B10 (agua) y miro el público. Mmmm, variopinto, destacando un par de grupos de gays pasando los 60. Y varias parejas de "tío-con-sobrino" de cierto nivelito. Muy como en los recitales del Real, vamos.

Me pido una CocaCola Light para evitar el sopor (que me conozco) y por 1,50 pounds me ponen esto:
Qué mariconada. La Diet Coke de Gaultier.
¡Y empieza el espectáculo!

Señoras, señores, de quedarse con la boca abierta.
Un equipo actoral formado por 13 personas: 3 protagonistas, 2 secundarios y 8 cantantes/bailarines en el coro.
Una producción no ya sencilla, sino casi inexistente: un espacio frontal vacío donde los del coro van poniendo y quitando los elementos de atrezzo y un rinconcito elevado que hace de habitación de hotel, restaurante, escenario de cabaret...
Una "orquesta" formada por dos pianos y un cello...
Y un resultado sorprendente.
El nivel artístico me pareció impresionantemente bueno. 
Nada, pero que nada amateur. Era todo muy profesional. Los actores estuvieron estupendos , y vocalmente había nivelazo. Y a pelo, nada de micrófonos.
Me enteré después de que algunos de los protagonistas han actuado o van a hacerlo en musicales del West End, y me contaron que los actores hay veces que entre gran producción y gran producción se meten en musicales alternativos cobrando poco o nada porque les dan prestigo y nombre. Y el ambiente teatral en Londres es tan competitivo que todos tienen que estar al máximo nivel.

Stephen Ashfield pasa con total naturalidad por los distintos estados que le ofrece su papel de Casey, el periodista juerguista y ligón, con una irresistible vis cómica. Además, fantástico de voz.

Menos rotundo vocalmente pero sensible, absolutamente encantador y humorístico cuando tocaba, estaba el otro boy, Craig Fletcher en el papel de Guy. Muy bien. Por ponerle un pero yo habría puesto más diferencia física entre las dos partes de su doble papel pero bueno, bien.


Ben Kavanagh es un auténtico robaescenas. Es cierto que su papel es el más goloso: un tipo absolutamente detestable. Pero cada vez que sale es imposible no quedarse fascinado por él. Genial.

Johnjo Flynn ofrece tablas y seriedad como el amigo de Casey, un papel secundario poco lucido, la verdad. Y Anna Nicholas hace de madre y de tía de Guy. Es la clásica veterana de teatro que puede, y sabe, cantar. Y su número principal es un auténtico bombón.

Al margen de los principales, un auténtico 10 para el "ensamble". Por graciosos, por cantar bien, por empastar a la perfección las voces,  por unas coreografías notables y por conseguir crear el ambiente perfecto.
Esa es otra, la coreografía. Otro 10 para Lee Proud. 
Bravi para los músicos, dirigidos por Stefan Bednarczyk, por lograr que nos olvidáramos de que sólo había 3 instrumentistas.
Y finalmente un BRAVO para el director, Gene David Kirk.
 
Boy Meets Boy es un musical de pequeño formato. Se creó en 1975 en el Off-Broadway de la Nueva York pre-sida para una compañía de las dimensiones de ésta y, por las fotos que he visto, siempre se ha representado más o menos así. Está un punto por encima del cabaret de drag graciosilla haciendo chistes pero no tiene mucho sentido en un teatro grande.
Y por fin me he enterado bien del argumento. Ponerlo aquí es larguísimo, porque aunque la línea argumental es sencilla, pasan demasiadas cosas. Así que lo voy a resumir en tres frases y tres personajes: Chico conoce a chico, chico pierde a chico pero chico consigue a chico al final. Casey, Guy, Clarence.

Casey, periodista desprestigiado, se lanza a buscar a Guy Rose, el aristócrata que ha dejado plantado al millonario Clarence en la puerta de la iglesia. Casey encuentra a Guy, un tipo bastante normalito, y no puede creer que sea el dandy que él se imagina que debería ser. Guy le sigue el juego y lo acompaña haciéndose pasar por un "amigo de Guy", mientras Clarence persigue a ambos. Guy se enamora de Casey, pero Casey está obsesionado con su "Guy ideal". Tras una serie de malentendidos originados por Clarence todos quedan con el corazón destrozado. Guy huye a Francia, dispuesto a trabajar en el show de striptease de su tía, una  vedette. Clarence intenta recuperar a Guy, Guy intenta conseguir a Casey, Casey no entiende por qué "su" Guy le huye... hasta que Clarence, harto de que todo el mundo lo odie, aclara los malentendidos y al final los dos chicos son felices y comen perdices.

¿Lioso? Pues sí.
Lo más notable es que, siendo una pieza de temática homosexual, no es ninguna mariconada. No hay reivindicación, no hay loquerío, no hay amaneramiento. La gracia del asunto es que todo transcurre en un supuesto momento utópico en el que a nadie sorprende ni escandaliza que un hombre ame a otro hombre o que haya una boda entre dos hombres en una iglesia. La acción transcurre en Londres en los años 30 durante la crisis ocurrida por la abdicación de Eduardo VIII para casarse con la señora Simpson.
Es un musical gay pero no es gay en absoluto. He ahí lo verdaderamente transgresor. Se podría cambiar a Guy por una chica y seguiría funcionando exactamente igual.


Por otra parte, hay que mencionar la partitura, de corte clásico, muy al estilo Cole Porter o Irving Berlin.

No hay más que escuchar este inspiradísimo y elegante dúo, Let's:
 
 O el auténtico hit de la obra, Does anybody love you? , una emocionante declaración de amor:

Boy meets boy es un muy buen musical. Ya te lo dije (clic).
 
Y lo recomiendo fervorosamente a todo amante de los musicales de verdad (no de los de refritos de canciones de un grupo). El CD de la producción original de 1975 está a la venta en iTunes, Amazon y, si alguien lo quiere en descarga directa con fotos, programa y letras, no tiene más que pedírmelo a través de mi página de Facebook).
En esta producción hay dos canciones que no me aparecen en el CD, In Love Never y Paris. ¿Serán añadidos?
A la salida, llovía, pero los chicos estaba esperándome en Compton's para iniciar una loca velada londinense. 



Bill Solly
Boy Meets Boy
Jermyn Street Theatre. Londres. Jueves, 6 de diciembre de 2012.

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