jueves, octubre 15, 2009

A Lulu hay que ir con los deberes hechos




Lulu, de Alban Berg
Teatro Real de Madrid
14 de OCtubre de 2009
Agneta Eichenholz, Jennifer Larmore, Gred Grochowski, Paul Groves, Franz Grundheber, Will Hartmann, Paul Gay.
Eliahu Inbal. Christof Loy

Que sí, que a Lulu, y más a la que nos ha tocado este año, hay que llegar preparadito.
Primero, saber que vas a escuchar música atonal (es decir, cambia el chip).
Luego, que la ópera no es que sea larga, es que es larguísima (es decir, sobredosis de cafeína para aguantar, que ya sabemos la modorra que nos entra en el teatro los días de diario, y que hay que llegar merendado, que se sale a las doce).
Y finalmente, no está de más empaparse un poco del argumento, del libretto y de la historia que rodea a la ópera (para ello en la página web del teatro está colgado el vídeo de 20 minutos de José Luis Téllez explicándola).

Y luego me meto en el teatro, con un canguis de cojones, porque pienso que me voy a dormir a la primera de cambio, que yo en un primer acto que me dure más de cincuenta minutos ya se sabe que cabeceo, Wozzeck me parece bastante coñazo y con el miedo en el cuerpo que te mete el haber leído las críticas de los periódicos y las furibundas reacciones a la puesta en escena que pululan por los foros (y eso que ni he abierto el de la Cofradía de la Perpetua Indignación).

Pues no. Lulu me envolvió. Sin haberla escuchado previamente (ya lo sé, soy un zote, pero las dos veces que lo había intentado en casa la quité a los tres compases), la música me metió dentro. O casi diría yo que quedé fascinado por la "arquitectura" musical de la ópera. Queda pedante decirlo, lo sé, pero es la estructura, la forma, el ritmo frente a la falta de melodía lo que me encantó. Y luego está un argumento totalmente fascinante y truculento que hace que una vez que entras en la ópera mantengas la atención hasta el final.


Pero para ayudar a joder las cosas está la puesta en escena. Vale. Una puesta tradicional lo hubiera llenado todo de brillibrillis y cartón piedra. Lulu se presta a las transgresiones escénicas. Pero lo que nos han enseñado hoy no es ni siquiera transgresor. En su afán por despojar el drama de toda distracción y aditamento en un mal comprendido minimalismo, el señor Christof Loy vacía la escena: sólo hay un suelo blanco, una pared de cristal y una silla. Y, no contento con ello, en el primer acto el movimiento de cantantes es absurdo e incomprensible. Lulu es algo así como un robot alejado de la femme fatale que debería ser. Y o te sabes muy bien de antemano qué es lo que ocurre y quién entra y quién sale o no te enteras de nada. Bastante putrefacto. Sin embargo, a partir del segundo acto las cosas cambian en el terreno de expresividad de los personajes, y ya no hace falta ningún elemento más en la escena. En el tercer acto bastó y sobró el foco de luz para crear todo el ambiente.

A ver, no sé si me explico. Que vale, que por mí que dejen el escenario vacío si me creo lo que me cuentan o lo veo. Y eso pasó en los dos últimos actos, pero en el primero no. Así puedo entender la desbandada general de público en el primer intermedio. Sin embargo, no la del segundo. Más que nada porque se perdieron lo mejor de la ópera, que es el final.

Y digo yo... se van de Lulú... ¿y no de otros coñazos soberanos con los que a tenido a bien martirizarnos nuestro querido Teatro Real? Porque así a bote pronto recuerdo el insoportable Simon Boccanegra que esta temporada nos repiten. O cualquier Donizetti cómico... Y en cuanto lo comenté a mis amigos saltaron otro porrón de títulos (la Pietra de nosequé de Rossini, el Così de SuperFlotats...)

El nivel musical estuvo muy alto. Hay que ser una auténtica fuera de serie para sacar adelante el personaje de Lulu. La Agneta se salió. Vale, chilló los sobreagudos al principio, pero en cuanto calentó la voz... menuda peazo soprano. Cómo es posible que de un cuerpillo tan chiquitín salga esa voz. Sobrecogedora. Estupenda.

Ay la Larmore. Pero bueno, qué tipín se le ha quedado, ¿no? Estupenda también, muy expresiva, y aprovechando al máximo el bombonazo de papel que tiene. Vale, el volumen no es su fuerte, pero ha sido suficiente. Y me he reconciliado con ella después de aquel soporífero Giulio Cesare de hace una década. Muy bien.


En el sector masculino, excelentes Grochowski, Grundheber y Hartmann. Los dos Paul, Groves y Gay, se pelearon un poquito con el volumen de la orquesta pero fueron de menos a más. Sin objeciones, por mi parte.

No sé cómo se quedaría el patio de butacas. Yo diría que arriba en gallinero paraíso aguantamos como un tercio de los espectadores iniciales cuando la cosa acabó casi a medianoche. Los aplausos fueron rapiditos, que había que coger el metro (a ver quién es el morro que le dice al tx que aguante trabajando hasta las doce para venirme a recoger, habiendo fútbol, ja).

En fin, que sí, que me gustó mucho, de verdad, sin falsa pedantería ni ínfulas de modernademierda. Y yo creo que me gustó más porque iba condicionado a que me iba a aburrir mortalmente.

No vi la famosa producción del Teatro de la Zarzuela de principios de los 90, la de Patricia Wise, que todo el mundo dice que es maravillosa. Pero como se emitió por tv seguro que ronda por algún lado. A ver si me la consigo. La que sí tengo es la famosa de París cuando se estrenó la versión de 3 actos, con Teresa Stratas. Le he echado un vistazo por encima y está la mar de bien. Recomendable.


Unos enlaces:

Argumento de Lulu
Web de Lulu del Teatro Real
Libretto de Lulu
Discografía de Lulu



7 comentarios:

  1. Qué maravilla de ópera. Y cómo le gusta al snob que hay en mí que la gente se salga... Recuerdo como si fuera ayer la de la Zarzuela de hace casi 20 años, que fue la revelación, y un par más, en la ENO y en el Met, con Christine Schäfer saliéndose (y me da que ha dejado de hacer el papel). Qué rabia no estar en Madrid para verla...

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  2. Para vuestra informacion que sepais que la Larmore ha estado unos años bastante away por un cancer, que ha superado y se ha quedado con ese tipin.
    Y es una alegria para todos que haya vuelto con energias renovadas!!!

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  3. Ya te he comentado en el Mocho, me encantó... también desde el Paraíso.

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  4. Hola Justoooow.

    Brecks, cuando te pones snob no hay quien te gane.

    Primer55, gracias por la información, no tenía idea de la enfermedad de Jennifer Larmore. ¡Y me alegro de que haya vuelto tan estupenda!

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  5. Se comentó en tu otro blog la puesta de Jaun Carlos Plaza: ví sus dos Berg (Wozzack y Lulu) en el Teatro Colón y en esta última estuvo mejor en sus ideas; recuerdo lo del ascensor para significar la caída de las acciones, lo rojo que era el sofá de final del segundo acto.

    Tienes razón: se puede ser conservador como amante de la ópera pero no pelotudo (gilipollas, zopenco): si se hace un Berg hay que saber que no sonará como Verdi o Puccini; basta con leer un poco antes de ir, hacer la tarea en casa (una tarea que habría que hacer, también, con títulos más "tradicionales").

    Si entendiste la estructura de la obra a pesar de su complejidad significa que la dirección musical y los cantantes de la producción fueron extraordinarios, porque hay que hacerla...

    Grundheber hizo la puesta de nuestro "Wozzeck" y cantó un par de funciones. Yo fui el "loco", Der Narr, y salía con un globo rojo en la mano.
    El caballero Grundheber tiene mas de 70 años y la voz intacta. Sigue cantando cosas como "Holandés".

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  6. Leo en el reparto que trabajé con el ayudante del director de escena; Axel Weidauer: está de asistente en la Ópera de Frankfurt y en su momento, cuando era estudiante en Hamburgo, lo asistí en su puesta de "La tierra de las sonrisas" de Lehar. Casualidades de la vida.

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  7. Pues yo me salí al final del primer acto el dia del estreno....No fuí capaz de aguantar la puesta en escena, aunque me había aprendido el argumento.... ¡¡un horror!!
    Es más, regalé una entrada de Paraiso que tenía para el día 12...
    Yo sí ví la Lulu del Teatro de la Zarzuela.... y me encantó....

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