domingo, mayo 27, 2007

Pánico en Madrid

Vale, Angelita no dio la espantá, pero... ¿creíamos que nos íbamos a ir de rositas?

Pues no, su maridín, Roberto Alagna, cancela Trovatore porque tiene que ser sometido a una operación quirúrgica.

¿Quién lo sustituirá? Pues aún no se sabe.

Io tremo.




Actualizanding:

Según la web del Teatro Real, Casanova pasa a las funciones de Alagna y las suyas las cantará el coreano Francesco Hong (¿?). Puede seguir habiendo sorpresas

lunes, mayo 21, 2007

Angela Gheorghiu en Madrid

Por fin Angela Gheorghiu se presenta -que ya era siglo- en Madrid después de su espantá de la Traviata de hace unos añitos.

En los quince años que lleva de carrera ha adquirido un status de divismo bastante antipático, todo sea dicho, pero eso no deja de ser bastante divertido.

La verdad, después de lo escuchado anoche, me he divertido bastante viéndola, he apreciado su voz (estaba encimita de ella) y, francamente, me ha gustado mucho.

Ya vendrán los académicos de turno y todos los que comercial=basura por sistema a decirme que no tengo ni puta idea de canto y que es un bluff de señora. Pues muy bien, vale.

La Gheorghiu es una lírica con timbre de color oscuro, que sube bien al agudo, se permite hacer alguna agilidad, tiene un volumen considerable (no es atronadora, pero una orquesta detrás no la tapa, por mucho que algunos se empeñen) y tiene unos graves aceptables (con matices).

El recital que dio anoche en Madrid fue auténtica ópera-maría: Fausto, El Cid, Manon, Carmen y cuatro de Puccini. Sólo ocho piezas. Bueno, yo prefiero que me cante 8 arias a 16 canzonettas bellinianas y rumanas, la verdad.

El recital incluía cuatro intervenciones orquestales a cargo de una Sinfónica de Madrid algo acelerada por parte de López Cobos. ¿Los nervios? ¿Es verdad eso que me dijeron en el intermedio de que la diva no se había presentado al ensayo y amenazaba con cancelar y estaban todos de los nervios o es leyenda urbana? López Cobos durante los acompañamientos estuvo pendiente cada segundo de la Gheorghiu, de cuándo respiraba, aguantaba o iba a terminar una nota.

Antes de comentar a la soprano, las partes orquestales: Obertura de Beatriz y Benedicto de Berlioz (bien), Juegos de niños de Bizet (así así), Capriccio Sinfonico de Puccini (un batiburrillo bastante desigual) y Crisantemi, de Puccini (una bonita pieza elegiaca). Ahora, al trapo:

Angela se metió al público en el bolsillo nada más empezar: apareció guapísima, con la melena ondulada y un vestido playero muy favorecedor con aire seventies, tan delgada que quitaba el hipo. Y encima canta para comenzar el recital el aria de las joyas de Fausto. Rapidísima, pero muy bien. y muy bien interpretada, que la señora tiene una capacidad expresiva tremenda. Primer aplauso atronador.

Estupenda también en el Pleurez del Cid, donde sacó vena dramática. Pequeño interludio para una pieza algo más descansadita, la petite table de Manon, que hizo muy sentida. Aplausos y un abucheo desde el 3er o 4º piso, que no es secundado.

Termina la primera parte con la habanera de Carmen. Ahí observo cómo el color de voz cambia notablemente cuando baja a los graves, que no son para nada inaudibles, pero distintos, sí. Frasea como y donde le da la gana, pero también esto es un recital y no una ópera, y francamente mejor esta habanera que su aburridísima grabación integral de la ópera.

Breve intermedio que aprovecha la Gh para cambiarse de vestido y alisarse el pelo (muy malamente). Nos aparece con un modelito blanco con motivos en rosa y negro un poco art-decô. Muy mono, pero le hace culo. La segunda parte empieza con Manon Lescaut, bien, y La Rondine, donde la señora se luce.

Durante la pausa orquestal de la segunda parte se recoloca los malos pelos a un lado (menos mal) y se cambia para sacar un espectacular vestido rojo vivo con generoso escote y mucha pedrería. ¿Maniobra de distracción para desviar que ha sustituido el Pace mio dio por el O mio babbino caro, que debería ser un bis? Un señor cercano a mí se enfada y le llama caradura. Había estado aplaudiendo a rabiar hasta ese punto, y después ya no dejó de refunfuñar.

Correctito el babbino, preparación para una intensa Butterfly, expresivísima y con el agudo final no tan extenso como todos desearíamos (eso es algo que pasa casi siempre con el bel di vedremo, ¿verdad?).

Fin oficial del concierto y ella, habiéndose comportado en todo momento como una diva encantada de ser ella misma, saluda a todos lados.

Pausa normal para aplausos y bises. Tres. El primero, Non ti scordar di me, en la que se paseó por el escenario a ritmo de vals delante de una atronadora orquesta. Aquello parecía una película musical americana de los 40, con Irene Dunne o Deanna Durbin. Después, Granada. Un despropósito. La Gheorghiu, totalmente divertida y despendolada, ininteligible (eso me da igual, que se ponga alguien a analizar a los más famosos cantantes españoles -Victoria aparte, claro- cuando cantan en alemán, francés o inglés y luego me cuente), dando pasos de baile, moviendo el culo, con la orquesta enloquecida yendo por su lado y ella por otro (la marisabidilla que tenía al lado me decía que iba un tono por debajo), las castañuelas desbocadas y el público aplaudiendo nada más empezar la canción. El despiporre.

Cuando ya creíamos que nos íbamos a casa, se marcó una pieza de una opereta rumana que no conoce ni dior. Más suavecita pero con efectista agudo final.

Fin de la función y las reacciones de siempre por parte de los de siempre.
Es decir, todo ha salido como estaba previsto: ella se ha comportado y ha cantado tal como se esperaba, al igual que el público (tanto los que han aplaudido a rabiar como los que han salido satisfechos como los que han ido a rabiar y pasarlo mal).

Yo, desde luego, me alegro mucho de haberla escuchado por fin en directo y para mi gusto, si va de divorra es porque, de momento, se lo puede permitir.

La crónica petarda y frívola, en mi blog personal haciendo clic aquí.

Lo siento, no me dio tiempo a sacar foto del segundo modelito.


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lunes, mayo 14, 2007

El viaje (o lo que sea) a Simorgh

Tardo en hablar del viaje a Simorgh de los cojones, pero entre que no tengo documentos gráficos y que tampoco me interesó mucho, a ver qué pongo sin quedar como un negativo total.

Hago como Ana Rosa y copio y pego lo que escribí en el foro de ópera.

No me considero con el suficiente conocimiento en música actual como para poder opinar sobre la calidad de la música en sí, así que mi crónica tiene que ir más en relación a lo percibido y al espectáculo en general.

Para mi gusto, el problema de este viaje a Simorgh ha sido el encargar a una sola persona tanto libro como música. Él solito se lo ha guisado y comido. Y supongo que él entenderá lo que ha hecho, porque los demás no.

Hubiera disfrutado si hubiera entendido qué es lo que me quería transmitir este señor, José María Sánchez Verdú. El tipo se hizo un viaje a Turquía, se leyó una novela y le salió esto. Por lo que leo, es un viaje interior en busca de la trascendencia, en el que el peligro está en ir contracorriente y cuyo destino es inevitablemente la muerte. Gracias por explicarlo.

Demasiado misticismo para mi gusto.

Todo ello aderezado con esos diálogos supuestamente surrealistas a los que los libretistas de ópera contemporánea están tan acostumbrados:

- Tengo que hablar con usted.
- No puedo hablar con usted. Esta conversación no está permitida.


Y se quedan tan panchos.

Por partes, hubo buenos momentos, en los que me intenté dejar llevar sensorialmente por música y espectáculo: el inicio es potente, hay una escena en una biblioteca que e resultó interesante y el final con las trompetas por toda la sala fue muy efectista. Mención aparte merecen las intervenciones de la Amada (Ofelia Sala), únicos momentos en los que yo percibía algo musicalmente poético. El resto para mi gusto osciló entre lo aburrido y lo más aburrido.

Los cantos del sufí quedarán muy bien y muy políticamente correctos y muy tal, pero a mí, lo siento, no me dicen nada.

Oscurísima puesta en escena (odio la gasa) que empezó bien con los pájaros y la escena de la muerte, pero que luego se estancó. Buena labor del cuerpo de baile (a excepción del baile derviche final, que fue una birria).

Al terminar, el público se dividió en tres: Silencio absoluto (la mayoría, al menos por mi zona del teatro), pataleos y abucheos (unos cuantos, con incluso gritos de fuera coreados rítmicamente, cosa que nunca había visto) y unos pocos bravos que se animaron un poquito más cuando los pataleos arreciaron, pero que eran claramente menos numerosos.

Salí del teatro desconcertado. ¿Gustarme? Pues no, porque intenté verlo como teatro con algo de música. Ahora, al lado de este Simorgh, la señorita Cristina es una maravilla y Boulevard Solitude una obra maestra.

martes, mayo 08, 2007

El foro de Ópera Actual se muda

El foro de la revista Ópera Actual desaparece.

Sus mensajes pasan a una noche en la ópera.com .

Pasará a ser administrado por los propios participantes (io tremo). Sólo espero que no acabe como otros foros en los que los moderadores se endiosan (tusliendres, callejuelalibertad) o en un avispero imposible de controlar sólo con buena voluntad (WebLaOpera).

Es un buen lugar para opinar, conocer, preguntar, intentar buscar o colocar entradas y hasta hay quien hace amigos. Esperemos que siga así.

jueves, mayo 03, 2007

Les Misérables

Hoy la cosa va de musicales. Y esto es algo que debería ir en mi otro blog, pero lo pongo aquí porque no deja de ser teatro lírico, y porque además me he enrollado huevo y medio y allí sólo pongo frivolidades y fruslerías fáciles de leer.


Mi relación con los musicales tiene sus altibajos. He perdido bastante interés por los últimos que se han hecho, aunque también influye que lo último que vi fuera la megacoñazo Aida de Elton John (qué espanto de hombre, es que no me gusta nada su música, pero nada nada) y musicales basados en canciones de grupos, que me parece un poco timo. Soy más de musical clasicorro, lo reconozco. Y como ya no se hacen musicales de Kern o Porter, me inclino más hacia el más rancio Lloyd-Webber o los Boublil-Schönberg.

Mi viaje de incentivos de la semana pasada incluía asistencia a un musical, sin posibilidad de elegirlo, y tocó Les Misérables. Ya la había visto en Madrid en su época en un montaje muy bienintencionado pero con resultados algo discutibles. Yo hubiera elegido Wicked -que me han dicho que es tremenda- o incluso Mary Poppins pero chico, hay que ver el lado positivo. Iba de gratix y a buena butaca. Así que a disfrutar.






Primera cosa que nos llamó la atención: Nada más entrar nos preguntaron que qué queríamos tomar en el intermedio. Lo dijimos, se pagó y en el entreacto estaban colocadas todas las consumiciones en una repisita con un papelito en el que ponía nuestro nombre. Cada uno cogía sus vasitos y hala, así no había aglomeraciones en el bar. Vamos, esto lo hacen aquí en el Mamma Mia y hay más de diez y más de veinte que se beben sus copas y las de los vecinos.

Creo que Les Misérables es uno de los musicales qué más años lleva en cartel después del fin (ya era año) de Cats. Y me da que ya está también en su recta final. Según me dijeron, lo han cambiado a un teatro más pequeño y hacen cosas tan raras como celebrar su 21º aniversario (!)



El montaje es el de siempre, la plataforma circular giratoria y los dos mamotretos basculantes que hacen de barricadas. Los cantantes... bueno, pues un poco de todo. Muy buena la Eponine, el Valjean y los Thénadier. Más flojos Javert, Fantine (no me gustó, no) y la parejita enamorada. Por los curricula, muchos eran nombres habituales del teatro y televisión británicos. Yo sólo conocía a Jon Lee, el rubito del grupo adolescente S Club 7, que hizo un Marius correctito y escaso de fiato.

En la primera parte, que se hace bastante larga, el tx se durmió un par de veces. Yo estaba con la histeria de estar pendiente de los anfitriones por un lado y de mi novio por el otro.

La segunda parte es más animada, emocionante y llevadera. Hasta le gustó al tx. El inglés y yo salimos del teatro cantando “Do you hear the people sing?” mientras los demás nos miraban con cara de vergüenza ajena, pero es que joder, hay que implicarse un poco, ¿no? Me gustó mucho.

Como comparativa, aquí está la versión española del One Day More. ¿Alguien reconoce al Marius? Sí, es Carlos Marín, el barítono portagonista de gran parte de las zarzuelas de Moreno en el Calderón y posterior componente de ese engendro musical llamado ILDIVO.




Tengo pensada alguna otra entrada sobre musicales. Esperemos.

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Blog en horas bajas

Ni tiempo, ni novedades operísticas. Se siente.
A la Pietra de paragone esa no fui porque me quedé dormido en casa.
Casi mejor que haberme quedado dormido en el teatro, pienso.
La grabé de la tele y me pareció una auténtica castaña.
A Barcelona no voy hasta la Manon y VAYA, una vez más me ocincide con el Orgullo, y este año es el Europride.
El lunes me toca la del viaje de Simorgh. Tiemblo de pensarlo, pero pormismuertos que intentaré ir y no dormirme.
Estoy super perro.
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