jueves, mayo 03, 2007

Les Misérables

Hoy la cosa va de musicales. Y esto es algo que debería ir en mi otro blog, pero lo pongo aquí porque no deja de ser teatro lírico, y porque además me he enrollado huevo y medio y allí sólo pongo frivolidades y fruslerías fáciles de leer.


Mi relación con los musicales tiene sus altibajos. He perdido bastante interés por los últimos que se han hecho, aunque también influye que lo último que vi fuera la megacoñazo Aida de Elton John (qué espanto de hombre, es que no me gusta nada su música, pero nada nada) y musicales basados en canciones de grupos, que me parece un poco timo. Soy más de musical clasicorro, lo reconozco. Y como ya no se hacen musicales de Kern o Porter, me inclino más hacia el más rancio Lloyd-Webber o los Boublil-Schönberg.

Mi viaje de incentivos de la semana pasada incluía asistencia a un musical, sin posibilidad de elegirlo, y tocó Les Misérables. Ya la había visto en Madrid en su época en un montaje muy bienintencionado pero con resultados algo discutibles. Yo hubiera elegido Wicked -que me han dicho que es tremenda- o incluso Mary Poppins pero chico, hay que ver el lado positivo. Iba de gratix y a buena butaca. Así que a disfrutar.






Primera cosa que nos llamó la atención: Nada más entrar nos preguntaron que qué queríamos tomar en el intermedio. Lo dijimos, se pagó y en el entreacto estaban colocadas todas las consumiciones en una repisita con un papelito en el que ponía nuestro nombre. Cada uno cogía sus vasitos y hala, así no había aglomeraciones en el bar. Vamos, esto lo hacen aquí en el Mamma Mia y hay más de diez y más de veinte que se beben sus copas y las de los vecinos.

Creo que Les Misérables es uno de los musicales qué más años lleva en cartel después del fin (ya era año) de Cats. Y me da que ya está también en su recta final. Según me dijeron, lo han cambiado a un teatro más pequeño y hacen cosas tan raras como celebrar su 21º aniversario (!)



El montaje es el de siempre, la plataforma circular giratoria y los dos mamotretos basculantes que hacen de barricadas. Los cantantes... bueno, pues un poco de todo. Muy buena la Eponine, el Valjean y los Thénadier. Más flojos Javert, Fantine (no me gustó, no) y la parejita enamorada. Por los curricula, muchos eran nombres habituales del teatro y televisión británicos. Yo sólo conocía a Jon Lee, el rubito del grupo adolescente S Club 7, que hizo un Marius correctito y escaso de fiato.

En la primera parte, que se hace bastante larga, el tx se durmió un par de veces. Yo estaba con la histeria de estar pendiente de los anfitriones por un lado y de mi novio por el otro.

La segunda parte es más animada, emocionante y llevadera. Hasta le gustó al tx. El inglés y yo salimos del teatro cantando “Do you hear the people sing?” mientras los demás nos miraban con cara de vergüenza ajena, pero es que joder, hay que implicarse un poco, ¿no? Me gustó mucho.

Como comparativa, aquí está la versión española del One Day More. ¿Alguien reconoce al Marius? Sí, es Carlos Marín, el barítono portagonista de gran parte de las zarzuelas de Moreno en el Calderón y posterior componente de ese engendro musical llamado ILDIVO.




Tengo pensada alguna otra entrada sobre musicales. Esperemos.

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Mira

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