lunes, octubre 13, 2008

Por fin Tiefland en Barcelona


Tiefland,
de Eugene d'Albert
Liceo de Barcelona
Sábado 11 de octubre de 2008
Peter Seiffert, Petra-Maria Schnitzer, Alan Titus, Juanita Lascarro, Alfred Reiter. Michael Boder.

A estas alturas imagino que quien lea esto estará ya aburrido de haber leído mil blogs/foros/noticias acerca de lo mismo. Y es que hay que ver lo pesaditos que estamos los blogs: raro es el que no ha comentado la Lucia de la Damrau, el Tiefland, el Ballo del Real, El Don Giovanni de Londres o Los Pescadores de Perlas de Chicago, todos con las mismas fotos y archivos. Pero ay, es lo que toca, ya me gustaría hablar a mí de la pectoralia.com de Nathan Gunn, ya, pero me toca hablar de Tiefland que es lo que fui a ver el sábado.


Mi gran error es el ir demasiado condicionado por la versión discográfica que tengo y de la que puse aquí unos vídeos la semana pasada, la de RCA/Eurodisc con Isabell Strauss y Rudolf Schock, que son un prodigio de poderío vocal y se pasan la ópera pegando bocinazos. (Y no digo nada si escuchamos la versión de Eva Marton) Y claro, me encuentro aquí con Seiffert y la Petra y... no es lo mismo.



Mira que me gustó a mi la Petra como Elisabeth y estaba deseando que me gustara como Marta para chincharle al Ximo... pero no, tengo que reconocer que el papel le sobrepasa y le faltan volumen y rotundidad en los agudos, que los chilla. Peter Seiffert cumple sin embargo como Pedro, aunque no me caló tanto como en el Tannhäuser de la temporada pasada.


Creo que podría decir que a todo el conjunto de la ópera le faltaba un hervor, un punto de dramatismo, de mostrar esas pasiones básicas de las que habla el libretto, de dramón rural, vamos.

La escena, además, no ayudaba nada. Más bien contribuía a rebajar la intensidad dramática. En los folios explicativos que da el Gran teatre del Liceu nos lo dan todo muy comidito: Mathias Hartmann despoja a Tiefland de todo el tipismo para presentar unas pasiones universales y atemporales.


Pues coño, Mathias, hombre. Si empiezas con un prólogo rompedor que recuerda a las películas expresionistas / futuristas alemanas de ciencia ficción... sigue el camino y desbarra un poquito más, no dejes que ese prólogo se haga interminable y que luego el decorado de los dos actos sea tan plano y vacío que una vez pasada la sorpresa de la primera visión lo único que provoca es tedio. El argumento se prestaba a un mayor despendole escénico, desde luego. Y sólo las tres secretarias acababan por llamar un poco la atención, aunque también se agotaban pronto. ¿Que es una fábrica de pan bimbo en vez de un molino? Pues muéstranos la sala de cocción, haz reventar el drama en la cadena de envasado, embadurna a Marta de harina, yo qué sé. O por lo menos cuida la dirección escénica, que anda que no se ha desaprovechado el potencial de los personajes.


No voy a hablar del momento en el que caen pétalos de flor por el escenario porque ya es el recurso más cursi, ramplón y vergonzoso que he visto en mucho tiempo. Claro que peor hubiera sido un nacionalismo rancio de barretina, tenora y butifarra, como parece que pedía parte de la prensa local. Qué espanto.

Vuelvo a la ópera. La música de Tiefland me parece muy buena. El problema es que la ópera tiene tanto tanto texto que a veces me distrae, y la parte vocal me resulta mucho menos interesante. Parece que había un empeño por trasladar la obra de teatro original casi frase por frase a la ópera, y hay veces que se hace un poco cansina.

Reconozco a la orquesta del Liceu un trabajo esforzado para sacar lo mejor de la partitura y mis felicitaciones a Michael Boder, a quien sólo le pongo la pega de acelerar la parte más rítmica del intermedio.

Siguiendo en el terreno vocal, correcto Alan Titus y bien Juanita Lascarro aunque con una voz que a mí no me pega nada para Nuri. Me gustó mucho Alfred Reiter como Tomasso y esperemos que con el tiempo su voz gane en amplitud y personalidad.


Tengo que decir que llevé a dos amigos que creo que era su primera ópera en teatro y disfrutaron bastante. Yo ya digo: salvo un punto de pasión que creo que le faltó, también salí muy satisfecho. Y recomiendo la escucha de la ópera a quienes no la conozcan, es un Wagner meets Verismo muy aprovechable.

Última cosa: aún estoy asombrado de la cantidad de memeces que he podido leer en la prensa sobre Tiefland sólo porque era del gusto de Hitler o en revistas como Ópera Actual en la que hay unos artículos bastante demenciales. O hay gente muy ociosa o realmente tienen unas comeduras de tarro notorias. Porque hay que tener perendengues para comparar esta producción con Blade Runner, joder.

Pongan a Eleuterio y a Mei en sus oraciones, sacrificios humanos, rituales esotéricos, viajes mentales o comunicaciones con el más allá esta semana, que están malitos y tienen que mejorar. Muacs.

Mira

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