martes, marzo 11, 2008

GRANDES BOBAS de la ópera. Hoy: Gilda y Liù


Me gustaría que este texto no fuera acusado de misógino o machista, pero es que hay que reconocerlo: qué mal han sido tratados argumentalmente los personajes femeninos a lo largo de la historia de la ópera.

Enamoramientos facilones, muertes trágicas y absurdas, suicidios variados, enloquecimientos súbitos... ¡Nos ha jeringao con la pelotinitis, que decía mi abuelo Claudio!

Bien es cierto que muchas veces en la ópera lo de menos es el libreto, porque anda que no se mete la gente con el del Trovador o la Gioconda, pero... ¿y qué decir de La Sonámbula o Tristán e Isolda? Aquí no se salva nadie. No.

A lo que voy. Hay una serie de personajes femeninos que me exasperan particularmente, por lo BOBAS que son. No es culpa del libreto en general de la ópera, sino de las pocas luces del personaje, de las ganas de soltarle: niñaaaa, espabilaaaaaa.

Mi Top Ten de Bobas operísticas arranca con dos “suicidas” por amor de lo más absurdas: Gilda y Liù.

A Gilda la seducen, la engañan, la raptan, la violan, le ponen los cuernos en sus narices y encima se sacrifica por el malo de la peli. ¡¡¡PERO TÍA!!! ¿De qué vas?

Sólo se me ocurre imaginar que en realidad Gilda sufría los abusos sexuales de Rigoletto desde pequeña para explicar esa conducta tan estúpida. Mmmm, se lo comentaré a Bieito a ver si se le ocurre algo.


A este respecto, las dos Gildas que más se han acercado a la bobería del personaje son la Scotto y la Sutherland.

Renata Scotto tiene una grabación con Bastianini y Kraus en la que está sencillamente insoportable: de un ñoño, un cursi y un relamido que no hay quien la aguante. Es decir, ideal para el personaje. Ya vendría Kubelik después a ponerle las cosas en su sitio, pero esa grabación anterior es paradigma del boberío.

Joan Sutherland parece que está ida. Entre que su timbre tiene ese velo que le resta claridad y se pasa la ópera trina que te trina como si la cosa no fuera con ella, está talmente en las nubes. Completamente chiflada. En cualquiera de sus grabaciones.

En fin.



Y la Liù no se queda atrás, no. Además, lo suyo es aún más alucinógeno y rayano en la psicopatía.

Amos a ver: ¿Te enamoras de un príncipe porque un día te miró, cuidas de su padre ciego en el exilio, soportas una tortura por no decir su nombre y encima te mueres para que la mala malísima se lleve a tu amado y encima tenga ella el dúo final de la ópera con apoteosis coral incluida?

Ahora, anda que no hay Liùsas listas y no tan mosquitas muertas, que acaban llevándose ellas el gato al agua y el éxito de la función, eclipsando a la principessa malvada.


¿Prototipos de Liùs bobas? Mmmm.... ¿La Caballé, que se tira haciendo cosas preciosas con la voz como si la cosa no fuera con ella? ¿La Tebaldi -que no me gusta nada como Liù-, en plan matrona sacrificada “yo tengo muy claro que me voy a matar”? ¿La Gallardo-Domâs? No, esa no, que le da un toque desolador al personaje que te lo hace creíble.



No os creáis, que también hay personajes masculinos BOBOS DE SOLEMNIDAD, empezando por el absurdo ERNANI.

Pero eso ya será para otro día.

Mira

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