viernes, febrero 01, 2008

Tristán e Isolda
Wagner
Teatro Real de Madrid.
27 de enero de 2008
Ficha


Tarde y mal el escribir sobre el Tristán hoy. Se siente. Pero una semana con fin de mes, pago de impuestos, cierre de ejercicio pasado y locura generalizada me han quitado muchas ganas de actualizar el blog. Aparte, estoy muy poco operístico últimamente.

El domingo pasado me tocaba en abono el Tristán e Isolda de Wagner en el Real. No voy a volver a decir que le pegaría unos tijeretacillos por aquí y por allá porque enseguida salta el desquiciado de turno a insultarme. Se joda, es lo que opino. Tristán e Isolda es una obra con una música bellísima, pero desmesurada.

Y es que 5 horas en las incomodísimas butacas del 5º piso del Real se hacen notar. Porque no todo el mundo estaba en platea, ¿verdad Meeeeei?

Lo tengo comprobado: mi nivel normal de aguante con atención plena es de una hora aproximadamente. Cuando en las óperas los actos superan ese tiempo me distraigo o me peleo con el sueño. Luego llega el entreacto y ya se despeja uno. Y no veas cómo jode eso en una ópera como Tristán, donde la música más maravillosa está precisamente al final de los tres actos.

Pero yo iba preparado para las 5 horas de odisea espaciotemporal. Y me ayudó a que ahora abra el Cortinglés los domingos, porque qué mejor que pasarse por el super y cargar con tentempiés para los entreactos. Así que nada, cafelito en casa, RedBull, un par de sandwiches envasados y unas barritas energéticas de chocolate para aguantar el tirón. Vale, sí, las barritas energéticas son en realidad la excusa hipercalórica del día.

Ay, pero a los acomodadores del Real ahora les dicen que no nos dejen sentarnos con bolsas (lógico, el ruidito del plástico es uno de los más insoportables dentro del teatro). Así que iba yo con los bolsillos del chaquetón cargados de viandas cual niño con sus chucherías. Sí, soy un cutre, pero eran muchas horas, y los bares del teatro son, aparte de caros, un caos durante los intermedios.

Va el señor Mocho y se sienta. Saludos a amigos y conocidos. Preludio. Mmm, sí, la orquesta suena bien, pero le falta algo de intensidad. Es algo que no se puede describir. Por supuesto que nadie le está pidiendo a López-Cobos que nos toque la Cavalleria Rusticana y que estamos hablando de ópera alemana, pero todo queda dentro de una corrección, tan suya por otra parte, que deja con ganas de más.


Se abre el telón y la producción es muy interesante... para los del patio de butacas. Los de arriba nos tenemos que conformar con ver el barco en el suelo del escenario y el mar a un metro de distancia, o mirar a las pantallas.

En los siguientes actos la cosa cayó en picado escénicamente, con unos movimientos de árboles bastante absurdos en el segundo o un hospital megacutre en el tercero. Me gustaría poner alguna foto más, pero ya se sabe lo cochambrosilla que es la página web del Teatro Real, que no tiene ni una imagen. Sé que hay (o había) un acceso restringido a más contenidos, pero como uno ni es periodista ni enchufao ajo y agua.

Sale Isolda. Impresionante la Meier. Ya la vi en este papel en Viena hace 7 ú 8 años y me reafirmo: Sin tener un timbre particularmente bello ni una ortodoxia perfecta en el canto... qué manera de cantar y de expresarse. Qué proyección, qué intensidad, qué presencia, qué todo. Queda un poco paleto decir esto, pero: ¡Qué moderna! Ojo, que también tiene sus cositas, particularmente con los agudos, no vayamos a decir que es perfecta.


La Brangane tiene una voz bonita pero no hubiera estado de más un poco más de peso (muy poco mágica su oda a la luna). Alan Titus me gustó como Kurwenal, mucho más que como el Wotan de la Tetralogía. Rotundo y tosco. Y René Pape se salió como Rey Marke. Qué gustazo da oír una voz tan potente y clara a la vez.

Mucho se ha criticado por ahí el Tristán de Robert Dean Smith. Que si no es un heldentenor, que si no llega, que si no se le oye... Caramba, a mí no me pareció tan malo. Y de todos los Tristanes que he escuchado en directo es el único al que he aguantado la eterna escena del delirio del tercer acto. Porque anda que no es pesadito: tres cuartos de hora esperando el barco el jodío. Y se le escuchaba por encima de la espesa orquesta que López-Cobos le lanzaba.

En los entreactos... todos a tomar cafés y a comentar. Alguna deserción entre los dos primeros actos. Alguna otra en el segundo entreacto pero tampoco nada muy escandaloso. Fin de la función: desalojo salvaje y enloquecido de los que tienen prisa. Y digo yo: Si se han tirado cinco horas en el teatro... ¿qué mas les dará estar cinco minutos más durante los aplausos en vez de crear situaciones estresantes de “me agarro el abrigo y paso por encima de toda la fila para salir cuanto antes” Cómo son.

Y, cómo no, mi tx en la puerta esperándome con el motor en marcha. Ayyyyy, si es que tengo un novio que no me lo merezco.

Mira

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