lunes, febrero 11, 2008

La loca del hacha

Elektra, de Richard Strauss
Teatro del Liceo, Barcelona, 9 de febrero de 2008
Detalles (clic)






Bien, me gustó.

Y eso que el principio me dejó temblando: ¿Qué era eso? Primero un batiburrillo de sirvientas y después el monólogo de Elektra en plan íntimo, introspectivo, tanto por parte de la orquesta como de la soprano. ¿Me iba a tocar una Elektra light? Pero si las notas del "Agamemnon" son esenciales en esta ópera y pasaron casi sin pena ni gloria. Horror.

Vamos a ver, Elektra es la tía loca del hacha que está obsesionada por la venganza, no una mujer que coge un libro y se encierra en un rinconcito del teatro durante toda la ópera a tumbarse en un diván y leer.

Afortunadamente, la cosa cambió, y a mejor. En cuanto pasó el monólogo tanto la orquesta como Deborah Polaski se crecieron y ya dieron todo de sí. Ole por la señora Polaski, que matizó el personaje hasta poner la carne de gallina, desde el grito más rotundo hasta el piano más íntimo. Su encuentro con Orestes fue uno de esos momentos en los que uno dice que ha merecido la pena el viaje a Barcelona.

Y eso que la dirección escénica fue una patata. Totalmente anticlimática y entorpecedora. Y no sólo por la Elektra escondida. Amosavé: ¿Cómo es posible que Elektra y su madre estén de campo y playa tomando unos aperitivitos cuando en el texto se están diciendo las barbaridades que se dicen? O el final, con un cuadro muy impactante y muy plástico pero totalmente fuera de sitio y bastante incomprensible. De esos en los que hay que leerse todos los folletos para que nos enteremos de qué es lo que nos quiere decir el regista.

Yo soy amigo de las transgresiones escénicas en la ópera. Disfruto malévolamente con ellas (especialmente cuando los ortodoxos se tiran de los pelos y demás), pero necesito ver una coherencia dramática. Y aquí la verdad es que no había mucha. Cuando la Polaski va y se coloca el casquete modelo Mary Santpere ya me dije: "¡¡¡ a que la danza final va a ser un charlestón!!!"

Lo mejor en estos casos es desconectar y tratar de disfrutar de la música.

Ah, aviso: las butacas de la mitad derecha del teatro se perderán gran parte de la interpretación de la Polaski.


Los decorados y vestuario son una especie de mezcla entre cárcel y palacio decadente. Nada que llame la atención o no se haya visto ya en esta ópera. Salvo el diván de las narices, todo bastante bien.

La orquesta, pues como la Polaski. Tímida y con muy poca garra en la primera parte pero luego desbocada e intensa. Y sonó estupendamente.

Más voces: Anne-Marie Baclund fue una consistente Crisótemis. Era la sustituta de la sustituta y al principio se tuvo que pelear con el volumen de la orquesta, pero en cuanto se centró estuvo bastante maja ella.

Muy buenos Orestes y Egisto, de esos que los redichos dicen "un lujo para estos papeles". A las sirvientas es que ni las oí.

Y salió la Clitemnestra, que es un papel para mezzo pero se lo dan a las sopranos mayorcitas. Éva Marton hizo una reina muy reinona, menos histriónica que otras, como manteniendo las distancias y su estatus. Las dificultades vocales le vinieron por la parte grave del papel, pero fueron totalmente suplidas por su dominio expresivo y un fraseo y dicción que ya querrían muchas. Cuando salió a saludar le cayeron claveles, octavillas y ramos de flores. Y no te creas que dejó ninguno en el suelo, no no no no, que los recogió todos toditos, no fuera a ser que la Polaski ésa se agenciara alguno, vamos.

Noche de gran estreno en el Liceu pero sin poder lucir las galas porque en Elektra no hay entreacto. Aaaaaah, se siente, que lucirlas en la cola del guardarropa no es nada nada glamouroso.

Yo acabé poniéndome la tiara de los Romanoff pero acabé perdiéndola a lo largo de la noche, y es que hay discotecas en Barcelona en las que en cuantro entras se te cae todo de golpe.

6 comentarios:

  1. ¡Gracias a los números impares, pos esta vez...!

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  2. Yo espero al domingo, pero el crucial encuentro entre madre e hija del ensayo general, es lo más ridículo que he visto en muchos años.
    Parece ser que en los ensayos la Marton le hizo perrerías a la Polaski. Vamos que no se le puso nada fácil y es que supongo que no soporta que nadie triunfe con este rol, donde ella puso el teatro patas arriba.

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  3. A ver, a ver....
    Mierda! butaca 38.



    ¿se puede decir mierda?

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  4. Huy, ¿qué perrerías?

    Una butaca 38 es lo suficientemente centrada, BMC, que yo lo veía casi todo desde la 54 :-)

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  5. Qué interesante la rivalidad Marton-Polaski. Necesitamois detalles.

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  6. Estoy buscando fuetes con solvencia contrastada para hacer un post.

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Deja un comentario, hace ilu, hombre.

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