lunes, diciembre 31, 2007

lunes, diciembre 17, 2007

Dawn Upshaw

Yo creo que Dawn Upshaw es una de las poquísimas sopranos que pueden cantar repertorio "popular" sin resultar afectadas o demasiado operísticas (creo que yo salvaría a Sumi Jo y a Kiri nada más). De hecho, hay lenguas malvadas que dicen que su sitio habría estado más bien en Broadway que en los teatros de ópera. No sé, la verdad es que la he escuchado muy poco en roles operísticos.

Me interesan mucho los recitales que ha sacado en cd. Se ha especializado en música del siglo XX y le ha prestado especial atención a los compositores norteamericanos. No voy a decir que me parezcan discos maravillosos e imprescindibles, pero cada uno he encontrado por lo menos una joyita que no conocía.

De todos sus discos hay dos que me fascinan. El primero se llama I wish it so y está dedicado a canciones de Bernstein, Blitzstein, Sondheim y Weill. Es un repertorio en el que está perfecta. Su voz ligerita se adecúa perfectamente tanto a las partes más impostadas como a las que son de musical puro y duro. Hace el Glitter And Be Gay de Candide más expresivo que yo haya escuchado, le mete una gracia tremenda a la saga de Jenny y hace auténticas preciosidades con las canciones de Sondheim, especialmente con What more do I need o Take me to the world.

I wish it so es un disco que todo el amante del musical clásico no se debería perder y que recomiendo también a quien opine que los cantantes de ópera no deberían meterse en estos berenjenales. Encandila, directamente.

El segundo disco es el dedicado a Rodgers y Hart. Aquí la Upshaw no está tan inspirada y hay canciones en las que se queda corta de expresividad. La baza entonces la juegan las irresistibles melodías de Hart, ante las que es imposible no rendirse.

No obstante, consigue unos resultados excelentes en Sing for your supper (divertidísima), It never entered my mind y I didn't know what time it was (con el permiso de doña Ella Fitzgerald, la número uno indiscutible en este repertorio para mí).

En fin, dos discos de los pocos que no tengo criando polvo en las estanterías y que dan cuenta del gusto de esta mujer cantando.

Y, como muestra, este vídeo (tres canciones):

jueves, diciembre 13, 2007

Tancredi final chungo

Tancredi
de Gioacchino Rossini.
Teatro Real de Madrid, 12 de diciembre de 2007


Mira que me tocaba el final lieto, pero los compromisos navideños han hecho que venda mi entrada y me haya sacado para hoy una entrada baratita para el Tancredi (final de Ferrara, el chungo, el que acaba supermal).

Vale, el final feliz me gusta más, pero me interesaba más escuchar a Podles, Cantarero y Zapata que a Ciofi, Barcellona et al.

No veía casi nada si no me ponía de pie, pero francamente, para lo que había que ver, mejor quedarme sentado. Afortunadamente, cuando se canta bien la escena me importa un pimiento, pero es que lo de este Tancredi entra dentro de la ridiculez escenográfica. Patético, sin más, y en momentos, risible. Mierda pura. De verdad, con qué gusto preferiría unas lonas a lo Aida barcelonensis que esa cutrez de elementos blancos que nos han soltado.

No pongo fotos porque la página web de nuestro querido teatro Real es tan roñosa que no hay imagen alguna, pero vamos, como para ponerlas.

Ahora, los cantantes.


Plas plas plas plas Zapata. Voz bonita y potennnnte. Un agudillo un poco estrangulado en el primer acto no hace desmerecer la mayor sorpresa de la noche. Me lo apunto.

Más plas plas plas... todos los plas, vamos, para la Cantarero, que canta con una facilidad pasmosa y hace unas cosas preciosas. Ha estado excelente en el segundo acto.

La voz de la Podles se me hace un poco cuesta arriba en este papel. Su entrada me ha dejado así un poco petrifi: tres colores distintos y con las coloraturas un tanto angustiosas. No notaba yo el poderío que le he escuchado a esta señora en otras ocasiones. Afortunadamente ha mejorado a medida que ha avanzado la representación y en el segundo acto, y especialmente al final, la señora ha gastado una clase de lo que no se ve gratis. Triste, patética, conmovedora la escena final, como debe ser.

Los demás, cumpliendo.

La orquesta, pendiente de los cantantes, bastante bien, para mi no muy exigente oído.


Los primos de Violetta Valéry se han hecho notar mucho al principio y o se les estaban pasando los efectos de la medicación o se han puesto todos de acuerdo, porque vaya concierto de toses estentóreas al final de la ópera.

Nada más destacable (tampoco es que esté yo muy inspirado hoy). Bueno, sí. Qué gozada es salir del teatro con un frío del copón y que esté un taxi esperándome en la puerta para pasmo y disgusto de los "Loden & Visón" que no aplauden porque salen a toda prisa y me miran con cara de odio porque se creen que me he colado.
.

lunes, diciembre 03, 2007

Como en los años 40

Aida, de Giuseppe Verdi.
Gran Teatro del Liceo.
Barcelona. 1 de diciembre de 2007.


¿Y que no había visto yo la famosa producción del Liceu con los decorados restaurados o recreados de Mestres Cabanes con toda la publicidad que le han hechoooo? Amos, amos.


Doblete operero en Barcelona, que hay que aprovechar los viajes.

Y mira tú que nunca he tenido como ópera de cabecera a Aida, y no entiendo por qué, porque anda que no es bonita ni nada. No me voy a enrollar aquí sobre la partitura porque enseguida me saltan "los que saben" a replicarme, pero vamos, que quedé encandilado una vez más con la magia verdiana.

Y eso que la orquesta anduvo de mero acompañamiento, pasando sin pena ni gloria para mi gusto, ralentizando en exceso (¿a petición de algún divo, quizás?) y "sin chicha".


Los cantantes estuvieron a muy buen nivel. La estrella era Alagna, sin duda. Por fin lo oigo en directo. Y vale, no es la voz ideal para Radamés, pero lo escuchas y dices: vaya pedazo de tenor. Se le oye a la perfección, canta con un gusto exquisito y el tiene un brillo en la voz que pocos hay así. Francamente bien.

Hui He (ésta sí es china, y no la de pega) tiene una voz potente y lírica y le va mucho el papel. Las pasó un poco canutillas en algunos pasajes y algún filado nos podría haber hecho, digo yo. Bien, sin entusiasmar. Puede dar más de sí, seguro.


La Fiorillo es capaz de pegar unos zambombazos graves que tiembla hasta el misterio y luego subir al agudo sin problemas. Como lo diría educadamente... ¿poco refinada? En cualquier momento parecía que iba a salir una mesa y se iba a poner a despachar pescado. Efectiva y efectista, estuvo estupenda hasta la escena del juicio, incomprensiblemente lenta, falta de tensión y con la mezzo ya cansada.

Joan Pons tenía el agradecido papel de amonasro, que resolvió muy bien sin fatigarse (tenía en la memoria aquel Macbeth en el que el hombre lo pasó tan... así). Bien.


Del resto, Colombara cumplió como Ramfis, el rey algo más inexistente y muy buen mensajero de Fadó. Una vez más brilló la preciosa voz de Begoña Alberdi, eterna destinada a papeles testimoniales en el Liceo, como la sacerdotisa.


Ya sé que muchos (holaaaaa) están hartos de esta producción y de que la cuelen en el abono. para mí, vista por primera vez y con visión de conjunto, es buenísima. Me imaginaba yo cómo sería una Aida en los años 40: esos telones pintados con unos juegos de perspectiva prodigiosos, el vestuario más convencional del mundo, todos los topicazos egipcios y una dirección escénica inexistente: el cantante llega, se planta en el escenario, canta y se va.


Y así fue. Por no ser, no era ni kitsch. Pero todo ese cúmulo de elementos arcaicos, estáticos y ramplones, juntos crean un conjunto unitario que tiene su encanto. Una vez en la vida hay que verla, creo yo.

Y vamos, que salí encantado.


Sólo una cosa: ¿es necesario que se hagan los tres entreactos y que el primero dure media hora? Vale que había que ir a la delirante exposición Swarovski para no perder ripio de cómo se puede ser más hortera que nadie, pero salir pasada medianoche cuando esta temporada han adelantado la hora de inicio de las funciones tiene delito.


Menos mal que existen los bises

Recital de Juan Diego Flórez
Gran Teatro del Liceo. Barcelona.
30 de noviembre de 2007.


Segundo recital de estrella operística de clase A al que voy en un mes.

Mi relación con JDF es un poco tensa, pero es que la última vez que lo escuché en directo (aquel recital a dúo con D. Barcellona) me dejó tan frío que borró la fantástica impresión que su Almaviva de Madrid me había dejado meses antes.

Así que... a ver qué pasaba.

Y hay que reconocer que el recital comenzó bien... pero no. Algo fallaba: escuchábamos una bonita voz, con sus agudos , su proyección y tal, pero no acababa de cuajar. Faltaba brillo. Y, francamente, las canzonettas de Rossini a mí siempre me han parecido un ladrillo.

Hasta que llegó el momentazo de la noche. Al igual que la Berganza en sus recitales cuando le hacía mohínes al público, se abanicaba con las manos, se echaba el mantón atrás y exhibía pectoralia, JDF habló y dijo que tenía mucho calor y se le estaba yendo la voz, por lo que rogaba disculpas para ir a tomar agua o un té. Cinco minutillos. Murmullos generalizados.

Y volvió. Y entonces ya sí que sí. Se lució con el aria de Elisabetta de Rossini y apoteósico fin de la primera parte del recital.

Comentarios, corrillos y escapadas furtivas para ver una demenciada exposición distribuida entre el salón de los espejos, el vestíbulo del teatro y la cubierta fiesta del Liceu. Pero eso será tema a comentar en otra ocasión.


Comienza la segunda parte y han retirado el estrambótico florero que adornaba el escenario. Me imagino a la pobre utilera llorando como una magdalena al ver despreciado su trabajo de composición floral de todo un día, pero los divos son así, nena, si dice que se apaga la calefacción, se apaga. Y si no hay flores, pues no las hay. Ea.

Preciosa, delicada, deliciosa la cancioncilla de Tosti: Ideale. No la conocía. Una maravilla impecablemente interpretada.

A partir de ahí empiezan las piezas "de efecto": agudos que son braveados por el público (y es que hay que ver lo que nos gusta que nos peguen un buen grito), dos romanzas de zarzuela y una espectacular aria de Linda de Chamounix (bueno, de ella no, de la parte de tenor). Fin del programa.

Venga, va, el recital ha sido un éxito. Aplausos acompasados y... empieza el festival.

Qué cuatro bises, sinyores: La donna è mobile, Ah lève-toi soleil, Pour mon âme (la odio, la odio y la odio) y una rara de la Lucrezia Borgia. Y no sólo excelentes por la brillantez de la ejecución y la dificultad de las piezas, sino porque nos dio un par de pistas sobre a dónde puede encaminarse su carrera en el futuro: ojalá vaya hacia el repertorio lírico francés, porque el Roméo fue espectacular. Sobre el Duca de Rigoletto tengo más dudas, pero me quito el sombrero (y el bisoñé si es menester) porque es el primer tenor que oigo que le da el toque cínico-humorístico-machistademierda que tiene el aria. El primero. Aparte, la culminó con un agudo interminable con el que el teatro se cayó a aplausos.


Gran éxito de Flórez y plena satisfacción de haber asistido.

Respecto a la crónica social, Swarovskis aparte, agradezco a Ximo, Mei (¡¡¡que no es china!!!) y Colbrán su agradabilísima compañía, me presentaron de pasada a algún integrante del foro de una noche y me ocurrió una anécdota bastante surrealista.

Y al día siguiente, Aida.
Pero eso ya es otro cantar (y contar)
Y además, sí que era china (de las de verdad).
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