lunes, octubre 01, 2007

Andrea Chénier en Barcelona


Qué estrés, que si canta la Voigt, que si no se sabe el papel, que si se ha ido de Barcelona, que si la Dessì, muy ella, anuncia que va a encargarse de todas las funciones de la americana (chupa del frasco, gringa, que a mí nadie me pone en elenco alternativo)...

Pues no, al final cantó la Deborah, con Cura y Álvarez.

Es muuuy fuerte decir que lo que más me gustó de este Chénier ha sido José Cura, lo sé, pero es que es la primera vez que lo veo cantar con un mínimo de gusto, sin bocinazos estentóreos y con buen agudo. Tiene sus cosas y de golpe afea la emisión con un deje vulgar que te tira para atrás, pero francamente me sorprendió.

La Voigt tiene una voz bonita y hace las cosas muy correctas. Durante el primer acto no existió y luego no acabó metiéndose en el papel. El dúo del 2º acto fue aburrido aburrido. Sí, bueno, cantó bien, vale, pero a mí no llegó a transmitirme mucho.

Carlos Álvarez anduvo irregular. Empezó con la patata en la boca y al principio sólo proyectó bien un agudo. Mejoró en la segunda parte, bastante.

La orquesta, más pendiente de sí misma que de los cantantes y sin soltarse al lirismo en ningún momento. Desde luego no ayudó nada.

Los secundarios, dentro de la corrección y con exceso de cantantes ya mayorcitos. Tampoco me transmitió demasiado la Madelon de Irina Mishura (no salió a saludar al final).

El montaje de la Ópera de Tokio es vistoso, dinámico y con muchos elementos que podrían dar mucho juego. Pero la dirección escénica no lo permite: ya que todo es blanco, tendría que haber sido más agresiva, intensa, espectacular. No. No llega a transmitir en ningún momento la tensión de la revolución francesa ni la pasión que tiene que fluir de Maddalena. El único detalle que me gustó fue el de Chénier andando a prisión a la vez que la estructura giraba.

La escena de la gavotta es un ejemplo de la sosería imperante: qué manera de desaprovecharla.

Y mención aparte merecen los anticlimáticos finales de acto. Qué manera de cagarla. Y mira que podía haber sido efectista la caída de guillotina, pero es muy lenta y el sonido grabado suena demasiado tarde. Y en el segundo acto, además, hay unos fuegos artificiales añadidos. Uno se queda como que no sabe cómo ni cuándo ponerse a aplaudir. Un poco despropósito.


Pues sí pues sí, y considerando que el Andrea Chénier no es una ópera que me entusiasme en particular, me quedé con la sensación de sí, bueno, vale, pasable, sólo eso.

2 comentarios:

  1. Hola Mocho. No eres el único que opina que Cura estuvo bien el sábado, o que fue el mejor de los tres, para ser más exacto y poner un poco de mala leche.
    Ayer se respiraba un aire de vendetta un poco enfermizo. Hay gente que le tiene ganas a Cura y no pueden cargárselo. Solución bravear el otro cast, que por si solitos se bastan para darles una lección de italianità de dos pares de...
    ¿Tienes bula papal para entrar en las cabinas?

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  2. Ay, qué manera de sufrir... El domingo tuvimos que soportar a la Cortez por partida doble, como condesa de Coigny y como Madelon...

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Deja un comentario, hace ilu, hombre.

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