lunes, enero 20, 2014

Ainhoa Lecouvreur


Llevar como regalo caramelos de violeta a quien me ha alojado cuando he ido a ver Adriana Lecouvreur es muy poco oportuno.


 
¡Mi primera visita al palacio Euskalduna de Bilbao!

Ya iba siendo siglo, digo yo. Qué barbaridad, que auditorio más gigante. ¡Y qué miedo da! No por vértigo, que uno ya está acostumbrado a alargar la mano con el plumero y quitarle el polvo a las lámparas de los techos de los teatros, sino porque salvo el bloque central, las filas laterales están inclinadas, y no un poquito precisamente.

 
Como cosa buena tiene que todas las localidades tienen plena visibilidad del escenario, aunque las de arriba del todo están lejísimos. La acústica, ayudada por el revestimiento total de madera, me pareció buena, pero también tuve la suerte de estar en una butaca cercana, así que no sé cómo se oirá arribota del todo.

Como cosa mala.... chico, qué precios, qué barbaridad. 



En fin, y como bautismo de este auditorio... Adriana Lecouvreur, de Cilea.

Adriana es una ópera en la que todo ronda alrededor de una diva, y en este caso se trataba del debut en el papel de Ainhoa Arteta, que cumplió con creces su cometido.

Cada vez que hablo de Arteta digo lo mismo. Ya sé que a todas las sopranos con los años la voz les evoluciona, pero es que me sorprende cómo esta mujer ha ganado en cuerpo de voz, pasando de ser una ligera a una lírica plena dispuesta a abordar papeles de mayor enjunduia. Le queda trayectoria, y la Adriana la tiene que pulir, pero ole por ella.


Ainhoa estuvo estupenda en su aria de entrada (lo mejor de la noche), con control y dominio, regalándonos unos matices exquisitos, de un muy alto nivel que mantuvo durante los dos primeros actos.

En el tercero ya flaqueó un poco, su declamación no impresionó, y en el cuarto acto resolvió el aria luchando con unos graves que aún no domina (pero que dominará con el tiempo). Afortunadamente volvió a elevar el vuelo en un fantástico final.
Muy bien Ainhoa Arteta y ojalá tenga oportunidad de seguir escuchándola.

Como ya digo, en esta opera todo gira en torno a Adriana, pero también se necesita un tenor MUY bueno si no se quiere tener una función deslucida (y a las pasadas Adrianas de Barcelona me remito, donde uno de los tenores estuvo a punto de cargarse la representación).


Bruno Ribeiro cumplió con el Maurizio. La materia prima la tiene, pero le queda domarla. Empezó titubeante (él no tiene la culpa de que nada más salir a escena le toque cantar la dolcissima effigie) e irregular en la emisión. Fue mejorando a lo largo de la función y acabó más que dignamente. Le falta pulir, pero estuvo a la altura.

 
Muy bien el Michonnet de Luca Salsi, voz muy bonita y de elegante fraseo.

Otro debut para mí: Luciana d'Intino, que nunca la había escuchado en directo porque siempre o me había cancelado o me había tocado otro reparto. Se lució en los pasajes más agudos con una voz poderosa, con cuerpo y bien emitida. Pero en el grave tiene otro timbre totalmente diferente, se le queda la voz algo hueca y los hace casi como un parlado.


Muy bien la actuación de Francisco Vas como el abad, discreto Palatchi como Príncipe y correctos el cuarteto de actores.

La orquesta también estuvo al servicio de la diva, muy caprichosa en los tiempos y especialmente lenta en las arias. El sonido fue muy bueno, pero el director no le sacó todo el partido que se le puede sacar a la partitura. Digamos que cubrió expediente. Y a su favor juega que esta ópera está llena de melodías que atrapan. El coro tiene una intervención muy breve.


La coreografía del tercer acto estuvo a cargo de Igor Yebra, que tuvo oportunidad de lucirse en el tercer acto. Muy bien.

El punto negativo de la función viene por parte de la puesta en escena.

Los decorados son clásicos, sencillos y de baratillo. Es una producción de Segunda B de lo más tradicional. Ópera de cortinaje, candelabro y pelucón. Nada que objetar, el presupuesto es el que es y si el nivel musical es bueno quién se preocupa de la puesta.


Pero es que tenía detalles de esos de hacerte decir: Oh dioses, qué catetada. Unos elementos móviles en el primer acto hacían de camerinos, de escenario, de tramoya... para peligro de algún cantante, que los ruedines los carga el diablo. Pase. Pero lo de la cama que se pasea cual carrito de Mercadona (perdón, allí, de Eroski) o el círculo de espejos discotequero (que además sólo permitía el efecto visual a lo más centrado del patio de butacas) clamaba al cielo. Pero ya el colmo llega en el 4º acto con un par de detalles directamente sonrojantes: una proyección sobre el telón cerrado en el preludio y un golpe de efecto de caída de cortina al final. Vale, creo que nos quieren hacer notar que Adriana es una simple actriz envuelta en unas intrigas cortesanas y que donde debería estar es en el teatro, pero si es así... ¡es tan obvio! En fin.

Esta producción del San Carlo de Nápoles ha circulado por varias ciudades y de hecho se puede conseguir en dvd desde Turín con Álvarez y Carosi, así que quien tenga curiosidad que se dedique a buscar youtubes.


Se podría obviar que la producción es de baratuji... si no fuera porque la dirección escénica es no ya clásica o tradicional, sino antigua a más no poder. Vale que el argumento es de lo más folletinesco, que Adriana tiene la forma de morir más estúpida de toda la historia de la ópera y que cuando se estrenó ya estaba trasnochadísima, pero señores, un mínimo de contención. La interacción entre los cantantes, salvo un par de morreos que se pegan los protas, es nula. Yo salgo, me paro, canto aquí, termino y me voy. Y tú lo mismo pero en el otro extremo del escenario. Muy tremendo.


Noche de estreno, con llenazo total del auditorio, y ambientillo de gente bien pero sin excesiva ostentación. Esto no es como en Valencia, donde en cuanto la temperatura deja de estar en los 25 ºC las señoras sacan los zorros. Sus buenos visones, eso sí, que no ramuskés, y muy poco atentado contra la capa de ozono, se ve que por estas latitudes la laca no se lleva mucho.

El público fue cortés en los aplausos, algo más entusiasta con Ainhoa Arteta e Igor Yebra, pero sin llegar a vítores. De hecho, me pareció un público algo parco en el aplauso final.

Yo me lo pasé en grande porque es una ópera que me encanta, Ainhoa Arteta hizo una Adriana sensacional, estuve excepcionalmente acompañado todo el fin de semana y para mí la obra fue una parte más de la fiesta global.

Y oyes, aupa, no estuvo mal la Adriana Lekumberri ésta, hosti tú.


Francesco Cilea
Adriana Lecouvreur
Ainhoa Arteta, Bruno Ribeiro, Luciana d'Intino, Luca Salsi, Stefano Palatchi, Francisco Vas, Marta Urbieta, Nuria Lorenzo, Miguel Ángel Arias, Manuel de Diego.
Fabrizio Carminati, Lorenzo Mariani, Igor Yebra
ABAO, Palacio Euskalduna
Sábado 18 de enero de 2014

Enlaces:

Hoja informativa
Programa de mano
Foro de una noche en la ópera

Y como colofón, la Adriana en vídeo de referencia. Disfruten, señores:

jueves, enero 02, 2014

La Del Manojo De Rosas

 
Yo no sé ya las veces que he ido a ver esta producción de La Del Manojo De Rosas, de Sorozábal, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. ¿Cuántas veces se ha repuesto desde principios de los 90? ¿Cuatro, cinco? Da igual. Este manojo de rosas parece que se ha puesto en un florero con agua y una aspirina, porque se mantiene lozano y flamante como hace veintitantos años.

La verdad es que este año no tenía yo intención de ir, pero resulta que por navidades venía una amiga desde Alemania con su novio (alemán él) y pensé que podría ser un buen evento para pasar una tarde: sacar entradas para un domingo, que la función es a las seis, y luego salir a cenar. Vamos, zarzuela + tapas. ¡Más turístico imposible!


Para encauzar al alemán, que algo de español pilla pero poco, le pasé la sinopsis en inglés que hay en la web zarzuela.net. Pero jodó, el resumen es TAN descriptivo que hasta yo sabiéndomela al dedillo me armaba un lío. Así que se lo expuse en cuatro frases: hay dos parejas de enamorados: la cómica y la dramática. En el primer acto se enamoran y se desengañan. Y en el segundo acto se arreglan. Punto.

Luego le intenté explicar algo del trasfondo social de la obra, de en qué época se estrenó y de cómo las pasó Sorozábal después, pero vamos que básicamente era lo que necesitaba para enterarse. Y además luego no tuvo problema porque los sobretítulos del teatro de la Zarzuela son bilingües.

Si está fantástico que ya te sobretitulen los cantables en español (porque hay a cada uno/a a quien no se le entiende un pimiento), mucho mejor que también lo hagan en inglés. Además, las partes habladas -no sobretituladas- tenían un mini-resumen en inglés para que la gente no se pierda. Perfecto y ole por el teatro de la Zarzuela, no sé desde cuándo hacen eso pero de verdad, genial.


Domingo de diciembre. Lleno TOTAL en el Teatro, hasta estaban ocupadas las localidades sin visibilidad.

Y empieza la obra.

Para quien no la conozca, La Del Manojo De Rosas es un sainete estrenado en 1934 que homenajea el género chico de ambiente madrileño, especialmente La Revoltosa (de donde toma el nombre). Los personajes son los estereotipos de la zarzuela: la chula castiza por la que todo el mundo bebe los vientos, el galán, la pizpireta y coqueta amiga de la protagonista, el galán cómico y el don Hilarión convertido en este caso en un camarero ilustrado.

La música es de esas que te levanta el ánimo por lo inspirada y lo animosa que es. Es imposible no dejarse llevar por ella. Aparte, está la genialidad de Sorozábal de mezclar estilos: encontramos chotis, pasodoble, habanera, farruca, foxtrot, encajados perfectamente tanto en la trama con entremezclados entre ellos en los números concertantes. Es una delicia.



Y si ya nos juntamos con la ya emblemática producción de Sagi apaga y vámonos. No creo que se le pueda poner pega alguna. ¿Qué hacen que no está ya editada en DVD y puesta a la venta, con la de años que tiene y el éxito que cosecha siempre? Las fotos lo dicen todo del decorado y del vestuario. Fiel, elegante, perfecto. Un lujo no, un lujazo.



Pero además espléndidamente dirigida: hay casticismo sin llegar a la chabacanería y la horterada del oleoleole que solemos ver en las producciones de zarzuela cutres que se montan en verano en esta ciudad (siempre con los mismos títulos y sí, ya lo sé, con dos duros y financiación privada). Por no mencionar el cuidadísimo movimiento y coreografía de coro y figurantes.

Creo que esta ha sido la vez que mejor dirigidos he visto a los cantantes. Porque en la zarzuela SIEMPRE pasa lo mismo: cuando los solistas tienen que hablar se quedan envarados y declaman de una manera artificiosa y antigua que se carga toda la credibilidad de la acción. Y de esto no se han librado los protagonistas de esta zarzuela y esta producción en otras ocasiones. Pues con este reparto todo va como la seda, con una naturalidad sorprendente. 


Reparto encabezado por Carmen Romeu como Ascensión. El problema de haber visto tantas veces esta producción es que uno tiene metido a Milagros Martín en la cabeza en el papel. De hecho creo que salvo la primera vez que la vi con Guadalupe Sánchez sólo he visto a la Martín de Ascensión, inigualable en sus mejores tiempos. Carmen Romeu tiene una voz bonita, que se le aligera un poco cuando sube. Le falta esa rotundidad y ese dominio del rol. Cuando Milagros Martín pegaba el agudo en la romanza se te encogía el corazón como a la florista, aún en la última reposición que ya no tenía la voz tan lozana. La Romeu hace una buena Ascensión en lo vocal y excelente en lo actoral. En ese sentido, fantástica. Vamos, que muy bien.


El Joaquín fue José Julián Frontal, que también está soberbio como actor, mezclando perfectamente los lados elegante y chulo de su rol. La voz, con el volumen adecuado y la elegancia y cuidado en el fraseo a la que nos tiene acostumbrados, pero un pelín desgastada en el agudo. Aún así, notable Joaquín.



Carlos Crooke cumplió como Capó, con la limitación de volumen típica de los tenores cómicos. Bien.


Ruth Iniesta me sorprendió para bien con su Clarita. Chillona e irritante en las partes habladas, como debe ser, y sobresaliendo en las cantadas con volumen y gracia. Creo que la mejor Clarita que he escuchado. Porque mira que es un personaje musicalmente ingrato, de esos que ponen de los nervios.

Ricardo Bernal fue un correcto Ricardo el aviador. Una pizca de volumen le faltaba. 



Y más que aceptables los secundarios, es una alegría encontrarse a Ricardo Muñiz, tenor que hace un par de décadas hacía protagonistas, en el papel de padre de Ascensión.

Pero toda persona que conozca esta zarzuela sabe que quien se lleva el gato al agua es un personaje que no canta: Espasa, el camarero del bar. 

Luis Varela recogió el testigo de Raúl Sénder hace ya mucho. Ambos eran/son geniales Espasas. Sénder era más jeta, más descarado, más marilistillo. Varela es un auténtico embaucador, un prestidigitador de palabras, con un saber decir que te emboba. Y por muy anticuadillos que estén ya algunos de sus chistes, es imposible no reirse.


Varela domina la escena sin necesidad de robarle protagonismo a los demás intérpretes, lo cual es también un gran mérito.

En la dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez, que ha optado por una visión suave y elegante de la partitura, limando chimpúnchimpunes y evitando excesiva algarabía en los momentos más animados, como puede ser el pasodoble. Muy bien, es una opción, aunque sé de alguno que habría preferido más chundachunda y que le quiten las butacas de patio para ponerse a bailar.

Con el teatro a reventar, en fin de semana y en navidades, el público se comportó como era esperable: concierto de toses, teléfonos móviles sonando durante toda la obra, caramelitos y bolsas de plástico a cada momento y gente hablando. 


Los Gremlins (personas de edad entre avanzada y MUY avanzada que mueven la cabeza al compás de la música, tararean y cantan a la vez que los cantantes sin preocuparles el volumen) lo tienen difícil con esta zarzuela: sólo se saben el "Hace tiempo que vengo al taller", y empieza tan de golpe que no les da tiempo a cantarlo. Y les da rabia. Por eso cuando tras el descanso empieza el segundo acto con la misma melodía del pasodoble, se desatan. Esta vez se oyó un enfervorecido "Cariiiiiiñooooooooo". 

En definitiva: una tarde de zarzuela la mar de animada, dos horas que se pasan volando, un señor alemán a quien le gustó mucho y una recomendación: esta producción de La Del Manojo De Rosas del Teatro de la Zarzuela es para TODOS los públicos: da igual edad, aficionado o no a la música o a la lírica, es una función superdisfrutable en la que todo se mueve a muy alto nivel.


Hay funciones hasta el día 12 de enero. Y hay otro reparto (preparado por Teresa Berganza) algunas tardes. y en La Zarzuela da igual estar en gallinero, porque tampoco es un teatro tan gigante. Mientras la entrada sea medianamente centrada, se disfruta perfectamente.

Y si te quieres preparar la obra tienes las grabaciones de Teresa Berganza / Antonio Blancas, Isabel Penagos /Manuel Ausensi y Pilar Lorengar / Renato Cesari (mi favorita).

Que vayas.


Pablo Sorozábal.
La del manojo de rosas.
Romeu, Frontal, Iniesta, Crooke, Bernal, Varela.
Gómez Martínez, Sagi.
Teatro de la Zarzuela, Madrid.
Domingo 29 de diciembre de 2013.



lunes, diciembre 23, 2013

Cenicienta Cendrillon

  



Noche de cuento de hadas en el Liceo este viernes con la Cenicienta de Massenet.

Cendrillon dista de ser una gran ópera. Es más un divertimento, una amable y agradable opereta, tanto en un argumento que no se sale ni un milímetro del conocido cuento (como podría ser la Cenerentola de Rossini) como en una música que, aún con buenos momentos, no está en general muy inspirada.

Juega a su favor que el primer acto es muy sorprendente, con música de pompa y boato, muy brillante, que envuelve enseguida. Si a ello le unimos una producción sensacional y un reparto "de los de Metropolitan", el camino al éxito de la velada está conseguido, ya cuando se apagan las luces por un par de minutos la Cendrillon del Liceu nos tenía conquistados a todos.

Musicalmente hablando, los tres siguientes actos son más rutinarios. Las arias están bien, pero tampoco son un prodigio, en la parte puramente orquestal hay una presentación de princesas al baile que se hace eterna, y sólo en los dúos príncipe-cenicienta la música toma altura de nuevo. Pero ya lo digo, el nivelón artístico fue tal que ya nos tenía al público ganado, y el final fue la explosión de aplausos que merecía.


Joyce DiDonato. Estupenda. Es el papel que le va como anillo al dedo, no tiene graves incómodos, puede lucirse en los agudos y le permite desplegar una elegancia de canto de primerísimo nivel. Aparte, ¿le ha crecido la voz o es que estaba tan cómoda con el rol que lo dio todo sin dificultad alguna? Deliciosa, no se le puede poner una pega. Me gusta aquí mucho más que en barrocos y rossinis.


Alice Coote, el príncipe, a la que sólo había visto en cine en el último Giulio Cesare del Met. Voz plena, intensa, que sube al agudo como si nada, con volumen. No llega a tener la personalidad vocal de DiDonato pero es muy notable. También el papel del príncipe no es tan lucido.

Y las dos mezzos, compenetradas a la perfección, ofrecieron unos dúos de amor espectaculares. 



Annick Massis. Sorpresa sorpresa. ¿Es la misma que no me pareció ni chicha ni limoná en una Sonnambula de Bellini hace más de una década en el Real? ¡Pero qué señora! ¡Cómo le ha crecido la voz! ¡Qué gustazo de agudos, sobreagudos y filigranas vocales! Y qué estilazo cantando, moviéndose y actuando como una Mae West.... bueno, mejor Jean Harlow. Se lo pasó en grande y nos lo hizo pasar en grande a los demás. Sensacional.


Seguimos con las señoras. Doña Ewa Podles.
Una de las contraltos favoritas de este teatro, y de donde vaya, porque es soltar uno de sus graves y ya te deja encandilado. Está pasadita de años y ya no tiene ese volumen de antaño, pero es imposible no rendirse a sus pies. Los graves de la casa siguen siendo rotundísimos: baja a la caverna más profunda del centro de la tierra. Pero es que los agudos también están allí. Y si la Massis estaba encantada con el papel, la Podles ni te cuento. Graciosísima de madrastra, qué manera de moverse y de expresarse. Genial. Se metió a todo el mundo en el bolsillo.


Toca un hombre (el único del reparto principal), Laurent Naouri, el papel de padre de Cenicienta. Suficiente en sus intervenciones solistas y elegantísimo y sentido en el dúo con DiDonato. Muy bien como contrapunto a tanta voz femenina.


Las hermanastras, Marisa Martins y Cristina Obregón, cumplieron con creces con sus papeles, pequeños pero lucidísimos. Porque para hacer estos roles no sólo hay que estar graciosas, que lo estaban, sino también a buen nivel vocal, y audibles.

Una batería de comprimarios quedaron también encantados por la varita mágica del hada madrina y, de verdad, no se les puede poner pega alguna. Igual que el coro, integradísimo y entregadísimo.

Vamos, que vocalmente,  reparto de campanillas.

¿Y la orquesta?
Pues de lujo, oye. Andrew Davis, artífice de la maravillosa Rusalka del año pasado, levanta el nivel de una partitura a menudo monótona, llevando la orquesta a un sonido rotundo, con brillo, cuidando al cantante. Bravo.

 
Pero todo esto no hubiera sido suficiente sin la participación del director de escena. Laurent Pelly ilustra el cuento de una manera deliciosa, plagando la ópera de detalles que te impiden que se te vaya la atención. Se pueden comentar mil cosas... no sé, hay que verlo. Yo destacaría la primera aparición del hada con los clones de Cenicienta y el ballet del segundo acto.

Ese ballet es una escena larguísima y bastante rollete. Pero ahí teníamos a un reducido cuerpo de baile (excelente) perfectamente integrado con el coro, convirtiendo lo que podría ser un aburrimiento en una de los más animados fragmentos de la obra.

Con ayuda, claro está, de un vestuario excéntrico a más no poder y de una escenografía que consigue la espectacularidad con elementos bastante sencillos. Todo un acierto.


Existe DVD de la producción, y se pueden encontrar fragmentos por Youtube. Recomendabilísima.

Vamos, que para ser la única ópera de esta temporada del Liceu a la que voy a ir me ha merecido mucho la pena, he tenido el placer de saludar a amigos y conocidos (iba yo como loco por los varios pisos del Liceo) y es un auténtico regalo de Navidad. Salí encantado, una noche de cuento de hadas.

Hay funciones hasta reyes y un segundo reparto. De verdad merece la pena.



Jules Massenet.
Cendrillon
Gran Teatro del Liceo.
Barcelona, viernes 20 de diciembre de 2013.

DiDonato, Massis, Coote, Podles, Naouri, Obregón, Martins.
Andrew Davis, Laurent Pelly

Enlaces:
Página web del Liceu
Youtube
Mp3
Vídeo completo en La Monnaie
DVD Covent Garden


martes, diciembre 17, 2013

Vámonos a Gandía Shore (L'elisir d'amore)



Absolutamente irreverente y gamberra producción de L'elisir d'amore en el Real de Madrid. Queda muy feo empezar una crónica por la puesta en escena pero en esta ocasión es fundamental, porque la puesta de Damiano Michieletto... se las trae.

El pueblecito italiano donde Nemorino suspira por los amores de Adina se ha trasladado a un chiringuito de playa, con sus chonis, sus macarras y toda la parafernalia veraniega que te puedas echar a la cara: tobogán de agua/castillo hinchable, tumbonas, volei, colchonetas, fiestas de espuma, flotadores, cremas... todo lo que se te ocurra y más.

El resultado es un bochinche tremendo con el escenario constantemente lleno de gente, lo que puede llegar a agobiar. Pero bueno, yo conseguí llevarlo bastante bien y me divertí bastante, porque lo que ha logrado el director de escena es conseguir llevar la ópera a un sitio tan diferente pero sin quitarle la esencia a los personajes.


Nemorino es el simplón que recoge la basura de la playa. Belcore sigue siendo un fanfarrón, ahora disfrazado de marinerito en vez de de soldado. Adina es la marisabidilla del local, Giannetta la camarera del chiringo y Dulcamara es el embaucador de siempre, convertido también en el camello (perdón, dealer) oficial.

Sinceramente, es digna de ver. Sirve perfectamente al argumento, entretiene y divierte. Totalmente recomendable.

Existe un vídeo completo en Youtube de esta producción en Palermo el año pasado, pero sólo he encontrado algunos extractos. Quien quiera un vídeo de mayor calidad lo puede encontrar en Rutracker.


Actualizo: Gracias  a Fernando y a su blog "Ya nos queda un día menos", he aquí el vídeo:



Quien me conozca ya lo sabe: a mí el Donizetti cómico no me suele gustar, y L'elisir no entra para nada entre mis óperas favoritas, pero en la función de anteayer reconozco que me lo pasé como un enano y además disfruté mucho de la parte musical.

Señores, que la parte musical es lo importante.

Con este Elisir me ha pasado lo contrario que con el Barbero de hace un par de meses, partiendo de la misma base: todos los elementos musicales estuvieron dentro de una corrección que se puede calificar de más que decente pero que no llega a un nivel de decir "qué buenos", y sin embargo el conjunto funcionó muy bien. La suma de todos llegó a levantar mi apreciación final de la representación. Ya te digo, lo contrario que con el barbero, en el que todos estuvieron correctitos pero el conjunto era tiraba a mediocrín.


Porque vayamos por partes:

La orquesta se limitó a acompañar a los cantantes. Y punto, nada destacable ni para bien ni para mal. Y las intervenciones del coro también dentro de esa misma discreción.

Giannetta fue Ruth Rosique, suficiente para el papel y graciosa actuando. Tampoco es que sea una parte de mucho lucimiento.


Para Dulcamara teníamos a Erwin Schrott (que sí, que es uruguayo pese al nombre, el ex de la Netrebka, para los fans del Hola). Bueno, aquí hizo lo que muchos bajos cuando se acercan a este papel: pasarse de buffo. Que sí, que estuvo muy simpático y pegó unos bocinazos de volumen atronador, ok, pero lo que es la parte musical se la dejó un poquito olvidada en casa.


Y de Belcore estaba Fabio Maria Capitanucci, a quien ya lo vimos en aquellos soporíferos puritanos o en Las Bodas de hace 4 años. Parece ser que estaba convaleciente de un proceso gripal y no dio todo lo de sí que podría haber dado, porque me pareció que andaba un poquito escaso de volumen,c uando en las otras ocasiones no tenía problema con este tema. El Capitanucci lo hizo muy bien y consiguió mezclar la parte belcantista de su canto con la mamarrachez y comicidad de su personaje (porque hizo el ganso a base de bien).

Pareja protagonista.

La pobrecita Nino Machaidze tiene un gran defecto: es guapa. Y Sony ya le ha publicado un par de cd's, con lo cual ya sabemos cómo se ponen los operafanáticos: hay que despotricar de ella por ser sólo imagen y producto de consumo impuesto por las multinacionales. Así que ya me he aburrido de escuchar a supuestos entendidos que ha sido un bluff y una mediocridad.


Y no: Nino Machaidze ha estado muy bien como Adina. El timbre no es particularmente bello y un poco sosita sí que es (no estuvo todo lo intrigante que una Adina debe ser), pero vocalmente cumple con el papel, llega sin dificultad a un agudo limpio, puede con la coloratura y, especialmente en el segundo acto, matizó e hizo cosas muy muy bonitas. Vamos, que lo único que le reprocho es que quitara de la circulación al brutángano de Guido Loconsolo, su marido.

Y como Nemorino estaba Celso Albelo.


Ayyyyy, sensaciones enfrentadas. Por una parte fue quien ofreció lección de fraseo y belcanto (en algunos casos pasándose, como en la Furtiva lagrima, que hizo rebuscadísima a base de meterle matices y matices), pero por otra tenía mala noche o la voz no le corría. Se quedó en muy buenas intenciones pero resultado que no acaba de cuajar.

En fin, como ya digo, si uno lee todo lo anterior dirá: pues vaya ful. Pero no, insisto: todo junto, cocteleado, dio una función la mar de aceptable.

Algún día tendré que hablar de "la señora de al lado", qué mujer más maleducada (aparte de halitósica).

En fin, que yo me lo pasé muy bien.


Gaetano Donizetti
L'elisir d'amore
Albelo, Machaidze, Capitanucci, Schrott, Rosique.
Piollet, Michieletto
Teatro Real de Madrid, domingo 15 de diciembre de 2013


martes, septiembre 24, 2013

El barbero perezoso


 
De verdad, da rabia retomar el blog y la temporada de ópera en septiembre y tener que escribir comentarios nada positivos respecto al Barbero de Sevilla que se está representando en el Real.

Rabia porque después de un verano con actividad operística nula para mí vuelvo al teatro con ganas, porque Il Barbiere es una ópera de las de toda la vida, porque llevaba a mi chico a verla y porque recordaba esta producción de 2005 como muy entretenida.

Pero ay, los dioses se habrán confabulado, porque de entretenida poco, muy poco.


¿Y por qué?
A ver, el reparto no era de campanillas, pero mira, estuvo más que correcto. E interpretativamente los cantantes hicieron todo lo que se les pedía. Entonces, ¿qué falló?

Pues, sinceramente, chispa, química, conjunción entre todos los elementos. Nadie parecía divertirse.

Una penita, porque el DVD de la misma producción que he comentado del año 2005 con un reparto en el que sólo Flórez estaba en pleno apogeo (los demás estaban o en declive o eran francamente inapropiados para el papel) funcionaba perfectamente. Porque todos los intérprestes se lo estaban pasando en grande y se notaba. Algo que falta en esta revisión de la producción.

Vayamos por las cosas positivas: el reparto.


Me ha gustado mucho mucho Serena Malfi como Rosina. Tiene un timbre que recuerda mucho al de Bartoli pero a) con volumen y b) sin la ametralladora de semifusas. Canta con muy buen gusto y francamente solventó el papel estupendamente. Muy bien.

Dmitry Korchak es de esos tenores que cuando empiezan dices "aaaaay", porque tiene una voz pequeña y, además, comenzó desafinando el Ecco ridente. Poco a poco se entonó y bueno, parece que se estuvo reservando para el segundo acto, donde se marcó un Cessa estupendo, coronando el número con un agudo sostenido bastante espectacular que hizo las delicias del público. Bien.


Bruno de Simone cumplió como el Doctor Bartolo. Expresivo y correcto de voz, sin alardes.

Mario Cassi fue un correctito Figaro. Cuando empezó la función avisaron de que sufría una afección gripal. La voz es bonita pero parece que sólo existe del registro medio al agudo, puede que por culpa de esa mediogripe que nos dijeron. Y en el terreno interpretativo estuvo contenido, que los Figaro tienen tendencia a la exageración.

Otro Dmitri, Ulyanov, fue una rotunda voz de bajo para Don Basilio, y se marcó una muy buena Calunnia.

Y la que se llevó el gato al agua pese a lo exagerado de su papel fue la Berta de Susana Cordón, que solventó el aria más que decentemente y estuvo haciendo el payaso durante toda la función. Desmadradísima. Como esta ópera requiere.


La orquesta, a cargo de Tomas Hanus, a su bola, como si la cosa no fuera con ellos. Con unos desajustes en los concertantes o en las entradas del coro que asustaban.
Y la dirección escénica parecía más ocupada en cuidar de los detalles que del conjunto en general. Si tomamos cada número de manera aislada pues sí, daba el pego. Pero la totalidad se quedaba deslavazada, aparte de tener los detallitos especiales "made in Sagi" de meter a unos cuantos figurantes y/o bailarines haciendo monerías al fondo del escenario distrayendo de los cantantes que están en primer plano.

En fin, que el caso es que el primer acto se hizo lento, lentísimo... desesperante. Sin gracia alguna. Para el segundo la cosa mejoró porque es más corto y Korchak levantó el tono monocorde. Al final la sensación que tuve es que "Viva Rossini, pero así no".


Mi chico lo que más me recriminó fue haberse perdido los seis goles que el Madrid le metió al Galatasaray por acompañarme a semejante muermo. En fin.

Veremos qué tal La Conquista de México, que cae en tres semanas.


Gioacchino Rossini
Il Barbiere Di Siviglia (El barbero de Sevilla)
Teatro Real de Madrid. Martes, 17 de septiembre de 2013
Serena Malfi, Dmitry Korchak, Bruno De Simone, Mario Cassi, Dmitry Ulyanov, Isaac Galán, Susana Cordón,  José Carlo Marino, Eduardo Carranza.
Tomas Hanus, Emilio Sagi


viernes, julio 26, 2013

Il Postino es "bonita"

 
Mi amigo Almatosa, experto en Historia del Arte, dice que lo peor que se puede decir de una obra de arte (disculpa la redundancia), es que es bonita.

Pues bien, Il Postino es una ópera "bonita", con sus seis letras.

Tiene una música muy amable, muy agradable, con una melodía que llega al público fácilmente.
Al escucharla suena a canción ligera americana de la de toda la vida, a María Gréver, a Agustín Lara. Siempre sin caer en un "aria" o "canción" completa, claro, que esto es ópera del siglo XXI y todo tiene que ser así como un coitus interruptus. También recuerda al teatro musical contemporáneo (de hecho, la melodía que suena cuando ponen el tocadiscos es clavadita a al canción del saxofón del musical Miss Saigon).


El argumento (y, lo reconozco, ni conozco la novela ni he visto la película en la que la ópera se basa, con lo que iba virginal y libre de prejuicios al teatro) es también muy "bonito". La fascinación de un cartero por un poeta, la historia de amor, los detalles incluso humorísticos, la nota de nostalgia y, cómo no, el momento dramático de soltar la la lagrimita.

Y, pese a este "bonitismo", tengo que reconocer la habilidad y saber hacer de Daniel Catán para escribir una ópera que funciona. Lo primero la música: es complaciente, sí, pero también muy efectiva. Ilustra perfectamente las escenas que relata, llega a cotas emocionantes y está salpicada de momentos muy bellos. Y luego el texto: ¡Por fin un compositor que es autor del libretto y no se dedica a abochornarnos con sus comeduras de tarro autocomplacientes! Ayudado por los poemas y palabras de Neruda (e imagino que de la novela y la película), el libreto es directo, no sobra nada, no se pierde en vaguedades, cumple también su función. Muy bien.


La producción, además, también es "bonita": escenario vació con un suelo embaldosado de azul y una plataforma que viene y va. Con ayuda de cuatro elementos de atrezzo y unas proyecciones se generan los escenarios necesarios. Se puede hablar de una producción clásica, con una más que aceptable dirección actoral de cantantes y dentro de los cánones más convencionales.

Imagino que todo lo convencional y lo "bonito" de esta producción para burgueses acomodaticios es lo que ha hecho que Gérard Mortier diga que no le interesa lo más mínimo y que fue una imposición de Plácido Domingo. Evidente, está en las antípodas de todo lo que nos ha estado programando. A mí me gusta lo que Mortier ha estado haciendo con el Teatro Real de Madrid, pero también como revulsivo viene bien una producción de este tipo. 


Y la estrella de la producción iba a ser Plácido Domingo, pero ha tenido que cancelar por una embolia pulmonar. Vicente Ombuena pone línea de canto y agradable timbre, pero la voz y la proyección no pueden luchar contra la entidad protagónica de un Domingo. Había muchos asientos libres, probablemente provocados por la ausencia de Plácido. 

Sin embargo, el verdadero protagonista, tanto en el argumento como en lo musical, no es Pablo Neruda, sino el cartero, Mario. Y aquí Leonardo Capalbo estuvo estupendo, expresivo y bien de voz. Sinceramente, un gustazo. Y ese piano que soltó en el tercer acto consiguió poner los pelos de punta.

La protagonista femenina, Beatrice, fue Sylvia Schwartz (sí, es española). Me asustó al principio de la ópera, porque la orquesta se la come y no se le oyen los graves... pero al momento bajaron los decibelios, la chica se centró y... muy bien. Cuando subía daba gloria. Una soprano muy a tener en cuenta, y ya trabajará la zona baja.

Como Matilde, la mujer de Neruda, estuvo Cristina Gallardo-Domâs, luciendo saber estar, estilo de canto... pero con la voz que ya no es lo que fue ni por asomo. Aparte de un gallo que le deslució su no muy extenso papel. 

Y la Donna Rosa fue Nancy Fabiola Herrera. Yo con esta mujer tengo mis más y mis menos. Tiene una presencia magnética y cada vez que sale a escena se come a todo lo que tiene a su lado. Y el timbre de voz da gusto oírlo: auténtica mezzo. Pero en cuanto tiene que subir el volumen o bajar al grave grave como que se apaga un poco. En definitiva bien, pero con matices.


El resto de secundarios notables en su papel: el amigo Giorgio, el político, el cura y el padre de Mario (muy bien).

La orquesta a cargo de Pablo Heras-Casado se dejó llevar por la melodía de la partitura. Cargó las tintas en decibelios en algunos momentos y bueno, como toda la función, a mí me sonó "bonita". Desde luego que intentó evitar la "planitud" de las orquestas de los musicales, lo cual es de agradecer.



Al final de la función, aplausos para todos, especialmente para Leonardo Capalbo, Sylvia Schwartz y orquesta.

Había leído críticas terribles del estreno. O todos han mejorado mucho o yo he rebajando mi nivel de exigencia o, lo más probable, haya muchos fastidiados por haber pagado la pasta gansa que cuestan los estrenos en Madrid y encima les falle la estrella.

Quizás no sea el broche de oro que toda temporada necesita, pero como ópera, Il Postino funciona perfectamente y tiene la entidad suficiente como para ser un muy satisfactorio espectáculo esté en él o no Plácido Domingo (Y Mortier ahí comiéndose las uñas, jajaja, pobre). 



Daniel Catán
Il Postino
Teatro Real de Madrid
Jueves, 25 de julio de 2013
Leonardo Capalbo, Vicente Ombuena, Sylvia Schwartz, Cristina Gallardo-Domâs, Nancy Fabiola Herrera, Víctor Torres, Eduardo Santamaría, Federio Gallar, José Carlo Marino
Pablo Heras-Casado, Ron Daniels


Mira

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