miércoles, junio 04, 2014

Les Contes d'Hoffmann en Madrid

 

Ay Los Cuentos De Hoffmann, de Offenbach. La ópera ideal para montar un bochinche.

Empezando por el argumento, que tiene su aquél porque si nos ceñimos a lo que nos cuentan, vemos tres historietas acerca de los amores del poeta pero... ah no podemos dejar de lado el aspecto fantástico de la narración, ni las connotaciones románticas. Y encima tenemos a la idolatrada por el poeta, la cantante Stella, que es la conjunción de otras tres mujeres en una sola. Vamos, que Les Contes d'Hoffmann es una ópera supergolosa para que los directores de escena se monten un chocho mental de apaga y vámonos y cada uno le saque una metaexplicación al argumento.

Y después lo de las versiones. Con eso de que Offenbach murió antes del estreno, tenemos versiones para dar y tomar. La verdad a mí lo de las orquestaciones se me sale un poco de mis modestas entendederas, pero lo de poner, quitar, cortar y cambiar sí que lo controlo más y en esta ópera está a la orden del día. Así que en cada grabación o producción está basada en la edición crítica.... que a los señores directores musical y escénico les da la gana. Y, por lo general, de recortar nada, aquí vamos a meter todo todo todo lo que encontremos. Y, sin embargo, meto aquí, meto allá pero no coloco la fabulosa aria de Giulietta "L'amour lui dit, la belle" (que Nagano recuperó para su versión en CD).


Así tenemos Contes que (música solamente) nos ocupan de entre dos horas y media a tres y media. Y eso se nota, porque hay números que parece que están puestos un poco a pegote y no pasaría nada de nada si se eliminaran. Pero nada, eh, que nadie se lleve las manos a la cabeza.

Porque MI problema (y pongo "mi" en mayúsculas) viene con el prólogo, que se me hace eterno, y musicalmente me resulta lo menos inspirado de la ópera. Y eso me lastra para el resto de la representación.  
 
Pero la culpa es mía, mía y sólo mía.
Porque unos días antes de ir al Real tenía tal montaña de plancha que me dije: vamos a ponernos un dvd de ópera para amenizar la mañana, y se me ocurrió poner el vídeo de Les Contes del Covent Garden de 1981 con Plácido Domingo, Luciana Serra, Agnes Baltsa e Ileana Cotrubas. ¿Y qué ocurre? Pues que es una versión a la que han metido la tijera de una manera inmisericorde pero la mar de efectiva: prólogo y epílogo duran lo que tienen que durar, lo justo, y encima las prestaciones de orquesta y cantantes son soberbias.


Y entonces claro, llego yo al Real, con una orquesta que no acaba de arrancar, unos intérpretes correctos, una dirección escénica de las de descolgarse por la ventana y un prólogo que se extiende casi una hora y... SOPOR.

Porque no hay derecho a que haya que esperar hora y diez minutos al aria de Olympia para que una función levante el vuelo, joder. Tijeras, mi reino por unas tijeras. Menos mal que iba con mi sobredosis de cafeína en vena, que las dos personas que me flanqueaban dieron sus buenas cabezadas a final del prólogo. Yo dejé que mi acompañante descansara, en todo caso lo iba a despertar para cuando empezara el acto de la muñeca, pero lo hizo solo.

En el terreno musical empiezo por la orquesta, dirigida por Till Drömann (Cambreling libraba). Sí, bien, aceptable pero... monótona, mortecina. Y no, señores, no. Les Contes requiere contrastes, un punto de locura. Que no sonó nada mal, en efecto, pero mira, no me gustó.

Otro elemento que también estuvo gris fue el coro. Las pocas posibilidades de animar el tedioso prólogo fueron eliminadas por un coro al que se obligó a cantar fuera de escena, o en un rincón al fondo, o desperdigado. No se le entendió palabra y sonó siempre como bajo de decibelios.

Y luego los intérpretes.


Veamos, Eric Cutler cumplió con su cometido. Pudo con el papel y aguantó toda la ópera. La suya es una voz lírica apropiada para el rol. ¿Qué ocurre? Pues que le faltan un punto de carisma, de intensidad, de fuerza. En algún momento quedó tapado por la orquesta, pero en general, buena prestación, muy loable. Y además fue de menos a más.


Anne Sofie von Otter está mayor, no hace falta decirlo. Conserva la musicalidad, la elegancia en el fraseo, una prosodia deliciosa, un timbre bello... pero los graves se le han quedado ya en Suecia y el volumen es escasito. Su musa estuvo cantada con gusto pero parecía que estaba en un recital de chanson y no en una ópera. 


Vito Priante hacía de todos los malvados. Y éste fue de más a menos. Al principio el timbre me gustó, pero luego el hombre fue agotándose y quedándose insuficiente. Señores, no puede ser que en el trío de Antonia, su madre y Miracle a quien más se oiga sea a la madre. Pretendió echar el resto en "Scintille diamant" pero ni la voz ni el público le respondieron. Discreto.


Measha Brueggergosman hizo de Antonia (o un híbrido entre Animal de los Teleñecos -muppets-  Tina Turner y el del 11811) y de Giulietta. Lo de esta mujer me deja perplejo, porque es una soprano con un timbre oscurísimo que parece mezzo, y en las subidas al agudo la voz cambia de color hacia un chillido muy abierto. Mantuvo el tipo en la Antonia pero como Giulietta fue casi inexistente.



Ana Durlovski fue una Olympia perfecta: agilidades, agudos y además timbre rotundo, nada de pajarillo. Si no le llegan a obligar a que se comportara en escena como una retrasada, habría sido una delicia. 



Christof Homberger cumplió como los sirvientes. Bien. Correcto Lafont como padre de Antonia y Luther, y bien los secundarios. Mención, ya lo he dicho, para Lani Poulson en el papel de la madre.


Y ahora viene donde hacer sangre: en la dirección escénica.
Afilen sus uñas.
El señor Marthaler ha decidido que nadie sepa qué es lo que quiere contarnos.
A mí el que la acción se desarrolle en el Círculo de Bellas Artes o en el aparcamiento subterráneo de El Corte Inglés cualquiera que siga este blog sabe que me trae sin cuidado, pero yo necesito que se me transmita algo. Y aquí no se ha hecho.


Me imagino que los pobres ignorantes nos tenemos que conformar con que Hoffmann sea un sufriente pelele u Olympia una mongoloide e intentar saber por qué. O que en el acto de Antonia tengamos que hacernos de cruces al ver que nadie interacciona con nadie. Mierda, justo el acto que tiene la mejor música.
¿Hablamos también del absurdo discuristo de Pessoa que se marca Stella?



¿Surrealismo? 
Una mierda.

Sin embargo cuando se termina la función la sensación es más que positiva, por la prestación del tenor, de Olympia y, sobre todo, por el triunfo de la música de Offenbach, que supera y tapa todos los elementos que no han estado a la altura.

¿Recomendable?
Paradójicamente, y hasta después de ver los vídeos del Covent Garden (Domingo) o la Scala (Shicoff).


Jacques Offenbach
Les Contes d'Hoffmann
Eric Cutler, Anne Sofie von Otter, Vito Priante, Ana Durlovski, Measha Brueggergosman,  Christoph Homberger, Lani Poulson, Jean-Philippe Lafont, Gerardo López, Graham Valentine, Tomeu Bibiloni, Isaac Galán.
Till Drömann, Chistoph Marhaler
Teatro Real, Madrid, martes 3 de junio de 2014.

2 comentarios:

  1. Es un placer seguir tus reseñas, donde conjugas exactamente sapiencia musical y amenidad literaria, cn un estilo fresco y dinámico. Enhorabuena.
    Soy un madurísimo abonado de butaca de tribuna extremo. De asomarse, y a mucha honra ;-)
    Saludos cordiales.

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  2. Muy buena reseña; sin embargo opino personalmente que hay algo que no funciona en esta ópera: las historias no está bien trabada, parece un collage artificial.

    Mucho mejor son sus divertidas operetas.


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