lunes, septiembre 20, 2010

El Onegin en inglés de la Kiri y el Hampson


El Onegin inaugural se me quedó dando vueltas en la cabeza.
Qué rabia.
Con lo que me gusta a mí esta ópera y lo sosaina que quedó.

Al llegar a casa repasé mi lista de Onegines en disco.

Y, cómo no, reparé en una rareza que tengo: la versión en inglés grabada en 1994 por Charles Mackerras con Thomas Hampson y Kiri Te Kanawa.

Es un disco raro.

Cantan en inglés, y se hace extraño. A mí no me molesta que se traduzcan las óperas. Creo que no hay nada inamovible y que mientras se haga con coherencia y calidad no hay mayor problema. Pero claro, acostumbrado uno al oído al churriesti chiestli del ruso, de repente escucharlo en inglés choca mucho. Creo que no me pasaría nada si la tradujeran al alemán, polaco o cualquier otro idioma que yo no entienda, que el shock se produce al captar frases y palabras sueltas.

Además, los cantantes parece que están como muy pendientes de la pronunciación, y se recrean en los sonidos sh y t. Es como una clase del Follow me pero cantada. Hampson está muy bien de Onegin, autoritario y cínico, y la verdad es que da gusto oírlo. Kiri es otra cosa. Mira que le tengo yo cariño a esta mujer, tan correcta siempre, pero es que como Tatiana... ay. No llega a levantar el vuelo. Hace cosas preciosas en los momentos más delicados, pero no consigue el lirismo ni la pasión necesarias, y su voz en el 94 estaba ya algo desgastadilla para el papel. Aprobada, vale, pero entiendo las críticas -algunas muy desagradables- que recibió en la época de la publicación del disco.

La escena de la carta:




Y el dúo final:




El resto ni fu ni fa. El Lenski y el Gremin no están a la altura y las mujeres tampoco destacan especialmente.

También está Nicolai Gedda como Monsieur Triquet. Pero como es una parte de la ópera que no soporto, siempre lo paso.

Mackerras y la orquesta de la Ópera Nacional Galesa están... irregulares. Brillan en los momentos más dramáticos pero en las partes más reposadas o intimistas están muy relajados. Las escenas costumbristas del primer acto aburren, y no se consigue crear atmósfera en la escena del duelo. Menos mal que en todo el último acto Mackerras saca genio y lo borda.

Esta es una no-recomendación.
Es decir, jamás le recomendaría a nadie que comprara este disco. Ahora, como curiosidad y como ese "mira qué raro soy y qué cosas más estrafalarias tengo" que nos encanta tanto a los operísticos, no tiene precio.


Mira

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