lunes, febrero 15, 2010

Francisquita deconstruida


Imagínate que cogemos todos los elementos de una zarzuela y los llevamos a El Bulli, donde nos la desestructuran, le sacan la esencia y nos los presentan para comérnoslos de una manera que no habíamos visto antes. Básicamente eso es lo que han hecho con la Doña Francisquita que se está representando en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Es una Francisquita deconstruida que se dice ahora.

Si ya hace una docena de años Emilio Sagi le sacudió la caspa y el polvo eliminádole todo el folklorismo y la chabacanería en una producción ultraortodoxa y superclásica, ahora Luis Olmos va un paso más allá: los decorados son esquemáticos, los figurines atemporales, se elimina el texto hablado en verso (un descanso para los oídos e imagino que para los cantantes) y se aligeran las partes habladas y, sobre todo, se mueve al conjunto de cantantes de una manera natural y no en bloques.

Es lo que imagino que ha disgustado a los más tradicionales: cuando suena la rondalla no sale una tuna entera, no vemos toreros ni majas goyescas reconocibles, ni tirabuzones debajo de cursis sombreritos a juego con vestidos de enaguas y miriñaques. No hay casas, puertas, ventanas, balcones o iglesias. En el fandango no sale el ballet español de María Rosa castañuela en mano taconeando en cada compás. Hay pocos olés y palmas. Y los finales de acto no parecen sacados de la Antología de la Zarzuela de Tamayo.


Pero no por eso se le quita el casticismo y el madrileñismo a esta zarzuela. Primero por el texto, después por la música y finalmente por los movimientos y coreografías. Simplemente es que no está tan expuesto y evidente como siempre habíamos visto.

Insisto en el movimiento escénico natural y nada forzado. Es la vez que mejor resuelto he visto el jaque entre Don Matías y Lorenzo o el coro de enamorados, que habitualemente es de una cursilería estática bastante insoportable.

El decorado es una estructura móvil a base de bisagras que se va abriendo y cerrando a la vista del público para formar los decorados de los distintos cuadros. Moderna, pero no rompedora ni transgresora. El resto de elementos escénicos, muy sencillos: árboles, bancos, escaleras. Muy bien, a excepción de la carroza del final del primer acto, que de simplona que es parece un mini-patíbulo. No sé cómo funcionará en el Liceo, que es un teatro mucho más grande. Esperemos que se esmeren más con la iluminación, muy pobretona.

Fallo: anticlímax en el final de la primera parte, que no coincide con final de acto. Fernando termina su romanza, suenan los aplausos de rigor y cuando cesan cae el telón...¡con el teatro en silencio! Absurdo.


Los figurines me han parecido fantásticos. Sin perder la esencia castiza, son super modernos. Ahora, el pelucón que le han colocado a la Francisquita es excesivamente caricaturesco.

En definitiva, que escénicamente me parece una Francisquita logradísima, moderna y despojada de topicazos, pero que no ha perdido la esencia ni el brillo que tiene.

Musicalmente la cosa ya fue otro cantar. La orquesta estuvo... cómo decirlo... poco fina. Ni acentos, ni matices, ni gracia, que no le supo sacar Miguel Ortega el jugo a la partitura, vamos. El coro pues muy bien ellos, pero ellas ininteligibles del todo. Bailarines y figurantes, muy bien, así como los secundarios: lañador, sereno, buhonera...


Enrique Baquerizo, sin ningún problema para Don Matías, y además disfrutando del papel: gracioso sin cargar las tintas en lo cómico. A Amelia Font se le ven las tablas, y es que se tienen que notar años haciendo de soprano cómica siete días a la semana en las zarzuelas del Moreno. Fue la más "zarzueleramente tradicional" de todos, pero da gusto que la cojan para el papel de Doña Francisca. Estupenda. Aplausos más que merecidos. Cardona fue Julio Morales, muy bien, muy en su papel.


Y con el trío protagonista... pues pichís pichás. Nancy Fabiola Herrera es el típico animal escénico que sale y se lo come todo. Estuvo excelente interpretando a la Beltrana, con garbo, fuerza y la gracia que tiene que tener. Pero vocalmente no es papel para ella. En la primera parte no se la oyó, y se perdieron los matices que tiene el personaje en las notas graves. Mucho mejor, y más desatada aún escénicamente, en la segunda parte.



José Bros era la voz de más calidad de todas. Timbrado, potente y fraseando como él sabe. Pero lo noté muy tenso y poco cómodo. Muy tirante. Actoralmente se le puede achacar de estático pero es que el papel es muy soso, no es culpa suya.



Mariola Cantarero hace cosas bellísimas con la voz para luego al momento sonar rarísima y oscilante. Las diferencias en el timbre me provocan perplejidad. También el papel es muy poco agradecido: después de la canción del ruiseñor tiene un par de dúos poco lucidos mientras el protagonismo se lo llevan los demás. Por cierto, que no cantó las dos frases que tiene en el final del primer acto.


Cogí las entradas para el reparto principal porque suponía que iba a ser el más "estelar", pero ahora pienso que me hubiera gustado escuchar otros cantantes: Sonia de Munck es una soprano muy experimentada en el papel y a María José Moreno hace mucho que no la he visto. A Carlos Cosías no lo he escuchado nunca pero tengo muy buenas referencias suyas, y a Ismael Jordi ya lo conozco pero en papeles menos exigentes. Las otras Beltranas son Marina Pardo, que siempre ha puesto un punto de calidad a sus interpretaciones, y Milagros Martín, que imagino que tendrá los mismos problemas con los graves que la Herrera.



Otra cosa: Los Gremlins.
En las funciones de zarzuela es imposible que no aparezcan los Gremlins. Son personas de edad entre avanzada y MUY avanzada que mueven la cabeza al compás de la música, tararean y hasta cantan a la vez que los cantantes sin preocuparles el volumen. Por experiencia, sé que no es posible hacerlos callar o reprimir sus cánticos, así que hay que aguantar.

Pese a que Doña Francisquita es muy conocida... no es nada fácil de tararear porque el texto no es facilón. Y los pobrecitos gremlins que teníamos al lado intentaban cumplir su misión gremliniana, pero sólo pudieron cantar una frase del final del primer acto y otra del coro de enamorados. Uffff.

Que en fin, es una doñafrancis que está la mar de bien aunque entiendo perfectamente a quien no le pueda gustar, tanto sea por "moderna" como por "antigua".


Amadeo Vives
Doña Francisquita
Teatro de la Zarzuela, Madrid, febrero 2010
Mariola Cantarero, José Bros, Nancy Fabiola Herrera, Julio Morales, Amelia Font, Enrique Baquerizo, Arturo Pastor.
Miquel Ortega / Luis Olmos

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