viernes, abril 17, 2009

Cecilia la contrabandijta


Recital de Cecilia Bartoli
Teatro Real de Madrid
Jueves, 16 de abril de 2009

Soirée rossinienne (qué fina ella)

Qué lista es la Chichi.
Se nos presenta con un programa en siete partes, cada una compuesta de tres o cuatro cancioncillas: las primeras lentas, intimistas, de sacarles jugo... y la última una fiesta ya sea por expresividad, comicidad, agilidades... ideal para arrancar una ovación al final de cada parte.


Y es que ya sabemos que Cecilia da espectáculo. Ella es así, y yo pienso que ofreció lo que se esperaba de ella, e incluso más.

Si bien sus excesos interpretativos pueden resultar un poquito cargantes, es lo que le da chispa al recital. Divierte y se divierte. Lo malo sería que sólo fueran esos sus valores. Pero no. Cuando toca cantar, canta, y muy bien. Y domina los tiempos, las dinámicas, que da gloria. Cuando canta más introspectivamente, más intimista, alcanza momentos mágicos. Yo la prefiero en esos pianos y esos tiempos lentos a cuando se convierte en una ametralladora de semifusas, pero no voy a negar que también disfruto con los momentos exhibicionistas de la buena mujer.



Como esta vez el concierto estaba fuera de la programación del Real y lo organizaban el Ministerio de Cultura y la Miembra Aído, los precios fueron bastante más bajos que en otras ocasiones y yo aproveché y me saqué butaca de patio, primera fila, hala. Como decían mis amigas más malas: ¿qué? ¿para oírla? (Pues no, para verle los modelazos, no te jode).



Pues mira, esta vez el volumen no ha sido problema para ella. Claro que era recital con piano, el piano tenía la tapa bien cerradita y el pianista (qué ser, qué caritas) ayudaba todo lo que podía con el pedal. Pero vamos, que bien de volumen esta vez, y proyección sorprendente en algunos momentos.



El programa, pues eso, las cancioncillas de siempre aderezadas con alguna rareza. A destacar las canciones de Pauline Viardot: "Hai luli", que fue preciosa, y una Habanera esquizofréncia en dos idiomas y totalmente anárquica que fue bastante espantosa.





De La Danza de Rossini prefiero no opinar porque es una de mis canciones preferidas y Cecilia la destrozó. Con mucha gracia, pero la destrozó.

Para finalizar, el rataplán y el contrabandista, que hizo dos veces. Afortunadamente sin cuadro flamenco pero con los gritos swahilis de rigor, claro.



Lo mejor de todo, el primer bis, Ti voglio tanto bene, de Ernesto di Curtis, una cancioncilla de nada que hizo maravillosa, mágica.

En fin, se puede decir que fue la Bartoli en todo su esplendor, con sus virtudes y sus despiporres, (que el canto negro de Monsalvatge fue una locura).





Los modelitos, que se me olvida (imperdonable no comentarlo en este blog): primera parte con el mantel de la cena de Scarpia convertido en un palabra de honor que montaba un bamboleo pectoral bastante divertido. Y un collar de Swarovski que dejaba cegao a tol teatro. En el descanso, y a pesar de los taconazos, se echó una carrera hasta la calle Arenal, entró en Pronovias y arrampló con un clásico blanco con tirantitos para la segunda parte. ¿Te la imaginas vestida de sobrio negro como la von Stade?, me decía mi amigo la marchi. Pues no. Ella es así.



¡Qué caricatura! ¡Si García levantara la cabeza! exclamaba indignado el espectador perpetuamente ofendido de rigor después del segundo Contabandijta. Pues, como decía un amigo, sin gente como la Bartoli probablemente nadie se acordaría del buen García. En fin.

Los vídeos no se corresponden con el recital de ayer, pero bueno, son un ejemplo.

Mira

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