domingo, mayo 17, 2009
domingo, mayo 10, 2009
La damnation de Faust
Entrada telegráfica, que me piro:
La Damnation de Faust, de Berlioz.
Teatro Real de Madrid,
domingo 10 de mayo de 2009.
Olga Borodina, Piotr Beczala, Ilda Abdrazakov
Nicola Luisotti
Primera parte de morirse de aburrimiento y de sueño. Segunda parte fantástica.
La Borodina, tremenda, vozarrón excesivo para el papel.
Beczala muy bien, progresivamente mejor hasta un final estupendo.
Abdrazakov también excelente en su papel.
Muy bien el coro, matizando mucho.
El director Luisotti: increíble, desmelenado, quizás demasiado, pero la música lo pedía y, sobre todo, da gusto ver reaccionar a la orquesta de esa manera. La segunda parte ha sido un puro exceso.
Vamos, que muy bien, a pesar de que en el intermedio daban ganas de salirse.
La Damnation de Faust, de Berlioz.
Teatro Real de Madrid,
domingo 10 de mayo de 2009.
Olga Borodina, Piotr Beczala, Ilda Abdrazakov
Nicola Luisotti
Primera parte de morirse de aburrimiento y de sueño. Segunda parte fantástica.
La Borodina, tremenda, vozarrón excesivo para el papel.
Beczala muy bien, progresivamente mejor hasta un final estupendo.
Abdrazakov también excelente en su papel.
Muy bien el coro, matizando mucho.
El director Luisotti: increíble, desmelenado, quizás demasiado, pero la música lo pedía y, sobre todo, da gusto ver reaccionar a la orquesta de esa manera. La segunda parte ha sido un puro exceso.
Vamos, que muy bien, a pesar de que en el intermedio daban ganas de salirse.
jueves, mayo 07, 2009
Katiuska alienada

Pablo Sorozábal
Katiuska
Teatro Español de Madrid
Jueves, 7 de mayo de 2009
Maite Alberola, Ángel Odena, Jon Plazaola, Milagros Martín, Trinidad Iglesias, Enrique Baquerizo, Mikeldi Atxalandabaso, Lander Iglesias.
Pascual Osa, Emilio Sagi.
Dossier informativo: (clic)

Katiuska es una zarzuela más para escuchar que para ver. Y es que se ha quedado bastante anticuadita. La alternancia de escenas cómicas frente a historia principal romántica es tan acusada y tan dicotómica que parece que se están viendo dos zarzuelas distintas mezcladas.
Emilio Sagi ha condensado los dos actos en uno, ha eliminado diálogos de gracietas obsoletas y parte también del texto de la trama principal. Si además a la protagonista principal la viste y hace que actúe como una diva del celuloide que está viviendo el sueño de una historia de amor en un cine destruido, lo que nos queda es una historia un poquito difícil de hilar.

La entrada de Katiuska es fantástica: lentamente va andando entre escombros y se quita un abrigo brillante con un cuello de plumas extendiendo los brazos como si fuera Gloria Swanson en Sunset Boulevard, mientras el tenor está cantando. Divina, absurdamente divina. El problema está en que se queda ahí. A partir de ese momento parece que va como atontada. Su parte de la historia transcurre tan rápida que parece una mujer alienada viviendo una aventura fantástica. Que creo que es lo que el director pretende, que Katiuska viva una ensoñación. El problema es que luego te canta la canción de que vivía sola con su abuelita y te rompe todos los esquemas. Que sí, que el texto katiuskeño tiene tela marinera.

Afortunadamente la música de Sorozábal es una maravilla y se zampa todos los momentos bochornosos del libreto, que son muchos. Las romanzas del trío principal son de una belleza tremenda, y el dúo de amor "somos dos barcas" a mí me parece de lo más inspirado del género zarzuelero, siempre me ha emocionado (sí, pese a ese interludio cuando empiezan a decir que se irán a bailar a la romería de San Vladimiro).
Emoción es lo que le ha faltado a la Katiuska. Se ha quedado todo en un "ay qué mono", pero poco más. Sin embargo, la trama cómica ha agradecido los cortes y se hace ágil, comprensible y divertida, pese a algunas limitaciones vocales ya conocidas.
Y es que allí estaba Trinidad Iglesias actuando como ella sola y sacándole todo el jugo a su Tatiana. Un diez. Y sus acompañantes cómicos han estado como se debe estar: graciosos sin pasarse.

Jon Plazaola tiene una de esas voces de tenor ligero no muy grandes pero cantando con mucho gusto y pronunciando a la perfección. Además, para lucirse, se ha pegado un agudo de esos de alargo el calderón todo lo que pueda, que ha arrancado una ovación. Por mí, perfecto para el papel.
Ángel Odena se ha salido como Pedro Stakof. Si en alguna incursión operística no me ha convencido nada, aquí sí. Timbre, volumen y extensión de sobra.
Maite Alberola tiene una voz bella y potente, pero yo creo que no tenía buen día. Sólo en la "Noche Hermosa" me ha sabido transmitir la delicadeza. Y además nos ha escamoteado el agudo de la luna que cierra el primer acto (lo siento, uno está acostumbrado a los discos, qué se le va a hacer). Me ha sorprendido porque había leído referencias muy buenas de ella en este papel, y no la he visto en plenas condiciones.

Una cosa que es habitual en la opereta y en la zarzuela: ¿Por qué en las partes habladas los cantantes son tan artificiosos y declaman como si estuvieran en una película de los años 40? Aquí no hay excepción: los tres protagonistas principales contribuyen a ese estado de alienación general de la obra con sus declamados de obra de fin de curso. Es gracioso, pero hay a quien le puede resultar irritante.
El coro y la orquesta bastante bien, saliéndose del pachín pachín habitual en este teatro cuando hay zarzuela y logrando momentos culminantes como el del final.
¿La dirección escénica? Pues con momentos muy logrados (la entrada de Katiuska, el baile de botas Katiuskas, el concertante del final del primer acto...) y otros desperdiciados (el A París me voy ha sido muy ramplón).

Me ha gustado, pero me esperaba más. Ya ves, incluso diría que disfruté y me emocioné más viendo hace años la producción de (anatema) José Luis Moreno, siendo una versión mucho peor y con momentos de auténtica vergüenza ajena.
Mi tx también se esperaba más. Le ha gustado, pero le ha faltado intensidad. No obstante, al final ha dicho que "para once euros está muy bien y no cantan con micrófonos como en los musicales de la Gran Vía". Y es que, señores, los precios en el Teatro Español son bastante asequibles y se ve bien desde casi todos lados.
Terminaré con mis referencias discográficas: la de Zafiro con Manuel Ausensi y una maravillosa Isabel Penagos y la de Hispavox con otra no menos maravillosa Pilar Lorengar y Renato Cesari, con Alfredo Kraus haciendo de príncipe. Hay otra, creo que de Columbia, que tiene las partes habladas recitadas por actores y que me resulta bastante horrible. Y la de Blue Moon con Marcos Redondo (creo, hablo de memorieta), de la época del estreno, con variaciones y números eliminados, muy interesante.
Katiuska
Teatro Español de Madrid
Jueves, 7 de mayo de 2009
Maite Alberola, Ángel Odena, Jon Plazaola, Milagros Martín, Trinidad Iglesias, Enrique Baquerizo, Mikeldi Atxalandabaso, Lander Iglesias.
Pascual Osa, Emilio Sagi.
Dossier informativo: (clic)

Katiuska es una zarzuela más para escuchar que para ver. Y es que se ha quedado bastante anticuadita. La alternancia de escenas cómicas frente a historia principal romántica es tan acusada y tan dicotómica que parece que se están viendo dos zarzuelas distintas mezcladas.
Emilio Sagi ha condensado los dos actos en uno, ha eliminado diálogos de gracietas obsoletas y parte también del texto de la trama principal. Si además a la protagonista principal la viste y hace que actúe como una diva del celuloide que está viviendo el sueño de una historia de amor en un cine destruido, lo que nos queda es una historia un poquito difícil de hilar.

La entrada de Katiuska es fantástica: lentamente va andando entre escombros y se quita un abrigo brillante con un cuello de plumas extendiendo los brazos como si fuera Gloria Swanson en Sunset Boulevard, mientras el tenor está cantando. Divina, absurdamente divina. El problema está en que se queda ahí. A partir de ese momento parece que va como atontada. Su parte de la historia transcurre tan rápida que parece una mujer alienada viviendo una aventura fantástica. Que creo que es lo que el director pretende, que Katiuska viva una ensoñación. El problema es que luego te canta la canción de que vivía sola con su abuelita y te rompe todos los esquemas. Que sí, que el texto katiuskeño tiene tela marinera.

Afortunadamente la música de Sorozábal es una maravilla y se zampa todos los momentos bochornosos del libreto, que son muchos. Las romanzas del trío principal son de una belleza tremenda, y el dúo de amor "somos dos barcas" a mí me parece de lo más inspirado del género zarzuelero, siempre me ha emocionado (sí, pese a ese interludio cuando empiezan a decir que se irán a bailar a la romería de San Vladimiro).
Emoción es lo que le ha faltado a la Katiuska. Se ha quedado todo en un "ay qué mono", pero poco más. Sin embargo, la trama cómica ha agradecido los cortes y se hace ágil, comprensible y divertida, pese a algunas limitaciones vocales ya conocidas.
Y es que allí estaba Trinidad Iglesias actuando como ella sola y sacándole todo el jugo a su Tatiana. Un diez. Y sus acompañantes cómicos han estado como se debe estar: graciosos sin pasarse.

Jon Plazaola tiene una de esas voces de tenor ligero no muy grandes pero cantando con mucho gusto y pronunciando a la perfección. Además, para lucirse, se ha pegado un agudo de esos de alargo el calderón todo lo que pueda, que ha arrancado una ovación. Por mí, perfecto para el papel.
Ángel Odena se ha salido como Pedro Stakof. Si en alguna incursión operística no me ha convencido nada, aquí sí. Timbre, volumen y extensión de sobra.
Maite Alberola tiene una voz bella y potente, pero yo creo que no tenía buen día. Sólo en la "Noche Hermosa" me ha sabido transmitir la delicadeza. Y además nos ha escamoteado el agudo de la luna que cierra el primer acto (lo siento, uno está acostumbrado a los discos, qué se le va a hacer). Me ha sorprendido porque había leído referencias muy buenas de ella en este papel, y no la he visto en plenas condiciones.

Una cosa que es habitual en la opereta y en la zarzuela: ¿Por qué en las partes habladas los cantantes son tan artificiosos y declaman como si estuvieran en una película de los años 40? Aquí no hay excepción: los tres protagonistas principales contribuyen a ese estado de alienación general de la obra con sus declamados de obra de fin de curso. Es gracioso, pero hay a quien le puede resultar irritante.
El coro y la orquesta bastante bien, saliéndose del pachín pachín habitual en este teatro cuando hay zarzuela y logrando momentos culminantes como el del final.
¿La dirección escénica? Pues con momentos muy logrados (la entrada de Katiuska, el baile de botas Katiuskas, el concertante del final del primer acto...) y otros desperdiciados (el A París me voy ha sido muy ramplón).

Me ha gustado, pero me esperaba más. Ya ves, incluso diría que disfruté y me emocioné más viendo hace años la producción de (anatema) José Luis Moreno, siendo una versión mucho peor y con momentos de auténtica vergüenza ajena.
Mi tx también se esperaba más. Le ha gustado, pero le ha faltado intensidad. No obstante, al final ha dicho que "para once euros está muy bien y no cantan con micrófonos como en los musicales de la Gran Vía". Y es que, señores, los precios en el Teatro Español son bastante asequibles y se ve bien desde casi todos lados.
Terminaré con mis referencias discográficas: la de Zafiro con Manuel Ausensi y una maravillosa Isabel Penagos y la de Hispavox con otra no menos maravillosa Pilar Lorengar y Renato Cesari, con Alfredo Kraus haciendo de príncipe. Hay otra, creo que de Columbia, que tiene las partes habladas recitadas por actores y que me resulta bastante horrible. Y la de Blue Moon con Marcos Redondo (creo, hablo de memorieta), de la época del estreno, con variaciones y números eliminados, muy interesante.
lunes, mayo 04, 2009
Abono B del Teatro Real de Madrid

Ya se ha publicado en la web del teatro Real de Madrid la composición de los abonos para la temporada 2009 - 2010. Véase haciendo clic.... aquí.
Ya lo dije (clac), me iban a escamotear alguna. Y no me entra Andrea Chénier. Ya veré si la saco aparte o no. Y el Simon Boccanegra lo tengo opcional. No lo saco. En todo caso intento sacar una entrada para alguno de los tres días que cantan Domingo y Gheorghiu, sólo por morbo.
El caso es que me tocan...
Lulu, Agrippina, L'italiana (con Kasarova), Jenufa (con Polaski y Roocroft), Holandés (2º reparto), Árbol de Diana, Salomé, Poppea, Die tote Stadt (Vogt/Naglestad) y el Simon opcional.
Si me entra la ventolera, intento sacar alguna para los Puritanos (en concierto). Por cierto que acabo de leer el argumento, que me sabía muchas partes pero en sí no lo conocía. Qué barbaridad, qué locuras repentinas la Elvira, qué despiporre romántico.
También podría buscar alguna para la versión en concierto de la Norma, ya se verá.
El dossier completo de la temporada, aquí (cloc).
Ah, no fui al recital de Nina Stemme el pasado martes. Tenía la entrada, pero estaba un poquito machacado física y mentalmente, y con un cargamento de cajas de cartón llenas de cd que ordenar. Las noticias que me han llegado tampoco es que hayan sido muy entusiastas, vamos.
Ya lo dije (clac), me iban a escamotear alguna. Y no me entra Andrea Chénier. Ya veré si la saco aparte o no. Y el Simon Boccanegra lo tengo opcional. No lo saco. En todo caso intento sacar una entrada para alguno de los tres días que cantan Domingo y Gheorghiu, sólo por morbo.
El caso es que me tocan...
Lulu, Agrippina, L'italiana (con Kasarova), Jenufa (con Polaski y Roocroft), Holandés (2º reparto), Árbol de Diana, Salomé, Poppea, Die tote Stadt (Vogt/Naglestad) y el Simon opcional.
Si me entra la ventolera, intento sacar alguna para los Puritanos (en concierto). Por cierto que acabo de leer el argumento, que me sabía muchas partes pero en sí no lo conocía. Qué barbaridad, qué locuras repentinas la Elvira, qué despiporre romántico.
También podría buscar alguna para la versión en concierto de la Norma, ya se verá.
El dossier completo de la temporada, aquí (cloc).
Ah, no fui al recital de Nina Stemme el pasado martes. Tenía la entrada, pero estaba un poquito machacado física y mentalmente, y con un cargamento de cajas de cartón llenas de cd que ordenar. Las noticias que me han llegado tampoco es que hayan sido muy entusiastas, vamos.
lunes, abril 27, 2009
Por qué corres, Ulises

Il ritorno d’Ulisse in patria, de Claudio Monteverdi
Teatro Real de Madrid, 25 de Abril de 2009
Les Arts Florissants.
William Christie, Pier Luigi Pizzi.

Segunda ópera de la trilogía monteverdiana que nos ofrece el Teatro Real.
Muy bien interpretada, correcta e insípida puesta en escena y perfectamente servida por la orquesta de Les Arts Florissants de Christie. ¿Muermo? Pues sí, un poco, pero es Monteverdi, qué te esperas. Es lo que hay. Es una música así, entre comillas, "bonita", muy agradable de escuchar, pero es imposible que se te quede una melodía en la cabeza. Afortunadamente va alternando partes lentas con más movidas cada muy poco tiempo y se me hizo mucho más entretenida que el Orfeo del año pasado.

En el terreno vocal, estupenda Christine Ricci con una voz que tiene el patetismo y resignación que el papel de Penélope requiere y muy bien todos en general.Por poner un ligero pero, se lo pongo a la Juno, un poco destempladilla, pero vamos, todos muy bien.

A Kobie van Rensburg se le achaca por ahí que grita demasiado para este tipo de música pero hijo, da gloria que le dé un poco de chicha al personaje. Porque vamos, la progresión dramática de la línea argumental del bodriete mitológico es de una lentitud pasmosa.

Me decía mi amigo Almatosa al salir: la parte de los dioses se la podrían haber ahorrado.
¡No! Incauto infelice. Primero, porque nos hubiéramos quedado sólo con el rollo de las dudas de Penélope y segundo, porque nos hubiéramos perdido a Ed Lyon, que hizo el doblete estupendo de Júpiter y Eurímaco y que tenía una planta más que destacable, especialmente con los modelitos que el Pizzi le hizo ponerse (y de los que la web del Real, para variar, no tiene foto). Muy bien, muy bien, nos ha gustado este chico, comentábamos como viejos verdes en el descanso. No tenemos remedio. En fin.Yo salí muy danzarín y prebarroco de este Ulises. Aunque también hay que decir que ha sido mi alternativa de ocio más "movida" del pasado fin de semana, lo que dice mucho de mi estado de amuermamiento general de los últimos días. Tendría que haberme ido a Valencia a ver la Turandot pero al final no salió.
Lo próximo, la Condenación de Fausto.

viernes, abril 17, 2009
Cecilia la contrabandijta

Recital de Cecilia Bartoli
Teatro Real de Madrid
Jueves, 16 de abril de 2009
Soirée rossinienne (qué fina ella)
Qué lista es la Chichi.
Se nos presenta con un programa en siete partes, cada una compuesta de tres o cuatro cancioncillas: las primeras lentas, intimistas, de sacarles jugo... y la última una fiesta ya sea por expresividad, comicidad, agilidades... ideal para arrancar una ovación al final de cada parte.

Y es que ya sabemos que Cecilia da espectáculo. Ella es así, y yo pienso que ofreció lo que se esperaba de ella, e incluso más.
Si bien sus excesos interpretativos pueden resultar un poquito cargantes, es lo que le da chispa al recital. Divierte y se divierte. Lo malo sería que sólo fueran esos sus valores. Pero no. Cuando toca cantar, canta, y muy bien. Y domina los tiempos, las dinámicas, que da gloria. Cuando canta más introspectivamente, más intimista, alcanza momentos mágicos. Yo la prefiero en esos pianos y esos tiempos lentos a cuando se convierte en una ametralladora de semifusas, pero no voy a negar que también disfruto con los momentos exhibicionistas de la buena mujer.
Como esta vez el concierto estaba fuera de la programación del Real y lo organizaban el Ministerio de Cultura y la Miembra Aído, los precios fueron bastante más bajos que en otras ocasiones y yo aproveché y me saqué butaca de patio, primera fila, hala. Como decían mis amigas más malas: ¿qué? ¿para oírla? (Pues no, para verle los modelazos, no te jode).
Pues mira, esta vez el volumen no ha sido problema para ella. Claro que era recital con piano, el piano tenía la tapa bien cerradita y el pianista (qué ser, qué caritas) ayudaba todo lo que podía con el pedal. Pero vamos, que bien de volumen esta vez, y proyección sorprendente en algunos momentos.
El programa, pues eso, las cancioncillas de siempre aderezadas con alguna rareza. A destacar las canciones de Pauline Viardot: "Hai luli", que fue preciosa, y una Habanera esquizofréncia en dos idiomas y totalmente anárquica que fue bastante espantosa.
De La Danza de Rossini prefiero no opinar porque es una de mis canciones preferidas y Cecilia la destrozó. Con mucha gracia, pero la destrozó.
Para finalizar, el rataplán y el contrabandista, que hizo dos veces. Afortunadamente sin cuadro flamenco pero con los gritos swahilis de rigor, claro.
Lo mejor de todo, el primer bis, Ti voglio tanto bene, de Ernesto di Curtis, una cancioncilla de nada que hizo maravillosa, mágica.
En fin, se puede decir que fue la Bartoli en todo su esplendor, con sus virtudes y sus despiporres, (que el canto negro de Monsalvatge fue una locura).
Los modelitos, que se me olvida (imperdonable no comentarlo en este blog): primera parte con el mantel de la cena de Scarpia convertido en un palabra de honor que montaba un bamboleo pectoral bastante divertido. Y un collar de Swarovski que dejaba cegao a tol teatro. En el descanso, y a pesar de los taconazos, se echó una carrera hasta la calle Arenal, entró en Pronovias y arrampló con un clásico blanco con tirantitos para la segunda parte. ¿Te la imaginas vestida de sobrio negro como la von Stade?, me decía mi amigo la marchi. Pues no. Ella es así.
¡Qué caricatura! ¡Si García levantara la cabeza! exclamaba indignado el espectador perpetuamente ofendido de rigor después del segundo Contabandijta. Pues, como decía un amigo, sin gente como la Bartoli probablemente nadie se acordaría del buen García. En fin.
Los vídeos no se corresponden con el recital de ayer, pero bueno, son un ejemplo.
Teatro Real de Madrid
Jueves, 16 de abril de 2009
Soirée rossinienne (qué fina ella)
Qué lista es la Chichi.
Se nos presenta con un programa en siete partes, cada una compuesta de tres o cuatro cancioncillas: las primeras lentas, intimistas, de sacarles jugo... y la última una fiesta ya sea por expresividad, comicidad, agilidades... ideal para arrancar una ovación al final de cada parte.

Y es que ya sabemos que Cecilia da espectáculo. Ella es así, y yo pienso que ofreció lo que se esperaba de ella, e incluso más.
Si bien sus excesos interpretativos pueden resultar un poquito cargantes, es lo que le da chispa al recital. Divierte y se divierte. Lo malo sería que sólo fueran esos sus valores. Pero no. Cuando toca cantar, canta, y muy bien. Y domina los tiempos, las dinámicas, que da gloria. Cuando canta más introspectivamente, más intimista, alcanza momentos mágicos. Yo la prefiero en esos pianos y esos tiempos lentos a cuando se convierte en una ametralladora de semifusas, pero no voy a negar que también disfruto con los momentos exhibicionistas de la buena mujer.
Como esta vez el concierto estaba fuera de la programación del Real y lo organizaban el Ministerio de Cultura y la Miembra Aído, los precios fueron bastante más bajos que en otras ocasiones y yo aproveché y me saqué butaca de patio, primera fila, hala. Como decían mis amigas más malas: ¿qué? ¿para oírla? (Pues no, para verle los modelazos, no te jode).
Pues mira, esta vez el volumen no ha sido problema para ella. Claro que era recital con piano, el piano tenía la tapa bien cerradita y el pianista (qué ser, qué caritas) ayudaba todo lo que podía con el pedal. Pero vamos, que bien de volumen esta vez, y proyección sorprendente en algunos momentos.
El programa, pues eso, las cancioncillas de siempre aderezadas con alguna rareza. A destacar las canciones de Pauline Viardot: "Hai luli", que fue preciosa, y una Habanera esquizofréncia en dos idiomas y totalmente anárquica que fue bastante espantosa.
De La Danza de Rossini prefiero no opinar porque es una de mis canciones preferidas y Cecilia la destrozó. Con mucha gracia, pero la destrozó.
Para finalizar, el rataplán y el contrabandista, que hizo dos veces. Afortunadamente sin cuadro flamenco pero con los gritos swahilis de rigor, claro.
Lo mejor de todo, el primer bis, Ti voglio tanto bene, de Ernesto di Curtis, una cancioncilla de nada que hizo maravillosa, mágica.
En fin, se puede decir que fue la Bartoli en todo su esplendor, con sus virtudes y sus despiporres, (que el canto negro de Monsalvatge fue una locura).
Los modelitos, que se me olvida (imperdonable no comentarlo en este blog): primera parte con el mantel de la cena de Scarpia convertido en un palabra de honor que montaba un bamboleo pectoral bastante divertido. Y un collar de Swarovski que dejaba cegao a tol teatro. En el descanso, y a pesar de los taconazos, se echó una carrera hasta la calle Arenal, entró en Pronovias y arrampló con un clásico blanco con tirantitos para la segunda parte. ¿Te la imaginas vestida de sobrio negro como la von Stade?, me decía mi amigo la marchi. Pues no. Ella es así.
¡Qué caricatura! ¡Si García levantara la cabeza! exclamaba indignado el espectador perpetuamente ofendido de rigor después del segundo Contabandijta. Pues, como decía un amigo, sin gente como la Bartoli probablemente nadie se acordaría del buen García. En fin.
Los vídeos no se corresponden con el recital de ayer, pero bueno, son un ejemplo.
lunes, abril 13, 2009
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