jueves, mayo 31, 2012

Chiedo in bontà di ritirarmi (Adriana Lecouvreur en Barcelona)

 

Es raro, pero no tenía yo mucha gana de ir a Barcelona a la Adriana Lecouvreur del Liceo, y eso que Adriana es una de mis óperas favoritas, tan pomposa ella, tan melódica y con uno de los finales más absurdos de la historia de la ópera: Atención, spoiler, Adriana muere tras oler unas flores envenenadas. ¡Tela!

Pero la insistencia de mis amigos y, sobre todo, su apoyo, hicieron que al final tirara de iberiapluses (que ahora se llaman Avios, qué nombre más feo) y allá que me planté. Y como la cosa no está para tirar cohetes, cogí entradas de las ultrabaratas, quinto piso sin visibilidad, a 10,50 €. ¡Pero para los tres días! Y ya ves tú lo que son las cosas, como el teatro no estaba lleno me fui cambiando de localidad, lo vi perfectamente y en dos de las funciones acabé en platea, toma.


Y es que el viernes confluían: final de la Copa del Rey de fútbol con un Barça que tenía que ganar por huevos para salvar la honrilla, y fin de semana largo con festivo el lunes. El teatro estaba al 50 % el viernes, aprox. El sábado casi lleno y el domingo a un 70%, calculo.

¿Agotador ver tres repartos de Adriana? Pues mira, no, porque fueron tres noches muy distintas. Bueno, noches digo, que un día empezó a las ocho, otro a las seis y otro a las cinco, menudo cacao llevaba yo de ciclos circadianos.


Lo que tengo que reseñar en primer lugar antes de que te me aburras y dejes de leer es la fantástica dirección musical de Maurizio Benini, llevando una orquesta que sonó estupendamente bien. Ha sido una dirección cuidada, caprichosa en tiempos tirando a lentos, pero con mucho mimo. Ha evitado caer en la cursilería melódica de nanianonano que te hace mover la cabeza (en plan los Gremlins viendo Blancanieves, yo me entiendo), ha subrayado los momentos fuertes y, lo más importante, ha estado pendiente de los cantantes en cuanto a volumen y parando a la vieja usanza al final de cada aria. En el 4º acto se lució, comenzándolo con una atmósfera única y terminándolo de una manera exquisita con un diminuendo de poner la piel de gallina. Lástima de aplausos que se cargaron la atmósfera antes de terminar las notas, creo que sólo el viernes se pudo escuchar en su plenitud. 


Respecto a la producción pues... un lujo. Lo del teatro dentro del teatro se ha resuelto de la manera más literal posible: hay una macroestructura de un teatrillo barroco dentro del escenario. Para más espectacularidad, da vueltas formando los distintos escenarios. Perfecta.


Y luego está el vestuario. Me puedo imaginar a la Gheorghiu, que fue quien la estrenó en Londres, muriéndose de gusto al ponerse tanta tela tanto brillo tanto broche encima. ¿No dices que eres glamourosa? Pues toma glamour. Los vestidos son de un detalle exquisito. Fantástica la labor de Brigitte Reiffenstuel.


La dirección escénica de cantantes ha sido también imaginativa dentro de lo que el argumento de la ópera permite, aunque con detalles un poco burdos (véase el dúo de Adriana y la Princesa o la inútil y ruidosa aparición de figurantes en el final). Una cosa que me ha encantado es lo afectado y cursi que puede llegar a ser el personaje de Adriana. Cómo sufre ella, por favor. Qué movimientos de cabeza y como de desvanecerse le hacen hacer. 

Y ya nos metemos en harina. Los cantantes. Tres repartos, tres Adrianas.


En el primero, Barbara Frittoli, Roberto Alagna, Joan Pons y Dolora Zajick. Muy de campanillas. La Frittoli me ha gustado muchísimo, a pesar de un comienzo un tanto oscilante. Poderío poderío en el tema vocal, seguridad y un timbre pleno. Vamos, que si hay que terminar la umille ancella con un calderón bien alargado para marcar territorio, se hace. Muy en la línea de una Freni, con la voz más espesa. Muy bien.


Ahora, el que se lleva la palma para mí es el Alagna. ¡Y yo que creía que este homrbe estaba ya para cantar rancheras y boberías similares! Recuerdo que su recital en Madrid de hace unos años me dejó bastante decepcionado. Pero oye, cómo se le ha colocado de nuevo la voz. Qué belleza de timbre, qué brillantez, qué fraseo, qué estilazo. Estupendo del todo, qué gustazo escucharlo. Bien por Robertino. ¿Será que desde que se ha separado de la Angelita se ha centrado más? Ni idea, pero que nos dé muchas funciones más así.




De mala malísima tocaba la Zajick, que ya sabemos cómo se las gasta. Tan pronto te pega un pepinazo arriba como baja a un grave que te remueve los intestinos. Dolora, a los 60 tacos, se sigue comiendo el teatro. Vale, que sí, que su canto es bastante efectista, pero viene que ni pintado para el papel de la Principessa. Disfruta y hace disfrutar.


Nunca me ha gustado demasiado la manera de cantar de Juan Pons. Siempre lo he notado como quejicoso, al punto del lloro, y me pone muy nervioso. Este Michonnet no ha sido así. La forma de interpretar ha sido más contenida y, aunque la voz ya está en decadencia, le ha dado al personaje la dimensión dramática justa para emocionar sin exagerar. Bien.


En el segundo reparto, la Adriana estaba a cargo de Daniela Dessì. Qué barbaridad, hace más de veinte años que no la escuchaba en directo (desde la Desdemona con Plácido en el teatro de la Zarzuela, aguanta). Y es que siempre que me tocaba, o ha cancelado o tenía yo otro reparto. La Dessì tiene clase, escuela de canto y un fraseo estupendo. Ahora bien, la voz ya no está en su mejor momento y comenzó algo agriada, con el agudo quedándose atrás. Mejoró a lo largo de la función y el último acto lo hizo excelente. Por cierto, ¿se ha vuelto adicta al bótox? ¡Porque vaya fotos promocionales a sus 55 primaveras! Interpretativamente, fue la más clásica y cursi de todas, puro exceso verista. Musa, diva, sirena.


Su marido, el Armiliato, fue quien casi se carga la función. Vale que siempre ha tenido una emisión un tanto extraña, pero es que el viernes pasado el problema era de voz. Sufrió y nos hizo sufrir. Tirante, tirante, consiguió salvar el Maurizio por los pelos, gracias a un último acto compenetradísimo con su señora y a la ayuda del maestro, que le bajó el volumen de la orquesta todo lo que pudo. 


Lo mejor del segundo reparto fue la mezzo, Marianne Cornetti. No es tan apabullante como la Zajick, pero sube al agudo perfectamente y luce buenos graves, con una voz superfresca. Nos encantó. A seguir en el futuro. A destacar un par de  abrazos y besos que se dio con la Dessì en los aplausos finales rompiendo la línea de saludos, como encantadas ellas dos de haber coincidido. Eso sí, tiene que vigilar su peso. Porque vale que los vestidos eran auténticos mamotretos, pero se movía con muchísima dificultad.


El Michonnet de segundo y tercer reparto era Bruno de Simone, con una voz sana y una composición del personaje mucho más cercana, cómica incluso a veces, con muchos detalles actorales. También me gustó mucho.


Tercer reparto, Micaela Carosi protagonizando. La mujer es joven, tiene una voz potente y una presencia bastante apabullante. Pero la elegancia y la línea de canto brillan por su ausencia. En la escucha de su Adriana de Turín en Spotify me quedé horrorizado de lo entubada que sonaba. En Barcelona y en directo no era tan notable, afortunadamente, pero no me convenció. Aparte, en el agudo se le iba la afinación. Da el pego, sí, pero para ser un papel que lleva rodado por varios teatros no lo tiene dominado.


Carlo Ventre, su Maurizio, sufre el efecto Giordani: una voz fea y sin interés pero que de golpe llega a la zona aguda, se coloca y consigue un timbre bellísimo y una potencia que te deja en el sitio. No sé si con el tiempo el hombre podrá homogeneizar el registro, ojalá, porque ya digo que en la zona alta daba gusto.


Ay la Fiorillo la Fiorillo, que ya nos la conocemos... es como la versión ordinaria de la Zajick. Sube arriba, baja al averno, cambia de color y entre medias te ha vendido una pescadilla de dos kilos en el mercado de abastos. Me gustó, porque el personaje de la princesa vocalmente de principesco tiene poco, pero vamos, que se pasa un poco. Eso sí, tiene pinta de pasárselo pipa cantando.


En todas las funciones el abad de Chazeuil fue Francisco Vas, con voz suficiente y todo lo amanerado y excéntrico que el personaje requiere. Desde luego pone de los nervios verlo tres días seguidos haciendo lo mismo, pero es el rol del abate, qué quieres. Muy bueno.

Para el príncipe de Bouillon se alternaron Stefano Palatchi (muy apropiado) y Giorgio Giuseppini (bien). Y luego ya los cuatro comediantes también estuvieron a la altura, pero nunca me aclaro quién es quién, aparte de que siempre cantan a la vez o atropellándose entre ellos, qué estrés.


El caso es que tres repartos, tres versiones de Adriana. Dominadas todas por la batura de Benini. La de Frittoli fue la más apabullante. La de Dessì la más clásica y la de Carosi la más de andar por casa. Pero yo disfruté las tres, y mucho.


Lo que es una pena es que probablemente no se edite un dvd / bluray con las funciones del primer reparto, porque ya ha salido para Decca uno de esta producción de la ROH Covent Garden de Londres con Angela Gheorghiu y Jonas Kaufmann. O lo mismo sí. Esperemos. Merecería mucho la pena.


Y desde aquí vuelvo a dar las gracias a mis amigos por animarme a ir, por mimarme, llevarme de un lado a otro y por hacer que el motivo del viaje -la ópera- se convierta en mera excusa para volverlos a ver.


¡Y anda que no saqué fotos de Barcelona! ¡Parecía un turista novel!


Francesco Cilea
Adriana Lecouvreur
Daniela Dessì, Barbara Frittoli, Micaela Carosi, Fabio Armiliato, Roberto Alagna, Carlo Ventre, Marianne Cornetti, Dolora Zajick, Elisabeta Fiorillo, Bruno de Simone, Juan Pons, Stefano Palatchi, Giorgio Giuseppini, Francisco Vas.
Maurizio Benini, David McVicar, Charles Edwards, Brigitte Reiffenstuel.
Barcelona, Gran Teatro del Liceo. Viernes, sábado y domingo 25, 26 y 27 de mayo de 2012.


 

lunes, mayo 21, 2012

Cyrano de Bergerac en Madrid. Domingo y...¡Arteta!


Hace 5 años ya del Cyrano de Plácido en Valencia (clic) y tocaba esta vez en la temporada de Madrid con la misma pareja protagonista: Plácido Domingo y Sondra Radvanovsky. Todo apuntaba a una recreación de aquella función, pero no ha sido así.

Primero, Plácido Domingo. Los años pasan, y de un par a esta parte ha pegado un lógico bajón. Sigue siendo igual de impresionante y manteniendo la belleza tímbrica pero, ay, yo lo vi como peleándose con las notas y como falto de volumen. Eso sí, entregado, como siempre, al máximo y logrando poner los pelos de punta en un final más que emocionante. Se le pueden poner peros, sí, pero su caracterización e identificación con el personaje de Cyrano es fantástica. Ovación al final y, al contrario que en el caso de otros cantantes veteranos, a Domingo sí se le aplaude por lo que ha hecho más que por lo que ha sido. Muy bien.


Y segundo, Sondra Radvanovsky, que canceló por enfermedad. ¿Y quién la sustituyó? Aaaaah, pues Ainhoa Arteta. Gran sorpresa. La soprano vetada en el Teatro Real durante más de una década por una mano negra (según ella, aunque hasta le puso nombre y apellido una vez, creo) hace de golpe y porrazo su debut en una ópera completa. Y la verdad es que genial. Tiene una voz amplísima, timbrada y la maneja estupendamente. Sí, el agudo se le adelgaza un pcoo y a veces se acerca al grito, pero para el papel de Roxane estuvo excelente. ¿Que le faltó el pepinazo que soltó la Sondra en su aria del tercer acto en Valencia hace 5 años? Pues sí, pero sacó todas sus armas expresivas, haciendo un final de aria bellísimo. 


Tengo que reconocer que no la oía en directo desde hace más de veinte años, cuando sus Gilda y Rosina (La Canción del Olvido)  del Teatro de la Zarzuela, lo cual no es representativo porque anda que no hace años de eso, y lo que había escuchado posteriormente de ella no me había hecho especial gracia, pero parece ser que la voz le ha madurado y para bien. He leído que su Musetta en Barcelona ha estado algo chillona, lo mismo es que ese papel ya no le va y tiene que asumir ahora roles con más peso. Lo que digo, para mí, fantástica como Roxane y además encantadora como actriz, sin un ápice de cursilería. Merecida ovación. Que vuelva (a ver esa Donna Elvira del año que viene, joer, no sé si le va mucho a su voz).


Michael Fabiano apunta maneras y de momento cumplió más que bien con el papel de Christian, con voz, fraseo y volumen. Y muy bien actuado. A esperar a ver qué hace en el futuro. Ángel Ódena correctísimo como "el malo" (tampoco es un papel muy lucido), así como Doris Lamprecht en los papeles secundarios de mezzo.

El coro, una vez más, marcando sello de calidad, sobre todo el masculino (las chicas no tienen tanto protagonismo esta vez). Demostración de que se puede cantar forte sin gritar, matizando lo que se dice. Para mí, estupendo. La orquesta a cargo de Pedro Halffter... bueno, sin especial relevancia para mí. Respetó a los cantantes. Ya sé que la partitura es un poco plomo, pero no le sacó todo el jugo que podía a los momentos más líricos.


La producción es muy tradicional. No creo que nadie se pueda quejar: los figurines son de época, la pastelería es una pastelería, el campo de batalla es un campo de batalla, el balcón un balcón, y no falta la hiedra trepando por la columna. Además, en los primeros actos añadimos elementos rompedores como un carro volador, una especie de caballo de Troya o unos fuegos de artificio, para que se diga que es espectacular. Bien. Una producción amable y vistosa.


Un poco tonto el que antes de empezar la obra hubiera una especie de representación muda de figurantes haciendo bobadas y supuestas gracias. Para mí totalmente prescindible. Además, como no habían apagado las luces el público seguía hablando y a lo suyo.

Y ahora la ópera. Ya me lo pareció hace cinco años y vuelvo a coincidir en mi apreciación: Cyrano de Bergerac de Alfano es bastante ladrillo. Por ser benévolos, porque vamos, la primera hora hasta la escena del balcón me parece un petardo horrible, muy anárquica musicalmente hablando. No le capto yo la esencia, no.


Y luego el argumento, también anárquico hasta decir basta. Que sí, que nos enteramos perfectamente de la historia del triángulo amoroso Cyrano-Roxane-Christian pero los lances y duelos de los soldados en los dos primeros actos son para hacerse de cruces (o para revisarse el libretto a conciencia). ¿Qué ocurre en el teatro? ¿Contra quién luchan? ¿A qué viene lo de la pastelería? Incomprensible del todo.

Cyrano de Alfano es una ópera que se sostiene sólo si hay una gran pareja protagonista, y afortunadamente gracias a Domingo y a Arteta eso lo tuvimos el sábado.



Franco Alfano.
Cyrano de Bergerac
Plácido Domingo, Ainhoa Arteta, Micahel Fabiano, Ángel Ódena, Doris Lamprecht.
Pedro Halffter, Petrika Ionesco
Teatro Real, Madrid, sábado 19 de mayo de 2012






jueves, mayo 10, 2012

La Chulapona: casticismo de postal

 

Salgo de La Chulapona con una sensación de déjà vu, y no es para menos, porque esta producción, que tiene sus añitos, es la tercera vez que la veo.

El libreto de La Chulapona es un compendio de casticismo de libro. Lo tenemos todo: la mujer echá palante, el chulo orgulloso, el chuleta de barrio, el pícaro, el vejete entrañable, la vieja terremoto, y su correspondiente historia de celos, amoríos y desamoríos.


La partitura no se queda atrás: chotis, mazurka, pasacalles, habanera, peteneras... Pero ese casticismo es excesivamente refinado, como muy impostado: para mi gusto el libro no tiene la enjundia suficiente como para definir bien a los personajes y la música se queda en simplemente agradable. La Chulapona es, y ya lo era en su estreno en 1934, un recuerdo nostálgico del Madrid castizo de finales del XIX.



Y la producción de Gerardo Malla es exactamente eso: una sucesión de escenas de casticismo de tarjeta postal: todo está en su sitio, como debe ser y como se espera: los decorados, los figurantes, los gestos de la chulapona o las gracias de los comprimarios. El pasacalle del segundo acto es el ejemplo perfecto: no nos falta de na: un organillero, un limpiabotas, el torero, los curas, las beatas, los soldados, el barquillero, las chulapas. Y todos suben y bajan las escaleras al compás como cuando veíamos a los payasos de la tele. ¿Que queda rancio? Pues sí, pero es "como tiene que ser". Creo que mejor no se puede hacer. 


Y lo que sigue maravillando aún habiéndola visto varias veces es la escena del Café de Naranjeros, con su simple pero efectista cambio de decorado: impactante, modélica.


Y decía también lo de déjà vu porque ayer el reparto femenino era el mismo que lo estrenó en 1988, que vi en 1997 y que está en el dvd. Milagros Martín y Carmen González llevan 24 años siendo Manuela y Rosario.


Los personajes están dominados hasta el último gesto, aunque las voces ya no son evidentemente lo que eran. Tras un primer acto poco brillante que hacía augurar una tarde tediosa, la cosa mejoró a partir de la escena habanera del segundo acto, donde pusieron toda su intención.



Me hubiera gustado ver el otro reparto con Cristina Faus y Susana Cordón, más que nada por ver a otras Manuela y Rosario que no fueran las de siempre, pero ya se sabe cómo es el Teatro de la Zarzuela, que compras las entradas antes de saber quién te toca.

Menciono la intervención de Marcelo Puente, tenor de voz clara, potente y matizada. (Sí, ay, un atisbo de gallo al intentar apianar, pero totalmente disculpable). Perfecto protagonista masculino que levantó la función. Muy bien.


El resto de intérpretes, correctos dentro de su papel de actores/cantantes (algunos hubieran necesitado micrófono), con distinción especial para Charo Reina, con un rol que es un bombón dentro de lo estereotipado que es y que hizo suyo con gracia y sin estridencias.

Elegante la orquesta a cargo de Miquel Ortega, sin excesivo pachín pachín, que no hubiera venido mal en algunos momentos, ojo.

El numerito flamenco (como locos los turistas sacando fotos) estuvo a cargo de Eva Durán. Bien, aunque la amplificación se cargó parte de la magia.


El teatro estaba abarrotado. Miércoles, mitad de precio, seis de la tarde. 21 euros la entrada más cara. En los pisos de arriba, un instituto entero. Y en platea... ¡LOS GREMLINNNNSSS! (recuerda, esas personas de edad entre avanzada y MUY avanzada que mueven la cabeza al compás de la música, tararean y hasta cantan a la vez que los cantantes sin preocuparles el volumen). La Chulapona es difícil para ellos: no tiene fragmentos archiconocidos. Aún así, el señor de al lado no podía evitar murmurar toda la zarzuela entera como si fuera un instrumento más. Las señoras de detrás se dedicaban a narrarnos todo lo que aparecía en escena: el afilador, el barbero, lo gordo que estaba el Chalina... Muy entrañable todo. Sonaron móviles a tutiplén y desde arriba saltaron varios flashes de cámara.

Recomiendo esta Chulapona a todo el que no la haya visto anteriormente. Es un espectáculo amable, entretenido y muy vistoso. Antigüillo, eso sí. No es para tirar cohetes, es lo que hay.






Federico Moreno Torroba
La Chulapona
Milagros Martín, Carmen González, Marcelo Puente, Eva Durán, Luis Álvarez, Charo Reina, Jesús Castejón, Gerardo Malla, Carlos Crooke.
Miquel Ortega, Gerardo Malla.
Teatro de la Zarzuela, Madrid, miércoles 9 de mayo de 2011


Y para terminar aquí Plácido Domingo cantando la romanza del tenor:

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