jueves, noviembre 10, 2011

Pelléas et Mélisande en Madrid: una castaña


Ay, qué petardo y qué poco mariculto queda decir esto, pero CÓMO ME ABURRÍ en el Pelléas de Madrid.

A ver, uno sabe a lo que va, Pelléas et Mélisande no es El Barbero de Sevilla. Hay que procurar meterse dentro de la ópera, entrar en lo subyacente, en lo que se intuye más que en lo que se muestra, y dejarse envolver por la música de Debussy.

Mi problema con esta ópera es la parte vocal. Mientras la orquestal me parece fantástica, especialmente en los interludios entre escenas, la vocal se me hace muuuuy cuesta arriba.

Y en esta producción la puesta en escena y la lentitud de la orquesta no ayudan nada.

Robert Wilson pasa totalmente de mostrar emoción alguna en escena. Su idea de es puramente estética: imagina un escenario y coloca allí a los cantantes. Luego les hace moverse con las manos extendidas como en plan circo de autómatas. Todo muy estático, muy plástico, pero tremendamente frío.


Es una opción, vale, de acuerdo, pero el mayor problema que yo le veo es que todas las escenas son iguales: el escenario vacío, la misma luz, el mismo fondo azul, las mismas columnas negras, los mismos elementos repetidos, los mismos movimientos... ¿qué ocurre? Pues que cuando llevo una hora de ópera y las comodísimas butacas del 5º piso del Teatro Real empiezan a pasar factura a mis lumbares, empiezan los bostezos.


Eh, que nadie me diga, que iba bien despejado, con siestecita y overdose de cafeína. No bostezaba de cansancio o sueño, no. Bostezaba de aburrimiento.

Sylvain Cambreling sacó jugo a la orquesta pero iba excesivamente lento. Sí, matizada y tal, pero contagiada del estatismo de la escena. Es decir, soporífero. Y eso que los metales sonaron como nunca y el arpa conseguía ese efecto envolvente tan del autor.


De los cantantes, sólo Laurent Naouri me emocionó y se implicó en el papel. Los dos amantes tuvieron que luchar contra la parálisis de la puesta y el absurdo misticismo intrínseco de sus personajes y claro, así es difícil lucirse. Yann Beuron cumplió como Pelléas, la voz le corría bastante bien por el teatro y el timbre es grato. Camilla Tilling tiene un timbre precioso, pero sólo brilló en la escena de la torre, que es cuando tiene algo realmente cantable. En el resto, como si no estuviera.


Da rabia asistir a un espectáculo tan frío. El libreto está plagado de momentos que, aunque no lo parezca, están cargados de tensión. La morosidad de la orquesta y la insoportable dirección escénica se los cargaron, directamente.

Me fui a casa en el entreacto, después de la absolutamente anticlimática escena del niño. Entre llegar a casa antes de las once o hacerlo pasada la medianoche después de ver una hora y pico más de lo mismo, opté por lo primero.


Claude Debussy
Pelléas et Mélisande
Camilla Tilling, Yan Beuron, Laurent Naouri, Franz-Josef Selig, Leopold Lampelsdorfer, Hilary Summers.
Sylvain Cambreling, Robert Wilson.
Teatro Real de Madrid, miércoles 9 de noviembre de 2011


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