jueves, junio 16, 2011

Sopor de bodas


Menuda castaña de Bodas de Fígaro en el Teatro Real.
Qué sopor, qué aburrimiento, qué ganas de salir del teatro.
Y qué rabia da que la misma producción que hace dos años me gustó mucho (clic), anoche se convirtiera en una pesadez que se me hizo eterna.

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Víctor Pablo Pérez es un plomo. Lo siento pero es verdad. Me lo habían advertido y no lo creí. Y toma. Vamos, que siendo López Cobos como es de contenido para Mozart, era la alegría de la huerta comparada con este señor. No es la lentitud, que lo fue, y mucho, sino la monotonía.

Una cosa es entender el clasicismo y otra que absolutamente todos los números de la ópera sonaran igual, IDÉNTICOS, sin un matiz. Qué desesperación.

Si a esto le añadimos un reparto de voces chiquitinas tirando a sositas y un problema técnico que obligó a interrumpir la representación durante un cuarto de hora, tenemos el resultado: entrar en el teatro antes de las siete y salir casi a las once con ganas de no volver más.


Poco pudo hacer esta vez Sagi con su dirección de escena animada y detallista. Y con ese manejo fantástico de la luz. Respecto a hace un par de años yo creo que el molestísimo ruido del chorrito de la fuente del cuarto acto estaba un poco más atenuado. Aún así, la puesta, lo mejor de la función.

Sobre el reparto hay que decir una cosa en primer lugar y es que

NATHAN GUNN NO SE QUITA LA CAMISA EN NINGÚN MOMENTO.


Señores, esto es un escándalo. ¡Para una vez que lo traen!
¡Tirón de orejas a Sagi y a Curro!
Gunn compitió con su mujer, la señora Annette Dasch, a ver quién era más soso y con menos voz, y ganó. Un conde anodino y nada implicado. Francamente, no es un cantante a tener en cuenta para nada, e interpretativamente igual que un trozo de corcho blanco. La condesa, igual de inane en lo actoral, por lo menos se implicó en sus dos arias e hizo algunas cosas muy bonitas para pasar el trámite.


Aleksandra Kurzak estuvo un peldaño más arriba que sus amos como Susanna. Inexistente durante los dos primeros actos, estuvo más correcta (y audible) en la segunda parte. Pero vamos, ninguna maravilla.


Los más interesantes de los protagonistas fueron Alessandra Marianelli de Cherubino y Pietro Spagnoli de Figaro, que se movieron en un buen nivel.

Los secundarios se comieron con patatas a los principales. Hasta la Barbarina y el Antonio, fíjate. Giménez y Chausson sacaron eso que se llama proyección de voz y con toda su edad les dieron mil vueltas a los demás. Y mira que a mí Chausson me suele poner nervioso porque exagera muchísimo, pero ayer era una gozada cuando salía. Jeannette Fischer no estuvo tan bien como hace un par de años (parece ser que ha sufrido alguna afección) pero aún así fue una más que buena Marcellina.


En fin, que unas Bodas de Fígaro para rellenar hueco en el calendario, básicamente.

Llevé a la mayor de mis múltiples sobrinas a la ópera. Y le gustó mucho.
Aunque lo que más le gustó fue sacarse fotos en los salones del Teatro Real.
Es lo que tiene tener 17 años.



Mozart. Le Nozze di Figaro.
Nathan Gunn, Annette Dasch, Aleksandra Kurzak, Pietro Spagnoli, Alessandra Marianelli, Jeannette Fischer, Carlos Chausson, Raúl Giménez, Enrique Viana, María Virgina Savastano, Miguel Sola.
Víctor Pablo Pérez, Emilio Sagi.
Madrid, Teatro Real, miércoles 15 de junio de 2011.
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