martes, noviembre 17, 2009

La italiana... ay la italiana...


L'italiana in Algeri
Gioachino Rossini

Vesselina Kasarova, Michele Pertusi, Maxim Mironov, Carlos Chausson, Davinia Rodríguez, Borja Quiza, Angélica Mansilla.

Jesús López Cobos, Joan Font

Teatro Real de Madrid,
Lunes, 16 de noviembre de 2009


La italiana en Argel del Real ha estado bien, pero pesadita, y ahí miro a sus directores musical y escénico como máximos responsables, por haber mozartianizado a Rossini el primero y por haber soltado un cúmulo de efectos visuales sin ton ni son el segundo.

La ópera entera ha estado falta de brillo, de chispa, de dinamismo. Y si el argumento de por sí es bastante básico (sí, vamos, tiene momentos graciosos, pero poco más), no por mucho llenar la escena de elementos vistosos naïf y gracietas varias se logra hacer cómica una ópera. Sí, se consigue la risa rápida y fácil, pero hace falta más.


A la orquesta, ligereza y cambios de ritmo. A la escena, continuidad en vez de tanto efecto aislado y más espontaneidad. Y a los cantantes, implicación y un pelín de desparrame y descontrol.

Vesselina Kasarova tiene una voz sobresaliente, bella de timbre y con proyección. Ahora, entubada como ella sola, con unos graves que le salen de los higadillos y una coloratura un poco a golpes. Su aria de entrada quedó como la de Renée Fleming del otro día: rara, rara, rara. Mejoró mucho en el segundo acto, donde dio buena muestra de su categoría y fama. Pero vamos, que al principio me asustó.


Pertusi me encantó como Mustafá. Primero, porque se apropió del personaje y lo hizo bufo sin llegar a caricaturizarlo, y luego, porque de voz muy bien.


El tenor es un ruso jovencito con voz muy de tenor rossiniano a la antigua, de timbre agudo y blandito, un poco tembloroso, sin problema en los adornos. Bien.


Chausson me suele poner de los nervios con sus exageraciones bufas, especialmente cuando hace donizettis, pero mira, ayer, entre tanta contención, agradecí sus excesos. Sigue teniendo voz más que de sobra para estos papeles y junto al Mustafá fue lo más logrado de la noche.


Con las Elviras yo no sé qué pasa que todas las que he oído son gritonas a más no poder. Desde luego, Davinia Rodríguez destacaba por encima de todos en los concertantes. Habrá que escucharla en otros roles menos histéricos. Qué mujer.

¿Sensación global? Pues una italiana agradable, estética y globalmente aburridita. De las de ver en vídeo e ir pasando directamente a los highlights. Para cubrir expediente rossiniano.

Página web del Teatro Real

video

lunes, noviembre 16, 2009

El rey Roger


Król Roger, de Karol Szymanowski
Teatro del Liceo
Barcelona, viernes 13 de noviembre de 2009.

Scott Hendricks, Anne Schwanewilms, Will Hartmann, Francisco Vas, Jadwiga Rappé, Daniel Borowski.

Josep Pons / David Pountney


Yo me intento engañar a mí mismo poniéndome la ópera como excusa para pasar el fin de semana en Barcelona pero este finde pasado la verdad es que no ha sido la excusa, ha sido el argumento, y bien que ha merecido la pena.


Król Roger es una ópera rara. No es que sea de esas imposibles de digerir, pero hay que estar pendiente, receptivo e intentar meterse dentro de la ópera para disfrutarla. Con todo lo pedante que es la palabra no hay otra que mejor defina la música del rey Roger: cromatismo.

Mil colores son los que hay en una partitura que juega con el orientalismo, que oscila entre lo tonal y lo atonal, que trae reminiscencias de Ravel, de Debussy, de Richard Strauss, y que tiene una instrumentación riquísima. Rara como ella sola, pero bella, bellísima música.


Hay una grabación de Simon Rattle para EMI de hace 10 años que es una maravilla. Sin llegar a esos niveles, la orquesta del Liceu de la mano de Josep Pons estuvo realmente bien, consiguió sacar mucho, consiguió envolverme en la ópera, y una vez metido dentro olvidarme de las absurdas ínfulas del libretto.


Porque vamos, uno sale con la sensación de "no sé qué narices me quieren transmitir, pero me da lo mismo". Es el enfrentamiento entre la razón y la tentación, el cristianismo y el paganismo, la templanza y el hedonismo... todo machacadito con mucha tensión sexual.


El decorado está formado sólo por unas escaleras a modo de teatro griego (se supone que la obra se basa en Las Bacantes de Eurípides) y un prodigioso juego de luces. Suficiente para crear todas las atmósferas necesarias. A mí me pareció muy bien, y la dirección escénica de cantantes, excelente.


El rey Roger de Scott Hendricks reflejó todas las incertidumbres del personaje, con un esfuerzo físico notable. Sí, Pountney hizo cantar a los cantantes de espaldas, tumbados, escondidos, moviéndose y saltando. Un despropósito para los pobres cantantes, pero yo, como soy espectador, disfruté un montón.


Scott Hendricks tiene una voz más que suficiente para el papel, lo cargó de expresividad y potencia. Estupendo. Y además, tiene su puntillo sexy-morboso así calvito y tal. Roksana fue la indeletreable Anne Schwanewilms. Deliciosa. Recuperada de alguna afección que le hizo cancelar funciones y no estar al 100% en el estreno. Altamente satisfactoria. El pastor de Will Hartmann estuvo más tirante y en los límites, pero bien. Francisco Vas estuvo más que cómodo con la tesitura del Edrisi y se pudo lucir. El arzobispo y la diaconesa sólo dicen unas frases, pero la voz de Jadwiga Rappé era un chorro potentísimo.


Salí con un muy buen sabor de boca y a la espera de que Mortier nos lo traiga a Madrid con, esperemos, otra producción.


El rey Roger en el Teatro Real de Madrid
Argumento de Król Roger
Hoja informativa
Página del Liceo


viernes, noviembre 13, 2009

Renée, la diva del Met


Y vino la diva del Met y me dio rabia de que le tocara promocionar su chungo disco de Verismo. Porque la Renée Fleming es una señora que canta bien, tiene una bella voz y es capaz de sacar momentos de gran diva, pero en el recital de anoche no se lució.

Me quedé con la misma impresión del concierto de hace unos años: correcta, correctísima, pero fría. No llega a traspasar la barrera de la comunicación con el público en un concierto como ése y en un teatro tan grande. En aquel concierto estuvo igual pero se marcó unas Rusalka y Marietta maravillosas. En éste lo mejor han sido los lieder de Strauss, con eso digo todo.

No es plan ponerse furibundos y empezar a soltar que esta señora es un bluff etc etc como ya están haciendo por ahí. No. Lo que pasa es que tampoco es para decir que fue una velada megamaravillosa con la supertop de las cantantes.

La Renée apareció con un vestido color cacafú de la semana del retal de Vivienne Westwood que parece que se le había roto en el avión y lo había sujetado con un nudo y unos corchetitos en plan emergencia. No es así, ya lo sacó en Londres hace unos días y era igual (o sea, un horror). El estilismo capilar es el de costumbre con flequillo que se le cae al ojo y la mujer tiene que estar dando cabezazos para retirárselo.

Huy, que me pierdo.


Empezó la Fleming con un Rossini superdivertido por lo raro que le salió. ¿Pretendía hacer lo que estaba haciendo o es que le salió lo que le salió? Una elección muy extraña para calentar voz, desde luego, porque los agudos no salieron proyectados y las coloraturas fueron de un chapucerismo patente. Nos dejó a todos descolocados.

Después siguió la eterna escena de Desdemona de Verdi. Le va bien a la voz, la interpretó muy bien y estuvo en su sitio. Es curioso cómo la voz de Renée Fleming gana mucho en directo frente al disco, donde tiene siete colores diferentes. Muy bella.

Segunda parte, los lieder de Strauss. Es lo suyo, le saca toda la expresividad y se luce. Muy bien.

Luego el recital de Verismo, todo de seguido. Bueno. Allí ya salieron los siete colores de voz y la guturalidad. La Siberia y los Leoncavallo estaban un poco de relleno. La Mimì de Puccini fue sosita. El final de Fedora, con voz de ultratumba, estuvo muy conseguido, probablemente lo más verista de la noche. Y muy bien en la Iris, porque es una pieza así como muy fanfarriosa para terminar el programa, aunque tuviera que luchar contra la orquesta.

Como bises, el babbino, lentísimo, para gustarse a ella misma y gustar al público. Luego la Conchita de Zandonai. Un horror de pieza, pero me imagino que la puso porque es una españolada. Además la orquesta -castañuela al frente- se emocionó y la tapó.

Lo mejor de todo el concierto, la propina final, el Morgen de Strauss. Una vez más, es lo suyo.

En fin, que sí, que bien, que va, que me quedo con sus dvd, aunque sean en diferido, porque en ópera completa en escena es donde realmente saca esos momentos de gran diva.


Renée Fleming
Teatro Real de Madrid, jueves 12 de noviembre de 2009

martes, noviembre 03, 2009

Agrippina A


Agrippina, de Händel
Teatro Real de Madrid, lunes, 2 de noviembre de 2009
Ann Hallenberg, Klara Ek, Umberto Chiummo, Xavier Sábata, Roberta Invernizzi, Matteo Ferrara, Raffaele Costantini, Antonio Giovanni.
Il Complesso Barocco. Alan Curtis.

¿Aguantaste la Lulu y te vas de Agrippina?, me dijeron asombrados mis amigos.

Pues sí, qué quieres que te diga. Después de estar hora y tres cuartos escuchando un Händel que vale, que sí, que está bien, pero no me maravilla, y ante la perspectiva de otro tanto con la repetición de la primera parte, plus coger luego el metro, atravesarme toda la ciudad hasta donde he dejado el coche para luego irme al polígono y llegar a casa a la una, pues como que no. Que me fui en el intermedio.

Y por lo visto me perdí lo mejor, según me dicen.
Pues mala suerte, chico.


Lo único que me gustó mucho de la Agrippina fue la protagonista, Ann Hallenberg. Estupenda. Voz sobrada que demuestra que las buenas voces, plenas e impostadas, también pueden cantar muy bien el barroco (frente a otras vocecillas planas y opacas que adoran los puristas). Además, interpretativamente excelente, pese a ser una versión en concierto. En los recitativos me recordaba a cualquiera de las pícaras rossinianas.

Bueno, versión en concierto. Había cinco atriles y una silla: ¡Eso es más que toda la escenografía de la Lulu! Y se movían, entraban, salían e interactuaban.

Eso sí. Qué escenario más chungo. Vale que es versión concierto, pero por favor, señores del Teatro Real, un poco de decoro: el suelo era una tarima negra llena de rayones que parecía la sala de ensayo de un tablao. El fondo negro y la silla como la que te ponen en cualquier oficina de atención al cliente (siéntese usted ahí) recién comprada en Makro.

Y luego los focos que nos ponen al público, especialmente a los de gallinero (perdón, paraíso). ¿Hace falta que nos estén alumbrando con esa potencia desde las alturas en las óperas en concierto? Vamos, ideal para controlar quién da cabezadas o abre caramelitos a la primera.


Siguiendo con la parte musical, teníamos al Complesso Barocco dirigido por Alan Curtis. Como siempre que hay una orquesta de cámara de cierto renombre con instrumentos originales y tocando barroco, hay que decir que estuvieron geniales y maravillosos. Vale.

El resto del reparto, para mi gusto se movió entre lo correcto y el sufi por los pelos, todos ellos a años luz de la Hallenberg. Con decir que el que más me gustó fue el mensajero Lesbos, que es el que menos papel tiene. Bien la Poppea, aunque falta de brillo, y muy musical Xavi Sábata sustituyendo al previsto Iestyn Davies como Ottone (como siempre, la web sigue sin actualizarse). Los bajos y la Nerón... cómo era eso que cantaba Lola Flores... ay pena penita peeeeena, peeeena.

Vale. Por lo que he leído por ahí la segunda parte fue graciosa y emocionante. Si es que soy lo peor.

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