jueves, octubre 29, 2009

Llega la italiana


A partir del domingo, en Madrid, La italiana en Argel (L'italiana in Algeri), de Rossini.

Como anticipo, una entrevista a Joan Font, el director de escena:

Stendhal definió esta ópera como “una locura organizada” y “la mejor ópera bufa”, ¿qué piensa usted?
Suscribo por completo la afirmación […]. Para mí, L’italiana es un divertimento cargado de irrealidad y fábula que, sin ser una historia de enredos al uso, muestra constantes idas y venidas, con transformaciones de los personajes. Toda la obra es una gran fiesta de los sentidos […]. Es una metáfora divertida que respira ironía, sensualidad y sexualidad.

Comediants se caracteriza por sus aproximaciones fantásticas a los temas que tocan. ¿También con L‘italiana?
Esta aproximación fantástica nos permite darle una dimensión universal e intemporal a las historias, porque se trata de llevar lo que se cuenta a un mundo onírico y con ello se abren las puertas de la imaginación y la fabulación […].


Esta obra plantea las relaciones entre hombre y mujer.
Efectivamente, aunque está llena de hombres, en realidad es una obra de mujeres, porque Isabella, Elvira y Zulma son […] mucho más inteligentes, astutas y emprendedoras. En cambio los personajes masculinos son mucho más débiles, por no decir bobos.


La playa, el mar, es otro protagonista de esta puesta en escena.
El mar es el gran protagonista, porque es el elemento que todo lo trae y lo lleva […]. Así, aunque haya interiores, siempre está presente el mar. […]La acción arranca al atardecer, en la playa, y llegamos a la noche con las hogueras, con toda la magia de las noches mediterráneas, que encierran soledad, amor, sexo y placer, en las que suelen pasar más cosas que durante el día.


Se ha comentado que la estructura de la obra guarda mucha relación con el teatro clásico de Plauto y también con el de Molière. ¿Coincide usted con esta opinión?
Por supuesto, aunque a mí me parece más cerca de Aristófanes que de Plauto, y muchísimo más de Molière […]. Si nos centramos sólo en el libreto, éste es de una gran calidad teatral y funciona. Tiene un gran calado, y unos diálogos hilarantes. Es una obra muy moderna. Toda la ópera respira modernidad.

¿Qué es lo que le ha resultado más difícil de esta puesta en escena?
Lo más difícil es el trabajo teatral con los cantantes y bailarines-actores, para que entiendan este juego del absurdo que raya en el esperpento, los gestos, las situaciones, las acciones, las miradas, los silencios cargados de intención… Los cantantes tienen que ser buenos actores […]. Es importante que experimenten el personaje en todas sus facetas […].


Y no me toca hasta el 16.

lunes, octubre 19, 2009

Renée Fleming Verismo


Mira que quería comentar el nuevo de la Bartoli, el Sacrificium ése. Pero no puedo. Todavía no lo he conseguido escuchar de seguido sin que me dé un ataque de ansiedad. Así que toca otra novedad mediática de Decca: el recital de Verismo de Renée Fleming.

Es imposible no comentarlo sin caer en los topicazos de que está totalmente fuera de estilo y su voz no es la adecuada para ese repertorio y blablablá blablablá, porque ES VERDAD. El canto de Renée Fleming está en el extremo opuesto de lo que es el verismo.

No es sólo que su estilo preciosista, voz suntuosa y expresividad sofisticada tengan poco que ver con el naturalismo descarnado del verismo [entendiendo naturalismo como corriente artística, no como calidad de "natural"] sino que la emisión vocal está también fuera de onda. La Fleming no tiene problemas en el registro agudo, pero en cuanto baja un poco las vocales abiertas se le quedan atrás y le suenan guturales (y muy feas). Escucha el inicio del Sola perduta abbandonata para comprobarlo. A la voz le falta la redondez vocal, la "italianidad" que el repertorio requiere.

Como ya digo, cuanto más aguda, más bella es la voz y más agradable suena. Y se permite algún exceso interpretativo para dar mayor intensidad a las interpretaciones (chillidos, suspiritos, etc). En el fragmento del primer acto de La Rondine está exquisita, es lo que le pega, y me recuerda mucho en la forma de cantarla a la versión de Kiri. También el Tanto amore segreto de Liù es una preciosidad. Pero cuando aborda las grandes frases puccinianas de La Bohème, Manon Lescaut o Suor Angelica se nos queda corta, le falta chicha, vuelo lírico, y es inevitable que surjan las comparaciones con todas las grandes que han cantado esto. Kabaivanska y Olivero son las máximas exponentes de lo que se puede conseguir en el Verismo con una voz con un timbre... por así decirlo... ingrato. Caballé en su disco de Puccini es el colmo de la expresividad vía el virtuosismo y la belleza, y Tebaldi y Freni (ya madura en su disco de arias veristas) son la carnalidad italiana pura.


A favor del disco de la Fleming hay que decir que tiene un buen porroncete de arias fuera de repertorio habitual, lo que hace que tenga su atractivo por lo menos como curiosidad. Hay una españolada muy graciosa llamada Conchita y una escena de Zazà de Leoncavallo que es un delirio megacursi, con niña insoportable incluida, que es talmente el Di papá de Rosa Mary y José Guardiola. Imprescindible. Me dan ganas de buscar la grabación íntegra de la ópera, tiene que ser lo más.

Como colaboraciones está el tenor estrella, Jonas Kauffamnn, marcándose con la Renée el dúo final de La Rondine, así en plan brutote, y luego en la escena final de Fedora uno se lleva un susto tremendo: ¿Qué le pasa a la voz de Renée que baja a la ultratumba? Ah, no, es que ha entrado el tenor. Es Arturo Chacón-Cruz, y empasta la voz perfectamente con ella. También se canta las frases de Calaf en el fragmento de Turandot. Voz a tener en cuenta.

video

Bien. El caso es que el disco tiene su puntito. No tiene los hallazgos que el anterior cd recital de la Fleming pero no está mal. Es larguísimo. Eso de que ahora haya que rellenar los 80 minutos que caben en un cedé para intentar paliar la piratería y compensar el precio de los discos hace que un cedé tipo recital se haga eterno. Hay que escucharlo dosificado si no quiere uno quedarse como cuando te pasas con la sacarina en el café: una sobredosis de algo artificiosamente dulce.

Y viene al Teatro Real en un par de semanas. Huyyyyyyyyyyy.



jueves, octubre 15, 2009

A Lulu hay que ir con los deberes hechos




Lulu, de Alban Berg
Teatro Real de Madrid
14 de OCtubre de 2009
Agneta Eichenholz, Jennifer Larmore, Gred Grochowski, Paul Groves, Franz Grundheber, Will Hartmann, Paul Gay.
Eliahu Inbal. Christof Loy

Que sí, que a Lulu, y más a la que nos ha tocado este año, hay que llegar preparadito.
Primero, saber que vas a escuchar música atonal (es decir, cambia el chip).
Luego, que la ópera no es que sea larga, es que es larguísima (es decir, sobredosis de cafeína para aguantar, que ya sabemos la modorra que nos entra en el teatro los días de diario, y que hay que llegar merendado, que se sale a las doce).
Y finalmente, no está de más empaparse un poco del argumento, del libretto y de la historia que rodea a la ópera (para ello en la página web del teatro está colgado el vídeo de 20 minutos de José Luis Téllez explicándola).

Y luego me meto en el teatro, con un canguis de cojones, porque pienso que me voy a dormir a la primera de cambio, que yo en un primer acto que me dure más de cincuenta minutos ya se sabe que cabeceo, Wozzeck me parece bastante coñazo y con el miedo en el cuerpo que te mete el haber leído las críticas de los periódicos y las furibundas reacciones a la puesta en escena que pululan por los foros (y eso que ni he abierto el de la Cofradía de la Perpetua Indignación).

Pues no. Lulu me envolvió. Sin haberla escuchado previamente (ya lo sé, soy un zote, pero las dos veces que lo había intentado en casa la quité a los tres compases), la música me metió dentro. O casi diría yo que quedé fascinado por la "arquitectura" musical de la ópera. Queda pedante decirlo, lo sé, pero es la estructura, la forma, el ritmo frente a la falta de melodía lo que me encantó. Y luego está un argumento totalmente fascinante y truculento que hace que una vez que entras en la ópera mantengas la atención hasta el final.


Pero para ayudar a joder las cosas está la puesta en escena. Vale. Una puesta tradicional lo hubiera llenado todo de brillibrillis y cartón piedra. Lulu se presta a las transgresiones escénicas. Pero lo que nos han enseñado hoy no es ni siquiera transgresor. En su afán por despojar el drama de toda distracción y aditamento en un mal comprendido minimalismo, el señor Christof Loy vacía la escena: sólo hay un suelo blanco, una pared de cristal y una silla. Y, no contento con ello, en el primer acto el movimiento de cantantes es absurdo e incomprensible. Lulu es algo así como un robot alejado de la femme fatale que debería ser. Y o te sabes muy bien de antemano qué es lo que ocurre y quién entra y quién sale o no te enteras de nada. Bastante putrefacto. Sin embargo, a partir del segundo acto las cosas cambian en el terreno de expresividad de los personajes, y ya no hace falta ningún elemento más en la escena. En el tercer acto bastó y sobró el foco de luz para crear todo el ambiente.

A ver, no sé si me explico. Que vale, que por mí que dejen el escenario vacío si me creo lo que me cuentan o lo veo. Y eso pasó en los dos últimos actos, pero en el primero no. Así puedo entender la desbandada general de público en el primer intermedio. Sin embargo, no la del segundo. Más que nada porque se perdieron lo mejor de la ópera, que es el final.

Y digo yo... se van de Lulú... ¿y no de otros coñazos soberanos con los que a tenido a bien martirizarnos nuestro querido Teatro Real? Porque así a bote pronto recuerdo el insoportable Simon Boccanegra que esta temporada nos repiten. O cualquier Donizetti cómico... Y en cuanto lo comenté a mis amigos saltaron otro porrón de títulos (la Pietra de nosequé de Rossini, el Così de SuperFlotats...)

El nivel musical estuvo muy alto. Hay que ser una auténtica fuera de serie para sacar adelante el personaje de Lulu. La Agneta se salió. Vale, chilló los sobreagudos al principio, pero en cuanto calentó la voz... menuda peazo soprano. Cómo es posible que de un cuerpillo tan chiquitín salga esa voz. Sobrecogedora. Estupenda.

Ay la Larmore. Pero bueno, qué tipín se le ha quedado, ¿no? Estupenda también, muy expresiva, y aprovechando al máximo el bombonazo de papel que tiene. Vale, el volumen no es su fuerte, pero ha sido suficiente. Y me he reconciliado con ella después de aquel soporífero Giulio Cesare de hace una década. Muy bien.


En el sector masculino, excelentes Grochowski, Grundheber y Hartmann. Los dos Paul, Groves y Gay, se pelearon un poquito con el volumen de la orquesta pero fueron de menos a más. Sin objeciones, por mi parte.

No sé cómo se quedaría el patio de butacas. Yo diría que arriba en gallinero paraíso aguantamos como un tercio de los espectadores iniciales cuando la cosa acabó casi a medianoche. Los aplausos fueron rapiditos, que había que coger el metro (a ver quién es el morro que le dice al tx que aguante trabajando hasta las doce para venirme a recoger, habiendo fútbol, ja).

En fin, que sí, que me gustó mucho, de verdad, sin falsa pedantería ni ínfulas de modernademierda. Y yo creo que me gustó más porque iba condicionado a que me iba a aburrir mortalmente.

No vi la famosa producción del Teatro de la Zarzuela de principios de los 90, la de Patricia Wise, que todo el mundo dice que es maravillosa. Pero como se emitió por tv seguro que ronda por algún lado. A ver si me la consigo. La que sí tengo es la famosa de París cuando se estrenó la versión de 3 actos, con Teresa Stratas. Le he echado un vistazo por encima y está la mar de bien. Recomendable.


Unos enlaces:

Argumento de Lulu
Web de Lulu del Teatro Real
Libretto de Lulu
Discografía de Lulu



lunes, octubre 05, 2009

The Sony Opera House


Pues nada, que el sábado pasado me depositaron en el centro de Madrid y aprovechando que iba a estar una hora y pico deambulando por allí me dediqué a visitar la planta de música clásica de la Fnac, que oye, hacía mucho tiempo que no iba por allí.

Allí me llamaron la atención dos colecciones de ópera colocadas en un vistoso mostrador. Una de ellas era de ópera para niños de DG, a 5,95 € el librito ilustrado con un disco con una selección de la ópera en cuestión. Ya veremos si me animo.


La segunda colección es la de Sony Opera House. Es una reedición de las óperas del grupo Sony (CBS, RCA, Sony) en serie media a un precio muy atractivo: 10,95 € el cd doble y 13 euros el triple.

Una vez más, títulos mil veces editados (sí, la Tosca de Leontyne con Domingo está), pero también la oportunidad de conseguir títulos que o estaban descatalogados o eran difíciles de conseguir. Además, algunas versiones que si bien no son referencias absolutas, son más que curiosas.


Así, mirando el catálogo, yo destacaría...

- Louise de Charpentier, con Cotrubas y Domingo (a mí es una ópera que me aburre mortalmente, pero bueno, tiene su público).
- Don Giovanni, la banda sonora de la peli de Losey, con Raimondi, Berganza, Kiri, Edda Moser y van Dam dirigidos por Maazel. A mí me parece una versión estupenda.
- El tríptico de Puccini de Maazel con Renata Scotto. Es curioso y excesivo. Y tiene a la Horne de Zia Principessa.
- El Barbero de Sevilla con Marilyn Horne, totalmente cavernosa ella pero pasándoselo en grande.
- La Vestale de Spontini, con Denyce Graves.
- El Rosenkavalier de Strauss con la mariscala de Christa Ludwig, toda una curiosidad digna de escucharse.
- La Dama de Picas con una madura pero intensísima Mirella Freni.
- Vanessa de Barber, con Eleanor Steber. ¡Hay que oírla!
- La Adriana Lecouvreur de Scotto, Somingo y Obraztsova. La referencia moderna (aunque tenga 30 años ya).
- Die tote Stadt de Korngold con Carol Nebblett, René Kollo y Hermann Prey. Referencia absoluta, un imprescindible.
- Le Cid de Massenet, con Grace Bumbry.
- El Eugenio Onegin de Emil Tchakarov. No está dentro de las referencias definitivas, pero tiene a Tomowa-Sintow maravillosa y Nicolai Gedda supermayor cantando el Lenski.


Y están previstos los lanzamientos de la Lucrezia Borgia de Caballé, el Andréa Chénier de Domingo/Scotto, la Armida de Renée Fleming y la Salomé de Caballé.

Me parece una edición a un precio superatractivo para quien quiera completar su colección de discos en esta época en la que nos dedicamos a acumular mp3 que luego quedan perdidos en discos duros.

Todos los detalles de la colección, haciendo clic AQUÍ. En la web además se pueden escuchar fragmentos de las óperas y descargar algunos de los libretos.

jueves, octubre 01, 2009

Se reedita por fin la Suor Angelica de Ricciarelli


RCA edita por fin en CD la Suor Angelica de Puccini con Katia Ricciarelli y Fiorenza Cossotto, dirigidas por Bruno Bartoletti en 1973. Bah, nada sólo 36 años después.

Desde que llevo escuchando ópera y leyendo libros SIEMPRE me habían puesto esta Angelica como una de referencia. Pero era imposible encontrar una grabación, así que me lo tenía que creer. Además, también siempre aparecía (junto a una Luisa Miller) como grabación modélica de la Ricciarelli antes de caer en los excesos que llenaron el resto de su carrera de registros un tanto (o un mucho) grotescos.

Pero nada, que estaba descatalogada en vinilo y no editada en cd, así que me tenía que creer lo que los eruditos estudiosos en el tema me decían. Pero como uno cuando lee un libro de referencias discográficas de ópera ya sabe al momento de qué pie cojea el autor, hasta que no la escuchara no me lo creería.

Mientras, RCA seguía publicando mil ediciones nuevas de las mismas óperas de siempre (¿cuántas veces habrán reeditado el Trovador o la Tosca de Plácido con Leontyne?).

Hace unos años un amigo me pasó una grabación del vinilo trasladado a CD y por fin pude escuchar la tan famosa Suor Angelica. Bueno, me quedé un poco así porque yo esperaba algo supermaravilloso y sí, está muy bien, pero no es para tanto.

Más que nada porque la dirección de Bartoletti me resultó lenta y pesada. Le faltaba el punto de pasión, la locura que lleva a la monja a suicidarse (huy, he contado el final). Eso sí, todos los parabienes se los lleva la bellísima voz de Katia Ricciarelli, espléndida y moviéndose de maravilla por todo el registro. Conmovedora sin necesidad de excesos interpretativos. A su lado, una imponente Cossotto que ya sabemos cómo se ponía cuando se ponía.



Hace mucho tiempo que no escucho ese disco, pero ahora me ha picado el gusanillo y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, lo mismo esta tarde le doy un repaso.


Ahora sólo queda que los de RCA me reediten de una puñetera vez la Thaïs de Anna Moffo, Bacquier y Carreras.
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