jueves, febrero 28, 2008

La Jocunda


Almilcare Ponchielli
La Gioconda
Teatro Real de Madrid
26 de febrero de 2008
Detalles: (clic)

Qué diferencia entre ver una misma producción en el piso 2º y en el piso 5º. Si bien esta Gioconda en el Liceu me pareció sobria pero espectacular, en el Real me ha resultado algo pobre en lo visual.

Y es que queda muy ruin eso de ver a los figurantes agazapados detrás de los elementos escénicos antes de salir a escena, o en las cajas laterales, o esos canales venecianos vacíos vistos desde arriba, distinguiéndose perfectamente la cuerda que tira de las góndolas y las ruedas que las mueven. Cutre.

Aparte, ya podrían haber puesto gomas en los zapatos al coro y los figurantes: qué primer acto más escandaloso, con todo el mundo bailando o subiendo y bajando escaleras. Totalmente desconcertante.

Afortunadamente el nivel musical ha estado bastante alto, y si hay que comparar, en este caso la versión de Madrid ganaría a la de Barcelona.

La señora Violeta Urmana es un gustazo como Gioconda. Llega a los agudos y TIENE los graves, aparte de potencia. ¿Alguna pega? Sí, esos trinos cabrones que Ponchielli puso al final de la ópera cuando se está arreglando el cabello. Nada, no pasa nada. Otro asunto: la dicción, que no es ninguna tontería: a la Urmana SE LE ENTIENDE TODO.

La Fiorillo ya sabemos cómo es: que parece que se va a poner a repartir bofetadas a la primera que ose quitarle a su Enzo. Una Laura muy poco sutil, vamos. Y es precisamente en el dúo con Gioconda donde sacó lo mejor de sí, matizándolo y fraseándolo con cuidado. Bastante bien.

El Enzo de Armiliato estuvo cantado con mucho gusto, pero no me convenció mucho. Parece que estuvo toda la ópera pensando en el Cielo e mar y ya está. Me sonó como con la voz atrás, sin brillar particularmente. Bien.

Lado Ataneli hizo un Barnaba potente. Se echó en falta algo de exceso actoral. Barnaba es malísimo, y aquí sólo era malo. Bastante bien.

Elena Zaremba es una gozada de Cieca. Voz superpastosa, bella y potente. Da gusto que para un personaje tan breve (pero esencial) se busque a una cantante tan buena.

El que más flojeó de la noche fue el Alvise de Orlin Anastassov, que se quedó un poco escasito. Es un bajo búlgaro joven (32 años) y habrá que oírle en otros papeles a ver qué tal. Por lo menos un buen polvo buena planta tiene.

Aunque para lucir palmito ya sabemos lo que le gusta a Pier Luigi Pizzi sacar a jóvenes descamisados enseñando pectoralia.com. El inicio del segundo acto, todo un exceso.

video

También brilló Ángel Corella todo pintado de dorado, especialmente en el mareante galop final de la danza de las horas. Aplauso atronador. Por cierto que a los que se sentaban en las filas más altas de paraíso les dieron una nota en el programa en la que avisaban de que se perdían parte de este ballet por la disposición de los elementos escénicos, y que si querían podían solicitar la devolución de la entrada si se iban del teatro en el primer intermedio. Curioso.

La orquesta bastante briosa y ruidosa, como se supone que es esta ópera.

Me ha encantado el argumento resumido "para los más jóvenes" que edita el Teatro Real.


Se puede decir que una gran noche de ópera, aunque a mí La Gioconda, que es uno de esos operones operones me parece que tiene momentos fantásticos pero también bastante paja.

video

En las fotos, Urmana, Zaremba y Anastassov. En los vídeos, escenas de la misma producción de hace un par de años en Barcelona.


martes, febrero 26, 2008

Adivinanza


¿Quién NO ha estado este fin de semana en el Teatro alla Scala de Milán?

Esta noche, Gioconda.

lunes, febrero 11, 2008

La loca del hacha

Elektra, de Richard Strauss
Teatro del Liceo, Barcelona, 9 de febrero de 2008
Detalles (clic)






Bien, me gustó.

Y eso que el principio me dejó temblando: ¿Qué era eso? Primero un batiburrillo de sirvientas y después el monólogo de Elektra en plan íntimo, introspectivo, tanto por parte de la orquesta como de la soprano. ¿Me iba a tocar una Elektra light? Pero si las notas del "Agamemnon" son esenciales en esta ópera y pasaron casi sin pena ni gloria. Horror.

Vamos a ver, Elektra es la tía loca del hacha que está obsesionada por la venganza, no una mujer que coge un libro y se encierra en un rinconcito del teatro durante toda la ópera a tumbarse en un diván y leer.

Afortunadamente, la cosa cambió, y a mejor. En cuanto pasó el monólogo tanto la orquesta como Deborah Polaski se crecieron y ya dieron todo de sí. Ole por la señora Polaski, que matizó el personaje hasta poner la carne de gallina, desde el grito más rotundo hasta el piano más íntimo. Su encuentro con Orestes fue uno de esos momentos en los que uno dice que ha merecido la pena el viaje a Barcelona.

Y eso que la dirección escénica fue una patata. Totalmente anticlimática y entorpecedora. Y no sólo por la Elektra escondida. Amosavé: ¿Cómo es posible que Elektra y su madre estén de campo y playa tomando unos aperitivitos cuando en el texto se están diciendo las barbaridades que se dicen? O el final, con un cuadro muy impactante y muy plástico pero totalmente fuera de sitio y bastante incomprensible. De esos en los que hay que leerse todos los folletos para que nos enteremos de qué es lo que nos quiere decir el regista.

Yo soy amigo de las transgresiones escénicas en la ópera. Disfruto malévolamente con ellas (especialmente cuando los ortodoxos se tiran de los pelos y demás), pero necesito ver una coherencia dramática. Y aquí la verdad es que no había mucha. Cuando la Polaski va y se coloca el casquete modelo Mary Santpere ya me dije: "¡¡¡ a que la danza final va a ser un charlestón!!!"

Lo mejor en estos casos es desconectar y tratar de disfrutar de la música.

Ah, aviso: las butacas de la mitad derecha del teatro se perderán gran parte de la interpretación de la Polaski.


Los decorados y vestuario son una especie de mezcla entre cárcel y palacio decadente. Nada que llame la atención o no se haya visto ya en esta ópera. Salvo el diván de las narices, todo bastante bien.

La orquesta, pues como la Polaski. Tímida y con muy poca garra en la primera parte pero luego desbocada e intensa. Y sonó estupendamente.

Más voces: Anne-Marie Baclund fue una consistente Crisótemis. Era la sustituta de la sustituta y al principio se tuvo que pelear con el volumen de la orquesta, pero en cuanto se centró estuvo bastante maja ella.

Muy buenos Orestes y Egisto, de esos que los redichos dicen "un lujo para estos papeles". A las sirvientas es que ni las oí.

Y salió la Clitemnestra, que es un papel para mezzo pero se lo dan a las sopranos mayorcitas. Éva Marton hizo una reina muy reinona, menos histriónica que otras, como manteniendo las distancias y su estatus. Las dificultades vocales le vinieron por la parte grave del papel, pero fueron totalmente suplidas por su dominio expresivo y un fraseo y dicción que ya querrían muchas. Cuando salió a saludar le cayeron claveles, octavillas y ramos de flores. Y no te creas que dejó ninguno en el suelo, no no no no, que los recogió todos toditos, no fuera a ser que la Polaski ésa se agenciara alguno, vamos.

Noche de gran estreno en el Liceu pero sin poder lucir las galas porque en Elektra no hay entreacto. Aaaaaah, se siente, que lucirlas en la cola del guardarropa no es nada nada glamouroso.

Yo acabé poniéndome la tiara de los Romanoff pero acabé perdiéndola a lo largo de la noche, y es que hay discotecas en Barcelona en las que en cuantro entras se te cae todo de golpe.

jueves, febrero 07, 2008

Elektrizado

Y pasado mañana....

ELEKTRA

Con la Polaski, a la que no recuerdo haber oído nunca en directo.
Y Éva Marton de Clitemenestra (de verduras), después de décadas haciendo el papel principal.


Cancelada la Crisótemis de Pieczonka, actuará Anne-Marie Backlund, que sólo hace la primera función y las dos últimas, mientras que Albert Dohmen será Orestes. No conozco a ninguno. La dirección, a cargo de Sebastian Weigle.

Los decorados tienen ese rollo mezcla contemporáneo/clásico con toque industrial que tanto se lleva con Elektra. Nada original, por lo que veo.


No he querido leer ningún comentario acerca de los ensayos, que luego uno va condicionado. La cosa promete. Además, Elektra es, junto al Caballero de la Rosa, mi preferida de Strauss.

Sólo falta que no ocurra como cuando hubo un concierto Strauss en el Liceo hace unos años a cargo de Ana María Sánchez, cuando una señora del público dijo a la salida: "Yo creía que iba a oír valses".

Y cómo se está poniendo Barcelona para conseguir hotel decente a precio asequible. Imposible del todo. Menos mal que comparto gastos esta vez.

Ah, la ópera es cortita: no hará falta que me llene los bolsillos de KitKats, jejeje.

Y ahora el gran dilema. Es estreno: ¿¿¿Qué me pongo???

viernes, febrero 01, 2008

Tristán e Isolda
Wagner
Teatro Real de Madrid.
27 de enero de 2008
Ficha


Tarde y mal el escribir sobre el Tristán hoy. Se siente. Pero una semana con fin de mes, pago de impuestos, cierre de ejercicio pasado y locura generalizada me han quitado muchas ganas de actualizar el blog. Aparte, estoy muy poco operístico últimamente.

El domingo pasado me tocaba en abono el Tristán e Isolda de Wagner en el Real. No voy a volver a decir que le pegaría unos tijeretacillos por aquí y por allá porque enseguida salta el desquiciado de turno a insultarme. Se joda, es lo que opino. Tristán e Isolda es una obra con una música bellísima, pero desmesurada.

Y es que 5 horas en las incomodísimas butacas del 5º piso del Real se hacen notar. Porque no todo el mundo estaba en platea, ¿verdad Meeeeei?

Lo tengo comprobado: mi nivel normal de aguante con atención plena es de una hora aproximadamente. Cuando en las óperas los actos superan ese tiempo me distraigo o me peleo con el sueño. Luego llega el entreacto y ya se despeja uno. Y no veas cómo jode eso en una ópera como Tristán, donde la música más maravillosa está precisamente al final de los tres actos.

Pero yo iba preparado para las 5 horas de odisea espaciotemporal. Y me ayudó a que ahora abra el Cortinglés los domingos, porque qué mejor que pasarse por el super y cargar con tentempiés para los entreactos. Así que nada, cafelito en casa, RedBull, un par de sandwiches envasados y unas barritas energéticas de chocolate para aguantar el tirón. Vale, sí, las barritas energéticas son en realidad la excusa hipercalórica del día.

Ay, pero a los acomodadores del Real ahora les dicen que no nos dejen sentarnos con bolsas (lógico, el ruidito del plástico es uno de los más insoportables dentro del teatro). Así que iba yo con los bolsillos del chaquetón cargados de viandas cual niño con sus chucherías. Sí, soy un cutre, pero eran muchas horas, y los bares del teatro son, aparte de caros, un caos durante los intermedios.

Va el señor Mocho y se sienta. Saludos a amigos y conocidos. Preludio. Mmm, sí, la orquesta suena bien, pero le falta algo de intensidad. Es algo que no se puede describir. Por supuesto que nadie le está pidiendo a López-Cobos que nos toque la Cavalleria Rusticana y que estamos hablando de ópera alemana, pero todo queda dentro de una corrección, tan suya por otra parte, que deja con ganas de más.


Se abre el telón y la producción es muy interesante... para los del patio de butacas. Los de arriba nos tenemos que conformar con ver el barco en el suelo del escenario y el mar a un metro de distancia, o mirar a las pantallas.

En los siguientes actos la cosa cayó en picado escénicamente, con unos movimientos de árboles bastante absurdos en el segundo o un hospital megacutre en el tercero. Me gustaría poner alguna foto más, pero ya se sabe lo cochambrosilla que es la página web del Teatro Real, que no tiene ni una imagen. Sé que hay (o había) un acceso restringido a más contenidos, pero como uno ni es periodista ni enchufao ajo y agua.

Sale Isolda. Impresionante la Meier. Ya la vi en este papel en Viena hace 7 ú 8 años y me reafirmo: Sin tener un timbre particularmente bello ni una ortodoxia perfecta en el canto... qué manera de cantar y de expresarse. Qué proyección, qué intensidad, qué presencia, qué todo. Queda un poco paleto decir esto, pero: ¡Qué moderna! Ojo, que también tiene sus cositas, particularmente con los agudos, no vayamos a decir que es perfecta.


La Brangane tiene una voz bonita pero no hubiera estado de más un poco más de peso (muy poco mágica su oda a la luna). Alan Titus me gustó como Kurwenal, mucho más que como el Wotan de la Tetralogía. Rotundo y tosco. Y René Pape se salió como Rey Marke. Qué gustazo da oír una voz tan potente y clara a la vez.

Mucho se ha criticado por ahí el Tristán de Robert Dean Smith. Que si no es un heldentenor, que si no llega, que si no se le oye... Caramba, a mí no me pareció tan malo. Y de todos los Tristanes que he escuchado en directo es el único al que he aguantado la eterna escena del delirio del tercer acto. Porque anda que no es pesadito: tres cuartos de hora esperando el barco el jodío. Y se le escuchaba por encima de la espesa orquesta que López-Cobos le lanzaba.

En los entreactos... todos a tomar cafés y a comentar. Alguna deserción entre los dos primeros actos. Alguna otra en el segundo entreacto pero tampoco nada muy escandaloso. Fin de la función: desalojo salvaje y enloquecido de los que tienen prisa. Y digo yo: Si se han tirado cinco horas en el teatro... ¿qué mas les dará estar cinco minutos más durante los aplausos en vez de crear situaciones estresantes de “me agarro el abrigo y paso por encima de toda la fila para salir cuanto antes” Cómo son.

Y, cómo no, mi tx en la puerta esperándome con el motor en marcha. Ayyyyy, si es que tengo un novio que no me lo merezco.
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